Los daños colaterales del coronavirus
Se dice que la peste actual cae en España con el gobierno más inepto, pero no es del todo cierto. Descontando su negligencia criminal y lo poco que pueden importarle, salvo por cuestiones de imagen, unos miles de muertos más o menos, la pandilla gobernante ha captado en el coronavirus una oportunidad política. Oportunidad para debilitar la economía libre, la propiedad privada y ampliar la directamente dominada por el estado, que en la práctica significa dominada por el gobierno; el suyo, claro. Con ello aumentaría su clientela política para mantenerse en el poder. Muchos lo creen imposible, pero es porque infravaloran dos factores: la ínfima calidad y amplia venalidad de los grandes medios de difusión y el embrutecimiento de grandes masas del pueblo español debido a decenios de falsedad organizada por la conjunción de PP, PSOE y separatistas.
Claro que no lo tendrán fácil, y necesitan también otro elemento: dinero sólido, es decir, amparado por la UE. Ese dinero les serviría para su plan de mayor estatalización y totalitarismo y con él podrían terminar apareciendo como los salvadores del país. Y de hecho, con eurobonos o de otra manera, ya están recibiendo o van a recibir muy pronto ese dinero. Por su parte, los separatistas también han percibido su oportunidad en las inepcias y negligencias de “España” para intensificar sus programas.
La plaga ha llegado a España en el peor momento, dicen, por la ineptitud del gobierno. Es el peor momento por otra razón: porque España vive en golpe de estado permanente, que tratan de profundizar sin prácticamente otra oposición que VOX, un partido aún minoritario. Porque el PP, hay que repetirlo hasta la saciedad, no solo fue auxiliar del PSOE en el cambio de régimen de Zapatero, sino que aspira a seguir siéndolo en las políticas del Doctor, al que brinda su “lealtad exigente”.
Pero si el coronavirus ofrece oportunidades a la banda del Doctor y el Coletas y a sus aliados separatistas, también las ofrece a VOX. Es de esperar que sabrá aprovecharlas para debilitar y si es posible hundir el maldito tinglado de la farsa que lleva viviendo el país tantos años, y sanear la nación y la democracia.
****************
Historia criminal del PSOE: Los socialistas huyen de Asturias con el botín: https://www.youtube.com/watch?v=T05LLzB22-c
https://www.amazon.es/Frente-Popular-perdi%C3%B3-Guerra-Civil/dp/849739190X
**************
Portugal y España ante la I Guerra mundial
José Luís Andrade caracteriza la revolución en el afán destructivo, incendiario y asesino de la Comuna de París, de 1871, y así es caracterizado por los propios revolucionarios, empezando por Marx, que achaca su derrota a no haber sido lo bastante despiadada, lección que aprendería Lenin. En España, la revolución llegó antes que en Portugal, en forma de I República, de 1873, donde se manifestó de distinta manera, como una triple guerra civil y acelerada desintegración nacional, que por su propio desorden llevó a la Restauración liberal. Entre tanto, la monarquía liberal se mantuvo hasta 1910, cuando se esfumó de modo similar a como ocurriría en España en 1931; en Portugal mediante un tranquilo golpe masónico. La república portuguesa ya fue una fiesta del desorden y la demagogia, destacando el Partido Democrático, dirigido por Afonso Costa, un extremado anticatólico. Se trataba de un partido precisamente antidemocrático, hipnotizado, como tantos por el espejismo etimológico de la democracia como supuesto “poder del pueblo”… que correspondía a ese partido.
El hecho más relevante de la república consistió en la entrada en la I Guerra Mundial, que tuvo mucho de sainete, aunque lo pagaran con sangre los soldados portugueses. Antes de esa guerra existía un debido sobre todo al ultimátum inglés, en 1890, que obligó a Portugal a ceder a Inglaterra la amplia zona entre Angola y Mozambique. Muchos percibían la alianza como un truco para someter a Portugal a un protectorado. Además existían tratos anglogermanos para repartirse las dos grandes colonias portuguesas. El inicio de la Gran Guerra cambió todo. Los alemanes hostigaron las posesiones portuguesas, a lo que Lisboa se limitó a defenderse, sin implicarse en la contienda europea. Para su defensa en África precisó ayuda inglesa, en la que Londres no estaba interesado, porque le distraería demasiadas fuerzas del teatro europeo, así que prometió auxilios menores sin invocar la célebre alianza, que los portugueses deseaban ahora poner en vigor. Por otra parte existían en Portugal corrientes germanófilas (las exportaciones a Alemania habían superado las destinadas a Inglaterra) e iberistas. La situación se complicaba por el temor a una intervención española, que el propio Alfonso XIII había sugerido alguna vez y movía a algunos militares y políticos. En el rechazo inglés a los apremios belicistas portugueses pesaba también el temor a que en tal caso España se inclinase hacia Alemania y Austria-Hungría.
El libro de Andrade proporciona valiosa información sobre las dudas, expectativas y especulaciones en torno a estos problemas. Los intervencionistas prometían el más venturoso futuro para su país si este entraba en la contienda. El político y escritor Joâo Chagas predecía que gracias a la beligerancia, “Nunca más osará España volver sus ojos codiciosos sobre nosotros. España, el país que se interpone entre nosotros y Europa y nos impide ver”. Un sector masónico afirmaba: “De nuestra participación en la guerra dependen el prestigio de la Patria, la valoración de la República, nuestro futuro, nuestra independencia, la continuidad de nuestra historia, la afirmación de nuestra vitalidad y los destinos de nuestra raza”.
A finales del1915, Londres pidió a Lisboa la requisa de los barcos alemanes y austríacos en puertos portugueses. El gobierno portugués declaró que “no habría confiscación a menos que el gobierno inglés la pidiera en nombre de la alianza luso-británica”. Los ingleses, renuentes, tardaron mes y medio en aceptar, y los barcos (unos 70) fueron apresados en febrero de 1916. Berlín consideró que ello revelaba la calidad de Portugal como “país vasallo” de Inglaterra, y declaró la guerra, declarada a su vez enseguida por Lisboa.
Los republicanos intentaron movilizar la opinión en una “Unión sagrada”, pero el clima popular era más bien contrario, y los políticos estaban divididos. A Afonso Costa, que era quien de hecho manejaba los hilos del gobierno se le atribuye la frase: “los soldados irán a puntapiés, y los oficiales, de las orejas”. Las tropas portuguesas difícilmente podrían servir como mucho más que carne de cañón, y así resultaría cuando en 1918 fueran prácticamente aplastadas en abril de 1918 (batalla de La Lys), por un avance alemán, con gran número de muertos. La reacción popular fue de esperable indignación.
Ya desde la misma entrada en el conflicto los portugueses sufrieron fuertes restricciones de suministros, inflación que provocaba un gran malestar y numerosas huelgas y protestas, a menudo dirigidas por anarquistas. Ante la convulsión creciente, en diciembre de 1917, Sidonio Pais dirigió un golpe militar que se impuso fácilmente, expulsando a Costa, y se legitimó en elecciones en mayo. Pais cesó el envío de tropas a las trincheras de Flandes, aunque sin declarar la neutralidad. Republicano a su vez, intentó una reforma institucional y económica y ganó gran popularidad, hasta que fue asesinado casi un año justo después de su acceso al poder. Aun seguirían ocho años de república en una sucesión de conatos golpistas, motines, corrupción y agitación popular y militar.
La entrada de Portugal en aquella guerra fue sin duda un tremendo error que España no cometió. Sin embargo la neutralidad española se ha dado a menudo como un hecho natural, cuando fue el resultado de intrigas, vacilaciones y especulaciones no muy disímiles de las portuguesas, y a las que conviene dedicar alguna atención.
************************
https://www.amazon.es/Sonaron-gritos-golpes-puerta-Historica-ebook/dp/B007UQCJNI
Sonambulismo
Me ha resultado muy sugestivo el comentario de J. M. R sobre el sonambulismo de los personajes de su novela. Y por extensión de todo el mundo. Si por eso se quiere decir que en nuestra vida operan muchos factores de los que no somos conscientes, está bien. Ya Freud lo descubrió y eso hoy lo ve cualquiera, antes de hablaba del destino. Además pensamos y actuamos con muchas dudas y deseamos cosas incompatibles entre sí, pero de una manera u otra, actuamos. ¿Podemos llamar a eso sonambulismo? No es la palabra justa, pero algo de eso hay, como las meigas. ¿No se ha dicho que la vida es sueño? Si mal no recuerdo, lo dijeron Shakespeare y Calderón de la Barca, y eso son opiniones autorizadas. Estamos despiertos a medias, y eso se percibe en Gritos y golpes. Lo veo en un momento que me impresionó: la discusión entre Alberto y Carmen cuando Alberto y Paco deciden irse a Rusia.
La argumentación de Carmen es desesperada, pero impecable, racional. Como se hablaba de “devolver la visita” a Stalin, replica: “¡Pero qué visitas ni qué cuentos! ¿Estáis en vuestros cabales? La guerra aquí terminó. ¿Por qué tenéis que buscar otra fuera?”. Y se adelanta a la objeción: “Habláis como si la historia dependiese de vosotros, pero ni siquiera depende de los más grandes ni de los más sabios, que se equivocan como cualquiera. La humanidad se mueve por las voluntad de cientos de millones de personas, cada una tirando para su lado, y ¿qué vais a hacer contra esa fuerza? Nadie puede conducirla y solo Dios sabe adónde va. Solo podemos ser felices en nuestra pequeña parcelita y tú desdeñas lo que tienes al alcance para escapar a un país lejano”.
La respuesta de Alberto es más oscura: “Stalin no está tan lejos y no habrá paz mientras siga con todo su poder. Ya sé que mi fuerza es insignificante, pero es la que tengo y de la que soy responsable” ¿Qué decir de este argumento? Que es una falsa racionalización. En realidad, y eso queda implícito en el relato, a Alberto le agobia la paz, añora la acción y el peligro. Carmen le atrae, pero al mismo tiempo teme lo que supone casarse y demás. Y en el aire flota un presentimiento pesado y confuso: “¿Y si no vuelves? ¿Y si vuelves mutilado?” Eso es seguramente lo que oscuramente, sin decirlo y sin racionalizarlo, incita a Alberto a proponerle que se acueste con él, por primera vez. Y lo que mueve a Carmen a aceptar, contra todos sus principios católicos. Yo diría que Carmen razona muy despierta y racional desde su deseo de felicidad, pero no es la misma felicidad que entiende Alberto. Vamos, no la entiende, la “siente”. Carmen deja la racionalidad cuando acepta romper su virginidad sin estar casada. En Alberto, en cambio, veo una racionalización dudosa de un impulso que le sobrepasa y es el mismo que le empuja al “suicidio” cuando mata a su padre, tan parecido a él. ¿Qué le parece la interpretación? Pelícano
Está muy bien. ¿Y qué diría de mi “sonambulismo” al escribir esas cosas? Pues lo hacía sobre la marcha, sin pensar en esas implicaciones o interpretaciones. El episodio despertó la indignación de “Zaragozana”, que antes venía por aquí y se la echa de menos: lo entendió como una violación, aunque fuera consentida. Decía que los hombres aprecian mucho la abnegación de las mujeres, pero que a su vez son poco abnegados. Algo así.

