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(Anterior: 9 de octubre)
PATRICIO.- Luego, ¿no tiene sentido nada de lo que estamos diciendo aquí?
FABRICIO.- Por supuesto que no tiene sentido, Patricio. Producimos pensamientos porque, por la dinámica ciega de los átomos, estamos hechos para producirlos, nada más, tal como un gato suelta mucho pelo o marca el territorio con orina. Cuando pensamos y discutimos no estamos haciendo más que expresar lo que los átomos han puesto en nosotros, cada cual a su manera, porque los átomos, al tiempo que han decidido que tengamos el aspecto y densidad que tenemos, también han resuelto hacernos un poco diferentes, de ahí que haya tantos pensamientos distintos y contradictorios, pero eso no ocurre para nada en particular, con un sentido cualquiera, simplemente es así.
SIMPLICIO .- Entonces, ¿será imposible que nos entendamos?
FABRICIO.- Hasta cierto punto, porque en la disposición de nuestros átomos en el cerebro incluye algunas posibilidades de variación de las opiniones, pongamos por caso, pero de modo limitado, por lo que muestra la experiencia. Tú mismo puedes ver que en la sociedad hay las opiniones más dispares sobre cualquier asunto, y persisten, por muchos argumentos y datos que ofrezcan unos y otros.
MAURICIO.- Sea como fuere, yo diría que el factor clave en cuanto a la decisión de los átomos de conformarnos, si se la puede llamar decisión, vamos, es un modo de hablar, es simplemente la temperatura. Y ello se demuestra con un sencillo experimento mental: elevamos en cien grados la temperatura ambiente en Porriño y ¿qué tenemos? Todo lleno de cadáveres que pronto entrarán en descomposición, y las plantas agostadas o posiblemente presas del fuego: los átomos empiezan a dispersarse en lugar de mantener nuestra constitución. Sigues elevando la temperatura hasta tres mil grados, por ejemplo, y no solo la vida se desintegra totalmente y sus átomos se funden con el resto, sino que la mayor parte de los constituyentes materiales se funden y se mezclan, pierden su figura y su constitución sólida, figúrate el suelo y las montañas fundiéndose y mezclándose en una densa sopa… Yendo más allá, alcanzaremos un punto en que los átomos de los distintos elementos inicien el camino inverso al que los creó en las estrellas, vamos, digo yo, y aun con mayor temperatura, acercándonos a la de la Gran Explosión, los átomos serían incapaces de retener sus componentes, dispersándose en protones, electrones, neutrones y lo que sea…
APARICIO.- ¡Coño! ¿De dónde has sacado esas cosas, Mauricio?
MAURICIO .- Me las contaba el que hacía de bibliotecario en el talego.
PATRICIO.- ¿Aquel borrachuzo?
MAURICIO.- Sí, nos hicimos amigos. Era un tipo listo. Nadie consiguió saber de dónde sacaba el aguardiente…
FELICIO.- De lo que nos cuentas se deduce que nuestros átomos solo nos producen y producen los cuerpos diferenciados en un pequeño abanico de temperatura. Para las rocas y los metales, bastan unos miles de grados, cuando en el cosmos se pueden alcanzar millones. Y para la vida humana, apenas un centenar. Así que, según sea la temperatura, los átomos se comportan de un modo u otro, como sugería Fabricio. Todo depende de la temperatura, parece ser.
SALICIO.- Pero esas temperaturas no se alcanzan así como así…
FABRICIO.- ¿Seréis asnos? ¡La temperatura!¡Elevamos en cien grados…! El de la biblioteca no tenía ni idea. ¿Y de dónde viene ese aumento de temperatura, pobres charlatanes? La cuestión no es la temperatura, sino la gravedad. Cuanto más masa, más gravedad, lo que produce más temperatura, hasta que los átomos se descomponen, y juntada toda la masa del universo, toda la masa y la energía colapsan tan absolutamente sobre sí mismas que se reducen a la nada. ¿Qué, os gusta eso?
FELICIO.- A mí me da escalofríos. Pero dime, sabihondo, ¿todo lo que existe estaba contenido en aquel punto, en aquella nada que dices, cual el roble en la bellota?
APARICIO.- Pues así debe de ser, porque si no, tendríamos que admitir que lo que existe, el mundo que vemos, Porriño mismo, se ha formado por su cuenta y se crea a cada paso… Pero tiene que proceder de algo, así que todo estaba contenido en el punto de nada ese, antes de que estallase en el Pim Pam o como le llamen. Asombroso que, sin tener casi ni idea de estas cosas, lleguemos a tales conclusiones. Se ve que somos inteligentes de carallo. Eso reconforta.
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FELICIO.- No es el Pim Pam, ignaro camarada Aparicio, es el Big Bang o Gran Explosión. Si me lo permitís, sugiero un nuevo nombre, breve y expresivo, un poco técnico y un poco misterioso como, por ejemplo la Grex: Gran Explosión o Gran Expansión. ¿Qué os parece?
MAURICIO.- Magnífico, ¡oh Felicio!, como toda innovación procedente de tu excelso cráneo. Ahora debemos buscar una palabra para el momento inmediatamente anterior a la Grex, al comienzo de todo.
FELICIO.- No existe un momento anterior a la Grex, excelente Patricio. El tiempo y el espacio empiezan justamente con ella, no hay nada antes.
MAURICIO- No digo anterior en un sentido temporal, buen hombre, sino en un sentido lógico. La Grex exige lógicamente una situación anterior. Propongo llamarle la Graná, es decir, la Gran Nada.
APARICIO.- Los granadinos podrían cabrearse.
FABRICIO.- ¿Y qué os parece el Porig? El Punto Original.
APARICIO.- Mejor el Pori, Punto de Origen.
PATRICIO.- Hoy estamos muy creativos. ¿Y qué tal la Nacre? La Nada Creadora.
FABRICIO.- Venga, a votar… Por mayoría de cuatro a tres, la Nacre.
SALICIO.- Esto me recuerda a las mitologías, muchachos. Según la Biblia, al principio no había nada, el Logos o voluntad de Dios fue creando todo lo que hay. Según la mitología griega era el Caos. Según la nórtica era una especie de nada helada, aunque limitada por el reino de los muertos y no sé qué más, aunque eso es una contradicción…. Más no sé.
MAURICIO- Con eso basta y sobra. Todas quieren decir que lo que había antes del mundo es ininteligible para nosotros, puesto que todo lo que percibimos y sobre lo que podemos pensar es lo ya existente. Yo aceptaría la Nacre, porque es ininteligible, vamos una estupidez, una contradicción: la Nada Creadora. La nada no puede crear nada. Pero ¿y si le damos el sentido de “Nada Creacional”, es decir, algo que es nada, pero sobre lo que puede operar otra fuerza o poder para provocar la Grex y luego el mundo del siglo XXI?
FABRICIO.- Permitidme unas objeciones. Llegamos a la Nacre a partir de la gravedad, que tiende a concentrar toda la masa del cosmos, la cual se disuelve en sí misma, por así decir. Eso es muy satisfactorio, pues ya veis que reduce a un principio único y simple el origen del cosmos: la gravedad será una fuerza muy débil comparada con las otras tres, pero a escala cósmica resulta tan increíblemente fuerte que llega a destruir a las demás fuerzas, desintegrando los átomos y las otras partículas hasta reducirlas a un punto sin espacio ni tiempo. Sin embargo, ¿por qué de pronto la gravedad deja de mantener estable la Nacre para dar lugar a la Gran Explosión, digo a la Grex? Eso exige pensar en una fuerza contraria a la gravedad, una fuerza expansiva, aunque tengo entendido que la física no la contempla. Por decirlo de otro modo: no basta aquel principio tan único y tan satisfactorio, la gravedad. La Grex exige otro principio para producirse.
SIMPLICIO.- Mira, ahí te doy la razón.
MAURICIO.- Además fijaos en esto, camaradas: se descubrió que el universo infinito y eterno era imposible, precisamente por la gravedad. No es como un reloj que quizá precise un relojero, pero que está ahí, majestuoso y ordenado, con los astros repitiendo sin fin sus evoluciones, inexorables y armoniosas. Al contrario, no solo hay choques y catástrofes cósmicas, sino que las galaxias se van alejando unas de otras y de nosotros mismos, como si la Grex siguiera en plena función. Y las más lejanas se alejan a mayor velocidad. ¿No es esto curioso?
SALICIO.- ¿Qué de curioso le encuentras? A mí me parece de lo más natural.
MAURICIO.- Vamos a ver: la luz tarda más en llegar a nosotros conforme viene de focos más lejanos. La Grex dicen que pudo ocurrir hace unos doce mil millones de años. Pues bien, conforme atisbamos más lejos, conforme nos llega la luz más lejana, más se acerca nuestra percepción al origen de la Grex, de modo que si llegamos a captar la luz de hace doce mil millones de años estaremos viendo el comienzo de la Grex misma, como quien dice. Pero en lugar de verla en un punto, la percibiríamos como una inmensa circunferencia, la circunferencia máxima del universo.
PATRICIO.- Todo esto me marea un poco y me da sed, ¡arriba la bota! Además, ¿qué coño nos importa? ¿En qué puede afectarnos?
