Recuerdos, discusiones y criterios
Me mandan de Es-radio este comentario: “PD: Por cierto Sr. Del Pino , en su programa oí sobre el lanzamiento del libro Cuatro Perros Verdes del Sr. P. Moa. Lo leí. Me pareció ejemplar. Tal vez no soy objetivo , yo accedí a La Universidad Complutense, en Madrid, en 1967 y allí estuve hasta 1973 , haciendo la licenciatura de Ciencias Físicas y la Tesina ; dando clases de laboratorio en el último año. Todas las discusiones, las preocupaciones de juventud, la política, los amigos y amigos tan diferentes entre sí, los lugares, la universitaria, los bares de Argüelles,….todo era vida revivida para mí”. J. R. Álvarez Gala
Es extraño que haya poca literatura sobre un período tan interesante. Entonces los estudiantes (bastantes de ellos) sentían inquietudes intelectuales, políticas y morales entre el declive de la Iglesia, el desinterés (aunque no hostilidad) hacia el franquismo, e influencias existencialistas, marxistas y freudianas, en círculos muy diversos. Hoy me parece que eso no existe. El bombardeo de informaciones dispersas y bulos, la mezcolanza, a través de las redes y los medios, de ideas, sucesos, pornografía, crímenes, noticias políticas más o menos creíbles, declaraciones casi siempre banales de los intelectuales, difusión de lo grotesco, lo ruidoso, la tónica infantil de los discursos… crea un caos mental y social que hace casi imposible el criterio o meramente la reflexión. Pero todo esto estaba ya en germen por aquellos años.
“Respecto a las discusiones (en Cuatro perros verdes), hay dos intenciones claras. Una, la de conocer el fondo de las cosas y su significado. Y dos, la de descubrir cuál es la actitud que se debe tomar ante la vida para ser feliz. Pero no hay respuesta inequívoca y universal para casi ninguna pregunta seria, y todo el esfuerzo de los chicos se pierde en un océano de opiniones y controversias”. Luis Segura, “La cueva de los libros”
No sé si realmente aspiraban a ser felices. Cada estudiante refleja una actitud ante la vida y la acción. No creo que se pierda nada, pues el problema es que, hasta hoy, nadie ha dado con esa respuesta inequívoca y universal, aunque muchos crean haberla hallado. Y esa es la cuestión en la novela: la vida puede abordarse de diversos modos, ninguno válido para todos; el contraste es esencial, y sin embargo persiste el esfuerzo por entender. Ese esfuerzo es quizá lo que importa más, tal como en La Odisea importan más las aventuras que la llegada a Ítaca.
Comentario en Amazon: JZ, revisado en Alemania, 10-4-2021, sobre Cuatro perros verdes: ”Los vinos californianos empezaron a ganar en los concursos a los vinos franceses cuando las catas se hicieron ciegas. Hay que leer la novela independientemente de la opinión que se tenga del autor. Los profesionales seguimos ciertos criterios para valorar una obra literaria: personajes, tema central, arquetipo, lenguaje, estilo, narrador, estructura, ritmo, intención, instinto, novedad, conocimiento y por último la revisión. En todos los puntos la novela se merece un notable alto. Para un lector menos versado, simplemente recomendarle su lectura, la va a disfrutar”.
Nada que añadir. Solo que no estaría de más un desarrollo –imposible en un comentario de Amazon– de todos esos criterios invocados en relación con la novela.
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Lo más terrible
**Izquierda liberticida y separatistas son ante todo partidos de ladrones. Supieron desde el primer momento que tenían que robar la bandera de la democracia, porque con ella podían amparar otros mil robos, desde el de la historia al de los parados.
**Lo más terrible en la profanación de la tumba de Franco no fue la acción de la mafia liberticida socialista-comunista-separatista más un Tribunal Supremo corrupto, sino la no-acción colaboradora de sus auxiliares del PP, de la banda farisaica de los obispos y de los monárquicos, afectados por una pulsión suicida, como en el 31. Estos delitos termina pagándolos la sociedad.
**VOX ha cometido el error de hablar solo en sordina de la cuestión de Franco: es la cuestión clave de la democracia y la subsistencia de España. Es preciso verlo a tiempo. Y muy fácil de defender: “¿Por qué el antifranquismo exige la anulación de las libertades? ¿Por qué su versión de la historia necesita una ley soviética para sostenerse?”.
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Aprender del franquismo
“España había hecho el milagro de combinar el orden público de las democracias reales con el progreso material de las democracias formales y eso era intolerable (…) Dentro de lo defectuoso de las construcciones humanas, España era la prueba palpable de que en el mundo había otras opciones además de las democracias totalitarias y de la democracia libertina, y muchos de los que condenaban en público esta curiosa hibridación española nos confesaban en privado: Ah, la Spagna! Li si sta veramente bene!” Aquilino Duque La era argentina, un libro muy digno de meditar.
Dado que hoy todos los regímenes se dicen democracias, A. Duque las rechaza todas, y recuerda el franquismo como algo muy especial que superaría las sus dos formas principales: la liberal y la marxista. Esto me parece arbitrario, pero al mismo tiempo nos plantea dos problemas: ¿por qué el franquismo, con sus evidentes logros, pudo ser demolido con tanta facilidad? ¿Y qué podemos extraer de válido de aquel régimen tan exitoso en condiciones tan difíciles, para corregir los no menos achaques y miserias de la situación actual? He aquí un gran reto para el pensamiento político e historiográfico.
Una dificultad seria para quienes detestan la democracia es la facilidad con que se les puede reducir a la impotencia: “Usted pretende que se prohíba expresarse a quienes no piensan como usted. Pero en democracia también usted puede expresarse como los demás, y si se queda marginado será ante todo porque su forma de pensar es inaceptable para la mayoría”. Salvando el hecho de que en el franquismo había mucha libertad de expresión, ello nos conduce a otro problema, derivado de la concepción de la democracia como una algarabía en que todas las opiniones, por ser libres, tendrían el mismo valor.
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Lenin 7. La clave del “ave fénix” marxista
El materialismo marxista permitía a Lenin concebir la historia humana al modo de la historia natural, es decir, sometida a leyes análogas y sin escapatoria como las que rigen el movimiento de los planetas o las combinaciones químicas. La economía, considerada el fundamento material de la sociedad, encontraba en la plusvalía el modelo explicativo, tanto del modo de explotación llamado capitalista como de su necesario impulso autodestructivo, al crear a sus verdugos. No obstante, el capitalismo no se autodestruyó y nunca los obreros fueron sus verdugos.
Y finalmente el motor de la historia sería la lucha de clases entre los explotadores y los explotados. Era esa lucha, expresión de la economía, lo que subyacía a las variadísimas expresiones de la historia y lo que permitía entender científicamente su evolución. La observación histórica muestra que los movimientos interpretables como lucha de clases han sido más bien esporádicos, sin ideas precisas –más bien reacciones desesperadas ante opresiones brutales– y raramente triunfantes. Ahora bien, una vez se acepta la teoría, es posible convertirla en actividad política consciente y deliberada: eso perseguían los partidos comunistas o socialdemócratas. Teóricamente esos partidos expresarían los intereses históricos del proletariado, pero de nuevo encontramos la seria dificultad de que en realidad no los dirigían los obreros, sino intelectuales convencidos de conocer la ciencia natural de la sociedad, empezando por los propios Marx y Lenin. Las masas obreras se movilizaban ante todo por objetivos sindicales, que, como bien veían Marx y Lenin, tendían a integrarlos en el sistema llamado burgués y no a destruirlo.
La lucha de clases como historia natural, tiene consecuencias practicas: los seres humanos cesan de serlo, pasan a ser solo números de alguna clase. Y la historia, por ser natural, excluye cualquier remilgo para exterminar a alguna clase. La clase burguesa” no podría exterminar al “proletariado” porque lo necesita para explotarlo, pero al proletariado puede convenirle exterminar a los “burgueses”, pues, según la teoría, no los necesita. De ahí el nulo escrúpulo de los comunistas ante el genocidio: solo se trataba de fumigar a parásitos opuestos a “la marcha de la historia”.
Examinadas las “tres fuentes” del marxismo, está claro que ninguna de ellas corresponde a la realidad y que han fracasado una y otra vez, como teoría y práctica. ¿Por qué, entonces, el marxismo parece capaz de resucitar una y otra vez de sus cenizas, somo sospechaba Schumpeter? Creo que porque conjura uno de los sentimientos más profundos de la psique humana, el de la igualdad. Algo de eso he esbozado en Por qué el Frente Popular perdió la guerra
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