La guerra de los dos locos

La guerra de los dos locos

Debido al cierre o semicierre del estrecho de Ormuz y la destrucción de numeras instalaciones gasísticas y petroleras, la guerra de Irán está alcanzando dimensiones mundiales: los precios de la energía están subiendo y podrían volverse dramáticos, y la amenaza es mayor por los fertilizantes: si la situación no se resuelve pronto,continúa un mes o dos más, los precios de los alimentos podrían volverse insequibles para las clases bajas y provocar hambrunas en  África, India y otros países asiáticos, probablemente en América del sur, y  serios problemas en la misma Europa. Algunos piensan que tal consecuencia de la guerra está “planeada por la élites”, pero resulta en extremo  improbable. Es más bien el resultado de un cálculo pésimo y sin embargo muy racional (aun si quizá no tan razonable).

Los efectos del  cierre de Ormuz estaban bien a la vista y de hecho los habían subrayado muchos observadores, por lo que resulta extraño de Trump y Netanyahu no los hubieran considerado. Y, en efecto, no lo consideraron porque creyeron que en tres o cuatro días –o semanas si las cosas salían mal–, habría destruido a Irán junto con su régimen, como habían hecho con Irak, Siria, etc. En ese caso, problemas como el de Ormuz o el (por lo demás inexistente) de las armas nucleares iraníes, habrían quedado automáticamente resueltos, Israel podría preparar una nueva guerra contra Turquía, y de paso China y Rusia sufrirían un grave revés estratégico.  En fin, el mundo entero y los posibles rivales de Usa e Israel solo podían quedar decisivamente abrumados y temerosos ante tal despliegue de poder, después del mostrado en Venezuela.

¿Tenían fundamento racional tales cálculos?  Lo tenían sin duda: el plan consistía en combinar el arrasamiento de las infraestructuras militares y administrativas con el asesinato de los dirigentes civiles y militares, incluso científicos, a los cuales el Mosad y la CIA tenían localizados, como se demostró (aunque no en el nivel deseado). Este doble golpe suscitaría revueltas populares que completarían el trabajo sin necesidad de una invasión. Netanyahu tenía grandes esperanzas en tales revueltas después de las protestas populares de diciembre-enero por la carestía de la vida. De esta manera Irán se hundiría en el caos, como había ocurrido con Libia o Siria (objetivo al que se llamaba eufemísticamente “cambio de régimen). Según la propaganda, el régimen de Irán estaba tan corrompido  y era tan impopular como el de Venezuela .

¿Qué falló? Ante todo el inesperado poder iraní en misiles y drones, y su capacidad organizativa.  Ya en el primer asalto de junio de 2025 (Guerra de los doce días) la respuesta iraní obligó a Israel a presionar a Trump para llegar a una tregua, que aceptó Irán, a su vez muy castigado. La tregua sirvió a ambas partes para preparar un segundo asalto. Netanyahu, que había agotado gran parte de sus municiones antiaereas,  creyó evidentemente que Irán había agotado a su vez  su poder ofensivo. Otro preparativo fueron las maniobras económicas ilegales de Trump (de las que se jactó su secretario del Tesoro) para undir la moneda iraní y que habían provocado las protestas masivas de diciembre-enero, aprovechadas por el Mosad, la CIA y el MI6 para volverlas violentas, pero que el gobierno iraní logró neutralizar. Por lo tanto, había llegado la ocasión para el segundo y definitivo asalto. Para más seguridad en el golpe,  Trump había engañado a los iraníes en junio anterior golpeándoles en plenas negociaciones, y repitió la jugada en el segundo asalto, aunque en esta ocasión el engaño no surtió efecto.

Esta vez, Irán destruyó o inutilizó la mayor parte de las bases useñas de la región, e intereses de los monarcas árabes que habían colaborado con Usa en la agresión. Y los  drones y misiles iraníes lograron penetraron  la triple “cúpula de hierro” de Israel, que  volvió a recibir un castigo mucho mayor del esperado (para mantener la moral, su gobierno prohibió difundir imágenes de los daños, bajo pena de cinco años de cárcel), y las disponibilidades de munición antiaérea, tanto por parte de Israel como de Usa, bajaron a niveles peligrosos. La guerra que debía haberse resuelto en unos días o semanas se prolongaba, y las medidas de Irán en el estrecho de Ormuz estaba causando efectos mundiales.  Trump no desaba de dar ultimátums , amenazar con la edad de piedra y destrucción de civilizaciones, bravatas que se resolvían en altos el fuego (que ni Trump ni Netanyahu cumplían.  Y probablemente las bravatas y retrocesos de Trump perseguían también explotar la inquietud de los mercados). Israel también se ha lanzado a fondo contra el Líbano, tratando de ocupar el sur del país, donde se ha encontrado con una respuesta de Irán más fuerte de lo imaginado después del asombroso éxito dela “buscas” hace unos meses.

Así, los pocos días o semanas planeados se han transformado en doce semanas sin que el conflicto tenga visos de arreglo y las consecuencias mundiales empeoren. No considero locos a Trump y Netanyahu por haber fracasado en unos planes sin duda audaces, pero racionalmente bien fundados. Los proyectos más lógicos y mejor elaborados fallan a veces,  como prueba la historia. La locura está en las mismas aspiraciones y objetivos de ambos: en el designio de un “Gran Israel desde el Nilo al Éufrates caro al corazón” de Netanyahu,  y en la presunción de un poder militar useño invencible y capaz de vualquier tarea, como se ha venido jactando Trump. El hecho real es que un país económica y militarmente insignificante al lado de Israel –no digamos de Usa–, ha conseguido devolver los golpes, transformar en buena medida las concepciones de la guerra (los drones están jugando un papel similar al de las ametralladoras en la PGM),  y poner en cuestión al poder de Occidente.

La cuestión de la democracia, los derechos humanos, etc., esgrimidos en Irán , como en otras aventuras semejantes, no desempeñan aquí otro papel que el  de pretextos. Y por eso mismo, ppr su utilización para hundir a países enteros en guerras civiles, terrorismo y estados fallidos, están poniendo en crisis la idea misma de la democracia, complicada con otros fenómenos como los de Epstein, o la preparación de una nueva gran guerra en Europa. La cuestión de la democracia y su uso fraudulento plantea a Occidente una gran exigencia de revisión intelecytual  e historiográfica. 

El franquismo ayer y hoy: Las dos Españas y las crisis europeas (HISTORIA)La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo nº 9)

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408 – Elecciones andaluzas | La amnistía que destruyó un régimen – YouTube

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