Falta de elementos espirituales
**La inspección del estado dice que carece de “elementos materiales” para fiscalizar el 25% de la enseñanza de español en la enseñanza pública. Carece, sobre todo, de los elementos espirituales para hacer cumplir la Constitución, que, o debería imponer el 50% o dejarlo a la elección de los padres.
**Es evidente que los separatistas no lograrán erradicar el español de sus regiones en mucho tiempo. Pero sí han conseguido ya generar un extenso odio o indiferencia hacia la cultura española, promoviendo también el inglés contra este, como hacen los gobiernos PP y PSOE.
**Importa destacar que las abusivas concesiones a los separatistas, empezando por la entrega de la enseñanza, no provienen de la izquierda, sino de la derecha, y más concretamente de la democristiana. Los gobiernos de UCD eran de ideología fundamentalmente democristiana. Como los separatistas vascos y catalanes: la “España católica”.
**Tenía razón Menéndez Pelayo al denunciar a los “gárrulos sofistas” que destrozaban la historia de España en la onda de la leyenda negra. Pero observemos este otro párrafo suyo: “España, evangelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vetones o de los reyes de taifas”. Pero la historia de España no se limita al Siglo XVI. Y siguió siendo católica en su decadencia. En Italia, la iglesia jugó a favor de la disgregación, y también lo hizo a veces en España, lo estamos viendo hoy mismo. Ni fue entonces “espada de Roma” más que en parte: más generalmente fue espada de sus intereses políticos. . . En fin, la beatería de identificar a Dios y al César.
**¿Puede alguien respetar a un país cuyos gobiernos se declaran amigos y aliados de quienes invaden su territorio o amenazan con hacerlo? ¿Cuyos gobiernos fomentan y financian los separatismos y entregan la soberanía a fuerzas extranjeras?
**Denunciar la colonización cultural, hacerla consciente al mayor número posible de personas, es la primera y fundamental etapa para plantear medidas adecuadas contra ella.
**Una de las más clamorosas faltas de todos los partidos españoles es la ausencia de una política cultural.
**El ejército, quizá el sector más envilecido y lacayuno del estado, parece que promueve la instrucción de la tropa en historia mediante tebeos. Adoptando la leyenda negra, naturalmente.
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El lenguaje de los mitos (abril 2013)
Los mitos han llamado siempre la atención, como si bajo su fachada de imágenes se ocultara alguna significación no evidente o algún tipo de mensaje. Desde muy pronto, diversos mitos se ligaron a ritos de iniciación o a esoterismos. Algunos comentaristas han creído encontrar similitudes entre los mitos de diversas religiones, como si contuviesen una idea común. A juicio de P. Diel, esos enfoques “han terminado por agotarse y perderse en un terreno arenoso, tan irrelevante como árido”.
Frente a esa corriente encontramos otra, escéptica, que ve en los mitos simples arbitrariedades hijas de una fantasía caprichosa. Enfoque antiguo, parece que Ovidio los consideraba así, y Voltaire no mejor.
Tiene interés la crítica de M. I. Finley a los intentos de encontrar en mitos de diversas religiones sentidos básicos iguales: “La alegoría es fundamentalmente un recurso sumamente simple, y una vez aprendido el truco, ya no tiene fronteras, como el libro “Mitos griegos y misterio cristiano”, del padre Hugo Rahner nos revela con ejemplos masivos (…) Su tema central es la traducción y absorción de los mitos griegos a los misterios del cristianismo”. En apoyo de su escepticismo, Finley cita del prólogo de Gargantúa la pregunta que Rabelais hacía a “los hacedores de alegorías de su tiempo, con sencilla ironía: “Creéis sinceramente que Homero, cuando escribía La Ilíada y La Odisea tenía en mientes las alegorías con que más tarde le abrumaron Plutarco, Heráclides, Póntico, Eustacio, Fornuto, y que Politiano les ha birlado a estos (…) o que Ovidio en sus Metamorfosis pudo pensar en los sacramentos del Evangelio?”
A su vez, Caro Baroja, por poner otro caso, señala que los creyentes no ven los mitos como alegorías con significados más profundos, sino que los creen tal cual, literalmente, por lo que el intento de buscarles más significaciones sería tan arbitrario y absurdo como los propios mitos y sus imágenes. En suma, los mitos se reducirían a productos de una mentalidad ilógica y primitiva y propiamente serían sinsentidos, aun si a veces con una extraña belleza.
También cabe considerar los mitos como maneras fantásticas, mágicas, de dar fuerza compulsiva a las convenciones sociales, y se explicarían por las relaciones comunitarias dentro de la sociedad que los produce. En este caso los mitos ofrecerían un interés puramente histórico y sociológico: sus detalles nos proporcionarían información sobre la manera de pensar y de vivir de aquellas viejas sociedades, y en ello radicaría su único valor real para nosotros. Podemos llamar a este enfoque “el mito como hacha de bronce”, equiparándolo a una herramienta cualquiera que nos hubiera llegado de aquellas edades. Un hacha de bronce interesará a los especialistas, pero su utilidad actual es nula, y lo mismo los mitos.
Sin embargo, creo que el mito no puede compararse a una herramienta material, sino que recuerda más bien a una obra literaria, y por ahí podremos empezar.
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Dos novelas de aventuras (abril 2013)
En un sentido amplio todas las novelas son de aventuras, pues tratan de diversas peripecias de seres humanos. Pero el género se refiere sobre todo a peripecias arriesgadas y exteriores, vitalistas, generalmente juveniles y con final feliz. Intentaré una breve, aunque sea superficial, comparación entre La isla del tesoro, de R. L. Stevenson, y El enamorado de la Osa Mayor, de S. Piasecki. La primera es una de las más logradas, un clásico absoluto: transmite inigualablemente unos ambientes, peligros y emociones hasta que los buenos ganan y los malos pierden, “que es lo que significa la ficción”, según el cínico ingenio de Oscar Wilde. A pesar de todo, hay un fondo de trivialidad: los riesgos se afrontan por el vil metal, que al dar sentido a la peripecia lo da también a la vida, algo típico en la literatura anglosajona. Y siempre nos queda cierta insatisfacción final: ¿qué ocurrió después con aquellos personajes? Algo dice del malvado John Silver, que con la parte del tesoro robado seguramente podría vivir con cierta comodidad en este mundo, ya que en el otro sería muy improbable. Los demás disfrutarían de una vida acomodada pero rutinaria, civilizada y sin aventura, pues el ideal por el que se han esforzado, el dinero, ya se lo permite. La aventura supone marginalidad con respecto a la vida corriente, tranquila y respetable, aparece como excepción y no como ideal. Los genuinos aventureros, los piratas, no son precisamente recomendables por su brutalidad e instintos criminales. Como concluye el protagonista, Jim Hawkins, por nada del mundo volvería a la maldita isla.
El enamorado de la Osa Mayor, otra gran novela de aventuras, difiere notablemente: retrata una vida de acciones siempre arriesgadas y a menudo violentas, de contrabandistas en la frontera entre Polonia y la URSS por los años 20. Su espíritu lo describe muy bien el protagonista, Sergio, cuando va a ver a un compañero de correrías, Pedro el Filósofo, que ha decidido estabilizar su vida y casarse: “Estaba radiante de alegría, se reía, bromeaba y ni siquiera hablaba ya de la frontera (…)
“–¿No sientes nostalgia de la frontera? Piensa que ahora es la estación de oro, y el oro se derrama por todos los senderos de la frontera. Las noches son oscuras, negras, los muchachos andan bajo la estrellas y después descansan y se divierten bebiendo y cantando. Cada día hay algo nuevo, cada día sucede algo
“Hablé así largo rato y de pronto noté la mirada interrogadora de Pedro. Entonces callé porque comprendí que él no sentía lo que yo. En cambio dijo:
–¿Entonces tú, en serio…? No lo hubiera creído. Por mi parte prefiero quedarme aquí, en paz con los míos. ¿Qué tenía de interesante aquella mala vida que llevábamos?
Pero cierto hastío y angustia se percibe en el protagonista: ha ido a “la gran ciudad” (Vilna) a divertirse con sus compañeros, y no le gustaba: “Los hombres me asombraban al verlos tan inútilmente nerviosos. Hacían una cantidad de movimientos superfluos; estaban desatentos, distraídos. Por cualquier cosa se incomodaban y gritaban. Todos amaban el dinero y todos eran viles”. Para él, el dinero era solo la espuma de una vida que le atraía por sí misma y de cuya marginalidad disfruta. Poco después, “La compañía de mis amigos, imbecilizados por el vodka, sus sonrisas estúpidas, las caras fofas de las mujeres que arrastraban tras de ellos, todo se me hacía insoportable. En una encrucijada vigilaban unos guardias “Como en la frontera –pensé—Los verderones, las encrucijadas, las alambradas… Pero aquí no se arriesga nada; se hace pasar la mercancía de mentira, el vicio, la enfermedad, el fraude… Aquí todos son “rebeldes”, no contrabandistas”.
El final no es feliz. El protagonista, acosado por la policía y por contrabandistas rivales, termina solo en la clandestinidad del bosque. Su último amigo, El Ratón, “alto, flaco, bastante pícaro y valiente”, iba enloqueciendo. Le contaba extrañas historias que no venían a cuento, y finalmente decidió marcharse a Rostov, donde le quedaba alguna familia.
Es una novela de acción , pero en su simplicidad aparente, ajena a reflexiones algo cargantes como las de Conrad, bullen cuestiones de fondo sobre la vida.
Como he dicho, Sonaron gritos y golpes a la puerta recibe una lejana inspiración de la novela polaca. También Berto y Paco se sienten fuertemente atraídos por la aventura, un concepto sobre el cual valdría la pena profundizar más.