*Si España ha llegado al golpe de estado permanente se debe a la complicidad de los gobiernos de PSOE y PP. Por lo cual ninguno de ellos es constitucional. Si VOX se proclama constitucional, debe señalar que esos otros no lo son, o se equiparará a ellos ante la opinión pública.
*Ni la ley de memoria histórica, ni las de género, ni la financiación de las ilegalidades separatistas ni la entrega de soberanía a la burocracia LGTBI y multiculturalista de Bruselas son actos constitucionales. Si VOX defiende la Constitución, debe señalarlo con claridad, para no confundirse con PP, PSOE y C´s
*El multiculturalismo consiste en varios procesos: fomento del aborto y de la inmigración; ataque al cristianismo y a las culturas y soberanías nacionales; progresiva imposición de una cultura “europea” LGTBI y basada en el inglés.
*Cuando un partido español se proclama europeísta está diciendo en realidad que desprecia la cultura e idioma españoles tanto como ignora la realidad histórica de Europa. Y que desea imponer en España una sociedad de “memoria histórica” y LGTBI.
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Como señala Aquilino Duque, no hubo, ni siquiera en el primer franquismo, una literatura exclusiva ideológicamente o impuesta y subvencionada desde el estado como existe actualmente. Y había una pluralidad más que notable: novela y poesía católica, falangista, “de la berza”, tremendista, surrealista…
Tiene interés la literatura de la berza o del compromiso social, especie de realismo socialista de tono menor en aquellos tiempos del páramo. En él participaron mejor o peor Sánchez Ferlosio, Aldecoa, Blas de Otero, Fernández Santos y tantos más. Era una literatura marxistoide y antifranquista, cuya cabeza más visible, Gabriel Celaya, nos recuerda Duque, ”era un poeta militante ; militante declarado de un partido político clandestino, cuyas consignas –y no era el único– obedecía a pies juntillas. Esa militancia era el secreto de Polichinela y esa clandestinidad era perfectamente compatible con la ubicuidad. No había revista literaria en la que su nombre no figurara por activa a por pasiva; no había poeta novel que, en prosa o verso, no le dirigiera una cartita…”. Tanto es así que en 1957, en plena oscuridad del páramo, Celaya, con toda su evidente carga antifranquista a cuestas, recibió el Premio de la Crítica. Quizá no sobre recordar que Buero Vallejo, condenado a muerte en 1939 por reorganizar el Partido Comunista, ganaba el Premio Lope de Vega en 1949.
”Si el franquismo –señala el autor– tuvo alguna vez poetas oficiales, uno de ellos fue Luis Rosales, como lo fueron Ridruejo y Panero y Vivanco y Foxá y Zubiaurre, poetas que desde fechas bien tempranas procuraron tender la mano a la España peregrina, que empezó por recibirlos a tomatazos y luego se fue dejando querer según veía que el franquismo iba para largo. Tan para largo iba que empezó a aburrir a los que habían sido sus poetas oficiales. Pero esta es otra historia”.
De la literatura católica, escribe Duque, “La vida nueva de Pedrito de Andía (1952) como más tarde La puerta de paja (1953) y Bearn (1956) vino a avivar la polémica lanzada en aquellos años, entre otros por Aranguren, de la “novela católica” . En el fondo de esa polémica latía un fuerte deseo de asimilación e imitación de la novela católica que en ultrapuertos cultivaban escritores como Mauriac o Bernanos o, más lejos y más tarde, Graham Greene o Heinrich Böll. Se trataba de un catolicismo conflictivo el de todos esos autores que al lector, si era creyente, solo tenía que sumirle en un mar de perplejidades”, aunque la versión española resultaba mucho menos conflictiva o problemática´, y quizá por eso se la ha considerado también de tono menor a pesar de sus evidentes méritos literarios. Porque se oponía también a la literatura “tremendista” inaugurada con el Pascual Duarte y que parecía tratar de oscurecer aún más los lados oscuros de la vida. No obstante, es la obra que, con Cela, ha sido en general más apreciada y hasta premiada con el Nobel. Pero esta es también otra historia
En fin, durante la guerra civil parece que la mayoría de los poetas se identificó con el Frente Popular, como la mayoría de los pensadores lo hizo con el bando nacional. El libro de Aquilino Duque no es propiamente un estudio, sino una remembranza vivaz de la literatura de aquellos tiempos, y esas memorias, cuando se escriben con talento, como es el caso, suelen resultar más interesantes y sugestivas que los estudios académicos, tan a menudo plomizos e ideológicamente lastrados. Saltando un poco del libro, cabe señalar que en los años 40 escribían en España una nómina de autores de una calidad imposible de encontrar hoy, cuando el páramo está tan superado . Aparte de los mencionados por Duque, bien numerosos, y por señalar unos pocos, Zubiri, Ortega, D´Ors, Julián Marías, Laín Entralgo, Tovar, Menéndez Pidal, Baroja, Carmen Laforet, Miguel Delibes, Carmen Laforet, Ana María Matute (por cierto, nunca había habido tal número de mujeres escritoras)… En fin, el páramo.
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En Una hora con la Historia , esta semana: Franco Hitler y Mussolini. Una comparación historiográficamente muy ilustrativa a partir de un capítulo de Los mitos del franquismo: https://www.youtube.com/watch?v=Dm9qIm7KB8M


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