El Valle de los Caídos conmemora la victoria sobre el comunismo y los separatismos, y la reconciliación de la inmensa mayoría sobre la base, precisamente, de esa victoria (¿podría haberse hecho sobre la base de los separatismos y los totalitarismos?) . Gracias a ella España fue capaz de mantenerse al margen de la guerra europea, de librarse de sus atrocidades y evitarse la satelización por la Alemania nazi, la tutela useña y la tiranía soviética. Y gracias a ella pudo desafiar y derrotar el criminal intento de aislarla y hambrearla por los vencedores en la guerra mundial. Y logró reconstruirse con sus propias fuerzas, sin deber nada ni al ejército useño ni, indirectamente, al soviético. Al revés, es Europa la que debe mucho a aquella victoria de España. Y, por fin, vencidas aquellas adversidades, pudo el país experimentar un desarrollo económico sin precedentes en un clima de creciente libertad debido a los trascendentales éxitos previos.
Nada más justo y obligado, por tanto, que los restos del principal artífice de aquella victoria descansen en el Valle que la simboliza. El monumento más grandioso y logrado, probablemente, del siglo XX en cualquier país del mundo.
Y nada más lógico, asimismo, que quienes se identifican con los vencidos y forman un nuevo frente popular o alianza de disgregadores y totalitarios, planeen ultrajar los restos de quien les venció y cambiar la significación del monumento. Y nada más lógico, también, que para ello deban mentir del modo más desaforado, empezando por presentarse como demócratas cuando han sido y son los mayores enemigos de las libertades políticas, de la misma libertad personal y de la propia existencia de España. Y que exhiban en todos los aspectos de su delictivo intento los signos de la vileza más profunda.
Vivimos tiempos de triunfo de la farsa y el embuste político, tiempos de confusión profunda. Así se explica que las jerarquías eclesiásticas, desde el mismo papa, colaboren con su silencio y abstención en el plan de profanar la tumba del hombre que salvó a la Iglesia del exterminio. Que haga lo mismo la monarquía, traída de nuevo por la misma persona después del vergonzoso autogolpe en 1931. O que los que se dicen demócratas pretendan ignorar el referéndum de 1976, que decidió la democracia desde y no contra el franquismo. Desde sus logros y no desde los sueños perturbados de los enemigos de España y de la libertad, disfrazados con grotescos ropajes seudodemocráticos.
Esta farsa, este festival de la “estupidez y la canallería”, como decía Gregorio Marañón, no debe continuar. Franco y el Valle de los Caídos no son un asunto menor o parcial: resumen y simbolizan toda la política que es preciso derrotar nuevamente antes de que nos lleve a una nueva contienda o al triunfo de los liberticidas sobre España.
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Me han llamado a través de una editorial para una entrevista en TV3 en relación con los partidos políticos y Europa. He contestado que no me trato con esa chusma . Hace tiempo habría aceptado ,con la idea de que así al menos llegaría otra opinión al público, pero la desvergüenza manipuladora de esos golfos es tal que resulta contraproducente. Un mensaje aislado entre veinte opuestos se pierde y crea la impresión de que se trata de opiniones marginales e inútiles. La cuestión es muy distinta. Hay mucha gente contrariada por las manipulaciones de esa gente, pero está desmoralizada porque quienes tendrían que haber alzado la voz para oponerse a esa basura han terminado colaborando con ella. De ahí que yo trate de suministrar datos y argumentos para la indispensable batalla cultural, liquidada por el PP, y haga continuos llamamientos a la movilización de los disconformes. Porque hay que ganar a la opinión pública y todos debemos colaborar.
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“Pan negro, tristeza y fusilamientos”: por qué fueron excelentes los años 40, a pesar de las adversidades: https://www.youtube.com/watch?v=nAG4YWbQUI0






