La necesaria batalla cultural

Soy homófobo, naturalmente“: http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/soy-homofobo-naturalmente-asesinatos-en-masa-6642/  

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Una hora con la Historia entra abiertamente en lo que podríamos llamar “batalla cultural”,  necesaria en toda sociedad algo viva. La ausencia de esa lucha revela por sí sola una sociedad muy decadente, y es lo que venimos comprobando en España, donde el debate se sustituye casi siempre por el insulto o el intento de silenciamiento. Digamos que esta lucha fue ganada desde la transición, y de forma aplastante, por la izquierda y los separatistas, debido a la incomparecencia de la derecha. Desde entonces, tanto el arte, la literatura, el pensamiento o el periodismo han tomado un carácter muy mayoritariamente identificado con los perdedores de  la guerra civil, que de un modo u otro parecen querer revivir, y cuyos rasgos eran la hispanofobia, la cristianofobia y unas concepciones revolucionarias de muy baja calidad intelectual. De ahí la pobreza, la trivialidad y la chabacanería que distinguen a la mayor parte de la cultura española actual, por otra parte cada vez más colonizada por el inglés. Y nos preguntamos si será posible salir de ahí.

   Venimos tratando en el programa cuestiones que, pese a su importancia crucial, han sido desterradas de la vida intelectual y política. Así el problema de nuestra posición en Europa y en general en el mundo, los intereses particulares y las profundas particularidades de España (sí, España es diferente: por poner un caso revelador, no participó en la II Guerra Mundial y no debe su evolución política ni su democracia a la intervención del ejército useño. Dato evidente y clave para orientar nuestra política exterior e interna, pero que no es tenido en cuenta por ningún político, partido ni analista, dato a su vez revelador); hemos tratado asimismo,  y lo seguiremos haciendo, los orígenes históricos de la ideología de género; hemos esbozado la cuestión de los separatismos y la política seguida hacia ellos por los gobiernos centrales; el origen y desvirtuación de la transición posfranquista; la deriva  hacia una democracia fallida; los mesianismos useño y ruso; hemos tratado de popularizar hechos históricos muy mayoritariamente desconocidos en España, como la Contraarmada inglesa. Etc. Creo que basta mencionar estos asuntos para comprobar que se trata de un programa único en España, que ojalá trajera escuela: propiamente lo planteamos como una serie de seminarios informales.

   Sin embargo seguimos semiasfixiados económicamente. En general, la derecha española apenas ha entendido la importancia de este tipo de lucha, uno de cuyos puntos decisivos es precisamente la historia. Pero si no se da la batalla, la situación del país no hará sino empeorar, ya que es en la historia, en la falsificación de ella, donde hunden sus raíces  todos los procesos que hoy sufrimos y  que han desvirtuado por completo la democracia y amenazan la misma subsistencia de España. Procesos como la balcanización o disgregación del país, el rescate y promoción de la ETA cuando ya estaba prácticamente derrotada, la cesión fraudulenta de soberanía, leyes totalitarias como la de memoria histórica o las de género, etc.

Contra todo ello luchamos. La asociación que promueve Una hora con la Historia se llama Taller de Ideas siglo XXI, y este programa debería ser una de las varias actuaciones a realizar, aunque por el momento es la única. Otra es la elaboración de documentales, seminarios, etc., tareas que siguen fuera de nuestro alcance por las mencionadas razones económicas.

   Es casi una tradición que NO apoyen estas empresas culturales  quienes más debieran. Debieran porque están en principio de acuerdo con ellas y  porque tienen recursos sobrados. Muy a menudo ha sido el pueblo el que ha tomado iniciativas frente a la incuria e indiferencia de unas clases rectoras de escasa valía intelectual o moral. Por lo que reiteramos nuestro llamamiento a ellos y a cuantos, en mejor posición económica, entiendan lo que se juega la sociedad. Aunque agradecidos, no es propiamente una petición: quienes tengan conciencia del valor de la batalla cultural, entrarán en ella sin pensárselo dos veces. Quienes carezcan de esa sensibilidad y entiendan la historia y  más en general la cultura como una mera ilustración, seguirán ajenos a este llamamiento, aunque agradecemos también su compañía, que consideramos muy positiva.

   Y nos enfrentamos a otro obstáculo, un círculo vicioso: para conseguir medios, y por tanto apoyo y participación es preciso que el programa sea muy ampliamente conocido, y para que sea bien conocido es preciso disponer de grandes medios. Hoy, la opinión pública se forma principalmente por los medios de masas, empezando por la televisión, y por ello nuestra posición sería desesperada, ya que ellos nos son entre indiferentes y hostiles. Pero hoy las redes sociales están cobrando  relevancia creciente, y es ahí, y no en unos grandes medios silenciadores o manipuladores, donde es posible dar la batalla. De ahí nuestra insistencia en que nuestros oyentes difundan el programa, lo den a conocer: mil o dos mil personas que dedicaran todos los días unos minutos a poner en las redes algún comentario, breve o largo, sobre las sesiones de Una hora, y a enlazarlas a partir de YouTube o de podcast, servirían para romper el círculo vicioso, para romper los muros del gueto en que continuamos.

   Hay algo más: en algunos casos será posible montar centros culturales a partir de tertulias o reuniones periódicas de oyentes para comentar los temas tratados u otros cualesquiera de carácter político-cultural. De simples tertulias han surgido muchas veces iniciativas que llegan a tener gran alcance. Y establecer una red de círculos culturales de nuevo tipo en diversas ciudades significaría crear un verdadero movimiento.

    Reiteramos, pues, de manera inmediata, nuestra apelación para asegurar la continuidad económica del programa. En respuesta al anterior llamamiento hemos recibido un total de 800 euros, entre ellos uno de 300 y otro de 150, que no sabemos si serán aportación mensual o donación especial.  Ello revela que podemos conseguir nuestros objetivos, aunque nos queden algo lejos todavía. Un saludo cordial a todos.

  La cuenta para contribuir a Una hora con la Historia es: BBVA ES09 0182 1364 33 020 1543346

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Cómo derrotó España el criminal aislamiento decretado al terminar la guerra mundial por  regímenes comunistas, democracias y dictaduras diversas: https://www.youtube.com/watch?v=dJuWZeoFYPQ

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Ochenta años después, la guerra civil sigue pesando de modo obsesionante sobre la conciencia histórica de España. Parece como si la guerra continuase no solo en el plano de las ideas e interpretaciones, sino, lo que es más grave, de la política actual, generando actuaciones de los partidos y los gobiernos.  La causa de este hecho, que escandaliza a unos, fascina a algunos y hastía a otros, es fácil de descubrir: aquel conflicto no ha sido aún bien comprendido ni asimilado por la sociedad, pese a la imponente bibliografía que ha generado, no solo en español sino también en otros idiomas. Y no lo ha sido porque las tergiversaciones, enfoques  ilógicos y cargados de emocionalidad  han alcanzado un volumen realmente asombroso: se ha dicho que es quizá el suceso de los años 30  sobre el que más falsedades se han contado.

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División Azul: obra definitiva / Campillo / Gibraltar: aniversario

Ayer presentó Carlos Caballero Jurado La División Azul. De 1941 a la actualidad. Caballero es seguramente al mayor especialista sobre dicha unidad española en Rusia, que ha despertado una bibliografía no solo sorprendentemente muy grande y no solo en español, sino también en inglés (por lo común muy elogiosa, al contrario de las mentiras de la BBC), francés, alemán, polaco, italiano, rumano o ruso. Bibliografía de valor muy desigual pero, lo que resulta más sorprendente, que no cesa de incrementarse. Como dijo el autor, en 1985 apenas existía nada comparado  con lo que se está publicando hoy.

En el apéndice “El debate bibliográfico” señala cómo la DA apenas ha recibido atención durante muchos años en las publicaciones del ejército español,  tanto en el franquismo como después, lo que es muy significativo, aunque más recientemente el general e historiador Salvador Fontenla le ha dedicado importantes trabajos. Este general trabaja también en la identificación de tumbas de divisionarios en Rusia y su traslado a España si lo piden sus familias. En alguna ocasión comentó las facilidades que dan los rusos a su tarea en comparación con la desatención y obstáculos que reciben en España.

Otros dato significativo: en el nuevo museo del ejército en Toledo, la DA apenas recibe atención, mientras que se inventa absurdos como que 100.000 españoles habrían luchado al lado de los Aliados en la guerra mundial. Este es el nivel que quieren imponer los bergantes paniaguados de la memoria histórica. Otro punto que trata el autor es la bibliografía “crítica” en España de tres o cuatro autores cuyas falsedades lindantes con la pura estupidez (porque se descubren por pura lógica) demuele a conciencia. Entre ellas las de un hijo de divisionario, J. Martínez Reverte, ex comunista o comunistoide que prefiere traicionar a su padre mintiendo evidentemente sobre él.

Obras definitivas no existen, pero esta de Caballero puede calificarse así en el sentido de que aporta la información más completa hasta ahora, así como análisis de la época y una amplia revisión crítica de la bibliografía. Quizá flojea en las observaciones sobre la literatura, también muy amplia, generada por la DA. Tiene su lógica, pues no la contempla desde el punto de vista literario, sino de su veracidad histórica.

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

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Campillo

De Antonio López Campillo quiero decir unas palabras, pues fuimos muy amigos en los turbulentos tiempos del Ateneo. De hecho, la idea de un burdel ilustrado con retratos de intelectuales progres adornados con velitas fue suya. Tenía un sentido del humor bastante corrosivo, aunque sin saña.  Era un personaje muy poco común, químico y físico en el CNRS francés, con numerosas publicaciones, que no le sirvieron de nada al volver a España, donde suele apreciarse más la burocracia que el mérito. Aquí dirigió algunos programas de divulgación científica en la televisión y escribió varios libros, que le costaban mucho porque escribir no se le daba bien. Había sido pastor protestante, y guardaba de la época algunas reminiscencias algo venenosas sobre el catolicismo. Luego se había hecho ateo y comunista, después anarquista (¿o fue a la inversa?)  y militado en aquellos grupos más o menos exiliados en Francia (“Hay que reconocer que éramos abnegados. Bueno, algunos”).  Desde que me dediqué a escribir de historia ya lo vi solo de vez en cuando, una vez cenando con él y Arrabal, pues eran amigos. De tarde en tarde lo visité en su casa, donde vivía con su compañera, la ensayista  Evelyne López Campillo. Estaba cada vez más deteriorado, y apenas podía andar debido a una operación de rodilla mal hecha. Y eso le fastidiaba mucho, pues se definía como “peatón” profesional. Le insistí muchas veces en que escribiera sus memorias, pues había tenido una vida interesante y conocido muchos episodios poco corrientes, pero no se animaba.  Cada vez que lo visitaba, con mi mujer, yo me prometía hacerlo con más frecuencia, y al final no cumplía, lo que me avergonzaba y esa vergüenza me hacía aplazar aún más las visitas. Por eso me enteré con un mes de retraso de su fallecimiento. Mi buen amigo.

El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo de [Moa, Pío, Moh, Ul-Sih]https://www.amazon.es/dp/B075L82G5B/ref=sr_1_6?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1505330466&sr=1-6&keywords=p%C3%ADo+moa

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Gibraltar hoy

Hoy se cumple el 50 aniversario del cierre de la verja de Gibraltar. Esta fue una segunda victoria política del franquismo después de infligir a Inglaterra la de la ONU. La arrogancia de Londres obligó al gobierno español a esa medida, que convirtió el peñón en una ruina cada vez más costosa, no solo económica, sino también política internacional y moral. ¿Por qué resistió Inglaterra? Porque pensaba que cuando Franco muriese podría presionar a los políticos españoles, a quienes despreciaba, con el señuelo de la “democracia”. Si querían pasar por demócratas tendrían que abrir la verja. Hay que señalar que los países de la futura UE apoyaron la invasión colonial en la ONU y siempre después, hasta hoy. Y tuvieron razón, por desgracia. La clase política de la transición, sobre la que se han vertido loas sin cuento, fue mediocre en extremo, plantó las semillas de los gravísimos  problemas actuales, cometiendo graves errores que no sería capaz de corregir y  estropeando progresivamente  el magnífico legado del régimen de Franco. Una de sus “hazañas”  fue la anulación de la victoria política del franquismo y la conversión de Gibraltar en una verdadera llaga purulenta para España y para la democracia. Fue  el infame anglómano Leopoldo Calvo Sotelo, quien prometió abrir la verja y tomó una medida tan transcendental como meter a España en la ONU, teniendo un gobierno extremadamente precario. Fue Felipe González, otro por el estilo, quien abrió la verja y consumó la entrada en la OTAN, a la que al principio fingió oponerse.

Este manifiesto se dirige a millones de españoles, por lo que invitamos a nuestros lectores y oyentes a difundirlo por todos los medios, con enlace a este blog (https://www.piomoa.es/?p=10249 ). En una segunda etapa pasaremos a recoger firmas. Se trata de crear una plataforma que ponga en primer plano un problema que es de primer plano, pues afecta íntimamente a la política exterior e interior de España. Un problema ocultado o desvirtuado sistemáticamente  por todos los partidos, con la excepción parcial de VOX. Se trata de si ha de continuar el actual proceso de satelización política y cultural a intereses ajenos, acompañado del desguace del propio país, o de reaccionar contra esas políticas nefastas de una vez y con máxima energía

España soporta la única colonia en Europa, una invasión  en el mismo centro neurálgico de su eje defensivo Baleares-Gibraltar-Canarias. El hecho exige una reflexión en profundidad porque los gobiernos españoles, sean del PP o del PSOE, se declaran amigos y aliados de la potencia invasora, caso único en el mundo,  lo que automáticamente convierte a España en un país satélite y sin intereses internacionales propios.

Esta posición, que hoy no toleran países del llamado Tercer Mundo, se manifiesta igualmente en intervenciones militares sucesivas bajo mando ajeno, en idioma ajeno y por intereses ajenos. Recordemos las acciones en Yugoslavia o Kosovo contra un país en proceso de disgregación por fuerzas internas y externas, cuando la propia España sufre hoy, precisamente, fuertes tensiones disgregadoras. O las costosas intervenciones sin salida  en Afganistán, un país absolutamente lejano a nuestros intereses. O en  Libia que dejó al país sumido en una guerra civil y un caos que continúa, con cientos de miles de víctimas y de huidos que han agravado las crisis inmigratorias en Europa y en la misma España.  Etc. O la presencia de aviones y tanques españoles amenazando y provocando por cuenta ajena a Rusia, un país con el que no tenemos ningún conflicto como sí lo tenemos, en cambio con el que invade nuestro territorio y que es la  segunda potencia de la OTAN, en estrecha vinculación con la primera.

Debe recordarse  que en los años 60, España obtuvo en la ONU una gran victoria política sobre Inglaterra, al reconocerse la obligatoriedad de devolver Gibraltar a España. Dada la arrogante negativa de los invasores  a cumplir la resolución,  el gobierno español cerró la frontera con la colonia, aislándola y convirtiéndola en una ruina económica, con coste político y moral añadido y creciente para los ocupantes. Esta política, que habría dado fruto con el tiempo, fue radicalmente invertida por la casta política actual, que anuló aquella victoria, abrió la verja, multiplicó las facilidades a los invasores y convirtió la colonia en un gigantesco emporio de empresas opacas y contrabando masivo, con cuyas ganancias ejerce una auténtica colonización sobre el entorno –al que ha hundido económicamente– y una  corrupción sistemática sobre políticos, periodistas, abogados y jueces no solo en su entorno andaluz sino en toda España. Gibraltar ha albergado reuniones de grupos separatistas españoles y no hay duda sobre la intención de Londres y la colonia de jugar con los problemas internos de España para mantener a toda costa su ilegal, humillante y parasitaria presencia en el peñón y su entorno.

El caso de unas clases políticas que no solo admiten la invasión de su territorio sino que multiplican los gestos de sumisión y zalamerías hacia el ocupante, es quizá único en el mundo. Y no se entiende sin otros rasgos, también únicos,  de esos partidos y gobiernos. Pues ninguna otra nación tolera gobiernos que en lugar de hacer frente a los separatismos disgregadores, los ha alimentado, financiado y promovido durante décadas hasta volverlos extremadamente peligrosos vaciando de estado a dos regiones y creando una situación de golpe de estado permanente desde una de ellas, cuyas autoridades se declaran en abierta rebeldía contra el resto del país. Esos gobiernos, sean de derecha o de izquierda, han incumplido mil veces  los puntos más elementales de la Constitución que garantiza la unidad nacional, y de la democracia, amparando toda clase de ilegalidades, acosos y propagandas contra quienes les resisten. Gobiernos que, declarándose demócratas, han propiciado leyes totalitarias de estilo comunista como la de memoria histórica u ofensivas contra la igualdad de derechos de las personas como las leyes de género. Gobiernos que vienen entregando ilegalmente la soberanía española a una burocracia no representativa con sede en Bruselas.

No estamos, pues, ante un asunto menor, pues se conecta estrechamente con todos los demás problemas de fondo creados por la actual casta política y que no cesan de agravarse. El problema de Gibraltar no tiene solución militar, pero tampoco la necesita. Es indudable que  España tiene todas las bazas, sean económicas, políticas, morales o internacionales. Esas  bazas las han utilizado los gobiernos de PP y PSOE contra los intereses españoles y a favor de los ocupantes; procurando al mismo tiempo que la intolerable y escandalosa situación quede en la ignorancia para la mayoría de la gente o sea considerado por ella como un asunto de poca enjundia.  Gibraltar ilustra la abyección y miseria moral, intelectual y política de una casta política de la que el país debe deshacerse necesariamente y cuanto antes. Y denunciar la cuestión en sus verdaderos alcances y proyecciones, combatir el oscurantismo deliberado hacia la misma, su ocultación a los españoles,  es el primer paso al respecto.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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El desembarco en Normandía y España

*Dice Emilio Campmany que la república fue tan ilegítima como el régimen de Franco. Como sigamos así, toda la historia de España habrá sido “ilegítima”.  La república extrajo su legitimidad de un golpe de estado, pero no lo dio ella, propiamente, sino la monarquía contra sí misma. Luego el Frente Popular, salido indirectamente de una sublevación armada y luego de unas elecciones fraudulentas, constituyó un golpe de estado contra la república. En ese sentido fue un nuevo régimen, ilegítimo. En cuanto al franquismo, fue una rebelión contra la tiranía brutal y caótica del Frente Popular. Esa rebelión fue plenamente legítima. Y la brillante ejecutoria del régimen acabó de legitimarla.

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Cuando De Gaulle expulsó las bases militares useñas de Francia, después de constatar que los useños le negaban información sobre el tipo de material acumulado en ellas, los useños preguntaron retóricamente si también iba a expulsar las tumbas de los soldados anglosajones muertos por liberar a Francia. De Gaulle no estaba seguro de que la invasión de Normandía estuviera destinada a liberar a Francia y nunca participó en las ceremonias conmemorativas. La razón de su escepticismo estaba en que el mando anglosajón no permitió la participación, aunque fuera simbólica, de tropas francesas en el desembarco, y que él tuvo que bregar duramente para evitar que Francia quedase sometida al mando militar anglosajón. Por su parte, los anglosajones podían considerar que la colaboración con los nazis en Francia había superado mucho a la resistencia, y desdeñaban un tanto a De Gaulle y los suyos.

   El objetivo militar del desembarco era doble: crear un tercer frente a los alemanes, en vista del semifracaso del avance por Italia, y evitar que los soviéticos ocuparan toda Alemania e incluso llegaran al canal de la Mancha.  Stalin entendía que la política de los anglosajones consistía en demorar el desembarco a fin de que soviéticos se desangrasen y debilitasen al máximo antes de intervenir en fuerza. Había visto con gran desconfianza el ataque por Italia, ya que evidentemente perseguía llegar a Alemania, y quizá a Polonia, antes que el ejército soviético. Por ello presionaba por un desembarco en Francia, donde los anglosajones dudaban ante la fortaleza de la “muralla del Atlántico” y después de la desgraciada expedición a Dieppe, donde fuerzas alemanas muy inferiores habían desbaratado un ensayo de desembarco a considerable escala.

  Pero, por otra parte, el tercer frente desde el oeste  urgía cada vez más ante las victorias soviéticas, que por una parte eran temidas por los anglosajones, pero por otra permitían el desembarco  contra fuerzas alemanas mucho menores que las implicadas en el frente oriental. El éxito de la operación se debió al menos en alguna parte, a un espía doble español, Juan Pujol, que, según parece,  logró despistar a los alemanes sobre el lugar donde se produciría el desembarco.

En fin, por las propias culpas de los europeos, la liberación de la parte occidental del continente coincidió con la sumisión de la parte oriental a un totalitarismo no menor que el nazi, y en conjunto  supuso también la entrada de Europa en una decadencia profunda. Culpas de las que podemos sentirnos libres los españoles, como en cierto modo venía a reconocer Ortega a su vuelta a España en 1946.

   Aunque, gracias al franquismo, España no participó en aquella guerra, el desembarco tuvo también consecuencias indirectas para ella. Hasta algún tiempo antes, los anglosajones tenían muchas razones para felicitarse y hasta bendecir a Franco por su neutralidad, que les había evitado el corte del Mediterráneo occidental en momentos de agobio extremo, y les había permitido la Operación Torch en el norte de África. Pero a  partir de entonces las campañas de chantajes y amenazas contra España se multiplicaron, muchos creían próxima la invasión de España por los vencedores de Alemania, y  los derrotados en la guerra civil se creían a punto de poder volver a imponerse. Nada de esto ocurrió, pero es otra historia. Lo importante del caso creo que queda resumida en una pequeña discusión en twitter, el año pasado:

   John Müller, bajo una foto de un cementerio de guerra: “Hoy es 6 de junio y esta es una playa llena de cruces de héroes que dieron su vida por la libertad de Europa”.

Respuesta mía: “Digámoslo todo: por la libertad de media Europa y con la ayuda inestimable de Stalin. La otra mitad quedó en poder de la URSS. Y, según parece, el desembarco mató a más civiles franceses que a soldados alemanes. Y aquella guerra no e asunto nuestro”

John Müller: El desembarco mató, sobre todo, a jóvenes norteamericanos. Y la libertad siempre es asunto mío.

Respuesta: “Creo que el desembarco mató a más civiles franceses que a soldados alemanes o jóvenes useños. Y la libertad es asunto de todos. Menos mal que España quedó al margen de las atrocidades de unos y otros en la SGM. Y que no debe nada a Usa ni a Stalin”.

España es el único país de Europa libre de la inmensa carga militar, política, moral emocional (y económica) del resto de Europa occidental. Pero casi nadie quiere darse cuenta de ello.

Años De Hierro, Los (Historia Del Siglo Xx)

En el aniversario de 2004 escribí en LD un artículo: Borrell, el sanguinario

Borrell, que, contra lo que algunos esperaban, se está mostrando como un habilidoso trilero de la política, y cuya relación con las corruptelas del PSOE debiera ser más destacada, porque la corrupción –intelectual y económica, la segunda efecto de la primera– no es meramente un episodio en la historia reciente del PSOE, sino un rasgo que ha acompañado a este partido prácticamente siempre, está demostrando su carácter sanguinario, un poco en la tradición de Negrín. Con motivo del aniversario del desembarco en Normandía, acaba de acusar a Usa de no haber invadido España y haber dejado a Franco en el poder.

¿Qué habría supuesto la invasión de España por entonces? Para empezar, un nuevo río de sangre. Muchos miles de españoles, y también de useños, habrían caído, y a continuación se habrían desatado las venganzas y probablemente se habría reavivado la guerra civil. En la misma Francia liberada por Usa nadie pudo evitar, si es que lo quiso, una oleada de represalias, con un mínimo de 10.000 asesinatos en la sombra, muy posiblemente el doble, y a pesar de que la resistencia a los nazis había sido escasa. En España habría sido mucho peor, porque las izquierdas ansiaban la revancha. Y no sólo habrían asesinado a mansalva a las derechas, como lo habían hecho durante la guerra civil, sino que, también como durante la guerra civil, se habrían asesinado entre ellas. Anarquistas, comunistas, socialistas y republicanos se odiaban con verdadera saña, como suelen olvidar muchos “historiadores”, no digamos ya los políticos que parlotean de aquellos tiempos.

Pero la nueva marea de sangre que, indudablemente, habría inundado España, no parece asustar a Borrell, quizá porque piensa que les habría tocado sufrirla a otros y habría beneficiado a gente como él.  También puede argüir que habría sido un sacrificio aceptable en pro de la democracia. Pero nuevamente falla. Por una de esas falsificaciones alucinantes, pero de circulación común, hija de la propaganda soviética, en España la democracia habría sido defendida por los comunistas, los socialistas, y los anarquistas, en unión con unos republicanos que habían intentado golpes de estado contra un gobierno de centro derecha salido de las urnas. Y todos ellos bajo la tutela de Stalin, el gran padre de las libertades. Sólo exponer con claridad esta evidencia ya demuestra el absurdo de la pretensión. Pues bien, a toda esa gente no la habría convertido en demócrata, desde luego, el cambio de la tutela soviética por la tutela useña, a la que aspiran tan a destiempo. En rigor, fueron esos partidos los que planearon la guerra civil en 1934 y los que volvieron a provocarla en 1936. Y en 1944, después de perderla, no habían rectificado sus posturas básicas en lo más mínimo. Ellos habían hecho imposible la democracia en España para muchos años, y ellos habían traído a Franco, el último en sublevarse contra una república arruinada desde muy pronto por la demagogia y la violencia de las propias izquierdas.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Pero hay otra razón por la que Franco resultaba una alternativa mucho más aceptable que ellos. En 1944 las mentes lúcidas ya preveían la lucha entre las democracias y el totalitarismo soviético, pese a la aparente luna de miel entre ambos. Franco se lo había advertido a Churchill, por entonces empeñado en no verlo. En esa contienda general, si había alguien en quien no podría confiar Usa era precisamente en el conglomerado de “demócratas” españoles perdedores de la guerra civil. Todos ellos habían demostrado su predisposición a amalgamarse entre sí al servicio de la política soviética. Algunos expertos en la manipulación histórica insisten en que antes de la guerra no existía en España el peligro comunista, porque el partido de ese nombre era pequeño. Cierto, pero dicho peligro venía del PSOE, que era prácticamente comunista y era muy grande: el partido principal de la izquierda.

Hay, pues, muchas diferencias entre el Irak de ahora y la España de entonces. Usa lo va a tener muy difícil, si es que lo logra, democratizar Irak, pero ésta no es la principal razón de su intervención allí, pues, de serlo, Bush tendría que andar embarcado en una guerra perenne y desesperada contra las tiranías de todo el mundo, que superan en número a las democracias y predominan en la ONU, tan querida del PSOE cuando le conviene. Desde ese punto de vista, Sadam era un tirano como tantos, aun si muy sanguinario (eso para Borrell carece de importancia, seguramente). Su peligro radicaba en su carácter especialmente agresivo en una zona de vital interés para Occidente –no sólo para Usa–, una zona que es preciso estabilizar, y democratizar en lo posible, si no queremos sufrir muy graves consecuencias. En cambio, la España de 1944 iba a constituir, no una amenaza para Occidente, sino precisamente un aliado fiable en la lucha contra el enemigo absolutamente principal, el comunismo. Y ese papel de aliado fiable no lo podrían desempeñar entonces unos partidos como el PSOE, el partido que más directa y completamente había entregado el Frente Popular en manos de Stalin y que aún hoy tiende a culpar a Usa, y no a la URSS, por la guerra fría.

Estas consideraciones nos llevan a otra: ¿ha cambiado el PSOE lo bastante desde aquella época? Ahí lo tenemos favoreciendo al terrorismo, abandonando a los iraquíes, reverenciando a Marruecos, de donde han venido los atentados del 11-M, y dando mil satisfacciones –partido generoso– a quienes negocian con la ETA. El PSOE ha vuelto a convertirse en un peligro para la democracia, dentro y fuera de España. Esta cruda pero insoslayable verdad no debiera ser perdida de vista en ningún momento.

   (Omito unos párrafos del artículo referente a la guerra de  Irak, que hoy no suscribiría. Pero obsérvese esto en la distancia: el fracaso en la democratización de Irak ha hecho de la zona un factor de inestabilidad y terrorismo, contra lo que se pretendía).

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Cómo derrotó España el criminal aislamiento decretado al terminar la guerra mundial por  regímenes comunistas, democracias y dictaduras diversas: https://www.youtube.com/watch?v=dJuWZeoFYPQ

 

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Martín Prieto / Por qué el PP es lo peor… y podría estallar

De los recuerdos que expone usted en “Adiós a un tiempo”, los que más me impresionaron son los referidos a amigos suyos muertos,  como alguno del GRAPO, Mick, el intelectual alcohólico o los dos profesores  enfrentados en el Ateneo. La forma afectuosa pero sobria y contenida con que usted los recuerda, sin alharacas sentimentales, sin los tópicos que casi todo el mundo repite en esas ocasiones. Se lo comento porque acaba de fallecer el periodista Martín Prieto, y creo que fue amigo de usted, por lo menos usted lo ha citado en alguna ocasión, si mal no recuerdo, como si lo conociese. ¿No podría decir algo de él? (M.J.C.)

La verdad es que no puedo decir mucho. Traté a Martín Prieto y a su novia de entonces hace ya cuarenta años, creo que fue a raíz de una entrevista que me hicieron en Cambio 16 sobre el libro De un tiempo y de un país, que estaba a punto de salir.  Por entonces él era subdirector de El País, me parece.  Yo estaba aún en la clandestinidad, aunque ya no se me buscaba, pues estaba en marcha la reinserción de Rosón. No me acuerdo muy bien, pero también por entonces traté con Ludolfo Paramio, que me dijo que podía escribir en El País, que era un periódico muy abierto, o quizá me lo dijo el mismo Martín Prieto. Escribí un artículo sobre terrorismo, que estaba compuesto para salir cuando Cebrián vio mi nombre y lo apartó sin contemplaciones. A él lo que le gustaba era la ETA, para la que pedía la “salida política”, y se dedicó a divulgar “cosas extrañas” sobre mi conducta. Le contesté en una carta bastante larga, que fue publicada, y quedé contento: el espíritu demócrata y deportivo del hombre. Lo comenté algo después con Martín Prieto, que me aclaró las cosas: la carta se publicó bajo su responsabilidad, estando ausente Cebrián, lo cual le valió, a Martín Prieto, una buena regañina del prócer.

Después, nuestros contactos fueron muy esporádicos. Él evolucionó desde una postura muy “progre”, y lo último que recuerdo de él fue un artículo en que recomendaba la lectura de Los mitos de la guerra civil . Lo que puedo decir es lo que todo el mundo sabe: dedicó su vida al periodismo de opinión, escribía de manera muy expresiva, con una prosa excelente, y su evolución le valió el ninguneo del sector autodenominado progresista. Su pérdida es seguramente importante, porque en el periodismo español son muy pocos los analistas y opinadores que escapan a la vaciedad y la  charlatanería.

Esto al margen, fue Ansón curiosamente, quien me permitió escribir en el ABC . A Ansón le había organizado yo una huelga en la Escuela Oficial de Periodismo cuando él era subdirector y, según decía después, perseguido por el franquismo (el director era el falangista Emilio Romero, director también del diario de los sindicatos oficiales Pueblo)Y  mis artículos en ABC rara vez seguían la línea del mismo, es decir, que en este caso hubo deportividad y se lo agradezco personalmente porque yo vivía por entonces tiempos muy difíciles. No obstante, considero a Ansón y a Cebrián, desde el punto de vista político, dos personajes especialmente nefastos. Les dedico un capítulo en Los mitos del franquismo.

Tengo idea de que ha fallecido también Antonio López Campillo, de quien fui muy amigo en mi época del Ateneo,  y a quien se debe parte de la inspiración de El erótico crimen. Me dijo alguien que Jiménez Losantos se había referido a él con un “en paz descanse”.  Hacía también bastantes años que no le veía.  En este tiempo he escrito mucho, como ustedes saben, y eso ha tenido un coste, volviéndome casi un anacoreta y perdiendo contactos y amistades. También influye mi carácter poco sociable. No es para estar orgulloso, pero, qué se le va a hacer.

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Por qué el PP es lo peor

El 11 de mayo de 2016 escribí en La Gaceta un artículo con este título, al que remito al lector (https://gaceta.es/blogs/pio-moa/pp-peor-11052016-1653-20160511-0000/ ) Algunos creen o quieren creer, que el PP ha evolucionado con Casado en la dirección correcta, próxima a VOX. La realidad es muy otra: el PP estaba perdiendo votos  –es decir, cargos posibles– a chorros, por lo que en su interior se abrió una disputa sobre qué hacer, y Casado se volvió “patriota” para recuperar esos votos y hundir a VOX. Luego la alarma pareció luego infundada a muchos, y la polémica interna gira en torno a si el PP debe continuar la línea oportunista  de Casado o debe volver a su papel de auxiliar de los separatismos y del PSOE (lo que llaman “centro-derecha”). Y el partido se está deshaciendo: en Vascongadas reclaman una práctica independencia, en Galicia acentúan su política proseparatista, en Andalucía hacen caso omiso de Casado… No es imposible que el PP se desmorone, lo que dejaría un vasto espacio libre para VOX.

   Hay un precedente importante en la voladura de UCD por su creador, Suárez. Siempre se ha acusado a sus “barones” de aquel descalabro, pero, como analicé en La Transición de cristal, fue el propio Suárez el responsable al negarse a juntar fuerzas con Alianza Popular y mantenerse en una posición de izquierda (el muy necio quería incluso pasar a Felipe González por la izquierda), cuando el PSOE le estaba superando a ojos vistas. Ello creó en el partido un enorme descontento y confusión con el resultado sabido. Por desgracia, Fraga se empeñó después en imitar a Suárez, pero esa es otra historia.  

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De Adiós a un tiempo: “Flan con nata”

Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]https://www.amazon.es/Adi%C3%B3s-tiempo-Recuerdos-sueltos-relatos-ebook/dp/B075L82G5B

A cierta edad van siendo muchos más los recuerdos que las expectativas. Algunos días la cuesta abajo se nos hace más patente, y con cualquier motivo la memoria recupera sucesos quizá muy lejanos, como islotes que surgen de pronto con fuerza en un mar de vaguedades. Je me souviens / des jours anciens / et je pleure. O sin llanto, da igual; es la impresión de un pasado ido sin vuelta ni corrección posible.

Hace unos días fui a comer a un restaurante chino con mi mujer y mi hija. Al terminar pedí un café irlandés, y me lo trajeron con mucha nata. Mi hija había pedido un flan, y, como le gusta la nata, cogió bastante de mi copa. Al ver su flan con nata me vino a la cabeza que eso solía tomar de postre Juan Carlos Delgado de Codes. El nombre no dirá hoy nada a la mayoría, pero sonó mucho a finales de los años 70. 

En marzo de 1974, tras haber pasado unos meses trabajando en los astilleros de Bilbao, volví a Madrid para integrar la comisión encargada de reorganizar la OMLE (Organización de Marxistas-Leninistas Españoles), después de unas “caídas” desastrosas. Las redadas se habían extendido a Madrid desde varias ciudades andaluzas y alcanzado a la misma dirección del grupo, parte de la cual decidió ponerse a salvo en París y en Bruselas, a fin de asegurar la continuidad en cualquier caso.  

Estábamos en el comité, entre otros, Delgado y yo. Faltos de casa segura, pernoctamos durante una o dos semanas en un bajo cerca de Aluche. Había peligro de que el piso estuviera cantado a la policía, porque había sido detenida la chica que lo había alquilado, para instalar en él una multicopista, y por eso nos acercábamos con sigilo ya de noche, dormíamos sin encender la luz y evitando hacer ruidos, y lo dejábamos muy de mañana.  

La mujer de Delgado también estaba detenida. Poco después alquilamos un piso en el  barrio de Batán. Delgado tenía una buena documentación falsificada, y cuando fue a la agencia a firmar el contrato, el dueño resultó ser un teniente coronel de la Guardia Civil destinado en otra ciudad. Con buen criterio, decidimos seguir adelante. El piso estaba en una colonia de policías o militares, y calculamos que no nos buscarían precisamente en la boca del lobo. Vestíamos “con corrección” para no levantar sospechas, y ante el portero pasábamos por periodistas. Una ventana daba al tejado de una nave industrial o almacén, ofreciendo una posible vía de escape en caso de apuro.  

No madrugábamos, y sobre las diez íbamos a desayunar a una cafetería enfrente de la estación de metro, leíamos el periódico y comentábamos las noticias. Luego, como cada cual tenía sus tareas –ya lo he contado en un libro–, nos separábamos y quedábamos para comer, a eso de las dos y media o tres, en algún restaurante de la calle Malasaña, muy cerca de la de San Bernardo: el Bolívar o La Glorieta. Siguen existiendo, y parecen haber prosperado.  

Allí quedábamos también muchas veces para cenar. Pedíamos platos baratos, y la comida nos salía por unas cincuenta pesetas; algo más a él, porque acostumbraba pedir de postre flan con nata, una pequeña debilidad. Lo hacía con un leve sentimiento de culpa, por el derroche. En fin, nos hicimos buenos amigos.

Delgado, nacido en Segovia, había vivido unos años en Cádiz mientras estudiaba Náutica. Tras evolucionar hacia el marxismo, había trabajado en los astilleros, convirtiéndose en el principal dirigente de la OMLE en Andalucía. Tenía gran vitalidad e iniciativa, y un sentimiento muy romántico de la lucha revolucionaria. Un día tropezó en la calle con un antiguo compañero del bachillerato, de familia aristocrática, que sabía algo de sus andanzas, y me contó con satisfacción: “Me dijo: ‘No sabes cómo os envidio. Vosotros hacéis lo que queréis, en cambio, yo… La mujer, el trabajo…’”. 

Delgado había conseguido las primeras armas de la organización después de que fracasáramos en el intento yo, Pérez Martínez y Cerdán Calixto, por orden cronológico. Las armas, o la mayoría de ellas, habían sido capturadas por la policía en las últimas redadas.  

El nombre de Delgado saltaría a todos los medios de comunicación en abril de 1979, casi dos años después de mi expulsión del grupo, ya transformado en PCE(r)-Grapo. Yo vivía aún, clandestino, en una buhardilla cercana a la plaza de Lavapiés. Estaba escribiendo a máquina,

poco después de mediodía, cuando mi compañera de entonces subió de alguna compra diciendo que en la plaza había corrillos comentando un tiroteo: la policía había herido o matado a alguien, al lado de un banco. Algún atracador, pensé, pero ella venía muy nerviosa, como presintiendo algo, y puso la radio. Al poco tiempo oímos la noticia, repetida una y otra vez por los locutores a lo largo de la tarde: Delgado había muerto a manos de la policía, al intentar huir de una encerrona. 

Sufrí una conmoción y una sensación de vacío y de absurdo. Para entonces empezaban solamente mis dudas sobre la bondad del marxismo como explicación del mundo y como impulsor de alguna redención humana. Pues lo peor del terrorismo –”lucha armada”, lo llamábamos– no está en los métodos, sino en los objetivos: de triunfar, convertiría a las naciones en cárceles, y así lo ha hecho una y otra vez. Y quizá peor que quien dispara, arriesgándose, es el político que, sin peligro, trata de sacar tajada del crimen, lo condena pero lo justifica, obstruye la ley y confunde a la opinión pública con mil sofismas. 

Uno o dos años más tarde, ya bastante desengañado de aquellas ideas, llegué un día a Sepúlveda después de haber seguido a pie el río Duratón desde Peñafiel. En Sepúlveda hay un restaurante llamado Casa Paulino, donde habíamos comido cordero varios “revolucionarios profesionales” del PCE (r), entre ellos Delgado, a finales de 1975, poco después de la muerte de Franco. Ahora pienso si él pediría aquel día su flan con nata, pero no lo recuerdo. Bien, fui allí a comer otra vez cordero, rememorando con melancolía la anterior ocasión. Algún tiempo después localicé la tumba del viejo camarada y amigo en el cementerio de Segovia. ¿Qué hace un ateo en tales circunstancias? No iba a rezar, gesto ritual quizá consolador, de significado tan imprecisable…  

Nada queda, o nada parece quedar, de aquella historia que fue el hombre, ni siquiera en la memoria, tan efímera y parcial, de quienes lo conocieron. Sólo materia orgánica en descomposición bajo la losa. ¿Y por qué alguna vez esa materia tuvo un aspecto tan distinto y obró como lo hizo? ¿Para qué? Nuestra mente sabe hacerse las preguntas, no contestarlas.

(LD, 23-12-2005)

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Franco y el barco de la ETA.

Siempre escribo este blog con la intención (o ilusión) de que sus lectores lo difundan ampliamente.

*¿Cómo es posible que no llegue al público la evidencia del carácter “norcoreano” de la ley de memoria histórica y de la identificación de sus promotores con los chekistas y la ETA? Por el PP, siempre auxiliar de separatistas y totalitarios.

*Cuando se conmemora el desembarco en Normandía se olvida siempre que fue posible por las victorias del ejército soviético. Una deuda moral, política e histórica de la que solo España está libre.

*Algunos miserables lamentan que los useños no invadieran España para volver a imponer aquí a los ladrones y asesinos del Frente Popular. La democracia, según ellos. Su afición al crimen nunca falla.

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La resolución del Tribunal Supremo contrariando, al menos provisionalmente,  los planes del Doctor y su banda de ultrajar los restos de Franco, pone al descubierto dos cosas: la importancia de los jueces serios como última barrera frente a los abusos tiránicos del poder, y el disimulo e hipocresía con que tratan los medios una cuestión de máxima transcendencia política.

El ultraje a los restos de Franco es consecuencia lógica de una ley de memoria histórica que pretende imponer a los españoles una versión particular de la guerra civil y la etapa histórica posterior: la versión de los perdedores, que casualmente eran un conglomerado de totalitarios y separatistas. La ley es en su concepción radicalmente antidemocrática y de tipo norcoreano. Y no menos delictivo es su supuesto básico de que los asesinos y  torturadores de las chekas, abandonados por sus jefes al terminar la guerra y  juzgados y ejecutados por el bando vencedor, eran inocentes víctimas, fusilados por sus convicciones democráticas. Es decir, los autores de esa ley no solo son “norcoreanos”, sino que identifican la democracia con el crimen  y a sí mismos con los criminales. Nada más revelador, en cuanto se aparta su palabrería justificativa.

Estos hechos  saltan los ojos apenas se los mira de frente. Pero han quedado ocultos, o más bien han sido ocultados,  en un país donde presumen de demócratas todos los periodistas y por supuesto los políticos, desde los etarras a los peperos. Los escasísimos analistas e historiadores que hemos expuesto la realidad nos hemos visto aislados y silenciados en este régimen caído en la farsa y la patraña institucionalizadas.

La cuestión de la tumba de Franco revela una democracia fallida, que pretende funcionar con leyes antidemocráticas y ataca la misma continuidad histórica de España, socavada por quienes se sienten herederos de los separatistas y totalitarios derrotados hace ochenta años. Del franquismo proceden la monarquía actual,  la supervivencia de una Iglesia salvada del exterminio por Franco y hoy empeñada, al parecer, en autodestruirse; y la misma democracia, solo posible a partir de la sociedad próspera, moderada y libre de los odios republicanos legada por aquel régimen. Mientras que del antifranquismo impostado de separatistas y corruptos, promotores de la ley de memoria histórica,  provienen todas las amenazas a la libertad y a la propia España. Es preciso redoblar el esfuerzo por explicar y alertar a la sociedad de los muy graves peligros que dicha ley trae consigo.

De modo similar a como se intenta birlar a la opinión pública el alcance del planeado ultraje a los restos de  Franco, casi todos los medios tratan de desviar la atención de las actas de los tratos mafiosos entre la ETA y el gobierno de Zapatero. Tratos aplicados después por el PP de Rajoy. Esta cuestión está muy directamente imbricada con la de Franco. El régimen anterior encaró el terrorismo de la ETA y pudo haber acabado con él de no ser por el apoyo de gran parte del clero y de los gobiernos de Francia a los asesinos. Pero por la misma razón, la ETA se convirtió en fetiche de los “demócratas antifranquistas”, que ni eran demócratas ni habían sido antifranquistas más que con el pensamiento.

  Los etarras en cambio habían luchado y se habían  arriesgado, eran antifranquistas de verdad (y por tanto demócratas, según la versión que se iba imponiendo). Enseguida se les ofreció la “salida política” que, como la ley de memoria histórica, convertía implícitamente el crimen en un modo aceptado de hacer política. En La transición de cristal  (descatalogada) en Los nacionalismos vasco y catalán en la guerra,  el franquismo y la democracia, he expuesto el enorme poder corrosivo de  esas concepciones fraudulentas  sobre la democracia y la propia identidad nacional de España. Los partidarios de la colaboración con banda armada, llevada a su culminación por Zapatero, tienen el máximo interés en disolver estas cuestiones en el magma de sus chanchullos y corrupciones diarios, y de asuntos secundarios como los impuestos y similares. Como se le escapó a un enviado de Zapatero, “estamos en el mismo barco”.  PSOE, PP , separatistas y ETA está, efectivamente, en el mismo barco. Es lo que debe terminar de comprender la sociedad.

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Cómo derrotó España el criminal aislamiento decretado al terminar la guerra mundial por  regímenes comunistas, democracias y dictaduras diversas: https://www.youtube.com/watch?v=dJuWZeoFYPQ

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