**Blog I Terroristas arrepentidos y el caso de Zapatero (o de Rajoy): http://www.gaceta.es/pio-moa/terroristas-arrepentidos-caso-zapatero-o-rajoy-29062015-1110
**Este martes 30, a las 20,00 horas, en el Casino de Madrid, Alcalá 15, presentación de Los mitos del franquismo, a cargo de Adolfo Prego, ex juez del Supremo, de Ymelda Navajo, directora de la editorial, y de un servidor. Creo que se exige entrar con corbata. Es necesaria invitación, que puede bajarse de aquí: http://www.esferalibros.com/uploads/ficheros/eventos/descargas/201506/descargas-invitacion-los-mitos-del-franquismo-madrid-es.pdf
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El ejemplo de Atenea y Atenas, y los efectos de su creencia, puede extenderse mucho. Así, no es imposible pero sí muy improbable que los restos del apóstol Santiago estén en la ciudad de su nombre, y sin embargo aquella creencia ha movilizado a lo largo de los siglos una intensa actividad cultural (ideológica, artística e intelectual, además de económica y política) a la que se debe en gran medida el impulso de la Reconquista. Santiago se ha convertido en patrón de España y motivo durante siglos de un orgullo especial, ya que, como expresa el cantar de Fernán González, “Sobre Inglaterra y Francia la (a España) quiso (Dios) privilegiar / Sabed, ningún apóstol yace en esos lugares”; y el grito de guerra solía ser “Santiago y cierra España” (cierra, en el sentido de carga o ataca). Es decir, los mitos, de mayor o menor profundidad, han ejercido un perdurable efecto inspirador sobre sociedades enteras. Atenea existió sin duda… en la mente de los griegos y con la mayor fuerza motivadora en Atenas, como reflejo de fuerzas inasequibles a la consciencia racional. Aunque no tuvo existencia “real”, sus efectos fueron históricamente muy reales.
Con cierta obsesión ciencista, queremos encontrar causas más o menos precisas para todo: tales o cuales logros culturales se debieron, por ejemplo, a las condiciones económicas o culturales generales de una época. Si fuera así, la literatura de una época solo sería inteligible o interesante en su tiempo, y así ocurre a menudo, pero no con algunos de sus logros, que permanecen a través de las generaciones. Y ha habido sociedades económicamente ricas y culturalmente planas o poco ilevadas (la UE, por ejemplo), y otras más pobres y con gran productividad cultural (arte, literatura, pensamiento, etc…). Y como los grandes logros nacen de muy escasas personas, podríamos investigar “científicamente” la vida y circunstancias inmediatas de Cervantes y no encontraríamos ninguna pista real de por qué, precisamente, llegó a escribir el Quijote. Fue una inspiración de “la diosa”, irreductible a otros factores, una elaboración supraconsciente en el sentido que le da Paul Diel. Y tampoco se explica científicamente el hecho de que esa obra haya ejercido una impresión tan profunda en tanta gente y gozado del aprecio de millones de personas.
Aquí llegamos a un problema. Jordi Pujol reconocía la importancia de los mitos precisamente en relación con Grecia. Según él, los griegos actuales no tenían la menor relación con los griegos clásicos, sino que descendían de albaneses y otros pueblos invasores. Sin embargo habían tenido gran éxito en convencer a todo el mundo de lo contrario, de su relación genética directa con los griegos antiguos. Es decir, habían creado un mito en ese sentido (creo que la embajada griega protestó, y vale la pena observar el toque racista del molt honorable). Lo importante era esto: Pujol llamaba a los suyos a crear mitos por el estilo y divulgarlos hasta que todo el mundo se los creyese, pues tendrían efectos prácticos, políticos. En su momento le dediqué un artículo, “Los trabajos de Pujólcules”.
¿Pueden equipararse los mitos “a la pujoliana” con los anteriormente aludidos? Creo que no. La palabra mito ha adquirido un sentido doble. En primer lugar como expresión de fondo religioso, reflejo en la psique de evidencias inabordables desde el consciente racional, y expresadas en lenguaje simbólico. El mito, en ese sentido, no se produce de forma claramente consciente, sino mediante una intuición/sentimiento que P. Diel llama supraconsciente, idea inspirada en el super-yo de Freud pero de contenido muy diferente. Y la segunda acepción de mito es la de simples falsedades, generalmente de sentido político, elaboradas con objeto de obtener un efecto práctico; mitos utilitarios, por así decir. O sea, una vez la razón comprende el efecto práctico del mito creado por la supraconsciencia, puede elaborar sin tregua mitos que son ya de un tipo muy diferente. A estos me refiero en los libros Mitos de la Guerra Civil o Mitos del franquismo. Diel les llama también seudomitos. Como sea, “demostrar” que Atenea no existió tiene nulo valor cultural. Demostrar la falsedad de los seudomitos políticos sí tiene el mayor interés para aclarar la atmósfera de una época.
Volviendo a los mitos pujolianos, tienen interés las frases citadas por malpharus sobre la necesidad de los separatistas de crear constantemente odio y provocación mediante falsedades, para lograr sus objetivos. La pose del odio era recomendada ya desde Prat de la Riba. Había que odiar al “opresor” castellano, precisamente porque nadie se sentía oprimido. Ni siquiera ellos, que gracias a unas libertades que nada les debían, podían divulgar sus mitos a diestra y siniestra.
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En tuíter:
*Entre una Turquía cada vez más islámica y una Grecia llevada al desastre, la OTAN encontrará problemas crecientes en la zona.
*La izquierda se inventa unos abuelos demócratas y buenos chicos. La derecha escupe directamente sobre las tumbas de sus propio abuelos.
*Paradójicamente, de pocas cosas se ha hablado más y se conoce menos que del franquismo: pic.twitter.com/rUPtw9Fdlf

