Liberalismo (XV) Liberalismo y marxismo: base común y discrepancias

**Blog I: …y de Franco a Hitler: http://gaceta.es/pio-moa/franco-hitler-07032017-1010

** Una hora con la Historia”. La revolución rusa de febrero de 1917 incidió también en España. Cómo la Primera Guerra Mundial supuso una profunda crisis del liberalismo y generó la Segunda, de un modo distinto a como suele explicarse https://www.youtube.com/watch?v=_NkW8pyXid8&t=3s *******************************

El “estado de naturaleza” es un mito racional o racionalista, sin existencia real pero que se utiliza para fundamentar  la realidad del poder y el estado. Sin embargo, a partir de él Hobbes y Locke llegan a conclusiones opuestas. En el primero, un estado totalitario; en el segundo, un estado liberal. El ejercicio de la razón nunca permite llegar a conclusiones generales universalmente válidas, como hemos visto muchas veces.

   Otro mito que ha dado lugar a ideas contrarias es el del homo oeconomicus, el de la economía como eje explicativo de la historia y evolución humanas, mito común al liberalismo y al marxismo. Algunos liberales  niegan que su ideología tenga ese carácter, que también se ha llamado materialista, de forma algo equívoca. Como dijo Margaret Thatcher, la libertad económica (de mercado) fundamenta las demás libertades. Con ello expresaba una idea muy difundida, abierta o implícitamente, por los demás liberales o la mayoría de ellos. Y en la ideología liberal hoy predominante, el análisis económico, las magnitudes del PIB, del comercio, etc, está presente en todos los análisis políticos, hasta el extremo de confundir política y economía. Es más, la historia se explica por un conjunto de revoluciones económicas y técnicas: revolución neolítica, revolución industrial  en varias etapas y la revolución actual, llamada de la información. Los demás aspectos sociales serían derivados de esa evolución a través de revoluciones económicas.

   El estado mismo debía estar ante todo al servicio de la economía de mercado, sin entrometerse en cuestiones morales, religiosas, etc., que quedarían reservadas a la conciencia de los particulares, sin proyección pública (esto, naturalmente, nunca se ha conseguido, pero es el ideal). En algunas tendencias liberales, el estado mismo dejaría de ser necesario, porque el mercado se autorregularía, regulando de paso a toda la sociedad. De hecho, el mismo conjunto de la sociedad, la moral, etc., deben entenderse como un mercado regido por la ley de la oferta y la demanda y por las expectativas de ganancia, aquí o en el cielo. El liberalismo anarquista puede considerarse la corriente más consecuente en ese sentido: el anarquismo también exalta la libertad individual, aunque no la hace depender de la económica.

   El marxismo comparte plenamente ese punto de vista: sobre la economía se construye el conjunto de la sociedad, que deriva de ella. No obstante, da un paso más: la economía crea unas relaciones entre los hombres que se caracterizan por la explotación de unos grupos sociales (clases) sobre otros. El capitalismo desarrollaría más que nunca la producción, de tal modo que haría posible pasar a una etapa nueva en la que la explotación basada en las desigualdades quedaría eliminada. El  liberalismo insistiría en la libertad de los individuos, pero esa libertad sería ficticia  para la mayoría al no haber igualdad económica, puesto que las desigualdades sociales se manifiestan también en grados mayores o menores de libertad. Sería necesaria una etapa intermedia de dictadura sobre los restos del capitalismo y sus superestructuras religiosas, morales, etc., que se resistirían a morir. Después el estado, concebido como una superestructura destinada a mantener la opresión de los explotados, desaparecería. Con la igualdad  y ausencia de opresión así conseguidas, los individuos desarrollarían plenamente sus posibilidades humanas, en un grado casi inimaginable.

   Las dos concepciones, marxista y liberal, se basan en un rechazo racionalista de la religión. El marxismo aspira a eliminarla, quizá violentamente en algunos casos, aunque supone que el mero avance de la economía “científica” la hará desaparecer por sí sola con el tiempo. El liberalismo la desplaza a los márgenes, al ámbito de lo privado. Tanto el liberalismo como el marxismo tienen gran fe en la ciencia, con algunas diferencias: lo propio del marxismo es el ateísmo, ya que opina que la ciencia demuestra la imposibilidad de Dios; el liberalismo en cambio opina, en general, que la “existencia” de Dios es indemostrable y por lo tanto se declara agnóstico. Por supuesto, hay liberales cristianos, como hay marxistas cristianos, y hasta liberales marxistas, que se han prestado tradicionalmente a hacer de “compañeros de viaje” del comunismo;  y marxistas liberales, que opinan que la economía de mercado y la superestructura de libertades políticas construida sobre ella, darán paso al socialismo sin necesidad de revolución o dictadura.

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Buenas tardes D.Pio y señor Mendez desde Tenerife le escucho y animo a continuar. Le voy a poner algunos ejemplos absurdos e insoportables que ocurren en esta isla: a) los escudos del periodo de Franco son arrancados o sepultados de los edificios históricos.b) el monumento a Franco del escultor Juan de Avalos (socialista…) lo han dejado sin agua y en abandono “continuo” tipo Valle de los Caidos, ya sabemos con que intención.c)El monolito que conmemoraba la reunión previa al alzamiento en el monte de Las  Raices ha sido demolido. d) Simon Bolívar tiene estatuas a las que le sacan lustre y realizan actos de conmemoración los días señalados los consules de la republica bolivariana.e) Nelson tiene una calle muy céntrica y el general Gutierrez una estatua escondida en una zona secundaria y desconocida.f)la cadena de bunkers en zonas costeras que Franco desarrollo para la defensa ante una mas que hipotética agresión Angloamericana está totalmente dejada de la mano de Dios, siendo autenticos monumentos históricos en mi humilde opinión ( están por toda Canarias).g) las fortalezas que frenaron a Nelson están derruidas o sepultadas y sin la mas mínima intención de restaurarlas, el dinero para Carnavales o para obras nefastas modernistas de dudoso crédito………podría seguir 6 meses escribiendo sin parar sobre esta realidad. Cuenten conmigo para lo que humildemente pueda colaborar. Un saludo.
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De una guerra mundial a otra.

Blog I.  ¿Defendió Franco la democracia? http://gaceta.es/pio-moa/defendio-franco-democracia-03032017-1331

Una hora con la Historia: https://www.youtube.com/watch?v=agon18TDo_E&t=4s  Este sábado trataremos con más extensión el tema de esta sesión del blog

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Como saben quienes hayan leído mi libro sobre Europa, parto de la idea de que no es la economía la clave  explicativa de la sociedad humana y su desarrollo, sino la religión, entendiendo las ideologías como religiones sucedáneas  nacidas de la Ilustración del siglo XVIII. En realidad, la economía responde a políticas determinadas y las políticas a lo que en un sentido amplio llamamos ideologías. Este enfoque lo apliqué también a la cuestión de las dos guerras mundiales, y este sábado en “Una hora con la Historia” lo resumiremos nuevamente.

   Pues bien, la I Guerra Mundial fue librada entre potencias liberales (exceptuando los imperios otomano y ruso), lo que contradice un dogma sostenido por ciertos liberales: que no puede haber guerra entre países liberales, porque el comercio beneficia a todos. Expuesto de manera más dramática –y  falsa—en el dicho de que cuando las mercancías no cruzan las fronteras, las cruzan los soldados.

   Sin embargo nunca había habido tanto comercio ni estaban tan entrelazados los intereses y propiedades económicas de las potencias en guerra como inmediatamente antes de esta. Tal hecho, desconcertante para los dogmáticos, ha dado lugar a amplia historiografía y propaganda pretendiendo que Alemania no era realmente un país liberal, porque, dicen, no era un estado de derecho, sino militarista, etc. Todos los estados eran y son militaristas en cuanto conceden gran importancia al aparato militar (en el caso inglés fundamentalmente naval); y ninguno es militarista si entendemos que ello supone que todo el estado y la sociedad giran en torno al ejército. Esto es cuestión de grados. Y si entendemos el estado de derecho como el imperio de una ley igual para todos, Alemania era más de derecho que Inglaterra, pues en esta no se estableció el sufragio universal hasta 1918, y por tanto la ley no era igual para todos. Hoy empieza a haber una revisión de los dicterios lanzados contra el “régimen prusiano”, que no por casualidad convirtió a Alemania en el país más dinámico y puntero de Europa en muchos aspectos.

    El resultado de la I Guerra Mundial fue, por una parte, la crisis y el descrédito del liberalismo en grandes ámbitos populares e intelectuales, pues cundió la interpretación de la guerra como la utilización de grandes masas de soldados al servicio, no de la patria u otros ideales digamos elevados, sino simplemente de los intereses de una oligarquía comercial  e industrial, para quien la sangre era un negocio más.

   El segundo resultado fue la instauración, en Rusia,  del primer régimen socialista de la historia. Este era un resultado tanto de la crisis bélica como de la larga pugna, durante el siglo XIX, entre las interpretaciones o ideologías liberal y marxista. Por lo tanto, se abría una nueva etapa en la historia europea, caracterizada por la lucha entre ambas ideas del mundo y del hombre. Es más, podía entenderse la revolución socialista, en sentido positivo, como una consecuencia lógica del liberalismo:  la igualdad de derechos traída por el liberalismo  habría sido un progreso histórico, pero no dejaría de ser ficticio mientras no se lograra la igualdad económica, tarea de los partidos marxistas o asimilados. El mundo entraba, por tanto, en una nueva fase del progreso.

   Pero la tendencia fue vista por mucha otra gente en sentido negativo: el socialismo era simplemente un totalitarismo bárbaro que arrasaba todo lo que había distinguido a la civilización europea. Y el liberalismo parecía incapaz de contener las grandes expectativas, disturbios y luchas civiles que sucedieron al triunfo bolchevique en toda Europa –y fuera de ella–. Impresión reforzada por el hecho de que la revolución bolchevique hubiera derivado de una revolución liberal sin que esta hubiera podido impedirla. Por tanto, solo regímenes autoritarios y enérgicos podrían rechazar la nueva barbarie. Es más, se desarrolló la idea de que en realidad la barbarie comunista no se oponía al liberalismo, sino que era su consecuencia lógica, querida o no. En otras palabras, que, con su relativismo moral y abusos y utilización de los trabajadores como carne de cañón para sus guerras, el liberalismo engendraba el comunismo.

   Así, de la crisis del liberalismo debida a la I Guerra Mundial,  surgieron la revolución soviética y los fascismos.  Crisis agravada con la Gran Depresión de los años 30, que parecía demostrar  que la hora histórica del liberalismo había pasado. En el libro sobre Europa y en la sesión del sábado de Una hora con la historia desarrollo más estas tesis, que creo  superiores  a las económicas hoy predominantes.

    El resultado fue la nueva guerra entre tres ideologías: liberalismo, marxismo y fascismo, cada una de las cuales se presentaba como la solución a los problemas de Europa. Cada una de ellas identificaba a las otras dos como variante de lo mismo, de la miseria a superar. Y este fue el carácter preciso que tomó la II Guerra Mundial.  Como para dar la razón a las críticas mutuas, empezó con un aparente acuerdo de las democracias liberales para empujar a los nazis contra la URSS (guerra de España, Checoslovaquia…); siguió con un acuerdo entre nazis y soviéticos, antes enemigos irreconciliables; y terminó con una alianza entre liberales y comunistas. Estas consideraciones son, desde luego, un esbozo de una realidad histórica sobre la que sería interesante profundizar.  

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El lado siniestro de la condición humana

Blog I: España, el país europeo más afortunado en los años 40 

Una hora con la Historia”: https://www.youtube.com/watch?v=J-9zkETbAwM&t=1s

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Si paseamos por la ciudad vemos a gran número de personas que van y vienen, llenan los bares, en grupos o solos, sin agredirse ni insultarse, por lo común. Muy rara vez, o ninguna, contemplaremos un suicidio, un homicidio, una violación, incluso un robo, aunque sabemos que esas cosas existen. La impresión general es de gente sana, aunque algunos parezcan algo enfermizos, y no descontenta, a menudo contenta. Veremos muchos o pocos mendigos, según los países, pero siempre muy minoritarios, etc. Esa impresión es al mismo superficial y veraz. Describe una superficie social real, pero bajo ella ocurren gran número de sucesos más o menos trágicos, desde dramas familiares a robos, ruinas económicas, crímenes… Ellos manifiestan el lado oscuro o siniestro de la condición humana. De modo semejante, cuando contemplamos la belleza de un paisaje salvaje, no percibimos la cruda lucha por la existencia que tiene lugar en él, dado que la vida se alimenta de la vida.

  Dejando aparte hechos a menudo terribles como algunas enfermedades o la muerte, gran parte de esos hechos “oscuros” se debe a las relaciones interhumanas. Las cuales, tan necesarias y  a menudo gratas, tienen siempre un elemento de roce o de choque, de insatisfacción, derivado de la diversidad de deseos individuales. Ese choque suele ocasionar graves disgustos y hasta asesinatos. La causa radica en la tensión entre los individuos y su entorno social. La sociedad permite al individuo desarrollarse y cumplir parte de sus aspiraciones; pero al mismo tiempo le impone reglas, normas y prohibiciones explícitas o implícitas, que pesan como un fardo sobre sus deseos. Lo mismo ocurre, en un plano más reducido, en las relaciones familiares, de amigos, de trabajo, etc.: abren posibilidades y al mismo tiempo son obstáculos para el individuo. Freud creía que el precio de la convivencia social era la neurosis, por la frustración forzosa de la mayor parte de los impulsos sexuales, idea que puede aplicarse a cualquier otro impulso, en particular al, digamos, económico. La mayoría de las personas se resignan de mala gana ante el obstáculo, por temor al castigo, o lo razonan y aceptan conscientemente; pero otros tratan de romperlo, sea por una fuerza irrazonable del impulso, sea porque el obstáculo se ha vuelto insufrible. En este último caso no se suele hablar de crimen o se le encuentran atenuantes.

   El criminal propiamente hablando pone sus deseos o intereses por encima de cualquier norma moral o legal o de deseos o intereses ajenos. Aquí cobra significado la frase sartriana de “el infierno son los otros”, que él explicaba de forma restringida (sentirse juzgado por los demás) pero que puede interpretarse más ampliamente.  El crimen llega a hacerse aparentemente gratuito. Hay personas que sienten placer en el dolor ajeno, y no solo en el dolor de quien consideran enemigo sino, más aún, del inocente, como se ve en muchos crímenes de pederastia. En el plano de grupo, ello se percibe en costumbres brutales o en  los crímenes de guerra.

    Lo que llamamos crimen es la manifestación típica de ese lado oscuro del hombre, que se hace parcialmente visible en las secciones de sucesos de los medios de difusión, secciones que suelen ser las más atendidas por la gente. Como dijo creo que W. R. Hearst, la gente estará siempre atraída principalmente por dos cosas, el crimen y el sexo;  y él, desde luego, sacó pingües rentas de la explotación y trivialización de ambos. En los países anglosajones, particularmente, la prensa amarilla es la de tirada más espectacular, pero el dicho de Hearst tiene aplicación general. Y la causa de esta atracción, a menudo fascinación morbosa, por los crímenes y criminales, radica en que de algún modo nos vemos reflejados en ellos. No pocas veces el delincuente o el criminal suscita admiración en muchos individuos, como aquel que ha osado desafiar las normas que los demás obedecen a desgana, por miedo o cobardía. Ahí radica también la loa de los anarquistas (o de muchos de ellos) a los criminales comunes. Después de todo, siempre se puede racionalizar que las leyes son impuestas por unos pocos, y que el orden social encubre los intereses de unas minorías, las cuales se imponen mediante la amenaza y la violencia policial.  De ahí que cuando  la ley cae por tierra, en las revoluciones, por ejemplo, suelan desatarse masivamente  los odios y los actos de venganza o de rapiña.

    Podríamos distinguir entre crímenes y delitos. Los delitos serían las vulneraciones de la ley, con daños sociales más o menos grandes, pero sin un componente moral claro, mientras que llamaríamos crímenes a aquellas transgresiones con un fuerte contenido moral. La diferencia importa: la ley es una norma convencional decidida por un grupo muy pequeño de personas, que se suponen representar “pueblo” –aunque esto es a su vez una convención más bien que un hecho real–; norma que los individuos deben obedecer aunque no la conozcan, y cuya infracción va asociada a un castigo. Crimen, en el sentido que aquí queremos darle, es un acto que afecta a nuestras convicciones profundas, más bien sentimientos,  sobre el mal y el bien, incluso si la ley de un modo u otro lo permite o no lo contempla. Por supuesto, la ley tiene un componente moral, que consiste en el mantenimiento del orden social, y la moral tiende a manifestarse en leyes o costumbres concretas; pero ley y moral no son equivalentes.

   En cuanto al crimen, el “fardo” no es tanto el temor al castigo por el estado, un temor en cierto modo externo, como la culpa interior asociada a la moral. Cuando examinamos la ferocidad con que se produjo la persecución religiosa en la guerra civil, percibimos pronto la falsedad de las acusaciones a los curas como “enemigos del pueblo, unidos a los explotadores y suministradores de un peculiar opio en beneficio de los ricos”, etc. El fondo del asunto era la rebelión contra las exigencias morales predicadas por la Iglesia, que culpabilizan el desencadenamiento libre de los deseos. El castigo legal a los delitos empieza y acaba en sí mismo, generalmente no supone al delincuente otra cosa que el daño externo, en cambio la culpa moral es un sentimiento penoso, interior y persistente, difícil de proyectar, pero que puede originar reacciones explosivas como aquella de la guerra civil, con su especial ensañamiento. La ideología promete, en general, una libertad sin responsabilidad ni culpa, en que los deseos se cumplirían sin trabas. De ahí su atractivo y también su imposibilidad.    

    Por lo demás, la promesa se acompaña de la idea de que la sociedad (o el estado, o el capitalismo…)  es mala, pero el individuo es bueno, por lo que este no tendría en definitiva más que buenos deseos, que no precisarían represión alguna. La historia real indica más bien lo contrario: los deseos del individuo son en principio ilimitados e insaciables, se ejercen a menudo a costa de otros individuos, por lo que la sociedad va poniéndoles trabas que permitan la convivencia en paz,  mediante normas y castigos. Si bien esas normas o leyes pueden ser sentidas como injustas o inmorales, y no pocas veces lo son: la ley tiende a la moralidad, pero no la sustituye.

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Efectos históricos del 11-m

**La tragedia de Nicolás II: después de haber sacrificado a Rusia por los intereses  de Inglaterra y Francia, los dos países le negaron el asilo al ser derrocado. Hoy, a las 9,30 de la noche en “Una hora con la Historia”: Dos aniversarios de máxima transcendencia histórica: las elecciones del “Frente Popular” en España, en 1936,  y la Revolución rusa de febrero en 1917.

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En torno al atentado del 11-m hay una cuestión oscura, la de sus autores e intenciones, y otra clara, la de sus efectos políticos, que cabe calificar de históricos. Hay atentados impresionantes que sin embargo no tienen consecuencias políticas de relieve. Por ejemplo, el de la calle Mayor de Madrid contra Alfonso XIII el día de sus nupcias. O el asesinato de Carrero Blanco, contra lo que algunos se empeñan en creer,  no alteró la evolución del régimen, que después del Vaticano II no tenía otra opción que evolucionar en el sentido en que lo hizo. El propio Carrero Blanco, como otros muchos dirigentes, estaba pensando en una transición lo más tranquila posible, aunque los criterios no estuvieran del todo claros. Sin embargo, el atentado del 11-m  ha tenido repercusiones políticas de alcance  realmente histórico.

   La primera repercusión evidente puede expresarse así: el atentado  ayudó significativamente a la victoria electoral del PSOE. O quizá no fue tanto el atentado mismo como su rápida utilización  por el PSOE para derivar hacia el PP la responsabilidad de la matanza, dejando a los terroristas en segundo plano y ofreciéndoles una especie de justificación por la anterior intervención española en Irak.

   A su vez, la victoria electoral del PSOE trajo consigo otras consecuencias fundamentales: a) Fueron retiradas las tropas españolas que en Irak ayudaban a la reconstrucción del país. El dato es interesante porque  las tropas, que no habían participado en la invasión, estaban ayudando a los irakíes contra grupos como los que, según la versión oficial, habían realizado el atentado de Madrid. b) La ETA, que se hallaba al borde del precipicio por la política de Aznar fue rescatada mediante negociaciones clandestinas, ocultas a la opinión pública, premiándose sus crímenes con relegalización, dinero público, presencia internacional, promesa de liberación de sus presos, etc. c) Los separatistas catalanes fueron obsequiados con un práctico reconocimiento de soberanía al parlamento regional y con un nuevo estatuto que nadie pedía entonces y fue votado minoritariamente; pero que dejaba en residual la presencia del estado, como se felicitó el socialista Maragall. d) Fue impuesta, a través de la semisoviética ley de memoria histórica y otras acciones, la condena radical del franquismo, y por tanto, implícitamente, de la transición democrática y la monarquía salidas de él. Con ello se imponía la “ruptura” que izquierdas y separatistas habían intentado en la transición, contra la decisión popular muy mayoritaria del referéndum de diciembre de 1976.  Difícilmente un atentado habría podido tener consecuencias políticas de mayor alcance.

   Por consiguiente, si bien seguimos sin conocer a los autores reales del atentado, están bien claros sus beneficiarios políticos: PSOE, ETA, separatistas y, más indirectamente, los islamistas. El cui prodest, no es una prueba de autoría, aunque sí un indicio. Sabemos también quiénes han sido los grandes perjudicados: España, la democracia y el estado de derecho. El PP de Rajoy continuó luego la política de Zapatero, hasta llegar a la situación actual, cada vez más podrida.

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En cuanto a la autoría concreta, la versión oficial tiene evidentes fallos: pruebas falsas rechazadas pero sin investigar su autoría, ausencia de autor intelectual,  confusión sobre el designio del atentado y razón de la fecha elegida, destrucción apresurada de pruebas, equívocos sobre el explosivo utilizado, etc.

Otra dificultad de la versión oficial consiste en la atribución del atentado a un grupo de personajes de confusa entidad política, entre ellos un minero esquizofrénico, y varios confidentes de la policía. Este último dato habría exigido una investigación a fondo, de haber sido ellos los autores reales.

Los defensores de la versión oficial arguyen que es imposible que tantos policías, jueces, fiscales y periodistas interviniesen en la acción y su  posterior falsificación. Pero no es preciso tal complicidad masiva. Muy pocas personas pueden  haberlo hecho, cooperando otras por ignorancia o conveniencia. Y ciertamente existen jueces, periodistas, policías y fiscales corruptos o dispuestos a corromperse.

   Otro argumento a favor de la versión oficial es que, después de tanto tiempo, la verdad habría salido a la luz por un lado u otro, pero ello no es necesariamente así: la versión oficial sobre el 23-f se mantuvo durante muchos años, no hace tanto que empezaron a desvelarse sus entresijos y todavía no son conocidos del todo. Y sigue habiendo gente que cree tal cual la versión antigua.

   Los defensores de la versión oficial acusan a quienes la ponen en duda de “conspiranoicos”. Pero lo cierto es que detrás de todo atentado existe una conspiración. Un golpe así  no se realiza por unos mindundis que pasaban por allí y a quienes se les ocurre la idea sin un objetivo preciso y en fechas que por casualidad coincidían con el final de un proceso electoral.

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Por qué fueron tan felices los años 40 en España

** Este sábado en Una hora con la Historia hablaremos de dos aniversarios de sucesos de importancia transcendental, uno para España, la elecciones “del Frente Popular”, y otro para el mundo: la Revolución de febrero (marzo según nuesto calendario) en Rusia, que fracasó para dar paso a la de octubre, que trataremos en ese mes. Lo pondremos en relación con las tensiones revolucionarias de la época, problemas semejantes en España (la “revolución desde arriba”, de Antonio Maura) y otros países, mencionando, entre otras cosas,  la novela de Dostoyevski Demonios, como una premonición, o la extraña profecía de Rasputin sobre la muerte del zar y su familia, y la guerra civil en Rusia.  

**Enlaza y da a conocer el programa “Una hora con la Historia”. “Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras…” .https://www.youtube.com/watch?v=J-9zkETbAwM …

 

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Va a ser  difícil que me convenza de que los años 40 fueron felices en España. ¿O los fusilamientos, el hambre y la represión son también un invento de la propaganda?

 R. No, claro, todo eso existió. Pero en primer lugar pregúntese: ¿quiénes fueron fusilados? Según la infame ley de memoria histórica se trató de víctimas del franquismo. Llama víctimas a los miles de personajes complicadas en crímenes sádicos, asesinatos y robos que fueron fusilados después de juicio. Salga usted de la retórica propagandística, hombre. Los que hicieron esa ley sabían muy bien con quiénes se identificaban. Se identificaban con los chekistas. ¿Y por qué fueron fusilados tantos? Porque sus jefes huyeron al extranjero llevándose todo lo que pudieron robar, dejando a sus sicarios sin salida ninguna. Eso es también un crimen por su parte, por parte de los gerifaltes, y nunca se dice.

¿Me va a decir que hubo ciento cincuenta mil asesinos en el Frente Popular y que por eso fueron fusilados?

    R. Ese es otro cuento. Hoy disponemos en Ávila del archivo de las penas de muerte que obligatoriamente se remitían a Franco para que las conmutase o diera el enterado. Entre 1939 y 1960 ascienden a unas 22.000, de las que fueron conmutadas aproximadamente la mitad. Ya le he dicho que es muy frecuente en la propaganda de izquierda y separatista multiplicar por diez o más las cifras reales. Y fueron condenados después de juicio, mientras que en el resto de Europa, sobre todo en Francia e Italia, no digamos los países del este hubo muchas más víctimas, asesinadas sin más. Y antes de que me venga con que los juicios eran inválidos, le diré que eran cien veces más serios que los de los “tribunales populares”  de la izquierda. La ley de memoria histórica los ha declarado inválidos, claro, porque para esos totalitarios lo válido eran los asesinatos chekistas. ¡Pobres víctimas! Y antes de que me venga con otra observación ridícula le diré que seguramente cayeron algunos inocentes o que no merecían tal pena, porque era inevitable en las circunstancias de la época. No sabemos cuántos, pero seguramente no muchos. Porque los juicios eran mucho más serios de lo que pretenden los actuales amigos de las chekas. Llevo años explicando estas cosas, que no han sido refutadas ni pueden serlo… Pero mucha gente prefiere la propaganda, y cuanto más barata mejor.

No me ha convencido, conozco testimonios…

 R. También yo conozco testimonios particulares en sentido contrario al suyo. Pero esos testimonios particulares no valen nada para la cuestión. Vale que usted se cree la propaganda de las 150.000 o 200.000 u 80.000 víctimas, cada uno dice lo que le parece. Y son cifras perfectamente falsas, inventadas para impresionar a los ingenuos y desinformados. Es una actitud delictiva porque trata de recuperar los odios de la república, que desaparecieron ya en los años 40. Ahora quieren resucitarlos los amigos de las “víctimas” chekistas. Lea con detenimiento Los mitos del franquismo, pruebe a desmentirlo y contrástelo con otras versiones. Es lo único que puedo decirle.

¿Me va a decir que la gente se reconcilió, a pesar de la represión y del hambre?

 R. Pues mire, es fácil demostrarlo. Hacia el fin de la guerra mundial los comunistas organizaron el maquis para reanudar la guerra civil, que ellos nunca la dieron por perdida. Las “condiciones objetivas”  parecían inmejorables, porque había hambre, efectivamente, y había represión porque el régimen tenía que defenderse del maquis y de las amenazas externas, y había los ejércitos aliados que acababan de derrotar a Alemania en la frontera de Francia y de Marruecos y  casi todo el mundo creía que barrerían muy pronto al franquismo. Así que las condiciones para una guerra de guerrillas que arraigase en el pueblo hambriento y oprimido eran excelentes. Las guerrillas comunistas siempre fueron muy difíciles de vencer  y en Grecia tuvieron que intervenir Inglaterra y Usa para acabar con ellas. Aquí fueron vencidas no solo sin ayuda exterior, sino en medio del aislamiento  y la hostilidad exterior. ¿Y por qué fueron vencidas? Porque no arraigaron en el pueblo salvo contados casos. ¿Y por qué no arraigaron? Porque la gente, la gran mayoría, prefería al franquismo. En fin, ¿y por qué lo preferían? Pues la mitad de la población porque eran los que habían luchado al lado de Franco en la guerra. Y la otra mitad, porque había comprobado en sus carnes lo que eran la democracia, la libertad y la emancipación bajo el Frente Popular. Era hambre, asesinatos incluso entre las mismas izquierdas, desarticulación económica, robos sin fin… A lo mejor los que habían votado al Frente Popular no estaban muy a gusto con Franco, pero de ninguna manera querían volver a lo que habían vivido. ¿Ve usted? Si realmente la mayoría de la gente se sintiera oprimida, cargada de odio y con ganas de revancha sobre los vencedores, el maquis habría resultado mucho más difícil de vencer que en Grecia. Incluso podría haber vencido. Y como no fue así, la represión de las guerrillas fue muy eficaz.

Realmente… No me negará al menos el hambre y el racionamiento.

 R. Vamos a ver. Hubo hambre, pero ¿por qué? ¿Y qué pasaba en el resto de Europa?  Si usted plantea las cosas en abstracto, no entiende nada. Cuando más hambre hubo en todo el siglo fue en 1938-9 en el Frente Popular, creo que ya lo dije. Allí fue donde se implantó el racionamiento, mientras que en el bando nacional no lo hubo. Es más, al terminar la guerra se anunció triunfalmente que iba a abolirse el racionamiento como una plaga típica de los rojos… pero a los pocos meses fue inevitable imponerlo para que una gran masa de personas recién liberadas del Frente Popular no murieran de hambre. Pues bien, en la mayor parte del resto de Europa la situación era igual o peor. Aquí, durante toda la guerra mundial y en los años posteriores, pudieron morir de hambre unas tres mil personas. En Grecia fueron trescientas mil, en Holanda  también muchas más que en España, lo mismo en Francia, y no digamos en Alemania al terminar la guerra, así como en los países del este. En Inglaterra no sé, pero desde luego pasaron muchas estrecheces, y allí el racionamiento duró hasta 1952, que fue cuando se anuló también en España. Así que, comparativamente no estaba España tan mal.

Pero déjeme que le informe de algunos otros detalles: el hambre en España no venía solo de la herencia de los desastrosos experimentos revolucionarios, venía también del semiboicot comercial al que nos sometía Inglaterra, reduciendo importaciones muy necesarias.  Eso le debemos. Por otra parte el racionamiento era de algunos productos básicos, pero el pescado, la fruta, las verduras, los huevos, por ejemplo, no estaban racionados.

 Y algo más: los países de Europa occidental quedaron enormemente postrados después de la guerra, pero pudieron reconstruirse con el Plan Marshall que fue negado a España, a la que en cambio quiso reducírsela a un hambre masiva mediante el aislamiento internacional. El aislamiento fue una medida criminal. Igual que usted y mucha gente ahora, hacia el final de la guerra se creía en el exterior que el pueblo español estaba ansioso por librarse del terrible franquismo, y como eso no ocurría,, la gente se empeñaba en no rebelarse,  lo que hicieron fue forzarle a rebelarse mediante una gran hambruna. Pero la excelente diplomacia de Franco se adelantó a la decisión de la ONU, una decisión repito que criminal,  así que unos meses antes negoció con Argentina la importación a  crédito de grandes cantidades de trigo y carne. De este modo el efecto del aislamiento se palió en parte… Podría darle otros muchos detalles de estos asuntos, que los historiadores de la recua callan cuidadosamente o tergiversan sin límite. Puede encontrarlos en el libro.  Así que España se reconstruyó con sus propias fuerzas y ya le diré cómo. En medio de tantas adversidades, la reconstrucción puede calificarse de brillante. Esto podemos decirlo con verdadero orgullo. Europa occidental quedó convertida en un protectorado useño, y a Usa se lo deben todo. Nosotros no.

  

Tan brillante que el nivel de vida de la república no se recuperó hasta 1952 o 1955

 

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