Final de un ciclo histórico y continuidad de la putrefacción

***Blog I. ¿Qué aprender del franquismo? (I) El patriotismo: http://gaceta.es/pio-moa/aprender-franquismo-i-patriotismo-29112015-1907

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Ante las elecciones de 2011 escribí en LD este artículo. El sistema creado en la transición pudo, quizá corregirse con Aznar, pero no ocurrió. Rotos los diques, ZP emprendió una política de destrucción de todo lo positivo logrado en la transición, política seguida después por Rajoy. Muchas tendencias indican que el país se volverá más ingobernable después de las próximas elecciones de diciembre.

Final de un ciclo histórico

El zapaterismo ha significado el final de un pequeño ciclo histórico, el abierto por la Transición, inscrito dentro de un gran ciclo, el abierto por la victoria de Franco en la guerra civil y que, entre otras cosas, ha proporcionado a España el mayor período de paz interna en siglos, y que continúa todavía hoy.

Como he argumentado en La Transición de cristal, el pequeño ciclo nace con la evolución democrática “de la ley a la ley”, es decir, desde la legitimidad del régimen anterior. Y contra la ruptura pretendida por la oposición, que negaba la legitimidad del franquismo y pretendía volver a la supuesta legitimidad del Frente Popular. El rupturismo tenía el mismo carácter que el Frente Popular: se componía de partidos como el PCE, el PSOE y los nacionalistas catalanes y vascos, tan poco demócratas como propicios a las tensiones disgregadoras de España. Triunfó la reforma de la ley a la ley, pero los rupturistas prosiguieron su labor de zapa, ayudados por una derecha que se vació de ideas a base de renunciar a la lucha por ellas.

Ha sido Zapatero quien ha impuesto la ruptura desde el poder mediante, entre otras cosas, la Ley de Memoria Histórica, cuya trascendencia no ha entendido una derecha inane ideológicamente e ignorante de la historia. El resultado del zapaterismo ha sido, aparte de la ruina económica, la colaboración con la ETA (ideológicamente muy afín al PSOE) en un proceso de exacerbación de las tensiones separatistas, y una fuerte involución democrática con, entre otras cosas, el descrédito de la justicia y del estado de derecho. Tal es el balance de la ruptura zapaterina, del que nos libramos en 1976. Y la consecuencia lógica de la ideología del PSOE.

Ahora, dada la prevista salida del PSOE del poder, se ofrece la posibilidad histórica de reengarzar con la etapa anterior, mejorándola mediante una auténtica regeneración democrática. Una posibilidad que, me temo, no se cumplirá. He dicho que ha habido una buena noticia con la derrota del PSOE y una mala con el triunfo del PP. Me explico: así como el PSOE es antidemocrático y antiespañol, desde su programa máximo a sus actuaciones concretas, el PP es a-democrático y a-español. La ideología de este cabría sintetizarla en dos puntos: “la economía lo es todo”, que resume sus ideas o falta de ellas, cuando la democracia es mucho más que economía; y “la nena angloparlante”, la cooficialidad de hecho del inglés, con este como lengua superior en la práctica. Así como el PSOE (igual que el Frente Popular) suele alzar la bandera de una democracia fraudulenta, así el PP alza ahora la de un patriotismo no menos fraudulento.

En el PP coexisten dos partidos o tendencias, uno, representado por Mayor Oreja, Vidal Quadras, quizá Aznar, que sí tiene mucho de patriótico y democrático, derrotado por el segundo, el de Rajoy, Soraya, Cospedal, Gallardón y compañía, cuyo principio rector consiste en hacerse con las poltronas. Ahora las han conseguido. Pero su nulidad ideológica es tan grande que, si la crisis económica no hubiera caído sobre el PSOE, habrían vuelto a ser derrotados, con toda probabilidad, por personajillos tan míseros como Zapatero, Rubalcaba o Chacón.

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**Estas fechas y este aniversario son la mejor ocasión para defender la verdad “que se corrompe tanto con la mentira como con el silencio” (Cicerón) Para conocer la realidad tan mentida y silenciada de nuestra historia reciente, con libros como la biografía de Franco por Stanley Payne y Jesús Palacios, Franco y el III Reich de Luis Suárez, o Los mitos del franquismo 

***”Cita con la Historia.” El legado del franquismo (y 3):  https://www.youtube.com/watch?v=VTZmM2zdIfQ

 *** Una experiencia del separatismo y la miseria de la prensa de derecha en Gerona: http://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2015-11-29/involucion-permanente-gerona-94919.html 

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Los nuevos valores europeos

¿Qué se jugaba en la guerra de España?: http://gaceta.es/pio-moa/jugaba-guerra-espana-26112015-0745

**El legado del franquismo (II) : www.citaconlahistoria.es

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Sería muy conveniente hacer un análisis de los “valores” que han asomado en Francia con motivo del ataque yijadista. Algunos recomendaban derrotar a los islámicos llamando a las mujeres a maquillarse más, salir a la calle con tacones y acortar las minifaldas. Otros, a “celebrar” pasándose toda la noche oyendo rock a todo pasto, aunque protestasen algunos vecinos carcas, para demostrar a los musulmanes que no se les teme. Y así otras reacciones no faltas de significado. Uno se pregunta qué valores representa hoy la UE, aparte de unas pretensiones democráticas que tampoco le sientan muy bien como exclusiva.

  Hace cuatro años escribí en LD este comentario:

Aborto

Valores europeos

En junio pasado una tal Viviane Reding, comisaria de la UE para “Derechos fundamentales”, ha exigido al gobierno húngaro la retirada de una campaña contra el aborto. Se trataba de carteles en que un feto –una vida humana en gestación– rogaba a la madre abortista: “Comprendo que no estás preparada para tenerme, pero dame en adopción. DÉJAME VIVIR”. Llamamiento, como se ve, sumamente moderado y quizá respetuoso en exceso con los abortistas. La tal Reding se ha erigido en representante de los “valores europeos”, y ha exigido la inmediata devolución de fondos comunitarios con los que en parte se había pagado la campaña.

La noticia ha pasado casi inadvertida en los medios y sin embargo está llena de contenido. Que la comisaria se sienta la encarnación de unos supuestos “valores europeos” y sobre tal base intente reprimir no ya la libertad de expresión, sino a todo un gobierno que se supone independiente, indica dos cosas: una concepción de la democracia muy similar a la que tenían los nazis, y unas soberanías nacionales cada vez más sometidas a decisiones ajenas, tomadas por oscuras comisiones y sujetos que se proclaman representantes de los “europeos” sin que los haya elegido ni conozca casi nadie. Y el peligro de usar los fondos como instrumento de coacción o de soborno. Estas son realidades muy alarmantes, no nimiedades.

La tal Reding tiene sobre el aborto el punto de vista del feminismo: el feto viene a ser un apéndice del cuerpo de la mujer, una especie de tumor del que tiene derecho a librarse por cualquier conveniencia. Y para los feministas existe una conveniencia muy fuerte: la maternidad entraña una profunda diferencia de sexos (“de género” barbarizan), que ven como grave desventaja para la mujer. De ahí que las Reding traten de fomentar el aborto, sin admitir siquiera paliativos como sería la adopción. Por muy aberrante que a otros nos parezca tal doctrina, sus defensores tienen derecho a exponerla, desde luego. Pero no se limitan a defenderla, la imponen por medidas burocráticas desde el poder acompañadas de un masivo lavado de cerebro desde los medios de masas. Y esto, tan característico de los regímenes totalitarios, ocurre cada vez más en la UE, de lo que este incidente, nada menor, es un crudo indicio. Como significativo es también el adormecimiento ciudadano que deja pasar sin protesta el desafuero.

 Siempre he sido euroescéptico, y cada vez más. El europeísmo va contra la realidad histórica y cultural de Europa, nos supedita a poderes muy poco transparentes y al peso determinante franco-alemán. Los ingleses, más experimentados, se mantienen en un estar / no estar. Pese a que, culturalmente, son ellos los grandes beneficiarios: su idioma se va imponiendo de hecho como el oficial de esa Europa y sus valores

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El ambiente mundial está volviéndose más sombrío.

Blog I. “Romper los muros del gueto”: http://gaceta.es/pio-moa/romper-los-muros-gueto-24112015-1820

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Muchos no recuerdan  ya la euforia burbujeante de los tiempos de Aznar y Zapatero, cuando parecíamos haber pasado a una época de prosperidad estable e indefinida, según se nos había prometido con la entrada en el euro. La llegada de la crisis cambió de pronto el ambiente, llenándolo de preocupación e incertidumbre económica, agravada por las presiones separatistas y por la sensación de farsa y falsedad política causadas por el premio político a la ETA, por sus asesinatos y otros manejos similares. Rajoy intenta crear de nuevo euforia por la “superación” de la crisis, que ni siquiera en su aspecto económico es real.

También ha variado sustancialmente el ambiente, nacional e internacional, con respecto al optimismo creado por  el derrumbe de la URSS.  Surgió entonces un mundo “unipolar”, en el que Usa, y a remolque de ella la UE, iban a orientar al mundo entero por el camino de la paz, la libertad y la prosperidad.  Una especie de hybris mesiánica permitió, en nombre de la democracia, vulnerar soberanías y leyes internacionales y  agredir a diversos países que, por supuesto, de ningún modo podrían resistir la apabullante superioridad militar y  técnica de la única superpotencia y de la UE, aunque esta ha tendido más bien a dejar el trabajo duro a sus protectores useños.

Así, las intervenciones “de paz” en Somalia, Irak y Afganistán se saldaron con una gran victoria inicial para empantanarse a continuación en una guerra imposible de ganar. Recientemente comentaba un general francés la increíble realidad de que una coalición de países  con “dos tercios de los presupuestos militares del mundo, con el diferencial tecnológico más alto de toda la historia militar, no ha logrado vencer a unos 30.000 talibanes armados con Kalashnikof”. Ha sido un escarmiento, y desde entonces, las intervenciones se han vuelto más indirectas y aéreas,  menos sobre el terreno.

Después, las “primaveras árabes” eliminaron a un gobierno elegido más o menos democráticamente en Túnez, el país más europeizado del Magreb, para instalar otro semejante, de futuro incierto; en Libia, la agresión armada de Usa y UE consiguió destruir un país próspero hundiéndolo en el caos y la guerra civil. En Egipto la victoria electoral correspondió al islamismo integrista, un peligro inminente para Israel: se parcheó con un golpe militar y la correspondiente dictadura. En Siria, el intento de derrocar al “asesino” Asad ha provocado decenas de miles de asesinatos, una guerra civil de crueldad extraordinaria y el surgimiento del Estado Islámico.  Un efecto ha sido un alud de refugiados más o menos reales sobre la UE, refugiados que llegan imponiéndose y sin respetar leyes ni policía, quizá porque entienden que la UE tiene cierta responsabilidad en la situación creada en sus países.

El ambiente ha cambiado radicalmente, haciéndose más y más sombrío e incierto. El Estado Islámico, derrotar al cual parece exigir el esfuerzo unido de todas las potencias, es solo un aspecto de un problema bastante más amplio, que ha dado lugar a un resurgimiento sumamente agresivo de la yijad. Ahora el islamismo golpea en el corazón de la UE, donde existen minorías musulmanas cada vez más fuertes mientras se intenta cercenar la raíz cristiana de la cultura europea y se responde a los atentados con rasgos de histeria. El ambiente  social y político europeo ya no es, ciertamente, el de hace pocos años. Antes confiaba ciegamente en su capacidad de integrar a cualquier minoría, incluidas las  musulmanas, y se está percatando de  que, aparte de la posibilidad de ganar más dinero, esas crecientes minorías no sienten la menor admiración o respeto por el sistema occidental, que juzgan decadente.

Se da además la circunstancia de que países musulmanes con regímenes laicos y comportamientos  civiles occidentalizados están volviéndose más y más fundamentalistas, así en Egipto o Turquía, esta última presentada hasta hace poco como la única democracia del mundo musulmán, aun si tutelada por el ejército.

Mientras tanto, China, una gran potencia con poderosos intereses en un gran espacio asiático  tiene visos de convertirse en verdadera superpotencia  antes de muchos años.

Otro caso alarmante es la Rusia de Putin. La democratización de la URSS no fue un fenómeno especialmente feliz, como puede recordar casi todo el mundo. Durante muchos años Rusia se hundió en la insignificancia y la corrupción, con bolsas de miseria extendidas, hasta que con Putin optó por una política más autoritaria y disciplinada, aunque democrática todavía. El fortalecimiento de Rusia motivó un intento de cerco por parte de la OTAN, que Putin ha rechazado recobrando Crimea y tratando de impedir la plena caída de una Ucrania hostil en el ámbito occidental.  Y últimamente defendiendo al régimen de Asad, su aliado y por lo demás reconocido en la ONU, y atacando al EI, que tanto tiempo llevaba prosperando gracias a una extraña connivencia occidental y turca. El resultado es que Usa,  UE  y Turquía se han apresurado a sabotear la iniciativa de Putin, y de ahí pueden surgir conflictos mucho mayores y de resultado imprevisible.

 

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Un rasgo clave de Al Ándalus

 **Blog I: Del franquismo queda mucho más de lo que Pedro J supone: http://gaceta.es/pio-moa/queda-franquismo-22112015-2048

**”Cita con la Historia www.citaconlahistoria.es  Hoy hemos hablado del legado del franquismo en salud  social y otros aspectos.

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Un rasgo clave de Al Ándalus

Con permiso de Serafín Fanjul, el mayor especialista español en Al Ándalus, expondré una observación que no he visto muy comentada sobre aquella nación que otrora llegó a ocupar casi toda la península.

Cuando, entrado el siglo XI, el califato de Córdoba se vino abajo, y no por la presión de los reinos españoles sino por sus propios conflictos internos, se formaron las numerosas taifas de todos conocidas, reinos en su mayoría pequeños y a la greña entre ellos, dominados unos por oligarquías árabes y otros por magrebíes y eslavas. Y aquí está una clave de la mayor importancia para interpretar la historia de Al Ándalus: ninguna taifa, al parecer, fue gobernada por los muladíes, es decir, por los antiguos españoles cristianos que se habían transformado en andalusíes islámicos, con un radical cambio cultural, religioso e idiomático. El hecho es muy llamativo, por cuanto los muladíes constituían para entonces el grueso de la población autóctona, ya que la proporción de quienes habían permanecido cristianos –los mozárabes– había decaído fuertemente en los tres siglos anteriores hasta hacerse minoritaria.

Tampoco durante el emirato y el califato omeyas de Córdoba había sido muy halagüeña la posición de los muladíes, como no lo había sido la de los magrebíes o bereberes (los moros propiamente dichos), menos todavía la de los eslavos, que generalmente habían llegado a Al Ándalus como esclavos capturados por los vikingos en el este de Europa y traficados por mercaderes judíos desde Francia; estos esclavos constituían, con los también esclavos negros, el grueso del ejército andalusí. Quienes, con los omeyas, habían detentado el poder de modo casi general y absoluto eran los integrantes de la pequeña minoría árabe, convencidos de su superioridad racial, los cuales oprimían por igual a muladíes y a moros, cuyas revueltas aplastaban de forma despiadada. A su vez, los árabes estaban divididos en clanes muy mal avenidos entre sí. Por todo ello la historia de Al Ándalus puede describirse como una guerra civil casi permanente.

La razón de que eslavos y moros tomasen el poder en diversas taifas radicaba en su posición en el ejército. Debido a la desconfianza de los clanes árabes hacia la población local, el ejército andalusí era en parte mercenario y en parte esclavo, y siempre odiado por los andalusíes comunes. La parte mercenaria se componía sobre todo de moros de origen magrebí, también de algunas tropas cristianas; y entre los esclavos, una élite eslava llegó a convertirse en una especie de guardia pretoriana con aspiraciones políticas (a veces había sido masacrada por ello).

El fenómeno interesante, ya digo, es que a la caída de Córdoba los muladíes, la población realmente autóctona, permanecieron como la masa oprimida y sin apenas derechos, diríamos que como ciudadanos de segunda en su propio país, si el término ciudadano tuviera algún sentido en aquellas circunstancias. El dato ayuda a explicar cómo un país tan rico, poderoso y en algunos aspectos avanzado como Al Ándalus, resultaría al final vencido por durante varios siglos pequeños y pobres reinos españoles, formados en gran medida por campesinos guerreros, con muchos más derechos y mucho más identificados con su propio poder y misión de reconquista.

 (En LD, 22-1-2009)

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Hay que insistir en esto, con ruego de difusión:
1. Por odio a España, los separatistas han hecho de Cataluña la región más islamizada.

2. Al islam, como a los separatistas, les interesa una España debilitada y balcanizada.

.3. El islam aspira a recobrar Al Ándalus. Los separatismos favorecen su designio.

4. Islam y separatistas son aliados objetivos contra España

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Ricardo de la Cierva o la miseria intelectual del antifranquismo

Blog I. Por una democracia profranquista: http://gaceta.es/pio-moa/democracia-profranquista-20112015-0733

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Ha muerto Ricardo de la Cierva, uno de los historiadores más importantes de los últimos cuarenta años. El País apenas le ha dedicado espacio como “historiador franquista”, creyendo así denigrarlo. Lo que debiera ser denigrante es el calificativo de antifranquista, por ser sinónimo de manipulación y tergiversación. No por casualidad ese periódico empezó publicando anuncios de prostitución, es decir, participando en ese negocio. Todo un símbolo.

   Contra lo que muchos creen, mi deuda intelectual con La Cierva es escasa, ya que casi todos mis escritos de historia siguen otros rumbos y métodos; a pesar de lo cual hemos coincidido en bastantes conclusiones. En 2001, a raíz de un debate televisivo, escribí este artículo, valga ahora como necrológica:

Ricardo de la Cierva, el erradicado

Durante un debate televisivo, una catedrática de Historia contemporánea se jactaba de que Ricardo de la Cierva había sido “erradicado” de la actual historiografía profesional. “¡E-rra-di-ca-do!”, repitió con énfasis y mal disimulado cabreo, para aplastar a un colega que había tenido la malhadada idea de citar al historiador, convertido en tabú en la Universidad y en la mayoría de los libros de Historia: o se le silencia o se le despacha con alguna frasecilla displicente. Así entienden el debate intelectual esos pésimos historiógrafos, inquisidores vanidosos que se ensalzan a sí mismos como “serios” y “científicos”.

Contra Ricardo de la Cierva todo ha valido, desde las descalificaciones insultantes en la prensa al cúmulo de rumores personales y profesionales, calumniosos como suelen serlo, y en todo caso ajenos a cualquier pretensión de prueba, tan frecuentes en círculos universitarios y académicos, muy dados, por lo común, al chismorreo insidioso y muy poco al intercambio y discusión de ideas que debieran serles propios. El bajo nivel científico de nuestra universidad se manifiesta en sus trabajos, pero también en esa actitud esterilizante y cerrada al debate –aunque a veces, cuando se abre un poco, casi resulta peor–, mezcla de beatería de secta, de ansiedad de cada cual ante la posibilidad de ser “pirateado” (pues la tendencia a parasitar ideas ajenas está muy difundida), y de miedo a quedar en evidencia fuera de los clanes aquiescentes.

Quien, rompiendo el tabú –algo difícil, sobre todo para un estudiante–, compare los libros de Ricardo de la Cierva sobre la Guerra civil y otros hechos de nuestra Historia, con los de esas erradicadoras lumbreras, nota enseguida la superioridad del erradicado. El cual no les supera por sus tesis sino, ante todo, por el cúmulo de datos y documentación decisiva en que las apoya, y que sus enemigos (pues lo son, y no simplemente adversarios intelectuales) pasan sistemáticamente por alto o les dedican referencias vagas, y lo hacen precisamente por su valor demostrativo, demoledor de las tesis hoy en boga. Vale la pena observar de pasada cómo el descaro y falta de respeto a la verdad por parte de esos individuos acaba de manifestarse de nuevo en sus escasas y ridículas reseñas del libro de documentos soviéticos España traicionada.

Pero, se objetará, si es así, ¿cómo puede haber sido Ricardo de la Cierva tan eficazmente aislado en amplios ámbitos intelectuales y en casi todos los medios de masas? ¿Puede tener él razón contra casi todos los demás? De lo segundo, nada. Un número muy alto de profesores e historiadores comparte más o menos las tesis de De la Cierva, o reconoce, por la simple necesidad de estudiar la Historia, la veracidad de la mayor parte de ellas. Pero poquísimos se atreven a decirlo en voz alta y clara, pues existe un auténtico miedo a pasar por “facha”, a compartir las descalificaciones y desprecios tributados a aquel. Es más, no faltan quienes, estando de acuerdo con él en lo principal, se unen al coro de los despreciadores o destacan los defectos del erradicado (¿quién no los tiene?), en lugar de señalar, como sería ahora necesario, sus indudables aciertos. Pero Ricardo de la Cierva no sólo supera como historiador a quienes le proscriben, sino que además ha sabido sostener sus ideas contra viento y marea, con datos y argumentos, devolviendo los golpes en una actitud valerosa por desgracia muy poco seguida: de ahí la eficacia de su aislamiento.

Decía Churchill algo así como que el valor es la principal de las virtudes, pues sin él las demás naufragan. Ciertamente podría entenderse el desfallecimiento de tantos intelectuales si corrieran peligro, no ya de ser fusilados o de ir a la cárcel, sino simplemente de sufrir serios daños materiales. Pero no. El peligro consiste simplemente que les tachen de esto o de lo otro, y ante tan nimia amenaza, su amor a la verdad y a la ciencia flaquean. Y así está el panorama intelectual.

(En LD, 9-1-2003)

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