**Blog I: …y de Franco a Hitler: http://gaceta.es/pio-moa/franco-hitler-07032017-1010
** Una hora con la Historia”. La revolución rusa de febrero de 1917 incidió también en España. Cómo la Primera Guerra Mundial supuso una profunda crisis del liberalismo y generó la Segunda, de un modo distinto a como suele explicarse https://www.youtube.com/watch?v=_NkW8pyXid8&t=3s *******************************
El “estado de naturaleza” es un mito racional o racionalista, sin existencia real pero que se utiliza para fundamentar la realidad del poder y el estado. Sin embargo, a partir de él Hobbes y Locke llegan a conclusiones opuestas. En el primero, un estado totalitario; en el segundo, un estado liberal. El ejercicio de la razón nunca permite llegar a conclusiones generales universalmente válidas, como hemos visto muchas veces.
Otro mito que ha dado lugar a ideas contrarias es el del homo oeconomicus, el de la economía como eje explicativo de la historia y evolución humanas, mito común al liberalismo y al marxismo. Algunos liberales niegan que su ideología tenga ese carácter, que también se ha llamado materialista, de forma algo equívoca. Como dijo Margaret Thatcher, la libertad económica (de mercado) fundamenta las demás libertades. Con ello expresaba una idea muy difundida, abierta o implícitamente, por los demás liberales o la mayoría de ellos. Y en la ideología liberal hoy predominante, el análisis económico, las magnitudes del PIB, del comercio, etc, está presente en todos los análisis políticos, hasta el extremo de confundir política y economía. Es más, la historia se explica por un conjunto de revoluciones económicas y técnicas: revolución neolítica, revolución industrial en varias etapas y la revolución actual, llamada de la información. Los demás aspectos sociales serían derivados de esa evolución a través de revoluciones económicas.
El estado mismo debía estar ante todo al servicio de la economía de mercado, sin entrometerse en cuestiones morales, religiosas, etc., que quedarían reservadas a la conciencia de los particulares, sin proyección pública (esto, naturalmente, nunca se ha conseguido, pero es el ideal). En algunas tendencias liberales, el estado mismo dejaría de ser necesario, porque el mercado se autorregularía, regulando de paso a toda la sociedad. De hecho, el mismo conjunto de la sociedad, la moral, etc., deben entenderse como un mercado regido por la ley de la oferta y la demanda y por las expectativas de ganancia, aquí o en el cielo. El liberalismo anarquista puede considerarse la corriente más consecuente en ese sentido: el anarquismo también exalta la libertad individual, aunque no la hace depender de la económica.
El marxismo comparte plenamente ese punto de vista: sobre la economía se construye el conjunto de la sociedad, que deriva de ella. No obstante, da un paso más: la economía crea unas relaciones entre los hombres que se caracterizan por la explotación de unos grupos sociales (clases) sobre otros. El capitalismo desarrollaría más que nunca la producción, de tal modo que haría posible pasar a una etapa nueva en la que la explotación basada en las desigualdades quedaría eliminada. El liberalismo insistiría en la libertad de los individuos, pero esa libertad sería ficticia para la mayoría al no haber igualdad económica, puesto que las desigualdades sociales se manifiestan también en grados mayores o menores de libertad. Sería necesaria una etapa intermedia de dictadura sobre los restos del capitalismo y sus superestructuras religiosas, morales, etc., que se resistirían a morir. Después el estado, concebido como una superestructura destinada a mantener la opresión de los explotados, desaparecería. Con la igualdad y ausencia de opresión así conseguidas, los individuos desarrollarían plenamente sus posibilidades humanas, en un grado casi inimaginable.
Las dos concepciones, marxista y liberal, se basan en un rechazo racionalista de la religión. El marxismo aspira a eliminarla, quizá violentamente en algunos casos, aunque supone que el mero avance de la economía “científica” la hará desaparecer por sí sola con el tiempo. El liberalismo la desplaza a los márgenes, al ámbito de lo privado. Tanto el liberalismo como el marxismo tienen gran fe en la ciencia, con algunas diferencias: lo propio del marxismo es el ateísmo, ya que opina que la ciencia demuestra la imposibilidad de Dios; el liberalismo en cambio opina, en general, que la “existencia” de Dios es indemostrable y por lo tanto se declara agnóstico. Por supuesto, hay liberales cristianos, como hay marxistas cristianos, y hasta liberales marxistas, que se han prestado tradicionalmente a hacer de “compañeros de viaje” del comunismo; y marxistas liberales, que opinan que la economía de mercado y la superestructura de libertades políticas construida sobre ella, darán paso al socialismo sin necesidad de revolución o dictadura.
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