El justo y el héroe

Podemos decir que el ideal judío es el justo y el griego el héroe. La diferencia es importante. El justo es aquel que cumple estrictamente la voluntad de Dios, que Dios mismo le revela hablando con él; por lo tanto solo puede haber justos entre los judíos, pueblo elegido, pero incluso entre estos es muy escaso su número: con ocasión del Diluvio, Noé y su familia;  en Sodoma también la familia de Lot, y aun su mujer es castigada por mirar con nostalgia la vida malvada de la ciudad; o acaso con compasión por su castigo. La exigencia divina se muestra en ocasiones como el sacrificio de Isaac, único hijo de Abraham, engendrado en la vejez con Sara, etc. Hay, por supuesto, algunas personas buenas en otros pueblos, pero de modo muy secundario y sin poder ser propiamente justos. Por otra parte, el ideal del justo excluye la compasión con el pecador, ya que este enoja a Dios y se merece todas las penas que le caigan que suelen ser muy duras y siempre en esta vida. El justo puede pasar por grandes penalidades, pero estas tienen un sentido muy distinto de las del pecador. Es más, el justo puede constituir la mano de Dios para dar su castigo, igualmente justo, a los malvados. Esto tiene un sentido muy diferente del concepto del héroe.

   El ideal griego es menos exclusivista. Por supuesto, los griegos tenían también un agudo sentimiento de superioridad sobre los demás pueblos, pero nada parecido al de los judíos. En definitiva, el destino trataba por igual a todos los mortales, y en la Ilíada el héroe mejor es precisamente el jefe de los  enemigos, Héctor, a pesar de su final ataque de pánico ante Aquiles; pánico que no despierta en absoluto la burla o el desdén de los aqueos, sino más bien la compasión (en Aquiles, un odio feroz, que acaba calmándose en unas consideraciones sobre el destino humano. El “talón de Aquiles” alude tal vez a su carácter colérico, del que no es del todo responsable). Esta capacidad de objetivar y relativizar la bondad y la maldad, como la suerte o la desdicha, se aprecia en la literatura griega. En las tragedias, los personajes defienden con gran competencia sus posiciones, que a pesar de todo les llevan a la catástrofe. Debemos ver ahí el efecto subterráneo de la hibris, junto con las decisiones oscuras e inapelables de la Moira.

    En la literatura occidental predomina la visión judía: los buenos y los malos quedan claramente definidos, unos por sus virtudes y otros por sus vicios, referencia final a la voluntad de Dios. Generalmente ganan los buenos (una frase  ingeniosa puesta por Oscar Wilde en uno de sus personajes, una mujer que ha escrito una novela: “Los buenos acaban bien y los malos acaban mal, que es lo que significa la ficción”), pero desde el siglo XIX hay una abundante literatura en que son los malos o el mal lo que prevalece,  cosa digna de estudio sobre una posible enfermedad de la cultura occidental.  Y lo mismo pasa con las exposiciones históricas, ya me he referido a Tucídides en comparación con la tradición europea.  Esto da a todo ello cierto aire de trivialidad si lo comparamos con la literatura griega.

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Este sábado, en Una hora con la Historia, hablaremos de las consecuencias de la caída de Constantinopla, que coincide con el final de la Guerra de los cien años y la decapitación de Álvaro de Luna en España. La sesión de la semana pasada: https://www.youtube.com/watch?v=iY8ypH9lyp4

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 *Resalta “El País”, diario puticlub, el socialismo de Alborch. Creo que no debería, si quiere elogiarla. El PSOE ha sido y es el partido más corrupto, golpista, antiespañol, violento y ladrón de España en los siglos XX y lo que va del XXI.

*El aborto es la liquidación de vidas humanas en el seno materno. No es otra cosa. Que los feministas lo hayan convertido en un derecho revela su odio a la maternidad. A la humanidad, en definitiva.

*En épocas tan cutres como esta, defender la evidencia suena discordante. Por qué digo que la mujer en el ejército y como abortista es una aberración? Porque en los dos casos se trata de matar, y la continuidad de la vida humana es función sobre todo de la mujer.

*¿Por qué no se pueden hacer chistes sobre homosexuales, como de cualquier otro grupo social? ¿Se trata de una minoría sagrada? ¿O vivimos ya bajo una dictadura de los maricones, que diría la ministra Delgado?

*Casado ha estado bien. Rajoy también estuvo bien varias veces… mientras estaba en la oposición. Llegado al poder, pasó sus votos a la política de ZP, que siguió por completo. Casado sirvió a Rajoy y nunca criticó su política. Hará lo mismo.

*Los maricones y nenazas, que diría la Delgado, se están convirtiendo en un sector social sagrado. Ud puede insultar o calumnias o hacer chistes de cualquier otro grupo, sobre todo de la Iglesia, y eso es un deporte. Hacerlo de los maricones es un sacrilegio.

*Desde que ZP rescató a la ETA de la ruina y premió sus crímenes con legalidad, dinero público, etc., y Rajoy siguió la misma política, ya no existe estado de derecho. Existen chanchullos entre partidos-mafias, a los que llaman “diálogo”

*Una universidad en que se enseña historia adaptada a la ley de memoria histórica solo puede ser una universidad de chiste. De chiste muy malo.

*Un título universitario no convierte a nadie en historiador, y menos en una universidad tan esperpéntica como la española.

 

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El espíritu judío y el espíritu griego.

Es curioso cómo dos pequeños pueblos, el judío y el griego, han influido en la historia europea y, a través de ella, de la humanidad, mientras que de otros muchos pueblos mucho más numerosos y poderosos queda solo el recuerdo. También llaman la atención las profundas diferencias entre ellos, bien manifiestas a través de sus literaturas. La Biblia, el escrito que ha conformado la cultura judía, y en parte la europea, contiene textos muy diversos, morales y poéticos, pero es básicamente un relato mítico-histórico del propio pueblo judío a través de siglos. Los judíos serían directamente el “pueblo elegido” por el Dios único, no se sabe bien para qué, al parecer para darle en propiedad una tierra bastante exigua y poco fértil, a cuyos habitantes tenían la obligación de exterminar; pero en todo caso las desdichas de ese pueblo predominan  ampliamente, según el relato, sobre los beneficios de haber sido elegido. La causa de tanta desdicha es, precisamente, la infidelidad o desobediencia a los mandatos divinos. Yavé ordena su voluntad directamente a los grandes patriarcas y dirigentes del pueblo, pero, por una u otra razón, estos, y el propio pueblo hacen a menudo “lo que es desagradable a Yavé”, y sufren la pena infligida por una divinidad “celosa”, que castiga los pecados contra él en varias generaciones. El concepto de pecado y su punición es central en todo el libro.

En la historia del pueblo judío, según la Biblia, predominan con mucho los castigos (derrotas, deportaciones, guerras civiles…) sobre los momentos de felicidad “a la sombra de su parra y de su higuera”. Aunque el tema solo puede ser simplificado burdamente en un artículo, añadamos que en la Biblia, libro por demás misterioso, no hay mención clara de un más allá, de una resurrección, tema crucial del cristianismo, sino cierta ambigüedad: las penas por el pecado se cumplen más bien en la tierra. Dice el autor del Eclesiastés: Sobre la conducta de los humanos reflexioné así: Dios los prueba y les demuestra que son como las bestias.  Porque el hombre y la bestia tienen el mismo destino: muere el uno como la otra; y ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaje el hombre a la bestia , pues todo es vanidad (…) Todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo. (…) Hay un destino común para todos, para el justo y para el malvado, el puro y el manchado, el que hace sacrificios y el que no los hace, lo mismo el bueno que el pecador (…) Eso es lo peor de cuanto pasa bajo el sol: que haya un destino común para todos (…) Los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada” Etc. Después de la muerte viene el Seol, que no es ni el cielo ni el infierno. Parece que por contagio de los griegos, parte de los judíos (los fariseos) creyeron en un más allá  en que se haría la justicia ausente en el más acá, pero otros, los saduceos, lo rechazaban. Una historia tan poco feliz exige la idea de un Mesías, personaje político-religioso (religión y política van íntimamente unidas en el judaísmo, como en casi todas, o incluso todas las culturas, aunque de distintos modos) que redimirá a los judíos de su destino pecador, se supone que sobre la tierra.

Se ha dicho a menudo que La Ilíada y La Odisea venían a ser la Biblia de los griegos, y en cierto modo es así: tratan ambas de unos antecesores heroicos y ejemplares  que cumplen un destino que está por encima de ellos y al que no pueden escapar, aunque con cierta capacidad de elegir (por ejemplo Aquiles). La noción de culpa es menos intensa que en los judíos, y la del destino es más fuerte.  Concepción muy distinta de la del judío, siempre sometido a una voluntad divina que se muestra en mandatos precisos y en normas de conducta un tanto obsesivas, pero cuyo sentido general se le escapa: el hombre no es capaz de discernir la obra de Dios (Eclesiastés). La noción del destino, personificado en las Moiras o la Moira es más abstracta que la de los dioses, y estos también están sometidos a él. Ni los dioses ni las moiras son tampoco creadores del mundo, como la divinidad judía, sino productos de fuerzas más primordiales y oscuras.  Los héroes se desenvuelven en las condiciones que les han tocado, acosados por unos dioses y favorecidos por otros, y el valor de su vida radica precisamente en su capacidad para afrontar el destino frente a todos los peligros y adversidades. Pero ese valor finalmente no significaría mucho, al ser un don de los dioses. El más allá griego es un concepto mucho más claro que en los judíos, pero sigue siendo lúgubre, incluso para los héroes más destacados. Hay una diferencia muy grande de concepción entre el ideal del héroe entre los griegos y el del justo entre los judíos. Pero los dos ofrecen serios problemas de comprensión intelectual.

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*No olviden que la estrategia fundamental del PP hoy es anular a VOX, para recuperar votos. Como hasta hace poco fomentaban a Podemos con la misma intención. El golpe de estado permanente, por lo demás, lo comenzó Rajoy.

*El Doctor es partícipe de un golpe de estado igual que Rajoy. ¿Dijo algo Casado cuando Rajoy hacía como que aplicaba el 155 para admitir a Torra y sin cerrar el grifo de la propaganda golpista? No dijo nada. Pero ahora teme a VOX y hace demagogia.

*Tengo la convicción de que el PP es irrecuperable, y que Casado solo pretende asfixiar a VOX arrebatándole los votos de un movimiento popular de patriotismo con el que no contaban.

*Es como cuando el PP montó manifestaciones contra el expolio del archivo de Salamanca, y en cuanto volvió al poder continuó con el expolio. Es VOX, no el PP, la alternativa a la podredumbre actual. O manifestaciones contra Zapatero para luego seguir su política punto por punto.

*Pablo Casado felicita oficiosamente a Almudena Grandes, la admiradora de los milicianos sudoroso que violaban monjas,  y aficionada a fusilar, al menos en la intención, y quemar libros. En cambio la profanación de la tumba de Franco le trae al fresco.

*De la pornografía a la “historia”. Almudena Grandes, la extasiada con los milicianos sudorosos violadores de monjas, los fusilamientos  y la quema de libros. La “cultura” de “El País”, el periódico prostibulario.

*En cosas como la felicitación de Casado a una tiorra tan siniestra como Almudena Grandes se nota lo que hay realmente bajo su demagogia de ocasión, que nada le cuesta ahora.

*En general, la cultura española atraviesa por un verdadero páramo, lleno de vegetación baja y sin nada o casi nada descollante. Los premios se los reparten entre golfos politizados.

*las mujeres en el ejército dan grima. Que los feministas, LGTBI, etc. hayan impuesto esa aberración incluso a los conservadores, indica mucho de cómo estamos. Como el aborto masivo como “derecho de la mujer”. Es parecido

*¿Por qué digo que la mujer en el ejército y como abortista es una aberración? Porque en los dos casos se trata de matar, y la continuidad de la vida humana es función sobre todo de la mujer

*”Tiorra” es como llamaba Unamuno a las fulanas sucias y desgreñadas que vociferaban y animaban a la violencia en los mítines y manifestaciones de izquierda. Hoy no son desgreñadas, emplean mucho tiempo y dinero en arreglarse, pero su espíritu es el mismo

*Lo malo de las infames tiorras feministas es que con todo descaro se dicen representantes “de la mujer”.

**A veces pienso que el aborto podría estar justificado para las feministas. Porque ser hijo de tales madres tiene que ser una pesadilla.

*Yo no me opongo a que una mujer entre en el ejército o donde le dé la gana. Tampoco me opongo a que los LGTBI suelten sus burradas. Digo que dan grima, y no admito que intenten imponerse y perseguir a los discrepantes.

*No hay lugar más peligroso para la vida humana que el vientre de las feministas.

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Sobre el Premio Nacional de Narrativa: http://www.outono.net/elentir/2018/10/23/se-mofo-de-una-mujer-violada-por-los-rojos-y-le-conceden-el-premio-nacional-de-narrativa/

 

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Moradiellos avanza, pero no lo bastante

El profesor Moradiellos ha publicado Franco, anatomía de un dictador. Ya el título es algo absurdo. Dictadores hay y habrá muchos y del muchas clases, pero el caso de Franco no responde a ningún estereotipo. Sería como decir Blair, anatomía de un demócrata, o De Gaulle, anatomía de un general,  etc. El autor ya había escrito una Crónica de un caudillo casi olvidado, confundiendo de entrada sus deseos con la realidad, porque Franco y su régimen no han cesado de suscitar bibliografía y presencia política desde su muerte.  Aquella crónica, como otros libros suyos sobre el tema o la guerra civil, era una verdadera sarta de disparates, pero este último parece  mejor, a juzgar por la entrevista que le hace uno de los ignorantes periodistas  típicos del ABC,  un periódico que lo debe todo a Franco pero que desde Ansón juega a hacerse el antifranquista duro (trato el hecho, irrisorio en sí mismo, en Los mitos del franquismo).

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Digamos de entrada que en estos cuarenta años la bibliografía sobre Franco y su régimen ha sido en su inmensa mayoría militantemente antifranquista, lo que por sí solo ya señala la enorme importancia histórica del personaje, importancia que niegan puerilmente los mismos que se obsesionan con él. Una bibliografía increíblemente estúpida, por sus contradicciones e incoherencias. Con el tiempo, Moradiellos ha ido mejorando, y señala en ABC: “Es absurdo decir que era tonto, que no tenía ideas políticas”. Cierto, venció militar y políticamente a todos sus enemigos durante cuarenta años, pero la bibliografía al uso, empezando por Preston y siguiendo por el propio Moradiellos hasta ahora, lo presenta como prácticamente un idiota semianalfabeto, y como inteligentes e ilustrados a sus enemigos, sobre todo a Negrín, a quien Moradiellos ha dedicado también una hagiografía (recomendaba El País al sujeto como “ciencia más democracia” ¿Increíble? Nada es increíble cuando uno se mete en esa literatura). Pero a continuación ya desbarra el entrevistado: según él,  la idea política de Franco era el mando militar. Y ello a pesar de que el ejército, salvo los años de mayor peligro,  quedó siempre en segundo plano, sin apenas intervención política y sin grandes presupuestos. En cuanto a su inspiración en Menéndez Pelayo y en el catolicismo, es cierta, y sería la causa de la ruina del franquismo después del Vaticano II.

Otro error de Moradiellos es hablar del puente aéreo desde el 6 de agosto el 36, que permitió salvar la desesperada situación de los nacionales al comienzo de la guerra, y  atribuyéndolo implícitamente a los alemanes. Empezó el mismo 20 de julio con aviones españoles  y para el 6 de agosto ya había conseguido objetivos estratégicos clave. Lo único que hicieron los aviones alemanes fue incrementarlo. Lo he expuesto en Los mitos de la guerra civil, que debería haber consultado el autor. Tampoco sobre el valor militar de Franco acierta al usar una frase realmente necia –ya señaló Gregorio Marañón la estupidez como una nota del antifranquismo–: “No es Napoleón, pero es de lo mejor que tenemos”. Napoleón perdió muchas batallas importantes, fue derrotado en Egipto, Rusia y España y finalmente perdió la guerra. Franco no perdió ninguna batalla y ganó la guerra partiendo de una situación prácticamente desesperada, y lo hizo  con extraordinaria economía de fuerzas y de bajas. De ningún otro general del siglo XX en cualquier país creo que pueda decirse algo parecido. Cuando los historiadores antifranquistas consigan dejar de lado su bobería, podrán adelantar algo.

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En política, Franco resulta, según Moradiellos,  ”un posibilista. Se llevaba bien con todos”. Se ve que no tiene ni idea de lo difícil que es en política lidiar con cuatro partidos muy distintos, cada uno de ellos con su sector antifranquista: los monárquicos juanistas, los carlistas, los falangistas y los católicos políticos. Mantener bajo la rienda a fuerzas que se habían opuesto hasta el suicidio revela una destreza política realmente excepcional, inédita en la historia de España desde por lo menos la invasión francesa.

Después de oír las simplezas de Moradiellos, el pasmado periodista, le pregunta: “¿Por qué nos hemos ahorrado toda esa complejidad? ¿Por qué exageran incluso historiadores serios?” Se ve que el entrevistador se considera muy serio. Respuesta: “(porque) es el resultado de una guerra, la institucionalización de la victoria” y “Es muy duro aceptar que medio país era franquista”. En realidad mucho más que medio país era franquista, con más o menos intensidad, y lo fue hasta el final, como podemos corroborar quienes luchamos realmente contra él, y como demostró el referéndum de 1976, cuando se aceptó la democracia no contra el franquismo sino desde el franquismo, y contra quienes  querían negarlo para volver a la supuesta legitimidad de 1936.

¿Y por qué es “duro de aceptar? Porque, como casi todos los seudohistoriadores, olvida la cuestión crucial de la guerra:  el carácter del Frente Popular, una agrupación de totalitarios y golpistas de izquierda y de separatistas, que subió al poder en unas elecciones fraudulentas (verdadero golpe de estado)  e impuso en el país el caos y la tiranía. Según la historiografía habitual (estúpida, insisto), aquel conglomerado representaba la  libertad, la democracia; y quienes se sublevaron representaban el fascismo, la opresión más brutal. El hecho que sistemáticamente se oculta es que el Frente Popular amenazaba de modo inmediato con la disgregación de la nación española, la imposición de regímenes totalitarios al estilo soviético y la erradicación de la cultura cristiana. Sus enemigos representaban la defensa de la nación, de la cultura cristiana y de la libertad personal, aunque las libertades políticas se restringieran a sus enemigos. El Frente Popular no representaba ninguna democracia sino que impidió esta para muchos años, y hoy un tercer frente popular amenaza seriamente las libertades y la integridad nacional. Mientras esta evidencia no sea reconocida, las historias de aquel período seguirá siendo una sarta de incoherencias, disparates y falsedades, y la guerra no se superará.   

Así, en lugar de partir de este análisis, la insistencia se centra en el número de víctimas, actualmente solo de las causadas por los vencedores. Moradiellos admite, y es un avance, que también el Frente Popular asesinó cuanto pudo. En toda guerra hay víctimas de los dos lados, y por eso lo que importa esencialmente es discernir qué defendía cada bando y por qué se llegó al conflicto bélico. Algo que, hoy por hoy, creo que solo es posible encontrar en mis libros, que Moradiellos debería leer. Porque incluso en la bibliografía franquista, muy superior a la contraria en detalles y veracidad general, no acaban de percibirse claramente las cuestiones esenciales desde las que enfocar el conjunto de la guerra y del franquismo.  

  Y, pese a su avance, también en la cuestión de las víctimas patina Moradiellos: atribuye a los nacionales 90.000 en la guerra más 40.000 en la posguerra; y 55.000  por los “republicanos” (ya va siendo hora de acabar con esa vulgar patraña: no eran republicanos, si por tal se entiende la república del 31, sino precisamente quienes la destruyeron. Este es otro mito distorsionante que vuelve estúpidas las versiones subsiguientes). Esas cifras no son reales, sino producto de la propaganda subvencionada de la memoria histórica y ningún historiador solvente debería aceptarlas. En cuanto a los fusilados de posguerra, la cifra real creo que pronto se establecerá en menos de la mitad  de las indicadas por Moradiellos. Se trató fundamentalmente de asesinos, torturadores y ladrones de las chekas y similares, juzgados y ajusticiados. Pero aquí lo significativo es que los gobiernos actuales, incluido el del PP, los considera “víctimas del franquismo”, identificándose así con tales criminales.

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   Dice también el entrevistado que el mayor enemigo de Franco fue la ETA. Pues no, el mayor y casi único hasta finales de los años 60 fue el Partido Comunista. Y el enemigo más peligroso fue la Iglesia después del Vaticano II, que no se contentó con disociarse del régimen, al que vació de ideología, sino que pasó a proteger y estimular tanto a la ETA como a los comunistas y los separatistas, es decir, a quienes casi la había exterminado durante la guerra. Un fenómeno asombroso, que he tratado en diversos libros pero que a Moradiellos y a la mayoría de los historiadores parece no decirle nada.

   Por no extenderme, termino con el Valle de los Caídos. Haciendo como que no se entera de que la profanación de la tumba de Franco es una deliberada humillación y descrédito a la Iglesia, a la que el Caudillo salvó del exterminio, y a la monarquía, que él volvió a traer, afirma Moradiellos que hay razones para que no esté en el Valle de los Caídos porque no es un caído en la guerra. Se trata de una típica insidia de los profanadores. En el Valle de los Caídos hay tumbas de personas no caídas en la guerra, pero además el monumento es una creación suya, una invitación a la reconciliación que no aceptan los que se identifican con los criminales juzgados en la posguerra. Si en algún sitio debe estar la tumba de Franco es precisamente allí.     

   En suma: Moradiellos ha avanzado considerablemente sobre sus enfoque antiguos, pero aún le falta bastante. “Yo mismo –dice– veo de manera diferente la guerra o a Franco que hace veinte años. Y sé que dentro de otros veinte cambiaré mis apreciaciones”.  Esperemos que no tarde tanto. 

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Algunos otros comentarios a Moradiellos: https://www.libertaddigital.com/opinion/historia/el-hundimiento-de-una-version-y-un-metodo-historicos-1276237587.html

Sobre la polémica que sostuve con él en El Catoblepas, revista digital de Gustavo Bueno, puede encontrarse en internet tecleando su nombre y el mío.

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Gibraltar y el Brexit.

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Como hemos dicho, dedicaremos los lunes a la cuestión de Gibraltar, examinándolo desde diversos ángulos y dando algunas consignas que animamos a nuestros lectores a difundir todo lo masivamente que sea posible, en las redes o por otros medios, a fin de ir creando conciencia de la gravedad del problema. He aquí los de esta semana:

Gibraltar no es un asunto marginal. Intentan marginarlo los partidos que convierten a España en un corrupto satélite de una potencia que invade nuestro país.

Gibraltar es una colonia que invade nuestro territorio en un punto estratégico clave. Los gobiernos PP y PSOE consideran “amiga y aliada” a la potencia invasora. Hacen de España un país lacayo y satélite, una verdadera colonia

Uno se pregunta qué intereses tendrán nuestros políticos en Gibraltar para que se sientan “aliados y amigos” de la potencia que invade nuestro territorio y corrompe todo el entorno.

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En relación con el llamado Brexit se han suscitado muchas ilusiones absurdas, que a su vez denunciaban la situación real: que la UE siempre ha apoyado a Inglaterra contra España en la cuestión de Gibraltar, con la aquiescencia de los gobernantes españoles. ¿Iba ahora a mejorar nuestras bazas con la salida de Inglaterra de la UE? No. El problema principal, lo mismo que el problema principal de los separatismos, está en Madrid, en una indigna, envilecida y corrupta casta política, agravada ahora por un frente popular al que es preciso vencer definitivamente.

   Por supuesto, los ingleses defienden sus intereses, apoyados como siempre desde la UCD por los políticos españoles. Recientemente hubo dos “avisos a navegantes al respecto, como ha informado el blog General Dávila:

https://generaldavila.com/2018/09/22/gibraltar-y-el-brexit-la-royal-navy-envia-dos-avisos-para-navegantes-angel-liberal-fernandez-capitan-de-navio-r/

Un inciso: la cifra de españoles que trabajan en Gibraltar no llega a 200. Se supo cuando, con motivo de un lío fronterizo se entregaron pases especiales a los que podía acreditar un trabajo allí: eran unos 180. Otra cosa son los que pasan para comprar un par de cartones de tabaco y revenderlos ganando así el “sueldo” del día. Gibraltar es una máquina gigantesca de corrupción tanto sobre gente normal desempleada como, más aún, sobre políticos, abogados y similares. Es una verdadera úlcera infectada en nuestro territorio.

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En “Una hora con la Historia”: El crucial siglo de los Trastámara, preludio a la reconstitución de España:  https://www.youtube.com/watch?v=iY8ypH9lyp4

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¿Cómo hemos llegado aquí? ¿Cómo podemos salir de esto?

En “Una hora con la Historia”: El siglo de los Trastámara, preludio a la reconstitución de España:  https://www.youtube.com/watch?v=iY8ypH9lyp4

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P. El discurso cultural que usted propone parece algo a largo plazo, pero al mismo tiempo usted dice que el grado de putrefacción del régimen actual exige medidas prontas. ¿Cómo se concilia eso?

–Evidentemente las medidas políticas, el discurso político, es más urgente. Veamos la situación: España está gobernada por un macarra auténtico y doctor falso, embustero contumaz y ligado por familia al negocio de la prostitución, más una banda de tiorras golfas y mentalmente perturbadas. Una auténtica banda de estafadores. Eso supera a las democracias bananeras. La  banda, no elegida, se apoya a su vez, de manera cómplice, en partidos que aspiran a disgregar España o pagados por la tiranía de Maduro en Venezuela. Es lo nunca visto, y está ocurriendo ante nuestras narices. La cuestión es: ¿cómo se ha llegado aquí? ¿Cómo podemos salir de aquí? Ello exige discurso y medidas políticas que frenen la deriva, VOX ofrece una esperanza; pero sin un discurso cultural no iríamos muy lejos a largo plazo.

 P.  Muchos dicen que hemos llegado aquí por la propia democracia, sea porque esta es un mal régimen en sí mismo o porque no sirve para un país con la cultura e historia de España. Cosa que incluso amplían a los países hispanoamericanos.

–Ese es un problema importante. Digámoslo de otro modo: un régimen en que se homenajea a asesinos, desde Companys a los etarras, no es una democracia. Un régimen que lleva al país al golpe de estado permanente, al enfrentamiento civil y a la falsificación de la historia por ley, no es una democracia. Un régimen cuyos gobiernos colaboran con los separatismos y con la potencia que invade nuestro territorio no es una democracia. Un régimen en que los torturadores, asesinos y ladrones de las chekas son glorificados como campeones de la libertad y víctimas del franquismo, no es una democracia. Etc. Una democracia es un régimen de convivencia tensa, pero pacífica, en que la lucha por el poder se dirime en votaciones. Para que la tensión no se transforme en antagonismo, como ocurrió en la república, es precisa una conformidad general con ciertos principios, empezando por la identidad nacional, la identificación con la propia historia con sus rasgos mejores y peores. En España esto no ha existido, salvo en el franquismo y los primeros años desde la transición, y la causa profunda es la leyenda negra. Gente de izquierda y de derecha coincide en que la cultura y la historia de España son antidemocráticas o impiden la democracia. Por eso la izquierda española siempre fue antiespañola y propensa a aliarse con los separatismos. Azaña lo expresó proponiendo un programa de demoliciones, para demoler precisamente las tradiciones españolas. La reacción de cierta derecha es la contraria, sobre los mismos principios: España es incompatible con la democracia, hay que volver a los viejos tiempos, que no se sabe bien si son los anteriores a la invasión francesa, los de los  Austrias o los de  los Reyes Católicos. O el franquismo. 

 P. ¿No defiende usted también, constantemente, el franquismo?

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–Ya he explicado que hoy, la actitud ante el franquismo es la piedra de toque para definir al demócrata. El antifranquismo es, igual que aquel primer Frente Popular, el máximo enemigo de la libertad y de la democracia. Y se basa en la distorsión o falsificación de la historia reciente. Los franquistas que piensan en la vuelta de un régimen parecido empiezan por tener ideas entusiastas, pero falsas, de lo que fue aquel régimen, al que unos identifican con la Falange y otros con el integrismo católico o con una mezcolanza de todo ello. Escribí Los mitos del franquismo frente a unos y otros, para avanzar en la clarificación del asunto. Pero el libro ha tenido difusión escasa para lo que significa, porque la derecha en general, la asimilable al PP, nunca ha entendido la importancia de la historia, quiere huir del franquismo para hacerse la demócrata;  y su pensamiento político es simplemente nulo, es la “democracia de amigotes”. Los de izquierda no quieren ni oler estas cosas, les dan verdadera fobia porque les destroza el argumentario. Y los “franquistas” del momento no sienten necesidad de leer porque creen que ya lo saben todo. Así, resulta difícil. En España, la política no funciona a partir de concepciones amplias y algo claras, sino de tópicos, generalmente simplones,  de sentimentalería  y visceralidades. Pero creo que algo se va  avanzando en otro sentido.

P. ¿Diría usted que el ataque al franquismo es también parte de la leyenda negra?

–Por supuesto. Sobre el significado de la leyenda negra hay que hablar mucho, no solo demostrar su falsedad, sino mostrar a qué concepciones generales ha servido y sirve. Escribí Nueva historia de España precisamente con el objetivo de aportar un discurso que me parece más lógico e inteligible que los que se vienen sirviendo desde hace mucho tiempo. La leyenda negra nace del hecho de que España fue el principal valladar contra el protestantismo (y los turcos, pero ese es otro tema), y contra el expansionismo de Francia e Inglaterra. Y eso ha quedado. Cuando Franco mantuvo la neutralidad en la guerra mundial y desafió y mantuvo su régimen  y la independencia nacional contra las amenazas y agresiones de medio mundo, la leyenda negra despertó de nuevo. Observe que cuando la batalla por Gibraltar en la ONU todos los países de la futura Unión Europea votaron a favor de la invasión inglesa, y eso responde a actitudes muy enraizadas en el pasado.  Pero si no acabamos de dotarnos de una visión lo más veraz posible de nosotros mismos, que derrote a una leyenda internalizada, la democracia será imposible, efectivamente, y ocurrirá lo que Tocqueville decía de Méjico.

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