Podemos decir que el ideal judío es el justo y el griego el héroe. La diferencia es importante. El justo es aquel que cumple estrictamente la voluntad de Dios, que Dios mismo le revela hablando con él; por lo tanto solo puede haber justos entre los judíos, pueblo elegido, pero incluso entre estos es muy escaso su número: con ocasión del Diluvio, Noé y su familia; en Sodoma también la familia de Lot, y aun su mujer es castigada por mirar con nostalgia la vida malvada de la ciudad; o acaso con compasión por su castigo. La exigencia divina se muestra en ocasiones como el sacrificio de Isaac, único hijo de Abraham, engendrado en la vejez con Sara, etc. Hay, por supuesto, algunas personas buenas en otros pueblos, pero de modo muy secundario y sin poder ser propiamente justos. Por otra parte, el ideal del justo excluye la compasión con el pecador, ya que este enoja a Dios y se merece todas las penas que le caigan que suelen ser muy duras y siempre en esta vida. El justo puede pasar por grandes penalidades, pero estas tienen un sentido muy distinto de las del pecador. Es más, el justo puede constituir la mano de Dios para dar su castigo, igualmente justo, a los malvados. Esto tiene un sentido muy diferente del concepto del héroe.
El ideal griego es menos exclusivista. Por supuesto, los griegos tenían también un agudo sentimiento de superioridad sobre los demás pueblos, pero nada parecido al de los judíos. En definitiva, el destino trataba por igual a todos los mortales, y en la Ilíada el héroe mejor es precisamente el jefe de los enemigos, Héctor, a pesar de su final ataque de pánico ante Aquiles; pánico que no despierta en absoluto la burla o el desdén de los aqueos, sino más bien la compasión (en Aquiles, un odio feroz, que acaba calmándose en unas consideraciones sobre el destino humano. El “talón de Aquiles” alude tal vez a su carácter colérico, del que no es del todo responsable). Esta capacidad de objetivar y relativizar la bondad y la maldad, como la suerte o la desdicha, se aprecia en la literatura griega. En las tragedias, los personajes defienden con gran competencia sus posiciones, que a pesar de todo les llevan a la catástrofe. Debemos ver ahí el efecto subterráneo de la hibris, junto con las decisiones oscuras e inapelables de la Moira.
En la literatura occidental predomina la visión judía: los buenos y los malos quedan claramente definidos, unos por sus virtudes y otros por sus vicios, referencia final a la voluntad de Dios. Generalmente ganan los buenos (una frase ingeniosa puesta por Oscar Wilde en uno de sus personajes, una mujer que ha escrito una novela: “Los buenos acaban bien y los malos acaban mal, que es lo que significa la ficción”), pero desde el siglo XIX hay una abundante literatura en que son los malos o el mal lo que prevalece, cosa digna de estudio sobre una posible enfermedad de la cultura occidental. Y lo mismo pasa con las exposiciones históricas, ya me he referido a Tucídides en comparación con la tradición europea. Esto da a todo ello cierto aire de trivialidad si lo comparamos con la literatura griega.
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Este sábado, en Una hora con la Historia, hablaremos de las consecuencias de la caída de Constantinopla, que coincide con el final de la Guerra de los cien años y la decapitación de Álvaro de Luna en España. La sesión de la semana pasada: https://www.youtube.com/watch?v=iY8ypH9lyp4

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*Resalta “El País”, diario puticlub, el socialismo de Alborch. Creo que no debería, si quiere elogiarla. El PSOE ha sido y es el partido más corrupto, golpista, antiespañol, violento y ladrón de España en los siglos XX y lo que va del XXI.
*El aborto es la liquidación de vidas humanas en el seno materno. No es otra cosa. Que los feministas lo hayan convertido en un derecho revela su odio a la maternidad. A la humanidad, en definitiva.
*En épocas tan cutres como esta, defender la evidencia suena discordante. Por qué digo que la mujer en el ejército y como abortista es una aberración? Porque en los dos casos se trata de matar, y la continuidad de la vida humana es función sobre todo de la mujer.
*¿Por qué no se pueden hacer chistes sobre homosexuales, como de cualquier otro grupo social? ¿Se trata de una minoría sagrada? ¿O vivimos ya bajo una dictadura de los maricones, que diría la ministra Delgado?
*Casado ha estado bien. Rajoy también estuvo bien varias veces… mientras estaba en la oposición. Llegado al poder, pasó sus votos a la política de ZP, que siguió por completo. Casado sirvió a Rajoy y nunca criticó su política. Hará lo mismo.
*Los maricones y nenazas, que diría la Delgado, se están convirtiendo en un sector social sagrado. Ud puede insultar o calumnias o hacer chistes de cualquier otro grupo, sobre todo de la Iglesia, y eso es un deporte. Hacerlo de los maricones es un sacrilegio.
*Desde que ZP rescató a la ETA de la ruina y premió sus crímenes con legalidad, dinero público, etc., y Rajoy siguió la misma política, ya no existe estado de derecho. Existen chanchullos entre partidos-mafias, a los que llaman “diálogo”
*Una universidad en que se enseña historia adaptada a la ley de memoria histórica solo puede ser una universidad de chiste. De chiste muy malo.
*Un título universitario no convierte a nadie en historiador, y menos en una universidad tan esperpéntica como la española.




