Blog I: ¿Pederastas los lectores de “El País”? / Lobos de Rusia / Vigo, ciudad sin ley.http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado
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Como indiqué, un enfoque falso o distorsionado perturba la comprensión de todo lo tratado, y esto se manifiesta claramente en los detalles de la crítica de Cervera Gil. Así, afirma que lo que hago en Franco, un balance histórico (ya está descatalogado, pero creo que puede encontrarse todavía Franco para antifranquistas, que viene a reproducirlo de otra forma), no es un trabajo riguroso, sino una “provocación. Porque, dice, “provocar es reducir la serie de bombardeos durante la lucha de Vizcaya a exclusivamente el de Guernica, en el que, según él “sólo” hubo 126 muertos (…) Según él, solo fueron responsables los alemanes y los italianos. Parece que para Moa el líder indiscutible de la España nacional no pintaba nada en la campaña del Norte. ¿Alguien lo cree?”. Solo hubo otro bombardeo parecido, incluso con más víctimas, el de Durango. Mi texto decía: “Durante la lucha por Vizcaya se produjo el bombardeno de Guernica, que entró en las grandes leyendas del siglo XX. Según hoy sabemos, produjo un máximo de 126 muertos y no los 1.600 y hasta 3.000 que se han venido dando y fue realizado sin órdenes de Franco”. Así, el “solo” de los 126 muertos lo pone él, achacándomelo con muy pocos escrúpulos, para atribuirse una altura moral tan vanidosa como gratuita. Y, según el definitivo estudio de Jesús Salas, el bombardeo se hizo sin permiso de Franco, que había dado y repitió después la orden de no atacar objetivos civiles. Si el señor Cervera sabe otra cosa, que lo diga, pero ese “¿alguien lo cree?” solo revela su ignorancia. Estos y otros datos relevantes los he citado en varias ocasiones, pero el señor Cervera, que dice “conocerme”, parece no haberlos leído, y tampoco el estudio de Salas. Y ni se plantea el problema historiográfico real: por qué aquel bombardeo y no el de Durango fue, junto con la inexistente matanza de la plaza de toros de Badajoz, una estrella internacional de la propaganda antifranquista. Pues también lo he aclarado. Solo tiene que molestarse en leerlo.
Sigue: Afirmar que, para concluir la guerra civil, “Franco no admitió otra salida que la rendición incondicional” es media-verdad. Esto lo hizo, pero después de faltar a su palabra dada al coronel Casado mediante un conocido documento (que el autor olvida) llamado “Concesiones del Generalísimo” fechado el 5 de febrero de 1939, cuyo título es explícito de las buenas intenciones expresadas por Franco pero, eso sí, olvidadas mes y medio después en las negociacionesde Gamonal (Burgos), donde el general gallego faltó a su palabra. No solo “olvido” ese documento, sino miles de ellos más, ya que el libro es de síntesis, un ejercico este que suele echarse de menos en la historiografía española, que tan fácilmente se pierde entre los árboles sin percibir el bosque. Y el documento no desmiente el hecho clave y decisivo de que Franco impuso la rendición incondicional. ¿Porque se cansó de las dilaciones de Casado y demás, como en el caso de Santoña? El dato en todo caso es irrelevante y no merece ser citado en una obra de síntesis. Y Franco tuvo la ocasión de aplastar por completo lo que quedaba de la zona roja, pero prefirió esperar, y no la ocupó a marchas forzadas, sino dando tiempo a sus enemigos a huir. Que huyeron… solo los jefes. A seguidores y sicarios los dejaron abandonados a su suerte.
Más: Olvida Moa que los historiadores no analizamos lo que “podría haber pasado si…” No es hacer Historia pretender juzgarla represión del franquismo, que fue real, en función de que “de haber ganado ellos [los republicanos] la contienda, (…) [la represión] no diferiría mucho, con toda probabilidad…” (pág. 91), o afirmar que la represión del Franquismo fue menor en la inmediata posguerra “con toda probabilidad, que la que hubieran aplicado sus adversarios de haber ganado” (p. 96) ¿Es que el señor Moa tiene una bola de cristal?
Por supuesto que los historiadores hacemos comparaciones y calculamos o especulamos sobre posibilidades. Claro que una cosa es hacerlo gratuitamente y otra con algún fundamento. Si digo “con toda probabilidad”, sin darlo por completamente cierto, es por algo. La brutal represión del Frente Popular durante la guerra, que se aplicaron también los distintos partidos entre sí, autoriza perfectamente a prever lo que habría ocurrido de haber triunfado. Y lo que sucedió al terminar la guerra mundial, no solo en las zonas “liberadas” por los comunistas, sino en Francia, Italia y otros lugares, refuerza esa impresión, muy razonable, aunque a Cervera le parezca mirar por una bola de cristal. Es evidente que él se considera historiador. Ya que escribe de historia, lo es, pero ¿buen o mal historiador? Esto no parece contar para él y para muchos: les basta el título que ellos mismos se otorgan.
Nuestro historiador, bueno o malo, pasa enseguida a la ética : Roza la inmoralidad pretender disculpar la represión, la página más negra del Franquismo posiblemente, porque –según Moa- hay que “analizarla en su contexto histórico, más bien que ponerla en contraste con exigencias de perfección ética”. Sencillamente impresentable. La Historia analiza la acción humana en sociedad y evidentemente no puede prescindir del análisis del comportamiento de las personas sin olvidar el conjunto de normas morales que rigen la conducta humana, que no otra cosa es la ética. No es admisible, para atenuar el excesode la represión franquista en los años siguientes a 1939, presentar que la realizada por el nazismo o el estalinismo fue superior (pp. 94-95). Es un argumento mezquino y, como tal, inaceptable. Ahora va a resultar que Franco no es tan maloporque “sólo mató” a quienes mató; ahora va a resultar que el juicio moral de algo como la represión se mide en función del número de muertos que tal represión logró alcanzar. Es más, en el colmo de la insensatez, el autor insinúa (p. 95) como justificación, que, al fin y al cabo, tan sólo se siguió el ejemplo de la represión de la República francesa tras la Comuna de París: “aquella represión salvaje había salvado Francia y garantizado la paz social para largos años”… Parece pretender el autor que el lector piense que al fi nal lo que hizo el Franquismo al poner en práctica esa represión fue tan positivo como lo que logró aquella república francesa. Sencillamente es una justificación deleznable”.
Lo que yo hago no es disculpar, sino explicar la represión, algo mucho más difícil que juzgarla con simplismos moralizantes. Y para explicarla son necesarias dos cosas: situarla en su contexto, por mucho que horrorice al ético historiador, y compararla con otras situaciones semejantes. Que no son solo el nazismo y el stalinismo, pues como señalé antes, una represión total o comparativamente mucho peor y sin legalismo alguno –al revés que la franquista– se dio en Francia, Italia o Alemania. Por cierto, en la época de mayor represión la Iglesia gozaba de los máximos favores del régimen. ¿Qué le parece el dato al nuestró ético-cristiano? ¿Llamaría “deleznable”, “mezquina” “insensata”, etc., a la Iglesia nuestro estricto juez moral? El señor Cervera parece considerarse una cima de la perfección ética, ya que tan acremente juzga al franquismo y a mí mismo. Pero si ya antes me achacaba –una pequeña insidia—lo de “sólo 126 muertos”, ahora sigue con sus pequeñas calumnias acusándome de “disculpar” o de “justificar” la represión. Y tampoco queda uno muy convencido de que sea buen historiador, ya que ignora la necesidad de situar los hechos en su contexto y compararlos.
Insiste: “Cuando (Moa) se refiere a las depuraciones de funcionarios (p. 96) no proporciona una explicación histórica. Simplemente concluye que en el Franquismo no fueron tan malas porque –según éllas de la República fueron peores o las políticas represivas que en otros lugares se aplicaron en esos años treinta fueron más duras. Es decir, como otros detuvieron y encerraron más, tuvieron más cárceles o campos de concentración o estos fueron más insalubres o simplemente mataron más gente (si es que todo esto fue realmente como el señor Moa dice, claro), el régimen de Franco no fue tan malo.
Todos los regímenes nuevos depuran a los funcionarios, pues no quieren tener enemigos en el seno del estado. ¿Le asombra? Y depuración no es lo mismo que represión, como él confunde. En cuanto a la represión, está claro: Franco no fue tan malo como otros muchos políticos de la época. Se le acusa de cruel, pero lo fue mucho menos que Churchill, Roosevelt o Truman, no hablemos ya de Stalin o Hitler. ¿Le sorprende a nuestro ético historiador? Pues así fue, exactamente.
“También Pío Moa trata de “salvar” el carácter dictatorial del Franquismo. Para el autor no es tan censurable porque “la realidad –según Moa- demostró que no había alternativa a él.” Esto lo fundamenta en que sus oponentes “eran en realidad mucho más totalitarios que él”. (p. 188) De nuevo una falsedad o, como poco, una afi rmación gratuita. Porque lo que sí sabemos es que Franco fue autoritario; y del exilio conocemos que los que se tuvieron por sus herederos en 1975 no se han mostrado como totalitarios.
De nuevo las pequeñas insidias. Yo no “salvo” nada, sino que explico con datos y argumentos que nuestro ético no refuta en ningún momento. Que los antifranquistas eran totalitarios, golpistas y racistas lo ve cualquiera con solo repasar los componentes del Frente Popular. El señor Cervera no parece haber hecho siquiera este pequeño y elemental examen. Lo del exilio y el 75 suena a broma, no sé si involuntaria. Los exiliados eran, en general, los más irreductibles del Frente Popular, y los que en 1975 se identificaban con ellos –un tanto gratuitamente, como ocurre con cierta éticas– eran demasiado débiles para imponerse: tuvieron que aceptar una democracia que venía del franquismo, no de ellos ni de ningún señor Cervera. Y aún así, no han cesado de torpedear esa democracia.
Con la misma alegría ética, nuestro historiador me atribuye “obsesión por la República”: Moa no escatima esfuerzos al intentar descalificar lo republicano, y en especial los dirigentes republicanos o quienes en el mundo apoyaban la República (pp. 98 a 100 son muy signifi cativas a este respecto). Parece como si olvidara que el motivo por el que ha convocado a los lectores ante su libro es hablar de Franco y su régimen. Y también cuando escribe –en exceso- sobre la República se despacha con descalifi caciones sin apoyo argumental alguno. Por ejemplo, ha decidido que el presidente mexicano Cárdenas era “conocido por su corrupción”. Hubiera sido conveniente que justificara tal afirmación, cosa que no hace.
Como es habitual, Cervera confunde la república con el Frente Popular. Y por supuesto, al hablar de Franco hay que hablar de la república y del Frente Popular , no es ninguna obsesión, sino una exigencia elementalísima. ¿Es que no ha leído a Azaña, a Marañón, a tantos más, para hacerse una idea de lo que fue la república? Y quienes en el mundo apoyaron al Frente Popular fueron sobre todo Stalin y Cárdenas. ¿Ignora Cervera lo que era el PRI mejicano? ¿Tiene alguna idea de los chanchullos de Prieto y Cárdenas sobre el tesoro del Vita? Solo puedo recomendarle que lea atentamente Los mitos de la Guerra Civil, y saldrá, espero, de su ignorancia sobre unos cuantos extremos bien conocidos, aunque no por él.
Y sigue: No dejan de salir otros fantasmas particulares del señor Moa, ya presentes en algunos de sus otros libros como la idea de que “la lucha fraticida, [fue] provocada por las izquierdas” (p. 113). Esta afirmación, así realizada, es insostenible.
De nuevo, nuestro historiador no sabe de qué habla. No se trata de ningún fantasma, lo he demostrado y documentado concienzudamente en Los orígenes de la guerra civil y otros libros. Pruebe Cervera a demostrar otra cosa.
Y en su obsesión por presentar a Franco casi como el gran estadista, llega a cosas tan absurdas como insinuar una simpatía de Churchill con el comunismo o con Stalin (p. 130-131) lo cual significa no entender nada de la política de los aliados europeos durante la segunda mitad de la Segunda Guerra Mundial
Lo de la “obsesión” y la “simpatía” de Churchill lo pone él con esa euforia no sé si ética o historiográfica que le caracteriza, atribuyéndome una simpleza que es toda suya. Nuevamente le recomiendo mi libro Años de hierro, a ver si sale algo de esa mezcla de barullo mental e ignorancia que ostenta con tanta desinhibición.
Y La desfachatez llega incluso a la forma de escribir. Moa se refiere a los EstadosUnidos de América como “Usa”. Esto es una incorrección inaceptable en un libroserio. ¿Qué sentido tiene emplear ese acrónimo que es inglés? ¿Qué tendrá que ver la “desfachatez”? http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/conveniencia-de-un-rebautismo-2226/
A estas alturas, escribir que el Franquismo sufrió un “boicot internacional” (p.139) simplemente no se sostiene
Bien, aquí lo dejo porque el resto es por el estilo. Tal exhibición de simpleza, ignorancia y petulancia “ética” cansa e indigna a cualquiera, y máxime en un medio académico que quiere pasar por serio. Y hay algo de ruindad poco ética en un cristiano cuando trata con tal injusticia y aversión a quien salvó a la Iglesia del exterminio. ¿Por qué empleo algo de tiempo, que parece ser perderlo, en esta “crítica”? Porque, por mentira que parezca, en el degradado medio intelectual tienen éxito semejantes tiradas. Espero que en estos años el señor Cervera haya cambiado de estilo y de tendencia.
