Una hora con la historia: (1) 198 – España progresa y Stalingrado decide la guerra – YouTube
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Rajoy, maestro del PP. Carta abierta
Puesto que la convención o lo que sea del PP acaba de nombrar a Rajoy su maestro, viene bien esta carta abierta, publicada en este blog el 17.12.2015, hace seis años. Nada ha cambiado. El PP sigue siendo el mismo partido de señoritos ansiosos de mando y dineros, a quienes España y la libertad importan poco. Ruego se le dé máxima difusión:
Señor Rajoy:
Se le notaba a usted descolocado cuando Sánchez, con su estilo golfo, le acusaba de corrupción o de perjudicar a las mujeres, o del separatismo catalán… Sánchez aúlla en sus mítines su orgullo por fechorías antidemocráticas de su partido como la ley de “memoria histórica”, del aborto, de violencia de “género”, de “matrimonio” homosexual, de “igualdad” entre hombres y mujeres, de los favores a la ETA… ¡Pero bueno! ¿Cómo se le ocurre a Sánchez acusarle cuando ud, señor Rajoy, no ha hecho otra cosa que seguir aplicadamente las iniciativas del PSOE en todos esos campos? ¿Qué le diferencia a usted de Sánchez o de Zapatero? Solo un estilo personal, por lo demás engañoso. Un asno separatista gallego le coceó a usted en Pontevedra, y uno se pregunta: ¿se han vuelto locos estos separatistas? ¿Por qué golpean a un político que nunca les ha puesto el menor obstáculo, que incluso los viene financiando? ¡Qué injusticia, señor Rajoy!
Porque ud se ha atrevido a lanzar su campaña bajo el lema “España en serio”. Porque para usted, lo serio son sin duda políticas como la de Bolinaga, la derogación de la doctrina Parot y demás carantoñas a la ETA. El PSOE salvó a una ETA al borde del colapso y santificó sus asesinatos como un modo de hacer política, recompensada con legalidad, dinero público y otras dádivas. Y usted ha seguido la misma línea. Con descaro inaudito, los dos partidos han disfrazado su delito con la consigna “los demócratas hemos derrotado a ETA”. No la han derrotado, la han premiado. Y por ello mismo demuestran no tener nada de demócratas. Ustedes, junto con la ETA, atentan contra el estado de derecho y la integridad de España. En serio.
Usted ha replicado a la sedición del delincuente Mas con advertencias de que haría cumplir la ley. Nunca la ha hecho cumplir, y ha seguido financiando la política del odio a España y el intento de balcanizarla. También aquí ha seguido al PSOE. Su obligación más elemental como gobernantes demócratas es cumplir y hacer cumplir la ley. Al no hacerlo, se deslegitiman y su “democratismo” se convierte en farsa. El hecho evidente e irrefutable es que bajo su gobierno los separatismos han adquirido un impulso y una osadía como nunca antes. Con desvergüenza de granuja se lo echaba en cara Sánchez, cuyo maestro Zapatero, que también lo es de usted, ha sido el principal creador de ese ambiente, sin olvidar a Aznar. ¡Grandes estadistas! En serio.
Una ley que, en cambio, se han esmerado en cumplir usted y los suyos es la de “memoria histórica”. Ley totalitaria, hecha para falsificar la historia desde el poder, como en los países comunistas. Ley que, como es natural en quienes premian los crímenes etarras, califica de “víctimas” a los asesinos de las chekas, identificando con ellos a los legisladores. Ustedes han llegado a tal degradación moral — que contagian a la sociedad–, que ni siquiera se dan cuenta del alcance de su desmán. En su versión bananera de la democracia, la cuestión se limita a disfrazar las canalladas con victimismo y títulos biensonantes, para ganar votos.
¡Y qué injusto Sánchez al culparle de incumplir las leyes de “género” o de gaymonio! Son leyes diseñadas por los proetarras y falsificadores de la historia y acordes también con ese carácter. Confunden género con sexo, corroen los fundamentos del matrimonio y la familia, tratan de sustituir la vieja lucha de clases por la lucha de sexos, rompen las más básicas normas jurídicas y crean violencia por sí mismas. Sus frutos son la destrucción masiva de vidas humanas en el seno materno, disfrazada por los politicastros como “interrupción del embarazo”; una violencia doméstica en aumento, no solo entre parejas sino entre hijos y padres o madres; un fracaso familiar traducido en enormes cifras de divorcios, con sus efectos sobre la educación de los hijos (fracaso escolar, expansión de la droga y el alcoholismo juvenil, etc.) Etc. Pero nada de eso les preocupa a ustedes, bomberos pirómanos, dedicados a competir histéricamente en chillidos contra la “violencia de género”, cuyo aumento ustedes mismos provocan. En serio.
Para usted, como para su gemelo político Sánchez, España ha dejado de ser un país soberano. Ustedes regalan “grandes toneladas de soberanía” a la burocracia de Bruselas, como si España fuera una finca suya. He aquí, de nuevo, su “democracia” peor que bananera. La desdichada posición lacayuna de España en la UE y en la OTAN no plantea ningún problema a su espíritu servil e hispanófobo; tampoco Gibraltar, caso insólito en el siglo XXI de una colonia en un país europeo mantenida por una potencia a la que no cesan ustedes de hacer carantoñas, como a la ETA, a las chekas o a los separatistas. Su servilismo les está llevando a destruir la cultura española haciendo la enseñanza bilingüe con el inglés, considerado lengua superior de la ciencia, la economía, el empleo etc., en un proceso de desprestigio y relegación de nuestro idioma a ámbitos familiares o subculturales. Esto es peor que el cultivo del odio a España, subvencionado por ustedes en Cataluña o Vascongadas. España no es un país bilingüe y el inglés solo puede y debe enseñarse legalmente como lengua extranjera, no en la misma posición (de hecho superior) que la nuestra. Tampoco hay en sus programas el menor análisis serio sobre el amenazador auge del islamismo y su penetración en la propia España y Europa. Para ustedes, el asunto se limita a lo que decidan en Bruselas y Washington. España no merece esa política basura de lacayos como ustedes.
Podría seguir largo rato, pero mencionaré solo otro asunto: acertaba Sánchez al acusarle de corrupción, porque su partido está corrompido hasta la médula. Sánchez — lógico en su mentalidad macarril–, piensa solo en la corrupción económica, pero peor es la intelectual, manifiesta en las políticas antes señaladas, y que genera también la económica. Pero lo más asombroso, lo que exhibe la absoluta degradación de la política española, es que un capitoste del PSOE ose acusar a alguien de tales cosas. Eso ya define un ambiente político próximo al Patio de Monipodio.
No me extiendo sobre la economía, en la que todos los aspirantes a gobernar no hacen sino demostrar su carencia de ideas. Usted, señor Rajoy, se jacta de que la situación va mejorando, y en algunos aspectos parece verdad, aunque no sabemos si duradera. Pero aún ahí sigue usted a su maestro Zapatero. ¿Recuerda usted cuando denunciaba indignado cómo el PSOE iba a “subir el IVA a los chuches de este niño… y de todos los españoles”? ¿Cuándo tenía usted razón, cuando denunciaba los recortes y subidas de impuestos de Zapatero, o cuando ha seguido su ejemplo a mayor escala? Sospecho que no lo sabe usted mismo.
En fin, señor Rajoy, con su gobierno han empeorado los problemas del país: separatismos, pérdida acelerada de soberanía, leyes totalitarias y chekistas, o de “género” jurídicamente inválidas, degradación cultural y moral de la sociedad, corrosión de la familia, auge de movimientos como el cursi-macarril y comunistoide Podemos… Solo puede usted invocar a su favor una ligera pero también insegura mejoría económica, según su simplona consigna de que “la economía lo es todo”, que podría valer muy bien para un burdel. Su única arma es la llamada a la necedad del voto útil, que se viene demostrando el más inútil porque trata de marginar opciones más serias que las de ustedes y en cambio perpetúa el más de lo mismo. La república se hundió por el proceso revolucionario del Frente Popular. La actual democracia lo está haciendo por un proceso de putrefacción política y social dirigido por ustedes.
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Galería de charlatanes XLI O. Alzaga, el antifranquismo de sainete.
Hubo una oposición externa contra el franquismo y una interna contra Franco todo el tiempo que duró el régimen. Esta última procedía de gente que vivía en y del franquismo, generalmente como funcionarios o personas de buena situación, pero que pensaban que el final del régimen se acercaba y había que pasar a “otra cosa”. En los años 40 hubo algún sector falangista pro nazi, diversos generales monárquicos no cesaban de intrigar contra el Caudillo, también algunos carlistas, algún obispo exageradamente integrista o curas separatistas. Como el régimen sobrevivió a todas las asechanzas internacionales, esas oposiciones fueron amainando, aunque surgían algunas aquí y allá, particularmente de clérigos separatistas, que de un modo u otro darían lugar a la ETA.
La que podríamos llamar oposición franquista a Franco subió de nivel a partir del Vaticano II, cuando sectores llamativos del clero se dedicaron a apoyar a comunistas, separatistas y terroristas. Y salió una democracia cristiana que se llamaba a sí misma “izquierda”, naturalmente “democrática”, encantada de “dialogar” con la oposición exterior al régimen. En esa oposición franquista (en el sentido dicho) a Franco se pueden incluir numerosos socialistas, que medraban dentro del régimen y preparaban su futuro para cuando el Caudillo falleciera, tipo Ángel Viñas y tanto otros. Y ahora Óscar Alzaga, antiguo portavoz democristiano de la UCD, ha querido rescatar como un mérito histórico y democrático la oposición de los suyos a aquella terrible dictadura, que insinúa semejante a la de Hitler.
Naturalmente, tiene que pintar un cuadro sombrío de aquella situación. Dice en una entrevista, por ejemplo: “Como la oposición al franquismo hubo de desenvolverse en la ilegalidad producía pocos escritos”. Quienes los producían, por lo visto eran los policías, como ilustra al hablar de la quema de los archivos policiales: “En aquellos casi 40 años se redactaron millones de informes que reflejaban la oposición creciente al régimen Las permanentes escuchas telefónicas de nuestros teléfonos y de los continuos seguimientos a que estuvimos sometidos por la Brigada Social, la Guardia Civil en aquellas zonas rurales en que hubo de asumir funciones represivas, los servicios de información de los sindicatos verticales, etc.” Veamos: la oposición real (comunista y terrorista) produjo un verdadero alud de escritos ilegales. Y legales, desde la revista Triunfo a editoriales dedicadas a libros marxistas. Y en cuanto a la “ilegalidad” de la democracia cristiana, el PSOE y compañía era muy relativa: no solo solían tener cargos funcionariales o muy legales, sino también su propia prensa (la más destacada Cuadernos para el diálogo“, título expresivo). Cuando Solzhenitsin vino a España pudo comprobarse la enorme influencia “democrática” de unas y otras oposiciones criadas bajo el aperturismo del régimen: Solzhenitsin y Benet – Pío Moa – Libertad Digital Por otra parte, como parece ignorar Alzaga, todos los regímenes suelen espiar a sus posibles enemigos internos. Los archivos del FBI, de la policía inglesa, francesa etc., deben de ser realmente fastuosos. En la España del PSOE, espiaron al mismo rey Juan Carlos.
Hubo, pues, dos oposiciones a Franco, la “franquista” y la externa, mayormente comunista y/o terrorista. Esta última sí fue realmente perseguida, aunque disfrutase de cierta actividad legal. En ella hubo de todo, pero podía invocar esa persecución, los años de cárcel, incluso algunas resistencias heroicas ante la policía. Es claro que no puede invocar lo mismo la otra oposición, la de los Alzaga, Ruiz Giménez, Viñas, Morodo y tutti quanti, señoritos avispados e intrigantes, salidos o beneficiarios del propio régimen, al que en definitiva parasitaban. Aunque un tanto difícil por lo siniestro y tiránico de sus objetivos, la oposición externa podría ensayar un relato épico de su lucha; de las intrigas de la otra oposición solo podría salir un sainete.
Repito el comentario de hace unos días:
Como es sabido, el franquismo se declaró católico y favoreció con cierto exceso al catolicismo político por encima de las demás “familias” del régimen. Llegado el Vaticano II, la democracia cristiana se dividió: un sector, que podríamos llamar “ultra”, se decantó por el antifranquismo, por apoyar a los separatismos y por los “diálogos” con los comunistas, de los que estos sacaron buen partido; otra parte cultivó un aperturismo moderado, mirando con aprensión las aventuras políticas del grupo ultra. Del primer sector fueron representantes Giménez Fernández (“Izquierda democristiana”) y Ruiz Giménez (“Izquierda democrática”), y el segundo sector vendría representado por Silva Muñoz, ministro de Obras Públicas en el franquismo. Los de “izquierda” (después se autobautizaron de “centro”) eran también muy europeístas al estilo castizo español, que jamás aportó el menor bagaje intelectual a esa llamémosla ideología. Hay que decir que el antifranquismo del sector ultra o de izquierda nunca necesitó de ningún heroísmo, pues visiblemente el régimen le dejaba hacer, lo mismo que al PSOE, limitándose a algún que otro control o leve represión. Eran pocos, sin proyección popular, no tenían inconveniente en prosperar en el funcionariado del régimen y ninguno fue a la cárcel por su ardua lucha. Su oposición, más que propia, consistió en utilizar sus posiciones dentro o en los aledaños del régimen para favorecer subrepticiamente a los enemigos reales del mismo: comunistas y separatistas, y observemos que estos últimos, como Pujol o Arzallus, también eran democristianos, lo que explica las derivas bien conocidas desde la transición. En fin, Franco había de morir más antes que después, su régimen se había quedado sin su respaldo ideológico católico por decisión de Roma, y había que preparar el porvenir.
Ahora uno de ellos, Óscar Alzaga, acaba de publicar un libro titulado algo pomposamente La conquista de la transición, en la vieja línea antifranquista a juzgar por una entrevista en El confidencial. De ella me ha interesado una referencia a la destrucción de los archivos policiales del franquismo, no sé si de todos o solo de la BPS, que he venido denunciando durante años como una fechoría brutal contra la historia. Aunque algo ha debido quedar, a juzgar por las memorias del ministro del Interior Barrionuevo. Aquella destrucción fue debida a Suárez y Martín Villa, y desde luego muy agradecida por la izquierda y separatistas, que no recuerdo que hayan protestado por ella. Agradecida porque muchos de aquellos valerosos luchadores contra Franco iban a salir seguramente malparados de sus revelaciones. Pero Alzaga nos ilustra con esta interpretación: “Somos el único país de Europa donde se ha cometido tal barbaridad” Hasta aquí, bien, pero observen su comparación: “Los informes de la policía política de la Alemania Nacionalsocialista, de la Italia fascista, del Portugal salazarista o de la Grecia de la dictadura militar se han conservado”. Alzaga luchaba esforzadamente contra un régimen parecido a la Alemania nazi, parece ser. No recuerdo, por cierto, que Alzaga protestase entonces por el desmán, aunque dice que sí salvó algunos papeles referentes a él mismo, que resultaron “insignificantes y carentes de interés”. Como su propia oposición al régimen, sin duda.
Y aún peor: según él, la fechoría se debió a que “muchos franquistas quisieron seguir en política durante la nueva democracia y ello solo les pareció factible si se destruían todas las pruebas de como habían contribuido a la represión de los que quisimos traer la democracia durante el franquismo”. Es evidente que Suárez y Martín Villa, responsables del delito, querían seguir en la política en la democracia, al igual que otros muchos franquistas que podrían citarse, empezando por el rey Juan Carlos. Alzaga y los suyos, en cambio, “querían traer la democracia” a base de “diálogos” con los comunistas y con los separatistas, casualmente también democristianos, y ya se sabe que de aquellos polvos, con perdón… En cuanto a los políticos franquistas que habían reprimido a comunistas , separatistas y otros “demócratas”, eran precisamente los que estaban trayendo el nuevo régimen de acuerdo, en principio, con el referéndum de 1975 “de la ley a la ley”, pronto “olvidado”, desgraciadamente.
Casi todo el mundo ha pretendido hacer carrera política en España presentándose como luchador antifranquista. Uno puede comprender la falsificación de la historia por comunistas y etarras: después de todo lucharon (luchamos) contra Franco, se sacrificaron, algunos murieron en el empeño y bastantes pasaron por la cárcel. Pero la falsificación hecha por unos señoritos hijos y beneficiarios del régimen, causa un especial malestar, casi físico.







