En torno a la muerte / El asesinato del padre

Blog I. Un fraude generador de fraudes:http://www.gaceta.es/pio-moa/fraude-generador-fraudes-01112014-1857 

**Domingo, 2 de noviembre, hablaremos en “Cita con la Historia” de la creación y primera historia de Falange. Radio Inter, de 4 a 5 de la tarde.

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Por estas fechas viene al caso plantearse la muerte. Se trata de un contrasentido: de la muerte solo podría hablar con conocimiento de causa un muerto, algo imposible, por lo que también resulta un contrasentido lo contrario: un vivo hablando de lo que escapa totalmente a su experiencia, incluso a su conocimiento indirecto, pues ver un cadáver no basta. A pesar de ello, los  (todavía) vivos hablamos mucho de la muerte, por varias razones, de las cuales la más evidente es que tenemos consciencia –al revés, supongo, que los animales—de que nuestros esfuerzos, méritos, desdichas, penas, alegrías o delitos, nos conducen a todos al mismo final. Un tópico, claro, pero que  encierra un profundo misterio. La vida es fatigosa, nos impone un trabajo continuo para mantenernos, y nos impone unas conductas morales que a menudo chocan con nuestras inclinaciones “naturales”, y todo para finalmente quedar en nada. Sobre todo la conducta moral, por la que nos regimos inevitablemente cumpliendo sus supuestas exigencias o vulnerándolas, termina en nada.  Aunque, si se quiere, no todo se acaba: nuestros cuerpos, salidos de la naturaleza, vuelven a ella, a ser devorados por ella en forma de gusanos o de fuego; y ella, la naturaleza, eso que llamamos naturaleza sin saber tampoco muy bien de qué se trata,  no parece prestar la menor atención a las exigencias morales, o cualesquiera otras, que nos parecen dar valor a nuestra pasajera existencia. ¿La naturaleza nos crea y al mismo tiempo priva de sentido a nuestra biografía? Es lo desconcertante de la vida, creada por las mismas fuerzas que la condenan a la muerte, sin que a su objeto, en este caso la  consciencia, le sea permitido saber por qué. Porque nuestra psique se plantea inevitablemente esas preguntas, de modo racional, pero le es imposible encontrar una respuesta igualmente racional.

   Obviamente, nuestra psique se da respuestas. La destrucción total, la nada, es inadmisible: todo se mueve, se transforma pero no se destruye, tiene  que haber  algo después de la muerte. Pero lo que hay, según lo percibimos, es muy inferior a lo que había. El cuerpo humano, un prodigio de organización  que por sí mismo resulta un misterio, se degrada no menos misteriosamente para ser pasto de bichejos. Ciertamente la materia que formó el cuerpo no desaparece, cambia, pero es como  cambiar un diamante por una pella de  barro. ¿Qué fuerza hay detrás de todo eso? ¿Qué sentido tiene, en definitiva, la vida? La razón exige una respuesta, pero esta, si la hay,  rebasa a la razón. La naturaleza, que nos ha creado con todas nuestras inquietudes, no se digna  informarnos. Y esta deprimente realidad, ¿se debe a que tenemos algo que nos diferencia de la muda naturaleza?  Pero, ¿cómo podemos ser distintos de ella si  somos un producto de ella? Nuestras ideas del bien y del mal, que nos parecen dar a nuestra vida valor y dignidad, o quitárselos,  ¿son en realidad un capricho absurdo? Claro que en la naturaleza no puede haber nada absurdo…  Nuestra psique, buscando consuelo, se refugia en ideas religiosas. Pero estas son  demasiado variadas y todas expuestas al ácido corrosivo de la razón.  

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Repasando las preguntas de Don Jerónimo, creo que no respondí adecuadamente a la de si la muerte violenta  de los dos padres del protagonista  en Sonaron gritos y golpes a la puerta tiene algún significado o intención literaria.

En realidad, las preguntas me obligan a buscar explicaciones en las que no había pensado al escribir el relato dándole una lógica más o menos conseguida. La muerte, el asesinato simbólico  del padre es un mito – a mi juicio disparatado– inventado por Freud, que ha disfrutado de gran fortuna en el arte y la interpretación psicológica.  Buscándole una intención en Sonaron…, observamos que Alberto solo presencia el asesinato de su padre “social”, pero sí mata a su padre biológico, aunque prefiera no participar directamente en la matanza. Pero no le ocasiona la muerte en represalia por haberle “castrado” imponiéndole su autoridad,  las normas sociales o el acceso sexual a su madre, ya que nunca vivió con él, y ambos se desconocían mutuamente. Después de todo, Alberto solo descubre a última hora que su próxima víctima es su padre, y ni yo, ni me parece que él, cree en eso  de la “llamada de la sangre”.  ¿Por qué no llega hasta el final y participa en el homicidio? ¿Por falta de valor? ¿Por sentimentalismo? Está claro que se siente sobrecogido por un tabú profundo: matar al propio padre resulta un crimen especialmente  horrible, aunque los demás maquis víctimas de la intriga de Alberto  puedan ser a su vez padres de otros hijos y desde luego  hijos de otros padres. ¿Sería más heroico o simplemente más criminal participar en aquella muerte, que de todos modos él ha preparado sin saber de quién se trataba? ¿O define esa muerte la situación general, la peripecia vital del protagonista? La respuesta no es fácil.

En un plano más profundo, matar al padre es matar al generador de la propia vida y en cierto sentido equivale a matarse a sí mismo, quitarse la razón de existir. Es lo que siente Alberto como una violenta revelación, de modo  confuso, pero intenso; y es lo que le empuja a cambiar definitivamente de vida y a olvidar sus peripecias de juventud, cuyo posible  valor solo logra intuir en la vejez. ¿Han valido la pena aquellas luchas y tragedias?  En todo caso, queda el relato, expuesto a muchos juicios, acaso fútiles todos ellos.

¿Tiene el episodio algo que ver con algún sentido especial de la guerra civil? Seguramente. Se la ha calificado de guerra fratricida, en la que estaban mezclados, por tanto, padres e hijos. Por ahí podría buscarse más simbolismo, pero por ahora lo dejo.

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Problemas de la Gran Explosión o Big Bang

Blog I: El caso Podemos:http://www.gaceta.es/pio-moa/caso-30102014-2028

** Viernes a las 12,15 en el programa de Esparza, hablaré de la represión de posguerra

**Próximo domingo en “Cita con la Historia2: la cuestión del tan mitificado Al Ándalus

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 (Anterior: 9 de octubre)
PATRICIO.- Luego, ¿no tiene sentido nada de lo que estamos diciendo aquí?

FABRICIO.- Por supuesto que no tiene sentido, Patricio. Producimos pensamientos porque, por la dinámica ciega de los átomos, estamos hechos para producirlos, nada más, tal como un gato suelta mucho pelo o marca el territorio con orina. Cuando pensamos y discutimos no estamos haciendo más que expresar lo que los átomos han puesto en nosotros, cada cual a su manera, porque los átomos, al tiempo que han decidido que tengamos el aspecto y densidad que tenemos, también han resuelto hacernos un poco diferentes, de ahí que haya tantos pensamientos distintos y contradictorios, pero eso no ocurre para nada en particular, con un sentido cualquiera, simplemente es así.

SIMPLICIO .- Entonces, ¿será imposible que nos entendamos?

FABRICIO.- Hasta cierto punto, porque en la disposición de nuestros átomos en el cerebro incluye algunas posibilidades de variación de las opiniones, pongamos por caso, pero de modo limitado, por lo que muestra la experiencia. Tú mismo puedes ver que en la sociedad hay las opiniones más dispares sobre cualquier asunto, y persisten, por muchos argumentos y datos que ofrezcan unos y otros.

MAURICIO.- Sea como fuere, yo diría que el factor clave en cuanto a la decisión de los átomos de conformarnos, si se la puede llamar decisión, vamos, es un modo de hablar, es simplemente la temperatura. Y ello se demuestra con un sencillo experimento mental: elevamos en cien grados la temperatura ambiente en Porriño y ¿qué tenemos? Todo lleno de cadáveres que pronto entrarán en descomposición, y las plantas agostadas o posiblemente presas del fuego: los átomos empiezan a dispersarse en lugar de mantener nuestra constitución. Sigues elevando la temperatura hasta tres mil grados, por ejemplo, y no solo la vida se desintegra totalmente y sus átomos se funden con el resto, sino que la mayor parte de los constituyentes materiales se funden y se mezclan, pierden su figura y su constitución sólida, figúrate el suelo y las montañas fundiéndose y mezclándose en una densa sopa… Yendo más allá, alcanzaremos un punto en que los átomos de los distintos elementos inicien el camino inverso al que los creó en las estrellas, vamos, digo yo, y aun con mayor temperatura, acercándonos a la de la Gran Explosión, los átomos serían incapaces de retener sus componentes, dispersándose en protones, electrones, neutrones y lo que sea…

APARICIO.- ¡Coño! ¿De dónde has sacado esas cosas, Mauricio?

MAURICIO .- Me las contaba el que hacía de bibliotecario en el talego.

PATRICIO.- ¿Aquel borrachuzo?

MAURICIO.- Sí, nos hicimos amigos. Era un tipo listo. Nadie consiguió saber de dónde sacaba el aguardiente…

FELICIO.- De lo que nos cuentas se deduce que nuestros átomos solo nos producen y producen los cuerpos diferenciados en un pequeño abanico de temperatura. Para las rocas y los metales, bastan unos miles de grados, cuando en el cosmos se pueden alcanzar millones. Y para la vida humana, apenas un centenar. Así que, según sea la temperatura, los átomos se comportan de un modo u otro, como sugería Fabricio. Todo depende de la temperatura, parece ser.

SALICIO.- Pero esas temperaturas no se alcanzan así como así…

FABRICIO.- ¿Seréis asnos? ¡La temperatura!¡Elevamos en cien grados…! El de la biblioteca no tenía ni idea. ¿Y de dónde viene ese aumento de temperatura, pobres charlatanes? La cuestión no es la temperatura, sino la gravedad. Cuanto más masa, más gravedad, lo que produce más temperatura, hasta que los átomos se descomponen, y juntada toda la masa del universo, toda la masa y la energía colapsan tan absolutamente sobre sí mismas que se reducen a la nada. ¿Qué, os gusta eso?

FELICIO.-  A mí me da escalofríos. Pero dime, sabihondo, ¿todo lo que existe estaba contenido en aquel punto, en aquella nada que dices, cual el roble en la bellota?

APARICIO.- Pues así debe de ser, porque si no, tendríamos que admitir que lo que existe, el mundo que vemos, Porriño mismo, se ha formado por su cuenta y se crea a cada paso… Pero tiene que proceder de algo, así que todo estaba contenido en el punto de nada ese, antes de que estallase en el Pim Pam o como le llamen. Asombroso que, sin tener casi ni idea de estas cosas, lleguemos a tales conclusiones. Se ve que somos inteligentes de carallo. Eso reconforta.


FELICIO.- No es el Pim Pam, ignaro camarada Aparicio, es el Big Bang o Gran Explosión. Si me lo permitís, sugiero un nuevo nombre, breve y expresivo, un poco técnico y un poco misterioso como, por ejemplo la Grex: Gran Explosión o Gran Expansión. ¿Qué os parece?

MAURICIO.- Magnífico, ¡oh Felicio!, como toda innovación procedente de tu excelso cráneo. Ahora debemos buscar una palabra para el momento inmediatamente anterior a la Grex, al comienzo de todo.

FELICIO.- No existe un momento anterior a la Grex, excelente Patricio. El tiempo y el espacio empiezan justamente con ella, no hay nada antes.

MAURICIO- No digo anterior en un sentido temporal, buen hombre, sino en un sentido lógico. La Grex exige lógicamente una situación anterior. Propongo llamarle la Graná, es decir, la Gran Nada.

APARICIO.- Los granadinos podrían cabrearse.

FABRICIO.- ¿Y qué os parece el Porig? El Punto Original.

APARICIO.- Mejor el Pori, Punto de Origen.

PATRICIO.- Hoy estamos muy creativos. ¿Y qué tal la Nacre? La Nada Creadora.

FABRICIO.- Venga, a votar… Por mayoría de cuatro a tres, la Nacre.

SALICIO.- Esto me recuerda a las mitologías, muchachos. Según la Biblia, al principio no había nada, el Logos o voluntad de Dios fue creando todo lo que hay. Según la mitología griega era el Caos. Según la nórtica era una especie de nada helada, aunque limitada por el reino de los muertos y no sé qué más, aunque eso es una contradicción…. Más no sé.

MAURICIO- Con eso basta y sobra. Todas quieren decir que lo que había antes del mundo es ininteligible para nosotros, puesto que todo lo que percibimos y sobre lo que podemos pensar es lo ya existente. Yo aceptaría la Nacre, porque es ininteligible, vamos una estupidez, una contradicción: la Nada Creadora. La nada no puede crear nada. Pero ¿y si le damos el sentido de “Nada Creacional”, es decir, algo que es nada, pero sobre lo que puede operar otra fuerza o poder para provocar la Grex y luego el mundo del siglo XXI?

FABRICIO.- Permitidme unas objeciones. Llegamos a la Nacre a partir de la gravedad, que tiende a concentrar toda la masa del cosmos, la cual se disuelve en sí misma, por así decir. Eso es muy satisfactorio, pues ya veis que reduce a un principio único y simple el origen del cosmos: la gravedad será una fuerza muy débil comparada con las otras tres, pero a escala cósmica resulta tan increíblemente fuerte que llega a destruir a las demás fuerzas, desintegrando los átomos y las otras partículas hasta reducirlas a un punto sin espacio ni tiempo. Sin embargo, ¿por qué de pronto la gravedad deja de mantener estable la Nacre para dar lugar a la Gran Explosión, digo a la Grex? Eso exige pensar en una fuerza contraria a la gravedad, una fuerza expansiva, aunque tengo entendido que la física no la contempla. Por decirlo de otro modo: no basta aquel principio tan único y tan satisfactorio, la gravedad. La Grex exige otro principio para producirse.

SIMPLICIO.- Mira, ahí te doy la razón.

MAURICIO.- Además fijaos en esto, camaradas: se descubrió que el universo infinito y eterno era imposible, precisamente por la gravedad. No es como un reloj que quizá precise un relojero, pero que está ahí, majestuoso y ordenado, con los astros repitiendo sin fin sus evoluciones, inexorables y armoniosas. Al contrario, no solo hay choques y catástrofes cósmicas, sino que las galaxias se van alejando unas de otras y de nosotros mismos, como si la Grex siguiera en plena función. Y las más lejanas se alejan a mayor velocidad. ¿No es esto curioso?

SALICIO.- ¿Qué de curioso le encuentras? A mí me parece de lo más natural.

MAURICIO.- Vamos a ver: la luz tarda más en llegar a nosotros conforme viene de focos más lejanos. La Grex dicen que pudo ocurrir hace unos doce mil millones de años. Pues bien, conforme atisbamos más lejos, conforme nos llega la luz más lejana, más se acerca nuestra percepción al origen de la Grex, de modo que si llegamos a captar la luz de hace doce mil millones de años estaremos viendo el comienzo de la Grex misma, como quien dice. Pero en lugar de verla en un punto, la percibiríamos como una inmensa circunferencia, la circunferencia máxima del universo.

PATRICIO.- Todo esto me marea un poco y me da sed, ¡arriba la bota! Además, ¿qué coño nos importa? ¿En qué puede afectarnos?

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Conspiranoias / ¿Vivir peligrosamente, o con tranquilidad?

 

Blog I: ¿Es el PSOE un partido democrático?:http://www.gaceta.es/pio-moa/psoe-partido-democratico-28102014-1934

**El próximo domingo, en Cita con la Historia, hablaremos de la Falange, un tema que habrá que tratar más ampliamente. 

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   La conspiranoia podría definirse como la idea de algún ente o institución que concentraría toda o casi toda la maldad del mundo, explicando la permanencia del mal. El hombre vive en la atmósfera moral, del bien y el mal, sin casi percatarse de ello, como el pez en el agua. Pero el bien y el mal son abstracciones de los bienes y males concretos. Normalmente, cada cual tiende a pensar que el bien consiste en lo que conviene a sus intereses y deseos, y el mal en lo perjudicial para ellos. Este es un sentimiento primario y casi animal, pero en la práctica encontramos que el bien de unos es el mal de otros, real o imaginariamente (para el envidioso, el bien ajeno es un mal aunque no le perjudique, por tanto imaginario).  De este choque cotidiano surge la noción de justicia,  con la cual intentamos establecer un equilibrio de bienes y males entre los individuos. A un nivel más alto, pensamos en el bien y el mal vinculados a la política, que atañe a toda la sociedad, y distinguimos políticas mejores o peores, que repercuten de distintas formas impersonales sobre los individuos. De ahí el apasionamiento en torno a los partidos y sus jefes, de quienes esperamos una bondad, o les atribuimos  una maldad que tendemos a absolutizar, como se observa en las luchas electorales y más en general políticas. Hasta aquí la cosa es normal, aunque expuesta a muchos extremismos.  El análisis político busca criterios para orientarse en esa selva de situaciones, ideales e intereses.

    La conspiranoia da un paso más allá: concreta la abstracción del mal  no tanto en un partido  o personaje particular cuanto en una fuerza oculta y secreta que maneja los hilos desde la oscuridad, con una previsión absoluta en pro de intereses asimismo no muy claros  pero en todo caso  perversos. Es una conclusión aparentemente lógica, porque la sociedad y las luchas políticas tienen tantas variantes,  alternativas, cambios, contrastes entre palabras y hechos, que la mente se pierde un tanto y busca alguna causa o fuerza profunda bajo el aparente caos.  Y quizá exista esa fuerza, al modo de las leyes que explican el comportamiento de los objetos físicos. Pero esa “ley” no ha sido descubierta, quizá resulte intrínsecamente misteriosa, por lo que la conspiranoia, descontenta, busca y desde luego encuentra la razón de los males en alguna fuerza oscura, pero concreta o concretable al menos por el nombre. Una vez hallada, los sucesos malignos se vuelven de una claridad pasmosa como manifestaciones de ese mal. La idea no es muy cristiana, pues esta encuentra el bien y el mal en cada individuo, en la condición humana emancipada del instinto y al mismo tiempo condenada por haberlo superado.   

   Un caso típico es el de la masonería para muchos católicos. Es cierto que, por su propia concepción , la masonería es una especie de fe prometeica o luciferina, anticristiana;  que actúa como sociedad secreta y  por ello, conspiradora. Pero la conspiranoia cree que es la única o principal fuente de conspiraciones, identifica toda manifestación anticatólica como necesariamente masónica,  e imagina a dicha sociedad –en realidad muy dividida– como un ejército secreto disciplinado que obedece sin falta a sus jefes tenebrosos.  La conspiranoia cree que el mundo moderno, con todas sus incertidumbres, convulsiones, guerras y crímenes, es  obra de la masonería, suponiendo la existencia anterior de un estado de cosas, justo, estable, ordenado,  con cada cosa en su sitio bajo los principios católicos. Nada de ello es cierto: ni existió ese estado ideal, ni las conspiraciones  masónicas son las únicas existentes (entre los católicos abundan igualmente), ni existe una especie de gobierno secreto del mundo capaz de concentrar el mal y prever todos los cambios posibles para lograr sus objetivos. Por otra parte es muy probable que para los masones (y otros que no lo son), la Iglesia católica represente algo parecido: un mal esencial prolongado durante demasiados siglos, que atenaza la libertad y la potencia creadora  del ser humano.  El genocidio anticristiano de las izquierdas en nuestra guerra civil  permite entender el asunto. Otros objetos de la conspiranoia son el capitalismo, Wall Street, la CIA, antaño el Kremlin y el KGB, etc.  Hay muchas variantes. Lo esencial de ellas es que permiten entender los hechos más enrevesados con poco esfuerzo. Pero, eso sí, convirtiendo el análisis en una parodia.

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De las tres partes (De Sonaron gritos y golpes a la puerta), la que más me ha gustado es la tercera, porque describe un contraste:  entre la vida normal que le gusta a Carmen pero que a Alberto le causa rechazo, y una última aventura que termina volviendo medio loco a Alberto y le obliga a “someterse” definitivamente a Carmen. Y también por el ambiente cargado de la posguerra,  las tertulias, el fracaso de los amigos tertulianos, el del simpático Tenreiro, que  por un braguetazo también se hunde en la vida anodina de un rico de provincias, la angustia de la poetisa que siente cómo la juventud se le escapa, mismo la descripción de la misa negra, la descripción del buen obrero comunista…  Los guardias civiles parecen los menos simpáticos. Me parece la parte más rica de la novela, psicológicamente la más lograda, podría ser una novela independiente.  ¿Coincidiría usted conmigo?

Casi todos los comentarios califican la segunda parte como la más lograda, incluso algunos ven la tercera algo pesada. Pero me alegra que usted piense lo contrario.  No he querido hacer del relato una aventura todo el tiempo trepidante, la vida real no es así. El protagonista vuelve de Rusia y encuentra un ambiente tan diferente, un poco plomizo por comparación, centrado en las necesidades concretas de cada día. Tenreiro deja sus aspiraciones literarias por una vida más cómoda, los otros también van sumergiéndose en en “las convenciones y trivialidades de la vida”, cuando dos años antes parecían más  animosos. Solo la incertidumbre y las tensiones propias del posible final del franquismo  hacia la terminación de la guerra mundial, alteran un tanto un ambiente  que Alberto encuentra anodino. Él mismo da por concluida su juventud inquieta y trata de acomodarse a un modesto y rutinario pasar. No lo consigue del todo.  Lleva  demasiados años de vida insegura y peligrosa, que le atrae, y la tentación de salirse del carril participando en la lucha contra el maquis  le puede, aun si con ello arriesga destruir su matrimonio, pues Carmen apenas puede ya soportarlo. Pero llega al final de su carrera de peligros dando con lo que menos podía esperar, un golpe definitivo que cierra su  juventud volviendo a su comienzo. Es entonces cuando “se somete”, si así quiere verse. Queda abierta la cuestión de si es preferible una existencia calmada, rutinaria y aceptablemente productiva, o “vivir peligrosamente” como recomendaba Nietzsche. Sería un tema interesante de discusión para los lectores. Alberto se da cuenta igualmente de que le falta el estímulo intelectual de Paco, y su carrera posterior como profesor de filosofía también se hunde en la mediocridad.

Comparaba  Zgzna a Paco  con Nietzsche en el sentido de que este, bajo sus apelaciones, era un hombre atormentado y timorato, con lo cual también Paco resultaría débil bajo su apariencia. Pero el amigo de Alberto cumple bastante bien los requisitos nietzscheanos, es arrojado y desinhibido. No obstante, le hunde la culpa por  la catástrofe que provoca. Eso le pasaría al más templado, salvo que al mismo tiempo fuera un tanto brutal psíquica y moralmente, al modo de muchos personajes literarios del siglo XX.

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¿Salir del euro? / Ambigüedad de “Carmen”

Blog I: Para empezar a entender el franquismo:http://www.gaceta.es/pio-moa/empezar-entender-franquismo-26102014-2001 

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Nuestros políticos nos metieron en el euro asegurándonos que garantizaría una prosperidad ya  permanente y sin apenas altibajos. Como en España se ha instalado una masiva hispanofobia y todo lo que contribuya a destrozar nuestra soberanía o nuestra cultura es recibido con alborozo, prácticamente nadie de opuso, salvo dos o tres economistas (como mi amigo J. J. R. Calaza) o políticos de los que nadie hizo caso. Muchos lo aceptaron diciendo que era mejor que “Europa” (la burocracia de Bruselas) gobernase nuestra economía en lugar de nuestros corruptos políticos, que se pondrían a darle a la máquina de hacer billetes… olvidando que quienes nos metían en el euro eran precisamente  aquellos políticos corruptos supuestamente adictos a la maquinita.

El hecho es que, lejos del crecimiento estable prometido por unos politiquillos de tres al cuarto, España sufre la peor crisis de Europa después de Grecia, y que la misma está obviamente relacionada con el euro. Y también es un hecho que nadie ha dimitido ni siquiera hecho algo así como una autocrítica o siquiera un análisis de por qué las cosas han resultado al revés de lo prometido. España es el país en que ningún político se hace responsable de nada. Ciertamente, hemos entrado en una trampa de la que resulta muy difícil salir, con previsión de una crisis muy prolongada, dependiendo además en gran medida de que en el resto de Europa se mantenga el estancamiento  se acentúe. Pero el euro no solo perjudica a España, también a Francia, por ejemplo, donde existe una opinión pública cada vez más favorable a abandonarlo.  Aquí no, porque a la irresponsabilidad de nuestros políticos corresponde una escasísima formación democrática de la gran mayoría de la población. Todo el mundo está harto de la casta política por muchas razones a menudo confusas, pero quien  está encauzando el descontento es el Leninito español. Son 39 años de deseducación democrática que pueden terminar de cualquier modo.

Dejar el euro es posible, claro está, aunque ciertamente llevaría consigo serios costes. ¿Más que seguir en él? No lo sabemos, pero deberíamos tener al menos una idea. Los politicastros que nos metieron en él con promesas demagógicas  y sin el menor análisis real, deberían al menos tener un plan por si fuera preciso o conveniente salir. Pero no se pueden pedir peras al olmo: ni lo han hecho ni lo harán. Todo lo que saben hacer es horrorizarse, pensando que fuera de él no existe vida. Son así de necios, pero quienes pagan su necedad (y corrupción) somos el conjunto de pueblo español.

Tendría gracia que después de ese fanatismo ciego por el euro, este se rompiera por decisión de otros países, como Francia, y aquí nos quedásemos, una vez más, colgados de la brocha.

Unas consideraciones sobre el euro desde el punto de vista francés. (Hay que decir que cada economista dice una cosa distinta y para el profano es tan difícil aclararse como para los propios expertos) http://entrepriseemplois.fr/Documents/euro.pdf

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3.-La figura de Carmen (en “Sonaron gritos y golpes a la puerta”)me parece muy ambigua: de primeras resulta simpática  con su entrega, su sentido común y su “normalidad” psíquica. Pero vista más de cerca, nos percatamos de que consigue arrastrar a Alberto a una vida vulgar, anodina. Ella tiene éxito con Alberto, pero no consigue que sus hijos  le salgan como quería, en eso fracasa. Una vez más, ¿quiere usted decir algo con eso? La primera lectura me pareció entretenida, como le he explicado, pero la segunda me ha parecido mucho más interesante, pero asimismo un tanto deprimente.

Efectivamente, la figura de Carmen –y no solo ella– puede enfocarse desde distintas perspectivas: como la de la mujer amante que sacrifica muchas cosas por su Alberto (pero también Alberto sacrifica algo por ella); como la que tiene una idea de la vida estrecha y consigue “domar” al inquieto Alberto, castrándole psíquicamente (no obstante lo que empuja a Alberto a acabar con su aventura no es solo la presión de Carmen, a la que sin duda quiere, sino, más aún, la liquidación de su padre natural); como la víctima de las aventuras de este, que ella juzga un tanto alocadas en sí mismas, aparte de detestar la violencia implícita en ellas (esto es algo en que las izquierdas estarían conformes, y sobre todo mucha otra gente  hoy, cuando la no-violencia se ha convertido en una aparente religión para muchos. Digo aparente). También se la puede ver como una heroína psíquicamente equilibrada: asume serios riesgos auxiliando a la quinta columna durante la guerra, pero después da por concluida este, y por tanto considera innecesarias nuevas heroicidades. ¿Tiene razón ella o la tiene su novio-marido? Y hay más posibles interpretaciones, como ocurre con las personas reales.

En todo caso, Carmen tiene suerte con Alberto, pero no con sus hijos. Se empeña en darles una educación y una moral católicas, pero dos de ellos salen excesivamente ansiosos de dinero, supeditando a él los principios morales que Carmen ha querido inculcarles; y el tercero resulta comunista. Los dos primeros triunfan, al menos consiguen lo principal de lo que buscaban, mientras el tercero termina un tanto lastimosamente como oscuro profesor de instituto, abandonadas sus viejas ilusiones. Esto es un grave fracaso para Carmen y su marido, desde luego, aunque este no parece haberse implicado mucho en la educación de sus hijos. Sin embargo, se trata de unos apuntes finales en la novela, más que nada sociológicos: ha ocurrido en numerosas familias  en los años 60. Se pueden sacar conclusiones políticas, pero he querido evitarlas. Sonaron gritos… no es una novela política, como sí lo fue otra con la que algunos la han comparado, indebidamente, La paz empieza nunca, de Emilio Romero.

¿Es deprimente todo esto? Una vez más hay que considerar el valor de las acciones: ¿lo tienen por la acción misma, o por su final?  Por mi parte, creo que lo primero, porque el final de las acciones humanas es siempre la muerte. Por eso no me parece haber escrito una novela pesimista, pese a todo.

 

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Panorama desde el puente / La muerte de los padres

Blog I: católicos, judíos, protestantes y el trabajo: http://www.gaceta.es/pio-moa/caolicos-judios-protestantes-trabajo-debate-c-vidal-23102014-1815 

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Que el PP se hunda definitivamente no es ninguna tragedia. Esperemos que la alternativa VOX cobre fuerza, claridad y buena táctica.

La semianalfabeta Susana: “Queremos extender a toda España los logros socialistas en Andalucía”: 35% de paro

Podemos es comunista: nada mejor que nazi.

Susana y Pedro podrían terminar de hundir al nefasto PSOE. Si lo lograran merecerían un monumento

Pujol no solo resume el espíritu del separatismo, también de la casta política: 30 años robando y mintiendo y “nadie” se enteraba.

Hay que ver con qué fervor se toman los desgraciados españoletes el desplazamiento de su lengua y cultura por las inglesas.

El término “Latinoamérica” refleja un propósito deliberado de desespañolizar América #NuevaHistoriaDeEspaña

Los asesinatos y asesinos de la ETA cuentan con la complicidad del PSOE y el PP. Se olvidan las evidencias.

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(del otro blog)

Contesto a las dos primeras preguntas:

1.- ¿Tiene algún significado especial en “Sonaron gritos”,  alguna intención literaria, la muerte de los “dos padres” del protagonista?

Los dos mueren muy violentamente. A decir verdad, no había ninguna intención. Al empezar la novela con un episodio que se basa en un hecho real, me di cuenta de que el asesino de quien Alberto consideraba su padre –y que en cierto modo lo era: digamos el padre social— tenía que ser el padre biológico. Pero el modo de su muerte solo se me ocurrió cuando me acercaba al final del relato. Cabe preguntarse: ¿cual es el padre auténtico?  Los dos lo son, y ninguno del todo. El “padre social” carga por amor a su mujer  con el hijo que no es suyo, pero no llega a quererlo, solo a respetarlo, con distanciamiento. Ello explica en parte la considerable neurosis de Alberto y cierto distanciamiento con respecto a su madre, pues de modo inconsciente percibe que para ella él es un motivo de culpa. Por eso, posiblemente, al terminar la guerra  no se ocupa demasiado  en saber qué ha sido de ella, encargando a su tío, a quien desprecia,  que se ocupe del asunto y dando por supuesto que tanto  ella como su hermana han sido asesinadas.  Quien salva a Alberto de una neurosis más definitiva es su amigo de escuela Paco, que vuelve a salvarlo cuando se hunde psíquicamente tras el asesinato de su “padre social”.

   Alberto se entera de que va a provocar la muerte a tiros de su padre biológico  (¿real?)  solo en el último momento, y todo lo que puede hacer es abstenerse de participar en la matanza de él y sus compañeros. ¿Por qué se abstiene? Realmente nunca lo había conocido y  sabía que era el asesino de su madre, su hermana y su “padre social”. Por tanto,  podría estar justificado que tomara venganza directamente, máxime después de haberse endurecido en aventuras sangrientas. No hace nada por evitarlo –ya era demasiado tarde–  pero un tabú le impide tomar parte. No se da del todo cuenta de ello hasta después. ¿De qué se da cuenta? De que aquel personaje a quien, sin haberlo conocido, había odiado y sigue considerando que merecía  ese odio, era la causa directa de su propia existencia, de que él estuviera en el mundo;  y de que  en muchos rasgos se parece a él mismo  más de lo que le habría gustado. Lo percibe de pronto como una especie de revelación, de sentimiento profundo e inexpresable con palabras, como cuando aprende que su padre social no era el auténtico, pero de manera más demoledora para su psique. A partir de ahí decide olvidar  en lo posible aquellos diez años juveniles y “convertirse” a una vida corriente, si se quiere anodina, al lado de Carmen, seguramente violentando sus inclinaciones naturales.

       Ya le digo que no había intención planificada de desarrollar así el relato, simplemente salió de ese modo, con una lógica  poco consciente. Algún lector ha dicho que le recordaba a mitos griegos.  Paul Diel ha explicado algunos de ellos por  el contraste entre el “padre mítico” y el padre real, en esos héroes que son “hijos” de algún dios, aunque aparentemente lo sean de algún humano. El “dios” representaría los dones con que nace  la persona, que no deben nada a la educación del padre real, aunque esta pueda desarrollarlos o frustrarlos. Ahí hay una posible línea de interpretación que no seguiré ahora, porque resultaría algo complicado.

  2.- El relato es muy pesimista: casi nadie consigue lo que quiere, el ímpetu idealista juvenil termina en frustración. ¿Quiere describir con ese pesimismo una situación histórica o una situación general (“la vida lo echa todo a perder”)?

  No estoy seguro de que sea tan pesimista, aunque depende de como se mire. Desde luego, hay una frustración  mayor o menor de todos los protagonistas, pero yo diría que  ello ocurre después de una lucha, de un esfuerzo que, a pesar de todo, podría tener valor por sí mismo. En definitiva es la cuestión de si la vida tiene verdadero valor, puesto que sus esfuerzos, angustias y alegrías terminan siempre en la fosa. El protagonista, después de su última peripecia, prefiere apartar de su memoria todos aquellos avatares, pero a última hora, en la vejez, antes de morir, decide escribirlos. ¿Por qué? Obviamente porque a pesar de que no le quedan muchos años en este mundo, encuentra que aquellas viejas acciones tienen un valor y se siente culpable por su largo olvido, por el desprecio implícito no solo a sí mismo sino también a sus viejos camaradas, muertos o vivos, de los que no ha querido saber más. Es claro  que Carmen ha participado en ese deseo de olvidar, pues para ella habían sido un calvario  las peripecias de su marido, y aunque las respete por  ser parte de la biografía de él,  por otra parte le causan repulsión, porque detesta la violencia y las encuentra muy poco “cristianas”. Muerta Carmen,  Alberto se siente en algún modo liberado  y recupera , en recuerdo añorante, aquellos años perdidos. Ahora bien, ¿cuál es el valor de ellos? Eso no puede cuantificarlo nadie. Simplemente las cosas han sido así, y quizá merezcan recordarse, nadie sabría decir con certeza por qué ni para qué.  

   Paco, en contraste con su amigo Alberto, es un personaje vital, desenfadado,  ingenioso y audaz, sin traumas psíquicos, pero termina también naufragando de la manera que él menos habría querido o esperado, sintiéndose “esclavo” de un amor súbito que provoca  la desgracia de todos los implicados. Su hermana Carmen sí se sale con la suya, pero la otra hermana, Luisa, mucho más complicada, terminará de mala manera, como su padre, en la oscuridad del Gulag. También en ello ha tomado parte el padre biológico de Alberto. Cosas parecidas han ocurrido muchas veces  en la vida real, sobre todo en circunstancias tan agitadas  como las de aquellos tiempos.  Son parte de la vida. Otra cosa es que yo haya acertado a narrarlas debidamente, espero que en alguna medida sí.  

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