SGM (II) ¿Cómo se llegó a la I Guerra Mundial?
Julio Caro Baroja recordaba cómo algunos viejos, en el cambio del siglo XIX al XX, decían de los que entonces eran niños: “Estos verán las maravillas del siglo XX”. Lo decían con pena, porque a ellos ya no les tocaría disfrutarlas; y con seguridad, porque el propio XIX había traído ya muchas maravillas. Por contra numerosos intelectuales que vivieron antes y después de la I Guerra mundial evocarían con nostalgia la Europa anterior, la Europa liberal que aseguraba un progreso indefinido en un clima de paz, racionalidad y ciencia, con una Europa que había alcanzado un apogeo histórico que era también el de la humanidad, que seguiría necesariamente el ejemplo europeo. Uno de los más conocidos es el testimonio de Stefan Zweig El mundo de ayer: ¿cómo era posible que un panorama tan civilizado y próspero, abocase a la guerra generalizada más sangrienta después de las campañas napoleónicas? Se buscaban culpables, pero no quedaba claro tan increíble empuje del bien al mal en un mundo de razón y ciencia.
Pero quizá el mundo bajo la superficie no era tan prometedor y pacífico como se afirmaba. El liberalismo encontraba un rudo enemigo en el marxismo. Para finales del XIX algunas profecías de Marx sobre la proletarización de la sociedad y su miseria creciente se estaban demostrando falsas, y en los movimientos obreristas se abría paso la idea de alcanzar los objetivos igualitarios del socialismo mediante reformas sucesivas que el propio capitalismo liberal permitía, y no por una revolución violenta que “expropiase a los expropiadores burgueses”. Pero quizá esa tendencia progresiva y pacífica estuviera mal fundada. Algunos economistas, como Hilferding (El capital financiero) aprovechado luego por Lenin, veían el panorama con otra perspectiva: el capital “de libre competencia” tendía a concentrarse por su propia dinámica hasta volverse monopolista en el sentido de una propiedad compartida por castas que unificarían finanzas, industria y comercio, y dominarían la política en pro de sus intereses de clase. Aunque con rasgos multinacionales, ello no impedía la persistencia de intereses nacionales o de grupo que empujarían a guerras. Tal evolución favorecería doblemente el paso al socialismo: porque haría más fácil expropiar al gran capital para construir un estado “obrero”, con o sin necesidad de revolución, y porque de todos modos las guerras imperialistas fomentarían movimientos revolucionarios.
Por otra parte, la mejora económica del proletariado en los países de capital monopolista de estado no desmentiría los análisis de Marx, según explicaría sobre todo Lenin: al extenderse sobre todo el globo, el capital practicaría una sobreexplotación de los países coloniales, parte de cuyos superbeneficios emplearía en las metrópolis para corromper a una “aristocracia obrera” que frenase la lucha revolucionaria con un reformismo ilusorio. Es curioso que este análisis parecería explicar por qué aquella época de paz, libertad y progreso sería engañosa y desembocaría, casi por fuerza, en una guerra generalizada de tipo económico, que a su vez provocaría en Rusia, “el eslabón más débil de la cadena capitalista” la primera revolución comunista de la historia.
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Enfoques de la vida
Preguntado en tertulia. El tema de Cuatro perros verdes es el enfoque de la vida que esperan o desean cuatro jóvenes muy diferentes entre sí; y la peripecia de una jornada en la que se esboza la diferencia entre sus expectativas y la realidad impuesta por la incontrolable variedad de la vida. Tema diferente de raíz del de Sonaron gritos y golpes a la puerta, que viene a ser el de unas acciones extremadas, en parte dictadas por la situación histórica, que culminan en el choque con lo que podríamos llamar “el enigma de la esfinge”. Algunos lectores han querido ver en ella un traspaso del mito de Edipo interpretado por Freud (“asesinato del padre”), pero no va por ahí la cosa. Al abismar al protagonista en su propio ser, el asesinato del padre le paraliza. ¿Es deprimente? Yo creo que no, quizá no hace “amar la vida” tanto como deseaba Tolstói, pero hay una diferencia entre evitar una visión rosácea de ella y concluir en un pesimismo radical. La idea de que la vida no tiene sentido es pesimista sin remedio, y nada más chocante que se quiera hacer del sinsentido el fundamento de la libertad, al estilo de Nietzsche o Sartre.
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Crónica. Baños de sangre
**El Doctor y la Belarra quieren asustar a Putin. La política exterior en una España más de pandereta que nunca.
**Repitamos: no existe conflicto entre Ucrania y Rusia, sino entre la OTAN y Rusia, con Ucrania como instrumento de la OTAN.
**Boris Johnson pide a Putin evitar un baño de sangre en Ucrania. ¿Como los de Libia, Siria Afganistán o Irak? ¿Como el de Yugoslavia?
**La ministra de Noséquébasura afirma que a los hombres “les dan miedo nuestras tetas”. No entiende por qué, informa. Un gobierno de burdel.
**Si las feministas representaran a las mujeres, certificarían la inferioridad del sexo femenino. Afortunadamente no es así.
**Sospecho que la proporción de lesbianas entre las jefas feministas es mucho más alta de lo normal.
**La Delgado es una compinche de Villarejo. Su maromo es un juez prevaricador. El Doctor tiene un título falso. La justicia en manos de delincuentes. Y casi nadie quiere darse por enterado.
** **”Soy estudiante de historia y en clase nos tienen prohibido utilizar el término de “Reconquista” argumentado que el Reino de Asturias no estuvo bajo el dominio romano o visigodo y que los astures se rebelaron simplemente por una subida de impuestos de los árabes. En contraste con los reinos cristianos del norte al-Ándalus recibe una leyenda rosa y todo tipo de elogios, incluso se ha llegado a decir en clase que los españoles procedemos de al-Ándalus “donde convivían las tres culturas”. En la facultad no se puede tener una opinión distinta porque te la prohíben y debes ocultar tu opinión si no quieres ser señalado. El primer día nada más entrar en la carrera nos explicaron que España no existe hasta 1812 y que la monarquía hispánica llegó a ser el estado más esclavista e inquisitorial de la historia; o como prácticamente todos los docentes enaltecieron la ley de memoria democrática. Carteles de Blas Infante por los pasillos de la facultad…” (Kovalainen).
Es necesaria una respuesta enérgica a estos mangantes. Vivimos bajo la tiranía de la estupidez, proyectada a chorros desde la institución que más debía combatirla.




