El próximo sábado, 18 por la mañana, en la feria del libro de Madrid, firmaré Por qué el Frente Popular perdió la guerra y Cuatro perros verdes (y otros) en la caseta 221, de Editorial Actas. El de Sonaron gritos y golpes, y el de La Segunda república, o Los mitos del franquismo en la caseta de La esfera de los libros, número 47 (firmaré allí este domingo tarde) En la de Encuentro, 275, podrán encontrar mi trilogía sobre la república y la guerra, o La guerra civil y los problemas de la democracia
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En Una hora con la historia tratamos esta semana de la situación interna creada en España en verano-otoño de 1942 por la evolución de la guerra mundial, con peligro de desgarramiento interno del régimen, manifiesto entre otras cosas en el célebre enfrentamiento de Begoña entre falangistas y carlistas: 195 – 1942, España en la encrucijada | Programa 300 x 100 – YouTube
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Crónica: injerencias rusas y jueces.
**En la farsa generalizada que es la política española, el penúltimo pequeño episodio es la escandalera sobre la “conexión” entre Rusia y el separatismo catalán. ¡Hasta la propia UE está muy alarmada. Leemos: “La UE está investigando la injerencia rusa en el separatismo catalán”. Hombre, ¿y por qué no tendrán derecho los separatistas a chanchullear con los rusos como lo hacen con nuestros “aliados” de la UE desde sus “embajadas”? Y puestos eso, si a la UE le preocupa el separatismo catalán, ¿por qué no investiga a los gobiernos PP y PSOE que tanto han ayudado y siguen ayudando a ese separatismo y a los demás? Por otra parte, los gobiernos PP y PSOE han mandado aviones y blindados a las inmediaciones de la frontera rusa, en una clara provocación. Esa frontera queda muy lejos de España, que no tiene con Rusia ningún conflicto, como sí lo tiene con los “aliados” de la UE y de la OTAN, que mantienen o aceptan la invasión de nuestro país por Gibraltar y consideran de hecho ciudades marroquíes a Ceuta y Melilla. Son los gobiernos del PP y del PSOE los mayores promotores de los separatismos, de la colonia de Gibraltar y de las provocaciones a Rusia por cuenta ajena, y se declaran “grandes amigos” de Marruecos. Creo que nunca habían hecho caer tan bajo a España unos gobiernos por lo demás tan corruptos.
**Parece que algunos jueces están poniendo trabas al gobierno del doctorado portero de discoteca. Ojalá esa resistencia vaya adelante, aunque no hay que fiarse. Recuerden que hace poco avalaron o aceptaron sin rechistar el gravísimo delito de la profanación de la tumba de Franco, o la promoción de una delincuente a ministro de justicia y luego a jefa de los fiscales… Es una larga historia. Recuerden que ya el socialista Alfonso Guerra decidió la muerte (por asfixia progresiva) de Montesquieu, es decir, de la independencia judicial, auténtico golpe contra la democracia al que se sumó el PP y que los jueces aceptaron tal cual. Jiménez Losantos ha expuesto algo de eso, que nadie quiere comentar. Eran todos “jueces para la democracia”, una democracia liberticida. Dicen algunos que no se debe judicializar la política. Cuando los gobernantes son delincuentes, la judicialización es la última barrera.
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Baroja opina sobre otros escritores
Blasco Ibáñez, evidentemente, es un buen novelista; sabe componer, escribe claro; pero para mí es aburrido; es un conjunto de perfecciones vulgares y mostrencas que a mí me ahoga. Tiene las opiniones de todo el mundo, los gusto de todo el mundo. Yo, a la larga, no lo puedo soportar. Azorían está muy bien, pero es muy poco novelista. No le gusta el misterio ni lo dramático, huye de todo ello, y parece que su ideal es lo estático y ls desilusión de la vida ante una luz clara. Felipe Trigo es lo contrario en malo; quiere encontrar misterios en la peinadora, en el comisionista, en el estudiante, en el café de una ciudad de provincia, y se arma unos conflictos sentimentales y sensuales absurdos. Pérez de Ayala y Gabriel Miró son escritores atildados; pero hay en ellos, para el público corriente, mucho de enjuagarse con el estilo, mucho recrearse en la palabra, cosa que a la mayoría no nos interesa profundamente El gusto por la literatura de Valle-Inclán lo comprendo en cierta clase de público, el de Unamuno lo comprendo menos. El público de Valle-Inclán es el que ha sido entusiasta del modernismo, del decadentismo, de los diabólico. Barbey D´Aurevilly, D´Annuncio, Oscar Wilde, un poco Baudelaire, princesas, marquesas, palacios, salones, títulos, perfumes, estatuas, todo un poco falso.; pero esta admiración ha existido siempre. Ahora,, el público de Unamuno ya no lo comprendo. Sus novelas son pesadas deliberadamente, no tienen interés psicológico, al menos general, ni dramático ni folletinesco. Muchas veces parece que están escritas para molestar al lector, y no solo al lector amanerado y rutinario, sino a todos Yo no tengo ninguna antipatía personal contra Unamuno; pero cuando intento leer sus libros , pienso que son como una venganza contra algo que no sé lo que es.
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El fracaso del segundo frente popular
El Frente popular que derribó a la república en las elecciones fraudulentas del 36 e impuso un régimen de terror, se componía de separatistas y sovietizantes (PSOE y PCE) (los auxiliares golpistas como Azaña, y los anarquistas fueron pronto neutralizados) Cuando comenzó la transición después de Franco, se dio un fenómeno parecido: se formó una llamada –por irrisión– Junta Democrática en torno al Partido comunista de Carrillo, único con cierta existencia real entonces; y poco después una Plataforma también llamada “democrática”, cómo no, en torno al PSOE (este partido, en la práctica inexistente pero que cobró forma enseguida gracias a un diluvio de dineros, alemanes y de otras procedencias, incluso de la derechista UCD). Ambos grupos de “demócratas” pronto entendieron que debían juntar esfuerzos en lo que popularmente se llamó “Platajunta”, embrión de un segundo frente popular. Su objetivo era destruir la herencia del franquismo y saltar por encima de cuarenta años fructíferos para enlazar con la supuesta legitimidad del primer frente popular.
Durante el año 1976, aprovechando las amplísimas libertades de hecho, no cesaron de agitar con vistas a lo que se llamó la ruptura, y después del verano se sintieron con ánimos para echar un pulso al programa diseñado por Torcuato Fernández Miranda, consistente en lo esencial en organizar la democracia a partir de la legitimidad histórica del franquismo, esto es, “de la ley a la ley”. Intentaron una huelga general que fracasó por completo, y luego un boicot al referéndum de diciembre de aquel año, cosechando un fracaso aún mayor. El legado del franquismo era muy mayoritariamente respetado por la gran mayoría de la población, que no quería aventuras al respecto. Este segundo frente popular fue así derrotado pacíficamente y en embrión, y la táctica y la estrategia debieron cambiar, pero esa es otra historia.
Para entender la historia desde la transición es indispensable conocer la del primer Frente Popular, el que llevó a la guerra:
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¿Liberales contra España?
“Señor Moa, ¿ha leído usted la reseña entusiasta que hace en Libertad Digital Carmelo Jordá sobre el libro de un liberal chiflado (que los hay, y no pocos, usted les ha dado lo suyo a algunos como César Vidal o Vilches), titulado “Cristóforo”? Vista la reseña, no leeré el libro que está claro que es un ataque directo a España y los Reyes Católicos por no ser lo bastante comerciantes. “Defensa encendida de la libertad individual y del comercio”, asegura Jordá y cita del chiflado una mística del dinero: “La naturaleza del comercio opera de una manera tan prodigiosa que nos negamos a creer que sea producto del libre albedrío y nos parece que todo debe estar manejado por el supremo hacedor”. En fin, “Cristóforo” y los judíos representan el bien, la libertad y la riqueza, y los Reyes Católicos y España todo lo contrario. Haciéndose el comprensivo, el tal Carmelo “explica”: “No se puede juzgar a los españoles de hoy por lo que hicieran nuestros antepasados de hace más de cinco siglos, pero en cualquier caso me parece muy interesante todo aquello que contribuya a que se conozca más una página de nuestra historia que no es para sentirse orgullosos”. La sandez del comentario clama al cielo. Como usted ha señalado, Colón pudo quizá nacer en Génova, pero era español por elección, por naturalización, igual que Magallanes o Vespucio. ¿Cómo es que elegían ser españoles? Y luego la historia del bendito, del místico comercio: ¿el comercio de esclavos, que tanta prosperidad dio a Inglaterra, Holanda y Francia, el comercio del opio, que hizo de Inglaterra la gran potencia narcotraficante del siglo XIX…? No comprendo cómo en un órgano tan proespañol como Libertad Digital se cuelan estas porquerías irracionales. Me gustaría que usted lo comentara” Marcos Silens
Coincida uno o no con diversos argumentos y conclusiones, uno solo puede sentir admiración por el ingente escuerzo intelectual y moral de los pensadores liberales ingleses, pero no puede decirse lo mismo de los españoles. Estos nunca pasaron de vulgarizadores y distorsionadores de ideas ajenas, una de ellas esa adoración del comercio como si estuviera al margen de la fruta del árbol del bien y del mal. Usted ha señalado el tráfico de esclavos o el del opio, realizados en nombre de la libertad de comercio, podía haber citado cómo la “nefasta” corona española prohibió a Colón esclavizar a los indios, como era su propósito inicial. Y podía haber citado las grandes hambrunas (millones de muertos en Bengala , un millón en Irlanda), también en nombre de la libertad de comercio. Pero vayamos a la actualidad: tres de las actividades comerciales que más dinero mueven en el mundo son la prostitución, el narcotráfico y el tráfico de armas. Aparte de otros muchos comercios nefastos, como el negocio del aborto, etc. Como puede verse, hay comercios buenos y malos. Uno de esos liberales “a la española” podría decir decir que para regularlos está la ley, pero las leyes cambian, y la prostitución y el aborto están de hecho fomentados en los países occidentales. Por otra parte, esa clase de liberales solo puede condenar tales comercios traicionando sus propios principios y, puestos a ello, traicionando los mismísimos designios del “supremo hacedor”. La estupidez no tiene fronteras ideológicas.
Y si de algo no podemos sentirnos orgullosos es de la historia del liberalismo español, muchas de cuyas taras provienen precisamente de su seminulidad intelectual. Por desgracia, la Guerra de independencia dejó la sociedad dividida entre unos descerebrados que querían volver al Antiguo régimen, y otros descerebrados, estos liberales, que organizaron del peor modo posible (sobre la leyenda negra) las independencias americanas. En España ya empezaron a pelearse entre sí en el Trienio famoso, y cuando ganaron la guerra civil se dedicaron a intrigar unos contra otros y al golpismo de los pronunciamientos. Su vacío intelectual llevó a un sexenio convulso y una demente I República. Luego vino el liberalismo más aceptable de la Restauración, pero este encontró su mayor enemigo en otros liberales, que la privaron de sostén ideológico mediante mil lucubraciones en el fondo simplonas, uno de cuyos tópicos era precisamente la leyenda negra, como en ese libro que me ha dicho. Aquellos liberales “rebeldes” desde el funcionariado y “regeneradores” del país tuvieron la mayor influencia en la llegada de una II República casi tan demencial como la primera, y que desembocó en la guerra civil. Como dijo uno de ellos, Gregorio Marañón, al contemplar el desastre, “no merecemos perdón”. Baroja decía que no conocían su propio país, y es cierto, pretendían entenderlo a base de cuatro abstracciones simploides. Podríamos añadir cosas como la destrucción del patrimonio histórico-artístico español por la desamortización de Mendizábal, como siempre chapucera aparte de otras cosas. Segunda gran destrucción después de invasión napoleónica, la tercera fue la del Frente Popular. ¡Claro, no era nada grave destruir los recuerdos y la memoria de una historia de la que no podíamos “sentirnos orgullosos”! ¿Orgullosos de haber descubierto no solo América sino el planeta, que hicieron entrar a la humanidad en una nueva era, y tantas otras “nimiedades”? ¿Qué eran al lado de la libertad de comercio? Todo esto tiene un enorme trasfondo que está por analizar, y si de algo es imposible sentirse orgulloso es de la historia del liberalismo español.
Sí, ha habido en España una corriente liberal fuertemente hispanófoba, que ha causado enormes daños históricos. El liberalismo, en general, ha hecho no obstante aportaciones irrenunciables, pero en España necesita urgentemente una sana autocrítica.





