Stanley Payne habla claro

En un artículo en la revista useña Chronicles (The Myth of the Spanish Civil War  (chroniclesmagazine.org)) Stanley Payne pasa revista al modo como se han impuesto en España (y fuera) una serie de mitos, seudomitos o simples patrañas sobre nuestra guerra civil, y su experiencia al estudiar estos asuntos. En el artículo incluye un amplio apartado sobre mi libro Los mitos de la guerra civil, con observaciones muy generosas sobre mi contribución historiográfica, que por su interés reproduzco aquí (las negritas son mías)  en traducción de DeepL con algunas leves correcciones: 

Lo que realmente ocurría era que la generación de la “Nueva Izquierda” de los años sesenta ya había empezado a establecerse en las universidades españolas, incluso bajo un régimen franquista cada vez más tolerante, y el movimiento pronto extendió su dominio al mundo académico español. Además, los intereses políticos moderados y conservadores mostraron sorprendentemente poca atención a la cultura y a la historia reciente, viviendo como estaban en el miedo perpetuo a ser llamados “franquistas”, de modo que en los últimos años del siglo, el control izquierdista de los medios de comunicación, la cultura y la educación era incluso más completo en España que en otros países occidentales. Ciertos temas y tópicos se convirtieron en tabúes, a pesar de que seguía existiendo una libertad de expresión básica en el conjunto del país.

El dilema resultante quedó ejemplificado en la carrera de Javier Tusell, el principal historiador político español de finales del siglo XX. En 35 años, publicó una veintena de libros, todos de gran calidad y la mayoría basados en investigaciones originales de archivo. Sin embargo, para mantener la libertad de objetividad e interpretación crítica, y al mismo tiempo gozar de la simpatía de sus colegas, Tusell se dedicó principalmente a los estudios sobre la derecha española y nunca emprendió un estudio crítico importante sobre ningún aspecto de la izquierda. Así, en los años noventa, la conformidad historiográfica con el mito de la República y la Guerra Civil era casi total.

En medio de esta situación de estancamiento intelectual, apareció de repente en 1999 una obra titulada Los orígenes de la Guerra Civil española de un autor completamente desconocido: Pío Moa. No era un académico, sino un investigador independiente, figura un tanto más rara en España que en el mundo anglosajón. Moa era un antiguo marxista que había comenzado su vida adulta como miembro activo del PCE(R)-GRAPO, una organización terrorista revolucionaria de los años setenta que había combatido con uñas y dientes la democratización de España. En los años siguientes se dedicó a un prolongado estudio y reflexión sobre la historia de su país. Al cabo de dos década  llegó a conclusiones que discrepan ampliamente tanto de sus propias convicciones iniciales como de los mitos convencionales sobre los asuntos españoles recientes.

 Los orígenes, el primer libro de Moa, se enfrentaba directamente no a los mitos sobre la guerra en sí, sino a las ideas habituales sobre sus antecedentes, exponiendo los “orígenes” del conflicto en 1933 y 1934, cuando la izquierda trató primero de imponer un sistema exclusivista y luego, tras fracasar, recurrió a múltiples insurrecciones revolucionarias, culminadas por el violento asalto socialista de 1934. Moa había escrito la obra más dramática y original de la historiografía española reciente y no tardó en seguirla en el año 2000 con Los personajes de la República vistos por ellos mismos, un retrato revelador de los principales líderes de la izquierda según sus propias y ácidas  descripciones originales. Luego, en 2001, apareció El derrumbe de la segunda república y la guerra civil, que trataba con detalle el clímax del proceso revolucionario de la República y el inicio de la guerra. Los lectores españoles respondieron con entusiasmo, sobre todo porque Moa demostró no sólo audacia analítica y originalidad, sino también una inusual habilidad literaria, tanto más notable por contraste con  la expresión torpe, tosca y pretenciosa de tantos historiadores españoles.

Sin embargo, Moa indignó al profesorado izquierdista, y su coro de denuncias, aparentemente unánime, intimidó a cualquiera que se hubiera atrevido a decir una palabra en su favor. Lo notable del diluvio de ofensas fue que la discusión o crítica seria de sus puntos clave e interpretaciones fue prácticamente inexistente. Las críticas se centraron, en  típico estilo español, en ataques ad hominem. La agresividad  enfatizaba especialmente la falta de credenciales académicas de Moa, insistiendo comúnmente en que sólo un “profesor” podía producir un trabajo histórico válido. Este argumento es aún más absurdo si se tiene en cuenta que la mayoría de los profesores de historia españoles suelen ser poco más que burócratas poco esforzados que producen escasas -y a veces nulas- publicaciones historiográficas.  Moa llegó a ocupar una posición única: el historiador más leído del país que, sin embargo, vive en un ostracismo permanente del sistema universitario y de los medios de comunicación establecidos.

El punto álgido de los primeros trabajos de Moa se produjo en 2003, cuando una importante editorial especializada, La Esfera de los Libros, publicó Los mitos de la Guerra Civil. Fue la sensación de no ficción del año en España, llegando a vender más de 150.000 ejemplares, lo que indica la sed de los lectores españoles por una historia crítica dispuesta a romper los tabúes míticos. 

Dado que los medios de comunicación establecidos y las publicaciones académicas ignoraban en general Los mitos, Álvaro Delgado-Gal, el perspicaz director de la Revista de Libros, la principal revista de libros del país, decidió romper el boicot de silencio buscando a un historiador no español para que reseñara el libro. Me invitó a emprender la tarea, y respondí con presteza.  Mi revisión puso de relieve cuestiones clave sobre las que Moa ofreció análisis  incisivos y nuevas interpretaciones significativas basadas en datos convincentes. Aunque varias de las interpretaciones de Moa podían ser cuestionadas, era responsabilidad de los académicos serios debatir o rebatir las cuestiones controvertidas en lugar de imponer una censura a priori. Mi conclusión fue que el libro, aun si fuera  imperfecto, era una contribución importante al debate sobre la Guerra Civil.

Se pidió a Santos Juliá, posiblemente el principal historiador socialista en este tema, que respondiera. Se limitó a repetir la cantinela de que Moa era inaceptable,  e incluso amenazó con mi “expulsión” del gremio de historiadores profesionales por atreverme a sugerir que el tema merecía un debate honesto.

Los mitos de la Guerra Civil no era otra historia general, sino un estudio de personalidades y temas clave que en la interpretación estándar de la izquierda habían sido mitificados, demonizados o simplemente tergiversados. El libro dedica capítulos individuales a 10 de las principales figuras, ofreciendo debates incisivos que a menudo difieren de los relatos habituales. En la parte principal se tratan 17 temas o aspectos clave, como el efecto de “armar a las masas”, la creación del “primer puente aéreo de la historia”, “la mayor persecución religiosa de la historia”, varias de las mayores atrocidades o supuestas atrocidades, el envío de la reserva nacional de oro español a Moscú, el carácter y el papel de las Brigadas Internacionales, varias de las batallas más importantes, la intervención y la no intervención, y la política y el papel de los dos líderes decisivos: El primer ministro del Frente Popular, Juan Negrín, y el general nacionalista Francisco Franco. El libro concluye con un examen del lugar que ocupa la Guerra Civil en la historia de España y en su historiografía.

El libro de Moa fue único en adoptar un enfoque temático y orientado a los problemas y en confrontar agresivamente los mitos dominantes. Debido a su carácter interpretativo, el efecto era polémico, aunque los análisis individuales estaban cuidadosamente razonados en su prosa típicamente lúcida y a menudo elocuente.

 Moa llegó a ocupar una posición única: el historiador más leído del país que, sin embargo, vive en el ostracismo permanente del sistema universitario y de los medios de comunicación establecidos. En otros países, los historiadores no académicos alcanzan a veces posiciones venerables, principalmente si exponen versiones piadosas y aceptadas sobre el pasado nacional. Moa, por el contrario, se ha convertido en un movimiento casi unipersonal que se enfrenta a la clase dirigente de la izquierda nacional, al ofrecer relatos e interpretaciones independientes de los principales problemas históricos. Su esfuerzo ha implicado casi inevitablemente un enfoque cada vez más polémico, una empresa solitaria que requiere una impresionante resistencia personal y valor moral.

El conocimiento histórico avanza principalmente de dos maneras: la ruta estándar es a través de nuevas investigaciones primarias; la menos frecuente pero más desafiante intelectualmente es el reexamen y nuevo análisis de trabajos anteriores. Sólo una parte menor de la producción de Moa se basa en la investigación primaria, refiriéndose la  mayor parte  al reenfoque  de materiales existentes que han sido ignorados o deliberadamente distorsionados en los relatos anteriores.

Moa sigue siendo un prolífico erudito y escritor que, en las últimas dos décadas, ha publicado  numerosas obras que también tratan temas históricos más amplios, entre las que destaca su impresionante  La Reconquista y España (2018), así como dos novelas y volúmenes de ensayos sobre diversos temas. Parece justo decir que ha desempeñado un papel más importante en la vida cultural e intelectual de su país que cualquier otro estudioso independiente en otros países, aunque siempre seguirá siendo un historien maudit (“historiador maldito”) para el inculto  establishment cultural español. Queda un pequeño puñado de profesores en las universidades españolas que hacen un trabajo serio, independiente y objetivo, y que hacen importantes contribuciones, pero tienen que ser muy cuidadosos para evitar los enfoques más controvertidos.

En mi propio trabajo, volví al tema de la Guerra Civil española más o menos en la época en que Moa empezó a publicar. Mi motivación inicial era aprovechar el nuevo material de los archivos soviéticos para dejar por fin clara la política soviética y comunista en España, un tema que siempre había suscitado polémica. Seis años de investigación acabaron convirtiéndose en La guerra civil española, la Unión Soviética y el comunismo (2003), tras lo cual hice un seguimiento de la sentencia de José Ortega y Gasset de 1938 de que lo más importante que había que saber sobre la guerra española era “cómo empezó”. Esta investigación me llevó a El colapso de la República Española, 1933-1936: Origins of the Civil War, que Yale University Press publicó en 2006. En los años siguientes siguieron otros estudios sobre diversos aspectos de la guerra, culminados por mi libro relativamente breve The Spanish Civil War, concebido como un resumen analítico para nuevos lectores y publicado en 2012 por Cambridge University Press como una entrada en su serie “Essential Histories”.

Mi otro trabajo de conclusión en este ámbito fue un esfuerzo por situar la revolución y la guerra civil españolas en su contexto histórico adecuado. Este contexto no fue la Segunda Guerra Mundial, en la que España no fue beligerante, sino las guerras civiles revolucionarias de Europa en esa época. Resumí este análisis en mi libro de 2011, Civil War in Europe, 1905-1949.

Durante el siglo XXI, la politización de la historia ha jugado un papel más importante en España que en cualquier otro país occidental, pues en ningún otro lugar (al menos hasta 2022, en Rusia) el gobierno ha propuesto leyes específicas de censura nacional que regulen la discusión e interpretación de la historia reciente. La primera legislación socialista española de 2006 no iba más allá de las subvenciones estatales para el proselitismo de ciertas versiones aprobadas de la historia; las nuevas propuestas, defendidas desde 2017, ordenan la supresión directa, las penas de prisión y las grandes multas. Todavía no se han podido encontrar los votos para la aprobación definitiva de esta medida estalinesca (ya los han encontrado,) , pero una vez más, como en tantas otras ocasiones desde 1821, la izquierda española ha pretendido ponerse a la cabeza de la radicalización política dentro de los países occidentales.

 

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Lucha política e ideológica / “El País” me elogia (a su modo).

Este blog está concebido, aparte de sus comentarios literarios, filosóficos o históricos, como un arsenal de argumentos y datos sobre política actual, con la intención  de que los lectores utilicen esa munición a fondo. Algunos lo hacen, pero demasiado pocos, por ahora. 

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Lucha política e ideológica

La ley de memoria de la cheka no es un asunto menor, sino precisamente un eje clave de toda la política del nuevo frente (anti)popular. No entenderlo significa perderse en asuntos menores. La lucha contra esa infamia tiene un lado político y otro ideológico.  El político, la lucha por su derogación como ley antidemocrática y anticonstitucional, compromete a todos, pero especialmente a VOX. Y la lucha contra los cimientos ideológicos de esa ley corresponde a los historiadores veraces. Acaba de publicarse una edición 20 aniversario de Los mitos de la guerra civil, nunca rebatidos por los memoriadores, que se completa con Galería de charlatanes, que saldrá el miércoles. Y para enero parece que se publicará la investigación de Miguel Platón sobre los juicios y ejecuciones de posguerra contra los sicarios del Frente (anti)Popular abandonados por sus jefes, y que acabará con otra de las principales falsificaciones de esta gente.

**Nada podría ser más nefasto que la consigna de “Echar al Dotor”, como objetivo fundamental,  que exigiría una alianza de hecho entre PP y VOX. Semejante alianza o siquiera atisbo de ella, hundiría a VOX, como en Andalucía. El Dotor debe ser expulsado  “por añadidura” de campañas políticas que dejen también en evidencia al PP.  Y una y principal, es la ilegalización de la ley de memoria.

**El Frente Popular se componía básicamente de sovietizantes y separatistas, como ocurre ahora. Pero decía representar al pueblo trabajador y el progreso. Los trabajadores nunca sacaron de esos partidos más que miseria y tiranía.  Y progreso… hacia la  Rusia de Stalin.

**No solo no perdonan a Franco su victoria sobre comunistas y separatistas, sino también el haber librado a España de la SGM, con sus bombardeos masivos, invasiones, deportaciones y mil atrocidades.

**En la PGM toda esta gente había exigido mandar a  los españoles como carne de cañón al servicio de nuestras tradicionales “aliadas” Francia e Inglaterra. Y con respecto a la SGM añoran el sueño de que España fuese aliada de Alemania y aplastada en consecuencia. 

**Para los partidos, esperemos que no para VOX, es indiferente que se promulguen leyes antidemocráticas y anticonstitucionales. Tienen otras muchas cosas de qué ocuparse. 

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El País no logra aguantarse

Hoy El País me dedica toda una página a cuento de la traducción de  Los mitos al francés, relacionándome con Eric Zemmour, toda una manipulación, y poniendo a Zemmour  (judío) como poco menos que un nazi. Pero no deja de ser un éxito. Cuando salió el libro en español, hace  veinte años, la izquierda y parte de la derecha vieron amenazados sus chiringuitos ideológicos y políticos, y descubrieron su carácter liberticida clamando por  la censura.  Al poco tiempo, en la SER alguien dijo: “Dejemos de hablar de este tío y su libro, que en realidad le  estamos dando publicidad”. Fue como una consigna. Progresivamente no solo la mafia de Prisa, sino el resto de los grandes medios practicó la política del ninguneo: ni mis libros ni yo mismo existíamos. Muerte civil.

Afortunadamente pude mantener una tribuna en algunos medios menores y en este blog y, casi milagrosamente, veinte años después el libro que tanto pánico sembró en el nuevo frente (anti)popular, ha vuelto a la vida a través de su traducción al francés.  La conmoción que suscitó en Francia un ensayo español, algo que no se recordaba en decenios, fue también aquí silenciada por la Triple M. Pero ese silenciamiento no deja de corroerles la moral,  llega un momento que no pueden aguantarse y deben soltar su retórica manipuladora,  evitando siempre la crítica intelectual concreta. Su consigna es “contra el revisionismo”, el mal por excelencia  en el degenerado “gremio” de  historiadores locuelos o charlatanes. Pero el revisionismo es precisamente lo contrario del dogmatismo, la manipulación y el fanatismo. La  revisión es una exigencia absolutamente fundamental de la investigación histórica. Y la revisión demuestra que sus versiones históricas son eminentemente falsas. Qué le vamos a hacer.

Arnaud Imatz: 

He aquí  la polémica sobre Moa en Francia … según El País.  El periodista Marc Bassets repite los insultos de siempre y hace una comparación muy discutible entre Moa y Éric Zemmour.  No sabe nada de Zemmour camufla o distorsiona voluntariamente la verdad de los hechos. Primero Zemmour es un judío sefardí, admirador de De Gaulle y por lo tanto es muy difícil creer que sea un adepto de Pétain y menos aún del nazismo. Segundo, nunca se dice que Zemmour no hizo más que citar los trabajos del rabino de Israel, Alain Michel, trabajos que ponen en duda la tesis del historiador americano Robert Paxton (doxa mayoritaria desde finales del siglo XX o principios del siglo XXI) según la cual el Estado de Vichy no habría solo colaborado sino anticipado las ordenes de los alemanes. También se suele reprochar a Zemmour haber dicho (como Alain Michel) que Pétain y el gobierno de Vichy han protegido preferentemente a los judíos franceses. La realidad es sutil desde luego muchísimo más complicada que la descripción dada por el polemista de El País.  Pétain es hoy juzgado como responsable de la muerte de unos 75 000 judíos sobre 330 000 presentes en el territorio frances (territorio ocupado + territorio libre) [25 000 judíos franceses y 50 000 extranjeros, entre estos últimos 12 000 judíos extranjeros que estaban refugiados en la zona libre fueron entregados por Vichy a las autoridades alemanas después de la invasión general del territorio en 1942. En cuanto a los judíos del Magreb, unos 400 000, quedaron siempre fuera del alcance de las autoridades alemanas. Una puesta en perspectiva con los otros países de Europa ocupados muestra claramente que la masacre de judíos franceses fue proporcionalmente menos terrible que en otros países (aunque mucho mayor que la de Italia). Pero esto no se puede y no se debe decir. La corrección política no lo permite. Y es precisamente esto que explica el ensañamiento contra Zemmour sobre ese punto.

 

 

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Momentos cruciales

*Hoy a las 21,45, estaré en El gato al Agua, con Javier Esparza.

*El 29 daré una charla en los bajos del café Gijón Quienes quieran reservar  plaza pueden hacerlo en  labatalladelasideas.disenso@gmail.com

*Hazte oír convoca movilizaciones y explicaciones contra las leyes llamadas “de género” por los perturbados del gobierno y sus partidos.

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Momentos cruciales 

La ley de memoria llamada “democrática”  por sus promotores comunistoides y separatistas,  unidos en un nuevo frente popular de facto, es una gravísima amenaza a las libertades de todos, a la que es preciso dar respuesta sin miramientos

Contra esa infame ley  no se trata de defender el franquismo, sino en primer lugar, ante todo e incondicionalmente, de defender la libertad y la democracia. Esa ley debe ser desobedecida  y denunciada como lo que es: un atentado contra la libertad, contra la misma Constitución, que, con todos sus defectos, mantiene las libertades elementales  de opinión, asociación, expresión e investigación. Esa ley plantea un desafío a la sociedad, y la osadía con que los liberticidas nos atacan y atacan a la unidad de España debe ser replicada  con la misma osadía. 

En segundo lugar, y ya como investigación y  debate intelectual, se trata de rescatar y defender, no el franquismo, sino  la verdad histórica sobre la república, el frente popular, la guerra y el régimen de Franco.   Esto es esencial, porque en  el falseamiento histórico encuentra el nuevo frente popular  una legitimidad farsante para llevar a cabo sus políticas contra la  unidad de la nación española, sin la cual no puede haber paz ni libertad.  Es esencial que la gente perciba el carácter tiránico de esa ley y conozca la realidad  histórica sistemáticamente falsificada por sus  promotores. 

VOX, si realmente quiere ser alternativa, debe responder a este desafío, debe  denunciar, ante los tribunales y fuera de ellos y con la máxima energía y empeño,  el carácter delictivo e inconstitucional de esa  ley y de sus promotores, todos ellos políticos corruptos intelectualmente y muy a menudo también económicamente.  Si ahora VOX no da la talla, se hundirá. En todo caso,  estamos en momentos cruciales, en que la defensa de la democracia  compromete a todos cuantos estimemos la libertad social y la propia libertad personal. Esa ley debe ser desafiada y abolida en la práctica ya, sin depender de promesas de partidos para un futuro que no llegaría.

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¿Historiadores o charlatanes? / Olona contra VOX

¿Historiadores o charlatanes? 

A mediados de la próxima semana saldrá a librerías Galería de charlatanes, que viene a completar Los mitos de la guerra civil exponiendo la miseria intelectual de la historiografía “progre” y de cierta derecha. El libro analiza las  incoherentes versiones de numerosos autores, promotores seudoacadémicos por acción u omisión de las leyes de memoria, leyes contra la libertad de todos y contra la historia real. Esas interpretaciones y esas leyes se desenmascaran entre sí: como sus versiones  no pueden sostenerse en un  libre debate intelectual, necesitan leyes de tipo soviético contra la  verdad y la libertad; y  al recurrir a esas leyes demuestran palmariamente la falsedad de sus versiones.

Los charlatanes pueden dividirse en dos grandes grupos: los que aseguran que el  Frente Popular representaba la democracia y la libertad, cuyos modelos podrían ser Preston, Viñas o Casanova; y los que descubren el mar menor de que en las guerras se mata y se cometen atrocidades, y nos informan de su pesar porque los dos bandos eran muy malos…, así Eslava Galán,  Pedro Corral o Pedro J.  Los primeros, generalmente de izquierda o separatistas,  son retorcidos, pero habilidosos; los segundos, casi todos de derechas,  parecen especialmente necios: exhiben una pretenciosa superioridad moral despotricando y condenando a unos y otros e  ignorando tanto las causas de la guerra como  las causas defendidas por cada bando.

A fin de hacer más ágiles las exposiciones, las he dividido en ocho capítulos referidos a otros tantos temas generales,  con un apéndice: I, Ideas generales sobre España. II, El miedo al debate. III, La república de las maravillas. IV, ¿Por qué se perdió la guerra? V, La intervención extranjera. VI, El terror. VII, El caso Negrín. VIII, El caso Franco. En cada uno de ellos trato a diversos autores. El apéndice consta de seis breves apartados:  “Reig Tapia y el gremio”; “Tuñón de Lara en el origen”; “Óscar Alzaga: oposición antifranquista y falsificación democristiana”; “Por qué el franquismo no tuvo oposición democrática”; “Franco y Hitler: una patraña reveladora”; y “En cuanto al autor”, es decir, a un servidor.

El libro analiza o menciona a unos 50 autores, tanto de izquierda como de derecha.

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Olona contra VOX

Sobre el fracaso de M. Olona en Andalucía he oído dos versiones: que la campaña electoral le fue montada desde el aparato del partido, y que fue ella la que hizo el montaje, sin rastro de gran política. Realmente, el PP tuvo suerte con ella, y sus deseos finales  de apoyar –ya innecesariamente– al del PP, sonaron extraños. Los hechos, en todo caso, son que VOX quedó reducido a la irrelevancia en Andalucía, que Olona rompió con partido,  que acaricia la idea de debilitarlo más creando algún montaje y que se ha dedicado a denigrar a Abascal y hasta a sugerir la ilegalización de VOX (algo en lo que siempre piensa el Dotor) en un medio tan afín al PP como es OKdiario. 

VOX ha crecido defendiendo la Gran Política de la unidad nacional y denunciando los chanchullos del PP con el PSOE y los separatistas  contra ella y la democracia. Para el PP es el enemigo principal, y si cae en los cantos de sirena de “unir fuerzas para echar al Dotor”, dedicándose a politiquillas de ocasión, será fagocitado o reducido a la inoperancia. El ataque del Bonilla a España, con su aljofifa y “padre de la patria”, la promesa de acabar con esa farsa, debió ser un eje clave en Andalucía, sin descartar otros menores. Para los votantes debe quedar radicalmente claro que VOX no es el PP ni persigue una política semejante; de otro modo VOX estará perdido.  Y da la impresión de que la lección de Andalucía no ha sido aprendida.

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Alcázar de Toledo, Guernica, Badajoz,  García Lorca, Cuadros del Museo del Prado, yate “Vita”, Brigadas internacionales, persecución religiosa,  Oro de Moscú… Conocer la historia es esencial para frenar  las leyes sovietizantes.  Muchos ven la cuestión de la guerra civil como un asunto meramente histórico, casi erudito con alguna repercusión moral. Pero tiene la máxima importancia política actual, y debe comprometernos a todos.

Tamaño de Resultado de imágenes de los mitos de la guerra civil.: 135 x 185. Fuente: www.popularlibros.com

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El mejor antídoto contra las “memorias” tóxicas de separatistas y socialistas es la verdad histórica. En librerías desde hace una semana

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**Efectos de la cuestión de Ucrania: Empuje a Rusia  fuera de Europa y hacia China. Grietas en la UE con posibilidad de ampliarse. Lo mismo entre la UE y Usa. Crisis de la energía.  Mayor empobrecimiento de muchos países del antes llamado Tercer Mundo. División del mundo en varios centros de gran influencia y en rivalidad entre sí. Riesgo incluso de guerra nuclear. Todos estos efectos aparecen como tendencias que van acentuándose, aunque no  podemos saber hasta dónde llegarán.

**Ni la UE es Europa, aunque esté en Europa, ni la OTAN es Occidente, aunque esté en Occidente. Hay que denunciar la perversión del lenguaje político

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El verano de 1976 resultó en extremo complicado, con posibilidad de que naufragase el proyecto franquista de una reforma que impidiese una transición desastrosa como la de la monarquía a la república en 1930-31: 248 – Verano del 76, terrorismo y separatismo | Guerra civil y franquismo – YouTube

 

 

 

 

 

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Liberalismo cañí / La jornada

Liberalismo cañí

La base ideológica del PP es cierto liberalismo, que podríamos llamar liberalismo cañí (no es el único liberalismo) tal como se llamaba “marxismo cañí” al barato marxismo español. Un liberalismo cuyo eje intelectual es “la pasta”, “la economía lo es todo”.  como sentenció su principal pensador, Rajoy, y era también la idea de Aznar y de la UCD.

Ese liberalismo tiene varias semejanzas con aquel marxismo, y no solo por sus versiones generales  desde la economía, tan proclives a materializarse en corrupción. O por su esterilidad teórica, que no aporta nada a sus propias doctrinas.

   Otra semejanza es la veneración infantil a alguna potencia exterior: a la URSS los comunistas, a Anglolandia los libercañís. La nación española, su  idioma y  cultura más bien les resbalan;  muchos hasta creen que no existen, o si acaso solo surgen en la historia con la Constitución liberal de 1812, nunca aplicada,  por lo demás. Ello no les impide hablar de  amor y defensa de España, pero su amado ideal es precisamente una España sin apenas pasado,  satelizada cultural y políticamente. Creen también que lo de los separatismos es cuestión de pasta, y sobornándolos se aplacarán. Y que si España se disgrega, tampoco pasa nada demasiado grave, mientras sigamos en la UE y la OTAN,  y haya pasta.

También les asemeja su carácter anti o a-democrático. El nuevo frente popular ataca “legalmente” las libertades políticas y personales, y los libercañís se desentienden: lo ven como minucias que distraen de los “verdaderos problema”, es decir, de la pasta. Dicen ser grandes gestores económicos, aunque nunca pasaron de mediocres.

Asimismo les une un antifranquismo visceral. Los marxocañís odian al franquismo por haber sido –dicen– una dictadura fascista. Los libercañís por ser meramente una dictadura. Dentro de ello, los comunistas lucharon y se arriesgaron contra el franquismo, mientras que los liberales prosperaron en él, dentro y fuera del aparato gubernamental de la  dictadura. Porque un libercañí sabe explotar las oportunidades crematísticas, y aquella intolerable dictadura parece haber ofrecido bastantes.

Los libercañís llegan a perdonar un poquito a Franco sus últimos veinte años, pero los primeros veinte les parecen “terribles”. Años en los que el franquismo salvó a España de las invasiones, bombardeos masivos y deportaciones de la SGM; en que derrotó a la guerrilla comunista del maquis; en que derrotó a un criminal aislamiento destinado a hambrear España, impuesto por soviéticos y anglosajones, más un coro de democracias y tiranías a la par; en que España se reconstruyó con sus propias fuerzas  en medio de tantas dificultades, sin el condicionante Plan Marshall, al revés que el resto de Europa occidental; en que salvaguardó la soberanía española contra viento y marea… ¡Nimiedades para un libercañí!: había dictadura y poca pasta, así que lo demás sobra… 

Hay, sin embargo, diferencias de fuste. Los libercañís son totalmente incapaces de producir arte (aunque sí saben hacer negocio con él), y ni siquiera entienden la importancia de la universidad. Ya en el franquismo se dejaron arrebatar la universidad  sin apenas resistencia, y el terreno del cine, la literatura o la música  se lo dejan sin problema al nuevo frente popular, que resulta más inventivo.

Pero la diferencia mayor radica en la Gran Política, de la que los libercañís  carecen,  simplemente. El nuevo frente popular sí la tiene: su versión de la guerra civil y el franquismo. Bien entienden que al falsear la guerra e ilegitimar  al franquismo socavan simultáneamente la idea de España y de la libertad, usurpan la legitimidad democrática y ponen  a la defensiva a una derecha falta de idea de España y de la democracia. Por esa falta se han hecho los libercañís cómplices de tal destructiva gran política.

La situación empezó a cambiar con el auge de VOX, debido sobre todo a que este sí invocaba una Gran Política, poniendo en  primer plano la defensa de la nación española más, en segundo plano, la defensa de la democracia. En este segundo aspecto tiene lagunas peligrosas a largo plazo, aunque  corregibles en principio: la unidad de España viene del franquismo, y también la democracia, que de ningún modo podía proceder de su oposición. La invocación sentimental a la concordia no resuelve nada. Es preciso insistir en lo que explicó Besteiro: que quienes salvaron la unidad de España y su cultura fueron los nacionales. Y  explicarlo con la misma o más  energía y claridad con que el neofrente popular pretende lo contrario.

Mientras no se entienda bien la cuestión serán posibles todas las ambigüedades, que en definitiva beneficiarán siempre al frente popular y a su cómplice el PP. Abandonar la gran política que ha dado fuerza a VOX por políticas y tacticismos menores, siempre a la expectativa de las encuestas, significará el hundimiento de VOX como alternativa.

Uno de los mayores peligros tacticistas es la idea de que lo esencial es echar al Dotor. Echarlo para sustituirlo por fulanos tan siniestros como Feijoo, con VOX como auxiliar, es sustituir la alternativa por los cabildeos de ocasión. VOX se encuentra ahora mismo en la encrucijada de mantenerse como alternativa de gran política, o quedarse en un PP bis más vocinglero y sin verdadero fondo, al estilo de Ayuso. Y una gran ocasión para evitar esto último es, precisamente, hacer de la lucha contra la memoria chekista una campaña de Gran Política.

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El mejor antídoto contra las “memorias” tóxicas de separatistas y socialistas es la verdad histórica.

Tamaño de Resultado de imágenes de los mitos de la guerra civil.: 135 x 185. Fuente: www.popularlibros.com

los mitos de la guerra civil-pio moa-9788413844671

A muy pocos nos importa la idea de España,  pero a qué pocos. Ni aún el peligro de la guerra ha servido de soldador. Al contrario: se ha aprovechado para que cada cual tire por su lado (Azaña). En cambio en el bando nacional era clave la idea de España, nacional y cultural,  y eso fue lo que  en definitiva le dio la victoria. Hoy, a  la derecha libercañí, que es casi toda ella, la idea de España tampoco le importa.  Es “europeísta” sin saber casi nada de Europa, y atlantista a la gibraltareña, no partidaria de España.

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La jornada.

Santi se impresiona por la influencia cósmica (la marcha del sol) en los actos triviales humanos de cada día, e intenta reflexionar al respecto.  ¿Qué influencia puede haber? Los actos diarios de las personas son inmensamente variados, mientras que el paso del sol por el firmamento se repite prácticamente igual e indiferente, día tras día,  milenio tras milenio. Y sin embargo es obvia esa influencia, pues sin el paseo solar ningún acto humano sería posible.  Intuición que ha llevado a la astrología: los astros marcarían el destino de las personas por encima de la multiplicidad y contradictoriedad de sus actos, que resultarían en definitiva irrelevantes. En todo caso, es una influencia tan evidentemente fundamental como imposible de concretar,  y Santi experimenta cierta fatiga mental al considerarlo. 

A continuación, los cuatro estudiantes comienzan a divagar sobre el sentido de la vida (otro tema muy raro en la novela actual), partiendo de un incidente burlesco y vulgar. Cada uno tiene una opinión al respecto, que es una opinión sobre lo que espera de la vida. Normalmente la discusión, como tantas, quedaría olvidada y, como el asunto del sol, no influiría para nada palpable en la jornada que se abría. No obstante, aunque los cuatro van a la universidad, como de costumbre, ninguno de ellos  entrará en clase  aquella jornada.

Como partes de una trilogía, las dos novelas son complementarias, no tanto porque los personajes sean los mismos, no lo son, como porque la primera  trata los recuerdos de juventud que escribe un viejo tras una especie de iluminación, y la segunda se centra en las reflexiones e incertidumbres de jóvenes ante la vida que esperan. Está además el trasfondo histórico de una época violenta y otra pacífica, pero inquieta y bajo cierto signo intelectual del absurdo. De nada de esto trata la actual novelística española, y creo que por eso resulta un tanto insustancial, de mero entretenimiento.

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El verano de 1976 resultó en extremo complicado, con posibilidad de que naufragase el proyecto franquista de una reforma que impidiese una transición desastrosa como la de la monarquía a la república en 1930-31: 248 – Verano del 76, terrorismo y separatismo | Guerra civil y franquismo – YouTube

 

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