Evidencias iluminadoras / Juicios literarios / Charlatanes XXI: J. Casanova, golfería mitómana

Entre los lectores del blog hay bastantes estudiantes y profesores de universidad. Quiero insistir en el hecho de que la decadencia de la universidad es la decadencia de todo el país, y que un primer paso para afrontarla es poner en evidencia a quienes han hecho de la estafa intelectual un modo de vida. Divulgar la Galería de charlatanes es una manera de hacerlo. Este blog está concebido como un instrumentos de la lucha cultural a la que renunció la derecha ya en la transición.

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Crónica Evidencias iluminadoras

**Ayuso ha nombrado a Toni Cantó para la oficina del español. Como en Madrid no hay problema separatistas, debe suponerse que obrará contra la colonización cultural por el inglés, un peligro mayor que el uso antiespañol de las lenguas regionales.

**A menudo la evidencia es lo último en verse. He aquí dos en las que casi nadie repara: a) El Frente Popular fue una alianza de sovietizantes, separatistas y golpistas. Esta mera constatación ya permite entender qué fue la guerra. b) Los gobiernos PP y PSOE provocan a Rusia, con la que no tenemos ningún conflicto, y lo hacen por interés de potencias que invaden nuestro territorio en un punto clave. ¿Puede haber algo más revelador?

**Si el Doctor golpista dice que no habrá referéndum es que ya  está en chanchullos con los otros golpistas. No ha dejado de mentir desde que llegó al poder. Por cierto, el del Máster se ha jactado de su buena sintonía con él bajo una “dura” oposición.

**La Arrimadas es tan hipócrita que cree  “más útil” que la moción de censura la presente el del Máster que Abascal. Debe de ser porque tanto ella como el masterero se han entendido tan bien con el Doctor.

**Dice el fulano del Máster que “la guerra civil fue una lucha entre quienes querían democracia sin ley y quienes querían ley sin democracia”. Parece que puede haber democracia sin ley, gran hallazgo de este pensador. Probablemente ganó así el máster.

**Tenemos hoy los mismos problemas de disgregación y totalitarismo que llevaron a la guerra civil. Entonces los sovietizantes y separatistas recurrieron a la guerra civil y fueron derrotados. Luego aprendieron otras mañas: la corrupción y la estafa cultural. Es preciso volver a vencerlos en ese terreno, antes de que nos conduzcan a nuevos desastres.

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Dos juicios literarios

(Archipiélago Duda) Grandísima novela,  con personajes con los que uno se encariña hasta el extremo de que experimenta cierta sensación inconfundible de leve nostalgia cuando concluye la lectura, y de algún modo tiene que despedirse de ellos. Creo que esto es lo mejor que se puede decir de una obra de este género, y lo cierto es que desde la niñez, con pocas me ha ocurrido algo semejante. Muchas grandes novelas las he concluido con considerable esfuerzo (…), pero los personajes de Moa están vivos, uno quiere saber qué les ocurrirá (o qué les ha ocurrido, en los casos en los que se pierde su pista, al menos momentáneamente) incluso en el caso del narrador y protagonista, Alberto Roig, que por razones obvias sabemos que tiene que salir con vida de todas sus aventuras. Si no pidiéramos nada más a un libro, este desde luego cumpliría con creces: una magnífica lectura para el verano (Sonaron gritos y golpes a la puerta)

(Posmodernia) Moa como novelista es que no tiene nada de típico ni de tópico ni en las modas. Hay obras originales solo por lo estrafalarias, pero no es el caso de esta (…) Sus personajes tienen vida propia al margen de sus opiniones políticas, que tampoco están acentuadas en casi ninguno. Toda la acción y las discusiones se desenvuelven en una jornada y en un doble ámbito: el de la inquietud política en la universidad de aquel tiempo, con el Sindicato Democrático de Estudiantes; y entre la salida y la puesta del sol, el cual adquiere protagonismo, casi como un personaje más, un hallazgo literario radical (Cuatro perros verdes).

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Galería de charlatanes (XXI) Julián Casanova, golfería mitómana 

Tamaño de Resultado de imágenes de pío moa mitos de la guerra civil.: 120 x 160. Fuente: libros.about.com

 Los charlatanes suelen ser también gritones y amenazantes, y por desgracia no se les ha afrontado con la debida energía. De ahí que hayan llegado a intentar imponer sus falsedades y tergiversaciones por ley ¡¡y en nombre de la democracia!! He puesto ya algunos ejemplos del matonismo de esta chusma que pudre la universidad, y aquí va otro pequeño ejemplo. Este Casanova, como Reig Tapia, tiene que inventarse historietas para disimular su total incapacidad para rebatir mis estudios. El debate libre les horroriza: 

 Escribe el catedrático de izquierda Julián Casanova: “José María Aznar (…) cuando en España arreciaba el debate sobre nuestro pasado traumático de guerra civil y de dictadura, recurrió a Pío Moa, que no es un historiador, para contrarrestar los mitos de los historiadores, a quienes Aznar nunca tuvo necesidad de leer”.

Espero –sin mucha ilusión– que estas frases no retraten la historia que este señor cuenta en la universidad a sus sufridos alumnos. Aznar nunca recurrió a mi modesta persona para contrarrestar nada. Simplemente dijo en una ocasión que pensaba leer en el verano, entre otros, mi libro Los mitos de la guerra civil. Ello bastó para que la izquierda, con típico espíritu stalinista, le acusara –como si fuese una acusación– de tener mi estudio por “libro de cabecera”, y ahora para atribuirle el patrocinio de la obra. La verdad, que Casanova sabe por fuerza, es que Aznar no tuvo nada que ver en el asunto. El libro se vendió espléndidamente desde el primer momento, y a ello contribuyó de modo importante la entrevista que me hizo algo después Carlos Dávila en televisión. La entrevista costó a Dávila las iras totalitarias de las mafias sindicales y partidos de izquierda, y las críticas de directivos puestos por el PP en la televisión, asustados de tanta “audacia”: la audacia de entrevistar a un historiador que exponía los mitos cultivados por la izquierda sobre la guerra civil, y lo hacía con datos y argumentos que jamás, al menos hasta ahora, han podido refutar los mitómanos. Un historiador que proponía un debate racional y en cambio cosechó insultos, amenazas y exigencias expresas de censura y hasta de cárcel.

Aquel episodio puso a cada cual en su sitio: a los sindicatos y partidos de izquierda, a los intelectuales e historiadores de la misma línea, no ya incapaces de tolerar ciertas verdades sobre el tan actual pasado de España, sino demandadores desvergonzados de censura. Quedaron retratadas gentes de una derecha turbia como Javier Tusell, y muchos otros derechistas que no dijeron esta boca es mía ante aquella oleada inquisitorial y antiintelectual. Con su peculiar sentido de la democracia, sólo ellos y sus intelectuales pagados tienen derecho a aparecer en los medios de masas. Si pudieran ahogarían en el más absoluto silencio a sus contradictores. Lo intentan constantemente.

Los mitos no debió nada a Aznar y se vendió masivamente al margen del PP, cosa que ha preocupado en extremo a la izquierda. Pero se vendió por dos razones: porque mucha gente estaba harta de las incoherencias y falsedades de una historiografía que he llamado lisenkiana, de origen marxista; y porque esos historiógrafos han sido incapaces de refutar nada esencial de lo que yo escribí.

Casanova da por hecho, con temeridad impropia de un historiador y muy en la escuela de un propagandista lisenkiano, que Aznar no ha leído sus libros ni los de su cuerda. Ni él ni yo sabemos si los ha leído o no. Pero él supone que el presidente queda descalificado por esa pretendida laguna en sus lecturas, idea con la que no puedo estar de acuerdo: yo sí he leído grandes cantidades de esas literaturas, he dedicado mucho tiempo a someterlas a crítica, y el resultado, a mi juicio, es que su calidad es ínfima. No se trata de una simple opinión, pues he avalado ese juicio con multitud de datos y razones, en bastantes libros, el último Franco para antifranquistas, y también acaba de reeditarse Los orígenes de la guerra civil, cuya lectura cuidadosa recomiendo al señor Casanova. A ver si, por fin, es él capaz de rebatirlos.

Afirma nuestro bravo catedrático que yo no soy historiador, y en parte tiene razón: no soy historiador como él y los suyos. Desde luego.

(En LD, 24-6-2009)

Addenda: cosa típica de estas izquierdas y separatistas es que, debiéndole tanto al PP, que tanto les ha favorecido, mucho Aznar y más aún Rajoy,  le muestran una tirria enfermiza. En 2002, Aznar y su partido de señoritos se permitieron condenar el alzamiento del 18 de julio, que libró a España de la disgregación y la sovietización. Lo cual demuestra que, contra lo que dice Casanova, Aznar sí leyó la bazofia historiográfica de los memoriadores y, lo que es peor, se la tragó entera.

Creado en presente y pasado | 20 Comentarios

XVII. Neutralidad, oportunismo o principio / Putrefacción chekista / Charlatanes (XX) Reig Tapia

Por casualidad he accedido a su bitácora, y al leer la crítica a Álvarez  Junco me quedé atónito: ¿cómo es posible que un señor tan premiado, doctor, catedrático y toda la pesca, pueda soltar tales naderías? ¿En qué nivel cultural ha caído el país? Me estoy leyendo toda la “galería” y no salgo de mi asombro y mi fastidio. ¿Cómo es posible que semejantes especímenes copen la vida cultural? ¿Cómo es posible que el país soporte tal cantidad de necedades? Porque he buscado en internet y  no he visto que esa gente haya podido replicar a sus artículos, tan lógicos y elegantes (…). Le felicito por la serie, voy a empezar a difundirla, y le animo a que prosiga... Sacheiro

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Neutralidad (XVII): ¿Oportunismo o principio?

europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449

Para clarificar mejor la cuestión de la neutralidad y la independencia, recurramos a la historia. La Europa actual es, quiérase o no, herencia de las dos guerras mundiales, en especial de la segunda, y España es en eso una excepción. No es la única: también Suecia o Suiza se libraron de sus atrocidades. Sin embargo hay una diferencia: en Suiza y en Suecia, la neutralidad fue hija de un principio de política exterior, no sé si incluso constitucional. En España fue producto de las circunstancias; en la primera, de un cálculo utilitario, y en la segunda de la necesidad de reconstruir el país. Aunque bajo tales enfoques de oportunidad latía un idea poco explícita de diferencia hispana dentro de Europa.

Lo que se plantea es si estas dos afortunadas neutralidades no deberían marcar una permanente línea de política exterior española. Como es sabido, Franco rompió la tradición neutralista aliándose con Usa frente a la URSS. Esta decisión, sin embargo, no tiene por qué marcar la línea general. La posición geopolítica de España la convertía en un bastión invalorable frente a una eventual invasión soviética de Europa ocidenta, al revés que Suiza o Suecia, cuya posición  al respecto era irrelevante.  A cambio de las bases de uso conjunto, España recibió una modesta ayuda económica y militar, pero sobre todo rompió el aislamiento internacional; y  tanto la Europa tutelada  por Usa como la dominada por la URSS, tan hostiles a España, tuvieron tragar con Franco.

Esta situación desapareció con la implosión de la URSS,  por lo que la experiencia histórica de la  neutralidad pudo pasar a  convertirse en un principio básico de la política exterior española. ¿Debió hacerlo? Un detalle: España tiene hoy un ejército dedicado a operaciones de interés ajeno, bajo mando ajeno y en idioma ajeno, que provoca a países con los que no tenemos ningún conflicto y por cuenta de otros que invaden nuestro territorio. El análisis puede comenzar por aquí, para plantearse la evolución europea y mundial desde el final de la guerra fría. Una evolución que no ha respondido a ninguna de las expectativas que se hicieron a la caída de la URSS.

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Personajes de novela

“Lo que siempre me hizo deprimente la novela española de la posguerra hasta acá  son sus personajes cutres o lastimeros o grotescos o desgraciados,  casi siempre muy simples, no  quiero decir tontos, sino poco complicados, en el fondo poco humanos, como clichés.  A veces los salva un poco la trama, el argumento, pero rara vez los salva del todo.  Lo que me ha gustado especialmente  de sus novelas  Sonaron y Cuatro, es que los personajes son inteligentes, complicados y a pesar de las circunstancias son animosos, no son meros reflejos de las circunstancias.  No son muñecos (…)” (Siboney)

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Crónica. Putrefacción de un sistema y democracia chekista

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

**La consecuencia más relevante del discurso del rey en 2017 fue la irrupción pública de VOX, antes rodeado de un eficaz muro de silencio por el PP. Y esto es lo único importante en la política española desde entonces. Lo demás es la misma farsa montada entre PP, PSOE y separatistas.

**Muchos analistas se preocupan por lo que haga o deje de hacer Casado, al que algún lince califica de “gran parlamentario”. El fulano del Máster solo hará lo que sabe hacer: buscar el “diálogo” con separatistas y socialistas. Comparten demasiadas cosas, empezando por la corrupción.

**El doctorado del Doctor y el máster de su ayudante del PP no solo revelan el carácter timador de ambos, sino también  la miseria de la universidad actual. Y  de unas instituciones supuestamente democráticas, incapaces de retirarlos de la vida política.

**Lo intolerable de las tiorras y tiorrillas de la política es que se presenten como representantes de “la mujer”. Como si el Doctor,  el del Master o el Puchimón fueran representantes “del varón”.  Cada día que pasa la política degenera.

**Muchos creen que la profanación de la tumba de Franco o los indultos mafiosos son ya cosas del pasado, sin transcendencia actual. Por el contrario, testimonian la putrefacción de un sistema. Su aparente éxito es como los del emérito antes de tener que largarse “sin Corina”. Estos desmanes criminales siempre termina pagándolos la sociedad, por desgracia, y no siempre los mafiosos.

**El hijo y nieto de Emilia Pardo Bazán fueron asesinados en las chekas socialistas de Madrid. La viuda del hijo regaló a Franco su biblioteca. Ahora los herederos de aquellos chekistas se han hecho a su modo mafioso con el pazo y la biblioteca. A esto lo llaman “democracia” El País y compañía. Tienen razón: la democracia de la cheka.

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Galería de charlatanes (XX): Un bobalicón gracioso: Reig Tapia.

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936

Quizá no recuerden ustedes a Reig Tapia. Le estoy agradecido porque me dedicó  el Anti Moa, imitando el Anti Dühring de Engels, del que ya hablaré más: un tocho de divertida pedantería asnal,  donde,  gastaba cómicamente  500 páginas de letra pequeña para intentar  convencer al lector ilustrado de que ¡no valía la pena gastar un minuto en leer mis obras! La cosa ya define al hombre. Aproveché para hacerle publicidad en varios artículos sobre la penosa historiografía actual, porque Reig no hizo su titánico esfuerzo solo, sino respaldado por Preston y una buena colección de “especialistas a la lisenka” españoles y extranjeros (Lisenko fue un biólogo ruso que hundió la agricultura soviética aplicándole la “dialéctica materialista”, un poco al modo como estos historiadores hunden la historia).  Mis respuestas no debieron de gustar al buen Reig, que replicó al inevitable estilo chekista, acusándome de confidente de la policía con la “prueba” de que algún mindundi se lo contó. Como si yo le acusara de pederasta porque alguien me lo había dicho. Ese es el nivel. Pero lo más gracioso es este reto: yo debía enseñar mi hoja de servicios judicial y policial, “¿por qué no lo hace?”, pregunta el amigo. Hombre Reig, procure no exhibir tanto su bobaliconería. Esa hoja tendría que enseñarla usted, que es quien cuenta esa historieta chekista. En fin, subamos un poco el nivel.

Nos asegura nuestro buen ciudadano Reig Tapia, en nombre del gremio de los historiadores progres: “Ser leído es un privilegio del que hay que hacerse dignos”. Muy bien. A continuación se contradice un tanto (no parecen importarle mucho las contradicciones, quizá por aquello del materialismo dialéctico), y agrega: “Si son pocos o muchos los lectores que por esa vía alcancemos (…) no nos produce la menor inquietud”. No osaré yo dudar de las numerosas virtudes que han llevado al señor Reig a la cátedra, pero salta a la vista que ni la coherencia ni la sinceridad se encuentran entre ellas. Lo comprobaremos a cada paso.

Así, nos informa unas líneas más abajo de que la  historia progre es, simplemente, inatacable, y el “revisionismo” no tiene ninguna oportunidad frente a ella: “Aún tratará de entablar alguna que otra ‘batallita’ mediática tan absurda ya como inútil siempre”. Entonces, ¿por qué se molesta él en escribir medio millar de páginas con la ayuda y el estímulo de tantos pomposos cátedros y profesionales de la cosa (el librote, confiesa, es “más deudor de muchos colegas y amigos” de que de él mismo)? ¿Por hacerse digno del privilegio de ser leído, aunque tampoco sienta la menor inquietud si casi nadie lo lee?

También cabe preguntar: ¿y por qué resulta “inútil y absurdo” el propósito “revisionista”? Aquí, Reig, responde con más sinceridad. Dicho propósito, nos aclara, “no tiene nada que hacer ante la Historia”. Notificados quedamos. Mas, como buen marxista, Reig precisa algo más tangible, más material, que los algo volátiles y cambiantes juicios de doña Clío. Los “revisionistas”añade, tampoco tienen nada que hacer “ante resoluciones políticas como la acordada el 31 de marzo de 2006 por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa para que el 18 de julio se declare día oficial de condena de la dictadura franquista”. ¡Ajá! Cualquier demócrata (pero ¿qué es la democracia “formal” para un marxista de pro?) sospechará de un Consejo autonombrado “de Europa” que se extralimita en sus funciones y usufructúa, como observó Ortega de otros extralimitados, “una ignorancia radical sobre lo que ha pasado en España ahora, hace siglos y siempre”. El mal aconsejado Consejo pontificaba, además, a sugerencia del gobierno de Zapo el Rojo, resuelto a establecer por ley que los estalinistas, los demás marxistas, los racistas, anarquistas y golpistas republicanos o catalanistas… ¡luchaban por la libertad en los años 30! Nuestro digno cátedro opina, muy a la marxista, que la verdad de la historia debe imponerla el poder político… progre. Para eso está.

Bien cierto es que a Reig, como al gremio en conjunto, nunca les preocupó la veracidad histórica, según revela su forma de “debatir”. Su método consiste en fijar etiquetas denigratorias siguiendo la vieja y a menudo eficaz receta de la Comintern (no perdamos de vista las raíces marxistas –y a menudo el tronco y las ramas– de estos señores. Ya hablaremos de ello): “Los camaradas y los miembros de las organizaciones amigas deben continuamente avergonzar, desacreditar y degradar a nuestros críticos. Cuando los obstruccionistas se vuelvan demasiado irritantes hay que etiquetarlos como fascistas o nazis. Esta asociación de ideas, después de las suficientes repeticiones, acabará siendo una realidad en la conciencia de la gente”. Por ello su “debate” se centra en calificar insistentemente a los críticos de “franquistas” o “neofranquistas”, en igualar la revisión de la guerra civil a la negación de la Shoah, y trucos de ese científico jaez.

Ya abunda en esa táctica el prólogo de Preston, uno de los más distinguidos falsarios –no es una etiqueta, lo he demostrado amplia y concretamente– de la historiografía progre. Tras soltarnos algunas trolas sobre el “movimiento popular que reclamaba la recuperación de lo que ha venido a llamarse memoria histórica” (ni recuperación de ninguna memoria, sino de las viejas propagandas, ni movimiento popular, sino montaje político bien engrasado con fondos públicos), ataca a Stanley Payne por haber osado apartarse del coro denigratorio y reclamar los fueros de la democracia y el debate intelectual honesto. Nos cuenta Preston con singular caradura: “Nos ha extrañado el hecho de que el profesor Payne diga que el otrora terrorista ha sido víctima de ‘persistentes exigencias’ para que sea ‘silenciado’ o ‘ignorado’, afirmación que difícilmente cuadra con la libertad con que parece que el señor Moa vende cientos de miles de libros o con la frecuencia de sus apariciones en los medios de comunicación”. Ciertamente, señor Preston, usted y todo el gremio, y muchos políticos y poderosos medios de comunicación, han fracasado hasta ahora en su empeño inquisitorial de censurarme (lo del “otrora terrorista” sigue esa línea). Pero suena algo fuerte presentar ese fracaso como un mérito de ustedes.

Redondeando la jugada, termina el progre británico con una insidia típica: “si el profesor Payne se resiste a elogiar a Franco directamente, quizá se está permitiendo hacerlo indirectamente a través de las obras de Pío Moa”. De nuevo la táctica intimidatoria, inquisitorial, de la Comintern: nada de discutir si lo que dicen Payne o Moa es cierto, “hay que etiquetarlos como fascistas”.

A continuación dedica otro largo párrafo a César Vidal, ironizando sobre su abundante producción de libros. Lo que no señala en ningún momento es si las obras de Vidal sobre las brigadas internacionales, las checas, Paracuellos, etc., contienen algún error fundamental. Total para qué, ¿verdad? La cuestión es muy otra.

¿Cuál es la cuestión, para estos caballeros? Ningún misterio. Se trata de mantener a toda costa una industria, en el doble sentido de la palabra, que les ha dado jugosas ganancias durante cuarenta años,  la industria de la guerra civil y la república, montada ya bajo el franquismo: libros, congresos, artículos, reparto de puestos y prebendas, presencia constante en los medios de masas, fama, poder en la enseñanza y fuera de ella, abundante acceso a los fondos públicos… Y “erradicación” de cuantos rechazaran aquellas versiones del pasado que nuestro bravo Reig cree resueltas y santificadas definitivamente por el Consejo de Europa. En fin, un filón inagotable, pues siempre surgía alguna nueva idea, algún aniversario, algún personaje, sobre los que montar grandes campañas mediáticas y subvencionadas: cuando no era Azaña eran las brigadas internacionales, o la represión franquista, o Companys, o los niños de la guerra…  Solo les ha faltado homenajear directamente a las chekas.

Y todo ese emporio de dinero, poder, fama y prestigio ¿va a venirse abajo de pronto, por obra de unos cuantos tipos al margen de las estructuras oficiales, que tienen la desvergüenza de vender muchos libros sin explotar al erario? Tal posibilidad estremece de indignación a Reig. Y no le falta razón. Si los “revisionistas” somos veraces, ellos no pueden serlo, y viceversa. Las divergencias de enfoques, métodos y conclusiones son tan de raíz como las que llevaron a la caída del muro de Berlín. La industria, pues, está en peligro, ya da señales de ruina y, al final, el método de la Comintern termina volviéndose contra quienes lo emplean. En cambio sigue en pie la exigencia de Payne: el debate debe realizarse “en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales”.

La siguiente observación la he hecho otras veces, pero he de reiterarla ante la incesante repetición del ataque: la etiqueta de franquista cuadra mucho más a estos señores que a mí, pues gran parte de ellos hicieron su carrera en el funcionariado franquista y desde familias del régimen, mientras yo luchaba contra este. El mismo profesor Reig, un caso entre tantos, es hijo de quien fuera director del NODO. Cosas de la vida.

(En LD, 1-11-2006  “La industria de la Guerra Civil”)

Addenda: Pese a su interés por la “memoria histórica”, estos memoriadores sufren alzheimer ante sus carreras  franquistas: Viñas como funcionario de cierta confianza, Juliá como clérigo distinguido, Reig como lo dicho, pues la posición de su padre seguro que le facilitó algunas cosas… Y así tantos

Cuatro perros verdes

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El PP contra España / Fernando Suárez y europeísmo/ Charlatanes (XIX): Disparate de Fusi

“Galería de charlatanes” tiene por objeto explicar, mediante la crítica, aspectos generales o de enfoque sobre la historia y sus efectos en la política actual. Y de paso limpiar en lo posible los establos de Augías de la actual universidad. Por eso cabe pedir a la mayoría de los lectores del blog un esfuerzo por difundir esos artículos,  especialmente en medios universitarios. De otro modo se perderían en la barahúnda de la “cultura” actual.

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Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Crónica El PP contra España

**”El presidente de Ceuta pide por carta socorro a Sánchez”. Lo mismo podía pedírselo a Mohamed.

**¡Qué suerte tiene el Doctor! Nadie le  trata de acuerdo con su título-estafa. Mucho peor: nadie le recuerda que su política con el virus ha hecho de España uno de los países con mayor mortalidad proporcional. Y debería recordársele hasta la náusea.

**El PP no es partidario de España, sino de “Europa”. ¿Y qué es Europa para el PP? Una selva de tópicos vacuos  en la que quiere disolver a España.

**Como el PP cree que el español es un idioma secundario que debe supeditarse al inglés en la propia España, se ha declarado “cordialmente trilingüe” en Cataluña. La democracia no sanará mientras no se libre de ese partido de señoritos mangantes.

**Los mandangas del PP fueron a las anteriores elecciones en Cataluña con el lema “Yes, we Cat”. Con ello demostraban su desprecio a España, su espíritu de lacayos y  su perfecta nulidad intelectual.

**Cuando la izquierda  habla de combatir al “fascismo” o a la “extrema derecha”, es que están preparando nuevas medidas totalitarias. Con apoyo del PP.

**La patriota inglesa del PP, Esperanza Aguirre ha extendido a la comunidad de Madrid la cultura de la colonia de Gibraltar.

**Sería necesaria una televisión nueva. Pero tendría que serlo realmente, con un criterio nuevo tanto sobre el mensaje como sobre el medio, que no son lo mismo, contra la teoría de McLuhan.

**No debiera ser normal que una serie de personajillos y personajillas intelectualmente nulos, moralmente extraviados y políticamente despóticos, impongan sus manías y sandeces a la sociedad. Y sin embargo es justamente lo que ocurre.

**La fiscalía de Madrid ha presentado una denuncia falsa contra Rocío Monasterio. Con la partida de la Delgado, gran número de fiscales se convierten en delincuentes como ella misma.

**La mafia gobierno-separatistas sigue humillando al rey, que se deja tratar como un felpudo.  Por olvidar la historia.

**Según la Montero “el masculino “neutro” dice a las mujeres que no valemos”. Deje usted de representar a las mujeres, doña Irene. Si fuera verdad que las  representa, sería también verdad que no valen.

**”Japanese summer”, un oasis japonés en el museo Lázaro Galdiano”. Los gilipollas de ese museo creen que el idioma de Japón es el inglés; y que debería serlo también el de España.

**Uno de los mayores problemas de la democracia en España ha sido y es la creciente corrupción de gran número de jueces. Es imposible la confianza

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La editorial hace una presentación ajustada: “Cuatro estudiantes desayunan en una tabernilla discutiendo, bromeando y disparatando sobre Sartre y el sentido de la vida. El tabernero, burlón, los define: ‘más raros que perros verdes’. En medio del caos vital de la ciudad, aquella discusión va a señalar para los cuatro una jornada singular, marcada por el trauma de un viejo amor, un nunca aclarado crimen brutal en el ambiente gay, una ambición política irrealizable, una primera experiencia amorosa, un atentado…” (F. Bellón): 

Cuatro perros verdes

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Fernando Suárez y el europeísmo

En el boletín de la Fundación Nacional Francisco Franco expone  Fernando Suárez una serie de datos económicos que muestran el formidable cambio experimentado por España durante el franquismo. Pero hay en el artículo un párrafo chocante: “La televisión homogeneizaba las mismas costumbres y acercaba a los españoles al horizonte de la Europa de su tiempo como nunca había sucedido con anterioridad. Una Europa, por cierto, que muchos miles de trabajadores españoles conocieron directa y personalmente en la aventura de la emigración, en la que aprendieron a convivir, con tanta naturalidad como acierto, con los usos y costumbres de las sociedades modernas, industrializadas y democráticas”.

Deja este párrafo cierto regusto al extendidísimo europeísmo tópico y un tanto servil, que está en la base de la desnacionalización que sufre España desde hace muchos años, y que viene de Ortega y sus famosas ocurrencias. Una admiración beata por eso que llaman “Europa” y que curiosamente  no ha cuajado en el menor análisis o estudio serio del motivo de tanta admiración. Salvo que  ¡por fin! habíamos entrado o nos habíamos aproximado a esa Europa.  ¿Había ocurrido esa aproximación en el franquismo o con el PSOE? Parece que da lo mismo.  Y parece que la guerra y todos los sacrificios y desafíos posteriores no habían tenido otro objetivo que “homogeneizarnos” con aquella Europa suicida, con sus “usos y costumbres”, que “ser como todos”, es decir a dejar de ser uno mismo. Pero  había y hay grandes diferencias históricas entre la mayor parte de Europa (poco homogénea internamente, por lo demás), y la parte española.

“España es diferente”, acertó a decir un lema de la época franquista, limitado al turismo y  sin que esa diferencia, percibida superficialmente,  llegara a explicarse, cuando tenía un gran calado. Pues, observando las cosas en su conjunto y no en los mil detalles contradictorios de la vida corriente y sus usos y costumbres, aquella “Europa” tan envidiada se había hundido en dos atroces guerras mundiales que la llevaron a una decadencia manifiesta y a quedar dividida entre una parte tutelada por Usa y otra dominada por la URSS. La parte tutelada lo debía todo, es decir, su liberación, al ejército useño e indirectamente al soviético, y debía su despegue económico a las finanzas useñas. España, y es una diferencia del mayor significado histórico, se había abstenido de las  guerras europeas, y estaba libre, por tanto, de la inmensa deuda moral, política y económica de la Europa tutelada a Usa y a la URSS. Es más,  se había librado de la sovietización y la disgregación y se había reconstruido con sus propias fuerzas, sin deber nada a nadie y contra la  hostilidad delictiva del resto de Europa, tanto la tutelada como   la dominada, juntas en el empeño. Más aún, España había superado las taras internas nacidas de la invasión napoleónica y de la derrota del 98 frente a Usa.

Así, nunca, desde principios del siglo XIX, habían podido los españoles estar tan satisfechos de sí mismos y confiados en sus capacidades. Esto es lo que hizo el franquismo al salvaguardar la unidad nacional, la libertad personal y la cultura cristiana. Es algo que está por estudiar a fondo. Y sin embargo, en el propio franquismo y por debilidad intelectual,  comenzó a adoptarse una actitud servil y beata hacia “Europa” tratando de “entrar” en ella, como si antes España estuviera en otro continente o no participase, con sus acusadas peculiaridades, de la historia europea; y relegando de paso el gran ámbito cultural hispanohablante.  Los politicastros e intelectualillos de un país ejemplar en muchos aspectos, vienen arrodillándose desde la transición ante el trasero de lo que llaman Europa, sobre la cual, repito, han sido incapaces de elaborar el menor estudio decente. El europeísmo hispano nunca fue  otra cosa que  una beatería sobre un fondo de hispanofobia. Ya sé que Fernando Suárez no va por ahí, desde luego,  pero también muestra en su artículo cierta contaminación de esa enfermedad moral tan extendida.

Los Mitos Del Franquismo (Historia)europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449

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Galería de charlatanes (XIX) Un disparate de J. P. Fusi

Comparado con la mayoría de los memoriadores, Juan Pablo Fusi es bastante objetivo en muchas cuestiones, y evita la charlatanería desbocada de los Viñas, Juliá, Reig y tantos más. Puede decirse que es “centrista”, lo que le lleva a componendas y a unos cuantos disparates, como este. No debe olvidarse que es discípulo de Raymond Carr, cuya visión de España, pintoresca por decirlo suavemente, he comentado en el artículo de ayer.

En una entrevista, algo antigua, preguntaban a Juan Pablo Fusi: “Algún historiador (léase, Pío Moa) ha puesto en circulación la tesis de que la izquierda fue la responsable en 1934 de la posterior sublevación de Franco”.

Yo nunca he sostenido tal cosa. ¿Cómo iba Franco a sublevarse en 1936 porque la izquierda lo hubiera hecho en el 34? Lo que dijo Madariaga, tesis que sólo comparto a medias, es que la insurrección del 34 le había quitado a la izquierda todo derecho para condenar la derechista del 36. Fusi cae en la trampa y contesta:

Otro disparate, y por cierto, ésa era la tesis oficial del franquismo, que siempre sostuvo que la revolución de octubre de 1934 había deslegitimado a la República, lo que no es cierto. La revolución fue un error de los partidos y sindicatos de la izquierda, no un fracaso de la democracia republicana como sistema. La responsabilidad de la guerra corresponde a los sublevados: a una parte del Ejército con más apoyo popular del que se dice; sobre todo aquí, en Navarra y Álava, que intentó un golpe de Estado para impedir el retorno de la izquierda republicano-socialista al poder tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, en una situación –primavera del 36– de desorden público preocupante. La división del Ejército y de las fuerzas de orden público hizo que el golpe fracasara y derivara en una guerra civil; el levantamiento militar provocó, además, un verdadero proceso revolucionario de la clase obrera en la zona republicana.

Que yo sepa, el franquismo no sostuvo que la revolución del 34 hubiera deslegitimado a la República: ¡si fue el mismo Franco y la derecha quienes entonces defendieron la República y vencieron a los revolucionarios! ¿Y se puede llamar “un error” a la planificación de una guerra civil y al intento de llevarla a cabo con la máxima amplitud, como hicieron el PSOE y la Esquerra? Por supuesto, aquello fue un fracaso de la democracia republicana, porque ninguna democracia puede sostenerse si algunos de sus principales partido resuelven echarla abajo, como pasó entonces con el PSOE y los separatistas catalanes, apoyados por casi todo el resto de las izquierdas. Fue, desde luego, un enorme fracaso. Pero no necesariamente un fracaso definitivo. 

La situación habría podido enderezarse si aquellas izquierdas hubieran corregido a fondo las ideas y posiciones que les habían llevado a rebelarse contra la República. Sin embargo,  su trayectoria posterior revela que no hubo corrección. Todas ellas, empezando por Azaña, justificaron y aplaudieron aquel comienzo de guerra civil, realizaron maniobras desestabilizadoras y desataron una campaña masiva de falsedades que envenenó de odio a la población. Por estas razones, cuando la izquierda, unida en el Frente Popular, volvió al poder en febrero de 1936, tras unas elecciones que ya no cabe calificar de democráticas, lo que hubo fue un doble proceso destructivo de la República: desde el poder, la demolición de la legalidad republicana con el fin de implantar un régimen parecido al del PRI mejicano e impedir la vuelta de la derecha al Gobierno; y desde la calle y los campos, un violento proceso revolucionario (mucho, muchísimo más que “un desorden público preocupante”). Contra ese doble proceso, y con la convicción de que en España la democracia había llegado a ser inviable, se alzaron Franco y las derechas. 

Por eso la insurrección de octubre del 34, que pudo quedarse como un suceso aislado, un fracaso superable, fue en realidad, como bien lo vio Brenan, “la primera batalla de la guerra civil”. Guerra que en 1936 se reanudó cuando quienes habían defendido y mantenido la República y la democracia en 1934, se vieron muy cerca de un completo aplastamiento. La República y la democracia empezaron a derrumbarse en febrero del 36. Por eso la guerra civil, sólo interrumpida en octubre del 34, se reanudó en un julio: hay un lazo de hierro entre ambas. 

Tampoco tiene base, por tanto, la tesis de que la rebelión de julio del 36 “provocó un verdadero proceso revolucionario”. El proceso venía de bastante atrás y en aquel momento sólo perdió los últimos frenos. Y quien rompió esos frenos fue, en todo caso, el Gobierno del Frente Popular al armar a los sindicatos.

(En LD, 20-11-2008. Un disparate de J. P Fusi)

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936

 

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Triste transición / La amenaza LGTBI / Charlatanes (XVIII) Raymond Carr, maestro…

La sección “Galería de charlatanes” quiere mostrar hasta qué punto los españoles han sido estafados, desde antes de la transición, por grupos de historiadores (“memoriadores”) que, en nombre de una supuesta democracia se creían con derecho a los embustes más desmesurados y a atacar los mismos fundamentos históricos de la convivencia nacional. Hoy  llama especialmente la atención el comentario de Fusi sobre la influencia de Raymond Carr en la penosa historiografía hispana, y en especial cómo se sienten autorizados los Preston, Powell, Carr, Balfour, y otros a aleccionar a los españoles sobre su propia historia e intereses actuales, con espíritu tan colonialista como el de Gibraltar. Y sobre todo cómo su papel de “maestros” ha sido asumido por tanto historiador castizo.

La triste transición 

Tengo de aquella época un recuerdo más bien triste. Y no porque la viviera en una clandestinidad unipersonal de varios años. Como he relatado en De un tiempo y de un país, pude subsistir gracias sobre todo a mi compañera de entonces  y a algunos trabajillos ocasionales Por lo demás, tengo un ligero toque de lobo solitario, que no excluye el interés por la sociedad y, más allá, por el misterioso destino humano, y estaba habituado a la clandestinidad. Así que aproveché para revisar mis ideas sobre el marxismo-leninismo. Revisar es una exigencia científica que detestan los dogmáticos, para quienes el “revisionismo” atenta contra sus conclusiones, que no suelen pasar de simplezas.

Lo que terminó frustrándome fue la visión de la nueva sociedad: proliferación de drogas y alcoholismo juvenil, heroína que mató o dejó tarados a miles, jeringuillas en los parques, niños “colocándose” con pegamento, atentados, constantes sirenas de la policía para alertar a los delincuentes, que de todas formas eran liberados enseguida;   pornografía y auge de la prostitución, entre ella la de travestis; desempleo y mendicidad, antes casi inexistentes;  manifestaciones  sindicales, feministas, insolencias separatistas, incluso en Castilla; motines de presos comunes en las cárceles; CCOO y UGT saqueando al sindicato franquista y hundiendo empresas con sus “justas reivindicaciones”;  luego la “movida madrileña”, copiada en otras ciudades: drogas, canciones significativamente insustanciales, peregrinaciones de bar en bar en medio de un ruido brutal que no dejaba oír al interlocutor (total, para qué), degradación de centros históricos, escandaleras nocturnas que desvelaban a quienes debían madrugar, expansión de un lenguaje chocarrero y chabacano, en especial entre  las chicas…  Nada de esto era nuevo, pero ahora llenaba el espacio público.

Al principio me felicitaba por aquel ambiente, pues testimoniaba una descomposición social de la burguesía, que solo podía acercar la revolución socialista; pero terminé percatándome de que ni iba a acercar ninguna revolución ni el socialismo tenía nada de deseable, salvo para sinvergüenzas (enseguida expandiría el PSOE su corrupción a los cuatro vientos) y gentes perturbadas por la palabrería “teórica”. Una caterva de ex franquistas se descubrían de pronto socialistas, “demócratas de toda la vida” o lo que creyeran mejor para trepar en la nueva situación. Algo que merece un estudio serio son los cambios en la intelectualidad y el periodismo de entonces, siempre afectos a “la libertad y la democracia”. De entrada, en su mayoría se sentían próximos o muy respetuosos hacia al marxismo, como reveló la visita de Solzhenitsin. Luego muchos pasaron a adoptar pose de anarquistas, a saber por qué, y todos muy críticos con “el poder”, de cuyas tetas mamaban sin remilgos. Gran parte de la  derecha pasó  a admirar a Inglaterra o  a Usa con la misma  devoción que los comunistas a la URSS. Los franquistas resistentes no se enteraban de que su propio régimen había tenido cuatro partidos poco amigos entre sí y sin futuro en ausencia del prestigio de un Franco que los arbitrara. Algunos invocaban una especie de nacionalcatolicismo que Roma había condenado en el Vaticano II, mientras sectores de la Iglesia promovían los separatismos, hasta el terrorismo. No había salida.

¿Por qué  no acabó todo en un derrumbe de la sociedad española? Por la herencia social del franquismo. Uno de los más desvergonzados mitos de los políticos actuales es que en la transición “se reconciliaron los españoles” (la tesis ya no es aceptada por separatistas y socialistas, pero durante mucho tiempo la sostenía casi todo el mundo). Que los españoles, su inmensa mayoría, estaban bien reconciliados y desde mucho tiempo antes, lo demostró el referéndum de diciembre de 1976, que admitió la democracia de la ley a la ley, es decir, reconociendo la legitimidad histórica del franquismo como raíz del nuevo régimen. Ese referéndum fue pronto traicionado, pero reveló también la potente  base social sobre la que unos políticos muy mediocres pudieron bordear un despeñamiento traumático sin caer en él. La herencia del franquismo era, efectivamente, la unidad nacional, la paz asentada en ella, la libertad personal, la propiedad privada y la cultura cristiana. Salvo por la labor autodestructiva en la Iglesia, todo ello permaneció y permitió que el país siguiera adelante pese a tales partidos y políticos. Hasta que, tras cuarenta años de constante corrosión de aquella herencia, hoy nos encontramos cerca del derrumbe que entonces no llegó a ocurrir.

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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190 – La epopeya del lago Ilmen | Momentos históricos – YouTube

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Crónica. La amenaza LGTBI

**Los LGTBI siempre han existido, por lo que podríamos llamar errores de la naturaleza, sin proyección moral.  Se empeñan en sentirse orgullosos de ellos, lo que no pasa de ser un problema personal suyo. Pero intentan también imponer su “orgullo” a toda la sociedad, penar a los discrepantes y  hasta controlar incluso los sentimientos. Y ello ya es un problema muy distinto, moral y político.

**Los ideólogos LGTBI son personas visiblemente trastornadas. Fernando Paz lo ha tratado en varias ocasiones. Algunas personas trastornadas intentan proyectar e imponer sus trastornos a toda la sociedad, para engañarse a sí mismos sobre su problema. Y hoy gran parte de la sociedad está trastornada bajo el yugo político-sentimental de ellos.

**La Unión Europea ha evolucionado desde una ideología democristiana a otra socialdemócrata y actualmente a la LGTBI. Evolución a la degradación.

**LGTBI, feminismo y abortismo van juntos. Parece que la UE va a oficializar la liquidación de vidas humanas en el seno materno como un “derecho de la mujer”, que, para más miseria, no compartiría el padre.

**Importa señalar este punto: la ideología LGTBI-feminista-abortista no solo tiende a destruir la familia y el derecho paterno, sino que intenta imponerse con un despotismo históricamente nuevo: el control no ya del pensamiento, sino de los sentimientos.

**El control de los sentimientos por la Unión europea-LGTBI se logra combinando la cursilería sentimentaloide con una tiranía nunca vista. Ni los regímenes comunistas se habían atrevido a tanto.

europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449

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Galería de Charlatanes. Raymond Carr, maestro de hispanofobia.

El prólogo de la obrita de síntesis sobre historia de España coordinada por Raymond Carr (primera edición inglesa en 2001),  propone un nuevo enfoque sobre el pasado y el presente españoles:  “La diversidad de España constituye una clave de su historia”. “En primer lugar, hay que tener en cuenta la marcada división entre la España húmeda y la seca. Las provincias noroccidentales, observaba Richard Ford en la década de 1830, son más lluviosas que el Devonshire, mientras que las llanuras centrales están más calcinadas que las de los desiertos de Arabia”.

   Desde luego, España es un país muy variado, pero la cita, recogida acríticamente por Carr, no pasa del nivel de la bobada, y el profesor inglés no la mejora cuando afirma que Galicia recibe más de 2.000 milímetros de precipitaciones anuales, la Meseta Central menos de 26 y Almería, en ciertos casos, ninguno. Una simple consulta a los índices pluviométricos le habría sacado de su considerable error. Luego, añade: “El contraste más espectacular es el que se daba entre esas fincas pobres y las del campesinado castellano y los latifundios de Andalucía y Extremadura, contraste parangonable únicamente con el existente entre el mezzogiorno, asolado por la pobreza, y el próspero norte italiano”.

    El contraste entre regiones ricas y pobres no ha seguido el esquema España húmeda-España seca, o norte-sur, sino que presenta llamativos cambios a lo largo de siglos, en que unas regiones han ganado o perdido en riqueza relativa al margen de su pluviosidad o latitud. Durante muchos siglos la parte más rica de España ha sido el sureño valle del Guadalquivir, posición que ocupó después Castilla la Vieja y posteriormente algunas regiones periféricas, sin relación con la humedad o con otro factor geográfico. Por otra parte, contrastes regionales más o menos acentuados se han dado y se dan en todos los países del mundo, sin excluir a Inglaterra. ¿Son un caso tan excepcional los de España? Cabe dudarlo.

    Mucho más dudosa parece su conclusión, extraída de unas citas del mencionado Ford y de Gerald Brenan. Para el primero, España es “un manojo de unidades locales atado por una cuerda de arena”. Por lo que hace al segundo, afirma: “En lo que puede llamarse su situación normal, España es un conjunto de pequeñas repúblicas, hostiles o indiferentes entre sí, aunadas en una federación escasamente cohesionada. En algunos grandes períodos (el Califato, la Reconquista, el Siglo de Oro), esos pequeños centros se han sentido contagiados por un sentimiento o una idea común y han actuado al unísono; pero cuando declinaba el ímpetu originado por esa idea, se dividían y volvían a su existencia separada y egoísta”. Estas opiniones las confirma Carr con otra de Olavide, quien veía al país como 

un cuerpo compuesto por otros menores separados y en oposición mutua, que se oprimen y desprecian entre sí y se hallan en un continuo estado de guerra civil. Cada una de las provincias, conventos religiosos y profesiones está separada del resto de la nación y vuelta hacia sí misma… La España moderna se puede considerar (…) una república monstruosa formada por pequeñas repúblicas enfrentadas unas con otras.

Pero la historia no puede explicarse a partir de tres o cuatro citas más o menos arbitrarias y aceptadas sin mayor crítica. Ford se creía miembro de una cultura superior encargada de civilizar al resto del mundo, por supuesto a España, a la que miraba con esa presunción, tan propensa a crear espejismos. Y Brenan  tenía una visión de España entre romántica y lastrada por  clichés socialdemócratas, que tan a menudo le ciegan a aspectos clave del país donde vivió largo tiempo, si bien siempre en un ambiente anglosajón. Ambos hicieron algunas observaciones agudas sobre España, y otras reveladoras de una profunda ignorancia o falta de sentido común, entre ellas las seleccionadas por Carr. Sobre Olavide, el historiador debe plantearse si sus frases reflejan la realidad o más bien las impaciencias y exageraciones propias de un reformista que encuentra resistencia a sus planes.

    Es cierto que en España subsistieron largo tiempo aduanas interiores, fueros, etc., pero se trataba de instituciones feudales presentes en el resto del Continente hasta tiempos históricamente recientes. Por lo demás, las expresiones de Olavide, Ford y Brenan podrían describir bastante bien la situación de la mayor parte de Europa, empezando por Alemania e Italia, que no lograron formar una nación con Estado propio hasta muy avanzado el siglo XIX. En cambio, coliden con el hecho de que España no hubiera estallado por todas sus costuras, sino que mantuviese hasta el siglo XIX una paz interna mucho más estable que la de casi cualquier otro país europeo, y las fronteras asimismo más estables y de las más antiguas de Europa, contra todo lo cual se rompería los dientes Napoleón.

    Si creyésemos en las citas mencionadas (“cuerda de arena”, “repúblicas enfrentadas entre sí”, “en continuo estado de guerra civil”), la existencia de España habría sido un milagro inexplicable. Pero ya estamos habituados a esas peculiaridades, no del país sino de tantos historiadores, y los disparates corrientes sobre la Guerra Civil, Franco, etc., sólo continúan una larga tradición. Parodiando el famoso lema turístico de Fraga, diríamos que “España es diferente, pero los historiadores de España lo son más aún”.

También valdría la pena comparar la evolución de España con la del Reino Unido. En cierto sentido, este último ha sido el intento de crear una nación similar a la primera, pero el término español ha tenido siempre un contenido mucho más denso –emocional, cultural y político– que el de británico, formado a partir de una hegemonía inglesa impuesta históricamente a sangre y fuego o por sobornos, muy distinta del caso hispano.   Aun en los siglos XVIII y XIX, diversas acciones u omisiones inglesas en Escocia e Irlanda causaron deportaciones o hambres masivas mucho peores que cualquier suceso ocurrido en España, y que no dejan de recordar a determinadas actuaciones de Stalin en el siglo XX, con rasgos de guerra civil contra una población desarmada. A su vez, las fronteras del Reino Unido hubieron de modificarse de forma muy sustantiva en época tan reciente como 1922, completada en 1948 con la plena independencia de la mayor parte de Irlanda.

    Vistas así las cosas, debe admitirse que, en la pugna de tendencias centrífugas y centrípetas propia de toda sociedad humana, la nación española ha mostrado una persistencia y estabilidad sorprendentes, si las comparamos con el resto de Europa.

    Carr, casualmente, ha  ejercido influencia extraordinaria sobre muchos historiadores españoles que se consideran de su escuela. Escribe Juan Pablo Fusi:

Bajo la dirección última de Carr trabajamos en el Centro de Estudios Ibéricos los que creo que podemos considerarnos sus discípulos: Romero Maura, José Varela Ortega, Shlomo Ben Ami, yo mismo, Paul Preston (que hacia 1970 estaba ya en la Universidad de Reading, con Hugh Thomas), Leandro Prados, Antonio Gómez Mendoza (ambos, como historiadores económicos, muy vinculados al tiempo a Patrick O´Brien y Max Hartwell) y Charles Powell…

   En fin, ¿alguna conclusión de todo esto con respecto a la calidad de la historiografía española?

 (Sobre un artículo en LD,  12-2-2008: Raymond Carr y la diversidad de España)

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

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La gran ocasión perdida/ Universidad / Moción de censura/ Charlatanes (XVII): Álvarez Junco

Sería muy interesante que la Galería de charlatanes se difundiera ampliamente en la universidad

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La gran ocasión perdida

La cuestión de los indultos creó la gran ocasión histórica para echar al Doctor y su banda y revertir el golpe de estado permanente en que convirtió Rajoy el discurso del rey en 2017. Al rey le habría bastado con negarse a firmar los indultos. Tenía obligación de hacerlo aun si fuera al margen de la Constitución, porque la unidad de España está antes y por encima de la Constitución. Esto habría creado una profunda crisis legal en España, enfrentando claramente a los defensores de la unidad nacional con quienes quieren destruirla. Pero es que constitucionalmente, el rey tenía derecho a negarse, con lo que la crisis sería meramente de gobernabilidad, que habría obligado a echar al Doctor. El rey ha preferido firmar sin más el decreto delictivo. Como insinuó claramente Ayuso, se ha hecho cómplice. Es obvio que Felipe VI no cree en la unidad ni en la historia de España ni en la Constitución. ¿En qué cree, entonces? En el Doctor, acaso por puro miedo. Se ha convertido en el felpudo  (“Felpudo VI” le llaman las redes) de una caterva de estafadores y corruptos, que no cesan de humillarle. Y con él humillan a España, sin que él quiera darse por enterado. Es preciso sacar las consecuencias. De todas formas, una vez expuesta su connivencia con el Doctor, hay que dejar a Felipe al margen de la lucha política, concentrándola contra la banda del gobierno. Insistir sobre el rey sería hacer el juego a esa banda.

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936

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¿Es posible reformar la universidad?

Usted achaca la ínfima calidad del personal político, periodístico e intelectual español, a la baja calidad de la universidad. Pero es un círculo vicioso, porque son esos políticos y demás quienes orientan a la universidad.

Es cierto, por eso dudo de que la cosa tenga remedio. La situación se parece a la que dio lugar al humanismo: la universidad escolástica estaba agotada, y la solución salió de academias, incluso tertulias y centros intelectuales varios. La universidad no desapareció, pero fue cambiando, y la propia  escolástica, con rasgos humanistas, vivió un nuevo tiempo creativo en España, en las universidades de Alcalá y Salamanca. En mi opinión se plantea ahora una situación pareja. El fin de la modernidad no está dando lugar a un “renacimiento”, sino a un proceso de descomposición ideológica y por tanto social.

Pero, usted ha reconocido que  el nivel de las facultades científicas y técnicas en España es bastante bueno.

Es aceptable, aunque cada vez más colonizado culturalmente.  Alcanzar un buen nivel en ese terreno es cuestión sobre todo  de aplicar recursos, es decir, dinero. Pero lo esencial son las llamadas humanidades, y ahí importan mucho más las ideas. Después de todo, la ciencia y  la técnica nos proporcionan comodidades y poderes, incluso el de destruirnos nosotros mismos, pero no nos dicen cómo obrar, cómo ejercer esos poderes, por simplificar el asunto. Lo primero es plantear el problema. Por otra parte, habría que reformar la enseñanza entera, desde la primaria, con criterios nuevos. Algo de eso lo tratamos hace años en el blog y podríamos volver a ello. Si queda tiempo.

europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449

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Crónica. Moción de censura y avance golpista

**Los preparativos golpistas  del estafador Doctor incluyen el nombramiento de canallas afines para los puestos directivos de las fuerzas armadas y el poder judicial.  Ante nuestros ojos, el golpe avanza.

**¿Por qué firmó el emérito una ley  a la  soviética que deslegitima a la monarquía? Por falta de sentido de la historia y de la democracia. No es de extrañar que se dedicara a amasar ilegalmente una fortuna: “El día menos pensado, estos me echan”, se habrá dicho.  Su hijo manifiesta la misma falta de sentido de la historia y la democracia.

 **La moción de censura de VOX debe ser el primer paso de una ofensiva contra los canallas. VOX no debe presionar al PP, sino asumir de una vez el liderazgo. El PP va en otra dirección.

**Dicen los mandangas del PP que el gobierno ha cruzado “líneas rojas”. Siempre con el mismo tópico infantil. Lleva cruzando todas las líneas desde que se encaramó al poder con ayuda de separatistas, a quienes prometió más que el propio Rajoy.

**En el fin de la modernidad, unos personajes seriamente desequilibrados,  LGTBI y similares, tratan de desequilibrar a la sociedad entera

**”Concordia real española” quiere celebrar el séptimo aniversario de Felipe VI como rey. ¿Celebrar su complicidad en el delito de los indultos? 

**Dice el periódico totalitario El País, que “la democracia entra por fin en el pazo de Meirás”. Estos mangantes llaman democracia a la corrupción y la tiranía.  La perversión del lenguaje es su gran seña de identidad. 

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Galería de charlatanes (XVII) : Álvarez Junco, o la tontería metódica

Álvarez Junco recibió en 2002 el premio nacional de ensayo por un libro en verdad  tonto, Mater Dolorosa. Desde la transición o algo antes se produjo en la universidad un concurso informal a ver quién falseaba más tontamente la historia de España. No es que no hicieran aportaciones parciales interesantes pero su enfoque echaba a perder el conjunto. Así el de Álvarez, que también sostiene el enfoque de la guerra civil como un golpe de estado contra la democracia. Hace poco, con otro conjunto de charlatanes, firmó un “informe técnico” sobre Largo Caballero. Y era la técnica de  la estafa histórica.

En el aula de cultura del grupo “El Correo”, al presentar su libro Mater Dolorosa, sobre el concepto de España como nación en el siglo XIX, el profesor Álvarez Junco ha expuesto: “Sé que ustedes creerán que el concepto, la realidad, de naciones ha existido siempre, pero no es así, ni mucho menos. En las sociedades antiguas, la gente se dividía de otras muchas maneras: eran cristianos o musulmanes, nobles o plebeyos, y, por supuesto, hombres o mujeres. Las naciones se convirtieron en el criterio más importante de definición social a partir de las revoluciones liberales (…) Para nosotros es fundamental ir por el mundo diciendo “yo soy alemán”, por ejemplo, y lo decimos mucho antes que “soy médico” o “soy hombre”, o “soy anciano”.

¡Hombre!, decimos “soy alemán”, o “soy anciano” etc., en contextos diferentes y difícilmente comparables. Al pasar la frontera, o en una reunión internacional, decimos nuestra nacionalidad, pero no cuando vamos al médico o a comprar zapatos. Y mucho antes del siglo XIX, contra lo que parece imaginar Álvarez, la gente se presentaba como española, italiana, inglesa o francesa, y no sólo como “cristiana” o “musulmana” o “plebeya”. Y al revés, las personas se siguen presentando, según el contexto, como cristianas, ateas, musulmanas, periodistas, hombres, mujeres, niños o lo que cuadre. Asombra un nivel intelectual tan penoso, con el que topamos tan a menudo en los últimos años, y en los lugares más insospechados.

Un error muy extendido nace de la importancia peculiar que la nación y el estado nacional adquieren en los siglos XIX y XX. Fue entonces cuando ese ente algo difuso que solemos llamar “burguesía” intentó sistematizar y racionalizar el concepto de nación, llegando a convertirlo, por una parte, en una especie de absoluto moral, sustitutorio de la religión, y por otra en ámbito y base social para la aplicación de derechos y libertades (o de privación de ellos). Pero esas construcciones teóricas y políticas no crean la nación, sino que operan sobre ella, una realidad preexistente de mucho tiempo atrás.

Se han intentado muchas definiciones de nación, ninguna de ellas abarcadora de todos los casos nacionales existentes. La causa es que una nación no es un conjunto de rasgos objetivos, sino el producto de un sentimiento colectivo de identidad en torno a rasgos comunes, que pueden ser muy variados, y que, sobre todo en la época contemporánea, suelen entrañar aspiraciones a disponer de un estado propio. Pero que casi siempre tuvieron algún contenido político: el sentimiento de pertenencia a una nación, se llamara así o de otro modo, fue desde tiempo muy antiguo, la base emocional para defenderse de agresiones extrañas o para imponerse imperialmente a las vecinas. Difícilmente concebiremos una comunidad más fragmentada políticamente que los griegos antiguos, y sin embargo ellos se consideraban una nación, por el triple lazo de “lengua, religión y sangre”. En los momentos de peligro consiguieron cierta unidad y realizaron hazañas comunes, en especial frente a los persas, pero en general estuvieron desunidos, sin que ello hiciese decaer en ellos su sentimiento de identidad. Algo así ocurría en la Italia del Renacimiento, pese a lo cual los italianos se reconocían como tales y eran así reconocidos por los demás. O, al contrario, será inútil, mientras no cambien otras cosas, convencer a peruanos y bolivianos, o a argentinos y chilenos, de ser una misma nación, por muchos rasgos culturales y étnicos que tengan en común. Creo que tampoco será posible hacer una nación de Europa. En cuanto a España, basta leer Bravuconadas de los españoles, del francés Brantôme, para percibir con cuánta fuerza se sentían sus habitantes una nación particular y eran sentidos como tal fuera de España, en pleno siglo XVI.

Y, en realidad, mucho antes. Según Álvarez Junco, antes del siglo XIX no existía nación española, sino sólo “identidad”, acaso desde que los griegos visitaron la península en el siglo IX antes de Cristo (debió de ser algo más tarde). Pero, advierte, antes habían existido grandes civilizaciones, la egipcia, la china, la india, la persa, la babilonia, etc., “y en ninguna de ellas hay la más mínima referencia a España (…) ¿Por qué? Por una razón que los nacionalistas españoles no entienden ni entenderán nunca —en realidad, sean del nacionalismo que sean, los nacionalistas en general no comprenden estas cosas—: que España no es el centro del mundo”. Al atribuir tal simpleza a los nacionalistas, es Álvarez —catedrático muy premiado, dirigiéndose, no se olvide, a gente ilustrada— quien cae en la simpleza, y sospecho que incluso Batasuna es capaz de razonamientos más refinados que el suyo.

Parece bastante claro que España, como buena parte de las naciones europeas, se formó sobre la base cultural romana, adquiriendo forma política desde Leovigildo y Recaredo. Sin ello resulta imposible explicar un fenómeno como la Reconquista. El profesor critica severamente algunas desvirtuaciones históricas de los nacionalismos, pero cae en otro error elemental al suponer a que esas desvirtuaciones niegan la realidad nacional. Todas las comunidades tienen relatos más o menos legendarios, falsos o no, transmitidos por la tradición o producto de la inventiva nacionalista. Pero es como las personas: si alguien miente sobre su pasado, no por eso dejan de existir ese alguien y su pasado. La “identidad”, concepto excesivamente amplio que Álvarez Junco opone al de nación, es precisamente la identidad nacional. En Quevedo, en Cervantes, y mucho antes que ellos, la identidad española, cultural y política, está bien explícita. Y los separatistas no representan ninguna nación. Tratan, precisamente, de construir otras contra la existente española.

Álvarez comete un nuevo error al burlarse de quienes niegan el carácter de español al emirato y luego califato de Córdoba, pues éste, arguye él, ocupó un 85 por ciento de la península, viviendo pacíficamente unos tres siglos, según asegura (en realidad, el poder musulmán en España, incluso entonces, transcurrió en guerras civiles permanentes, gracias a las cuales los mínimos reinos españoles del norte pudieron consolidarse y expandirse). Al parecer, el criterio básico con que opera Álvarez es el territorial, pero su conclusión resulta tan poco seria como la de que israelíes y palestinos forman una misma nación por vivir en el mismo territorio, o que tan israelí, o tan palestina, es la Autoridad de Arafat como el estado hebreo. Lo ocurrido, aunque a Álvarez le cueste trabajo creerlo, es que sobre el territorio peninsular lucharon dos naciones distintas: España y Al Ándalus. La primera era cristiana y europea, la segunda musulmana y afroasiática no en sentido territorial, sino cultural. Las implicaciones de todo tipo, desde la idiomática a un concepto de libertad personal inexistente en el islam, como ha recordado Sánchez Albornoz, son enormes, aunque alguna gente no quiera verlas.

En la actualidad proliferan en varias regiones de España partidos contrarios a la nación española. Tienen dos rasgos: una necesidad extraordinaria de desvirtuar la historia, y una oposición a las libertades y la democracia, gravemente vulneradas en Cataluña y, sobre todo, en Vascongadas. Por supuesto, ello no impediría que llegasen a constituir nuevas naciones, si consiguieran transmitir a la gente un sentimiento lo bastante intenso y extendido de ruptura con la común nación española.  Y a debilitar y desprestigiar ésta en beneficio de los separatismos, contribuyen las confusiones de Álvarez Junco, funcionario de la administración…española.

(En LD, 29-11-2002: Naciones y nación española)

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Tentativas

*Cada ocaso incandescente /nos anuncia/ el fin del mundo

*¿Has reparado en que al llegar la noche / la realidad se esfuma / y extrañas visiones te asaltan?

*Pasa un día y otro./ Cada uno nos va advirtiendo: / todo se ha de acabar.

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