Historia criminal del PSOE: Los socialistas huyen de Asturias con el botín: https://www.youtube.com/watch?v=T05LLzB22-c
******************
La vida como sonambulismo
Leída su novela “Sonaron gritos y golpes a la puerta”, los comentarios de su blog me llevan a este planteamiento: la novela define la vida humana como un sonambulismo. Al leer las frases de Tolstoi lo he visto con más precisión. La carrera de Alberto culmina en la muerte del padre, y esta es también un suicidio para él, porque mata también su vida anterior y se somete definitivamente a lo que él temía, la vida de casado y padre de familia, una vida que le parece trabajosa y de poca sustancia. Al principio de la novela afirma que se compenetraba muy bien con Carmen, pero a uno se le ocurre que podría no ser verdad, y que la manera como salieron sus hijos indica que su labor como padre de familia debe de haber sido poco vistosa, poco brillante. Y como marido él dice que fue bien, pero puede dudarse de eso también. Profesionalmente se le ve insatisfecho con su carrera de profesor de filosofía, la valora poco él mismo, la encuentra mediocre y seguramente todo lo demás sería igual. El suicidio, digo un suicidio sui generis, espiritual o algo así, había sido tan completo que había borrado de su memoria aquellos años violentos, y es cuando está viejo y viudo, cuando de pronto le viene todo a la cabeza. En últimas, ¿qué parte de su vida le parece mejor? Si se extiende sobre los años violentos y apenas menciona los siguientes al “suicidio”, diría yo que está clara la razón. Durante aquellos años jóvenes, Alberto actuaba como un sonámbulo, sin saber su sentido. La muerte del padre le golpea mentalmente como una revelación repentina, le aplasta. Tosltoi dice que el hombre necesita decisiones positivas, y en cambio tiene que desenvolverse en un caos de contradicciones, de inestabilidad moral, ” en un océano eternamente cambiante”. Si vemos así la vida, ninguna persona obra de manera muy consciente, hay demasiadas cosas que influyen en él y que se le escapan, por eso digo lo del sonambulismo. ¿Está de acuerdo? (…) José M. Ruiz, estudiante de Físicas.
Puede ser. Cuando decimos que una literatura es buena y otra mala, ¿qué queremos decir aparte de exhibir nuestro gusto personal? Las novelas se parecen a los mitos, y si son buenas van al fondo de la naturaleza humana: lo que cuentan nunca sucedió, pero existe siempre. Tomemos los personajes de tres obras mayores, probablemente las mayores de la literatura española, La Celestina, el Quijote y Don Juan: una prostituta y bruja avariciosa y cínica, un caballero obsesionado por el triunfo del bien y la justicia, y un personaje diabólico motivado precisamente por el mal. Los tres existen siempre, los vemos a diario. ¿Obran como sonámbulos? En cierto modo. Hay en ellos un impulso y unos deseos que perciben conscientemente, pero el origen de ese impulso escapa por completo a su consciencia. Solo pueden, si acaso, justificarse en él para evadir la culpa: “los dioses nos dieron mala suerte”, decía Helena en La Ilíada. Hoy diríamos que son los genes, pero eso no tiene valor moral. Alberto tiene gran dificultad para valorar su propia vida, eso es cierto. Podría solazarse en sus diez años juveniles de aventuras extremas, reivindicarlas como explosión de vitalidad y libertad o motivarlas políticamente, contrastarlas positivamente con los cincuenta y pico posteriores, que adivinamos algo aburridos, pero él mismo no sabe bien a qué atenerse. Pero no he querido escribir una novela deprimente o de simples aventuras. Ninguna crítica o reseña la ha considerado así, afortunadamente.
https://www.amazon.es/Sonaron-gritos-golpes-puerta-Historica-ebook/dp/B007UQCJNI
******************
Democracia: ventajas y problemas
La selección de oligarquías por medio del sufragio universal tiene claras ventajas prácticas: implica libertad de opinión, expresión y asociación; limita por ello, temporal y cualitativamente, la tendencia de las oligarquías a hacerse con un poder absoluto; evita que las luchas por el poder degeneren en violencia abierta; y permite corregir alternativas demasiado perjudiciales.
A estas ventajas suele planteárseles una objeción que parece evidente: la gente común, “el pueblo”, suele tener ideas muy toscas sobre los complicados problemas políticos y económicos que debe afrontar el poder. Churchill decía que el mejor argumento contra la democracia sería una conversación de cinco minutos con el votante medio. En su estudio sobre la opinión pública, W. Lippmann expone hasta qué punto esta se forma a base de bulos, invenciones e histerias. Por consiguiente, dejar en sus manos la gobernabilidad de una nación, a través del sufragio, solo conduciría al desorden y al caos.
Sin embargo la objeción no es muy buena. Puesto que el poder se ejerce sobre la gente en general, es obvio que esta tiene cierto derecho a decir algo al respecto. En segundo lugar, la gente nunca ejerce el gobierno, se limita a decidir con su voto qué partido u oligarquía lo ejercerá por un tiempo. En tercer lugar, es cierto que la ignorancia del público puede llevarle a votar al partido más demagógico, pero dentro del público hay diversas tendencias, inquietudes, intereses y grados de conocimiento y preparación cultural, por lo que nunca se dará un caso de pueblo uniformemente seguidor de la demagogia, cuyas consecuencias, en general nefastas, puede corregir el sistema en nuevas elecciones.
Por ejemplo, la demagogia desatada en el primer bienio de la II República condujo a la victoria electoral de la derecha en 1933. La reacción de los derrotados fue precisamente destruir las normas democráticas en un proceso que llevó al Frente Popular. Así, la opinión pública nunca es homogénea. Y casi nunca proporciona mayorías absolutas a un solo partido. No solo existen diferentes opiniones, manifiestas en diversas votaciones, sino que una masa considerable de votantes teóricos se abstiene de votar, por desinterés o por no gustarle ninguna opción. De modo que las mayorías absolutas en España desde la transición, nunca han representado a más de un tercio del electorado. En Usa la abstención suele ser muy alta, a veces superior al número de votantes.
En unas elecciones no se decide algo como “la Verdad” o se interpreta la “voluntad divina”. Se deciden conveniencias y opciones de gobierno temporales. Y quien elabora y presenta esas opciones nunca es “el pueblo” espontáneamente, sino precisamente las oligarquías que pugnan con hacerse con el poder creando opinión pública según sus intereses. Además, si es cierto que la gente corriente entiende poco o se preocupa poco de entender los problemas políticos, no lo es menos que los políticos profesionales tampoco los entienden demasiado, a veces no superan el nivel del parroquiano de bar. Cosa fácil comprobar por la variedad de soluciones que suelen ofrecer los supuestos expertos (Churchill decía algo así como que ante un problema económico consultaba a varios economistas, y cada uno le daba una receta distinta). Lo vemos a diario.
Es decir, el problema está, como siempre, en las oligarquías, que saben menos de lo que pretenden, y que tienden a interpretar la victoria electoral como carta blanca para la corrupción y la arbitrariedad. Aspiran a conservar y expandir su poder, incluso por medio de leyes que vulneren en su favor los principios democráticos. Lo hemos visto en España con la subida al poder del PSOE de Zapatero. Aunque ese partido había demostrado su corrupción y en parte había politizado la justicia, no había llegado, como Zapatero, a desvirtuar la democracia con leyes tiránicas, totalitarias, y a destruir el estado de derecho mediante la colaboración con el terrorismo separatista y el falseamiento de la historia, y arrasando la decisión popular expresada en el referéndum de 1976.
Los gobiernos tradicionales siempre han temido la democracia por temor a que condujera a una destrucción de la sociedad en la lucha de partidos, como efectivamente ha ocurrido en ocasiones. Ese impulso destructivo es natural desde el momento en que los partidos pueden actuar libremente, cada uno con sus políticas. El gobierno se decide por mayorías relativas, pero los partidos derrotados no tendrían por qué aceptar la victoria contraria, ya que pueden argumentar que sus votantes prefieren otro gobierno o incluso escindirse de la nación. ¿Por qué, entonces, no habían de romper las normas propiciando un golpe de estado, o arguyendo ilegitimidad de la consulta o cualquier otro pretexto? Lo cual nos indica que por encima de las formas democráticas ha de haber unos principios superiores respetados por todos, como la unidad nacional o normas morales generales.
En España, la experiencia de Frente Popular no pudo ser más ilustrativa: consiguió el poder en unas elecciones fraudulentas, destruyó violentamente, a continuación, el estado de derecho e imponiendo una verdadera orgía de crímenes y destrucciones. En este caso las acusaciones de los que finalmente se sublevaron no eran meros pretextos: respondían a la realidad más cruda. El Frente Popular, compuesto de separatistas y totalitarios, demolía las más elementales normas democráticas, aspirando a mantenerse indefinidamente en el poder para construir una nueva sociedad a imitación de la soviética, con serios riesgos de disgregar la base sobre la que se asentaban las libertades y las elecciones, es decir, la nación española.
*****************
Carta de un diplomático jubilado al editor:
Acabo de terminar el libro de Pío Moa: “Por qué el Frente Popular perdió la Guerra Civil”. A mi me encantó. Es un magnífico ensayo sobre un tema tan manipulado, tergiversado, reescrito y prostituido, que el de la Guerra Civil española.Un análisis detallado, escrupuloso, perfectamente documentado y con un enfoque admirablemente objetivo e imparcial, que hace de esta obra un ejemplo de cómo hay que tratar la historia en general, y la española, con su Guerra Civil a las espaldas, en particular. Además se lee con una facilidad casi de una novela, con un lenguaje entre el ensayista y el periodístico. En fin, es una obra maestra e interesantísima, por sus conclusiones y planteamientos, para cualquier lector a quien de verdad le pueden interesar las verdades sobre la Guerra Civil, sus antecedentes, el desarrollo y el final. Incluso sus influencias en la vida política que estamos viviendo en la actualidad bajo la losa de la mentirosa Ley de la Memoria Histórica (…)
https://www.amazon.es/Frente-Popular-perdi%C3%B3-Guerra-Civil/dp/849739190X
**************
Blog Marzo de 212
Día 10: La cuestión de los godos y Ortega / Negación universitaria de España https://www.piomoa.es/?p=137
Día 14: ¿Es España una nación? ¿Puede hundirse? https://www.piomoa.es/?p=146
Día 20: Problemas de la Pepa / Amenazas en el Estrecho: https://www.piomoa.es/?p=154
Día 22: Fernández de la Mora y el laberinto de la felicidad / J. Pérez (VII) Los comienzos de la Reconquista. https://www.piomoa.es/?p=162
Día 25: Elecciones. La democracia en España: https://www.piomoa.es/?p=170


