Conocer la historia criminal del PSOE es esencial para regenerar la democracia: https://www.youtube.com/watch?v=NjlWfCrqdng
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Todo el discurso político del frente popular se resume en una palabra: hispanofobia. Por eso tienden a disgregar la nación, arruinar el fruto de siglos de convivencia y esfuerzos, e imponer alguna forma de totalitarismo. Separatistas, socialistas, comunistas, peperos y cierto número de liberales coinciden en considerar la historia de España como algo profundamente negativo (los peperos hasta la Constitución del 78, como su “teórica” la ignorante y necia Cayetana. Otros dicen que hasta la Constitución de 1812. Creen en la magia de las declaraciones). Ello no impide que de vez en cuando, por pura retórica, salgan algunos de ellos, del PP o socialistas, con lo de “España es un gran país”, por si pueden engañar a algunos. Tendría que añadir “Un gran país que no tiene nada que ver con nosotros”.
La hispanofobia, bien denunciada por Menéndez Pelayo en unas frases célebres, es la actitud y concepción que ha orientado, o propiamente desorientado, la política española y causado sus desgracias del siglo XX. Su origen está en la leyenda negra que iba siendo asumida por una élite degradada ya en tiempos de Quevedo y que no cesó aumentar, aunque siempre como una corriente secundaria, hasta finales del siglo XIX. Es a partir del “desastre” del 98 cuando se convirtió en una verdadera plaga, que desembocó en una república caótica, un frente popular criminal y una guerra civil. Para volver a amenazar gravemente, ahora mismo, la continuidad de España. La hispanofobia ve a España como el monstruo histórico que retrasó a Europa y sigue oprimiendo a “los pueblos” de la península, cuya representación se atribuyen usurpatoriamente los hispanófobos.
Por cierto que un aspecto de esa hispanofobia es la denigración de la Reconquista y la exaltación de la “delicada cultura y tolerancia” de Al Ándalus. El ideal de los separatismos, perfectamente aceptables para los socialistas y comunistas, es volver a una edad media con la península dividida en pequeños estados hostiles entre sí, impotentes y manejados por potencias exteriores más “progresistas”.
Finalmente, el conflicto derivó en los años 30 del siglo pasado, en una guerra civil que fue, muy directamente, el enfrentamiento de España con la Antiespaña, como lo había sido entre España y Al Ándalus. El asunto debía haber quedado resuelto de una vez por todas, y así lo pareció al llegar la transición. Luego, la derecha y los obispos se las arreglaron para retroceder y hoy tenemos un nuevo frente popular amenazando al país y la libertad.
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Usted se burla a menudo de los que invocan la masonería y el sionismo en los problemas políticos actuales.
–No me burlo, me irritan bastante.
¿No existe la masonería? ¿O el sionismo?
–A la masonería le he dedicado un ensayo que he reproducido en el blog y que no parece haber leído nadie. Es una especie de religión sucedánea, religión de la técnica y que por ello es anticatólica y más ampliamente anticristiana. Además, en su historia ha sido siempre antiespañola. Pero además es una sociedad secreta que se infiltra y mete ocultamente sus tentáculos en los órganos de poder, y solo por eso debería ser prohibida.
Luego, quienes la denuncian tienen razón.
–Tienen razón hasta cierto punto. Pero nunca la han analizado con un mínimo de racionalidad. Su punto de vista es puramente emocional y un tanto pueril cuando la presentan como una conspiración universal, una especie de anticristo. He conocido a algunos convencidos de que estamos en el fin de los tiempos considerando precisamente como el anticristo profetizado a la masonería y el sionismo. Además reducen la historia a una conspiración oculta con la que pretenden explicarlo todo, no se entiende bien cómo saben tanto de ella si es secreta. Evidentemente, ya que la masonería concentra todo el mal, ellos concentran todo el bien, y las desdichas de España en los últimos siglos se explican por esa conspiración diabólica. Obviamente, esto es muy satisfactorio para las almas pueriles, que así se sienten como el bien absoluto, descargadas de toda culpa. La explicación perfecta, que además les evita de todo esfuerzo mental algo complicado. He visto en muchos de ellos una exposición más o menos detallada de los desmanes masónicos, generalmente exagerándolos, pero no un examen de la ideología implícita. Aparte de que, si venimos a algo tan concreto como la desvirtuación de la transición dos días después del referéndum del 76, no encontramos a la masonería, sino a la democracia cristiana.
Ricardo de la Cierva ha escrito muy abundantemente sobre la masonería, y la ha analizado a fondo. En otros aspectos, usted ha elogiado a este historiador.
–Ricardo de la Cierva es un historiador muy superior a sus críticos, si se puede llamar crítica a la sucia hostilidad que estos le han mostrado. Siempre lo he defendido, a pesar de ciertas tendencias patrioteras que no me gustan. Lo que él ha explorado son los contenidos anticristianos de la masonería y sus infiltraciones y ataques a España. Todo eso es cierto, como digo, pues la masonería es una religión prometeica, como he explicado a mi vez en el ensayo mencionado y en el libro sobre Europa. Sin embargo le da un contenido algo místico que no me convence. Si comparamos a la España de los siglos XVI y XVII con la posterior o la actual, la decadencia es enorme. Pero eso no es obra de la masonería, aunque esta haya contribuido en cierta medida. La decadencia es obra de la propia España, de sus élites y de su pueblo, que de alguna forma han perdido su espíritu inicial. ¿Por qué se ha producido esa decadencia? Para empezar, ninguna potencia política se mantiene indefinidamente en la cumbre, este es un hecho histórico bien constatable, aunque por sí mismo explica muy poco. Lo que deseamos es clarificar causas más concretas por si fuera posible superarlas. Y caer en esas conspiranoias y patriotería es el peor camino para recuperarnos de la decadencia. Es más, es una manifestación de la propia decadencia.
¿Existe una alianza o cooperación estrecha entre masonería y sionismo?
–Usted no quiere decir sionismo, sino judaísmo. El sionismo es el movimiento de retorno a Israel, que por cierto colaboró con los nazis en esa tarea común. El judaísmo, por sus propias formas de vida, unas impuestas y otras autoimpuestas como “pueblo elegido”, nunca se ha asimilado del todo en la civilización europea, lo que es un milagro. Siempre se ha encontrado un número desproporcionado de judíos en las ideologías y fenómenos subversivos, precisamente por ese carácter de minoría intelectual y religiosamente inquieta y a menudo marginada o perseguida. Pero de ahí a concluir en una conspiración judía universal para disolver la moral y la cultura cristiana, de la que la masonería sería una parte, hay un trecho muy grande. Las mismas manifestaciones de lo que juzgamos como degradación cultural de occidente las encontramos también en Israel, parece entonces que los supuestos grandes conspiradores ocultos que dirigirían al judaísmo quieren degradar también a su pueblo, preparándolo quizá para ser finalmente arrasado por los árabes. Y no debe olvidarse que también se encuentra un número desproporcionado de judíos entre los científicos, innovadores en medicina, en la literatura, etc., que desde luego nos han beneficiado a todos. Pues también se encuentra el otro extremo, el de los adoradores de los judíos, por esta última razón. Pienso que ni tanto ni tan calvo y de todas formas el fenómeno del judaísmo sobreviviendo dos mil años sin patria propia, como minoría inasimilable y marginada, incrustada en otras culturas, y capaz de volver a Israel y mantenerse en una posición casi imposible, es de los más interesantes de la historia.
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“El canto del ruiseñor”. Recogido en Adiós a un tiempo:
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![Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]](https://images-eu.ssl-images-amazon.com/images/I/41x%2B9j5cNIL.jpg)






