Sísifo y el suicidio
Creo que ya Nietzsche percibió el detalle: Dios creó al hombre, pero este le salió rebelde e inclinado al mal. Incluso aquel pueblo, aquella parte de la humanidad que eligió de preferencia, no se sabe por qué, resultó “de dura cerviz” y prevaricador, a pesar de los durísimos castigos que ello llevaba consigo. Quizá hubiera sido lógico un castigo mayor, a ver si así aprendían, pero en lugar de ello Dios mandó a su Hijo, es decir, a sí mismo, a sufrir todas las perversidades humanas y una pasión horrorosa, a fin de redimir a sus criaturas. Resucitó, porque era Dios, pero sus criaturas no puede decirse que se hayan enmendado gran cosa. ¿Te parece que todo el relato que conmemora la Navidad es inteligible?
Me parece que no es muy inteligible. Lo crees o no lo crees. Si crees, te irá bien. Si no, te irá mal.
¿Cómo es eso? ¿Los creyentes son más ricos? ¿Les va mejor en la vida?
Les va mejor en el sentido de que pueden afrontar con más serenidad y esperanza los males de la vida, así como la muerte. Y se salvarán después. Ese es el mensaje, ¿no?
Sí, pero no entiendo la relación. Jesucristo no indicó cómo debíamos comportarnos para alcanzar esa serenidad. Su doctrina se limitó, si mal no recuerdo a dos cosas: a la necesidad de creer en él como divinidad, y a señalar quiénes se salvarían y quiénes no. Se salvarían los pobres, los ignorantes, los desdichados en esta vida, mientras que los afortunados lo tendrían más difícil. Admitamos que, puesto que muy poco sabemos de la vida, todos necesitamos seguir a alguien que sepa o que hable con autoridad, ya sea Jesús o Mahoma o Buda, etc. O Marx, o Locke, o Hitler o Bakunin… Parece que de otro modo nos llega la desesperación.
Esa es otra salida, que puede verse en el mito de Sísifo. Este es una criatura aventajada de Prometeo que trata de engañar a los dioses y a la muerte, y recibe su conocido castigo. En otras palabras: su pretensión de conocer el sentido de la vida, que no es asequible a los humanos, le lleva a hacer trampas, y la trampa, que en realidad se la hace a sí mismo, redunda en una tarea sin fin, fatigosa e inútil.
Pero tú conoces la interpretación existencialista que le da Camus. Además, de ahí podríamos sacar la idea de que quienes han instruido a los hombres, en religión o en ideologías, son otros tantos sísifos y nos condenan a lo mismo.
No he leído lo de Camus, solo que afirmaba que el suicidio era el único problema filosófico serio. Supongo que se refiere a lo mismo que Omar Jayam: no podemos saber el por qué ni el para qué de nuestras vidas efímeras. Desde luego, una conclusión podría ser el suicidio.
Camus afirma que a pesar de que la vida no tiene sentido, podemos disfrutarla. Sísifo no se somete a los dioses, es consciente de su tarea sin fin, del absurdo de su vida, y sin embargo puede disfrutarla, multiplicar las experiencias. Acepta el castigo sin someterse, no obstante, a la voluntad de los dioses, y dentro de él encuentra su libertad y capacidad de disfrute, aunque también el tormento. El suicidio es una opción, pero no necesariamente. En tu novela de los perros verdes has tratado el asunto, yo diría que también de manera existencialista. Metes brevemente a Jayam, cómo no, parece tu obsesión, y la tentación del suicidio ronda a uno de los personajes, mientras que otro se ve empujado sin quererlo a algo parecido.
Esa interpretación de Camus me parece muy rebuscada, como el sentido del sinsentido. Mariana regala a Moncho los poemas de Jayam, que a Moncho no le interesan, porque en ese estado que se llama enamoramiento tales cuestiones quedan borradas. Mariana, en cambio, dice que comprende la desesperación de Jayam, aunque, desde luego, como católica, no la comparte, pero se ve que el asunto le interesa…
Perdona que te insista: entonces los fundadores de las religiones e ideologías son otros tantos sísifos? ¿Lo es también Jesucristo? ¿Por qué se diferenciaría de los otros?
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Una de las mayores hazañas del franquismo fue, después de mantener a España al margen de la guerra mundial, afrontar y vencer los delictivos chantajes, presiones, aislamiento, guerrilla e intentos de resquebrajar al régimen por dentro, a los que intentó someter a España la ONU, cuando parecía que el mundo entero estaba contra Franco. Fue su tercer reto mayor, después de la guerra civil y la neutralidad. En Una hora con la Historia (seguirá): https://youtu.be/czYekoXYPX8


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Dos discursos del rey
Debería ser evidente para todo el mundo que España lleva varios decenios sometida a una doble tensión destructiva, de los separatismos por abajo y de la disolución nacional en la UE por arriba. Los castrati cacofónicos han tratado de hacer creer que lo que llaman “Europa” evitaría lo primero, pero en la práctica las dos tensiones han ido juntas y reforzándose mutuamente, tanto con gobiernos del PP como del PSOE. Cuando el separatismo catalán se ha sentido lo bastante fuerte para asestar el golpe, el rey Felipe VI intervino para frenarlo en defensa de la ley y la unidad de España. No lo consiguió, dado que el partido de los castrati lo saboteó, transformándolo en un golpe de estado permanente, que ahora completa el gobierno delincuente del Doctor.
Sin embargo la intervención del rey tuvo un gran efecto positivo: por primera vez millones de españoles encontraron una voz para defender a su patria, invocar a España y enarbolar su bandera. ¡Por primera vez desde la transición, dejando aparte algunos episodios pasajeros! De paso el muro de silencio en torno a VOX se quebró y hoy parece posible una resistencia eficaz. A pesar del sabotaje de los partidos, aquel discurso ha sido lo mejor que ha hecho el rey hasta ahora. Y por esa razón, para impedir otra intervención semejante contra las mafias en el poder, estas se afanan en anular por completo las capacidades que la Constitución otorga a la monarquía, como paso para la completa anulación de esta y la vuelta al crimen del Frente Popular.
La intervención navideña de Felipe VI no ha tenido ni mucho menos la contundencia y claridad de la anterior, aunque, no obstante, se perciben en ella elementos positivos y de advertencia a los demoledores de la legalidad, la democracia y la propia España. Esa advertencia no será atendida, y las maniobras delictivas del gobierno y los separatistas es seguro que cobrarán nuevo impulso. Antes o después, bastante antes que después, el rey deberá intervenir para salvar la monarquía. Y esto es algo que interesa a muchos más españoles que los monárquicos propiamente dichos, de historial tan mísero. Porque con ella va hoy la democracia y la unidad de España: basta ver a los actuales republicanos para entender que no mejoran en nada a los botarates que trajeron la II República por suicidio de la monarquía, y, peor aún, se parecen demasiado a los criminales del Frente Popular.
Para quien quiera ver estas dinámicas históricas más allá del interminable y pestífero cotilleo de la politiquería de cada momento, he escrito La Segunda República Española y Por qué el Frente Popular perdió la guerra. Es mucho lo que nos estamos jugando.



