En la Conferencia de Teherán, noviembre de 1943, cuando ya se daba por segura la derrota de Alemania y de Japón, los Tres Grandes (Roosevelt, Stalin y Churchill), diseñaron el mundo de la posguerra. El tercer grande logró evitar de momento la cuestión su imperio colonial, pero ya hubo indicios de que los otros dos no lo aceptarían; 204 – Teherán: los tres grandes reparten el mundo | El método en historia – YouTube
*****************************
Crónica Historia ultracientífica
**Necio Aznar exige a Pollo Doctor una mayor relación (de dependencia, obviamente) con respecto a Usa. Como la que él tuvo cuando la guerra de Irak, de tan mal efecto para Usa, España y sobre todo el propio Irak.
**Un tal Vaclav Smil, autor favorito de Bill Gates, explica la historia: Los reyes y las reinas, así como las condiciones de vida, no son otra cosa que la materialización y el resultado de los flujos energéticos. Eso no se puede negar, como tampoco que están compuestos de átomos. Así, la humanidad y su historia debería explicarse por los átomos y los flujos esos. Buen paso adelante en el materialismo –por lo tanto muy científico– más avanzado que el materialismo clásico, fundamentado en la economía, que podría no resultar tan materialista como decían.
**Lo ideal sería que el PP desapareciera, como la UCD. No es probable que ocurra a corto o medio plazo, por lo que urge que VOX cobre la mayor relevancia distinguiéndose claramente del PP. Después de las elecciones serían posibles acuerdos, que serán tanto mejores cuanto más fuerza consiga VOX.
**¿España es diferente? Todos los países europeos son diferentes entre sí, aunque con un fondo cultural semejante. Pero España es más diferente: la Unión europea es una consecuencia no tan lejana de las dos guerras mundiales. En las que España, afortunadamente, no participó.
*****************************
La II República y Europa
La II República fue acogida con gran expectación en Europa. Desde la PMG los regímenes más o menos demoliberales estaban en crisis, primero por la propia guerra entre regímenes de ese tipo, por el surgimiento de la URSS y luego por la gran depresión de los años 30. En aquellas condiciones, muchos países tuvieron que recurrir a gobiernos autoritarios, y en Italia al fascismo, para defenderse de la subversión comunista, ante la cual fallaban los recursos liberales. En España esa reacción fue la dictadura de Primo de Rivera, que logró curar los tres cánceres que habían casi echado abajo al régimen liberal de la Restauración: el terrorismo anarquista, la guerra del Rif y el auge de los separatismos, listos para echarse al monte. Además había logrado civilizar, por así decir, a un PSOE hasta entonces ultrademagógico, y asegurar una prosperidad no vista anteriormente. Sin embargo se dio el caso llamativo de que izquierda y derecha terminaran aliándose para echar a Primo y liquidar su legado, en lugar de construir sobre él. Los monárquicos creyeron poder volver a la situación (desastrosa) previa a la dictadura, y los republicanos decidieron acabar de paso con la monarquía. Y así fue cómo llegó la república, traída por políticos derechistas, no por la izquierda, pero apropiada por esta a partir de la llamada “quema de conventos” (y bibliotecas y escuelas), en nombre de una pretendida democracia que no aceptaba un gobierno de derecha.
La evolución española parecía contradecir la de otros países europeos hacia regímenes autoritarios, y fue saludada en la Europa liberal como un triunfo de la democracia, y así ha querido verlo una vasta (y basta) historiografía. En Europa, como decía el arrepentido Ortega de Einstein, se ignoraba por completo lo que era y había sido España (aunque la ignorancia era y es recíproca). Claro que el propio Ortega había distorsionado la historia de su propio país y contribuido al caos (“No merecemos que nos perdonen”, diría su amigo Marañón). Ese grave error llevó a la guerra civil. Entender la dinámica del proceso, que no se limitó a desórdenes como tiende a pensar la derecha, es lo que he querido exponer en el libro de síntesis La Segunda República Española. Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen
***********************
Olvido de la transcendencia
La tragedia es poco aceptable en el cristianismo, que cifra la salvación del hombre en el más allá, por lo que los desastres en este mundo tendrían importancia menor, salvo que condujeran a algunos al fuego eterno, si bien no puede haber constancia de que alguien en concreto lo haya sufrido. Y las vías para entrar en el Reino, es decir, la imitación del cordero manso y humilde, la otra mejilla, el perdón siete veces siete, etc., tampoco generarán la figura del héroe épico, a menos que demos al concepto de épico un sentido demasiado amplio.
Observemos otra opción, la de Omar Jayam: ¿qué hacer si nos es totalmente inaccesible la razón de nuestra “llegada, estancia y salida”? Su respuesta es triple: burlarse de los que dicen saberlo y no pueden ser más que charlatanes; dejarse llevar en lo posible por los instintos, que después de todo ha puesto Dios en nosotros; y aturdirse un tanto con vino, que hace sentir la vida menos dolorosa. Esa podría ser la vía hoy predominante: mezcla de hedonismo, diversión evasiva y olvido deliberado de cualquier transcendencia. Desde ese punto de vista, la épica y la tragedia solo funcionarían como un entretenimiento frívolo o burlesco, y es lo que realmente refleja la mayor parte de la literatura y el cine actuales. Los griegos y romanos sí creían en una transcendencia, solo que sumamente lúgubre (si bien terminaron admitiendo unos Campos Elíseos para los buenos, algo semejante al cielo cristiano). Pero como de ello no existe la menor prueba tangible, y la vida real nos acosa con sus exigencias prácticas, mejor parecería olvidar la cuestión.
A pesar de lo cual, la cuestión permanece como una esfinge cuyo enigma ningún Edipo hubiera resuelto.
****************************
Catolicismo y España
¿La esencia de España es el catolicismo? El catolicismo es una religión universalista. España es España, no el universo. Y también son católicas Francia, Italia, Polonia, Austria, Irlanda, Croacia… ¿Eso las hace iguales política e históricamente? ¿O alguna es más católica que las demás? La hija primogénita y preferida históricamente por Roma no es España, sino Francia. España expandió el catolicismo y lo defendió contra islámicos y protestantes en el siglo XVI, pero no es un producto histórico de la Iglesia sino, culturalmente, de la Roma pagana, y políticamente, de Leovigildo, cuyo designio político estuvo a punto de naufragar por su católico hijo Hermenegildo. Nadie niega la importancia del catolicismo hispano desde la Roma cristiana, Recaredo o la Reconquista, pero en esta era mucho más fundamental para la Iglesia la expulsión de los moros que la unidad de España, precisamente porque es universalista: así, la independencia de Portugal debe mucho a la Iglesia. Por otra parte, ¿qué significa políticamente esa esencia católica de España? ¿Volver al Antiguo Régimen, como parecen pretender algunos, o bien aceptar gran parte de las consecuencias de los cambios y revoluciones liberales? España podría ser un estado confesional católico de igual modo que Dinamarca lo es luterano. Pero Roma, que es el centro orientador del catolicismo y no Madrid, ha decidido lo contrario. Y desde Trento, la influencia del catolicismo español sobre la Iglesia en general, ha ido descendiendo. En el Vaticano II fue prácticamente nula, lo que indica un significativo anquilosamiento intelectual. En España ha tendido a desatenderse el dicho de Jesús: “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, una diferencia difícil en la práctica, pero necesaria.



