En “Una hora con la Historia”: La mujer en el franquismo: https://www.youtube.com/watch?v=EMJQPe2w_84
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–Usted se ha burlado de un reportaje de El Mundo que reproduce tal cual el cuento del fusilamiento de Gila. ¿En qué se basa?
–Lo de Gila ya lo aclaró su amigo Ángel Palomino, que lo conocía bien. Lo que sabemos de Gila es que apenas acabada la guerra y mientras hacía el servicio militar, empezó a colaborar en la prensa del Movimiento, fue empleado de Sindicatos, hizo toda su carrera en el franquismo, donde era muy festejado, y algunos 18 de julio participó en recepciones de Franco, que se reía con sus monólogos “bélicos”. Luego dijo que se había exiliado, cuando en realidad huyó porque su mujer le puso una denuncia por adulterio y por no pasarle una pensión, y el juez ordenó embargarle parte de sus ingresos. Y por supuesto nadie le impidió entrar y salir de España cuando quisiera. Lo de El Mundo indica también el nivel del periodismo español, donde la mentira se ha convertido en virtud. Virtud “antifranquista”, claro.
P.-Usted argumenta que casos como el de Gila abundan mucho.
Sí, falsificar la propia biografía se convirtió en un deporte poco después de la transición. Otro caso ejemplar es el de Tierno Galván, cuyas mentiras descaradas puso al descubierto Alonso de los Ríos. Pero los hay a cientos en el mundillo intelectual y artístico, no digamos en el político. Es un fenómeno que merece ser estudiado, revela mucho sobre la farsa en que se fue convirtiendo la democracia. Personajes que habían prosperado en el franquismo, incluso en el aparato del estado, y de pronto se descubrían furibundos antifranquistas… Si Gila hubiera sido represaliado en algún momento, la verdad es que el régimen habría sido muy generoso con él. Como en el caso de Buero Vallejo, condenado a muerte en 1939, conmutado a cadena perpetua y que en 1946 estaba libre y escribía obras de teatro que se hacían muy populares y ganaban premios. ¡Qué terrible era aquel régimen con la cultura! Por eso he propuesto que alguien con un poco de talento escriba una “Galería de golfos antifranquistas”, aunque quizá fuera mejor “de luchadores antifranquistas” o “de héroes”; ¿o de “resistentes”? Podría ser una gran obra humorística. Yo no tengo tiempo.
P. Sin embargo, ud ha dicho alguna vez que las autobiografías siempre mienten. Supongo que se podrá aplicar a sus libros autobiográficos también.
¿Cuándo lo dije? En cualquier caso es exagerado. Pero sí, se miente casi siempre, porque el yo tiene sus exigencias de vanidad o de autoconservación, porque se escribe para “los demás”, un ente extraño, abstracto aunque con manifestaciones muy concretas. A ese ente se le convierte implícitamente en juez de uno mismo, y se busca su absolución. Pero pasa como con todo: unos mienten mucho y otros muy poco. Hay casos, como el de Koestler, que se propuso escribir una confesiones completamente sinceras, a imitación de San Agustín o Rousseau. Son muy interesantes en todos los sentidos, pero incluso dentro de la máxima sinceridad existe la perspectiva, la posición en que ha colocado la vida al autor, en gran parte al margen de sus deseos o intenciones y que además no es la misma cuando escribe que cuando vivía los sucesos. Esa perspectiva le condiciona, le hace ver las cosas y a sí mismo de una manera particular. Además está la memoria. Sin mentir, se pueden decir muchas falsedades por fallos de memoria o insuficiente información.
P. ¿Cómo se aplicaría eso, por ejemplo, a su libro De un tiempo y de un país, o a otros como Adiós a un tiempo, o Viaje por la Vía de la Plata?





