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Crónica. Pecados mortales historiográficos
**Dice una charlatana alemana, Judith Schalansky: “En el centro del legado colonial global de Europa está el robo, la explotación y la destrucción”. En la historia de todos los países hay mucho de eso, pero también otras cosas. El centro del legado colonial podría ser más bien el traspaso a las colonias de una cultura mucho más avanzada, medicina, eliminación de guerras intertribales o de una brutal mortalidad infantil y muchas enfermedades, técnicas mucho más eficaces para cultivar y alimentarse, infraestructuras, comunicaciones, visión más global del mundo… No todas las colonizaciones europeas han sido iguales, desde luego, pero el balance final es parecido. En fin, nimiedades para las schalanskys de turno. Con lo bien que estaban los aztecas con sus guerras floridas, canibalismo y demás, y llegaron los españoles a estropearles la fiesta.
**Entre la república y el frente popular no hay continuidad, sino ruptura. Increíble que tan pocos historiadores se hayan percatado de esta evidencia, un pecado mortal pues sin ella todo el proceso siguiente, guerra y franquismo, se vuelve ininteligible.
**Asombroso que el contenido real del frente popular como alianza, básicamente, de sovietizantes y separatistas, no sea analizado como tal por casi ningún historiador. Tan asombroso como que haya resurgido hoy de modo informal, pero efectivo.
**Asombroso que se quiera pintar a la república al revés de lo que nos explican de ella sus personajes principales: Azaña, Alcalá-Zamora, Lerroux, Largo Caballero, Gregorio Marañón… ¡Que haya predominado la versión de ella elaborada por los comunistas, los grandes demócratas de entonces y de ahora…!
**Tal como izquierda y separatistas se adueñaron en la transición de la bandera de la democracia, en la república hicieron lo mismo con la republicana, que había traído la derecha. En los dos casos se trató de una usurpación debida a la inanidad intelectual e histórica de la derecha.
**La izquierda es muy partidaria de interpretar la democracia en su sentido etimológico: “poder del pueblo”. Naturalmente, el pueblo es ella misma.


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El ruso o fantasma
El personaje del “ruso” o el “fantasma” en Cuatro perros verdes no se entiende del todo –aunque sí lo suficiente– sin conocer el episodio relacionado en la novela anterior. Su papel, al contraponerlo al líder estudiantil comunista, Diego, es precisamente marcar la ilación de las dos novelas y un fondo común a pesar de que los demás los personajes y situaciones sean totalmente distintos. En los años 30, el comunismo era un componente clave del ambiente social e intelectual español, que en la guerra ya se hizo dominante, y esencial para entender las andanzas de muchos en la España de entonces. En la segunda novela, la presencia de la ideología comunista había pasado a un segundo plano, pero no dejaba de ser condicionante: era la oposición real al franquismo, y allí estaba, un poco como un fantasma. La actitud de los cuatro “perros verdes” hacia ella era lejana, la novela podría incluso dejarla de lado, solo Chano se interesaba vagamente por ella. El ambiente social había cambiado en extremo con respecto a Gritos y golpes, pero la presencia del “ruso” y del líder marxista daba el tono de la situación. También hoy ha cambiado el ambiente inmensamente con respecto a la época de Cuatro perros verdes, y sin embargo han resurgido formas de pensamiento comunista. Que ya no se expresa en pesados tomos de filosofía, historia o economía, sino más bien en un folklore difuso que identifica libertad e igualdad. El atractivo permanente del comunismo radica en su promesa de igualdad, “Ser el mundo uno y en hermandad”, como predica la turbia canción de J. Lennon difundida por doquier, con su programa entre pueril y cursi. Pero atractivo precisamente por su puerilidad, por la añoranza de volver a una infancia protegida y acunada por algún poder benéfico. En la novela, el discurso de Diego sobre la revolución científico-técnica y sus efectos, provoca cierta parálisis de la respuesta. La ideología perturba el lenguaje. Diego expone la seductora teoría; el “ruso” expone la experiencia.


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