Fabricio insiste en refutar a Mises.
IX
FELICIO.- Pero en tan amena conversación, mis dilectos amigos, la tarde ha cumplido su amigable tarea y se despide. Tendremos que imitarla nosotros, recoger los ganados y dejarlos estabulados cual conviene. ¿Nos vemos luego en la taberna del Bauprés, como de costumbre?
MAURICIO.- Por supuesto, faltaría más. Pero tú, ¡oh Salicio!, haz el favor de no traerte la zambomba o te la romperé en la cabeza. No soy violento, bien lo sabéis, pero todo tiene un límite.
***
FELICIO.- En verdad que no sé si habrá fuera de nuestro Porriño, en el mundo entero, otra taberna con tales méritos como esta. Amplia, con una penumbra que no impide, sin embargo, leer, con estas vigas de noble maderamen, dice el dueño, don Picio, que están hechas con baupreses de barcos antiguos…
SULPICIO.- Y yo lo creo, Felicio, lo mismo si me dice que son de baupreses que de palos de mesana o de cedros del Líbano del templo de Salomón. Decía un personaje de nuestro añorado Cunqueiro: “Créeme, Paquiño, tienes que creerme, total ¿qué te cuesta?”. A mí no me cuesta nada, y en cambio salgo ganando: el dueño, Picio, se esponja de satisfacción cuando le felicito por sus vigas de bauprés, y me da alegría verle a su vez contento, aparte de que, a cambio de ese elogio nos trata mejor, nos da buenos vinos y no nos cobra más de lo conveniente, aunque alguna rara vez hayamos terminado borrachos como cubas y él habría podido saquearnos a placer… Hago un bien con mi credulidad, y recibo otro bien, ¿Qué más hay que rascar? Pero he aquí que se acerca nuestro bravo tabernero. No le aduléis más de la cuenta.
PICIO.- Hola, camaradas, como veis, hoy solo por clientes tengo a aquel par de labriegos que cabe aquella retirada mesa sus posaderas asientan, y con la lluvia que ha empezado a caer, seguro que no vienen más. Discutir a voces, pues, podéis libremente, y cantar destempladamente cual soléis, aunque otras veces haya tenido que regañaros, no porque me disguste, voto a bríos, sino por las de la clientela protestas, pues, como sabéis, el negocio he de cuidar.
MAURICIO.- Descuida, Picio, poético tabernero, que somos pastores cultivados y de honor, y cuando alguna vez nos pasamos de rosca, sabemos rectificar. Pero estábamos diciendo que esta es la taberna más espléndida que existe en todo el ancho mundo. No es que yo conozca todo el mundo, claro está, pero es que no concibo ninguna mejor. Estuve hace poco en una realmente maravillosa en Lübeck, donde fui por un negocio lanero, una taberna marinera que dicen viene de tiempos de la Liga Hanseática, pero, sin quitarle méritos, la encontré algo recargada. Y esa de Bayona, ¿cómo lle chaman? Non macordo agora, está moi ben, pero é algo cativa, no tiene esta amplitud espacial…
FABRICIO.- Pero esas grandes telarañas que adornan los rincones, ese hollín que tapiza las paredes, esta oscuridad que el fuego de la chimenea a disipar no alcanza… Las mujeres no entrarán aquí, Picio.
SULPICIO.- ¡Coño, mira a Fabricio, el ligón! ¡Cómo si alguna mujer fuera a fijarse en ti, hombre excepcional!
PICIO.- As mulleres e as tabernas non fan boa mistura, Fabricio. Pra elas inventáronse as cafeterías.
FABRICIO.- A una mujer tonta le gustarán los tontos como tú, bellaco Sulpi. Estoy seguro de que ligas muchísimo, pues de esas hay muchas. Pero a una inteligente le gustará un hombre inteligente, a pesar de … de excepcionalidades como las mías. Cierto que no he conocido a ninguna de mi agrado, pero estoy seguro de que algún día…
PICIO.- Esas querellas a un lado dejemos, rapaces, ¿Qué queredes?
MAURICIO.- Lo de siempre: queso, chorizo, jamón, aceitunas, buen vino…¡Ah, y filloas, que es la temporada!
PICIO.- ¿Filloas con mermelada?
SULPICIO.- ¡Qué mermelada ni qué…! Filloas de sangre y de las otras, sin más caralladas. Y luego ven a sentarte con nosotros, que disfrutemos de tu conversación amena. ¡Picio! En verdad los tópicos mienten a menudo, porque eres hermoso como un dios griego, y no menos ocurrente.
FABRICIO.- Me siento solidario de Picio. Es, en efecto, como un dios griego bizco, de nariz como un bauprés, dientes mellados, panzudo, calvo a la Anasagasti…
MAURICIO.- La belleza es según quién la contempla, Fabricio. Por cierto, de paso para aquí, entré un momento en la peña pastorácea, y me dieron otro mensaje de manuelp, que vuelve a atacarte con el ariete de Von Mises, y esta vez me parece que entre todos haremos pedazos el muro de sofismas y falacias tras el cual parapetas tus dislates.
X
FABRICIO.- Venga ese ariete, Mauricio, que tendré sumo gusto en hacerlo astillas.
MAURICIO.- Ja, ja, pues nos es chulo el tartaja… Sobre tu argucia de que “no puedes ahorrar la carne o la leche de hoy para consumirla dentro de cinco años, por ejemplo”, dice manuelp: “A mí me lo pueden decir, que en 1976, en el campamento militar, comía carne de Uruguay sacada del frigorífico con un sello que ponía fecha de producción 1947“.
FABRICIO.- ¿Y eso te parece un argumento, Mauricio? ¿Dónde esta esa poderosa capacidad de raciocinio que todos te concedemos y que te impide echar un polvo? Si dejas de comer carne ahora y la comes treinta años después, supuesto que sobrevivas, lo que haces no es ahorrar en 1947, puesto que la has pagado a tus proveedores, y en cambio en 1976 estás impidiendo que otros proveedores te suministren una carne seguramente en mucho mejor estado. El ahorro lo haces en 1976, y contra tu propio interés.
MAURICIO.- Bueno, eso lo dice seguramente por lo que tú decías de ahorrar el consumo de hoy…
FABRICIO.- Eso lo dice Mises, y muy mal dicho.
MAURICIO.- Dejémonos de detalles escabrosos, y atiende ahora: “Cuando la gente desea iniciar procesos productivos de más dilatado período de producción, tiene forzosamente que comenzar por acumular mediante el ahorro los bienes de consumo precisos para satisfacer durante el período de espera todas aquellas necesidades que considera más importantes que el incremento de bienestar que considera más importantes que el incremento de bienestar que confían en obtener de ese proceso que requiere un mayor consumo de tiempo…”
FABRICIO.- Parece un trabalenguas, pero si mal no lo entiendo quiere decir lo mismo que antes: para dedicarte a empresas de largo alcance tiene que acumular cosas de consumo más urgente, porque si no, antes de concluir la gran empresa puedes morirte de hambre. Por ejemplo, los que preparaban un largo viaje a las islas de las especias tenían que acumular en el barco gran cantidad de víveres. Pero acumular no es lo mismo que ahorrar, yo diría que es lo contrario: tienes que hacer un esfuerzo y un gasto mucho mayores que el consumo habitual, para distribuirlo en un largo período, ¿no te parece? Es concentrar en poco tiempo el gasto que normalmente harías en más tiempo.
SULPICIO.- No juegas limpio, Fabricio, has interrumpido a Mauricio, déjale que siga.
MAURICIO.- Sigo: “La acumulación del capital se inicia al almacenar bienes de consumo destinados a ulterior empleo. Cuando tales excedentes simplemente se acumulan, guardándose para posterior consumo, constituyen tan solo meras riquezas o, más exactamente, reservas para épocas de carestía o situaciones de emergencia, quedan fuera del mundo de la producción. Se integran –en sentido económico, no en sentido físico– en la actividad productiva solo cuando son aprovechados por los trabajadores dedicados a esos procesos que exigen un mayor lapso temporal. Así gastados, físicamente, son riquezas consumidas. Desde un punto de vista económico, sin embargo, no puede decirse que hayan desaparecido. Se han transformado, primero, en los productos intermedios del proceso que exige un período productivo más dilatado y, luego, en los bienes de consumo que son el fruto final del proceso en cuestión” ¡Chúpate esa!
FABRICIO.- En un sentido económico, Mauricio, los bienes de consumo acumulados para posterior uso son bienes de inversión lo mismo que los empleados para construir un galeón. Son inversión en el ser humano y se han transformado en él mismo y su capacidad productiva. Ya te he dicho que, económicamente, el ser humano es como una máquina: su consumo es en último extremo un consumo de energía, es decir, una inversión, ya que esa energía se utiliza para transformaciones diversas. Sin esa inversión básica no funcionaría ninguna otra. Ya sabes el lema de la Hansa: Navigare necesse est, vivere non est necesse. Es un gran lema, pero en el fondo inaplicable. Como dijo Stalin, el hombre es el capital más preciado.
MAURICIO.- ¡Gran economista Stalin, tío!
FELICIO.- ¿Pero vas a desmentir tú, un pobre aun si meritorio pastor, a alguien como Von Mises? ¡Has perdido la chaveta!
FABRICIO.- Ten en cuenta, honrado Felicio, que no somos unos pastores cualesquiera, somos pastores de Porriño, y eso marca una diferencia… Sigo: piensa en Robinson Crusoe. Quizá, movido por el hambre del primer momento, intente cazar pájaros a pedradas. Pero pronto se dará cuenta de que más le vale hacerse con un arco, o bien preparar trampas. Tú puedes decir: el tiempo que dedica a preparar esos bienes de capital tiene que detraerlo del tiempo y esfuerzo que dedique a comer. Pero no es verdad. Pongamos que, tras un largo esfuerzo, mata seis pajarillos a pedradas y se los come. Tiene todavía tiempo para construirse un arco o unas trampas o un arco. No puede pasarse el día comiendo pájaros, por muchos que cace. Con esto de la inversión pasa lo mismo: es preciso consumir la producción, sea como inversión inmediata para satisfacer el hambre sea como bienes de capital para satisfacer las necesidades con menos esfuerzo. Y es lo que realmente ocurre. En la sociedad, lo que hace Robinson él solo, lo hacen gentes muy diversas. Aquí, en nuestro Porriño, por ejemplo, nosotros dedicamos nuestro tiempo y esfuerzo a los animales, para conseguir carne, leche y lana, y otros se dedican a fabricar ordeñadoras mecánicas, medicinas para el ganado y todo eso. Ellos tienen que comprarnos lo nuestro y ellos lo suyo. ¿Dónde está el ahorro? Si nosotros ahorrásemos, ellos nos venderían menos trastos, y si ellos ahorran, nos comprarían menos leche y demás.
SULPICIO.- Pero vamos a ver, majadero, ¿cómo explicas que tanta gente, en lugar de gastar todo lo que gana, deje algo y lo meta en el banco o en una cuenta de ahorros? ¿Qué significa eso?
