La desazón de Helena (I) / Novelas y memorias del 68

La desazón  de Helena (I)

En La Ilíada,Helena ha de obedecer las órdenes de la diosa Afrodita (de sus impulsos lujuriosos) hacia Paris (Alejandro) a quien por otra parte desprecia por su poca hombría comparándola con la virtud y el valor de Héctor. Y se desprecia a sí misma “perra maléfica y desvergonzada”, que se ha dejado arrastrar por el insensato Paris y causado infinitos  males a troyanos y aqueos.  Y  hace también dos reflexiones enigmáticas: “…Si todo no  ha sido un sueño”, y “Zeus nos dio mala suerte para que sirvamos a los venideros de asunto para sus relatos”.

La relación del sueño con la realidad, un tema literario-filosófico no  infrecuente. Para Calderón, “la vida es sueño”, y Shakespeare observa que “estamos hechos de la sustancia de los sueños”; etc.  Mientras dormimos, los sueños nos impresionan  como si fuesen realidad, pero al despertar constatamos que solo eran fantasmagorías, fueran agradables, penosas o terroríficas, que reproducen a su modo nuestros deseos y temores.  La vida consciente gira en torno a esos mismos deseos y temores, constreñidos por  las exigencias de la realidad  Creemos percibir claramente esa realidad, y sin embargo permanece en nosotros la sospecha o la inquietud de  que bajo ella operen fuerzas que solo intuimos difusamente y que podrían dar a la realidad percibida un sentido muy distinto del  que tenemos por cierto. Incluso lo constatamos en la experiencia trivial de las diversas versiones generadas por unos mismos sucesos: versiones que unos tienen por indiscutibles y otros por falsas. Suele suceder en los testimonios de los juicios, o, más radicalmente, en las discrepancias hitoriográficas, que llegan a cobrar extrema acritud.

El problema se complica por  la evidencia de que todos los sucesos y acciones que caracterizan la vida van cambiando  hasta terminar disueltos por el  tiempo,  como la luz diurna disipa los sueños que parecían tan reales en la oscuridad. La analogía con la muerte como “despertar” a  una realidad más profunda fácilmente viene a la especulación, por más que no  haya  modo de comprobarla. La vida como fantasmagoría es también tema  literario.

Helena, atormentada por la  culpa,  trata de entender  en vano  cómo ha podido ocurrir todo,  “como si hubiera sido un sueño”.  Bajo la percepción y memoria clara de lo ocurrido, sospecha que sus peripecias  pueden haber tenido un sentido que se le escapa forzosamente.

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Novelas y memorias

El otro día exponía en el blog la opinión entusiasta de una lectora de mi novela Cuatro perros verdes, que agradezco, porque de esa novela he recibido muy pocas reseñas y opiniones, buenas o malas, al revés que con Sonaron gritos y golpes a la puerta.  Una razón puede ser que Sonaron... viene a ser un relato “dantesco” de  acción  “trepidante” (Aquilino Duque), propio de su violento trasfondo histórico (aunque otros la han interpretado de diversos modos). Y en cambio Cuatro… transcurre en tiempo de paz, la llamada  “década prodigiosa”, los años 60, y habla de  las esperanzas e ilusiones de la primera juventud  complicadas con las  inquietudes filosóficas o ideológicas o simplemente vitales de un tiempo que parece un tanto remoto, pese a que su rastro permanece con fuerza hasta hoy y lo condiciona.

  Además, Sonaron… discurre como  los recuerdos de un anciano que inesperadamente, sin saber bien por qué, intenta recuperar la memoria de una juventud de extrema violencia y tensión psicológica que, por diversos motivos, ha tratado de olvidar durante largos años de anodina vida doméstica. Eso  vuelve la narración más sencilla y quizá atractiva. Personalmente me parece mejor novela la segunda, más compleja porque  enfoca  caracteres con experiencias y actitudes juveniles muy distintas entre sí, entrelazadas con los movimientos e ideas de entonces (sensación de absurdo de la vida, inseguridad religiosa, “revolución cientifico-técnica”, movilizaciones estudiantieles más o menos marxistas contra Franco, etc.)  Y me asombra cómo todo ello parece haberse esfumado del interés o la preocupación, no digo de las generaciones posteriores, sino de los mismos que las vivieron.  Quizá me equivoque pero, que  yo sepa, la que podemos llamar “generación del  68″,  apenas ha producido literatura sobre sí misma. 

 tampoco ha generado muchas memorias o autobiografías, como si sus protagonistas creyeran que apenas valía la pena;   y lo poco existente tiene a menudo un matiz tópico y  cierta pesadez. Por eso me ha agradado el comentario de un lector de De un tiempo y un país,  que empieza:  Sus memorias del GRAPO me han gustado porque se separan completamente de toda la literatura, mala literatura, que ha proliferado en estos años sobre esas historias y memorias… Se refiere a que no es un libro justificativo o común, sino que le parece ilustrativo, también de un periodo histórico y  ambiente social. Seguro que otros lectores opinarán cosas muy distintas, pero siempre reconforta comprobar que el esfuerzo por recuperar unas peripecias de  época no ha sido del todo en vano.

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Feria del libro de Madrid

*En la caseta 264  pueden encontrar: “Hegemonía española y comienzo de la Era Europea”, “La guerra civil y los problemas de la democracia” y la trilogía sobre los orígenes de la guerra civil, los personajes y el derrumbe de la II República, y la guerra civil misma.

*En caseta 253:  “El franquismo ayer y hoy”; “La Segunda Guerra Mundial y el fin de la Era Europea”  “Sonaron gritos y golpes a la puerta” “Europa, introducción a su historia” “Los mitos de la guerra civil”…

*Cuatro libros míos en la caseta 147: “De un tiempo y de un país”, “Cuatro perros verdes”, “Por qué el Frente Popular perdió la guerra”, “Galería de charlatanes”.

Supongo que en otras casetas también habrá también títulos míos, pero estas son las seguras

 

 

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