Círculos viciosos de la moral
Omar Jayam piensa en cierto modo como Tolstói: puesto que nuestro destino, la vida en general, escapa a nuestros pensamiento y acciones, no hay por qué indignarse ante los sucesos que nos parecen injustos, porque en todo caso, solo Dios sabe. Pero las conclusiones divergen: Tolstói percibe en la vida y el mundo una armonía que podemos sentir, aunque no explicar, y que dará sentido a todo, por chocante que sea para nosotros; el espectáculo de la creación nos hace creer e un Dios bueno y justo, por encima de nuestra capacidad de comprensión. Jayam también se maravilla ante el esplendor de la creación, pero no deduce de ahí un Dios sea bueno, más bien lo entiende como arbitrario y poco benévolo hacia los hombres, en quienes inculca instintos e inclinaciones muy intensas y no solo les pone mil trabas para satisfacerlas, sino que les amenaza con graves penas si no aciertan a eludir las trampas morales que el mismo Alá le puso. Tolstói acepta en principio las explicaciones del cristianismo, aunque de modo difuso y no al pie de la letra; Jayam desprecia las explicaciones de los supuestos sabios que “pronunciaron frases confusas” antes de irse a criar hierba con sus cuerpos. Probablemente se refiere en primer lugar a Mahoma, sin citarlo, por el riesgo evidente para su integridad física; y seguramente incluiría a Tolstói entre los sabios confusos.
Basta repasar la historia de la filosofía y de las religiones para percatarse del enorme esfuerzo (heroico esfuerzo, que diría G. Steiner) realizado por el ser humano para poner orden en el caos del mundo, para entenderlo y entender su puesto y su destino en él. Esfuerzo por una parte inevitable, porque está en su naturaleza, y siempre frustrante porque choca con lo que expresa el cuarteto de Jayam con el que iniciamos estos comentarios y que condenaría tales esfuerzos a la futilidad.
Decíamos, por ejemplo, que la idea de sentido de la vida va ligada o incluso consiste en la moral, y aludimos a cuatro ideas de ella: liberal, marxista, nietzscheana y anarquista, las cuatro típicamente arreligiosas; y que conducían a un círculo vicioso.
La anarquista parte de la igualdad del destino para todos los humanos, un hecho indudable, como reconocía el Eclesiastés. Esa igualdad choca con la realidad social que distorsiona ese destino en desigualdades como amos y servidores, ricos y pobres, etc. Por esa igualdad fundante, el individuo es bueno por naturaleza y la sociedad mala y maleadora del propio individuo por medio de la fuerza del estado. El sentido de la vida consciente, en la etapa actual, consistiría en luchar por imponer la bondad igualitaria del individuo contra la sociedad malvada e injusta. Pero, descartada la idea de Dios, ¿quién forma las sociedades sino los individuos? ¿Pueden los individuos buenos crear sociedades malas? Los anarquistas suelen decir que el mal consiste en la ignorancia ¿Ignorancia de qué? En definitiva de las leyes del cosmos, que dirigen también a los hombres, como venían a decir los estoicos. Pero, al igual que estos, ¿saben mucho de esas leyes los anarquistas? Por otra parte ese conocimiento de la necesidad inscrita en toda la naturaleza suprimiría la libertad humana, y por tanto la distinción entre el bien y elmal.
El liberalismo viene a plantear la cuestión al revés, aunque parezca lo contrario: el individuo es malo y la sociedad es buena. Librado a sus instintos en el “estado de naturaleza”, la libertad del individuo impediría la vida social, o la destruiría. La necesidad social impone serias restricciones a la libertad “natural” mediante leyes. Estas buscarían en principio un equilibrio que permitiera cierta libertad individual (algunas versiones liberales se acercan al anarquismo), aunque controlada y contenida por la sociedad (el estado). Si prescindimos de un origen extrahumano, la moral se aproximaría mucho a la ley, en último extremo se confundiría con ella, con algunos requisitos, por lo que la ley era buena para la sociedad y para el individuo, y malo y punible cuanto se apartase de ella. Ahora bien, de hecho no es la sociedad, sino un número muy limitado de individuos quienes dictan inevitablemente esas leyes. Las cuales podrían justificar la protesta de Jayam contra Alá: “¿por qué pones tantas trabas a nuestros deseos?”. Pero no sería Alá, sino unos individuos con un poder obtenido por la fuerza o por el razonamiento –tan a menudo engañoso–, y en la realidad por una mezcla de ambas cosas. Además, ese razonamiento choca con las mismas limitaciones que la ciencia de los anarquistas: la ignorancia fundamental e invencible del ser humano sobre su puesto en el cosmos.
Marx percibió el punto débil del liberalismo: aquellos individuos que dictaban las leyes se decían representantes de la sociedad, pero en realidad lo eran de una parte de ella: de la clase que vivía en el lujo explotando al resto. Sus leyes y su moral no eran, por tanto, otra cosa que un reflejo de los intereses de esa clase por mantener a toda costa su dominio. No existían, así, normas morales de valor general, sino que las mismas nacían del interés de clase mediante una mezcla de falsa convicción y de fuerza. Lo nuevo de esta concepción es la desaparición del individuo como entidad valorable. El individuo solo se presenta como una fracción mínima e insignificante de una clase y producto de unas circunstancias históricas. Cuando el exterminio de los kulaks, I. Ehrenburg lo expresó a la perfección: “¿De qué son culpables los kulaks? Como individuos, de nada; como clase, de todo”. Desdeñado el origen extrahumano de la moral, ya no quedaba una moral propiamente humana sino de clase. El proletariado, derrocando a los capitalistas, impondría su propia moral y leyes: todo lo que le beneficiara sería bueno, y lo que le perjudicara sería malo. Pero así como quienes pretendían definir lo bueno y lo malo para la sociedad eran solo unos pocos individuos, quienes lo definían para el proletariado eran también muy pocos, con la paradoja añadida de que casi nunca procedían de esa clase.
La moral nietzscheana se parece algo a la marxista en que no habla de individuo y sociedad. Pero no se refiere a leyes de clase, sino a la ley biológica, que establece, guste o no, una diferencia radical entre los fuertes, guiados por la voluntad de poder, y los débiles, que deben servir a los fuertes o ser eliminados, y a quienes la naturaleza deja inevitablemente por el camino. Al revés que en los casos anteriores, y en cierto modo como los estoicos, Nietzsche va a fundarse en una realidad hasta cierto punto extrahumana, impuesta por la evolución biológica, única capaz de dictar la verdadera moral. Y contra la cual fracasan todas las fantasmagorías impuestas a la sociedad por los sacerdotes, en el intento de degradar la vida al nivel del resentimiento de los más débiles e incapaces. El sentido de la vida, la moral, consistiría en servir conscientemente a ese designio que considera evidente en la naturaleza. Claro que la vida humana se convertiría entonces en algo parecido al estado de naturaleza del que partían las elaboraciones liberales: una lucha de todos contra todos.
******************
https://www.amazon.es/Frente-Popular-perdi%C3%B3-Guerra-Civil/dp/849739190X
En qué acertó Stalin
Para entender la estrategia de Stalin en relación con la guerra de España, es preciso atender a su concepción general. Hasta pocos años antes, la línea de la Komintern consistía en la consigna de “clase contra clase”, bucando la revolución cuanto antes y atacando a la II Internacional socialista como “socialfascista” y agente del capital en las filas obreras. La idea partía de que después de la I Guerra Mundial el mundo burgués había entrado en una fuerte crisis ideológica, agravada en extremo por la depresión económica siguiente al hundimiento de la Bolsa de Nueva York. En aquellas condiciones, la estrategia adecuada sería precisamente extremar el impulso revolucionario denunciando cualquier tendencia conciliadora. De no ser así, Europa asistiría a una segunda guerra imperialista entre estados capitalistas, si bien esta terminaría necesariamente en la expansión de la revolución por todo el continente, tal como la primera había hecho nacer al sistema soviético.
Pese a la lógica de tal orientación, en 1933 Hitler subió al poder, demostrando que no solo los comunistas podían sacar provecho de la depresión general. El nazismo era violentamente antibolchevique, y Stalin temió que la segunda guerra imperialista, que se volvía inevitable, se diera entre un Alemania pronto revigorizada y la URSS, con posibilidad de que esta fuese aplastada. Por consiguiente, sus prioridades cambiaron: la línea de “clase contra clase” debía abandonarse en pro de una estrategia de aparente moderación, buscando reunir y dirigir en lo posible una vasta alianza contra el fascismo, dibujado como el enemigo principal tanto del comunismo como de la “democracia burguesa”, hasta entonces menospreciada de modo radical. Se trataba, en suma, de explotar las rivalidades “imperialistas” entre las democracias y los fascismos, de modo que la guerra estallase entre ellos, por el oeste y no por el este. Tal fue la estrategia de los frentes populares.
Esta política chocaba con fuertes inconvenientes, pues Francia e Inglaterra no detestaban menos a la Alemania hitleriana que a la URSS, e incluso podían ver en Hitler una barrera necesaria frente al expansionismo y subversión comunista. Y, en definitiva, si hubiera de estallar una guerra, sería preferible que chocaran Alemania y Rusia, y ambas se desangrasen. Este era el principal temor de Stalin, como es lógico.
Y en estas circunstancias comenzó la guerra de España. En un primer momento, Stalin le prestó poca atención, pues parecía inminente la victoria del Frente Popular, un régimen de entrada favorable a Moscú. Pero cuando en pocos meses se vio que los nacionales avanzaban con riesgo de imponerse, Stalin no solo entendió la conveniencia ideológica de ayudarle, sino también la estratégica de atraer a ella a Francia e Inglaterra, haciéndolas colisionar con Alemania e Italia. Ello hacía indispensable maquillar la caótica revolución española para presentar al Frente Popular como un régimen democrático homologable al francés y el inglés.
Para entender la estrategia soviética y la misma guerra civil, es indispensable entender la dinámica continental de fuerzas e intereses, y particularmente las concepciones básicas de Stalin, no solo por la involucración directa de este en el conflicto, que en algún momento pudo haber revertido el desenlace, sino porque gran parte de la historiografía actual sobre aquel suceso sigue en lo esencial las líneas maestras de la política y la propaganda del Kremlin. Y si la guerra civil sigue sin ser asimilada por la sociedad, se debe en muy gran medida a ese fenómeno. Esta es la causa principal por la que decidí escribir Por qué el Frente popular perdió la guerra, un libro que no debe verse como una simple ilustración histórica, ya que afecta muy profundamente a la realidad política, intelectual y social de España en la actualidad.
**************
El entierro del juez
Pues sí, hombre, fui al entierro, ya sé que a ti no te gustan esas cosas, tampoco a mí, si quieres que te diga la verdad, pero no dejaba de ser un amigo. El juez, joder, sí que es mala pata. ¡Que un chiquillo de once años, con unas tijeras… ! Una gran tristeza. De momento la prensa no lo comenta, pero va a ser difícil que esos buitres… ¿No sabes cómo fue? Bueno, el juez era asiduo del club ese, el Prettyboy, en fin, no quiero entrar en detalles. Era tan buena persona… Te puedes imaginar, vamos, no quiero entrar en menudencias, allí, ya sabes, el juego de rifarse a los chicos más guapos y luego en un apartado… Pues imagino que estarían los dos desnudos, y el jodido chaval, te puedes suponer la situación, pues el crío en un momento le clavó las tijeras en el costado y la garganta…. Oficialmente murió de un infarto, pero eso no se lo va a creer nadie, ya te digo que la prensa es como es… El gobierno está haciendo lo que puede para tapar lo que pueda taparse, una campaña contra la derecha y los curas por su homofobia, eso está bien, pero no sé si será suficiente, me temo. Menos mal que las principales televisiones las tenemos controladas, quien paga manda… Aun así va a ser de coña, los fachas van a ponerse como tigres, como pasó hace años con aquel otro club… Sí, el chico desapareció, seguramente se vistió y salió sin que nadie se diera cuenta. ¿Qué cómo nadie se dio cuenta? ¡Porque estaban todos de juerga, hombre, con luces bajas y la música a toda pastilla! Yo esas cosas no las comparto, pero las entiendo y las respeto, hay que ir con el siglo… Ya puedes suponer que nuestro amigo gritaría y haría algo, pero nadie le oiría, el cabrón del chico debió de pillarle en pleno orgasmo… Sí, hay pruebas, me dijo el dueño, que por cierto tiene una relación familiar lejana con algún ministro o así. Las limpiaron enseguida, claro, pero va a ser un lío de no te menees, porque allí son socios unos cuantos políticos y artistas y se sabe de dos periodistas de relumbrón, ¿entiendes?… Sí, ya lo puedes suponer, se están haciendo todas las gestiones, y aquí el problema es el crío, ¿pero cómo puede un crío tan joven cometer semejante crimen? Yo creo que no hay precedentes, debía de ser un hijo de puta de mucho cuidado… Sí, de un orfanato, de allí salen muy maleducados, ya puedes suponer… La verdad es que lo mejor será que no lo encuentren, porque entonces el escándalo… Ojalá se muera por ahí… Pues nada, bastante gente en el entierro. De la política y la judicatura mayormente, te apuesto lo que quieras a que en cuanto salga la cosa ninguno de ellos dará la cara, harán como si nunca hubieran oído hablar de él; ni irán al funeral, ya verás… Sí, la cosa estuvo bastante emocionante, dos o tres amigos hablaron de su honradez y su progresismo, de la agudeza de sus comentarios, tan incisivos y sarcásticos contra la carcundia… Esas cosas, ya sabes… Sí, muy cerca de la tumba de Pablo iglesias. Bueno, pues estuvimos charlando unos cuantos, ya sabes, contando chistes y recordando anécdotas de nuestro amigo tan vilmente asesinado. Tan ocurrente, verdad, sus sentencias es que daba gusto leerlas, tenían valor literario, te lo digo yo, superaban en mucho ese lenguaje tan seco y pesado de las leyes… Era muy ocurrente, sí. Les propuse seguir en algún bar próximo, yo es que no vivo lejos, pero todos prefirieron largarse con sus coches al centro, así que me dio por darme un voltio por el cementerio de la Almudena, y no veas, qué equivocación, allí fue donde me dio una especie de ataque. No te imaginas… Fue sentirme por aquellas avenidas de nichos y sepulcros y mausoleos, y pensar cómo dentro de ellos se estarían pudriendo miles y miles de cuerpos, claro, lo piensas y lo dices normalmente, pero no lo sientes, y de pronto yo lo sentí, ¿entiendes lo que te quiero decir? Lo sentí, fue como si estuviera viendo los cadáveres, rodeado de miles y miles de ellos que casi se me echaban encima. Estuve a punto de desmayarme y vomité hasta los potitos que me daba mi madre… Y estoy que no me llega la ropa al cuerpo y que pasan al lado unas beatas diciendo que era una vergüenza, llamándome borracho… ¡Encima!… Bueno, chaval, cuando me repuse salí de allí pitando y me metí en el pub, sí en el Three gloves. Desde luego, no dejo de pensar en nuestro pobre amigo el juez, y en lo que nos espera a todos… Llámame sentimental, si quieres, pero es que…
(obviamente, esto va antes del otro sobre los cementerios)