Stalin y Franco, una comparación: 278 – Stalin y Franco | “Carta abierta al señor Sánchez, Doctor” – YouTube
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La carta al Dotor: el antifranquismo en la raíz
La carta abierta al Dotor comienza por la cuestión del antifranquismo porque para la izquierda y los separatismos es la cuestión clave, ya que fueron derrotados en la guerra civil y todas sus concepciones y medidas políticas se basan o están contaminadas por ese antifranquismo histórico y actual. Y ahí radican todos los problemas políticos de España, que se concretan en la corrosión sistemática y progresiva de la unidad nacional, también por el PP, y en el ataque a las libertades, a la democracia, tanto por los gobiernos centrales como por los separatistas. Por eso la revisión histórica de la guerra y el franquismo tiene importancia tan decisiva para una alternativa al constante socavamiento de la idea de España y de las libertades. Estas cosas no acaba de entenderlas la gran mayoría, despistada por las anécdotas, chanchullos y cotilleos de la política diaria, ni tampoco la gran mayoría de los analistas. Parece que por mucho que se explique es inútil.
Escribí la carta con la intención de que llegara a los formadores de opinión en las redes sociales y similares, además de a mucha otra gente, para crear opinión pública ante las elecciones. Es decir, con la intención de que miles de lectores la difundieran activa y repetidamente. Claro que habrá que conformarse, como de costumbre, con aquella frase de un político ruso: “Queríamos lo mejor y salió lo de siempre”. Pero de lo que se trata es de que las cosas no sigan “como siempre”, porque estamos llegando a situaciones límite.
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Sí, España es diferente.
Oigo a muchos analistas o comentaristas políticos insistir en que España no es diferente, o que ya ha dejado de ser diferente, que es moderna, europea, tolerante como los demás países europeos, de los que no se diferenciaría en nada. Señalaré algunas diferencias nada banales, realmente sustantivas.
España es al único país europeo que soporta una colonia invasiva en un punto estratégico clave de su defensa. Esa diferencia aumenta porque los gobiernos españoles, sean PP o PSOE, se consideran “amigos y aliados” de la potencia invasora.
España es el único país de Europa amenazado en dos de sus ciudades por el mismo. país que ya invadió y ocupó ilegalmente el antiguo Sahara español. Como en el caso anterior, los gobiernos españoles consideran a ese país un socio y amigo “fiable”.
España es el único país de Europa cuyos gobiernos, de derecha o de izquierda, han impulsado y financiado los separatismos, incluso inventando alguno nuevo. Es el único país europeo en que los separatismos, incluido su terrorismo, han sido ampliamente recompensados por los gobiernos.
España es el único país de Europa cuyos gobiernos combinan la complicidad con los separatistas contra el idioma y cultura comunes, con la activa promoción de la cultura anglosajona, de evidentes efectos colonizadores sobre la cultura española. Importa recordar que España no tiene la deuda moral, política y económica del resto de Europa con las potencias anglosajonas.
España es el único país de Europa que no está condicionado por la II Guerra Mundial, sino por su propia guerra civil. Ello hace que haya accedido a la democracia por su propia evolución interna y no por la acción de los ejércitos useño e indirectamente soviético.
Aparte otras diferencias menores, sí cabe señalar que España se parece al resto de la UE en las políticas totalitarias de género, de odio, por la pérdida de independencia tanto con respecto a la oligarquía de Bruselas como a Usa. Es lo que muchos llaman “modernidad”.
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¿La guerra inútil?
El libro de M. Calderón Memoria literaria y guerra cultural se ocupa también de mis novelas Sonaron gritos y golpes a la puerta y Cuatro perros verdes, ya hablaremos de ellos. De la primera novela concluye comparando la reflexión final del protagonista sobre sus tres hijos con una nota de la censura a la novela Luciérnagas, de Ana Mª Matute: “Los hijos rechazan a los padres (…) Tratan de ignorar el pasado, renegando de todo para comenzar su propia vida. ¿De qué ha servido la guerra? Todo sigue igual que antes”. No obstante incluye también la conclusión de Aquilino Duque sobre Sonaron gritos: “La calamidad del siglo XX tuvo, en el caso de España, un final feliz. Al menos ese parece ser el punto de vista del narrador, y desde luego lo es del que suscribe. Que esa felicidad fuera paradisíaca ya es otra cuestión”. El tema es muy importante y merece más comentario.
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Marx (VIII) El valor y la técnica
Teniendo en cuenta que, bajo las distorsiones del mercado, el valor de las mercancías consiste en el tiempo de trabajo empleado en ellas, y que a su vez la ganancia consiste en la parte de ese tiempo que se apropia el capitalista, el sistema tendería a una proletarización creciente bajo una capa de grandes propietarios, en la que la técnica no desempeñaría un papel relevante. Sin embargo vemos que no es así: por el contrario, el capital tiende a emplear y perfeccionar la técnica de manera incesante, incluso con disminución de la mano de obra, verdadera fuente del valor. ¿A qué se debe tal fenómeno? Según Marx a que el empleo de la técnica, que llama “capital constante” (máquinas, instalaciones, materias primas) permite al propietario aumentar su masa de ganancia, aunque con ello pierda tasa, ya que explota a menos obreros. Esta tendencia se ve impulsada además por la competencia entre los propios capitalistas, ansiosos de aumentar su ganancia.
De modo que se genera una contradicción entre la masa y la tasa de ganancia. En pura teoría, hasta podría limitar el empleo de proletarios a cantidades insignificantes, con lo que terminaría deprimiendo la propia masa, puesto que son los proletarios los que crean el valor con su tiempo de trabajo. Naturalmente, se trata de una tendencia que no llega a imponerse de manera absoluta, ya que supondría el colapso del sistema: existen contratendencias que mantienen al capitalismo, si bien entre continuos altibajos e inestabilidad interna. Para Marx, el descenso tendencial de la tasa de ganancia sería ” la ley fundamental de la economía política”, que explicaría fenómenos como las crisis periódicas, la creciente concentración del capital, la sobreexplotación colonial, la lucha por los mercados o las guerras consiguientes (por ejemplo, más adelante, la I Guerra Mundial). Así, el capitalismo seguiría su marcha entre convulsiones hasta su fin inevitable, generado por sus propias contradicciones internas.

