Poder y religión / Un personaje secundario

Blog I: Por qué hay que superar el antifranquismo: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/por-que-hay-que-superar-antifranquismo-citas-20131105

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Poder y religión

El poder, incluso el más arbitrario y tiránico, se justifica implícita o explícitamente en la necesidad de orden social. Justificación esencialmente pragmática que, como tal, no  puede funcionar sin un sustrato más sutil y más firme al mismo tiempo, generalmente identificado como la justicia. Esta consiste en alguna forma de equilibrio entre las diversas tendencias e intereses sociales, y el poder ha de servir a ese equilibrio para ser aceptado y no suscitar  demasiada rebeldía. Tal equilibrio es por naturaleza inestable, ya que el peso o fuerza relativa de unos y otros intereses varía con el tiempo.

Obviamente, la desintegración social no podría contenerse si el ser humano estuviera dominado solo por las tendencias centrífugas de un individualismo ciego o un espíritu de partido exacerbado. Pero existen contratendencias como el sentimiento innato de la justicia, por más que este choque tan a menudo con el ímpetu de cada interés particular: en los conflictos, todos pretenden tener razón, esto es, tener la justicia de su lado.

La justicia no puede consistir, por tanto, en el mero orden o en  la mera voluntad o el capricho de quien o quienes ostentan el poder (pese a haberse teorizado el poder absoluto del monarca, en la monarquía francesa). A la justicia se la supone por encima de los intereses particulares, incluidos los de los poderosos. Estos tienen a menudo la tentación de imponerse con la fuerza, algo que suele provocar rebelión o bien resignación, pero nunca acuerdo o consentimiento real de la mayoría. Porque la idea de la justicia no nace de los intereses particulares ni siquiera de la conveniencia de poner orden entre ellos. Se trata de una idea religiosa. ¿En qué sentido es religiosa? En el de que resulta inaccesible a la mera razón. Esta puede discurrir tanto la justificación de un orden social mediante la imposición del más fuerte como mediante la imposición del mayor número o de otras maneras. Pero la justicia se presenta como una imposición de la divinidad (lo que también se ha llamado ley natural) por encima de las leyes elaboradas por el propio poder  (recuérdese, nuevamente, el conflicto de Antígona).

¿Y qué es la religión, en definitiva? Quizá ayude a entenderlo la siguiente consideración: la vida está llena de exigencias prácticas, cotidianas, rutinarias e indispensables para la supervivencia, en las que la razón y los conocimientos prácticos son siempre o casi siempre suficientes. La  religión apenas desempeña un papel en ellas, al menos aparentemente (un cocinero no piensa en Dios cuando prepara un plato, o un carpintero hace una mesa, o un empleado de banca maneja papeles, etc.). Pero en un plano más general, todas las actividades corrientes y particulares de cada uno se integran en un conjunto  enigmático y por ello angustioso, donde la razón y la habilidad práctica apenas sirven de algo. Con mayor o menor claridad, las personas intuyen su extraña condición: el mundo las ha traído a sí en el nacimiento,  las apega a él con la potente fuerza del instinto de conservación,  les otorga un período de lo que llamamos vida, más o menos largo,  más o menos feliz o  desdichado;  y finalmente las extingue, es decir, las mata, pese a haber suscitado en ellas el intenso deseo de permanecer vivas. ¿A qué responde todo ello? ¿Qué finalidad tiene?

Este destino lo compartimos con los animales, pero en el hombre hay algo más: la capacidad de pensar sobre su propio destino y sobre el mundo. Pues hay más: el propio mundo se ofrece al hombre como una multitud de impresiones caóticas y cambiantes, causa de innumerables engaños, errores, azares imprevisibles y peligros. Por tanto, le obliga a un gran esfuerzo por establecer algún sentido general que haga a ese mundo manejable por un lado y comprensible por otro. El conocimiento práctico, la experiencia y la técnica le permiten desenvolverse en la vida corriente, manejando parte de las cosas en función de la subsistencia;  pero la comprensión global no puede alcanzarse por las mismas vías. Al igual que en relación con nuestro destino, no hay modo de aclarar el problema con las mismas herramientas (la razón, la experiencia, la técnica) de que nos valemos para explicarnos cómo y para qué se cocina un plato, o se construye un puente o funciona la gravedad. Aquellas preguntas no tienen una respuesta con el mismo nivel de claridad, y la psique solo puede intentar responderlas con otras herramientas, como la intuición, la imaginación o la analogía. Y el resultado serían las religiones.

Así, cabe definir las religiones como respuestas a la angustiosa necesidad psíquica de encontrar un sentido al mundo y a la vida humana en él. Y de esa respuesta depende la justificación (la moral)  incluso de los actos normales de la vida diaria, que aparentemente no necesitarían otra explicación que la más banalmente práctica. Pues la religión, una vez establecida, “baña de sentido”, por así decir, a la actividad práctica y rutinaria de las personas, que de otro modo darían la impresión –tan frecuente aunque en general subterránea—de  esfuerzos absurdos.

De ahí, también, que un fenómeno tan decisivo socialmente como  el poder, siempre haya necesitado la religión como respaldo. No sé si cabe sostener que en todas las sociedades  han ido unidos religión y poder, pero me aventuro a creer que sí. Porque el poder, como decía al principio, no puede justificarse por sí mismo salvo en tiranías extremas y brutales, que dudo se hayan dado de forma tan desnuda.  ¿Ocurre lo mismo en las sociedades occidentales, que hoy presumen de su laicismo? Por supuesto, también ellas descansan en creencias indemostrables racionalmente, como la fe en la ciencia (de la que la inmensa mayoría tiene ideas muy sumarias y a menudo equivocadas), o en la capacidad humana para “decidir” su futuro y el sentido de su existencia, lo que solo puede sostenerse sin pensarlo mucho. Podría hablarse entonces de una religión laicista, cuya bondad superior  al cristianismo tradicional está por ver. En todo caso es uno de los grandes temas de nuestro tiempo.

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Un personaje secundario.

Cuando Paco decide pasar de anarquista a infiltrado en la CNT, contacta con Andrés, que dirige una pequeña red de la quinta columna. Alberto presenta a este Andrés como un obrero falangista (en la Falange, y contra la leyenda, la mayor parte de los militantes  era de procedencia trabajadora), antiguo ugetista y algo ingenuo. Andrés no sospecha de un comunista infiltrado, que ocasionará la caída de su red y la detención de su familia,  aparte de  anular los frutos del espionaje  de Alberto y de Paco sobre los padres de este.  El infiltrado sale poco y sin personalidad en la narración, porque Alberto y Paco lo tratan muy brevemente. También ellos lo consideran un ingenuo o un tonto fastidioso, pero no se ven afectados por la redada comunista, pues han tenido la precaución de trabajar con total independencia de Andrés, no por desconfiar de él, sino por  simple precaución que al propio Andrés le parecía excesiva, pero que agradecerá cuando le salven.

Andrés aparece como un personaje de trato difícil,  y cuando se entera de que su mujer ha sido detenida y sus hijos enviados a Rusia, se vuelve fanático y sediento de venganza. Carmen no simpatizará con él por esa razón, aunque Alberto lo acepta y siente cierta amistad o más bien camaradería, debido a los sacrificios compartidos.  El protagonista narra varios sucesos con  Andrés. Por ejemplo, en uno de ellos celebran haber escapado por los pelos de una emboscada tendida por Sabater, un policía del SIM  obsesionado con capturar a Paco.

“Nos adormilamos sentados de cualquier manera, vencidos por las emociones y el alcohol. Al entrar y vernos en tal estado, Carmen se asustó. Nos despabilamos, aún bajo el efecto del coñac, y la invitamos al vino y los pasteles.

–¿Qué os pasa? ¿Estáis en vuestros cabales?

–Celebramos tu vuelta al Ritz.

–Y algunas otras cosillas. ¿Se las contamos?

–No, hombre, no se vaya a impresionar

–¡Qué va! ¡Es una chica peleona! ¿Se come el mundo!

–Esto es inaudito. Estáis borrachos.  ¿No os da vergüenza?

La indignación de Carmen y la euforia etílica de los demás  cambian por completo cuando Paco  advierte: “ Estamos de fiesta y olvidamos a Mercè. ¡Qué le habrán hecho esos bestias para que descubriera el piso!”.  En aquel piso habían estado Andrés y Alberto a punto de ser  detenidos o muertos por  los hombres de Sabater.

En otra escena significativa  sorprenden a un grupo de chekistas que, al huir de Barcelona ante la llegada de los nacionales, se llevan a un grupo de prisioneros con el propósito de fusilarlos (la escena está inspirada en hechos reales, como  el asesinato colectivo del que se libró por milagro Sánchez Mazas, novelado en Soldados de Salamina, pero con final muy distinto en Gritos y golpes). En esta ocasión, los dos amigos y Andrés, vestidos con uniformes militares del enemigo,  consiguen sorprender a los chekistas  y aniquilarlos, liberando a los presos. Es su primer éxito real, aparte de las evasiones por los Pirineos. Algún crítico ha considerado el suceso inverosímil, pero no lo es. En las operaciones especiales  (comandos y demás) se dan acciones parecidas, una vez lograda la sorpresa.  Entre los presos liberados está la esposa de Andrés. Sabater es el jefe de los chekistas, y es capturado vivo. Confuso por los uniformes, les insulta y  amenaza con fusilarlos,  pero enseguida le hacen caer en la cuenta, y Paco, muy ufano se le da a conocer, jugando con él al gato y al ratón:

“–¿Qué crees que debemos hacer contigo? Dínoslo, Sabater. ¿Lo mismo que tú hiciste con Mercè, por ejemplo?”

Y sigue un diálogo entre irónico y amenazante que evidentemente debía terminar mal para Sabater, pero en esto se acerca Andrés:

“–¿A qué viene esa palabrería?  Démosle su merecido de una vez”.

Y sin más, quita al chekista u arma y lo mata con ella. A continuación, ordena: “Paco, vamos a buscar a los presos. Tú Gregorio (nombre de  guerra de Alberto), vigila a estos”

Y Alberto reflexiona. “No acostumbrábamos aceptar mandatos de nadie y me sorprendí a mí mismo obedeciendo; y no me sorprendió menos que Paco lo hiciera. Acaso porque las órdenes tenían sentido” Los dos se alejaron entre los muertos y heridos gimientes, cuyas armas recogían…”  Evidentemente, a pesar de todas sus experiencia y aventuras, seguía habiendo en los dos amigos un resto infantil, tan jóvenes eran.

Al registrar el cadáver de Sabater, le encuentran  joyas y dinero francés y español y la documentación  “Su fotografía con anteojos redondos y bigotillo le daba aire de señorito chulo. En otra posaba al lado de una mujer de aspecto corriente, su esposa, imaginamos, y en una tercera aparecían los dos, ella de pie y él en cuclillas pasando afectuosamente el brazo por los hombros de una chica sonriente de diez u once años, con rasgos de retraso mental.

–Debe de ser su hija.

–Qué vida habrá llevado este… este… ¡Bah! –comentó pensativo Paco. Parecía encontrar difícil insultarle”.

La victoria no traerá gran felicidad a Andrés. Sus hijos han desaparecido camino de Rusia,  y su mujer sufre trastornos mentales. Él mismo se convierte en un perseguidor implacable de los rojos  que no han logrado escapar de Barcelona.

Sucesos  y evoluciones parecidas hubo muchos por aquellos tiempos. Pero no me interesa destacar la mayor o menor verosimilitud del relato, sino  lo complicado de las motivaciones y actitudes de los personajes. Por ejemplo, un chekista se justificaba más o menos así: “Mi trabajo es menos lucido y menos glorioso que el de quienes combaten en el frente. Pero no es menos necesario, incluso lo es más”.

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La propiedad como elemento esencial del ser humano / Político en apuros

Blog I: Vileza y estupidez del antifranquismo: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/vileza-y-estupidez-antifranquismo-20131031

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Propiedad

La  propiedad se encuentra en los cimientos no solo de la economía, sino también de las ideologías, de la libertad, la igualdad o la fraternidad, por seguir  el lema –un tanto contradictorio—de la revolución francesa, del orden social, el comercio,  etc. En el marxismo tiene un papel clave la propiedad de los medios de producción,  cuyo paso de privados a colectivos aseguraría el paso a un feliz socialismo y luego comunismo. Y el capitalismo se caracterizaría esencialmente por la propiedad privada de dichos medios en un estadio avanzado de la historia.

Pero, en definitiva, ¿qué es la propiedad?  No me refiero a las distinciones legales de uso, disfrute o modos de adquisición, sino al fundamento de esas distinciones. Cuando alguien posee un campo, una casa, un instrumento, puede decirse que su poder se expande, y así, propiedad sería algo asimilable al poder de modo algo distinto del poder político (si bien este no deja de consistir en cierto derecho de propiedad, más o menos regulado, sobre la sociedad en general). Así, el poder sería la expresión del propio ser, de modo que la propiedad constituiría al ser humano y por extensión al ser vivo, incluso al ser en general. El ser es su propiedad o, mejor, sus propiedades,  es indiscernible de estas.

El aserto suena excesivo, como abuso del concepto usándolo en sentidos distintos: la propiedad del ácido sulfúrico para corroer ciertas sustancias no tiene en apariencia relación con  la propiedad de alguien sobre un terruño, un coche o un libro. Pero creo que hay un fondo igual, más visible si distinguimos propiedades internas y externas. Los animales tienen, como el ser humano, unas propiedades internas que lo configuran física y anímicamente. El individuo humano tiene también propiedades internas: es dueño de distintos grados de fortaleza, de inteligencia, de voluntad, y así no es una metáfora decir que Fulano posee gran capacidad de trabajo o una débil imaginación, o mucha labia, etc. Distinguimos al individuo, a su ser, por el conjunto de propiedades internas, y también por su capacidad para expandir su yo, su poder, apropiándose de partes del mundo físico en torno. La importancia de la propiedad externa es sentida con tal fuerza por los seres humanos, como prolongación de sí mismos, que no puede extrañar la larguísima y nutridísima historia de luchas, crímenes y esfuerzos por ordenar legalmente dicha propiedad externa. Tales conflictos han engendrado también esfuerzos éticos, a veces agónicos, por justificar tales propiedades y  por primar las propiedades internas, más difíciles de arrebatar,  sobre las externas, y en ello consiste al menos una gran parte de las prédicas morales.

Por lo que respecta a la economía, la propiedad, tanto externa como interna, es su misma base, pues sin ella no puede existir el comercio. La economía funciona con objetos o mercancías, físicos o no, así como con aptitudes (la fuerza de trabajo, la iniciativa, etc.). Sospecho que el comercio, por su propia dinámica, tiende a convertir en mercancía incluso las más íntimas propiedades internas, a la diversificación de la propiedad y a la concentración de esta –y por tanto del poder–. Y que si esta tendencia no encontrase  o resistencias de orden moral y político (y estas son también propiedades humanas), la propiedad económica terminaría cuasimonopolizada  por muy pocos poseedores, dejando a la mayoría de la sociedad en posición subordinada a los dueños de casi todo.

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Héroes de nuestro tiempo (5)

Tribulaciones de Pachuly

  Lionel Bravo, llamado también Pachuli o Pachuly  y, por sus enemigos Liante Brevas, andaba el otro día  preocupado por si fueran a sacarle a relucir sus relaciones íntimas con la Marypesca, como los periodistas solían hablar de una emprendedora concejala sorprendida en negocios supuestamente ilegales en unas urbanizaciones de la Costa Brava. Pachuly  estaba en campaña electoral y la cosa podía resultar poco agradable. Y hasta extremadamente desagradable. Ya había dado un corte, en debate televisivo, a alguien que había sugerido el problemilla, pero con estas cosas nunca se sabe. Hay por ahí gente con muy mala leche, sobre todo en la prensa.  Pachuly necesitaba pensar, y como solo podía hacerlo hablando para sí en voz alta,  había advertido al personal que no estaba para nadie, había  echado a la secretaria, y daba vueltas por su amplio despacho como los presos suelen hacerlo en sus celdas.  Le habían dicho que había gente capaz de espiar lo que se hablaba en las proximidades de un móvil aunque este estuviera apagado, así  había ocultado el suyo en lo más hondo del cajón más lleno de papeles. Sus  pasos resonaban sobre el suelo de  tarima,  porque el día anterior habían quitado las alfombras para limpiarlas. A  veces marcaba el paso con fuerza hasta el rincón más lejano de la puerta, se descalzaba, tomaba los zapatos en una mano  y, con movimientos sigilosos de pantera acercándose a su presa,  volvía a la puerta y la abría bruscamente, para comprobar si alguien le escuchaba. Era hombre precavido, a quien difícilmente cogerían  como a la Marypesca, si bien sus precauciones  interrumpían sus pensamientos, que a ratos se volvían inconexos.

“¡Es triste!  ¡Realmente triste, hoy no puedes fiarte ni de tu sombra!  ¡Ah, dura vida la de un político! ¡Mucho más de lo que la gentuza imagina! Si supieran cuánto tenemos que aguantar nos tendrían menos envidia. Cuando no te acechan los enemigos te  espían los de tu partido, y cuando no los periodistas, o cualquier mequetrefe, cualquier juez pelagatos puede darte el disgusto del siglo… ¡Nadie, menos mal! ¡Como pillara a alguno escuchando, se le cae el pelo! ¡Es que lo crujo!… Y es verdad, joder, ¿por qué esa presión? ¿Por qué esa vigilancia? Cualquiera diría que ser político es como ser un delincuente o qué sé yo… Dan ganas de dejarlo todo y… Pero no, claro que no,  yo me he trazado un camino. Pese a quien pese,  llegaré a jefe de gobierno autonómico, o quién sabe si… Después de todo, ¿qué son los ministros y los presidentes? ¡Unos mindundis! ¡Coño, que los conoces de cerca y es que te cagas, son unos cualquiera…! Si ellos han llegado tan alto, ¿por qué no yo…? ¿Acaso valgo menos que ellos? Porque yo seré una puta mierda, como dicen los del otro partido, pero anda que ellos… ¡Quiénes fueron a hablar…! Es la hostia este país, un país de mierda… No puedes fiarte de nadie…

“Pero ante todo, calma. Mantener la calma, eso es esencial. Veamos ¿qué puede pasar? No me va a pasar nada por poner los cuernos a mi mujer. Eso, está claro, si aquí eso es lo más natural del mundo, tira tú la primera piedra, si tienes huevos… Si alguno o alguna quisiera ponerse chulo con eso, ya me encargaría yo de sacarle sus guarrerías. No, coño, ya somos europeos, eso no va a ninguna parte, vaya bobada. En eso estamos mucho más avanzados que en América, es increíble, verdad, tantos años creyendo que en América estaban avanzadísimos, tanto presumir esos de democracia y qué sé yo, y mira tú, resulta que tienen todavía unos tabúes y unos… unos oscurantismos… que te dejan acojonado. No me gustaría vivir allí,  ir de turismo por unos días y basta.  Aquella vez que fui a Nueva York… Pero vamos, aquí se está mucho mejor, la gente está más liberada, digan lo que digan.  América, anda que no son chulos, los tíos…

“Pero vamos al grano, Mariano. Bien, por ahí no hay nada, tranquilo eso del sexo está ya muy superado, de acuerdo, pero ¿y la pasta? ¡Nos liberamos de  un tabú y caemos en otro! Porque, vamos a ver, ¿a qué viene esa obsesión neurótica por la pasta? ¡Y  los tipos de los medios, dale que te pego con la mamandurria por aquí, venga la mamandurria por allá, que si nos lo llevamos crudo o cocido… ¿No tendrán otra cosa de qué ocuparse esos degenerados?… ¡Y mira que los subvencionamos, y así nos lo agradecen!   ¡Cómo puedes tú servir así a tu país, al progreso, con esas moscas cojoneras siempre encima…! ¡La madre que los parió! ¿Es que no se dan cuenta de su responsabilidad? ¿De que un país no puede funcionar como es debido si sus representantes tienen que aguantar ese estrés enloquecedor?  ¿No tendrán un poco de compasión?  Después de todo,  ¿no somos los legítimos representantes democráticos? ¡Por lo menos debían tenernos algo de respeto, vamos, digo yo!… Si la  idiota Marypesca se ha dejado pillar… Bueno, pero a mí no va a pringarme, no le conviene. ¿O le conviene? La tía un buen polvo sí tiene, pero si es tonta o el juez la pincha… Tengo que mirar qué juez le ha tocado, advertir al presi del gobierno, a él tampoco le conviene para nada una escandalera ahora, precisamente. Aunque en el partido hay tanto buitre que solo está  al acecho para quitarte el puesto… ¡Qué asco, joder, qué asco! Y luego si te cae algún  juez chiflado de esos que no saben comportarse ni tienen respeto… Bueno, siempre los hay razonables, eso tengo que verlo con el presi… Porque respeto es lo mínimo que puede pedirse. Después de todo, nosotros, los representantes del pueblo, tenemos el deber de estimular la economía, y con los miserables sueldos que nos permiten… Porque, hay que joderse, resulta que gracias a nuestras gestiones, gracias a nosotros, esos tíos, los empresarios y ricachones, obtienen esto y lo otro, pueden forrarse, muchas veces habría que ver con qué chanchullos… ¿Por qué no habían ellos de apoyarnos, de contribuir a quienes les facilitamos los negocios, aseguramos el orden y el derecho, les aseguramos sus chanchullos, bueno, sus  ganancias… ¿Qué hay de malo en eso? ¡Ah, cuánto atraso! ¡Aquí todo el mundo puede sacarse una pasta gansa menos nosotros, por lo visto! ¡Pena de país!… Bueno, en fin, qué más da… Hablaré con el presi. Hablaré con la fulana de la oposición, a ella tampoco le convendrá airear demasiados trapos sucios, porque ¡anda que no los tienen ella y su partido! Ni una lavandería industrial se los limpiaría… ¡Rápido, despacio…! ¡Ajá, nadie! ¡Como pillara a alguno…! Bueno, la cosa está solucionada. Hablaré con todos los que haya que hablar, si somos todos razonables, no habrá problema”

 

 

 

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Divagaciones sobre la propiedad / ¿Puede reformarse la universidad?

Blog I: La era argentina http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/argentina-20131029#comments

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Divagaciones sobre la propiedad

Decíamos que, en líneas generales, la primera ley de la economía puede formularse así: los ingresos no debe ser inferiores a los gastos. Y que, en definitiva, la economía puede definirse como el estudio del comercio, en un sentido amplio. El comercio implica la mercancía, sea física o no, y todos los bienes escasos son susceptibles de convertirse en mercancía.  Podríamos decir que la economía es el estudio de la escasez, pero esta no implica el comercio, aunque lo permite e impulsa: la escasez ha terminado a menudo en hambre y muerte, por incapacidad de comerciar.

A su vez, el comercio implica tres elementos integrantes (al menos): propiedad, desigualdad y dinero. Y tres elementos actuantes: coste, necesidad o deseo, y  expectativa de ganancia.

Empecemos con los primeros. No existe comercio sin propiedad de alguna persona o grupo que le permita disponer de las mercancías. No existe comercio sin desigualdad, algo evidente. En cuanto al dinero, existe el comercio de trueque, pero solo en estadios muy primitivos. El dinero no parece haber sido inventado por nadie, sino que ha surgido de modo espontáneo en muchos lugares conforme  se hacían más frecuentes los intercambios y mayor la interdependencia entre personas y grupos.

La propiedad, como el poder, tiene una faceta algo oscura. De ahí las disquisiciones sobre su carácter y origen, hasta la idea anarquista de que, en el fondo, se trata de un robo. Y sin duda muchas propiedades  proceden de actos calificables de robo o piratería, o se han logrado con engaño o explotación de la necesidad ajena; como muchos poderes nacen de la imposición violenta. La historia está llena de tales episodios, y la mayoría de los pueblos se han impuesto en su zona actual desplazando o imponiéndose sobre otros en tiempos próximos o lejanos, es decir, conquistando por las armas su propiedad territorial. Es difícil decidir si esos, con su violencia,  son los orígenes necesarios de la propiedad y del poder, pero aun si lo fueren, ambos resultan piezas esenciales de la sociedad humana que la ley termina por regular, para evitar la disgregación social, sin conseguirlo nunca por completo. Cabe especular con que incluso en los tiempos más primitivos hubo una forma de propiedad individual (las armas de caza, por ejemplo, o el atuendo de cada uno) y otra colectiva (el territorio dominado por cada grupo). Tanto una como otra forma de propiedad han sido desde siempre objeto de querellas, choques y a menudo crímenes, componentes de la historia humana hasta nuestros días. Es inimaginable un comunismo primitivo en que toda la propiedad fuera realmente común, como  pretenden  teorías utópicas, o una “edad de oro” en que no existiese “tuyo y mío”, como soñaba Don Quijote. La causa de ello es la necesidad de cada persona y cada grupo de asegurar su supervivencia en un mundo de escasez. Sin alguna forma de propiedad, tanto el individuo como el grupo se ven abocados a la extinción.

Podemos pensar, sin embargo, en grupos autosuficientes, sin comercio exterior –como no sea la guerra–, aunque siempre habrá algún tipo de comercio interior relacionado con la desigualdad interna. Se darán canjes y no todos tendrán las mismas posesiones particulares ni, seguramente,  la misma retribución en el producto, en unos casos por diferencia de estatus (jefes, etc.) o por diferencias naturales (no come lo mismo una persona corpulenta que una delgada o, en general, un varón que una mujer).

La propiedad no existe en las sociedades animales, pero es indispensable en las humanas.  Y si bien tiene evidentes efectos económicos, no es propiamente una cualidad económica sino moral. La propiedad da a las personas y grupos la capacidad de actuar,  ante todo para sobrevivir, un objetivo moral e irracional o prerracional por su propia naturaleza. Es una forma de poder.

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 ¿Puede cambiar la enseñanza universitaria?

En otras civilizaciones ha habido instituciones parecidas a las universidades, pero en ninguna como la occidental han tenido tal empuje ni resultado tan cruciales para  el desarrollo intelectual. Cuando se fundaron las primeras en Europa, a partir del siglo XI, la cultura cristiana empezó a superar a la islámica, al menos hasta ahora,  y España en el siglo XIII (Palencia, Salamanca, Murcia, Valladolid) tomó definitivamente la delantera cultural sobre Al Ándalus. Las universidades han tenido épocas de declive, y en el Renacimiento lo más vivo e innovador partió de las escuelas y academias italianas. Posteriormente, la fructífera reorganización alemana del siglo XIX les ha dado básicamente la forma que tienen hoy en la mayoría de los países.

Por lo que respecta a la universidad española actual, el calificativo que mejor le conviene es “mediocre”, que no es lo mismo que mala. El nivel técnico de la universidad española es mediano, en algunos aspectos como la enseñanza empresarial y económica está a buen nivel. En lo que falla es sobre todo en la capacidad para innovar y teorizar. Hay muy buenos economistas, médicos, ingenieros y otros profesionales en España, pero las novedades y  teorizaciones vienen casi siempre de fuera. Se revela también, en el plano técnico, en las patentes, pocas comparadas con otros países, y a menudo nombradas en inglés, reflejo de la profunda crisis cultural del país.

Otros defectos de la universidad, el corporativismo, la cerrazón ideológica, los clanes departamentales, etc., han sido señalados muchas veces y es opinión corriente que la cosa no tiene remedio, porque las resistencias son feroces. Recuerda, a otro nivel, la resistencia al cambio en el siglo XVIII, que tanto entorpeció la cultura española.

Quizá, como en el Renacimiento o la Ilustración, sean precisas nuevas instituciones libres de la esclerosis académica, con otros enfoques que renueven el ambiente cultural. Aquí propuso alguien una iniciativa, un tanto parcial y que no iba a la raíz del problema, pero más vale que la inoperancia predominante:  http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/una-ensenanza-mejor-urssalemaniaanglosajones-maldad-usena-8630/

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Razón y moral / Aventuras e incertidumbres.

Blog I: Víctimas y estado de derecho / Ciudadanos, ¿izquierda civilizada? http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/victimas-y-derecho-izquierda-civilizada-20131027

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Razón y moral

El gran desafío con que se encuentra el pensamiento racionalista desde la Ilustración es el de cómo podría la razón fundamentar la  moral. ¿Es posible una moral racional (o científica)? Hasta ahora no ha sido posible, y creo que las razones no son simplemente de orden temporal, sino esencial.

Tradicionalmente, la moral se ha asentado en concepciones religiosas, como mandato de la divinidad. Así, tiene gran fuerza normativa y psicológicamente vinculante. Pero solo dirige a medias la conducta humana,  pues los actos contrarios a sus normas son frecuentes, es más, son constantes incluso entre  aquellos que las aceptan de grado y con plena intención de cumplirlas (a quienes por esos fallos suele tacharse de hipócritas). Precisamente  la frecuencia de  conductas llamadas inmorales o amorales (aunque estas  palabras sean inadecuadas), sin que obtengan el castigo supuestamente merecido, sino a menudo el éxito, argumenta contra la idea de su origen divino; además, la dificultad de cumplir tales normas sugiere la idea  de que las mismas no están adaptadas a la naturaleza humana. De ahí la búsqueda de una moral más “razonable”,  que permita cumplir sus normas de modo más natural.

Pero prescindir de la divinidad como origen de la moral tiene inconvenientes. Así, las normas han de basarse en convenciones sociales e invertir la evolución histórica: a partir de un momento, los hombres, en lugar de aceptar normas desde siempre identificadas con la religión, deciden dictárselas a sí mismos. Sin embargo, si algo caracteriza a las sociedades humanas es su profunda desigualdad y conflicto de intereses, por lo que resulta imposible un  acuerdo que armonice todas las tendencias, sentimientos e intereses. Siempre quedarán personas y grupos contrarios a convenciones ajenas. El acuerdo no puede ser general, sino solo, como mucho, mayoritario. Además,  las mayorías cambian, a veces con rapidez.

Por tanto,  la convención remite al poder, a la capacidad para imponer obediencia a las normas. En otras palabras, la moralidad es sustituida por la legalidad, por el derecho, y dotado con un poder coercitivo y violento inmediato, que trata de castigar inmediatamente a los infractores. Algo muy racional, muy distinto del castigo  sin fin en otro mundo prometido por el cristianismo. La legalidad tiende a extenderse a su vez  a todos los ámbitos de la conducta humana, reglamentándolos totalitariamente.  Esto también es muy racional, mientras que la defensa del individuo frente a ese poder se apoya más en el sentimiento que en la razón, y en el caso occidental, en conceptos de origen cristiano. Las leyes, a su vez, pueden considerarse justas o injustas, sin que el criterio de la mayoría implique necesariamente mayor justicia. Para escapar a estos dilemas se ha procurado eludir conceptos tachados de metafísicos, como el de la justicia, y se han  diseñado métodos para que  las normas legales puedan juzgarse legítimas, una de las cuales es la mayoría después de un debate social. Estos debates ya se sabe cómo terminan, porque no solo  entran en ellos intereses a menudo imprecisos, sino también  grados muy diferentes de inteligencia y de buena fe.  Por ello las discusiones suelen correr a cargo de pocas personas a las que se atribuye representatividad. Diversos teóricos han querido ver  la ley positiva como autosuficiente, pero leyes como las nacionalsocialistas de Núremberg, promulgadas con los requisitos legales (o la ley de memoria histórica, en España), prueban que, aunque se quiera prescindir  del concepto de justo e injusto, este permanece como referencia  no racional, es decir, anterior a la razón (la idea de unos derechos naturales)

El conflicto queda ilustrado en la Antígona, de Sófocles. Se la ha interpretado como un conflicto por el paso del derecho consuetudinario al positivo, pero el problema es más profundo: el conflicto entre las “leyes no escritas e inmutables de los dioses”,  y las de los hombres, dictadas por  la conveniencia y por un poder nunca suficientemente justificado. Dos concepciones del derecho y de la moral: la razón puede oponerse a una justicia más profunda.

No sé si la división freudiana entre el ello, el yo y el superyó tiene interés al respecto. El yo, que podemos equiparar a la razón (aunque no solo), viene a ser un islote emergente en el mar de lo inconsciente, en última instancia lo biológico. El superyó se compondría de convenciones sociales, represoras, ya que la sociedad se descompondría si el yo se guiase exclusivamente por sus apetencias más instintivas. Pero  eso  termina en un círculo vicioso. La idea hasta cierto punto análoga de supraconsciente en Paul Diel, tendría cierta similitud con el inconsciente: también sería  una instancia irracional, fuente de las que llamamos creaciones culturales superiores.

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Alberto presiente que no saldrían con vida del atentado contra Companys, y su temor casi se cumple. Se vuelcan entonces en el espionaje a los padres de Paco, con la esperanza de  obtener informaciones que alertasen a los anarquistas de los planes comunistas para desplazarlos. Tampoco tendrán éxito, porque, como averiguarán mucho más tarde, la policía política  izquierdista se había infiltrado en la Quinta Columna. En realidad todos sus empeños  van a salirles fallidos, excepto uno, en el que además ganarán bastante dinero: el paso de personas perseguidas a través de los Pirineos.  Con esa ocasión, Alberto está próximo a averiguar la verdad sobre su origen, al constatar la indiferencia, casi hostilidad de su abuelo, Ricard, cuya falta de entusiasmo al reencontrar a Alberto sorprende a Paco. Pero  el nieto es lo bastante ingenuo para seguir atribuyendo la acritud de Ricard a causas más aceptables para su tranquilidad anímica, concretamente al matrimonio desigual de su padre con una andaluza de origen proletario. Por contra, el abuelo se echa a llorar desconsolado al conocer la muerte de su hijo Josep, el padre de Alberto. Este “habría querido abrazarle, pero algo en su actitud me retrajo”.  

   Paco trata de informarle de sus propósitos de establecer una ruta  de escape para los perseguidos.  Ricard le replica airado: “¿Y a mí qué más me da todo eso? ¿Qué me importan esas… esas jodidas políticas ahora que Josep está muerto y quien sabe si  Narcís también?”  Para él, la culpa de todo la tenían “esos malditos militares”, por sublevarse. Es un campesino  viejo, aún fuerte, viudo desde hacía poco, desconfiado y avaricioso. Solo se vuelve más tratable cuando le ofrecen  parte en la ganancia esperada. Un cambio que al cabo le costará la vida.

  Conviene saber que por entonces existían varias redes para trasladar a Francia a empresarios, curas o simplemente católicos en peligro. Algunas las organizaba la Quinta Columna;  otras las montaban  particulares exclusivamente por el dinero, y algunos realmente ganaron grandes sumas; y también la policía contribuía con falsos grupos para engañar y capturar  a “fascistas”.  La empresa era sumamente peligrosa por la estrecha vigilancia de los carabineros, un cuerpo especialmente duro creado por Negrín.  En el paso de los Pirineos murió bastante gente, otros se perdían y volvían a España sin darse cuenta, o eran engañados por lugareños.  

   Pero, como dije, en contraste con sus deprimentes fracasos anteriores, Alberto y Paco van a tener en su nueva empresa un éxito redondo, y Paco un nuevo amorío con una tabernera francesa.  Esta actividad causa gran placer al protagonista, al contrario que sus actividades anteriores: “Recuerdo ahora aquellos meses entre los más felices de mi vida. El esfuerzo físico me tonificaba, la aventura y el riesgo me excitaban, y me serenaba la magia de las noches, claras u oscuras, calmas o tormentosas, los chillidos misteriosos de las aves nocturnas, los rumores furtivos, el drama presentido de la caza entre animales en la tiniebla, los espíritus. Y el primitivismo de dormir entre el oloroso heno, de bañarme, en verano, en las corrientes de agua; la camaradería, las bromas con nuestros fugitivos si no iban demasiado cansados o amedrentados…”. Al revés que  el pesado y sombrío ambiente de la ciudad. Entiende el campo como una liberación.

   Aun así, siempre dubitativo, observa a su amigo: “El mundo se ríe de nuestros esfuerzos… A veces no encuentro sentido a lo que hacemos. Mira estas montañas y valles, esta inmensidad de tierra, la gente que vive por ahí y al otro lado de la frontera… ¿Qué puede importarles a ellos y a la tierra lo que hagamos?”.

   Obviamente, a Alberto le atrae la aventura,  en parte para escapar de sí mismo, pero nunca logra escapar a una vaga sensación de irrealidad y sinsentido. Esto da a sus andanzas  un rasgo inhabitual, literariamente,  en el relato que hace de sus andanzas.   

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¿Del mito al logos? / Héroes de nuestro tiempo

 

¿Del mito al logos?

Ha hecho fortuna el tópico que explica el nacimiento de la filosofía como el paso del pensamiento mítico al pensamiento racional, es decir, de un mundo por así decir mágico o religioso al mundo de la lógica y la razón. Un paso decisivo, del que sería hijo tardío el pensamiento científico, aunque este comenzara también en Grecia. Así, la historia podría interpretarse como una evolución desde las tinieblas de la ignorancia fantasiosa hacia el pensamiento racional, que progresivamente relegaría a aquella  hasta presumiblemente extinguirla y alumbrar un tipo humano guiado solo por las luces de la razón: el animal plenamente racional. Esta idea, con unos u otros matices o concesiones,  ha cundido a partir de la Ilustración y no ha dejado de desarrollarse y dar lugar a grandes experiencias históricas en el siglo XX y en la actualidad.

Sin embargo, la cuestión parece más complicada. En primer lugar está claro que una gran parte de la actividad intelectual humana sigue otros caminos que el del cálculo racional.  Así la literatura y el arte, elementos tan esenciales de la cultura. La filiación del arte con el mito, con el pensamiento mítico, es evidente y apenas merece discusión.

Pero ¿existe oposición, a su vez, entre el mito y la razón o la ciencia? El pensamiento mítico trata de dar cuenta del mundo y del destino humano a través de imágenes, intuiciones y analogías, y cabe encontrar una racionalidad bajo sus expresiones fantásticas –aunque no rara vez alucinatorias–. Quiero decir que la oposición entre imaginación y razón es solo relativa. Pero, por otra parte,  bajo la racionalidad o la ciencia se encuentra también un impulso e imaginería no calculables, no racionales. El impulso a razonar tiene un carácter vital, no racional, asimilable en el ser humano al instinto. La razón ha concebido, además,  pensamientos  antirracionalistas o contrarios a alguna forma de la razón. (dar primacía al sentimiento implica también un ejercicio razonante). Y la finalidad de ese esfuerzo es asimismo irracional: razonamos para entender y de diversos modos mejorar nuestra situación, nuestro destino. Pero no hay ninguna “razón”, ningún cálculo racional que justifique esos fines. La razón puede intentar justificar alguna clase de ética o de finalidad  del esfuerzo vital, pero con la misma facilidad,  incluso con mayor facilidad,  puede concluir que la vida humana no merece la pena.

En otras palabras, el logos se ejerce en función de algo que no es racional: por un impulso ajeno a la razón y por un concepto de conveniencia humana (felicidad o como quiera llamársele), ya se la considere individual o social. Y el mito, la religión, expresa una especie de razonamiento imaginario allí donde el logos no llega. En fin, más que evolución del mito al logos encontramos transformaciones del pensamiento mítico, por una parte como pensamiento racional y como otra como elaboración artística.

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Apuntes del natural (o héroes de nuestro tiempo)

Con la Silvia tuve yo un rollo… Duró poco tiempo, eso sí…  Me acuerdo del entierro de su marido, o el funeral, o lo que fuera, bueno, yo iba con ella, disimulando, claro, como amigos, ya sabes. Yo iba tan fumao  que casi no me enteraba, y allí salieron unos tíos, de Comisiones Obreras o de UGT,  yo no las distingo bien, bueno, que si los derechos de los trabajadores y tal,  eso está muy bien, y allí estaban, ya te digo, soltando rollos sobre el muerto, que si era un tío cojonudo, que un educador de la juventud, un tío de ideas, ya sabes, de esos que dicen lo que hay que estudiar y lo que no, y cómo hacerlo y todas esas cosas, y la libertad y todo eso… A mí no me parece mal, esa gente, un poco peñazos pero ya se sabe, no todo va a ser  juerga en esta vida… y me dio un poco de mal rollo pensar que le había estado poniendo los cuernos… La Silvia estaba a mi lado, con cara seria, como si estuviera afectada, no te digo que no lo estuviera, eh, que en estas cosas, joder, si te mueres la cosa es seria y te da que pensar… Y los otros venga y dale, que el muerto era cojonudo y tal, me acuerdo que lo compararon con este… ¿cómo se llama? Sí, hombre, el tío aquel que fusilaron los fachas, uno de esos… ¿pedagogos, dices? Sí, “educador del pueblo”, un tío guay, algo de eso leí luego en el periódico…  si lo fusilaron sería por eso, porque los fachas, qué vas a esperar… Sí, coño, el Guardia… ¡Eso!, Ferrer Guardia. Pues que si  el maromo de Silvia había alumbrado no sé qué para la sociedad y para la juventud, que era comunista y cuando estaba Franco lo habían arrestado por luchar por la libertad, por la democracia y tal y cual… Y yo, qué quieres que te diga, por un lado me partía de risa… por dentro, claro, no iba a reírme en el funeral o lo que fuera, pero me partía, coño,  pensando que me estaba tirando a la mujer de un tío tan importante… Hasta iban a montar una fundación… ¿se dice así? Una fundación con su nombre, los de Comisiones, o los de UGT, bueno, da igual quienes fueran, pero un tío de la hostia, ya te digo. Y sí, es verdad, al mismo tiempo me daba… no sé cómo decirlo… me daba pena haberle gastado aquella putada, pero claro, la chica no estaba mal, y además si a ella le parecía bien, pues yo qué iba a hacerle.

   Luego fuimos a su casa, y ella dijo. “Ahora va a haber que tirar toda esa ropa”,  la ropa del maromo, que estaba en un par de armarios, y yo le dije: “Oye, ¿no se puede vender y sacar unas perras? Algunas cosas parecen nuevas. Joder, me quedan pequeñas, que si no yo me las pondría”, aunque me daba un poco de reparo ponerme las cosas de un muerto. Pero ella dijo que por la ropa usada no te daban nada, así que tirarla o regalarla. Y se puso a revolver en un cajón y sacar gayumbos, calcetines y qué sé yo, y al agarrar el lío le saltan de debajo unos sobres con un montón de fotos. Las fotos se desparraman y ¿a que no te imaginas…? Eran chavalitas, joder, niñas medio desnudas o desnudas,  poniendo poses, coño, como las putas esas publicitarias y ese rollo. Y yo me las quedo mirando y le digo: “¿Eso qué es?”. Y ella me dice: “Es que no lo ves?” Y me contó la vaina, por lo visto el marido llevaba a algunas alumnas suyas a casa y organizaba desfiles de modelos cuando ella, la Silvia, quiero decir, estaba trabajando, ella también daba clases a otras hora. Y seguramente se tiraba a más de una. Alucinante, tío, me quedé viendo visiones. Le dije, “¿Tú ya lo sabías? ¿Y cómo te enteraste?” Pues se había enterado,  bueno,  es de cajón, tío, esas cosas siempre se terminan sabiendo, y más las mujeres. Y le pregunté otra vez, “¿Y los fulanos aquellos del entierro y de la fundación también lo sabían?” Eso ella ya no lo sabía,  a lo mejor lo sabían y a lo mejor no. Pero le daba igual, dijo que eran unos cabrones de mucho cuidado, unos hijoputas. O sea, que el maromo era… eso, un pederasta, como los curas esos que dicen… Pero no era maricón, yo  tenía idea de que eran además maricones, pero se ve que no. Y Silvia dijo que lo que iba a hacer era sacar de casa todas las cosas del marido. A lo mejor la fundación quería quedárselas, con su pan se las comieran, dijo, y si no, a la basura. A ella le daba asco, ¿entiendes?,  llevaban como cinco años casados, se habían casado pronto y el tío había cogido un cáncer o no sé qué… Bueno, qué más te voy a contar… Le dije si le apetecía echar un polvo, ella dijo que no, así que tuve que ponerme pesado, ya comprendes, hasta que…  Sí, a partir de entonces ya no nos llevamos bien, teníamos riñas y yo me lié con la Jeny… No, no guardo mal recuerdo de ella, era como culta y me contaba cosas de esas, como de cultura y tal, a mí me aburrían, pero le agradecía la intención. No sé qué ha sido de ella, no he vuelto a verla…

 (basado en hechos reales)

 

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