Cultura (II) ¿Animal racional, moral o religioso? Excursiones arqueológicas.

Blog gaceta.es: Síntesis del problema de Gibraltar / ¿Ambigüedad ante el nazismo?

******************************

Decía que la cultura tenía contenido religioso, moral, político y económico, cada aspecto muy interrelacionado. Obviamente, ahí entra también el arte. Pero importa saber si cada uno de esos aspectos es básicamente autónomo y simultáneo, o hay alguno más fundamental que de algún modo impulse a los demás. Ello tiene relación con la definición del hombre.  Siguiendo a Aristóteles, el hombre suele definirse como “animal racional” o, sobre la misma idea, como “animal técnico”. Las definiciones suelen hacerse situando lo definido en un ámbito más amplio (en este caso la animalidad) y señalando el rasgo o rasgos que lo diferencian dentro de ese ámbito. Dentro de los animales, al hombre le caracterizaría la razón. Esta podría definirse como la capacidad para la especulación guiada por la lógica, sea para alcanzar principios generales, para ordenar la experiencia o para definir fines y medios de la acción práctica. La razón está relacionada, por tanto, con las capacidades de sentir, imaginar, prever y calcular.

Ahora bien, la razón está naturalmente subordinada a la moral, que baña toda la actividad humana y la distingue de los animales aún más radicalmente que la razón. En los animales superiores percibimos cierta capacidad de razón práctica en algunas de sus reacciones, pero su conducta se guía por el instinto, subsistente pero muy debilitado en el hombre. Este solo puede subsistir en sociedades muy diferentes de las animales, lo que comporta relaciones muy varias y complicadas, a menudo conflictivas y de contenido esencialmente moral, sin las cuales no podría organizarse para sobrevivir. Se supone que los productos de la razón, al menos a su nivel más alto, no deben contradecir  la moral aceptada, aunque vemos constantemente cómo existe oposición entre ambas. Hay una profunda racionalidad en doctrinas como el marxismo, el fascismo, el nazismo, pero si hoy tendemos a descartar tales doctrinas lo hacemos ante todo por consideraciones morales  que van más allá del utilitarismo y que se apoyan en la experiencia, la principal de ellas es la oposición entre dichas doctrinas y lo que consideramos bienestar y libertad humanos. El mito del Génesis alude probablemente al paso del instinto a la esfera de la moral, que constituye al hombre por encima de la técnica o de la razón, no solo de la instrumental.

Una esfera que, por otra parte, dista de ser tranquilizadora, porque  los principios morales son difíciles de definir, a menudo cambian de aspecto, son traicionados o surgen ideas contrarias que pretenden justificarse por su valor moral. Gran parte del esfuerzo intelectual del hombre se ha desarrollado en la búsqueda de principios que permitan una conducta clara y precisa, sin las variaciones y choques que encontramos en la realidad, una aspiración que nunca llega a su fin. Un ejemplo elaborado de esos principios son los Diez Mandamientos, mandatos imperativos, por tanto no racionales,  atribuidos a Dios… y constantemente vulnerados por su pueblo elegido, que solía considerar como “perros” a los gentiles.

Con el desarrollo de la ciencia y del racionalismo, se han hecho grandes esfuerzos por establecer una moral racional e incluso científica, pero no han tenido éxito hasta ahora, ni parece probable que lo tengan. El “mandamiento de Dios” tiene sin duda más autoridad que el de algunos hombres, sean estos muchos o pocos, y la moral no puede decidirse por una decisión “democrática” de mayorías.

La moral, por lo tanto, depende de la religión. Por ello, si definiésemos al hombre como el animal religioso, quizá estaríamos más acertados que definiéndolo como animal racional o incluso animal moral. La religión, por primaria que sea, ha sido lo primero en las sociedades y ello indica, precisamente, que es un factor más fundamental y constitutivo que los desarrollos posteriores de la razón.  Claro que esto exige una fundamentación más detenida y un mayor análisis de la irreligiosidad aparente de las actuales sociedades europeas.

*****************************

Recuerdos eueltos: Excursiones arqueológicas

 Durante varios años, hasta hace catorce, solía ir con mi mujer, Lola, a la Alcarria de Cuenca, en busca de yacimientos arqueológicos de la época celtibérica. Viajábamos en su coche, un R-6 de segunda mano ya viejo por entonces, pero de buena conducta. Algunas veces nos acompañaba una amiga suya, Margarita, arqueóloga también. Me viene al recuerdo, con especial agrado, la escena de una mañana de lluvia en un paisaje verde, cerrado por nubes bajas, como ajeno a la civilización, y Margarita y yo empujando el coche en un camino embarrado, cuesta arriba. Lola conducía, pues yo nunca aprendí, en parte por desidia, en parte porque hasta hace poco la compra de un coche, incluso de segunda mano, desbordaba mis, digamos, recursos financieros.

¡Ah, qué placer romper con la rutina de la semana y ponerse en marcha! Parábamos un poco en Tarancón a tomar un café, y luego nos apartábamos de la carretera principal, más tarde autovía, por los solitarios campos de Cuenca. Algunas veces nos desviamos hacia las ruinas de las ciudades romanas de Segóbriga, Valeria o Ercávica, testimonios de la importancia de la actual provincia en aquellos tiempos. Pero el objeto de nuestras excursiones era casi siempre las más modestas cuencas de los ríos (más bien riachuelos) Mayor, Guadamejud, arroyo de Valdevicente… donde prospectábamos en busca de mínimos restos de poblados preshistóricos, mayormente celtíberos y de la Edad del Bronce.

Antes de emprender la feliz, si bien esforzada y paciente, labor nos deteníamos en Huete, última población de cierta importancia, a acumular fuerzas en el bar Chibuso, junto a la carretera. Después entrábamos en otro mundo: muy pocos coches por las carreterillas y escasos pueblos, como perdidos en el tiempo: Cañaveras, Cañaveruelas, Valdecolmenas de Arriba y de Abajo, Culebras, Valdecabras, Gascueña… Grajos parados en la baranda de un puente, arroyos entre cañaverales o chopos, serpenteando por vallecillos, verdes hasta el verano, con sus cultivos ralos de cereales o girasol; cerros de yesos y areniscas, a veces arados o con pequeños bosques de pinos, cipreses sueltos, encinas; más a menudo cerros yermos, blanquecinos, con romero y otras plantas aromáticas entre sus piedras.

Desde el coche buscábamos con la mirada lugares prometedores de yacimientos, por lo general leves elevaciones no lejanas del agua, de tierra más oscura y hierba más espesa por la acumulación de desechos orgánicos durante generaciones. Dejábamos el vehículo junto a la carretera o en algún camino y subíamos andando por las colinas, mirando cuidadosamente al suelo, en busca de trozos de cerámica, por lo común muy pequeños.

Antes los habría tomado por pedazos de platos o botijos que se hubieran roto a campesinos. Los mejores mostraban las rojizas e inconfundibles decoraciones geométricas ibéricas. También aparecía, más raramente, terra sigillata, hierros mínimos y muy oxidados, sílex, cerámica vidriada de origen árabe; o muretes casi irreconocibles, desmoronadas obras de defensa… En los poblados, muy reducidos, habrían vivido unas decenas o unas centenas de personas. Nada parecido a una nueva Troya, y, con todo, el asombro de sentir, a través de esas huellas mínimas en aquellos parajes perdidos, la presencia de gentes y formas de vida, de temores y alegrías disueltos hace tantos siglos.

Alcanzábamos con fatiga lugares de apariencia prometedora, pero vacíos de restos, mientras otros, en principio improbables, ocultaban yacimientos de interés; y así nos pasábamos la mañana subiendo y bajando montes. Parábamos para comer unos bocadillos bajo el cálido o el frío cielo, o nos acercábamos a yantar a un pueblo, en algún bar o restaurante. Por la tarde continuábamos la tarea.

Probablemente, en aquella lejana época, 2.500 años atrás, no llovía por la Alcarria conquense más que ahora, es decir, poco, y el paisaje debía de parecerse al actual. Había poblados en los montes y también en los valles, quizá testimonio de épocas distintas, más pacíficas las de poblamiento en valle, más inseguras las del monte. ¿Cómo pasarían la vida y qué pensarían de ella? ¿Tendrían mucha relación con el exterior? Quizá de vez en cuando llegaran reclutadores de mercenarios, para los ejércitos cartagineses, por ejemplo, y algunos jóvenes aventureros viajaran a África o a Italia, lugares muy lejanos para los medios de la época, y volvieran, si sobrevivían, para deslumbrar con historias fantásticas a sus paisanos más sedentarios, inflamando la imaginación de unos y suscitando las burlas de otros. Llegarían mercaderes ofreciendo productos exóticos a los pudientes. Quién sabe si algún lugar por donde hoy transitamos indiferentes, ciegos a su contenido temporal, si así cabe hablar, fue escenario de algún hecho extraordinario. En algunos yacimientos había restos de muro y cenizas: tal vez sufrieran un día asalto y quema, y esclavitud los supervivientes.

El objetivo de Lola y Margarita consistía en un “Estudio macroespacial del poblamiento de la cuenca del río Guadamejud durante la Segunda Edad del Hierro”, y otros semejantes. Pude enterarme, no sin cierto pasmo, de que muchos arqueólogos empleaban una “metodología marxista”. Marx estableció una hipótesis apropiada, a su entender, y luego al entender de tanta gente más, para explicar el destino humano; pero se molestó en ponerla a prueba –haciendo algunas trampas– aplicándola al estudio de la sociedad de su tiempo, acerca de la cual dispuso de una información amplísima. Procedió, hasta cierto punto, como un científico… y su hipótesis resultó falsa de arriba abajo, lo cual ocurre muy a menudo en la ciencia, y probablemente él lo comprendió hacia el final de su vida.

Una buena hipótesis debe tener coherencia interna, y el marxismo parecía tenerla, de ahí su atractivo; pero su valor no depende de tal coherencia, sino de su capacidad para explicar los hechos. La mayoría de las hipótesis científicas, si bien terminan desechadas al contrastarlas con la realidad, no dejan de ser fructíferas, pues permiten rectificar la orientación investigatoria. En cambio, tomar una hipótesis demostradamente falsa para aplicarla a épocas semivacías de información tiene muy poco de científico. Si bien no deja de ofrecer ventajas: cuantos menos datos, más fácil la especulación. ¡La cantidad de libros, ponencias, artículos y estudios divagatorios que se habrán elaborado con tales metodologías, máxime si fluye generoso el dinero público!

Ya entonces empezaba a ponerse de moda la arqueología feminista, en algún modo una variedad del marxismo, con floración de congresos internacionales, encuentros de especialistas, publicaciones y lucubraciones pintorescamente técnicas sobre “géneros”, “roles” y lo que caiga, en el neolítico y hasta en el paleolítico. Si se entretienen y encima ganan algo, nada que objetar.

Un atardecer llegamos Lola y yo a un yacimiento en la cumbre de un monte bastante alto. Estaba dividido en dos partes separadas por un muro. Desde una de ellas, ligeramente más elevada, acaso una pequeña ciudadela, veíamos teñirse el horizonte al fondo de un paisaje vasto y ondulado, deshabitado salvo por las casas de un pequeño pueblecillo medio perdido entre los altibajos del terreno. La escena provocaba ese sentimiento intenso y a la vez inconcreto de lo sagrado, nacido, posiblemente, de la percepción de nuestra dependencia con respecto a fuerzas incomensurables: aquella extraña bola ígnea que un día y otro, sin descanso, se alza por un extremo de la tierra, disipando las tinieblas, y al cabo de unas horas incendia los aires mientras se oculta por el lado contrario. Notamos oscuramente la insignificancia de nuestras vidas ante tales fuerzas, a quienes debemos la existencia sin saber cuáles son sus intenciones con respecto a nosotros…

La visión de la naturaleza en la soledad, fuera del ajetreo urbano, del roce continuo con los demás y las absorbentes preocupaciones diarias, nos infunde sentimientos extraños. El descreído entiende a Ladislaus Almásy, un explorador del Sáhara:

Amo el desierto… La infinitud purifica el cuerpo y el alma. El ser humano siente la proximidad del Creador y no hay nada que pueda apartarlo de este conocimiento. La fe en un Ser superior a nosotros y, al mismo tiempo, la sumisión a nuestro destino humano, se apoderan de nosotros“.

A muchos ha llamado la atención que las tres religiones monoteístas hayan nacido en las proximidades del desierto.

¿Cómo sentirían los primitivos estas escenas, qué repercusión tendrían en sus vidas, y a través de qué mecanismos mentales? Lola y yo pensamos entonces hacer un documental sobre arqueología, utilizando como entrada alguna puesta de sol en aquel lugar, para transmitir ese sentimiento de lo sagrado y tratar de explicar, o al menos describir a partir de él, la vida en la Antigüedad. Después de todo, en la contemplación de la naturaleza y de la vida humana debe de encontrarse el origen de la religiosidad, y ésta alguna influencia ha tenido en la historia humana. Apenas preciso decir que el proyecto, como tantos otros, quedó en eso.

 

Creado en presente y pasado | 169 Comentarios

Gibraltar y la ETA. Tenaza contra España.

Los versos de Fray Josepho, siempre ingeniosos y bien medidos, deberían tener mucha más  difusión de la que tienen. Cada lector puede difundirlos por su cuenta, merece mucho la pena.

*********************

El caso de Gibraltar tiene bastantes analogías con el de la ETA. En ambos se trata del enquistamiento de un tumor antiespañol protegido especialmente por la izquierda y con intervención extranjera. La ETA, con toda probabilidad habría desaparecido ya en el franquismo si no hubiera dispuesto del “santuario” francés y de la colaboración de los antifranquistas. Después, una vez clarificado en la transición que la ETA no iba a dejar sus hábitos, en lugar de tratarla como la organización de asesinos profesionales que en el fondo es, lo fue como un grupo político al que debía buscarse una salida acorde. Aunque esta deriva nefasta fue comenzada con Suárez, la incrementó al máximo el PSOE con Felipe González, aun si en un momento determinado creó el GAL, mientras seguía con la salida política,  ambos contrarios al estado de derecho. Sin embargo, la ETA siempre siguió siendo un grupo socialista, antifranquista y antiespañol (no es que el PSOE sea esto último abiertamente, pero tampoco le importa mucho el asunto),  de grandes afinidades con aquel gobierno. Y con Zapatero, la colaboración con los asesinos alcanzó su máximo (el PSOE tiene su propio historial terrorista, no debe olvidarse).

Algo semejante ocurrió con Gibraltar: en tiempos de Franco, la colonia se veía acosada por el cierre de la verja y convertida en una carga cada vez más pesada para una Inglaterra en decadencia. Suárez, en esto, mantuvo la situación, aunque otro anglómano lamentable, Leopoldo Calvo Sotelo, quiso meternos en la OTAN por las buenas, sin advertir que ello podría ser una buena oportunidad para presionar a Usa y a Inglaterra sobre el fin de la colonia. Tuvo que llegar Felipe González para abrir la verja y entrar en la OTAN  sin contraprestación alguna, convirtiendo la colonia en un espléndido negocio para Londres y para los llanitos. En ese negocio entran todo tipo de tráficos ilícitos y perjudiciales para España, algo así como cuando los británicos convirtieron Hong Kong en la sede de los negocios del opio contra China.  Aznar, convertido a la anglomanía, tampoco hizo nada al respecto, aunque las vulneraciones e insolencias de la colonia sobrepasaban al problema de Perejil. Posteriormente, Zapatero, con el Moratinos y la Trini, y como en relación con la ETA, llevó la sumisión a la colonia a límites de auténtica traición.

Ahora parece que el gobierno está tomando algunas medidas. Creo que entre ellas debería haber una advertencia clara del cierre de la verja, a fin de que  los cientos de españoles que trabajan para los llanitos tengan tiempo para ir buscando otros trabajos si fuera preciso. En todo caso, por lamentable que resulte, el posible desempleo de unos cientos de personas no pesa demasiado cuando el país soporta casi seis millones de parados.  Aunque, por supuesto, para los anglómanos serán mucho más importantes esos cientos que los cerca de seis millones restantes. En realidad, no les importan unos u otros, solo lamentan el posible perjuicio para Inglaterra, a la que adoran lacayunamente.

***********************

Tenaza contra España.

Desde hace bastantes años, España y su democracia –alcanzada por evolución interna y no por intervención exterior como casi todo el resto de Europa— sufren el acoso de la alianza izquierdista-separatista, cuyos puntos de contacto ideológico he explicado reiteradamente.  Mucha gente cree, que, de un modo u otro, el PP defiende a España y su cultura, pero no es así. Por una parte, sigue apoyando y subvencionando la cultureta titiritera, uno de cuyos rasgos definitorios es, precisamente, la corrosión constante de todo lo que España signifique o haya significado en la historia. Y mucho más grave aún resulta su anglomanía, que podría resumirse en lo siguiente: “defendemos a España siempre que se anglosajonice”.  Y colaboran al proceso con entusiasmo digno de mejor causa. No es solo Hope Aguirry, por supuesto.

Así, entre la izquierda y la derecha forman una tenaza con un objetivo común, manifiesto o implícito: el desgarramiento de España unos,  la disolución de la nación en “Europa” y la cultura anglosajona los otros. Que el país haya soportado la mordida de esa tenaza durante tantos años indica que la sustancia nacional y cultural de España es realmente sólida. Pero si no hay una reacción consciente, viva y clara, las cosas irán a mucho peor, inevitablemente. Por eso, entre otras cosas, es preciso un nuevo partido.

 

Creado en presente y pasado | 198 Comentarios

Rajoy o la miseria. Otro partido (III) Por qué crece el separatismo

Blog gaceta.es: ¿César Vidal ultraizquierdista?/ Realismo cutre / Comprar productos españoles / El gato Rodolfo

****************

Ha explicado Rajoy sobre la ETA: Tiene que disolverse, lo demás es su problema, y ha añadido:  Las víctimas siempre en la memoria. Admite que tal vez se han explicado mal, pero yo creo que por la boca muere el pez y, por el contrario, se han explicado él y los suyos quizá mejor de lo que desearían. La explicación ya la dio al replicar con la mayor dureza a la exigencia de Rosa Díez –absolutamente democrática–, de ilegalizar Amaiur; y al seguir con el plan diseñado entre el delincuente Zapatero y los delincuentes etarras en relación con los presos. Lo de “las víctimas en la memoria” revela que él, Rajoy, no se considera víctima, y lo ha aclarado el miserable Oyarzábal, uno de sus “hombres” allí. La víctima de los chanchullos entre la ETA y el PSOE ha sido la sociedad española en pleno y el estado de derecho, pero no el PP, al parecer. Para Rajoy, que sigue la política de Zapatero, si acaso algo atenuada, la AVT es un incordio para su política, y hacia ella combina el halago retórico con la maniobra para desctivarla (hay mucho “ultra” en ella, ha venido a decir Oyarzábal.

No tiene menos gracia su insistencia en que la ETA entregue las pistolas y se disuelva. La lógica de esa exigencia es: “Os hemos vuelto a legalizar; disponéis de gran cantidad de dinero público para vuestros fines;  vuestros presos saldrán, tan pronto lo permita la protesta pública, convertidos en héroes populares; por vosotros hemos dado tal “autogobierno” a las Vascongadas que estas van convirtiéndose en estado asociado  más que en autonomía… En suma, os hemos convertido en una potencia política hasta con proyección internacional,  y la secesión la vislumbran muchos en el horizonte.  ¿Qué más queréis?” Quizá los etarras o parte de ellos se den por satisfechos, vistas las perspectivas que se les abren; y quizá no. Después de todo, ¿por qué iba la ETA a disolverse y dejar las pistolas si gracias a ellas ha conseguido tan enormes ventajas políticas?  La cosa es cómica (tristemente) y reveladora de la miseria de nuestros gobernantes. Recuerda una escena de la Anábasis, cuando el rey persa trata de intimidar a los griegos y les manda emisarios para que entreguen las armas. Los griegos replicaron: “¿Pide el rey las armas como quien puede exigirlo o como señal de amistad? Si como lo primero, ¿por qué en lugar de pedirlas no viene a tomarlas? Y si quiere persuadirnos amistosamente, diga entonces qué beneficios obtendremos”. Por lamentable  que suene, aquí los griegos son los etarras y el corrupto rey persa, el gobierno. El gobierno dice que los etarras “deben” dejar las armas que él no es capaz de arrebatarles. Al mismo tiempo se ha mostrado amistoso concediendo muchos beneficios a los asesinos; pero estos podrían no contentarse y esperar más todavía de unos politiquillos tan endebles.

 ****Basagoiti: ‘Solo un PP fuerte puede impedir la alianza PNV-Batasuna’. ¿Quiere decir que un PP “fuerte” resultaría para el PNV un socio más apetecible que Batasuna? Hay una forma de impedir que la ETA y el PNV vuelvan a formar pareja de hecho (homosexual, por supuesto): volviendo a ilegalizar a la terminal de la ETA. ¿O cree que fue un error su ilegalización por Aznar? ¿O que la ilegalización  atentaba contra la democracia? Bajo los embrollos del lenguaje de estos politicorros, la realidad.

****************************

Otro partido (III) Por qué crece el separatismo.

Al margen de la urgencia de la crisis económica –que resalta otras crisis–  el problema principal de España consiste en la fuerza de las tensiones disgregadoras, alimentadas activamente por los separatistas y terroristas, y pasivamente (o menos activamente,) por PSOE y PP; y combinadas con otras tendencias supuestamente cosmopolitas — en realidad anglosajonizantes–, que quitan todo valor a España. Ustedes recordarán un “argumento” esgrimido por muchos de estos contra los separatismos: “¡Si todos esos nacionalismos –por supuesto el español también—son cosa del pasado! ¡Y máxime ahora que hemos entrado en Europa!”. Sin un predominante sentimiento patriótico y democrático español, no hay forma de afrontar los graves riesgos de la situación actual, y las posibilidades de un desastroso fracaso histórico son muy grandes, cosa que alegra a los antiespañoles y  no preocupa a los “cosmopolitas”.

Para entender el problema conviene examinarlo en su desarrollo. Ya vimos algo a partir de la crisis moral del 98, pero ahora importa la raíz más actual del esas tensiones. Al comenzar la transición, los sentimientos separatistas eran muy escasos en Vascongadas y en Cataluña. Desde entonces, sin embargo, no han hecho más que crecer — si bien a un ritmo bastante inferior al deseado por sus líderes– y como un factor, también, de deterioro de la democracia en el que el terrorismo ha desempeñado un papel clave, directo e indirecto. El separatismo dista mucho de ser mayoritario, como comprueban las encuestas y se revela en hechos como el escaso apoyo al nuevo estatuto catalán o a sus referéndums secesionistas. Pero tiene a su favor otros factores: es dinámico, siempre a la ofensiva, mientras que el natural y tradicional sentimiento español apenas se manifiesta más que en formas defensivas, con poco espíritu y a menudo con claudicaciones, empezando por el uso de la terminología secesionista.

Esta corriente  parte del nefasto Suárez y la han empeorado los gobiernos socialistas. Suárez renunció desde el primer momento a la lucha por las ideas e hizo concesiones desmesuradas, empezando por una Constitución que permite una progresión indefinida en las autonomías, con la meta de la secesión. En cuanto a los socialistas, no solo consideraban a los separatistas compañeros de lucha (aunque fuera una lucha irrisoria) contra el franquismo, sino que compartían con ellos una visión negativa de España y su historia, por lo que no solo no tenían argumentos contra el separatismo, sino que compartían muchos de los de estos. Sin esas coincidencias sería imposible entender la evolución de España en los últimos decenios.

Toda fuerza política avanza con facilidad si halla poca  resistencia, y esto es lo que ha ocurrido en estos años. Desde el principio, los partidos nacionales han facilitado casi todo a los separatistas “moderados”, en parte por pura sandez e ignorancia histórica, en parte por creerlos un obstáculo a la ETA, cuando ocurría justamente lo contrario. Puede decirse que el terrorismo etarra ha sido la clave expansiva, por activa y por pasiva, del separatismo en estos años. El hecho de que la manifestación más elevada del separatismo sea el asesinato por la espalda debía haber desautorizado y hundido en la máxima miseria moral a esos movimientos, pero y sin embargo los ha reforzado.  Por una causa esencial: la debilidad, cuando no cooperación, mostrada por los partidos supuestamente nacionales, tanto en el terreno de la política práctica como de las ideas, y la impresión de debilidad del estado que transmitían a la población.

No se trata, por tanto, de un proceso ineluctable, pues su clave se encuentra precisamente en los partidos nacionales. Cuando Aznar, presionado por Mayor Oreja y contra la opinión predominante de los arriolos, adoptó una política más justa –sin serlo del todo—con la ETA, el apoyo a esta y a Herri Batasuna mermó hasta llevar a los asesinos “al borde del abismo”. Y los separatistas “moderados” estaban asimismo muy asustados . Cuando el delincuente Zapatero invirtió esa política, la popularidad del separatismo de un tipo y otro ha aumentado. Además, esa transformación política afectó asimismo al PP, con pésimos resultados electorales en Vascongadas e inconcluyentes en Cataluña. ¿Por qué sucedió así? Porque gran número de gente percibió que la parte débil era precisamente el estado, y que volvían a crecer enormemente  las posibilidades separatistas de ganar la partida, que tanto habían bajado con Aznar. Ninguna idea se mantiene largo tiempo si no cuenta con expectativas de éxito, y nunca el separatismo había tenido tan favorables expectativas… gracias a los partidos “nacionales”.

Por lo que respecta al PP rajoyano,  empecé a comprenderlo (a comprender su vileza y falta de principios)  cuando, en 2005, publiqué Contra la balcanización de España. El año anterior había publicado Una historia chocante, sobre los nacionalismos vasco y catalán, un estudio en profundidad, creo que el primero sobre ambos juntos y en estrecha relación con la historia de España desde el 98: un libro de 670 páginas de letra más bien pequeña.  Me pareció necesario completarlo con otro destinado al gran público, mucho más pequeño, manejable y fácil de leer, que abordase la cuestión no desde el punto de vista histórico, sino de la actualidad.  En él planteaba: “Nos encontramos ante un desafío histórico entre las fuerzas balcanizantes y las unificadoras, entre las que ansían el regreso a la atomización medieval –y amenazan la democracia usurpando el nombre del Islam o de los pueblos catalán y vasco—y (los contrarios)  ¿Puede balcanizarse nuestro país? ¿Desmembrarse en estados minúsculos, atrapados por la discordia y el resentimiento, insignificantes en el contexto internacional y objeto de las intrigas de otras potencias? (…) Este país puede permitirse el optimismo y la esperanza, pero nunca la frivolidad al respecto”.

Creí que el PP, aunque fuera de modo no oficial, utilizaría este libro como instrucción para los suyos y como medio de propaganda.  Lo creía porque,  al igual que casi todo el mundo, consideraba al PP el partido nacional, defensor de España frente a los separatismos;  y que sus torpezas en ese sentido nacían solo de la falta de un argumentario  contundente tras el vacío ideológico de Suárez, completado luego por Fraga, como he explicado en La Transición de cristal. Pues bien, “Contra la balcanización, un estudio expuesto con la mayor claridad, con referencia a asuntos que aparecían constantemente en la prensa, y sobre el mayor problema que afronta la sociedad española, apenas tuvo difusión: en torno a los 15.000 ejemplares, suma ridícula que por sí misma inutilizaba el mensaje. Y por supuesto, el silenciamiento en casi todos los medios más o menos de derecha. Empecé a comprender que el argumentario no era lo único que faltaba al PP, y que este era más bien un partido sin ideas ni deseos de tenerlas, cuya mayor preocupación consistía en el poder por el poder, con los cargos y prebendas anejos.

No hay, por tanto, ningún misterio en el auge de los separatismos: han tenido casi todo a su favor. El problema principal se encuentra en la debilidad administrativa del estado y, sobre todo, en la debilidad político-ideológica del PP (el PSOE ha sido un buen aliado objetivo y subjetivo, de esos movimientos).  Debilidad que con Rajoy se ha acentuado al máximo, precisamente en la estela marcada por Zapatero.

España es un caso peculiar: ninguno de los grandes partidos se considera realmente español, y todos tienen una idea negativa de la historia, pasada o reciente, de España, y procuran no exhibir la bandera nacional. Actualmente UPyD presenta una alternativa. Pero es preciso otra en un ámbito de ideas diferente, de modo que se vaya clarificando la charca que es hoy la política en España. La alternativa es el desastre.

 

Creado en presente y pasado | 132 Comentarios

Otro partido (II). Sobre la cultura

Blog Gaceta.es: Leyes en inglés / “Embassy”/ Corruptódromo/ La mala vía.

****************************

El descontento y el desconcierto de gran parte de la población con respecto a los partidos y al mismo sistema partidocrático actual es bien visible, acompañado muy a menudo de cansancio y desinterés. Pero se trata de actitudes difusas y a menudo contradictorias. Un partido que quisiera aprovechar ese descontento correría un grave riesgo de diluirse rápidamente entre tendencias diversas y opuestas si desde el principio no expone con la mayor claridad unos objetivos programáticos. Estos, a mi juicio, se  condensarían en dos: unión nacional y democracia, entendiendo por esta la democracia liberal.

He aquí algunos puntos programáticos que propongo a los lectores, que seguramente sabrán criticarlos o proponer otros más:

a) Reforma de la Constitución en al menos cuatro puntos: establecimiento claro de las competencias nacionales y regionales, incluyendo en las primeras la enseñanza de modo irrenunciable, y acabando así con la progresiva disgregación de España permitida por una ley en buena parte absurda; garantía de la independencia judicial, que debiera acompañarse de una poda de leyes innecesarias; elección aparte para el presidente, eliminando la improcedente unidad entre legislativo y ejecutivo; eliminación de los artículos sobre derechos irreclamables y por tanto demagógicos como los de la vivienda y el trabajo y garantía del mercado único.

b) Prohibición de todo partido que no condene clara y explícitamente el terrorismo en general y a la ETA en particular, y no obre en consecuencia.

c) Reforma de la ley electoral para acomodarla al principio “un hombre, un voto” y eliminar la influencia excesiva de partidos minoritarios.

d) Reducción del aborto a los casos específicos de peligro grave para la madre o malformación grave del feto.

e) Control estricto sobre la inmigración, en particular la de origen musulmán, dada la gran dificultad para compatibilizarla con una sociedad democrática.

f) Política exterior en la que la recuperación de Gibraltar y la presión por una vuelta de la Unión Europea a la Comunidad Económica Europea sean puntos importantes. Política cultural y científica orientada a la promoción y solidaridad con el mundo hispano en general.

g) Garantía y promoción de la iniciativa particular, la competencia y el espíritu de empresa, y control sobre el poder excesivo adquirido por las grandes corporaciones y la banca (uno de los problemas de la economía española es la escasez de empresas intermedias entre las pequeñas y las grandes).

**************************

Me sugería un lector, hace tiempo, que desarrollase algunas ideas expuestas en Nueva historia de España acerca de la cultura y la sociedad en general. Probaré a hacerlo aquí. Cultura viene a ser el contenido de las sociedades humanas que las diferencia radicalmente de las sociedades animales, y que tiene que ver con la consciencia y con la intensa individuación propias de las primeras. No obstante, la palabra se usa en sentidos distintos, aunque emparentados. Así, alude a lo que tienen de común las sociedades humanas (la cultura) a lo que diferencia unas de otras (“las culturas”), o a los aspectos más elevados de ellas (alta cultura, se dice a veces: arte, ciencia, religión, pensamiento…), en relación con los cuales se habla de “una persona culta”, por contraste con la persona “inculta” o trivial. Para especificar,  propongo llamar “culturias” a las culturas diversas, y cultoria a la alta cultura. Culturia indica diferenciación sobre una base común, y cultoria tiene un sentido de actividad, viene a ser el factor más dinámico y transformador de dicha base común. Así, hablaríamos de la culturia española o de la alemana como algo que las diferencia , y de cultoria en general o referente a cada país, como la alta cultura. No sé si estos términos son muy afortunados o si se podrían encontrar otros mejores, pero tienen la ventaja de que derivan y emparentan con el concepto básico. Un ejemplo: la cocina es común a todos los pueblos, pero cada uno tiene su cocina particular, y existe también la alta cocina, que tiende a refinar, experimentar  y crear platos nuevos, etc. Los neologismos encuentran siempre una oposición de principio, aunque si provienen del inglés suelen ser aceptados fácilmente. De todas formas, quizá estas distinciones sean innecesarias porque el contexto suele aclararlas. Valgan como propuesta.

La cultura tiene así un doble carácter: se diferencia horizontalmente, por así decir, en culturias, nacionales o locales (nunca plenamente diferenciadas, aunque sí lo bastante para reconocerlas); y  verticalmente en cultorias, es decir, en creaciones y manifestaciones superiores, que también suelen tener carácter particular. La cultoria impregna la cultura y la mueve, por así decir,

La cultura tiene un amplio contenido: religioso, moral, político y económico. No son compartimentos estancos, sino estrechamente interrelacionados, pero aún así  distinguible cada uno. La religión nace del sentimiento del mundo y de la vida, en particular del destino humano, e incluye primordialmente el mito y el rito, pero también sus derivados: el arte, el pensamiento en general, la ciencia, el folklore. Se compone en gran medida de creencias, y da lugar a saberes parcialmente seguros. La política abarca las formas de organización interna de la sociedad,  las de convivencia, defensa y ataque frente a otras sociedades, y las tensiones y evoluciones derivadas. La economía atañe a la supervivencia social y atañe a la técnica y a la distribución de los bienes escasos dentro de cada sociedad.

Como digo, aunque son aspectos diversos, están íntimamente relacionados. Quizá el hilo que los relaciona a todos sea la moral, concebida como conjunto de normas y creencias resistentes, pero no estáticas, que conforman la conducta de los individuos.

 

Creado en presente y pasado | 251 Comentarios

Enfermedad de nuestra democracia. Hace falta otro partido (I).

Blog de gaceta.es: De la UE a la CEE / “Estudiar en inglés” / El abuelito de Zapatero

************************

****Basagoiti: “Digo a los vascos que tienen al PP si quieren una clara oposición a Bildu”. Este señorito sinvergüenza, ¿es tonto o nos toma por tontos a los demás?

****Dice Hope Aguirry (pron. esdrújula), en plan descalificatorio, que las televisiones públicas recuerdan a “los tiempos de Franco”. Buena necedad de la anglómana. En el franquismo, la televisión, aun distando de ser una maravilla, era diez veces más decente, educativa, seria y española que las que vinieron después, públicas y privadas. Se afirma como un dogma que la competencia entre distintas empresas mejora el producto, pero no siempre es cierto. La competencia entre las televisiones públicas y las privadas se ha centrado en ver cual es más indecente, basurienta, frívola y antiespañola. La anglomanía de Hope le impide ver la evidencia  y la lleva a la demagogia. Estos antifranquistas de pandereta pretenden ignorar que la democracia viene del franquismo, no de ellos, quienes no hacen otra cosa que aprovecharla, por no decir parasitarla. En algunos aspectos, Hope es mucho más positiva que la mayoría de sus colegas del PP, pero su  anglomanía contamina todo lo demás y lo inutiliza. Al modo de los afrancesados que hacían el caldo gordo a los invasores del país. El antifranquismo ha sido una enfermedad de nuestra democracia. Más aún, ha sido y es su peor enfermedad.

*****************************

Es necesario otro partido.

He sugerido que una posible solución para el país consistiría en el hundimiento del PSOE, esa plaga histórica, y la división del PP en dos, ya que en él entran corrientes muy dispares, solo disimuladas por la rivalidad con los socialistas. Desde luego, el PSOE ha hecho méritos más que suficientes para ir “al basurero de la historia”, como decían los marxistas; pero esa solución no es posible, porque el PP cree que el juego político en España debe desarrollarse entre él y el PSOE, y correrá en auxilio de este cada vez que se encuentre en serio peligro. Ya lo hizo Aznar con su “pasar página”, lo hizo Rajoy con su seudooposición y más ahora: basta contrastar su actitud hacia los socialistas con su dureza contra UPyD, en el que ve un peligro de nuevo reparto de votos. PSOE y PP solo toleran, fuera de ellos, a los separatistas catalanes y vascos como parte de ese juego seudodemocrático en el que la corrupción y el engaño a la opinión pública desempeñan un papel esencial. Y al fondo la ETA, por supuesto, el condicionante, tan poderoso como inconfesado, de la política española en los últimos 35 años. Un juego que ha llevado al país a una crisis nacional, democrática y económica sin precedentes (escrito hace cinco años: http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/el-enmafiamiento-de-los-partidos-40023/)

Una democracia no puede funcionar sin diversidad de alternativas. En los años pasados, el PP demostró no ser alternativa a la política de Zapatero, quien pudo proseguir una y otra vez sus desmanes sin otra oposición que algunos pellizcos de monja. Quedaba la esperanza de que su “bajo perfil”, como llaman a la ausencia de verdadera política, fuera un engaño a las izquierdas para desmovilizarlas, aunque siempre creí que a quien se pretendía engañar, en realidad, era a los votantes del propio PP; y que tampoco se trataba de “complejos”, pues esos políticos piensan así (si cabe hablar de pensamiento), como unos progres o socialistas algo descafeinados.  ¿Cambiaría Rajoy desde el poder? Lo alcanzó no gracias a alguna idea o alternativa clara, sino a una crisis económica que le “cayó” al PSOE como pudo haberle caído al PP, más cuatro promesas embusteras sobre impuestos y demás. Por lo que vamos viendo, sigue igual, lo único que cabe esperar es que las derechas sean algo menos agresivas y “ocurrentes” que el PSOE, solución insuficiente para una situación cada vez más dramática.

La crisis múltiple actual requiere un programa de reformas en profundidad, que la mayoría del país estaría dispuesto a aceptar si se explica su necesidad de forma clara.  Pero no aparece el partido ni los líderes capaces de estudiar los problemas  más allá de la simple queja, y avanzar soluciones. Y sin embargo, ello es necesario. La crisis retrata un final de ciclo caracterizado por el fracaso de la Transición que, iniciada como una reforma “de la ley a la ley”,  ha terminado bajo Zapatero en la ruptura pretendida en 1976 por los antifranquistas… que eran también antiespañoles y nada demócratas. Además, las condiciones son excelentes: existe un descontento  difuso, pero generalizado, una escasísima confianza en los políticos, que los ciudadanos ven como parte del problema y no de la solución, y unos conflictos a todos los niveles, generados por los partidos actuales.

Algunos lo creen, a pesar de todo, imposible, pues los poderosos aparatos y medios de los grandes partidos se encargarían de asfixiar cualquier iniciativa. La historia demuestra otra cosa: desde la guerra mundial,  la democracia cristiana y el partido comunista se habían hecho connaturales a Italia casi como parte del paisaje, y sin embargo bastó una ofensiva de algunos jueces contra la corrupción para destruir a los poderosos democristianos, mientras los comunistas se diluían por lo  que ellos llamarían “contradicciones internas” y por efecto de la caída del muro de Berlín. Ahora asistimos en Grecia a un proceso que podría barrer a los corruptísimos partidos tradicionales, que muchos entendían como pilares de la democracia, cuando eran, son aún, simples beneficiarios de ella. Cierto que en Italia surgió un personaje como Berlusconi, y en Grecia pueden salir partidos demagógicos al estilo de los latinoamericanos. La historia plantea retos que es preciso afrontar, y que pueden afrontarse de forma equivocada, pero aún hay tiempo para que no sea ese el sino de España.

 

Creado en presente y pasado | 676 Comentarios