Portugal y España (IV) España y la I Guerra mundial / ¿Decadencia de la democracia?

España ante la I Guerra Mundial

Ante la intervención portuguesa en la I Guerra Mundial, un indignado Pessoa escribió: “¿Qué demonios de independencia nacional tiene un desdichado país que es internacionalmente un feudo de Inglaterra y nacionalmente un feudo del antiportugués Afonso Costa (…) un  Portugal donde internacionalmente solo se puede ser inglés; donde nacionalmente solo se puede ser francés?”. Una situación no demasiado disímil de la de España en el siglo XIX y parte del XX.

Por lo que se refiere a España, su gobierno no cayó en el tremendo error de intervenir, pero no faltaron vacilaciones y presiones para que lo hiciera. Cabe recordar un manifiesto de intelectuales que hoy nos sorprende como una exhibición de necedad: “No sería bien que, en esta coyuntura máxima de la historia del mundo, la historia de España se desarticulase del curso de los tiempos, quedando de lado, a modo de roca estéril, insensible a las inquietudes del porvenir y a los dictados de la razón y de la ética. No sería bien que en estos momentos de gravedad profunda (…),  España, por el apocamiento de los políticos responsables, apareciera como una nación sin eco en las entrañas del mundo (…)  Estamos ciertos de cumplir un deber de españoles y de hombres declarando que participamos, con plenitud de corazón y de juicio, en el conflicto que trastorna al mundo. Nos hacemos solidarios de la causa de los aliados, en cuanto representa los ideales de la justicia, coincidiendo con los más hondos e ineludibles intereses políticos de la nación”.

El manifiesto, advertían, “Habrá visto la luz en los principales periódicos ingleses, italianos, suizos y americanos del Norte y del Sur. Gracias a este claro y vivo resplandor, los pueblos todos del mundo advertirán que España conserva aún aceite en su lámpara. Era ya urgente que nuestra Patria se retrajese de la sombra letárgica y asomase su faz familiar sobre las contiendas de los hombres”. ¿Qué había bajo esa orgía de estratosférica grandilocuencia sentimental? El intento de que España mandase a cientos de miles de hombres a servir de carne de cañón a potencias como Inglaterra, que,  por no citar más, humillaba permanentemente a España en Gibraltar; o Francia, cuya amistad y solidaridad con España era proverbial;  por no hablar de la autocracia rusa, cuyo zar bien caro iba a pagar su fidelidad a las anteriores. Esas “pequeñeces” no perturbaban la sublime palabrería de aquellos intelectuales, que alegremente dogmatizaban sobre “los más hondos intereses de la nación”.

 No menos llamativo era la forma como se presentaban: “Levantamos la voz para pronunciar nuestra palabra, con modestia y sobriedad, como españoles y como hombres (…) Sin más representación que nuestras vidas calladas, consagradas a las puras actividades del espíritu, sentimos que, para servir a la Patria y ser ciudadano honrado y de provecho, es fuerza ser hombre honrado y de provecho para todos los pueblos”. Nada menos. Con toda “modestia y sobriedad” incitaban a llevar a la muerte a masas de personas “por los ideales de la justicia, de la razón y de la ética”. ¿Se podía pedir más? Aunque ellos no irían a las trincheras, pues su labor se ceñía, obviamente,  a “las puras actividades del espíritu”.

Y ahora es preciso fijarse en los firmantes,  entre quienes destacaban, entre otros, Ortega y Gasset, Unamuno, Américo Castro, Marañón, Menéndez Pidal,   Gumersindo de Azcárate, Fernando de los Ríos,  Azaña, Luis Araquistaín, “Azorín”, Antonio Machado, Maeztu, Pérez Galdós, Palacio Valdés, Valle-Inclán, o Pérez de Ayala y diversos artistas. Casi diríamos que lo más florido de la intelectualidad española de entonces, la cual,  si algo demostró era, por un lado, su disposición a sacrificar cuantos hombres fuera necesario en pro de “la razón, la justicia y la ética” y por otro su absoluta incapacidad de análisis político e histórico. Muchos de ellos, por esas mismas carencias, contribuirían a traer una república demencial en camino a la guerra civil: unos se arrepentirían, otros no. Estos hechos deben mover a mucha reflexión sobre el pasado y el presente del país, y sobre la pueril vanidad “modesta” de tantos intelectuales. Y sobre la falsa crítica corriente a la democracia donde, dicen, mandarían los más ignorantes.

Puede compararse esa grandilocuencia vacua con las declaraciones de Eduardo Dato, el mejor estadista de la época en España, que cita Andrade:  “El Gobierno mantendrá la más rigurosa neutralidad. Ese es el interés de la nación y el papel que le reserva la eventualidad  de ser, si las oportunidades lo favoreciesen, la mediadora de la paz. Por su neutralidad y por el prestigio mundial de que goza su rey, España puede ser llamada mañana a enarbolar la bandera blanca entre los ejércitos que se combaten”.  Al revés que los intelectuales, Dato ofrecía al rey un análisis realista de la situación: la entrada de España en la guerra exacerbaría las tensiones sociales  hasta posiblemente un punto de ruptura, la nación se arruinaría, se atizaría la guerra civil y quedaría en evidencia la escasez de recursos y fuerzas para mantener toda la campaña:  “Si ya Marruecos supone un gran esfuerzo y no consigue llegar al corazón del pueblo, ¿cómo podríamos emprender otra campaña de mayores riesgos y de gastos iniciales fabulosos?”. Se habló de que España no habría participado “por impotencia”, pero otros países muchos más “impotentes” sí participaron.

Este era un análisis muy lógico, “racional, justo y ético”, yendo a la realidad. Pero había, como insinué más arriba, razones históricas más generales y de más peso para afirmar la neutralidad, como las habría en la II Guerra Mundial. Y que cabría resumir así: en aquellas guerras no se perdía nada al país, y el bando aliado se componía, salvo la lejana Rusia, de enemigos tradicionales de España, a quienes esta debía gran parte de su decadencia e insignificancia internacional, que los intelectuales del manifiesto pensaban superar… sirviendo a tales “aliados y amigos”. España nunca estuvo “tibetanizada” como decía Ortega, pero siempre fue diferente, a veces para mal, a veces para bien, como en aquella ocasión.

Hubo, pese a todo, un momento en que Romanones estuvo muy cerca de involucrar a España mediante un hecho consumado, aprovechando las vacaciones parlamentarias. Y en la huelga revolucionaria izquierdista de 1917 muchos sospecharon el intento de hacer lo mismo.

Alfonso XIII hizo caso a Dato, afortunadamente. A quien abandonaría sin embargo en 1917, después de que este desarbolase todas las peligrosísimas maniobras revolucionarias del momento. Uno de los graves errores que terminarían costándole el trono.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449

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¿Decadencia de la democracia?

Algunos se preguntan: ¿cómo es posible que España haya llegado a ser gobernada por una banda de estafadores? Y se responden: “por la democracia”. Parece como si en siglos pasados los países no cayesen con cierta frecuencia bajo reyes u oligarquías brutales y estafadoras. Por otra parte, unos gobiernos que introducen leyes totalitarias son, por definición, antidemócratas. Excepto VOX, único partido que se opone a tales leyes, ninguno de los demás es democrático.

   El modo como la democracia ha ido degenerando a la situación actual lo he analizado muchas veces y no lo haré ahora. Baste decir que su origen está en la identificación de democracia con antifranquismo. El antifranquismo siempre fue el peor y más peligroso  enemigo de la democracia, desde la guerra civil. Por lo demás, cualquier régimen puede degenerar, eso ya lo vieron los griegos, que además supusieron que ocurría cíclicamente. Sin embargo no tiene por qué ser una fatalidad cíclica.

Los Mitos Del Franquismo (Historia)Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

 

 

 

 

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Jayam 26: El problema del bien y el mal / Sonambulismo / “Prettyboy” y un gobierno de progreso

Omar Jayam (26) El problema del bien y el mal

Consideremos el bien y el mal en los animales: para la oveja el bien es librarse de las fauces del lobo, y para el lobo devorar a la oveja; y a la inversa con el mal. Sin embargo no existe ahí moral alguna, pues cada uno busca inocentemente su propio bien,  y su proyección sobre el futuro se limita a las ocasiones que se les presentan.  No obstante, por encima de los avatares de uno y otra  existe una norma, justicia o legalidad que podemos equiparar a una moral, que les permite sobrevivir imponiendo  un equilibrio: si el lobo devorase a todas las ovejas se quedaría sin alimento y moriría, y lo mismo pasaría con las ovejas si, libres de cualquier traba, se reprodujesen hasta comer toda la hierba disponible. No es que el lobo se proponga matar solo un número de ovejas o las ovejas abstenerse de proliferar demasiado: eso les viene impuesto diríamos por una legalidad exterior (el equilibrio ecológico en términos corrientes) que procura un bien general por encima de los impulsos y  dificultades (males) de unos y otros para alimentarse o reproducirse sin freno.

En el plano humano las cosas cambian notablemente, y el relato de la Biblia lo expresa de modo inmejorable:  al comer la fruta del bien y el mal, el hombre pierde la inocencia animal e introduce en sí mismo tanto el bien como el mal, es decir, se convierte en un ser moral. Además, la consciencia de la muerte como única certeza absoluta, aunque no pueda saber el cómo y el cuándo de ella,  le proporciona una visión general, por ilusoria que sea, sobre el conjunto de su  vida, que le impone algún tipo de proyecto vital. El bien y el mal le acompañarán ya en adelante en todas sus acciones, él será al mismo tiempo el lobo y la oveja. La serpiente tentó a Eva y Adán con la idea de hacerse como dioses, es decir, capaces de entender el destino, por tanto el bien y el mal. Pueden percibir los dos aspectos y sentirlos interiormente,  a menudo de forma desgarradora, pero no lograrán jamás entenderlos. La serpiente, símbolo a su vez  del mal, se ha burlado de ellos.

¿Sería lo más sabio, entonces,  desentenderse del asunto y resignarse a la vida según se presente, sin pretender ningún juicio moral sobre ella? Esa es la receta de Jayam, que él mismo traiciona, pues está claramente obsesionado con el problema. La vuelta atrás a la inocencia animal se ha perdido irremediablemente. Y nadie puede dejar de preocuparse por el bien y el mal, porque ese dilema acucia el sentimiento, la acción y el pensamiento humanos, desde el nivel más inmediato y prosaico  de tomar cualquier decisión vulgar  hasta la especulación filosófica que de un modo u otro gira  sobre ese “pecado original”. El hombre busca su bien en cada caso, aunque se ve burlado muy a menudo, y busca la felicidad como una plenitud duradera del bien, que siempre se revela imposible, pues el mal se presenta como un complemento, al modo de derecha e izquierda. Como decía Tolstoi, el hombre necesita decisiones positivas, afirmaciones precisas que guíen su acción, y sin embargo se ve arrojado “al océano eternamente cambiante e infinito del bien y el mal”.  Creo que es una buena descripción de la condición humana.

  El ser humano siente en sí mismo la presencia de la contradicción, y trata de zafarse de ella con el sentimiento y la razón, pero es en vano.  Ello no significa que sea totalmente impotente o incapaz de tomar “decisiones positivas”, aunque estas puedan ser malas o buenas, cosa que a menudo solo sabrá por las consecuencias posteriores. Prometeo y Epimeteo son la misma cosa: se puede prever, pero no demasiado. El bien y el mal se transforman inesperadamente el uno en el otro,  en un “océano cambiante”. Ello puede llevar a la desesperación, pero el esfuerzo por encontrar o hacer orden en el caos no deja de tener su recompensa parcial. Desde el principio de la humanidad, la costumbre establecida de modo impersonal en las sociedades, proporciona unas seguridades de conducta  que ahorran a cada individuo gran parte del tormento de  la búsqueda de orientación en la vida.  Moral significa costumbre, y la costumbre resulta de largos tiempos de experiencias sociales y particulares, y de especulaciones de algunos individuos que los demás aceptan. Con todo, las seguridades de la costumbre  son  incompletas y cambiantes a su vez. De ahí que la moral implícita parezca requerir como explicación la presencia de una fuerza exterior y superior, la divinidad, presente con unas u otras formas en todas las sociedades

El punto clave a considerar es este: ¿está el hombre sometido, al igual que el lobo y la oveja, a una legalidad o moral superior y no arbitraria, sin la cual no podría existir la vida pero que escapa a  su consciencia? La incapacidad de la consciencia y de la conciencia para entender esa legalidad, lo puede llevar, sobre todo si la vida se le vuelve adversa, a la idea del sinsentido, del “ruido y la furia”, convicción realmente suicida, por lo que muy pocas personas llegan a ser consecuentes con ella, aunque en un momento u otro a muchos les parezca así. Salvo esa interpretación, se plantea la cuestión:  ¿crea o inventa el hombre  su moral, o bien ella le viene impuesta de igual modo que al lobo y la oveja? La variedad de normas morales inclina a creer que se trata de invenciones adoptadas convencionalmente aquí y allá, pero la misma existencia de ellas, con todas sus variedades, indica otra cosa. Parece claro que la moral le viene impuesta de igual modo que su propia existencia y su propio cuerpo, aunque esa imposición le permita cierta autonomía, en gran medida atormentada. 

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Sonambulismo

 He comprado por Amazon sus memorias de “Adiós a un tiempo” y pienso hacerlo con su novela de Rusia. Alguna vez le he leído que usted no estaba satisfecho ni insatisfecho con su vida, sino solo desconcertado.  Entiendo que eso tiene  que ver con las discusiones últimas sobre el sonambulismo. Entiendo también que por sonambulismo no entiende usted lo que su nombre indica, un actuar dormido, sino más bien que en su acción y conducta el ser humano está solo a medias despierto. 

Eso es. Me desconcierta porque no consigo ver a qué atenerme, salvo lo más trivial. Cuando empecé la serie de “recuerdos sueltos” en Libertad digital, lo hice más bien como una distracción, por alejarme un poco de la pesadez del comentario político. Luego, según avanzaba me iban interesando más. Porque hablaban de un mundo ya muy distinto del actual. Hoy, los jóvenes y maduros, incluso muchos viejos, han perdido la memoria hasta de lo que han vivido. A través de los medios y los móviles están tan bombardeados con una masa tal de informaciones, embustes, diversiones, pornografía, chismorreos de famosos, etc., que pierden el sentido hasta de su propio pasado, del que tienen, si acaso, una idea distorsionada por la propaganda política.  Obviamente esos recuerdos sueltos no son unas memorias propiamente hablando, son pinceladas o imágenes personales nada sistemáticas pero que pueden hacer saltar algún chispazo de memoria, como cuando uno escucha una canción vieja que tenía olvidada y le trae de pronto, casi violentamente,  sensaciones antiguas. 

Eso es muy cierto. Esos recuerdos suyos son muy subjetivos y los veo demasiado variados sin un claro hilo conductor. Desde los terrores y gamberradas infantiles hasta su forma de llegar al comunismo… Lo he encontrado demasiado disparejo. Sus poesías me parecieron interesantes, pero como poeta no es usted lo mismo que como historiador.

Supongo que son verdad las dos cosas. Pero dígame, ¿hay en la vida una lógica, un hilo conductor? Si digo que me desconcierta es porque no lo encuentro. A los cincuenta años empecé mi carrera, digámoslo así, como historiador. A esa edad casi todo el mundo da su vida por concluida en cuanto a que no piensa hacer nada distinto o salirse del cauce de su actividad anterior, con vistas a la jubilación. Para mí fue completamente nuevo y tuve una suerte que no esperaba.  Nunca había pensado en ser historiador ni novelista, nunca se me había pasado por la imaginación. Antes me pasé muchos años sin saber bien qué hacer, no diré que en la pobreza pero sí casi. ¿Era yo el mismo de cuando me había dejado seducir por el comunismo? Esa fue otra gran ruptura personal…  He vivido más o menos tiempo con distintas mujeres y salvo la última lo veo como fracasos vitales a pesar de mi buena suerte, pues todas se portaron mucho mejor que yo. Y en suma, ¿en qué medida todo eso me define, es decir, responde a mi voluntad o a mis proyectos o a mis actos? Yo diría que en una medida escasa. Creo además que lo mismo ocurre con la mayoría, en unos más que en otros, aunque  la carrera de la vida de tanta gente parece predeterminada por  los proyectos  profesionales y sentimentales concebidos en la adolescencia o la juventud. Pero ni aun en los más predeterminados ha dejado de ofrecerles la vida sobresaltos y rupturas.  Adiós a un tiempo quiere decir también eso: un tiempo personal que se ha esfumado, y en el que se refleja también, parcialmente, claro, un tiempo social. 

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Un gobierno al servicio de ciudadanas y ciudadanos

Me ha hecho usted dos preguntas y como portavoza del gobierno voy a contestar a esas dos preguntas acerca del deplorable suceso del Prettyboy, porque me parecen dos preguntas importantes y todas las ciudadanas y ciudadanos  tienen derecho a conocer lo que piensa el gobierno, un gobierno irrenunciablemente  de progreso, muy consciente de su deber de  explicar la situación a las ciudadanas y ciudadanos, y ustedes, las periodistas y periodistas son el medio, y aprovecho para felicitarles por su excelente labor, tan necesaria en una democracia avanzada  como la que nos hemos dado las ciudadanas y ciudadanos de este país, quiero decir su labor tan  inestimable para el público en general,  que siempre espera de todos y todas nosotras y nosotros  la mayor eficacia en las respectivas labores.  Así que paso a contestar a esas dos preguntas. Ante todo quiero decirles que el gobierno siente, como toda la ciudadanía, la mayor preocupación por el horroroso asesinato del juez, un juez progresista con muchos años de servicios a la causa de la libertad, el europeísmo  y el progreso, un juez bien conocido por su honradez y buen humor,  un juez intelectual,  que, como recordarán, estuvo en el gobierno anterior de nuestro partido, donde realizó una gran labor que agradecemos, para volver luego a la judicatura con todos los honores y prestigios. Y lo primero que ha hecho el gobierno, naturalmente  ha sido informar del horrible suceso a su marido y a sus familiares más próximos, con el mayor sentimiento y descartando los bulos que hacen correr personas irresponsables y malintencionadas de extrema derecha. Un gobierno de progreso sabe bien hasta qué punto es indispensable la información veraz a la ciudadanía. Les puedo asegurar que el gobierno está muy encima de este terrible crimen y que espera localizar pronto al asesino o asesinos, la policía está volcada en su trabajo, tenemos una de las policías mejores del mundo y quiero aprovechar sus preguntas para felicitar igualmente a nuestras y nuestros  honradas y valerosos policías, auténticos héroes y heroínas que defienden nuestra seguridad aun a riesgo de sus vidas. Hemos involucrado asimismo a los servicios de inteligencia, por si detrás del crimen del Prettyboy  se encontraran oscuras manos exteriores o terroristas. La jefa de los servicios de inteligencia nos  ha confirmado que existen elementos muy sospechosos en esa dirección, incluso, aunque no quiero precipitarme y afirmar nada concreto, aunque todo se sabrá en su momento, se piensa en un cura retrógrado y homófobo que últimamente estaba hablando mucho de pederastia, y ya saben ustedes a qué me refiero, precisamente un cura criticando esas cosas…, que está en su derecho, por supuesto, pero de progresista no tiene nada, perdonen que lo diga así de claro. Quiero felicitar a las agentes y a los agentes de inteligencia y de servicios especiales, que siempre se han destacado por su abnegación, así como a ustedes, los periodistas, por su labor informativa  tan esencial para el buen funcionamiento de una sociedad de ideas avanzadas. Afortunadamente tenemos un presidente que además de doctor es hombre sereno, feminista y siempre lleno de ideas ante sucesos como el que desgraciadamente estamos viviendo, cuyo drama intrínseco podría volverse más lamentable por las posibilidades de turbia explotación política por la extrema derecha. El presidente y todo el gobierno somos muy conscientes de ese grave peligro, y puedo adelantarles que afrontaremos con la máxima decisión, y castigaremos con arreglo a la ley cualquier expresión  de homofobia o de odio, porque nuestra opción es de progreso, lo repito porque hay quienes nos calumnian infundadamente,  y no claudicaremos ante ninguna presión ni campaña manipuladora. Sus preguntas, ya le digo, me alegro mucho de que me las haya hecho… ¿En qué consistían?  Pero creo que más o menos las he contestado. A ver, otra pregunta…    

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Blog abril-mayo 2012

Día 25: Europeísmo e internacionalismo en la crisis española / El caso Repsol YPF según Roberto Centeno: https://www.piomoa.es/?p=237

 26: Rajoy parece imitar a Zapatero / Alcance histórico de la guerra civil: https://www.piomoa.es/?p=249 

Mayo, día 2: ¿Quiénes son las víctimas? / Significación histórica del franquismo: https://www.piomoa.es/?p=259 

5: Enfermedad de nuestra democracia / Hace falta otro partido (I): https://www.piomoa.es/?p=286 

10: Otro partido II) / Sobre la cultura:  https://www.piomoa.es/?p=286 

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¿Ineptos o estafadores? / Democracia (V) Democracia orgánica (1) / ¿Nada nuevo sobre la guerra civil?

**Dicen muchos ante el coronavirus: “Tenemos un gobierno de ineptos”. No tal. Es un gobierno de estafadores, y no debemos subestimar su destreza en mañas, patrañas y artimañas.

**Cada vez que un político habla de “mirar al futuro” nos demuestra, o bien su estupidez o bien su deseo de estafar a los ilusos.

**Insisto en divulgar este hecho: quienes atacan la memoria de Franco son los partidos y políticos más corruptos, liberticidas y disgregadores. No solo el PSOE y los separatistas, también el PP.

**El antifranquismo, cáncer de la democracia, hermana a PP, PSOE, C´s, separatistas y Podemos. Los enlaza con una tubería subterránea  llena de ratas y  basura.

**La infamia de Casado y el PP no consiste en que ofrezca “lealtad” a un gobierno estafador y reciba de él insultos y patadas. Consiste en que anhela compartir algo de poder para  colaborar en la estafa.  “Más despreciable que el verdugo es su ayudante”

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Democracia orgánica (1) 

(Incidentalmente, si la democracia fuera el poder del pueblo, nadie podría ser demócrata, porque nadie es el pueblo. No obstante, todos quieren usurpar ese poder)

  El régimen franquista se definió como “democracia orgánica”. En ella los votos no iban a partidos, tildados de montajes “artificiales”, sino que se ejercía a través de organismos “naturales” como la familia (donde se nace), el municipio (donde se vive) y en sindicato (por donde se trabaja), o las corporaciones profesionales y culturales. El Sindicato vertical agrupaba a empleados y empresarios y en los municipios se elegían los concejales, pero el alcalde, sin sueldo, lo designaba el gobierno. La institución superior de las Cortes, con 556 procuradores, también sin sueldo para evitar codicias y ambiciones particulares, se componía de representantes de los tres “tercios”: sindicatos, municipios y familias (este último solo desde 1967), junto con presidentes de los consejos supremos de Justicia y Economía, rectores de universidad, representantes de las Reales Academias y del CSIC, de colegios de abogados, médicos e ingenieros, agentes de  Bolsa, científicos, etc.,  y de personas distinguidas en los ámbitos militar, eclesiástico y administrativo, más “los cuarenta de Ayete”, designados directamente por Franco.

   Se observa ahí el intento de combinar la elección desde abajo  con la presencia de personas a quienes, por su relevancia cultural o administrativa, se atribuía una visión más amplia de los intereses generales. El principio electivo, que podía dar lugar a oligarquías demagógicas, se contrapesaba  con lo que podría llamarse una “oligarquía cultural” meritocrática, menos dada –se esperaba—a veleidades “populacheras”. La idea también aparece en cierto modo en el bicameralismo, con un Senado o “cámara alta” o de los lores,  que en general no ha funcionado gran cosa, excepto en Usa.

   En teoría, el voto “orgánico”, al realizarse en ámbitos conocidos de los interesados por estar integrados en ellos, tenía ventajas  sobre el voto “inorgánico” demoliberal, ejercido por masas anónimas de individuos aislados que eligen a personas y aparatos de poder de los que saben muy poco, y a menudo erróneo.  Hannah Arendt, en su estudio sobre el totalitarismo, achaca a la democracia liberal la producción de individuos desarraigados a partir de la propia concepción de los Derechos del Hombre, fundados supuestamente en la misma naturaleza humana. Con ellos, el individuo quedaba único dueño de sí mismo y árbitro de su conducta frente a la religión, la historia y la costumbre contrarias a “la naturaleza”. Pero esos derechos serían abstractos y sin garantía real, pues el estado, que debe garantizarlos, tiende también a vulnerarlos.

   Además, las personas quedarían así atomizadas y aisladas, manipulables y por ello propensas a seguir a demagogos fuertes y seguros de sí mismos, que les prometieran paraísos totalitarios.  Ortega,  en La rebelión de las masas, hace una fuerte crítica  del mismo tipo de individuo, el “hombre masa” “vaciado de su propia historia,”, “falto de un dentro, de intimidad y vida personal”, que “solo tiene apetitos, cree que solo tiene derechos y no cree que tiene obligaciones”, y seguidor probable de cualquier demagogia.

   Contra una opinión corriente, la idea de democracia orgánica tiene origen más bien izquierdista. En España parte de la institución Libre de Enseñanza, inspirada en el filósofo alemán Karl Krause.  Uno de sus promotores fue el intelectual socialista Fernando de los Ríos, miembro de la ILE. Teorizador destacado fue Salvador de Madariaga, que en su obra Anarquía o jerarquía, quiere salvar al liberalismo de la democracia. Según él, el sufragio universal movilizaba a masas ignorantes de la política y en el fondo desinteresadas de ella, lo que las inclinaba a dejarse seducir por dictadores. Votaban, para colmo, a pequeñas listas  de personas seleccionadas secretamente  “la gente parcial e irresponsable” de los partidos: “Todos sabemos a qué descrédito ha llevado este sistema a los Parlamentos”.

Por ello proponía limitar el voto a quienes demostrasen interés político, por ejemplo mediante el “servicio voluntario en alguna institución pública de enseñanza o beneficencia”. Sin embargo su voto no saldría del ámbito municipal. Luego, los concejales elegirían a los diputados regionales, estos al Parlamento y este, en fin, al gobierno, en una jerarquía progresiva de los más expertos. Habría además un Consejo Económico Nacional. A su juicio, “El modo de regir un país para su máximo rendimiento en orden, salud física y mental y prosperidad, se va haciendo cada vez más  materia menos opinable y más cognoscible por el estudio y la reflexión”. Una idea que recogerá Fernández de la Mora y conducente a alguna forma de tecnocracia. Ya hemos visto que también comunistas y nazis parten de concepciones no alejadas en la forma, aunque sí en el contenido:  con ellos la política pasaba a convertirse en ciencia, que eliminaba cualquier oposición o división de opiniones. Aunque conocemos los frutos de tales concepciones, permanece el problema teórico del contraste entre la minoría más o menos sapientes y la masa más ignorante. (De La guerra civil y los problemas de la democracia). 

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¿Nada nuevo sobre la guerra civil?

El comentario de ese ex diplomático sobre tu libro Por qué el Frente Popular perdió la guerra, me ha sorprendido, y más en una persona presumiblemente muy culta: parece como si, con todo lo muchísimo que se ha escrito sobre el tema, nunca se hubiera hecho nada un poco clarificador.  Pero tú mismo  has escrito mucho sobre ella, y no veo que en este libro digas nada nuevo.

Lo nuevo es, más que en  datos o detalles, que en eso no se termina nunca, es el modo y orden de su análisis y exposición. Eso sí es bastante nuevo. Se trata de una síntesis que abarca el desarrollo de los acontecimientos, las grandes cuestiones políticas en pugna, el papel de los principales líderes y las ideologías subyacentes. Cada uno de estos temas podría dar lugar a uno o varios libros, de hecho así ocurre. Lo importante es exponer una visión de conjunto clara y coherente. En ese sentido el libro es una novedad, te lo aseguro. La mayoría de los estudios se pierden en los detalles, con lo que la exposición termina confusa o distorsionada, porque detalles los hay para todos los gustos.

Claro que prescindiendo de los detalles puedes ofrecer una síntesis completamente arbitraria o engañosa, como las que tú criticas en otros.

No se puede prescindir de detalles, sería absurdo. Pero estos deben ser relevantes en una lógica interna. De otro modo viene una confusión total. Esto se da mucho en la historiografía de derecha o profranquista. Es muy atenta a los detalles, pero pierde de vista lo general. Por ejemplo, no se plantea la cuestión de la democracia. No se plantea la cuestión de la legitimidad. No se plantea el carácter del Frente Popular, más que de una manera bastante tosca o primaria. No aborda seriamente ni entiende  la estrategia comunista o la de Stalin, tampoco las pone en relación con la situación europea y los intereses de Mussolini y Hitler o los de Francia e Inglaterra. Por contraste, la historiografía de izquierda y separatista obra al revés: a partir de su enfoque general de una lucha entre la democracia y el fascismo o la reacción, encaja  los detalles a martillazos. Por eso consigue convencer a mucha gente. Por eso es absolutamente necesario demostrar la falsedad de ese enfoque o visión general, cosa que no se consigue a base de entrar en cien mil detalles, sino exponiendo la lógica de las ideologías en pugna.

Pero ¿no será ya hora de dejar de hablar de la guerra y de Franco?¿No habría que dejar esa cuestión para el debate intelectual, apartándolo de la actualidad política?

Te diré tres cosas: una, si esas cuestiones siguen tan actuales es porque la sociedad no las ha asimilado, por tanto tienen una relevancia política actual y evidente. Dos, si se intenta olvidar o se calumnia al bando que salvó a España de la disgregación y el totalitarismo, se está fomentando el resurgimiento de esos peligros, como por lo demás está bien a la vista. Tres, y si se olvida o denigra al estadista que dirigió a aquel bando y que hizo posible una democracia no epiléptica, se está abriendo paso a los más indignos y socavando el futuro del país. Así que menos mirar al futuro con ojos de idiota.

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Historia criminal del PSOE: Los socialistas huyen de Asturias  con el botín: https://www.youtube.com/watch?v=T05LLzB22-c

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Blog, abril de 2012

Día 8: Companys, la persona y su biografía / J.Pérez (VIII) El Camino de Santiago: https://www.piomoa.es/?p=187 

Día 11: ¿Dos (nuevas) derrotas de Usa? / El 98 y sus efectos / No es la economía, estúpido: https://www.piomoa.es/?p=196 

Día 13: Efectos del 98 (II) / Razones del separatismo: https://www.piomoa.es/?p=201

Día 16: Hope Aguirry, patriota inglesa / El 98 (III) El regeneracionismo y España: https://www.piomoa.es/?p=215 

20: Héroes y víctimas:  Stanley Payne critica a Preston / Errores del rey: https://www.piomoa.es/?p=225

 

 

 

 

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Coronavirus: daños colaterales / Portugal y España (III) I Guerra Mundial / Sonambulismo

Los daños colaterales del coronavirus

Se dice que la peste actual cae en España con el gobierno más inepto, pero no es del todo cierto. Descontando su negligencia criminal y lo poco que pueden importarle, salvo por cuestiones de imagen,  unos miles de muertos más o menos, la pandilla gobernante ha captado en el coronavirus una oportunidad política. Oportunidad para debilitar la economía libre, la propiedad privada y ampliar la directamente dominada por el estado, que en la práctica significa dominada por el gobierno; el suyo, claro. Con ello aumentaría su clientela política para mantenerse  en el poder. Muchos lo creen imposible, pero es porque infravaloran dos factores: la ínfima calidad y amplia venalidad de los grandes medios  de difusión y  el embrutecimiento de grandes masas del pueblo español debido a  decenios de falsedad organizada por la conjunción de PP, PSOE y separatistas.

Claro que no lo tendrán fácil, y necesitan también otro elemento: dinero sólido, es decir, amparado por la UE. Ese dinero les serviría para su plan de mayor estatalización y totalitarismo y con él podrían terminar  apareciendo como los salvadores del país. Y de hecho, con eurobonos o de otra manera, ya  están recibiendo o  van a recibir muy pronto ese dinero. Por su parte, los separatistas  también han percibido su oportunidad en las inepcias y negligencias de “España” para intensificar sus programas.

La plaga ha llegado a España en el peor momento, dicen, por la ineptitud del gobierno. Es el peor momento por otra razón: porque España vive en golpe de estado permanente, que tratan de profundizar sin prácticamente otra oposición que VOX, un partido aún minoritario. Porque el PP, hay que repetirlo hasta la saciedad, no solo fue auxiliar del PSOE en el cambio de régimen de Zapatero, sino que aspira a seguir siéndolo en las políticas del Doctor, al que brinda su “lealtad exigente”.

Pero si el coronavirus ofrece oportunidades a la banda del Doctor y el Coletas y a sus aliados separatistas, también las ofrece a VOX. Es de esperar que sabrá aprovecharlas para debilitar y si es posible hundir el maldito tinglado de la farsa que lleva viviendo el país tantos años, y sanear la nación y la democracia.

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Historia criminal del PSOE: Los socialistas huyen de Asturias  con el botín: https://www.youtube.com/watch?v=T05LLzB22-c

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civilhttps://www.amazon.es/Frente-Popular-perdi%C3%B3-Guerra-Civil/dp/849739190X

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Portugal y España ante la I Guerra mundial

José Luís Andrade caracteriza la revolución en el afán destructivo, incendiario y asesino de la Comuna de París,  de 1871, y así es caracterizado por los propios revolucionarios, empezando por Marx, que achaca su derrota a no haber sido lo bastante despiadada, lección que aprendería Lenin. En España, la revolución llegó antes que en Portugal, en forma de I República, de 1873, donde se manifestó de distinta manera, como una triple guerra civil y acelerada desintegración nacional, que por su propio desorden llevó a la Restauración liberal. Entre tanto, la monarquía liberal se mantuvo hasta 1910, cuando se esfumó  de modo similar a como ocurriría en España en 1931; en Portugal  mediante un tranquilo golpe masónico. La república portuguesa ya fue una fiesta del desorden y la demagogia, destacando el Partido Democrático, dirigido por Afonso Costa, un extremado anticatólico. Se trataba de un partido precisamente antidemocrático, hipnotizado, como tantos por el espejismo etimológico de la democracia como supuesto “poder del pueblo”… que correspondía a ese partido. 

El hecho más relevante de la república consistió en la entrada en la I Guerra Mundial, que tuvo mucho de sainete, aunque lo pagaran con sangre  los soldados portugueses. Antes de esa guerra existía un debido sobre todo al  ultimátum inglés, en 1890, que obligó a Portugal a ceder a Inglaterra  la amplia zona entre Angola y Mozambique. Muchos percibían la alianza como  un truco para someter a Portugal a un protectorado. Además existían tratos anglogermanos para repartirse las dos grandes colonias portuguesas. El inicio de la Gran Guerra cambió todo. Los alemanes hostigaron las posesiones portuguesas, a lo que Lisboa se limitó a defenderse, sin implicarse en la contienda europea. Para su defensa  en África precisó ayuda inglesa, en la que Londres no estaba interesado, porque le distraería demasiadas fuerzas del teatro europeo, así que prometió auxilios menores sin invocar la célebre alianza, que los portugueses deseaban ahora poner en vigor. Por otra parte existían en Portugal corrientes germanófilas (las exportaciones a Alemania habían superado las destinadas a Inglaterra) e iberistas. La situación se complicaba por el temor a una intervención española, que el propio Alfonso XIII había sugerido alguna vez y movía a algunos militares y políticos. En el rechazo inglés a los apremios belicistas portugueses pesaba también el temor a que en tal caso España se inclinase hacia Alemania y Austria-Hungría. 

El libro de Andrade proporciona valiosa información sobre las dudas, expectativas y especulaciones en torno a estos problemas. Los intervencionistas  prometían el más venturoso futuro para su país si este entraba en la contienda. El político y escritor Joâo Chagas predecía que gracias a la beligerancia, “Nunca más osará España volver sus ojos codiciosos sobre nosotros. España, el país que se interpone entre nosotros y Europa y nos impide ver”. Un sector masónico afirmaba: “De nuestra participación en la guerra dependen el prestigio de la Patria, la valoración de la República, nuestro futuro, nuestra independencia, la continuidad de nuestra historia, la afirmación de nuestra vitalidad y los destinos de nuestra raza”.

 A finales del1915, Londres pidió a Lisboa la requisa de los barcos alemanes y austríacos en puertos portugueses.   El gobierno portugués declaró que “no habría confiscación  a menos que el gobierno inglés la pidiera en nombre de la alianza luso-británica”. Los ingleses, renuentes,  tardaron mes y medio en aceptar, y los barcos (unos 70) fueron apresados en febrero de 1916. Berlín consideró que ello revelaba la calidad de Portugal como “país vasallo” de Inglaterra, y declaró la guerra, declarada a su vez  enseguida por Lisboa.

Los republicanos intentaron movilizar la opinión en una “Unión sagrada”, pero el clima popular era más bien contrario, y los políticos estaban divididos. A  Afonso Costa, que era quien de hecho manejaba los hilos del gobierno se le atribuye la frase: “los soldados irán a puntapiés, y los oficiales, de las orejas”. Las tropas portuguesas difícilmente podrían servir como mucho más que carne de cañón, y así resultaría cuando en 1918 fueran prácticamente aplastadas en abril de 1918 (batalla de La Lys), por un avance alemán, con gran número de muertos. La reacción popular fue de esperable indignación.

 Ya desde la misma entrada en el conflicto los portugueses sufrieron fuertes restricciones de suministros, inflación que provocaba un gran malestar y numerosas huelgas y protestas, a menudo dirigidas por anarquistas.  Ante la convulsión creciente, en diciembre de 1917,  Sidonio Pais dirigió un golpe militar que se impuso fácilmente, expulsando a Costa, y se legitimó en elecciones en mayo. Pais cesó el envío de tropas a las trincheras de Flandes, aunque sin declarar la neutralidad. Republicano a su vez, intentó una reforma institucional y económica y ganó gran popularidad, hasta que fue asesinado casi un año justo después de su acceso al poder. Aun seguirían ocho años de república en una sucesión de conatos golpistas, motines, corrupción y  agitación popular y militar.

La entrada de Portugal en aquella guerra fue sin duda un tremendo error que España no cometió. Sin embargo la neutralidad española se ha dado a menudo como un hecho natural, cuando fue el resultado de intrigas, vacilaciones y especulaciones no muy disímiles de las portuguesas, y a las que conviene dedicar alguna atención.

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Sonambulismo

Me ha resultado muy sugestivo el comentario de J. M. R sobre el sonambulismo de los personajes de su novela. Y por extensión de todo el mundo. Si por eso se quiere decir que  en nuestra vida operan muchos factores de los que no somos conscientes, está bien. Ya Freud lo descubrió y eso hoy lo ve cualquiera, antes de hablaba del destino. Además pensamos y actuamos con muchas dudas y deseamos cosas incompatibles entre sí, pero de una manera u otra,  actuamos. ¿Podemos llamar a eso sonambulismo? No es la palabra justa,  pero algo de eso hay, como las meigas. ¿No se ha dicho que la vida es sueño? Si mal no recuerdo, lo dijeron  Shakespeare y Calderón de la Barca, y eso son opiniones autorizadas. Estamos despiertos a medias, y eso se percibe en Gritos y golpes. Lo veo en un momento que me impresionó: la discusión entre  Alberto y Carmen cuando Alberto y Paco deciden irse a Rusia. 

La argumentación de Carmen es desesperada, pero  impecable, racional. Como se hablaba de “devolver la visita” a Stalin, replica:  “¡Pero qué visitas ni qué cuentos! ¿Estáis en vuestros cabales? La guerra aquí terminó. ¿Por qué tenéis que buscar otra fuera?”. Y se adelanta a la objeción:  “Habláis como si la historia dependiese de vosotros, pero ni siquiera depende de los más grandes ni de los más sabios, que se equivocan como cualquiera.  La humanidad se mueve por las voluntad de cientos de millones de personas, cada una tirando para su lado, y ¿qué vais a hacer contra esa fuerza? Nadie puede conducirla y solo Dios sabe adónde va.  Solo podemos ser felices en nuestra pequeña parcelita y tú desdeñas lo que tienes al alcance  para escapar a un país lejano”.

La respuesta de Alberto es más oscura: “Stalin no está tan lejos y no habrá paz mientras siga con todo su poder.  Ya sé que mi fuerza es insignificante, pero es la que tengo y de la que soy responsable” ¿Qué decir de este argumento? Que es  una falsa racionalización. En realidad, y eso queda implícito en el relato,  a Alberto le agobia la paz, añora la acción y el peligro. Carmen le atrae,  pero al mismo tiempo teme lo que supone casarse y demás.  Y en el aire flota un presentimiento pesado y confuso: “¿Y si no vuelves? ¿Y si vuelves mutilado?” Eso es seguramente lo que oscuramente, sin decirlo y sin racionalizarlo,  incita a Alberto a proponerle que se acueste con él, por primera vez. Y lo que mueve a Carmen a aceptar, contra todos sus principios católicos. Yo diría que Carmen razona muy despierta y racional desde su deseo de felicidad, pero no es la misma felicidad que entiende Alberto. Vamos, no la entiende, la “siente”. Carmen deja la racionalidad cuando acepta romper su virginidad sin estar casada. En Alberto, en cambio, veo una racionalización dudosa de un impulso que le sobrepasa  y es el mismo que le empuja al “suicidio” cuando mata a su padre, tan parecido a él. ¿Qué le parece la interpretación? Pelícano

Está muy bien. ¿Y qué diría de mi “sonambulismo” al escribir esas cosas? Pues lo hacía sobre la marcha, sin pensar en esas implicaciones o interpretaciones. El episodio despertó la indignación de “Zaragozana”, que antes venía por aquí y se la echa de menos: lo entendió como una violación, aunque fuera consentida. Decía que los hombres aprecian mucho la abnegación de las mujeres, pero que a su vez son poco abnegados. Algo así.

 

 

 

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Jayam 25. Círculos viciosos de la moral / En qué acertó Stalin / El entierro del juez

Círculos viciosos de la moral

Omar Jayam piensa en cierto modo como Tolstói: puesto que nuestro destino, la vida en general,  escapa a nuestros pensamiento y acciones, no hay por qué indignarse ante los sucesos que nos parecen injustos, porque en todo caso, solo Dios sabe. Pero las conclusiones divergen: Tolstói percibe en la vida y el mundo una armonía que podemos sentir, aunque no explicar, y que dará sentido a todo, por chocante que sea para nosotros; el espectáculo de la creación nos hace creer e un Dios bueno y justo, por encima de nuestra capacidad de comprensión. Jayam también se maravilla ante el esplendor de la creación, pero no deduce de ahí un Dios sea bueno, más bien lo entiende como arbitrario y poco benévolo hacia los hombres, en quienes inculca instintos e inclinaciones muy intensas y no solo les pone mil trabas para satisfacerlas,  sino que les amenaza con graves penas si no aciertan a  eludir las trampas morales que el mismo  Alá le puso. Tolstói acepta en principio las explicaciones del cristianismo, aunque de modo difuso y no al pie de la letra; Jayam desprecia las explicaciones de los supuestos sabios que  “pronunciaron frases confusas” antes de irse a criar hierba  con sus cuerpos. Probablemente se refiere en primer lugar a  Mahoma, sin citarlo, por el riesgo evidente para su integridad física; y seguramente  incluiría  a Tolstói entre los sabios confusos.

Basta repasar la historia de la filosofía y de las religiones para percatarse del enorme esfuerzo (heroico esfuerzo, que diría G. Steiner) realizado por el ser humano para poner orden en el caos del mundo, para entenderlo y entender su puesto y su destino en él. Esfuerzo por una parte inevitable, porque está en su naturaleza, y siempre frustrante porque choca con lo que expresa el cuarteto de Jayam con el que iniciamos estos comentarios y que condenaría tales esfuerzos a la futilidad.

Decíamos, por ejemplo, que la idea de sentido de la vida va ligada o incluso consiste en la moral, y aludimos a cuatro ideas de ella: liberal,  marxista,  nietzscheana y  anarquista, las cuatro típicamente arreligiosas; y que conducían a un círculo vicioso.

La anarquista parte de la igualdad del destino para todos los humanos, un hecho indudable, como reconocía el Eclesiastés. Esa igualdad choca con la realidad social que distorsiona  ese destino  en desigualdades como amos y servidores, ricos y pobres, etc.  Por esa igualdad fundante, el individuo es bueno por naturaleza y la sociedad mala y maleadora del propio individuo por medio de la fuerza del estado. El sentido de la vida consciente, en la etapa actual, consistiría en luchar por imponer la bondad igualitaria del individuo contra la sociedad malvada e injusta.  Pero, descartada la idea de Dios, ¿quién forma las sociedades sino los individuos? ¿Pueden los individuos buenos crear sociedades malas? Los anarquistas suelen decir que el mal consiste  en la ignorancia ¿Ignorancia de qué? En definitiva de las leyes del cosmos, que dirigen también a los hombres, como venían a decir los estoicos. Pero, al igual que estos, ¿saben  mucho de esas leyes los anarquistas? Por otra parte ese conocimiento de la necesidad inscrita en toda la naturaleza suprimiría la libertad humana, y por tanto la distinción entre el bien y elmal.

El liberalismo viene a plantear la cuestión al revés, aunque parezca lo contrario: el individuo es malo y la sociedad es buena. Librado a sus instintos en el “estado de naturaleza”, la libertad del individuo impediría la vida social, o la destruiría. La necesidad social impone serias restricciones a la libertad “natural” mediante leyes. Estas buscarían en  principio un equilibrio que permitiera  cierta libertad individual (algunas versiones liberales se acercan al anarquismo), aunque controlada y contenida por la sociedad (el estado). Si prescindimos de un origen extrahumano, la moral se aproximaría mucho a la ley, en último extremo se confundiría con ella, con algunos requisitos, por lo que la ley era buena para la sociedad y para el individuo, y malo y punible cuanto se apartase de ella. Ahora bien, de hecho no es la sociedad, sino un número muy limitado de individuos quienes dictan inevitablemente esas leyes. Las cuales podrían justificar la protesta de Jayam contra Alá: “¿por qué pones tantas trabas a nuestros deseos?”. Pero no sería Alá, sino unos individuos con un poder obtenido  por la fuerza o por el razonamiento –tan a menudo engañoso–, y  en la realidad por una mezcla de ambas cosas. Además, ese  razonamiento choca con las mismas limitaciones que la ciencia de los anarquistas: la ignorancia fundamental e invencible del ser humano sobre su puesto en el cosmos.

Marx percibió el punto débil del liberalismo: aquellos individuos que dictaban las leyes se decían representantes de la sociedad, pero en realidad lo eran de una parte de ella: de la clase que vivía en el lujo explotando al resto. Sus leyes y su moral no eran, por tanto, otra cosa que un reflejo de los intereses de esa clase por mantener a toda costa su dominio. No existían, así, normas morales de valor general, sino que las mismas nacían del interés de clase mediante una mezcla de falsa convicción y de fuerza. Lo nuevo de esta concepción es la desaparición del individuo como entidad valorable. El individuo solo se presenta como una fracción mínima e insignificante de una clase y producto de unas circunstancias históricas. Cuando el exterminio de los kulaks, I. Ehrenburg lo expresó a la perfección: “¿De qué son culpables los kulaks? Como individuos, de nada; como clase, de todo”. Desdeñado el origen extrahumano de la moral, ya no quedaba una moral propiamente humana sino de clase. El proletariado, derrocando a los capitalistas, impondría su propia moral y  leyes: todo lo que le beneficiara  sería bueno, y lo que le perjudicara sería malo. Pero así como quienes pretendían definir lo bueno y lo malo para la sociedad eran solo unos pocos individuos, quienes lo definían para el proletariado  eran también muy pocos, con la paradoja añadida de que casi nunca procedían de esa clase.

La moral nietzscheana se parece algo a la marxista en que no habla de individuo y sociedad. Pero no se refiere a leyes  de clase, sino a la ley biológica,  que establece, guste o no, una diferencia radical entre los fuertes, guiados por la voluntad de poder, y los débiles, que deben servir a los fuertes o ser eliminados,  y a quienes la naturaleza deja inevitablemente por el camino. Al revés que en los casos anteriores, y en cierto modo como los estoicos, Nietzsche va a fundarse en una realidad hasta cierto punto extrahumana, impuesta por la evolución biológica, única capaz de dictar la verdadera moral.  Y contra la cual fracasan todas las fantasmagorías impuestas a la sociedad por los sacerdotes, en el intento de degradar la vida al nivel del resentimiento de  los más débiles e incapaces. El sentido de la vida, la moral, consistiría en servir conscientemente a ese designio que considera evidente en la naturaleza. Claro que la vida humana se convertiría entonces en algo parecido al estado de naturaleza del que partían las elaboraciones liberales: una lucha de todos contra todos. 

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En qué acertó Stalin

Para entender la estrategia de Stalin en relación con la guerra de España, es preciso atender a su concepción general. Hasta pocos años antes, la línea de la Komintern consistía en la consigna de “clase contra clase”, bucando la revolución cuanto antes y atacando a la II Internacional socialista  como “socialfascista” y agente del capital en las filas obreras. La idea partía de que después de la I Guerra Mundial el mundo burgués había entrado en una fuerte crisis ideológica, agravada en extremo por la depresión económica siguiente al hundimiento de la Bolsa de Nueva York. En aquellas condiciones, la estrategia adecuada sería precisamente extremar el impulso revolucionario denunciando cualquier tendencia conciliadora. De no ser así, Europa asistiría a una segunda guerra imperialista entre estados capitalistas, si bien esta terminaría necesariamente en la expansión de la revolución por todo el continente, tal como la primera había hecho nacer al sistema soviético.

Pese a la lógica de tal orientación, en 1933 Hitler subió al poder, demostrando que no solo los comunistas podían sacar provecho de la depresión general. El nazismo era violentamente antibolchevique, y Stalin temió que la segunda guerra imperialista, que se volvía inevitable, se diera entre un Alemania pronto revigorizada y la URSS, con posibilidad de que esta fuese aplastada.  Por consiguiente, sus prioridades cambiaron: la línea de “clase contra clase”  debía abandonarse en pro de una estrategia de aparente moderación, buscando reunir y dirigir en lo posible una vasta alianza contra el  fascismo, dibujado como el enemigo principal tanto del comunismo como de la “democracia burguesa”, hasta entonces menospreciada de modo radical.  Se trataba, en suma, de explotar las rivalidades “imperialistas” entre las democracias y los fascismos, de modo que la guerra estallase entre ellos, por el oeste y no por el este. Tal fue la estrategia de los frentes populares.

Esta política chocaba con fuertes inconvenientes, pues Francia e Inglaterra no detestaban  menos a la Alemania hitleriana que a la URSS, e incluso podían ver en Hitler una  barrera necesaria frente al expansionismo y subversión comunista. Y, en definitiva, si hubiera de estallar una guerra, sería preferible que chocaran Alemania y Rusia, y ambas se desangrasen. Este era el principal temor de Stalin, como es lógico.

Y en estas circunstancias comenzó  la guerra de España. En un primer momento, Stalin le prestó poca atención, pues parecía inminente la victoria del Frente Popular, un régimen de entrada favorable a Moscú. Pero cuando en pocos meses se vio que los nacionales avanzaban con riesgo de imponerse, Stalin no solo entendió la conveniencia ideológica de ayudarle, sino también la estratégica de atraer a ella a Francia e Inglaterra, haciéndolas colisionar con Alemania e Italia. Ello hacía indispensable maquillar la caótica revolución española para presentar al Frente Popular como un régimen democrático homologable al francés y el inglés. 

Para entender la estrategia soviética y la misma guerra civil, es indispensable entender la dinámica continental de fuerzas e intereses, y particularmente las concepciones básicas de Stalin, no solo por la involucración directa de este en el conflicto, que en algún momento pudo haber revertido el desenlace, sino porque gran parte de la historiografía actual sobre aquel suceso sigue en lo esencial las líneas maestras de la política y la propaganda del Kremlin. Y si la guerra civil sigue sin ser asimilada por la sociedad, se debe en muy gran medida a ese fenómeno. Esta es la causa principal por la que decidí escribir Por qué el Frente popular perdió la guerra, un libro que no debe verse como una simple ilustración histórica, ya que afecta muy profundamente a la realidad política, intelectual y social de España en la actualidad. 

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El entierro del juez

 Pues sí, hombre, fui al entierro, ya sé que a ti no te gustan esas cosas, tampoco a mí, si quieres que te diga la verdad, pero no dejaba de ser un amigo. El juez, joder, sí que es mala pata. ¡Que un chiquillo de once años, con unas tijeras… ! Una gran tristeza.  De momento la prensa no lo comenta, pero va a ser difícil que esos buitres… ¿No sabes cómo fue? Bueno, el juez era asiduo del club ese, el Prettyboy, en fin, no quiero entrar en detalles. Era tan buena persona… Te puedes imaginar, vamos, no quiero entrar en menudencias,  allí, ya sabes, el juego de rifarse a los  chicos más guapos y luego en un apartado… Pues imagino que estarían los dos desnudos, y el jodido chaval, te puedes suponer la situación, pues el crío en un momento le clavó las tijeras en el costado y la garganta…. Oficialmente murió de un infarto, pero eso no se lo va a creer nadie, ya te digo que la prensa es como es… El gobierno está haciendo lo que puede para tapar lo que pueda taparse, una campaña contra la derecha y los curas por su homofobia, eso está bien, pero no sé si será suficiente, me temo. Menos mal que las principales televisiones las tenemos controladas, quien paga manda… Aun así va a ser de coña, los fachas van a ponerse como tigres, como pasó hace años con aquel otro club… Sí, el chico desapareció, seguramente se vistió y salió sin que nadie se diera cuenta. ¿Qué cómo nadie se dio cuenta? ¡Porque estaban todos de juerga, hombre, con luces bajas y la música a toda pastilla! Yo esas cosas no las comparto, pero las entiendo y las respeto, hay que ir con el siglo…  Ya puedes suponer que nuestro amigo gritaría y haría algo, pero nadie le oiría, el cabrón del chico debió de pillarle en pleno orgasmo… Sí,  hay pruebas, me dijo el dueño, que por cierto tiene una relación familiar lejana con algún ministro o así. Las limpiaron enseguida, claro, pero va a ser un lío de no te menees,  porque allí son socios  unos cuantos políticos y artistas  y se sabe de dos periodistas de relumbrón, ¿entiendes?… Sí, ya lo puedes suponer, se están haciendo todas las gestiones, y aquí el problema es el crío, ¿pero cómo puede un crío tan joven cometer semejante crimen? Yo creo que no hay precedentes, debía de ser un hijo de puta de mucho cuidado… Sí, de un orfanato, de allí salen muy maleducados, ya puedes suponer… La verdad es que lo mejor será que no lo encuentren, porque entonces el escándalo… Ojalá se muera por ahí… Pues nada, bastante gente en el entierro. De la política y la judicatura mayormente, te apuesto lo que quieras a que en cuanto salga la cosa ninguno de ellos dará la cara, harán como si nunca hubieran oído hablar de él; ni irán al funeral, ya verás… Sí,  la cosa estuvo bastante emocionante, dos o tres amigos hablaron de su honradez y su progresismo, de la agudeza de sus comentarios, tan incisivos y sarcásticos contra la carcundia… Esas cosas, ya sabes… Sí, muy cerca de la tumba de Pablo iglesias. Bueno, pues estuvimos charlando unos cuantos, ya sabes, contando chistes y recordando anécdotas de nuestro amigo tan vilmente asesinado. Tan ocurrente, verdad, sus sentencias es que daba gusto leerlas, tenían valor literario, te lo digo yo, superaban en mucho ese lenguaje tan seco y pesado de las leyes… Era muy ocurrente, sí. Les propuse seguir en algún bar próximo, yo es que no vivo lejos,  pero todos prefirieron largarse con sus coches al centro, así que me dio por darme un voltio por el cementerio de la Almudena, y no veas,  qué equivocación, allí fue donde me dio una especie de ataque.  No te imaginas… Fue sentirme por aquellas avenidas de nichos y sepulcros y mausoleos, y pensar cómo dentro de ellos se estarían pudriendo miles y miles de cuerpos, claro, lo piensas y lo dices normalmente, pero no lo sientes, y de pronto yo lo sentí, ¿entiendes lo que te quiero decir? Lo sentí, fue como si estuviera viendo los cadáveres, rodeado de miles y miles de ellos que casi se me echaban encima. Estuve a punto de desmayarme y vomité hasta los potitos que me daba mi madre… Y estoy que no me llega la ropa al cuerpo y que pasan al lado unas beatas diciendo que era una vergüenza, llamándome borracho… ¡Encima!… Bueno, chaval, cuando me repuse salí de allí pitando y me metí en el pub, sí en el Three gloves. Desde luego, no dejo de pensar en nuestro pobre amigo el juez, y en lo que nos espera a todos… Llámame sentimental, si quieres, pero es que… 

(obviamente, esto va antes del otro sobre los cementerios)

 

 

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