Al Ándalus, o la fascinación por la quimera

El dicho francés de que África empieza en los Pirineos revela una mezcla de ignorancia y de presunción: ignorancia sobre África y presunción de Francia como quintaesencia de Europa. Simplemente, Francia termina en los Pirineos. Que España es parte de una Europa mucho más amplia, variada y compleja que Francia, resulta una evidencia y por tanto no precisa demostración. No obstante queda en afirmación un tanto roma si no se examina la posición de España en Europa y sus profundos cambios a lo largo de los siglos. De eso tratará el seminario que comenzamos en el Centro Riojano de Madrid el viernes próximo, a las 7,30. Como en el anterior sobre Gibraltar, del que es continuación, se cobrará  una entrada simbólica de 5 euros, necesarios para pagar el local.

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La reconquista y España

 

P. ¿A que atribuye la fascinación por Al Ándalus dentro y fuera de España?

–Hay que distinguir entre  la época actual y la más anterior. Antaño era una especie de capricho romántico, en la actualidad va ligada, curiosamente, a la ideología LGTBI y multiculturalista. Se supone, con perfecta falsedad, que al Ándalus era una sociedad muy libre, tolerante, poco religiosa, de gran cultura en la que convivían tres religiones sobre la base de que ninguna era muy estricta… Realmente es una quimera, una lusión increíble, como la que atribuía a la URSS un modelo de felicidad, democracia e igualdad… Viéndolo de manera concreta, se trata de una auténtica estupidez, pero en un sentido más amplio testimonia la tendencia ideológica a buscar un paraíso en la tierra. Esto es muy significativo, porque revela cómo el ser humano está por así decir disconforme con su propia condición, su condición moral en la que el bien y el mal coexisten dolorosamente, y  busca redimirse de algún modo, mediante la técnica, o mediante una “tolerancia” que no distinguiría el bien del mal o por otras vías. El efecto casi siempre es una pesadilla. Tiene algo de misterioso el porqué esas ilusiones abocan a pesadillas.

  P. Realmente me parece una especulación demasiado brumosa para un libro de historia, que debe ser concreto y atenido a los hechos distinguibles…

–En mi libro sobre Europa lo trato con más detenimiento, porque en él trato de explicar desde ese punto de vista  su historia desde la Ilustración. En el libro sobre la Reconquista lo doy un poco por sabido, aunque también lo abordo. Por ejemplo, expongo unas líneas generales sobre las religiones cristiana e islámica, que en los libros de historia sobre aquella época se dan por supuestas y no se tratan, pese a que la lucha entre ambas religiones en España fue definitoria. Se tiende a creer que las religiones y sus diferencias son ilusiones  irrelevantes, y que los motivos reales de las acciones son otros. O se da por supuesto  en el lector un conocimiento del asunto que en la inmensa mayoría de los casos no existe. Claro que es muy difícil reducir a un par de capítulos el contenido de ambas religiones, y no pretenderé haber acertado de lleno en la síntesis, pero algo me habré aproximado, y en todo caso es imprescindible hacerlo en un libro de historia. De otro modo todo se vuelve un barullo de hechos, personajes etc. Es cierto que nunca se percibe del todo el sentido de los acontecimientos, solo muy parcialmente se muestra, pero las ideas y concepciones generales de una sociedad son al menos  tan importantes como los hechos concretos o las biografías de los personajes.

P.  Pero eso, ¿no le obliga a entrar en filosofías de la religiones, etc., algo tradicionalmente al margen de la historiografía no especializada en ese tema?

–No necesariamente. Por mi parte me fío poco de las grandes síntesis histórico-filosóficas, como las de Spengler, Toynbee, Danilevski, Berdiáief, etc. La historiografía común, tanto marxista como liberal (historiografía fascista o nazi apenas existe) atiende esencialmente a la economía, juzgada como base y como objetivo de la acción humana. El concepto de la economía difiere entre marxistas y liberales, pero en los dos casos se resuelve en una concepción materialista. Ahora bien, el historiador no tiene por qué decidir si el materialismo es mejor o peor, le basta con exponer y comparar ambas concepciones del mundo y de la vida, para entrar a continuación en los hechos y consecuencias  de la actuación de los representantes de esas ideologías. Por ejemplo, si usted escribe sobre el comunismo, no le basta señalar tales o cuales crímenes o consecuencias malas o buenas de él: tiene que explicar con la mayor claridad posible su doctrina, su crítica de la religión, del liberalismo, etc., y las razones por las que ha atraído a tanta gente. Lo mismo si se trata del hitlerismo o del liberalismo. Los seres humanos no son meros juguetes de supuestas leyes económicas, sobre las cuales tampoco se ponen de acuerdo los “economicistas”: los hombres  tienen siempre un punto de vista general y obran con mayor o menor consecuencia en función de él. En el libro de Europa, y de modo derivado en el de la Reconquista,  he procurado situarme, al menos hasta cierto punto, por encima de esas ideologías, contrastándolas en alguna medida, en lugar de adoptar el punto de vista de una de ellas, como suele ser lo más habitual.  

P. Ud sostiene que la realidad de al Ándalus es radicalmente opuesta al mito creado sobre ella…

–Ya le digo, el contraste entre la realidad y las ilusiones es parte constante de la condición humana. De la URSS se decía que era el país de la Gran Mentira. De Al Ándalus no puede decirse lo mismo, porque los andalusíes se habrían sorprendido mucho de las ilusiones que, tantos siglos después, han puesto tantos ideólogos en su sociedad. Simplemente no entenderían de qué hablaban sus mitificadores… 

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La reciente sesión de “Una hora con la Historia: https://www.youtube.com/watch?v=libu57-d7Z8&t=3001s

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Constitución 40 años (IV) La ETA como revelador del antifranquismo

Aunque se intente negar la Reconquista, no existe un problema al respecto. El problema es más bien el de la debilidad intelectual de la universidad: https://www.youtube.com/watch?v=libu57-d7Z8

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En Los nacionalismos vasco y catalán en la guerra, el franquismo y la democracia  he expuesto uno de los efectos  de la falsificación histórica e intelectual concentrada en la identificación de democracia y antifranquismo –falsificación  aceptada de hecho por la UCD–: la concesión de legitimidad a la ETA,  concesión materializada en la búsqueda de un fin negociado a sus crímenes. Implícitamente dichos crímenes quedaban reconocidos como adecuados o al menos justificados para el período anterior a la Transición; ahora había que convencer a los etarras de que ya había una “democracia genuina” y no un simple cambio de fachada del franquismo. En cierto modo se convertía a los terroristas en héroes y árbitros para decidir la autenticidad de la democracia.

Desde luego, la UCD se resistió en un principio, pero finalmente aplicó una amnistía general. Si esta hubiera sido puesta en práctica desde el principio, el nuevo régimen habría nacido con mayor solvencia moral para reprimir sin contemplaciones a la ETA, si esta continuaba. Pero la amnistía a los terroristas llegó después de campañas de manifestaciones en la calle y presiones de todo tipo, de modo que no quedó como una concesión desde el poder con vistas a promover una concordia general, sino como una imposición desde la calle a un poder débil; mal comienzo. Así la ETA, que en los últimos tiempos del franquismo había quedado casi desarticulada, recobraba fuerza política, moral, y pronto operativa.

Con todo, la combinación de golpes policiales y de reinserción obtuvo algunos éxitos importantes, el principal la disolución del grupo etarra “polimili”: una parte de él entró en el PSOE, pero otros pasaron a los “milis”. De todas maneras las mayores presiones  en favor de la negociación venían de la izquierda y del diario El País, configurado –fraudulentamente– como máximo portavoz del espíritu y el talante democrático-antifranquista y progresista,  cuya influencia política llegó a ser casi determinante a izquierda y derecha.

La línea de negociación-justificación de la ETA no se aplicó en cambio a otros grupos, como el GRAPO, Terra Lliure FRAP o Comandos anticapitalistas. Creo que la razón se encuentra en la prioridad temporal de la ETA. Los asesinatos de esta comenzaron en 1968, cuando aún se veía lejos el final del régimen. Y apenas comenzó a asesinar, y precisamente por ello, recogió la máxima simpatía y apoyo moral y propagandístico de prácticamente toda la oposición española, tanto la activa (es decir comunista) como la meramente charlatana; y de gran parte del clero vasco, catalán y también del resto de España; y de la Europa occidental liberada por las acciones militares useñas. Suecia, Holanda y Francia destacaron en su apoyo a la ETA, y el de Francia fue decisivo, porque bendijo a los terroristas con un santuario al lado de la frontera, desde el cual planear nuevos atentados y donde refugiarse después de sus desarticulaciones por la policía franquista. También Argelia y probablemente Cuba desempeñaron en todo ello un papel.

Al llegar la transición, la oposición antifranquista llevaba ya siete años de apoyo a la ETA, y no podía cambiar de postura de  la noche a la mañana, si bien ya en vísperas de la muerte de Franco miraba con miedo las audacias etarras, temiendo que ellas propiciaran un “golpe involutivo”.  Tenía además sentimiento de inferioridad, pues los etarras habían luchado realmente y arriesgándose contra el execrado régimen, mientras que los antifranquistas de salón se habían limitado a toscas intriguillas y a progresar incluso en el aparato del estado, aprovechando un clima general de prosperidad y crecientes libertades. En cambio el GRAPO, el FRAP y otros empezaron a  actuar justamente en los últimos tiempos del régimen, no había compromiso moral o político con ellos, y sus acciones generaban el mencionado temor a un golpe involutivo. Pues si algo estaba claro para casi todo el mundo (menos para García Trevijano, parece ser), es que toda la fuerza de la oposición junta apenas lograría conmover ligeramente al régimen. Por tanto había que esperar a la muerte de Franco y a que de las corrientes liberalizadoras del franquismo saliera el remedio, del que pudieran aprovecharse los demás. Y  los atentados de última hora podían propiciar un retroceso de esas corrientes.

Hay que entender dos razones importantes de esta simpatía por el terrorismo etarra: el referente moral y político de la oposición antifranquista era el derrotado Frente Popular, alianza básicamente de totalitarios de izquierda y separatistas; y la ETA reunía, justamente ambas características. El PCE (aunque algo inquieto), quería ver en los asesinos  a unos “patriotas vascos” que en definitiva contribuían a la lucha común; y la oposición palabrera los consideraba unos jóvenes valientes, algo exaltados pero políticamente ingenuos, que le hacían el trabajo sucio, para dejarle a ella cargos y prebendas cuando cayera el régimen. Unos linces. Los etarras demostraron ser mucho menos ingenuos o ilusos que ellos.

Los nacionalismos vasco y catalán: En la guerra civil, el franquismo y la democracia de [Moa, Pío]

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Próximo viernes 25, en el Centro Riojano de Madrid, a las 19,30, la primera sesión del seminario sobre la posición (cambiante) de España en Europa, versará sobre la reconstitución de un país europeo en la Reconquista, el papel de ese país, es decir, España,  frente a la amenaza islámica (otomana) y frente al protestantismo, el balance de esas luchas, su decadencia, marcada por el paso de un papel protagonista  en Europa a un papel de objeto de intereses ajenos en la Guerra de Sucesión, y las consecuencias de la invasión napoleónica, que determinan el paso de España a una posición muy secundaria y sin influencia real en Europa.

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Reconquista (IV) El esplendor de Al Ándalus/ Constitución destrozada (III) El peso de la ETA.

Nueva sesión de “Una hora con la Historia”: los problemas de la Reconquista: https://www.youtube.com/watch?v=libu57-d7Z8

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–¿En qué sentido puede hablarse del esplendor de Al Ándalus? Solamente  en el de la cultura de élite, desde luego muy importante, y solo por un período, hasta el siglo XII aproximadamente. Durante ese tiempo puede hablarse de una cultura de élite o cultura superior de mayor nivel en Al Ándalus que en España; después ya fue lo contrario: la cultura superior no cesó de desarrollarse en España, y  en el islam quedó estancada.

   Pero si atendemos a la cultura popular, costumbres, etc., la de los españoles era superior en muchos aspectos, empezando por la posición de la mujer, una esclavitud mucho menos extendida, un concepto de la libertad personal ajeno al islam, etc.

P. Esa distinción entre cultura de élite y cultura popular no la señalan otros historiadores

Pues habrá que empezar a señalarla, porque es crucial. La cultura de élite es la del pensamiento, la ciencia, el arte a cierto nivel, la literatura, la gran arquitectura… Porque solo una élite la creaba y disfrutaba de ella, como por lo demás sigue ocurriendo.  Las invasiones árabes fueron en una primera etapa muy destructivas, pero después recogieron elementos  de las culturas superiores vencidas y  los desarrollaron con características propias, mientras que en el plano de la cultura popular impusieron sus concepciones y costumbres con gran fuerza. Pero, ya digo, a partir del desarrollo de las universidades cristianas, España y el occidente europeo en general, fueron adquiriendo una gran ventaja también en la cultura de élite (prefiero élite a elite). No debe olvidarse tampoco que fueron los propios musulmanes los que destruyeron gran parte de las joyas arquitectónicas de Córdoba , o la gran biblioteca de Alhakén II, o persiguieron a pensadores o poetas… La tolerancia era muy relativa. Y nunca existió hacia los cristianos o los judíos, a menos que llamemos tolerancia a su posición  humillada y discriminada…

P. No debe olvidarse el trasiego cultural entre Europa y el islam a través de España, con la Escuela de Traductores de Toledo

–Claro que hubo ese trasiego, que disgustaba a los árabes, pero no debe exagerarse pensando que el despliegue cultural europeo se deba a los árabes, aunque sea indirectamente. La cultura cristiana en Europa occidental se desarrolló sobre sus propias bases, cimentadas en las difíciles circunstancias de la edad de las invasiones. Sobre sus propias bases pudo asimilar las aportaciones árabes y parte de las griegas recogidas por estos. No es lo mismo asimilar que ser asimilado. Pero interesa observar cómo la llamada Escuela de Traductores benefició en principio muy poco a España  y sí principalmente a otros países de Europa occidental. La causa se encuentra en una actitud mental de antagonismo entre cristianoespañoles e islamoandalusíes, actitud que recorrió toda la Reconquista, de principio a final. 

   Debe recordarse  además, otro rasgo clave de Al Ándalus: la gran brecha entre la sociedad y el estado. El estado estaba dominado enteramente por clanes árabes, a menudo en guerra entre ellos, mientras que la sociedad, compuesta de mozárabes y de indígenas islamizados o muladíes, se encontraba en permanente rebeldía larvada o abierta. Y esta fue una de las causas principales por las que los reinos españoles, material y demográficamente mucho más débiles durante siglos, fueron poco a poco imponiéndose. Hay un fenómeno muy demostrativo  que creo haber sido el primero en señalar: al caer Córdoba y surgir las taifas, prácticamente ninguna de estas la gobernaban los muladíes, todas eran de poder árabe, bereber o  eslavo. La razón es que Córdoba fue un estado basado muy directamente en un ejército compuesto mayoritariamente de bereberes y esclavos (de procedencia eslava muchos de ellos, también negros), debido a la desconfianza hacia la población común, incluso cuando la mayor parte  de esta se convirtió al islam. Y fueron los componentes del ejército los que se hicieron con el poder en las taifas al implosionar el califato. El estado andalusí fue siempre muy despótico, en Córdoba y en las taifas, incomparablemente más despótico que los reinos cristianoespañoles, cuyos ejércitos se componían de naturales. Y esto también es cultura…  

La reconquista y España

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 Un rasgo que casi nunca se destaca, o incluso se oculta, en la evolución política de España en estos cuarenta años, es la importancia extraordinaria de la ETA.  Por el referéndum del 76,  la muy gran mayoría la población aprobó la democratización “de la ley a la ley”, es decir, desde la legitimidad franquista y no contra ella; pero una vez ganada esta batalla, la convencionalmente llamada derecha renunció a la lucha de las ideas,  abandonando el campo a los derrotados del referéndum, que basaban su política en la condena al franquismo. Claro que los únicos que habían combatido de verdad al franquismo habían sido los comunistas y la ETA, separatista y también  comunistoide,   cuyo carácter democrático no precisa comentario. Los socialistas, sin haberse opuesto a Franco de modo algo significativo, adoptaron la misma idea básica, y gran parte de la derecha salida del franquismo aceptó la identificación entre democracia y antifranquismo. De acuerdo con tal identificación, nadie sería más demócrata que la ETA, más incluso que el PCE, cuyos manejos con personalidades procedentes del régimen anterior eran conocidos. Más aún, la ETA habría sido la verdadera conseguidora de la democracia al haber asesinado a Carrero Blanco, quien, según coincidían antifranquistas y muchos franquistas nostálgicos, había sido la gran barrera que mantenía en pie  al régimen anterior.

   El problema de la ETA se complicaba en tales condiciones, y más aún porque para los etarras el cambio habido no era “suficiente”, pues por una parte rechazaba la secesión de Vascongadas y Navarra, y por  otra mantenía en el poder a políticos salidos directamente del régimen anterior, por lo que debía interpretarse como un simple cambio de disfraz, según sostenían también el GRAPO y otros. Que aquellos gobernantes fueran votados por más o menos gentes carecía de valor, es más,  demostraba que la nueva democracia no pasaba de ser una farsa, ya que el antifranquismo era la condición más básica de una democracia “real”.

   Solo teniendo en cuenta estas desvirtuaciones y falsificaciones de principio se puede entender el rumbo que tomó la nueva democracia hasta abocar al actual régimen fallido.

la guerra civil y los problemas de la democracia en españa-pio moa-9788490551394

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Próximo viernes 25, en el Centro Riojano de Madrid, a las 19,30, la primera sesión del seminario sobre la posición (cambiante) de España en Europa, versará sobre la reconstitución de un país europeo en la Reconquista, el papel de ese país, es decir, España,  frente a la amenaza islámica (otomana) y frente al protestantismo, el balance de esas luchas, su decadencia, marcada por el paso de un papel protagonista  en Europa a un papel de objeto de intereses ajenos en la Guerra de Sucesión, y las consecuencias de la invasión napoleónica, que determinan el paso de España a una posición muy secundaria y sin influencia real en Europa.

 

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Recópolis en el origen de la nación española

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La reconquista y España

He pasado el día en Recópolis o Recaredópolis. He ido allí bastantes veces, pero como a la gran mayoría de los españoles no les sonará a nada, explicaré de qué se trata, pues tiene mucha relación con la Reconquista, como he expuesto en La Reconquista y España

1. Se trata de una ciudad fundada por Leovigildo en honor de su hijo Recaredo. Creo que es la única localidad española terminada en “polis” y ello es muy significativo. Leovigildo cambió la tradición goda en dos aspectos: reforzó el poder y la ceremonia regios según el modelo bizantino, tratando de hacerlo hereditario, y procuró deliberadamente  extender el poder visigodo sobre toda la península, en un designio nacional. Adoptar las formas bizantinas significaba abandonar gran parte de las tradiciones germanas y romanizar más a fondo el estado. Ello no significaba en absoluto someterse a la aspiración de Constantinopla de  reconstruir el imperio romano. Al contrario, Leovigildo luchó con los bizantinos y aunque no pudo expulsarlos del todo, redujo notablemente el área de su dominio en la península. Tampoco logró imponer el principio hereditario, pero de hecho este se aplicó en lo sucesivo tan a menudo como el electivo.

2. Hasta entonces el poder visigodo era eso, el de un pueblo que llevaba siglos errando por el este y sur de Europa, y que podía muy bien haber seguido hacia África, como los vándalos y alanos, o intentar volver a Francia. Con Leovigildo se identificó con España o Spania, se aceptó la comunidad cultural hispanorromana, se permitieron matrimonios mixtos (de hecho la prohibición de ellos, de origen romano, se transgredía ya antes, no sabemos en qué medida). Al dotar a la comunidad hispana de un estado propio, se crea la nación hispanogoda, cuya reivindicación guiará la Reconquista y terminará triunfando en lo principal sobre las tendencias disgregadores creadas espontáneamente en España durante la lucha contra Al Ándalus.

3. Ningún otro país de Europa occidental o central tenía entonces la capacidad para fundar ciudades nuevas. Otra fundada por el reino hispanogodo fue Vitoria. Y al revés que los reinos del resto de Europa central y occidental, la tendencia, sostenida con tenacidad en adelante, fue unitaria y no disgregadora como ocurría con los francos, los anglosajones, en Italia o entre los germanos en general.

 4. Recópolis es hoy un campo de ruinas. Pero se aprecia en ella una notable disposición urbana, con una gran iglesia y palacio, una calle de tiendas y artesanos, un acueducto, unas murallas con torreones, etc. Con la invasión musulmana, Recópolis quedó ya pronto en ruinas, pero no fue especialmente arrasada o transformada, como ocurrió con otros centro urbanos hispanogodos, por lo que se perciben allí  rastros importantes de  un reino que era seguramente el mejor ordenado y próspero de Europa. Y el más culto con la probable excepción de Italia.  Los musulmanes fundaron pronto, a dos kilómetros aproximadamente la ciudad de Zorita, que llegó a ser importante. Esta ciudad se construyó en gran parte con las piedras de Recópolis.

5. El nombre de la ciudad es significativo por otra razón: Recaredo completó la labor de su padre acabando con el arrianismo. Sin embargo la idea nacional era una idea política, y aunque siempre muy unida a la religión, es preciso diferenciarlas. Así, el otro hijo de Leovigildo, Hermenegildo, se rebeló en la Bética en nombre del catolicismo, se alió con los suevos y estuvo cerca de arruinar la obra unitaria de su padre. A lo largo de la Reconquista hubo una esencial complementariedad entre lo político y lo religioso, pero no identidad. La Iglesia tenía su sede en Roma, no en España,  y aunque deseaba la vuelta de la península al cristianismo, no le interesaba en el mismo grado la reposición de un estado unitario. Una manifestación de esa tensión religioso-política fue la secesión de Portugal, que se haría definitiva. Este es otro aspecto, generalmente poco tenido en cuenta, que trato en La Reconquista y España.

6. De modo que podemos decir que Recópolis simboliza muy bien el origen de la nación española. Es lástima que a ese hecho apenas se le dé relevancia hoy, en un país que solo ahora empieza a despertar de una especie de sopor enfermizo creada por una falsificación sistemática de su pasado.

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Hoy en Radio Inter, “Una hora con la Historia”, trataremos de la negación de la Reconquista por numerosos autores.

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Próximo viernes 25, en el Centro Riojano de Madrid, a las 19,30, la primera sesión del seminario sobre la posición (cambiante) de España en Europa, versará sobre la reconstitución de un país europeo en la Reconquista, el papel de ese país, es decir, España,  frente a la amenaza islámica (otomana) y frente al protestantismo, el balance de esas luchas, su decadencia, marcada por el paso de un papel protagonista  en Europa a un papel de objeto de intereses ajenos en la Guerra de Sucesión, y las consecuencias de la invasión napoleónica, que determinan el paso de España a una posición muy secundaria y sin influencia real en Europa.

 

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Una Constitución destrozada (II). / Reconquista (III) El mito de al Ándalus

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Antes de continuar con la destrucción de la Constitución, es decir, de la ley en España, debemos tener en cuenta lo que ello entraña:  nada menos que la desaparición de la democracia y el grave riesgo de la desintegración del país. Lo asombroso y digno de meditación es que todo ello se ha hecho en nombre de la democracia, un poco, salvando las distancias, como con ese mismo pretexto, la OTAN está llevando el caos y la guerra civil a otros diversos países y amenaza a Rusia.

   Si hemos de buscar una causa esencial de la pasada guerra civil, o mejor dicho de su continuación en el 36,  la encontraríamos en la destrucción de la legalidad republicana por el Frente Popular, a partir de las fraudulentas elecciones de febrero de ese año. El dato más elemental del pensamiento político es la constatación de que en la sociedad proliferan los intereses, sentimientos, aspiraciones e ideas más diversas y cambiantes,  y que solo embridando esa diversidad mediante las leyes se puede impedir la disgregación social y la lucha generalizada. La Constitución parte implícitamente de esa realidad señalando dos cosas: la indisolubilidad de la unidad nacional, y las libertades políticas. Claro que, por el carácter chapucero y acomodaticio de sus autores, la Constitución actual es contradictoria, pues admite las tendencias separatistas (“nacionalidades”) y la posibilidad de vaciar sin límite al estado en las autonomías. Pero estas dos cosas no tenían por qué desarrollarse demasiado, o por qué ser llevadas a un extremo en que fuera forzoso elegir: o nación española o disgregación en autonomías separatistas, como está ocurriendo hoy. El hecho de que los separatistas catalanes estén llegando al límite abiertamente, seguidos de momento por los vascos, oculta otro hecho: que la presencia del estado es ya residual en esas autonomías, desde hace bastantes años.

   Está bien claro que la Constitución ha sido conculcada permanentemente desde el principio, tanto por los separatistas como por los partidos gobernantes, PP y PSOE, por poner un solo ejemplo, en la inmersión lingüística. Amparados incluso por el partidista Tribunal Constitucional (que, en palabras de Javier Rubio “está para hacer constitucional lo que es evidentemente inconstitucional”). Pero la situación se ha ido conllevando a trancas y barrancas hasta Zapatero. Con este, la democracia se ha corroído de modo fundamental, mediante el reconocimiento explícito de soberanía al parlamento catalán –y por tanto a cualquier otro autonómico, en principio–, mediante la “operación salvamento” de la ETA para convertirla en potencia política, o con las leyes antijurídicas “de género” y la totalitaria ley de memoria histórica, todas ellas ataques directos a la integridad nacional y a la Constitución. Si esto ha podido hacerse sin apenas resistencia se debe al “páramo cultural e intelectual” en que vive una sociedad sumida en una orgía de falsedad sobre su propia historia; a que el partido que debía oponerse a tal proceso no solo no se ha opuesto, sino que ha colaborado activamente con él, bloqueando de paso cualquier otra resistencia; y a que, en consecuencia, grandes masas de la población parecen haber perdido el instinto de conservación y la capacidad de respuesta.  En un país en que la democracia es una mera palabra mágica, se ha instalado la convicción de que ella es un arma lícita para destruir la nación española. Pero la nación es la base de la democracia, y no al revés, y en un país sin reflejos patrióticos, los intereses de partido se vuelven absolutos y desgarran a la sociedad.

   A propósito de palabas mágicas, otra muy usada por los demagogos es “Europa”, empleada fraudulentamente para describir a la Unión Europea. Los políticos españoles han creído que los problemas internos españoles no podrían llegar lejos porque “Europa” nos los solucionaría. Ahora mismo asistimos a la burla abierta con que esos países “amigos y aliados” tratan a la justicia española. Quizá lo hacen de acuerdo con el propio gobierno de Rajoy, instalado en el golpe de estado permanente. Un país cuyos gobiernos no solo han fomentado y financiado los separatismos, sino que admiten una colonia en su territorio y rinden pleitesía a la potencia invasora, genuflexos ante su trasero, es un país de pandereta, un país que nadie puede tomar en serio, y desde luego nuestros “amigos y aliados” no lo hacen.

   ¿Se llegará con todo esto a una guerra civil? Solo los frívolos la descartarían. No obstante es hoy por hoy muy improbable. De momento el proceso de disgregación y descomposición moral continúa, aunque por fin está resurgiendo un sentimiento patriótico, de autoconservación. Y esto es lo nuevo y esperanzador

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Próximo viernes 25, en el Centro Riojano de Madrid, a las 19,30, la primera sesión del seminario sobre la posición (cambiante) de España en Europa, versará sobre la reconstitución de un país europeo en la Reconquista, el papel de ese país, es decir, España,  frente a la amenaza islámica (otomana) y frente al protestantismo, el balance de esas luchas, su decadencia, marcada por el paso de un papel protagonista  en Europa a un papel de objeto de intereses ajenos en la Guerra de Sucesión, y las consecuencias de la invasión napoleónica, que determinan el paso de España a una posición muy secundaria y sin influencia real en Europa.

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La reconquista y España

 

P. El caso de la Reconquista evidenciaría una vez más el escaso nivel de nuestra universidad. Viene siendo denunciado desde hace muchos años, siempre en vano, al parecer.

–Es un nivel muy bajo en ciencias humanas y en historiografía; en técnicas, incluso en ciencias “naturales”,  la cosa es mejor. La universidad está muy politizada y en este terreno politizada equivale a degradada intelectualmente, cuando no fanatizada. La historiografía española actual es sumamente provinciana y repleta de tópicos  supuestamente progresistas. Y como además dispone de dinero y subvenciones, es capaz de producir una cantidad ingente de material, en su mayor parte irrelevante. Excepciones aparte, claro, que siempre las hay. Observe además otro fenómeno: la negación o la denigración de la Reconquista va acompañada de una exaltación de Al Ándalus. Este es un fenómeno que examino en La Reconquista y España, y vale la pena detenerse en él, porque no puede ser más significativo. No es un fenómeno meramente español, sino internacional, como ha expuesto Fernández Morera en The myth of the Andalusian Paradise. En numerosas universidades y por numerosos políticos, Al Ándalus es alabado como un modelo de las aspiraciones “progresistas” actuales: una sociedad tolerante, en gran medida laica o escasamente religiosa,  con homosexualidad extendida, con una cultura elevada (desde esos parámetros), respeto a la mujer, sexualidad muy “libre”, etc. Las opiniones al respecto, que incuyen a políticos como Tony Blair u Obama, premios Pulitzer, etc., son tan desmadradas como las que niegan la Reconquista. Y son gente poderosa e influyente. Ello se debe a que las sociedades LGTBI, feministas, anticristianas, multiculturales, proislámicas, etc., que hoy día intentan imponerse en muchos países, necesitan encontrar un modelo en el pasado que les dé alguna seguridad de que serán viables y felices. Naturalmente, partiendo de ahí puede admitirse una reconquista, en efecto, pero como un fenómeno tremendamente negativo, como la aniquilación de una civilización excelsa y ejemplar…

P Pero ud no negará que la cultura andalusí era superior a la cristiana: el esplendor de Córdoba, Averroes, Maimónides…

–Pues de eso hablaremos.

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Comisión de la verdad sobre el PSOE: El “Himalaya de mentiras” sobre la represión de Asturias, que envenenó literalmente a la sociedad española: https://www.youtube.com/watch?v=IUjyptQHJ2U&t=7s

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