El misterio de la sexualidad (III) La proyección cósmica

   Cuando decimos que en la sexualidad percibimos, o, mejor, sentimos, algo “cósmico”, una sensación confusa que aparece sobre todo en el enamoramiento, nos referimos, en primer lugar, a que en ella aparece un designio que sobrepasa por completo la comprensión y la voluntad del individuo: por un lado la supervivencia de la especie y por otro el mismo placer extremo producido por la relación física, placer independiente de nuestra consciencia, o las sensaciones y fantasías psíquicas, que van más allá del mero placer o satisfacción personal y nos dejan con una sensación de extrañeza. También se manifiesta esa sensación “cósmica” en la impresión de las personas muy enamoradas de haber sido unidas por el destino, o haber sido hechas la una para la otra. O en la afición a paseos “románticos” bajo la luz de la luna y similares. También hay algo de ese género en la capacidad de los enamorados para desafiar, incluso con peligro de muerte, las reglas sociales o las conveniencias utilitarias si se oponen a sus deseos, tema de tanta literatura.

    Ciertamente no todo el mundo se ha enamorado, muchas personas son simplemente incapaces de ello, y hasta podría sostenerse que el enamoramiento es poco frecuente, y más bien propio de la cultura occidental, y aún en ella del romanticismo para acá. En muchísimos casos y culturas se supone, materialistamente,  que el amor nace de la propia sexualidad y del trato corriente, de modo que los padres, con más experiencia, eligen los consortes para sus hijos, o los matrimonios se conciertan a partir de intereses pecuniarios o similares. Posiblemente la sexualidad más común tenga más que ver con una especie de desahogo físico, con escasa presencia de lo que llamamos amor, que de lo que entendemos normalmente por enamoramiento. Esto es cierto, pero en muchas culturas no occidentales el tema de la pareja de enamorados, incluso a primera vista y contra las conveniencias utilitarias o sociales, es parte del folclore o de la literatura, y muy anterior al romanticismo en la propia cultura occidental. Lo que ha hecho el romanticismo es más bien exaltar e idealizar ese tipo de amor, incluso sin llegar a ser físico, como en los trovadores. El enamoramiento en la literatura y también en la vida real, puede traer demasiados inconvenientes y por ello puede ser juzgado enfermizo o producto de cierta enajenación mental. Pero la popularidad de tales relatos, ahora y siempre, revela que tal cosa es vista como un ideal.

    Lo mismo pasa con los matrimonios felices y por vida, que seguramente no son mayoría, pero sí deseados por casi todos. Sociológicamente, las conductas humanas siguen casi siempre la forma de una “campana de Gauss”, y también en este caso: una minoría de parejas muy felices, otra minoría muy desgraciadas, y una mayoría intermedia con distintos grados. Lo mismo podría decirse de la sensibilidad musical, literaria, capacidad científica, creatividad, etc. Pero lo que aquí interesa es que la minoría de máxima excelencia, por emplear este término sospechoso, es la que marca la orientación y la aspiración generales o casi general, tal como la minoría más desfavorecida, incluso si solo lo es por la fortuna y no por demérito, marca lo no deseable, y la parte intermedia, aunque se la vea como una aurea mediocritas, no suele inspirar un aprecio especial.  

   El lado que hemos llamado cósmico se aprecia también en la peculiar angustia que provoca la idea de que no ya el individuo, sino la propia especie humana, esté condenada a la extinción. Muchos individuos están dispuestos a arriesgar y sacrificar su vida, no solo por la persona amada, sino por la colectividad y su futuro, por la patria, por ejemplo, ya que la extinción de cada individuo es una certeza, final, dure lo que dure su vida, pero se supone que el interés colectivo está por encima, evidenciado de forma inmediata por la propia descendencia, pero más allá de ese mero egoísmo. Ahora bien, la perspectiva de que en el devenir cósmico unas fuerzas colosales e indiferentes, mucho más allá de los amores y los odios de los éxitos y los fracasos, los sacrificios, las alegrías o las tristezas,  no ya de la persona, sino de toda la humanidad, provoca inevitablemente una angustia más profunda que la de la propia muerte, y por eso mismo se rechaza el pensamiento o se consuela uno pensando que de todas formas esa eventualidad está muy lejana. La sexualidad y toda la envoltura de sentimientos que la acompañan, se presenta a nuestra psique, por vaga y enmascaradamente que sea, como una lucha cósmica contra esa extinción también cósmica que nuestra razón nos presenta y que nuestro sentimiento rechaza.   

   Probablemente por estas razones las religiones han solido ocuparse mucho de la sexualidad, más que de la nutrición, sobre la que han dictado normas un tanto triviales el judaísmo y el islamismo.

Creado en presente y pasado | 95 Comentarios

El misterio de la sexualidad (II)

*Blog I. ¿Tiene futuro la Hispanidad?: http://gaceta.es/pio-moa/futuro-hispanidad-12102016-1028

**En “Cita con la Historia” hemos tratado esta semana la extraña y desequilibrada posición en que ha quedado España después del “fin de la historia”. El próximo domingo trataremos el mismo tema en una segunda parte: https://www.youtube.com/watch?v=0K-8DcgfLk8 

***El viernes presentaré en “El gato al agua” “La guerra civil y los problemas de la democracia”.

***********************

Lo característico de la sexualidad es la división entre individuos de dos sexos, cada uno con una tarea reproductiva distinta y complementaria. Esta diferencia es transcendental, y no se limita al hecho físico de los órganos sexuales, sino que  tiene un alcance incomparablemente mayor. Esto es también misterioso, pues no parece haber ninguna razón discernible para que ambos sexos no fueran idénticos  aparte de los órganos reproductivos. En los animales superiores, el macho es casi siempre, pero no siempre, mayor que la hembra, y su comportamiento difiere también considerablemente, aunque en muchos casos es difícil distinguir a uno del otro sin fijarse en los citados órganos. En el ser humano la diferencia física  o dimorfismo sexual está especialmente destacada, mucho más que en los monos, no digamos los perros o los caballos.

   Las diferencias no se limitan a lo físico. En el ser humano son muy agudas en el terreno psíquico y temperamental, como es fácil comprobar constantemente. Algunos dicen que se trata de diferencias “culturales” en el sentido de que son arbitrarias y podrían cambiarse si nos lo proponemos. Pero lo “cultural” es precisamente lo propiamente humano, de manera que sociedad humana y cultura son realmente sinónimos;  y aunque existan muchas variaciones culturales, su base es siempre biológica. Las culturas admiten muchas variantes, pero no cualesquiera. Cabría hacer una analogía con el cuerpo humano, capaz de realizar, si se cultiva, los movimientos y piruetas más complicados, como vemos en ciertos deportes, bailes y acrobacias; pero que si esos movimientos no se adaptan a la estructura del cuerpo, causan lesiones graves.

    Así, el cuerpo humano masculino parece diseñado para el esfuerzo y la lucha, y sus órganos sexuales son exteriores, mientras que los femeninos son interiores,  y  su cuerpo está más definido y orientado claramente hacia la maternidad. Sus características psicológicas fundamentales (mayor delicadeza, gracia, carácter amoroso, etc.) también provienen de esa orientación física. Por otra parte, la maternidad en el ser humano difiere profundamente de la de los animales, en los cuales su función acaba pronto con el amamantamiento. El ser humano madura muy lentamente, y para valerse por sí mismo exige, salvo condiciones anormales, al menos quince años, incluso dieciocho. Durante este período es la madre el principal elemento educador, y en todas las  culturas la madre es el centro y principal encargada del hogar. Dado que el embarazo y la cría de los hijos, en especial cuando son pequeños, implica una indefensión profunda –aunque no invencible–, el varón aparece como la defensa exterior. Y así lo considera de modo casi instintivo la mujer y el propio hombre, que por lo común muestra menos interés en el hogar y la crianza de los hijos. La conducta masculina se orienta más hacia el exterior, y sus valores difieren también considerablemente. De ahí que la relación amorosa entre varón y mujer tienda a ser  más prolongada que en la mayoría de los animales, idealmente para toda la vida.

   El hecho de que la actividad sexual no tenga en la mayoría de los casos una intención reproductora consciente no anula lo anterior, sino que lo confirma. Por alguna razón, en parte comprensible, en parte no, doña Naturaleza ha hecho con la sexualidad un especie de derroche de energías muy poco económico. Por ejemplo, los testículos no producen un solo espermatozoide para fundirse con el óvulo, sino millones de ellos, aunque solo uno logre su objeto. De los encuentros sexuales, aun si se hacen con intención reproductora, solo alguno lo logra, y por lo demás la pareja no sabe normalmente cuál ha sido.  Además, la naturaleza — llamémosla así, aun cuando no sepamos qué quiere decir la palabra exactamente– ha rodeado el acto sexual de un “aparato de placer” aparentemente innecesario, que impulsa a él a la gente, de modo que muy a menudo produce el embarazo, incluso involuntario o peor aún, conscientemente rechazado. La necesidad de la especie obra así a través de los individuos, por encima de los designios conscientes de estos.

El impulso de la especie por reproducirse es misterioso en dos sentidos: por su misma tenacidad y complicados recursos, y por el empeño mismo. En todas las especies se da como un impulso invencible, tenga éxito o no, a mantenerse de ese modo. Para captar lo enigmático del asunto, encontramos en la actualidad corrientes ideológicas que propugnan la extinción indolora de la especie humana mediante un pacto de renuncia a los hijos. Algo técnicamente posible mediante la esterilización masiva de las mujeres o de los hombres,  por ejemplo. Y aquí entramos en la esfera típicamente humana de la moral, del “pecado original” que ha conformado esa esfera, alejándola del instinto. Según el mito cristiano, Dios ha dado al hombre libre albedrío,  que podría llevarlo incluso a la autoextinción.

Creado en presente y pasado | 138 Comentarios

El misterio de la sexualidad (I)

Blog I: La destrucción del Estado de derecho en España: http://gaceta.es/pio-moa/destruccion-derecho-espana-10102016-1944  

**Cita con la Historia:  “La Cina é vicina”: https://www.youtube.com/watch?v=MSaWfJ45XTw

*************************

 El hecho de que las cosas caigan al suelo, de que no nos despeguemos de él sin esfuerzo, etc., resulta tan obvio, tan trivial y acostumbrado, que a nadie se le ocurrió durante milenios que hubiera en ello algún misterio o simplemente algún problema. Naturalmente, el fenómeno se manifestaba de muchas maneras, pues una plancha de hierro nos puede aplastar un pie mientras que una pluma apenas la sentimos, saltar requiere más esfuerzo que caminar, etc.; pero lo esencial, el hecho mismo de la atracción de los cuerpos, nunca o casi nunca despertó la menor atención; y sin embargo se trata de un misterio profundo y clave  del comportamiento del universo.  Newton se percató de ello y aunque no pudo aclarar –ni nadie después– por qué los cuerpos se atraen, sí descifró una parte del enigma: las proporciones de masa y distancia en se produce la atracción.

  Con la sexualidad ocurre algo similar. Es tan evidente, tan cotidiana y vulgar su presencia, la existencia de varones y mujeres, la atracción mutua con tantas variedades y efectos derivados, su motivo constante en el folklore y el arte en general, su existencia en los animales superiores… que la sexualidad es tenida por un hecho “obvio”, del que se parte  pero que no requiere mayor consideración que la de sus manifestaciones particulares. Sin embargo, el porqué las especies necesitan reproducirse es un enigma, y el por qué tantas de ellas, en especial las superiores, lo hacen mediante la sexualidad, es otro. Se trata de un hecho bien oscuro y que desafía la vanidosa suficiencia del individuo.  Una observación básica, pero poco tenida en cuenta, nos dice que no solo nadie nace por voluntad propia, sino que nace, también sin voluntad, de un sexo u otro, dato que determinará en gran medida su vida.  

   La comparación entre sexualidad y nutrición, las dos funciones y necesidades esenciales de la vida, nos permite otras observaciones. Hay, pese a ese común carácter esencial, diferencias importantes entre ambas. La nutrición atañe en exclusiva al individuo, mientras que la sexualidad implica a dos. El individuo muere pronto si no dispone de alimento, mientras que la abstinencia sexual puede durar una larga vida sin que el individuo perezca o pierda la salud. A la inversa, la sexualidad se da entre dos personas y solo depende de ellas, mientras que la nutrición depende normalmente de la colectividad, pues sería muy difícil que cada individuo se alimentase sin la colaboración del grupo en las sociedades primitivas, o de incontables personas anónimas en las sociedades modernas (cuando compramos fruta en el mercado ignoramos a los cultivadores, a los almacenistas, transportistas probablemente a los dueños del local, y solo vemos al empleado que la sirve o la cobra, que es el último y más prescindible eslabón de la cadena).  Otra diferencia la encontramos entre el aparato reproductor y el aparato digestivo. Este último ocupa una gran parte del cuerpo, y en buena medida lo modela, mientras que el aparato reproductor es muy reducido en el macho, aunque en la hembra, especialmente la humana, es más amplio y modela en mucha mayor medida el conjunto de su cuerpo.

Seguramente podemos encontrar otras muchas diferencias interesantes, pero quizá importa más la siguiente: al revés que la nutrición, la reproducción no solo se efectúa entre dos individuos de distinto sexo, sino que su objetivo va mucho más allá de los deseos o aspiraciones de ambos, ya que estos no tienen el menor control sobre el producto, no saben cómo será su descendencia aparte del dato elemental de que pertenecerá a la misma especie. Podría decirse, en consecuencia, que, considerada en el plano individual, la sexualidad tiene mucha menos urgencia que la nutrición,  pero que importa más que esta  desde el punto de vista de la especie. Así como la nutrición obedece a una necesidad individual, la sexualidad obedece a una necesidad de la especie, de la que los individuos son agentes inconscientes.  Adviértase, además, que el acto sexual provoca un placer  incomparablemente más intenso que una buena comida, y esto es también un dato misterioso, no es fácil ni quizá posible, decir a qué obedece, más allá de ampliar la evidencia señalando que hay células y terminaciones nerviosas que lo permiten.

   Así como las sensaciones agradables que produce una buena comida se acaban con ella, el acto sexual va asociado a sensaciones psíquicas no solo más duraderas, sino también psicológicamente mucho más complejas (hay excepciones, como el trato ocasional con una prostituta o con alguna persona que, sin serlo expresamente, obra de manera equivalente: contactos ocasionales y fugaces, hoy más frecuentes que antaño). Las sensaciones y fantasías ligadas a la sexualidad tienen, o pueden tener, un alcance por así decir cósmico, de unión con el cosmos a través de la especie, aunque de ello no se sea plenamente consciente. Y también, no tan a la inversa como pudiera creerse, de animalización o bestialización, buscando el mayor rebajamiento posible; o de crimen, uniéndolo a la provocación de sufrimiento. Quizá tenga que ver con el hecho de que la sexualidad va asociada a la muerte, sin la cual no sería necesaria, y puede originar las fantasías y acciones complementarias más rebuscadas u obsesivas.

La sexualidad viene estrechamente unida, además, a la idea o más bien sentimiento de la belleza, en particular en lo que se refiere al lado femenino. Existe, sin duda, un ideal de belleza masculina, pero no es tan fuerte ni omnipresente como el de belleza feminina

   Uno podría pensar, desde un punto de vista meramente racional –a ello se tiende—que la sexualidad se limita a un acto placentero, sin más, pero la inmensa literatura, el arte, la misma canción popular que suena sin cesar y que plantea los temas más diversos en torno a la sexualidad, desde los más triviales a los más elevados,  demuestran que es mucho más que “ganas de un desahogo”. Ciertamente la gastronomía, por seguir con la comparación, no solo es incomparablemente más limitada en ese aspecto, sino que su literatura la consideramos asimismo inferior de modo absoluto.

Creado en presente y pasado | 269 Comentarios

España, caso muy especial en Europa, y el fin de la historia.

Blog I: la destrucción del Estado de derecho en España: http://gaceta.es/pio-moa/destruccion-derecho-espana-10102016-1944

La evolución de China y “el fin de la historia”: https://www.youtube.com/watch?v=MSaWfJ45XTw

******************

Podemos decir, en resumen, que España  es un caso muy especial en la evolución de Europa occidental, tanto por haberse mantenido neutral en las dos brutales guerras mundiales como por no deber su prosperidad ni su posterior democracia a la intervención militar useña, sino, por así decirlo, a sus propias fuerzas. Ello vuelve todavía más paradójico el hecho de que sus políticos y gobiernos, desde la Transición, hayan adoptado una política entreguista y deliberadamente supeditada a intereses ajenos, creando la impresión psicológica de que lo debemos todo a ellos, cuando la realidad es que nuestro desarrollo político y económico se ha realizado más bien contra la hostilidad de tales aliados, parte de los cuales no han dudado incluso en apoyar al terrorismo de la ETA. Por poner un ejemplo entre tantos posibles, el ex director de El Mundo, Pedro J, decía que “Europa”, como él llama a la UE, significa para los españoles libertad y prosperidad y que España pertenece a un club, la UE, del cual nos hemos beneficiado inmensamente. En relación con ello escribí un artículo recordando lo que venimos diciendo, es decir, que nuestra libertad y prosperidad nos la debemos ante todo a nosotros mismos, mientras que lo que él llama Europa se las debe a Usa. Recordé que  sin estar en la CEE o la UE, sin estar en “Europa”, como dice en un alarde de ignorancia histórica y geográfica, España crecía más y mejor y pudo cambiar del franquismo a la democracia por sus propios medios, al revés que casi todo el resto de Europa occidental. Dadas estas circunstancias y el derrumbe soviético, España tenía toda la autoridad moral y las posibilidades reales de volver a una política de neutralidad, de proseguir una reivindicación activa de Gibraltar y desplegar en la UE una orientación contraria a la dinámica que ya hemos visto, procurando la vuelta a una unión meramente económica y no política, esta  contraria a la historia y demoledora de las raíces culturales europeas y de sus culturas particulares, muy significadamente de la hispana. 

    Nos encontramos, por tanto, en una situación histórica nueva en este “fin de la historia”, que puede abocar, y algunos lo intentan abiertamente, al efectivo fin de la historia de España como país independiente, a la disolución de su cultura por la colonización del inglés, o a su disgregación en varios estadillos absurdos, cosa que podría combinarse con lo anterior. Como hemos señalado, España es el único país del mundo cuyos gobiernos apoyan y financian los separatismos al paso que buscan el fin de España como país realmente independiente.

   ¿A qué se debe esta evolución? No hace falta insistir mucho en que la clase política actual, desde la transición, no viene siendo precisamente brillante ni intelectual ni moralmente, con una corrupción rampante entre otras cosas. Esa clase política, que en una primera fase pudo hacer una transición razonable, gracias a la herencia de prosperidad y reconciliación legada por el franquismo, ha recuperado en cambio la tradición que condujo a la república y a la guerra civil. En primer lugar, una dependencia psicológica de lo que llaman “Europa”, expresada por Ortega en aquella frase absurda de “España es el problema y Europa la solución”. El europeísmo en  España ha sido siempre muy ignorante sobre Europa y muy despreciativo hacia España, y ese complejo ha facilitado de paso las actitudes bien conocidas hacia los separatismos, entre otras cosas.

   Una segunda causa se encuentra en la falsificación de la historia en relación con la guerra civil y la república. De forma masiva, a través de los medios más poderosos, se ha identificado durante largos años a la república y al Frente Popular como unos regímenes casi paradisíacos, democráticos y progresistas, en crudo desafío a los hechos, y se ha intentado acallar las voces que trataban de recordar la verdad. Dado que habían sido derrotados aquellos ejemplares demócratas que habrían sido los separatistas, los stalinistas, marxistas revolucionarios y golpistas varios, la guerra se convertía en un amasijo de atrocidades cometidas por los vencedores, lo cuales habrían mantenido en España, a contrapelo de “Europa”, un horrible  régimen de tipo fascista o similar. Como he explicado en Los mitos del franquismo, los vencedores fueron quienes salvaron la unidad nacional y la cultura cristiana, impidieron una revolución sanguinaria de tipo más o menos comunista, mantuvieron la propiedad privada y tantos otros valores, crearon una amplia clase media y una prosperidad sin precedentes, enterraron los odios que habían descuartizado a la república, etc.

   El régimen franquista, hay que repetirlo hasta la extenuación, no tuvo oposición democrática relevante, sino solo comunista y terrorista, y ha sido esa oposición comunista y terrorista la que ha elaborado el discurso y la propaganda antifranquistas, y esa propaganda ha sido recogida sin apenas matices y como verdad histórica por los antifranquistas de después de Franco. Y dado que esa propaganda fue aceptada implícitamente por la derecha desde Suárez, y luego explícitamente por el PP, ha abonado todas las corrientes disgregadoras y demagógicas que fueron derrotadas en 1939. En este sentido, los políticos y partidos que han querido identificarse con el Frente Popular, han tenido el terreno casi completamente libre y gozado de enormes recursos, para repetir las propagandas demagógicas, creadoras de odios y en general falsarias que llevaron a la guerra civil. Es preciso repetir que un país que ignora, desprecia o falsea su pasado es un país sin futuro, y creo que todos tenemos la impresión de que por ahí tratan de avanzar fuerzas políticas hoy por hoy muy poderosas.

  Una tercera causa de estas derivas ha sido la identificación de antifranquismo con democracia, como hemos señalado reiteradamente, y que puede considerarse el pecado capital de la transición. Este absurdo, que haría del PCE y la ETA los grandes campeones de la democracia, ha incidido en todos los partidos para fomentar una política contraria a la del franquismo. Con respecto a lo que venimos viendo, el franquismo representa precisamente la unidad nacional y la independencia frente a injerencias exteriores, llevada a cabo con flexibilidad pero sin ceder en los principios. Y esa concepción de los intereses de España ha llegado a convertirse en tabú, hasta proscribir incluso la idea y el nombre de España en amplios círculos políticos, periodísticos y por desgracia también populares, debido a la deserción de la derecha. Ahora resultaba que el patriotismo y la defensa de los intereses de España en el plano internacional era “antidemocrático”, y que lo democrático era convertir al país en un peón o lacayo de otras potencias.

   Hay un cuarto elemento de gran importancia asimismo: la presión internacional. Debido a la alianza de potencias demoliberales y comunistas contra Hitler, en la mayoría de los países europeos, sobre todo los que más colaboraron con los nazis, y en Usa, se afianzó la versión fraudulenta, creada sobre todo por la propaganda comunista, de la guerra civil como una lucha entre demócratas y fascistas semejantes a los hitlerianos. A pesar de que todos ellos tuvieron que resignarse a la realidad de un país que no se les doblegaba, mantuvieron durante cuarenta años un fondo de hostilidad hacia la España franquista, y se consideraban con derecho a otorgar diplomas de demócratas a los partidos y personajes españoles que les gustasen, de preferencia al PSOE, dado que la derecha venía demasiado evidentemente del régimen anterior.  A su vez, en España se aceptó la idea de que aquellos “europeos” tenían una especie de superioridad política y cierto derecho a tutelar, al menos moralmente, la transición española, como implícitamente viene a sostener Pedro J, entre tantos más, según vimos antes.  Ello influyó mucho sobre una derecha timorata y poco digna, que por congraciarse con los prejuicios de aquellos gobiernos extranjeros estaba dispuesta a renegar de sus padres y abuelos y declararlos culpables de un golpe de estado contra, al parecer, una democracia, como hizo el gobierno de Aznar. 

   Como hemos dicho, si unos falsean la historia, otros colaboran intentando privar a los españoles de su pasado con la consigna de mirar al futuro. El resultado es la situación que vemos de España en el “fin de su historia”, como estuvo cerca de serlo durante la república, y que en este caso puede llegar a ser real, si no hay una reacción en contra. Como puede apreciarse, los prejuicios y los intereses son muy potentes, y la lucha contra ellos es ardua, pero por eso mismo tanto más necesaria, y a la que convocamos a todos nuestros oyentes. Este programa debe continuar y debe expandirse y llegar a cientos de miles de personas y especialmente a la universidad. Y esto depende de todos ustedes, de todos los oyentes que comprendan la importancia de la historia para asegurar un futuro pacífico, culturalmente creativo y económicamente próspero. Reiteramos, por tanto, el llamamiento: Cita con la Historia no es un simple programa ilustrativo, sino que quiere ser movilizador. Es preciso que cientos o miles de nuestros oyentes con conciencia de la importancia de esta tarea, difundan el programa comentándolo y enlazándolo en las redes sociales a partir de you tube, de podcast o de www.citaconlahistoria.es. Y que contribuyan económicamente. Seguimos con la campaña de trescientos por veinte, todavía muy lejos de su objetivo:  trescientos oyentes que den en su banco la orden de ingresar 20 euros cada mes a la cuenta del programa, Tiempo de ideas siglo XXI, en el BBVA, que es la siguiente: ES09 0182 1364 33 0201543346.

  

Creado en presente y pasado | 315 Comentarios

Gibraltar como colonia pirática

   El jueves presenté en el casino de Jerez, junto con Salvador Fontenla,  Guillermo Rocafort  y el propio autor, el libro de José María Carrascal, La batalla de Gibraltar, de Editorial Actas. 

   Carrascal explica muy bien la evolución del problema desde la batalla diplomática en la ONU, ganada abrumadoramente por España  y que dio lugar al cierre de la verja, y cómo la política española fue haciéndose luego cada vez más errática hasta convertirse en abiertamente entreguista con Felipe González, aunque ya Suárez, influido por Marcelino Oreja, iba por esa vía. De hecho sería la ONU la que defendiera los intereses españoles mejor que esos deleznables gobiernos.  Explica el libro muy bien cómo la acción de Inglaterra, desde el principio de la ocupación y en pleno siglo XX, ha sido la de los hechos consumados, una especie de piratería permanente. 

   Durante el siglo XVIII, España era todavía una potencia muy respetable, capaz de infligir a la Armada británcia derrotas muy dolorosas, de recuperar Menorca, etc., e intentó repetidamente recuperar Gibraltar por la fuerza, único modo entonces posible,  bien es verdad que sin excesivo empeño. En el siglo XIX, uno de los más deprimidos de nuestra historia, como he expuesto en España contra España,quedó fuera de cuestión el ataque militar, y durante gran parte del siglo XX ocurrió otro tanto. Hubo una oportunidad durante la II Guerra Mundial, que Franco desechó juiciosamente, ya que habría metido al país en un conflicto que, en el fondo, ni nos iba ni nos venía, como había ocurrido en la  anterior guerra europea. 

   Londres, agobiada en extremo por entonces, hizo ofertas de negociar después de la guerra la devolución de la base. Pero lo que hizo,  en agradecimiento a la neutralidad española, tan enormemente beneficiosa para Inglaterra, fue sumarse al aislamiento internacional, con la URSS y USA. 

   Aislamiento que tanto daño nos causó hasta que fue derrotado  por medio de una paciente labor diplomática. Las condiciones de España para plantear abiertamente la cuestión de Gibraltar eran muy precarias, al estar considerado el régimen de Franco una anomalía en Europa occidental, lo que Londres explotaba a fondo; a pesar de ello se tomó la iniciativa, obteniendo un resonante éxito diplomático, debida especialmente al empeño de Castiella, uno de los mejores ministros de Asuntos Exteriores. Los ingleses declararon, casi textualmente, que se pasaban por la entrepierna la resolución de la ONU, lo que ayudó a legitimar la postura española. La consecuencia fue el cierre de la verja, acompañada de una industrialización del Campo de Gibraltar, fracasada en parte por crisis posteriores, pero que dejó, entre otras cosas, el puerto de Algeciras convertido en uno de los más importantes de Europa. 

   El peñón se convirtió en una carga cada vez más onerosa para Inglaterra, la cual resistía con la esperanza de que antes o después los gobiernos españoles volviesen a facilitar sus intereses, como tantas veces en el pasado. Y así ha sido, Gibraltar  ha pasado de ruina para sus colonizadores  a negocio espectacular, que  absorbe energías y capitales del entorno, sometiéndolo a una verdadera colonización (la colonia colonizadora), y  le permite comprar voluntades y crear en torno una amplia red de corrupción.Hace poco, en el otro blog, un comentarista mejicano expuso la situación con la máxima claridad.

   Vino a decir:  “Ustedes  debe ponerse en la mente de los ingleses: si ellos tienen una colonia en su territorio y les explotan y ofenden constantemente, mientras que ustedes multiplican los ofrecimientos de amistad y alianza, es imposible que les respeten. Están ustedes en la posición del perro cuyo amo le da patadas, pero que responde al maltrato meneando la cola con expresión anhelante”. Creo que no se podría  definir mejor.

   La política inglesa solo se explica por el profundo desprecio que sienten hacia unos políticos españoles a quienes consideran bananeros y corruptos. Y no sin razones, al menos hasta ahora y con la excepción del período franquista. En definitiva, y fundamentalmente, se trata de un problema de voluntad: los ingleses tienen la firme voluntad de permanecer en Gibraltar, y los gobiernos españoles no tienen la menor voluntad  real de impedirlo. Su política es la del perro. 

   Peor aún: están empeñados en disolver España en la UE, entregar “grandes toneladas de soberanía”. Entonces, ¿con qué argumento pueden exigir la devolución de Gibraltar u oponerse a la secesión de cualquier región –hacia cuyos separatistas han seguido la misma política del perro, desde la Transición-? 

   La casta política es el mayor problema y la mayor amenaza para la misma continuidad de España, y algún día habrá que exigirle sus responsabilidades. Lo más asombroso de esta pugna entre una voluntad recia y una voluntad perruna, es que, contra lo que han dado en creer muchos, España tiene todas las de ganar. Gibraltar depende de España, no España de Gibraltar. Depende en todos los aspectos, hasta en el agua. 

   Y las posibilidades de presión son casi infinitas. Pero los perros no entienden de ello.  

 (19-II-2013)

Creado en presente y pasado | 167 Comentarios