Espíritu de Europa / Repetir el “Vita” / El terror sagrado

El espíritu de Europa

He propuesto sustituir la división tradicional de la historia europea  en edades que no dicen nada,  por otra que exprese un sucesivo contenido muy general. Lo que da relevancia especial a la historia europea, y no solo para nosotros sino para el resto del mundo, son dos cosas: que, a partir de las exploraciones hispanas del siglo XVI,  Europa se convierte en el centro dinámico de la historia humana; y que, a partir de la II Guerra Mundial, la época del predominio europeo se ha acabado, y hoy se encuentra ante una especie de leyenda negra que le niega todo valor,  y en decadencia, que podría revertirse o no. 

Se ha dicho, y me parece muy cierto y explicativo,  que el dinamismo peculiar de la cultura europea proviene de la mezcla conflictiva de “Atenas y Jerusalén”, dos tradiciones que trató de armonizar Roma, es decir, el cristianismo, sin conseguirlo nunca del todo. El cristianismo romano fue capaz de sobrevivir a la larga época de las invasiones tras la caída del Imperio de occidente, una crisis que pudo ser terminal. Cómo fue eso posible resulta un asunto interesante. Y, superado el reto, la Europa cristiana pudo asentarse triunfalmente en el propio continente, triunfo reflejado en las catedrales y las universidades. Pero ya entonces se va agudizando el conflicto entre la fe (Jerusalén) y la razón (Atenas) en el movimiento humanista, que trata de  armonizarlas dando mayor relieve a la razón; y  en las disputas teológicas que originarían la revolución, más bien que reforma, protestante. Al mismo tiempo que los cruces del Atlántico y el Pacífico y la entrada en una era histórica sin precedentes desde la aparición del hombre.  Ese conflicto ha seguido gobernando la historia europea hasta hoy.

Algunos ensayos entienden  como la manifestación más propia del espíritu europeo el desarrollo de la técnica. Pero hasta entrado el siglo XVI  la capacidad técnica europea no era mayor que la de las civilizaciones china o islámica, y hasta la revolución industrial, hacia finales del XVIII,  no adquirió una ventaja realmente cualitativa. Creo recordar que Díez del Corral se inquietaba ante la difusión de la técnica europea a otras culturas y poderes de trayectoria histórica, valores y concepciones muy distintos. En cualquier caso, la concepción técnico-económica solo puede ser una derivación de la más profunda concepción espiritual que ha marcado la historia europea. Es lo que he querido esbozar en la trilogía informal  Hegemonía española y comienzo de la Era Europea;  Europa, una introducción a sus historia, y La II Guerra Mundial y el fin de la Era Europea.

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Repetir el Vita

**Dice Eslava Galán que Franco propuso a Hitler entrar en la guerra mundial, pero que Hitler lo despreció. Es el nivel de la historiografía española actual. Eslava, como Preston, Viñas y tantos otros, creen que describen a Franco, cuando en realidad se describen a sí mismos. Como charlatanes, precisamente.

**Un documental alemán: “La lucha de América latina por la democracia”. La América “latina” nunca luchó por la democracia ni por nada que valiera la pena. Lo propio de  sus “latinos” siempre fue el golpismo, la violencia gratuita, la corrupción, el falseamiento de la historia…

**¿Son españolas las grandes empresas que así se presentan (Inditex, Corte inglés, Banco de Santander, BBVA, Naturgy, etc.?) Económicamente, tal vez, culturalmente no;, vienen a ser sucursales de Gibraltar, empeñadas en desplazar progresivamente el español a favor del inglés como lengua de negocios, publicidad  y en general de cultura.

**¿Por qué los socialistas  y la progresía hispana nunca hablan del asunto del Vita al mencionar el exilio? Porque creen que fue una buena acción, que siempre  están dispuestos a repetir. De hecho no han cesado de repetirlo desde la transición.

**¿Son lo mismo el PSOE y el PP? Hay una pequeña diferencia: el PSOE toma la iniciativa política y el PP la sigue. Excepto en la satelización política y la colonización cultural, donde la iniciativa es del PP.

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El terror sagrado

Ya he hablado algo de este tema. Es un terror que se expresa especialmente, pero no solo,  ante la muerte y del que procuramos huir  en la vida cotidiana apartándolo de la consciencia o incluso con burlas o desprecios, a veces toscos, a veces ingeniosos. Pocos días antes de morir, González Ruano lo expreso en sus diarios: “Apiádate, Señor, de mi inmenso y miserable miedo. El miedo me une a Ti como un animal necesitado. He rezado largo tiempo”. El rezo quizá no le reconfortara lo bastante, pues al día siguiente expresa: “El terror es blanco. La soledad es blanca”. Cabe suponer que el color blanco, aquí, expresa la imposibilidad de superar la realidad que horroriza sin admitir consuelo alguno. Los humanos han afrontado la muerte de muchas maneras, pero todas ellas inútiles ante el hecho aplastante, indiferente a cuanto se haya hecho en la vida o a cualquier autoconsuelo o esperanza.  La vida de Ruano, en lo consciente, respondió en parte a un  intento de pose esnob (“dandy”), de superficialidad deliberada, “malditismo” al estilo  Baudelaire,  y poco acorde con las exigencias católicas, en las que probablemente no creía gran cosa. Sus memorias Mi medio siglo se confiesa a medias tienen interés. 

   Quien sí creía y había tratado de acomodar su vida a tales exigencias era  Vizcaíno Casas: “A medida que sumamos años comprendemos con mayor claridad que la vida es una letra que aceptamos al nacer, sin fecha concreta de vencimiento, a la vista, esto es, cuando se nos ponga al cobro (…) Para los cristianos, los fondos consisten  en cumplir nuestros deberes con Dios y con el prójimo”. Como nunca se han cumplido del todo bien, habría que confiar en el infinito perdón divino, “Lo que  no impide que mantengamos lacerantes dudas sobre el más allá, que nos planteemos con angustia el tremendo misterio de la otra vida, de la resurrección de la carne, de la eternidad”. Para estas páginas finales de sus memorias, Los pasos contados, título que se le ha ocurrido a algún otro escritor, invoca algunas opiniones, entre ellas la de Cela: “Recordar es saberse morir”. No obstante, la autobiografía de Cela es poco interesante, más bien trivial.

   Ya dije que me están viniendo estos comentarios a la cabeza por la publicación o republicación reciente de algunos recuerdos míos, Adiós a un tiempo y De un tiempo y de un país. ¿Qué hay de común en todos ellos? El empeño en superar el terror sagrado, en entender la vida a través de la propia experiencia. Empeño extraño, porque nunca  alcanza su objetivo. Recuerda a Sísifo, castigado por  haber intentado burlar a la muerte.

De Un Tiempo Y De Un Pais - 1

 

 

 

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