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Veinte años de Los mitos de la guerra civil (I)
Me ha pasado inadvertido el 20 aniversario de la publicación de Los mitos de la Guerra civil, pese a que, justamente, acaba de traducirse al francés. Creo que se puede hablar justamente de un libro histórico en el sentido modesto de que rompió una tendencia historiográfica anterior totalmente opuesta y de que, indirectamente, dio lugar a una reacción culminada en las leyes llamadas de “memoria”.
El año de la salida del libro coincidió con la condena oficial del gobierno de Aznar, del PP, al alzamiento del 18 de julio contra el régimen de terror del Frente Popular. Aquella condena, aplaudida por la izquierda y los separatistas, marca el ápice de la derrota intelectual y moral de una derecha salida directamente del franquismo y que había organizado el paso a la democracia. Una democracia que no podía llamarse antifranquista por tres razones: porque salía de aquel régimen e indirectamente de la guerra civil, sin haber tenido nunca oposición democrática; porque habría sido imposible una democracia partiendo de aquella oposición, que mayormente era marxista y/o terrorista; y porque se realizaba sobre el sustrato social creado por el franquismo, de olvido de los odios republicanos, de reconciliación y prosperidad. La realidad histórica es así de indiscutible, y sobre ella habría debido desenvolverse el nuevo régimen.
Y sin embargo, ocurrió lo contrario: las nuevas izquierdas y separatistas (inicialmente disimulados como autonomistas), autoconsiderados herederos del Frente Popular, que en definitiva había sido una alianza entre ellos, se aplicaron desde el principio, en campañas muy intensas, a crear luna versión histórica según la cual los auténticos demócratas habían sido los separatistas, sovietizantes y auxiliares de ambos (que, aparte otras “cosillas”, se habían asesinado abundantemente entre ellos mismos). Por consiguiente, los 40 años de Franco habrían sido marcados por una represión feroz, por la tiranía, el “páramo cultural” y un fanático oscurantismo más o menos fascista. “Estudios” sucesivos olvidaban cómo el Frente Popular había destruido la legalidad republicana y cómo el franquismo, incluso después de haber ganado la guerra, se había ensañado con los “honrados republicanos”, culpables simplemente de ser “demócratas”, fusilando por esa simple razón a 200.000. Durante años, tales estudios proliferaron, provincia por provincia y hasta localidad por localidad, cambiando las cifras a conveniencia y sembrando mil rencores olvidados.
Con ello el nuevo y oficioso frente popular hacía olvidar las responsabilidades de la guerra mientras explotaba a fondo la sentimentalidad victimista multiplicando sin tasa el número de las “víctimas”: unas 14.000 en la realidad, juzgadas con notables garantías y ejecutadas por crímenes a menudo espeluznantes. Es muy importante consignar este hecho: historiadores y políticos del actual frente popular oficioso se identifican a sí mismos con los asesinos y torturadores de las chekas, cuyos actos conocen muy bien, pero consideran justificados ya que se realizaban contra “los fascistas” o como quisieran llamar a los nacionales. Más tarde se solidarizarían con los héroes del tiro por la espalda etarras, como estamos viendo actualmente. Quiero señalar claramente estos datos, porque casi siempre se dejan de lado mientras se atiende a detalles insignificantes.
Pues bien, se imponen dos preguntas: ¿por qué tienen izquierdas y separatistas tanto interés en invocar y falsificar aquel pasado? ¿Y por qué habían conseguido en 2002 imponer sus versiones al PP, la derecha salida precisamente del franquismo?
La primera pregunta se contesta sola: la falsificación del pasado, con la resurrección de los odios republicanos, constituye la base de sus políticas actuales, la justificación moral de ellas, pues por muy corruptos que se manifiesten, siempre resultarán comparativamente mucho mejores que los representantes de aquel pasado tan singularmente negro y sangriento. La condena de aquel pasado imaginario legitimará siempre a los apóstoles de la división de España, de los españoles y de mil corrupciones, y deslegitimará a la derecha, por mucho que esta intente renegar de sus raíces.
La segunda pregunta solo puede entenderse atendiendo a la escasa calidad intelectual, y luego moral, de la clase política formada en la etapa final del franquismo, sobre todo desde el concilio Vaticano II, que dejó en la estacada a un régimen que se declaraba católico. Se olvida, además, que el franquismo nunca fue un régimen de partido único, sino de cuatro que nunca habían sido muy amigos y cuyas diferencias y rivalidades se agriaban al deshacerse el vínculo común del catolicismo político. Aquella clase política, pese a sus logros en muchos otros sentidos, empezando por los económicos, iba entrando en descomposición. Baste recordar la influencia que ya alcanzaba el marxismo en la universidad, con el historiador stalinista Tuñón de Lara como estrella, ya en los últimos años del régimen. Frente a la contundente coherencia doctrinal del marxismo, que se coordinaba muy bien con los separatismos, la respuesta de aquella clase política y de sus intelectuales, era floja y dispersa.
No obstante, la situación social era muy distinta. En parte por inercia de la guerra, y también por sus muchos otros logros, la inmensa mayoría de la población no era antifranquista, sino más bien lo contrario. Así, gracias a Torcuato Fernández Miranda, uno de los poquísimos políticos que entonces demostró altura de estadista, la democracia llegó con pleno respaldo democrático a la legitimidad histórica del franquismo, en el referéndum de diciembre de 1976, un año después de muerto Franco.
Pero Torcuato fue una de las escasas excepciones. La mayoría de la casta política de derechas estaba ansiosa por hacer olvidar su pasado y el pasado en general, como si los cuarenta años últimos no hubieran existido y ellos hubieran aparecido de la nada. No faltó una minoría de historiadores serios que reivindicaron la historia auténtica, como los hermanos Salas Larrazábal, Martínez Bande o Ricardo de la Cierva, muy superiores a sus contrarios, pero que fueron siendo barridos de la universidad y de los medios por sus detractores, que no críticos, con actitudes matonescas.
Y tiene interés constatar cómo quienes más daño les hicieron entonces, y con ello a la verdad histórica, no fueron las sempiternas izquierdas y secesionistas, sino una derecha política y cultural compuesta de cantamañanas ansiosos de hacerse perdonar así. Me vienen ahora a la cabeza los insultos y cuchufletas del mediocre escritor Paco Umbral, un derechista que quería pasar por medio ácrata, contra Ricardo de la Cierva. O las lucubraciones de Javier Tusell sobre la oposición “democrática” a Franco. Pero no importan los detalles, la cuestión es que el ambiente que se creó entre todos, entre el oficioso frente popular y la UCD-PP, reconvertidos en auxiliares suyos, era el de una supuesta democracia cuya razón de ser solo debía ser el antifranquismo

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Actualidad: Empresas “españolas”
**Un ejemplo entre miles: leo algo sobre un fondo de inversiones que hace gala de su catolicismo, titulado Altum Faithful Investing (Inversiones Fe Profunda), fundada por un señor Borja Barragán. Relacionada con una gestora llamada Azvalor Asset Management. Las dos se presentan como “prestigiosas empresas españolas”, pese a demostrar un perfecto desprecio por la lengua y cultura españolas. Es un ejemplo entre miles, ya digo. ¿Nadie les llamará la atención?
**Boris Johnson quería derrocar a Putin y ya ven…
**Me dice uno: “Todo se resume en esto: Rusia ha invadido Ucrania, es la agresora y es culpable. Todo se resume ahí, y no hay más que hablar”. Le digo: “Si alguien te viene acosando, amenazando e insultándote, y tú terminas usando los puños, ¿eres tú el agresor y ahí se resume todo y no hay más que hablar?
**VOX ha llamado en un tuit “lunático islamófilo” a Blas Infante. No ha expresado más que la verdad. Es algo en lo que hay que insistir, porque retrata a toda la chusma política andaluza, pepera y sociata. Pero a continuación ha borrado el tuit. Se ve que en VOX hay corrientes deseosas de entrar en el juego de la chusma, de su pequeña política, no de oponerse a él. Es natural, pero como no se corten las alas a quienes quieren hacer un PP bis, VOX estará condenado.
**Si uno cree la propaganda de la OTAN y su títere Zelenski, Rusia perdió la guerra y quedó agotada desde la segunda semana. Y Zelenski, es decir la OTAN, está perdiendo una ciudad tras otra.
** Según una encuesta de hace unos años, creo recordar que solo un 20% de los españoles estaba dispuesto a defender a su patria. Según otra encuesta reciente, el 52% está dispuesto a luchar por Ucrania. Efectos de la Triple M
**Ayuso tuvo un doble mérito: barrer a la izquierda en Madrid, y poner al PP en una seria crisis con motivo de Casado. ¿Hizo lo segundo solo por motivos personales? No creo que sea tan ingenua o necia que no perciba que Pujoliño es bastante peor políticamente que Casado.
**El PP convierte a Madrid en una ciudad lgtbi. La ideología de la sexualidad estéril e irresponsable, disfrazada de “libertad”.
**Con su consigna “proletarios de todos los países, uníos”, los comunistas lograron imponerse sobre un tercio de la humanidad e influir profundamente en occidente. Hoy, la consigna lgtbi que podría denominarse “maricones y tortilleras de todos los países, uníos” ha impuesto en muy pocos años su dominio en casi todo occidente. ¿Cómo lo ha logrado?
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