Una ética algo ruin

Blog I: ¿Pederastas los lectores de “El País”? / Lobos de Rusia / Vigo, ciudad sin ley.http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado  

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Como indiqué, un enfoque falso o distorsionado perturba la comprensión de todo lo tratado, y esto se manifiesta claramente en los detalles de la crítica de Cervera Gil.  Así, afirma que lo que hago en Franco, un balance histórico  (ya está descatalogado, pero creo que puede encontrarse todavía Franco para antifranquistas, que viene a reproducirlo de otra forma), no es un trabajo riguroso, sino una “provocación.  Porque, dice, “provocar es reducir la serie de bombardeos durante la lucha de Vizcaya a exclusivamente el de Guernica, en el que, según él “sólo” hubo 126 muertos (…) Según él, solo fueron responsables los alemanes y los italianos.  Parece que para Moa el líder indiscutible de la España nacional no pintaba nada en la campaña del Norte. ¿Alguien lo cree?”.  Solo  hubo otro bombardeo parecido, incluso con más víctimas, el de Durango. Mi texto decía: “Durante la lucha por Vizcaya se produjo el bombardeno de Guernica, que entró en las grandes leyendas del siglo XX. Según hoy sabemos, produjo un máximo de 126 muertos y no los 1.600 y hasta 3.000 que se han venido dando y fue realizado sin órdenes de Franco”.  Así, el “solo” de los 126 muertos lo pone  él, achacándomelo con muy pocos escrúpulos, para atribuirse una altura moral tan vanidosa como gratuita.  Y, según el definitivo estudio de  Jesús Salas, el bombardeo se hizo sin permiso de Franco, que había dado y repitió después la orden de no atacar objetivos civiles. Si el señor Cervera sabe otra cosa, que lo diga, pero ese “¿alguien lo cree?” solo revela su ignorancia. Estos y otros datos relevantes los he citado en varias ocasiones, pero el señor Cervera, que dice “conocerme”, parece  no haberlos leído, y tampoco el estudio de Salas.  Y ni se plantea el problema historiográfico real: por qué aquel bombardeo y no el de Durango fue, junto con la inexistente matanza de la plaza de toros de Badajoz,  una estrella internacional de la propaganda  antifranquista.  Pues también lo he aclarado. Solo tiene que molestarse en leerlo.

Sigue: Afirmar que, para concluir la guerra civil, “Franco no admitió otra salida que la rendición incondicional” es media-verdad. Esto lo hizo, pero después de faltar a su palabra dada al coronel Casado mediante un conocido documento (que el autor olvida) llamado “Concesiones del Generalísimo” fechado el 5 de febrero de 1939, cuyo título es explícito de las buenas intenciones expresadas por Franco pero, eso sí, olvidadas mes y medio después en las negociacionesde Gamonal (Burgos), donde el general gallego faltó a su palabra. No solo “olvido” ese documento, sino miles de ellos más, ya que el libro es de síntesis, un ejercico este que suele echarse de menos en la historiografía española, que tan fácilmente se pierde entre los árboles sin percibir el bosque. Y el documento no desmiente el hecho clave y decisivo de que Franco impuso la rendición incondicional. ¿Porque se cansó de las dilaciones de Casado y demás, como en el caso de Santoña? El dato en todo caso es irrelevante y no merece ser citado en una obra de síntesis. Y Franco tuvo la ocasión de aplastar por completo  lo que quedaba de la zona roja, pero prefirió esperar, y no la ocupó a marchas forzadas, sino dando tiempo a sus enemigos a huir. Que huyeron… solo los jefes. A seguidores y  sicarios los dejaron abandonados a su suerte.

Más: Olvida Moa que los historiadores no analizamos lo que “podría haber pasado si…” No es hacer Historia pretender juzgarla represión del franquismo, que fue real, en función de que “de haber ganado ellos [los republicanos] la contienda, (…) [la represión] no diferiría mucho, con toda probabilidad…” (pág. 91), o afirmar que la represión del Franquismo fue menor en la inmediata posguerra “con toda probabilidad, que la que hubieran aplicado sus adversarios de haber ganado” (p. 96) ¿Es que el señor Moa tiene una bola de cristal?

Por supuesto que los historiadores hacemos comparaciones y calculamos o especulamos sobre posibilidades. Claro que una cosa es hacerlo gratuitamente y otra con algún fundamento.  Si digo “con toda probabilidad”, sin darlo por completamente cierto, es por algo. La brutal represión del Frente Popular durante la guerra, que se aplicaron también los distintos partidos entre sí, autoriza perfectamente a prever lo que habría ocurrido de haber triunfado. Y lo que sucedió al terminar la guerra mundial, no solo en las zonas “liberadas” por los comunistas, sino en Francia, Italia y otros lugares, refuerza esa impresión, muy razonable, aunque a Cervera le parezca mirar por una bola de cristal. Es evidente que él se considera historiador. Ya que escribe de historia, lo es, pero ¿buen o mal historiador? Esto no parece contar para él y para muchos: les basta el título que ellos mismos se otorgan.

Nuestro historiador, bueno o malo, pasa enseguida a la ética : Roza la inmoralidad pretender disculpar la represión, la página más negra del Franquismo posiblemente, porque –según Moa- hay que “analizarla en su contexto histórico, más bien que ponerla en contraste con exigencias de perfección ética”.  Sencillamente impresentable. La Historia analiza la acción humana en sociedad y evidentemente no puede prescindir del análisis del comportamiento de las personas sin olvidar el conjunto de normas morales que rigen la conducta humana, que no otra cosa es la ética. No es admisible, para atenuar el excesode la represión franquista en los años siguientes a 1939, presentar que la realizada por el nazismo o el estalinismo fue superior (pp. 94-95). Es un argumento mezquino y, como tal, inaceptable. Ahora va a resultar que Franco no es tan maloporque “sólo mató” a quienes mató; ahora va a resultar que el juicio moral de algo como la represión se mide en función del número de muertos que tal represión logró alcanzar. Es más, en el colmo de la insensatez, el autor insinúa (p. 95) como justificación, que, al fin y al cabo, tan sólo se siguió el ejemplo de la represión de la República francesa tras la Comuna de París: “aquella represión salvaje había salvado Francia y garantizado la paz social para largos años”… Parece pretender el autor que el lector piense que al fi nal lo que hizo el Franquismo al poner en práctica esa represión fue tan positivo como lo que logró aquella república francesa. Sencillamente es una justificación deleznable”.

Lo que yo hago no es disculpar,  sino explicar la represión, algo mucho más difícil que juzgarla con simplismos moralizantes. Y  para explicarla son necesarias dos cosas: situarla en su contexto, por mucho que horrorice al ético historiador,  y compararla con otras situaciones semejantes. Que no son solo el nazismo y el stalinismo, pues como señalé antes,  una represión total o comparativamente mucho peor y sin legalismo alguno –al revés que la franquista– se dio en Francia, Italia o Alemania. Por cierto, en la época de mayor represión la Iglesia gozaba de los máximos favores del régimen. ¿Qué le parece el dato al nuestró ético-cristiano? ¿Llamaría “deleznable”, “mezquina”  “insensata”, etc., a la Iglesia nuestro estricto juez moral? El señor Cervera parece considerarse una cima de la perfección ética,  ya que tan acremente juzga al franquismo y a mí mismo. Pero si ya antes me  achacaba –una pequeña insidia—lo de “sólo 126 muertos”, ahora sigue con sus pequeñas calumnias acusándome de “disculpar”  o de “justificar” la represión. Y tampoco queda uno muy convencido de que sea buen historiador, ya que ignora la necesidad de situar los hechos en su contexto y compararlos.

Insiste: “Cuando (Moa)  se refiere a las depuraciones de funcionarios (p. 96) no proporciona una explicación histórica. Simplemente concluye que en el Franquismo no fueron tan malas porque –según éllas de la República fueron peores o las políticas represivas que en otros lugares se aplicaron en esos años treinta fueron más duras. Es decir, como otros detuvieron y encerraron más, tuvieron más cárceles o campos de concentración o estos fueron más insalubres o simplemente mataron más gente (si es que todo esto fue realmente como el señor Moa dice, claro), el régimen de Franco no fue tan malo.

Todos los regímenes nuevos depuran a los funcionarios, pues no quieren tener enemigos en el seno del estado. ¿Le asombra? Y depuración no es lo mismo que represión, como él confunde.  En cuanto a la represión, está claro: Franco no fue tan malo como otros muchos políticos de la época. Se le acusa de cruel, pero lo fue mucho menos que Churchill,  Roosevelt o Truman, no hablemos ya de Stalin o Hitler. ¿Le sorprende a nuestro ético historiador? Pues así fue, exactamente.

También Pío Moa trata de “salvar” el carácter dictatorial del Franquismo. Para el autor no es tan censurable porque “la realidad –según Moa- demostró que no había alternativa a él.” Esto lo fundamenta en que sus oponentes “eran en realidad mucho más totalitarios que él”. (p. 188) De nuevo una falsedad o, como poco, una afi rmación gratuita. Porque lo que sí sabemos es que Franco fue autoritario; y del exilio conocemos que los que se tuvieron por sus herederos en 1975 no se han mostrado como totalitarios.

De nuevo las pequeñas insidias. Yo no “salvo” nada, sino que explico con datos y argumentos que nuestro ético no refuta en ningún momento. Que los antifranquistas eran totalitarios, golpistas y racistas lo ve cualquiera con solo repasar los componentes del Frente Popular. El señor Cervera no parece haber hecho siquiera este pequeño y elemental examen.  Lo del exilio y el 75 suena a broma, no sé si involuntaria. Los exiliados eran, en general, los más irreductibles del Frente Popular,  y los que en 1975 se identificaban con ellos –un tanto gratuitamente, como ocurre con cierta éticas–  eran demasiado débiles para imponerse:  tuvieron que aceptar una democracia que venía del franquismo, no de ellos ni de ningún señor Cervera.  Y aún así, no han cesado de torpedear esa democracia.

Con la misma alegría ética,  nuestro historiador me atribuye “obsesión por la República”: Moa no escatima esfuerzos al intentar descalificar lo republicano, y  en especial los dirigentes republicanos o quienes en el mundo apoyaban la República (pp. 98 a 100 son muy signifi cativas a este respecto). Parece como si olvidara que el motivo por el que ha convocado a los lectores ante su libro es hablar de Franco y su régimen. Y también cuando escribe –en exceso- sobre la República se despacha con descalifi caciones sin apoyo argumental alguno. Por ejemplo, ha decidido que el presidente mexicano Cárdenas era “conocido por su corrupción”. Hubiera sido conveniente que justificara tal afirmación, cosa que no hace.

Como es habitual, Cervera confunde la república con el Frente Popular. Y por supuesto, al hablar de Franco hay que hablar de la república y del Frente Popular , no es ninguna obsesión, sino una exigencia elementalísima. ¿Es que no ha leído a Azaña, a Marañón, a tantos más, para hacerse una idea de lo que fue la república?  Y quienes en el mundo apoyaron al Frente Popular fueron sobre todo Stalin y Cárdenas. ¿Ignora Cervera lo que era el PRI mejicano? ¿Tiene alguna idea de los chanchullos de Prieto y Cárdenas sobre el tesoro del Vita?  Solo puedo recomendarle que lea atentamente Los mitos de la Guerra Civil, y saldrá, espero, de su ignorancia sobre unos cuantos extremos bien conocidos, aunque no por él.

Y sigue:  No dejan de salir otros fantasmas particulares del señor Moa, ya presentes en algunos de sus otros libros como la idea de que “la lucha fraticida, [fue] provocada por las izquierdas” (p. 113). Esta afirmación, así realizada, es insostenible.

De nuevo, nuestro historiador no sabe de qué habla. No se trata de ningún fantasma, lo he demostrado y documentado  concienzudamente en Los orígenes de la guerra civil y otros libros. Pruebe Cervera a demostrar otra cosa.

Y en su obsesión por presentar a Franco casi como el gran estadista, llega a cosas tan absurdas como insinuar una simpatía de Churchill con el comunismo o con Stalin (p. 130-131) lo cual significa no entender nada de la política de los aliados europeos durante la segunda mitad de la Segunda Guerra Mundial

Lo de la “obsesión” y la “simpatía” de Churchill lo pone él con esa euforia  no sé si ética o historiográfica que le caracteriza, atribuyéndome una simpleza que es toda suya. Nuevamente le recomiendo mi libro Años de hierro, a ver si sale algo de esa mezcla de barullo mental e ignorancia que ostenta con tanta desinhibición.

Y La desfachatez llega incluso a la forma de escribir. Moa se refiere a los EstadosUnidos de América como “Usa”. Esto es una incorrección inaceptable en un libroserio. ¿Qué sentido tiene emplear ese acrónimo que es inglés? ¿Qué tendrá que ver la “desfachatez”? http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/conveniencia-de-un-rebautismo-2226/

  A estas alturas, escribir que el Franquismo sufrió un “boicot internacional” (p.139) simplemente no se sostiene

Bien, aquí  lo dejo porque el resto es por el estilo. Tal exhibición de simpleza,  ignorancia y petulancia “ética” cansa e indigna a cualquiera, y máxime en un medio académico que quiere pasar por serio.  Y hay algo de ruindad poco ética en un cristiano cuando trata con tal injusticia y aversión a quien salvó a la Iglesia del exterminio. ¿Por qué empleo algo de tiempo, que parece ser  perderlo,  en esta “crítica”? Porque, por mentira que parezca, en el degradado medio intelectual tienen éxito  semejantes tiradas. Espero que en estos años el señor Cervera haya cambiado de estilo y de tendencia.

 

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Cervera Gil patina / Razón española

 Blog I: ¿Por qué hubo hambre en la posguerra? / Katiusha preludiaba la fiesta: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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Un  amigo me ha remitido una crítica de Javier Cervera Gil a mi libro Franco, un balance histórico. Está en una revista de la universidad Francisco de Vitoria y data de 2006. Siento que me pasara inadvertida en su momento y voy a comentarla porque trae cuestiones de interés, tanto sobre cuestiones historiográficas como sobre el nivel de la historiografía española, no solo en la lisenkiana izquierda, sino en la derecha católico-progresista.  El señor Cervera asegura que mi libro es  “una loa irreflexiva, acrítica, que nos presenta a Franco como un salvador de la Patria o casi un héroe medieval al modo de las novelas de caballerías”.  Dice, además, que me “conoce bien” y me trata de “ridículo”,  “falto de rigor” etc.  y, para seguir el ejemplo de los lisenkianos, me excluye del gremio de los historiadores.  Yo no estoy muy seguro de que haya entendido siquiera mis libros, y por lo demás, un historiador no tiene por qué pertenecer a un gremio que, en España, no es precisamente brillante.

La crítica tiene un aspecto de enfoque general y otros de detalle. El enfoque general sería este:  “Es indudable que el Franquismo trajo cosas buenas a España. Moa enumera varias, pero olvida algo esencial para el ser humano, que forma parte de su propia dignidad: la libertad. Eso no está entre los caracteres que atribuye a la dictadura franquista… A Moa le parece la libertad irrelevante, parece ser”. Por tanto, fueran cuales fueran los logros del franquismo, pueden darse de lado ya que  el régimen impedía “la libertad” y con ello “la dignidad” humana.  Sentado este enfoque, las demás “cosas buenas” carecen de relevancia y sobra seguir por ahí.  Creo que el señor Cervera muestra con respecto a mi libro una mala fe algo farisaica, poco cristiana, aunque eso solo le atañe a él. Lo que interesa es que un historiador serio no puede hablar, simplemente, así. Desde los marxistas a los católicos progres (el propio Cervera) se ha acusado al franquismo de destruir la libertad. Pero un historiador algo riguroso debe preguntarse, en primer lugar,  qué significaba la libertad para ellos. Y la respuesta no es difícil en los dos casos: los católicos “avanzados”se han dedicado, bajo el franquismo, a  promocionar, incluso haciendo de las iglesias centros de propaganda política,  a los partidos marxistas, a los terroristas  y a los separatistas. Espero que el señor Cervera no ignore el dato, bien conocido y vivido por algunos, como es mi caso.  En cuanto a los liberales, cuya idea de la libertad es mucho más respetable, resulta que vivieron y prosperaron en su gran mayoría bajo el franquismo, con solo algunas quejas y sin resistencia digna de mención. Es decir, el régimen no tuvo una oposición democrática y la que se presentaba como tal era un verdadero amasijo de comunistas, terroristas, pacifistas utópicos, cristianos politizados, marxistas varios, personajes atrabiliarios, etc., todos juntos y con los primeros como punta de lanza de la lucha por “la libertad”.

Este hecho histórico y nada especulativo es definitorio. Los antifranquistas tan partidarios de la libertad lo quieren pasar por alto, pero un historiador con pretensiones de seriedad  simplemente no puede hacerlo. Es decir, el historiador debe explicar cómo se planteaba el problema de la libertad en una situación histórica y no a partir de una definición moralista y vacía, aplicable tanto por totalitarios como por simpatizantes de ellos.

En segundo lugar, el señor Cervera debiera preguntarse por qué los antifranquistas eran tan pocos y en cambio la gran mayoría de la población, incluyendo  personajes de relieve, intelectuales, etc., aceptaba vivir “sin libertad ni dignidad”, como lo presentan él, los marxistas y demás. Y cómo fue la Iglesia, en los años más difíciles de aquel régimen, un pilar del mismo, precisamente.  Una buena respuesta la da Julián Marías cuando constata que en el franquismo hubo, desde el principio, una gran libertad personal. Porque cuando se habla de libertad, una gran palabra utilizada en los sentidos más variados, un historiador debe especificar a qué se refiere. En el franquismo había, en efecto, una gran libertad personal, existía la propiedad privada y la economía era fundamentalmente de mercado o liberal –como explicaba Marías—y el estado mucho más pequeño y menos entrometido en la vida de las personas que el de ahora mismo. Otra cosa son las libertades políticas, aspecto importante pero no exclusivo de la libertad. Las cuales  no estaban anuladas pero sí restringidas.  Solo hay que releer la prensa de entonces para comprobarlo. No parece que el señor Cervera tenga mucho olfato ni precisión  como historiador.

El hecho, que he señalado en ese libro y en muchos más, es que las libertades políticas, la democracia en definitiva, tan bastardeada en la república y destruida por el Frente Popular, no desempeñó el menor papel en la guerra civil por ninguno de los dos bandos, mientras que el franquismo preparó, deliberadamente o no, al país para una democracia no convulsiva. ¿O cree el señor Cervera que la democracia actual se debe a él y a personas como él? Mi opinión es la contraria: la distorsión propagandística y la mala historiografía  como la de mi crítico, que intentan borrar o distorsionar las más claras evidencias de la historia real, son en gran medida culpables de que nuestra democracia sea tan deficiente  y corra hoy verdadero peligro.

Repito: en todo libro de historia puede haber errores de enfoque y errores de detalle. Los primeros son los fundamentales, porque distorsionan todo lo demás,  aunque a veces aporten datos sueltos de interés. Como vemos, el enfoque del señor Cervera no es que sea erróneo, sino que le falta el mínimo rigor exigible a un profesional de la historia. Deficiencia  que, por degracia, el señor Cervera comparte con muchos otros. Dejaré  para otro momento, por no alargarme, los errores de detalle que  mi crítico me achaca y en los que me parece que patina igualmente, cosa bastante lógica.

No sé si el señor Cervera ha evolucionado a mejor en estos seis años, muy posiblemente sí.

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    Razón Española Esta interesante revista ha sacado un número  con artículos del finado  Fernández de la Mora, González Quirós, Alejo Vidal-Quadras, Jesús Cacho  y un servidor, sobre la situación a que ha llegado España.  Ya reproduciré el mío.  Reproduzco un extracto de la crónica política firmada por  Juan Ignacio Penalba:”El recorte de plantilla en el principal periódico de España muestra la decadencia imparable de la prensa de papel ¿Debido a Internet o a la conversión de los periódicos en portavoces de partidos políticos y de los intereses de sus editores? Quien lea los periódicos encontrará a los mismos columnistas de hace 30 años (José María cCrrascal, Rosa Montero, Alfonso Ussía, Manuel Alcántra, Raúl del Pozo), informaciones redactadas por menores de 30 años (la jefa de la sección de economía de ABC, hija de uno de los columnistas, tiene 27 años; joven, barata, obediente e inculta) y la verborrea de los políticos. La familia Godó ha pasado de  loar al generalísimo Franco en las portadas de La Vanguardia a desengancharse de su pasado con la publicación de libros como El franquismo, cómplice del holocausto, escrito por el hijo del militar franquista Eduardo Martínes de Pozuelo.  (…) Martín Ferrand, otro de los columnistas eternos de la prensa española, ha reconocido: “De no ser porque los editores y los redactores somos los mismos, estaríamos asistiendo al brote de un mayor pluralismo; pero, desgraciadamente y salvo excepciones muy singulares, solo tenemos delante una mayor colección de collares para un mismo perro” (ABC, 20-X-2012)

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“España contra España”, índice / Inglaterra y España en el mar

Blog I: Cobardía intelectual /Concha Piquer: La Parrala / Sin cariño no hay vida http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/cobardia-intelectual-concha-piquer-parrala-correctivo-bretemas-20121127

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ESPAÑA CONTRA ESPAÑA. Mitos y claves de su historia

Introducción: La hispanofobia.

Primera parte:

1.      ¿A qué llamamos España?

2.      ¿Es España una nación?

3.      El “Desastre del 98 y sus consecuencias

4.      Las razones de los separatismos

5.      El regeneracionismo y España

6.      Europeísmo e internacionalismo

 Segunda parte

 1.      La democracia en España

2.      Un balance del franquismo

3.      Alcance histórico de la Guerra Civil

4.      Siglo XIX: Liberales contra liberales

5.      Tres guerras sin buen fin

6.      Un siglo bastante bueno para España: el XVIII

7.      La Ilustración en España.

Tercera parte

 1.      La realidad de la decadencia

2.      ¿Hubo en realidad in Siglo de Oro?

3.      La Leyenda Negra

4.      El esplendor cultural

5.      ¿Existió la Reconquista?

6.      ¿España musulmana?

7.      Guadalete y Covadonga

8.      La guerra del destino

 Epílogos 

España y Europa

España y la Hispanidad.

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España y el mar

Probablemente en cualquier parte del mundo en que se preguntara por el país más importante, o distinguido o destacado en la historia por su audacia e historial marítimo marítimo, casi todo el mundo coincidiría en citar a Inglaterra. Quizá algunos mencionaran a los vikingos o a los  navegantes polinesios. En la propia España predomina hoy una conciencia o sentimiento ajeno al mar, como de potencia secundaria más bien continental o apéndice del continente europeo. Lo cual es bastante verdad en el presente.   Y si se habla del pasado, el público en general pensará más bien en grandes derrotas como Trafalgar o la “invencible”, a manos precisamente de los ingleses.

Sin embargo, considerando la historia como conjunto, creo muy sostenible la primera posición de nuestro país en la historia naval del mundo, incluso son diferencia sobre los ingleses o cualesquiera otros. Vale la pena insistir en este capítulo histórico, un tanto preterido, e ignorado por el gran público. Al respecto baste considerar estos tres hechos: fueron flotas o barcos españoles los primeros en cruzar el Atlántico. Lo mismo el Pacífico. Lo mismo en dar la primera vuelta al mundo. Estas y otras muchas empresas sirvieron para descubir, conquistar y colonizar inmensas regiones, y para establecer rutas comerciales por mar entre todos los continentes. Proezas tanto más notables cuanto que se dieron en época de grandes dificultades de comunicación, con buques y tripulaciones expuestos a mil avatares. Cuando las demás potencias europeas, excepto Portugal, solo  conseguían tráficos comerciales menores, o la piratería y la trata de esclavos.

Sobre el punto primero cabe argüir que los vikingos se adelantaron en el descubrimiento de América, pero la equiparación es absurda.  Suponiendo que arribaran allí por la ruta más corta del Océano norte, nunca supieron que habían llegado a un continente, no fundaron establecimientos duraderos ni líneas de comercio.  No fue un descubrimiento propiamente dicho, no más que el de los propios aborígenes americanos cuando se extendieron por ese continente. El descubrimiento español lo fue para todos, europeos  e indígenas americanos, ya que permitió a todos situarse unos en relación con otros.

Por tanto, cuando las demás potencias europeas emprendieron a su vez sus descubrimientos, conquistas y colonizaciones, lo hicieron aprovechando los anchos caminos del mar y descubrimientos hechos por los españoles. Siempre quedará esta diferencia esencial, tan olvidada normalmente.

Además, si España sufrió derrotas a manos de los turcos y los ingleses, otras veces derrotó a ambos, es decir, fue capaz de hacerlo al mismo tiempo que descubría literalmente el resto del mundo.  Pero así como las proezas inglesas han dado lugar a una abundante historiografía y literatura de aventuras o similares, cine, etc., debe reconocerse que las españolas no han recibido ni de lejos el mismo interés o atención en su propio país. Un dato revelador de decadencia.

Porque  el auge y decadencia de España siguen también su proyección naval y pueden estudiarse a partir de esta. En el primer tercio del siglo XVII, España pierde la supremacía en el mar, primero a manos de los holandeses. En el siglo siguiente  la nación va reponiéndose y llegará a  infligir a la armada inglesa el gran desastre de Cartagena de Indias, aunque, en conjunto, es en este siglo cuando Inglaterra alcanza su supremacía en los mares. La participación española en las guerras continentales, primero al lado de Napoleón, trajo como consecuencia el desastre de Gibraltar y con ello la pérdida de la flota que aseguraba  la continuidad del imperio y de la posición de gran potencia. Esta pérdida se tradujo a su vez en la de la mayor parte del imperio, a la que siguió un siglo XIX bastante lúgubre, el de mayor declive de la historia hispana. La pérdida de Cuba, Filipinas, etc., vino también marcada también por  dos derrotas navales con efectos morales y políticos desastrosos.

No está de más considerar estos hechos, aunque hoy, evidentemente, las perspectivas han cambiado profundamente. Pero, por su posición geoestratégica, España sigue teniendo el mayor interés en el mar, y el olvido de este dato solo puede repercutir negativamente sobre el estado de la nación.

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¿Se suicidará la casta política? / ¿Existía la palabra “gilipollas”?

Blog I: Avanza el desmoronamiento de España http://www.intereconomia.com/blogs

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¿Han visto ustedes dimitir o pedir excusas a algún político  por haber patrocinado una política económica ruinosa? ¿Por prometer e insistir en que el euro nos garantizaba una prosperidad  estable y sin fin? ¿Por las chapuzas constitucionales? ¿Por  la colaboración con la ETA? ¿Por una oposición inane a la delincuencia de Zapatero? ¿Por tantas formas de corrupción?…  Todo ello define a una casta política realmente infame, para la que las palabras España o Democracia significan muy poco. Es evidente que hemos llegado al final de un ciclo histórico, comenzado con la transición, incluso, más allá, con la victoria nacional en la Guerra Civil, y la sensación que ofrece el panorama es de miseria y putrefacción.  No ha habido una reacción a tiempo y las perspectivas son más bien lúgubres.

En una reciente conferencia, Otero Novas comentó la posibilidad del suicidio de la clase política actual, que visiblemente ha  llevado al país a la ruina y la amenaza de desintegración. Tales fenómenos no son demasiado raros, y casi por nadie predichos  unos pocos meses antes de que sucedan.  En 1931, la clase monárquica se suicidó literalmente, y algo parecido hizo la clase franquista en 1976. En Italia  el bipartidismo DC-PCI parecía inamovible, y sin embargo se vino abajo casi repentinamente. El problema reside en que la sustitución puede ser igualmente desastrosa. Así, la defección de los monárquicos dio lugar a una república desastrosa,  la transición bajo Suárez  colocó verdaderas bombas de relojería contra la propia nación española y la democracia; y del hundimiento italiano surgió un personajillo como Berlusconi.

En realidad, el agotamiento de una clase o casta política es previsible. No soy el único que viene previéndolo desde hace años, y apelando a la formación de una alternativa bien preparada que  evite los berlusconis y las demagogias. Pero ha sido en vano,  se ve que la sociedad española está muy echada a perder. Se dice a menudo que la casta política refleja a esa sociedad, pero solo es verdad a medias. La casta ha desempeñado el papel activo, y ha sido ella la que ha estupidizado a gran parte de la opinión pública, más bien que  lo contrario.  

Prefiero no hablar de los que insisten en que España debía expulsar a Cataluña.  No sé si son peores que los propios separatistas. Los problemas de España no vienen de Cataluña. Vienen, fundamentalmente de los dos partidos “nacionales”, tan hispanófobos a su modo como los separatistas. Pero los dioses ciegan a quienes quieren perder. Repito el final del blog de la Gaceta: quizá ocurra lo impredecible. Porque lo predecible es siniestro.

***Sobre las elecciones hay un análisis de fondo y de tendencia, que he expuesto en el otro blog, y uno  de política inmediata. En esta, Mas ha llevado un batacazo (no así el secesionismo, al contrario). El PP ha llevado otro batacazo, pasando de la tercera posición a la cuarta, en lugar de a la segunda que le auguraban los entendidos. Para el PSOE el retroceso ha sido –desgraciadamente– menor del esperado. El “brote verde” está en Ciudadanos, único que ha planteado una oposición frontal y clara a los delirios separatistas. Pero dense cuenta del panorama de conjunto: los secesionistas copan el 70% más o menos de la cámara, y el PSOE y el PP, que no son separatistas pero que básicamente les siguen el juego, casi todo el resto. Y sale la Alicia diciendo que los catalanes han votado no a la separación de España.  La estupidez como bandera.

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***Anoche terminé “Sonaron gritos y golpes a la puerta”. Hacía mucho que una novela no me enganchaba tanto como ésta. Una magnífica obra; apasionante de cabo a rabo. Yo la he disfrutado doblemente: como buen aficionado a la lectura y como hijo de un divisionario. Qué familiares me han sido los nombres de Krasni Bor, Ladoga, Vóljov, Lago Ilmen…¡”Carlos Gardel”! Nombres de lugares por los que anduvo mi padre y del que nos hablaba a mí y a mis hermanos cuando rememoraba aquellos tiempos. El organillo de Stalin, el barro, la nieve, los mosquitos…Mi padre falleció hace ya casi veintiún años; cuánto hubiera disfrutado con la lectura de esta gran novela. Mi padre se llamaba Fernando Ramos de Orbe y era de Portugalete, Vizcaya y era Caballero Mutilado de la División Azul. Felicidades Sr Moa, y gracias por tan bonito homenaje a aquellos héroes. (Malaspulgas)

***Extracto de notas sobre Sonaron gritos y golpes a la puerta” (por Joanpi)

1.- El Género literario: Aún sabiendo lo inexactitud que conlleva la categorización de géneros literarios, discrepo de la editorial y de cuantos la han calificado de novela histórica. Es algo así como catalogar de tal La cartuja de Parma, de Stendhal o Guerra y Paz, aunque salgan hechos de batallas de Napoleón y otros. Su novela tiene un tiempo histórico, pero no trata de darnos lecciones de historia, sino de situar unos personajes y lo que les toco vivir y padecer. Su novela no está escrita al estilo de W. Scott y su Ivanhoe. Más bien estaría en lo que actualmente se llama Novela Testimonio. Así catalogaron, por ejemplo Los cipreses creen en Dios de Gironella. Cierto que es un género hibrido entre la historia y el relato notarial que da fe de cómo la vivieron unos personajes. Pero usted no perseguía la historia sino lo segundo. (Todo esto es muy opinable)

2.- El gran valor de su novela ya se lo dije, y lo ha destacado usted mismo algunas veces: no hay tesis. Los buenos y los malos están, pero no hay adoctrinamiento como lo que nos tienen acostumbrados los señores de la divine gauche. Cierto que algunos se portan mal, pero en todos los bandos. Tan sólo la roza en el esperpento del tal Zapatero, una ironía que se permite, más que otra cosa.

3.- Es sólida en general, excepto en dos situaciones:
a) El argumento para que Alberto decida contar sus batallitas , ya se lo dije y me reafirmo. Esos hijos que, dos por comodidad y otro por adscripción al adversario de ayer, han tomado el camino de enfrente, por mucho que diga Alberto que nunca los adoctrinaron debían saber que sus padres estaban en las antípodas. Es poco creíble que nunca supieran de sus visicitudes y del disgusto de sus opciones políticas para sus padres. Poco o nada les va a decir sus memorias.  (Eso lo decide usted por su cuenta. Ha sido muy frecuente en la derecha no contar a los hijos casi nada de la guerra. Máxime en las circunstancias  de Alberto.  Por otra parte llamarlas “batallitas” suena algo chusco).

Más sólido sería, es mi opinión que no hace cátedra, la sugerencia que le hice de que Alberto tratara de dar el efecto dramático de que de su propia mano hubiera venido la muerte de su padre biológico, por mucho que le alcanza por sus acción de espía. Me contestó que trató de huir de las truculencias, y yo le apunto que éstas son más fruto de la forma que del fondo. Con una escena bien montada me parece que hubiera ganado en intensidad trágica y justificado su escritura como confesión final o catarsis personal. Aunque ciertamente algo tiene de esto cuando he leído el epílogo la segunda vez .

b) Las digresiones de los personajes sobre lo que hacen me parecen , a veces algo retorcidas y de un nivel un punto más elevado que sus perfiles de edad y situación social. Me detendré más adelante. (Ya he comentado que están alevadas sobre el tipismo o el costumbrismo, pero no son imposibles ni inverosímiles. Lo digo por experiencia)

4.- La trama tiene momentos desiguales, algunos muy buenos, las peripecias en la Cataluña del momento, la guerra en Rusia es, a veces caótica, pero porque caótica fue la situación, y de lectura fatigosa y poco creíble la de las tertulias e intrigas del Madrid de posguerra. Usted mismo lo ha dicho en su obra Años de Hierro. Ninguno de los grupillos y conspiradores de tasca puso el Régimen en entredicho (¿?). Para tan pocos mimbres no le merece a Alberto renunciar a la vida que estaba recobrando en Barcelona. (Una cosa es que el régimen saliera ganando, otra muy distinta que no estuviera seriamente amenazado y con peligro de agrietarse por dentro al final de la guerra mundial)

5.- A mi me sorprendió, conociendo su poca proclividad a airear lo que se refiera al fornicio,- en absoluto le tengo por un timorato, creo que es otra cosa, simplemente es un hombre con eso que se llama pudor y hoy es anatemizado- el que éste apareciera tan expresamente. Pero a nadie sonroja, es contenido, dentro del buen gusto y fue una situación que las guerras y la incertidumbre de vivir conllevan e incluso en los pueblos que no la padecieron se dieron casos en multitud de ocasiones de relajación de costumbres o agarrarse a vivir el momento.

6.- Los personajes femeninos han sido ya extensamente analizados. Acaso Carmen es excesivamente perfecta, pero bien son creíbles y llenos de connotaciones de buen diseño.

7.- Los personajes masculinos también están bien construidos, Paco me parece más complejo de lo que aparenta, Alberto goza del mismo ánimo pero está menos ideologizado la escena inicial es la que le empuja a algo para lo que, en otras circunstancias, nunca hubiera ocurrido. Ciertamente, la crítica de si tan jóvenes podían ser así, me parece más adecuada al contenido de sus disquisiciones filosóficas y existenciales, nunca a sus acciones, muchos jóvenes se vieron empujados a ese tipo de actitud y, como héroes modernos echaron sobre sus espaldas aquella situación, por otro lado estamos juzgando a jóvenes de 20 con la mentalidad que hoy tenemos de sus comportamientos de eternos niñatos , el que suscribe, con 20, ya en el final de los sesenta, ya andaba por esos pueblos de Dios ejerciendo de maestro y poniendo seriedad a la situación. Me ha gustado de los secundarios el profesor, me parece que es Silvestre y Crates el poeta. Esa mezcla de universitarios y gentes del pueblo fue una constante en la D.A.

No obstante a personajes masculinos y femeninos les falta perspectivismo, lo que definía el profesor Baquero Goyanes como la cualidad de que unos personajes presenten y retraten a otros. Sé que es fruto de que el narrador sea el que nos da la medida de todo. Pero una carta, o un informe militar, etc. podría hacer más ricos los puntos de vista sobre ellos. (…)

10.- En algunas ocasiones, pese a su pulcritud hay anacronismos en la forma de decir, así llamar a otro gilipollas- faltarían muchos años para ello- (ya se decía entonces)  o aprovecharse de cómo han sucedido las cosas para que algunos personajes den ideas de su forma de ver los sucesos. Por ejemplo cuando un falangista augura el destino de la Falange de chivo expiatorio de derechas, iglesia etc. (Esto ya se decía también por entonces. Muchas gracias por  el trabajo de análisis que ha hecho)

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Destrucción de la derecha en la II República / España, mitos y claves.

Blog I: Cataluña es España / J´attendrai / Bofarull descubre al culpable. http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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Las versiones izquierdistas han insistido siempre en que la derecha fue desde el principio una amenaza para la república porque “no se resignaba a perder sus privilegios”. La idea va mezclada con la de que los republicanos eran de izquierda y demócratas, mientras que la derecha era monárquica y “reaccionaria”. En realidad, el partido republicano más fuerte era el Radical de Lerroux, que por entonces podía considerarse prácticamente de derecha, mientras que el propio régimen había llegado en gran medida por las maniobras de los derechistas Alcalá-Zamora y Maura, que habían unido las dispersas tendencias antimonárquicas. Sin contar que el Partido Socialista, el más fuerte de la izquierda, solo veía la república como un trámite temporal para imponer su dictadura y que los separatistas la consideraban de modo similar. Prácticamente todas aquellas fuerzas, tan dispares en sus objetivos, solo coincidían en su aversión a la Iglesia y en la decisión de impedir que la derecha llegase a gobernar en la república. Esta solo les valía si la gobernanabn ellos. Con estos enfoques, el nuevo régimen tenía muy pocas posibilidades de consolidar un estado democrático.

Lo esencial es que la república llegó por una quiebra moral de la monarquía, y que la derecha tradicional, salvo el partido de Lerroux, entraron en la república prácticamente desmoronados y desintegrados. Gil-Robles, en sus memorias, explica el enorme trabajo que tuvo para elevar los ánimos de unas muy asustadas y pusilánimes derechas, y reorganizarlas en un partido nuevo, Acción Popular. Y no sería hasta entrado 1933 cuando por fin pudo ponerse en pie la CEDA, que más que un partido era una asociación de grupos diversos, aunque articulados por el principal de ellos, Acción Popular. La CEDA admitía la república, sin identificarse plenamente con ella, por lo que no era antirrepublicana y, en realidad, resultaría más respetuosa con la nueva legalidad que los republicanos, socialistas y separatistas. En el mismo proceso se creó el grupo abiertamentemonárquico y antidemocrático dirigido por Calvo Sotelo, y la Falange, de estilo próximo al fascismo, liderado por José Antonio.

Por lo tanto, el primer bienio republicano fue, por lo que respecta a la derecha, un período de reconstitución o más propiamente constitución de sus fuerzas.  Prácticamente todos los problemas políticos que sufrió la izquierda gobernante en esos dos años largos provinieron de la misma izquierda en su versión anarquista sobre todo  y, en mucha menor medida comunista. La excepción fue el golpe de Sanjurjo, en 1932, cuya total ineficacia provino del hecho de no haber sido apoyada por casi nadie en la derecha. Las insurrecciones anarquistas, en cambio, produjeron varias crisis en la coalición gobernante republicana de izquierdas-socialista, hasta desacreditarla después de Casas Viejas.

El desastre electoral de 1933 dejó en claro la verdadera fuerza de las derechas: un gran partido, la CEDA, que consiguió más votos que cualquiera otro en la derecha o la izquierda; unos grupos monárquicos con mucha menos influencia, y una Falange prácticamente marginal. Por tanto se impuso una derecha moderada y la posibilidad de una república duradera sobre la base, precisamente, de una nueva alianza entre la CEDA y el partido Radical de Lerroux. Como es sabido, la izquierda no se conformó con el resultado de las urnas, enormemente favorable a las derechas, e intentó golpes de estado y la guerra civil abierta en octubre de 1934. La alianza CEDA-Radical superó aquellos ataques, lo que pudo haber consolidado por fin el nuevo régimen en una política moderada. Pero no ocurrió nada de eso. Las izquierdas guerracivilistas fueron mantenidas en la legalidad, no aprendieron nada de su fracaso de octubre, salvo un cambio de táctica impuesto por la derrota, sin cambiar su punto de vista esencial: expulsar a la derecha del poder de modo definitivo aprovechando las próximas elecciones. Con ese objetivo desataron una enorme campaña de acusaciones falsas por la represión de Asturias y lograron fomentar en el país unos odios viscerales.

Sin embargo no serían las izquierdas las que debilitaran al gobierno de la CEDA y los radicales, sino otro derechista, el presidente de la república, Niceto Alcalá-Zamora, que tan decisivo papel había tenido en traer la república. Este empleó sus prerrogativas constitucionales, de modo dudosamente legal, para perturbar sistemáticamente a la derecha como no había osado hacer durante el gobierno de la izquierda. En su actitud se confundían la aversión personal a Lerroux y a Gil-Robles con un cálculo político descabellado. A su juicio, la república había pasado por el bandazo izquierdista en el primer bienio y el derechista en el segundo; ambos habrían fracasado y por tanto llegaba la ocasión de “centrar” la república con un gobierno tutelado por él. A ese fin colaboró con Azaña y Prieto para hundir políticamente a Lerroux y luego expulsó del gobierno a Gil-Robles, colocando en su lugar, ilegítimamente, a políticos sin respaldo parlamentario. Gil-Robles veía cómo sus ingentes esfuerzos de años anteriores por construir una derecha conservadora no extremista, capaz de adaptarse a la república, se venían abajo por las decisiones arbitrarias y atrabiliarias del presidente de la república.

Este juego abocó a Alcalá-Zamora a tomar medidas precipitadas que bordeaban o caían en la ilegalidad, para escapar a las cuales se vio forzado a disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones el 16 de febrero de 1936. Las elecciones, en un apogeo de los odios, las amenazas y las violencias, sobre todo por parte de la izquierda, se desarrollaron sin garantías y las votaciones no fueron publicadas. La izquierda tomó el poder en un verdadero golpe de estado, y desde él se apresuró a destruir la Constitución y la legalidad republicana en un proceso revolucionario que he descrito en El derrumbe de la República. La perspectiva era no solo de ser excluida radicalmente del poder, sino de ser violentamente aplastada, y en tal situación la posibilidad de una derecha conservadora que pudiera contender legal y pacíficamente por el poder cedió a una lucha por la supervivencia. Gil-Robles fue en gran parte sustituido en el protagonismo político por el más radical Calvo Sotelo, y la Falange, ilegalizada y perseguida, respondió con atentados a la persecución y asesinato de sus militantes. Un sector del ejército conspiró eficazmente, por primera vez, para acabar con aquel estado de cosas.

Al reanudarse la guerra civil en julio del 36, la derecha organizada durante la república prácticamente desapareció. La CEDA no respondía ya a la nueva crisis histórica, y su destrucción lo fue también de la propia república.  La Falange, como partido más combativo y adecuado a una situación de guerra, pasó a primer plano, pero siempre bajo la dirección superior del ejército y moderada por la influencia católica. De allí salieron nuevas combinaciones políticas ya muy diferentes tanto de la derecha tradicional monárquica como de la organizada durante la república.

Creo que este asunto podría dar lugar a un buen estudio, que propongo a quien esté interesado. Podría titularse “La destrucción de la derecha en la II República”.

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España contra España. Mitos y claves de su historia, debe de estar ya en las librerías. Algunas preguntas básicas:

****Hay ya un gran número de historias de España de mayor o menor enjundia. Se supone que una nueva debe aportar novedades y no incidir en lo ya muy visto. ¿Las aporta esta obra?

Se trata de un reenfoque global, por lo que se diferencia notablemente de la mayoría. Su primera parte analiza críticamente diversas tesis sobre la historia de España que se abrieron paso a partir del “desastre” del 98 y que se han impuesto en círculos muy amplios de historiadores y de público. La segunda parte estudia la actualidad, la democracia en España, la herencia del franquismo, y desde esta se retrotrae hasta la Ilustración. La tercera parte comienza con el examen de la decadencia española en el siglo XVII y va tratando cuestiones clave hasta los orígenes de la propia España. Es decir, se examinan los mitos y claves desde la historia desde el presente hasta la antigüedad. El método expositivo no es habitual, pero creo que queda perfectamente comprensible. En lo esencial es un libro de análisis. La mayor parte de la historiografía española falla en el análisis y tiene también un toque algo provinciano, al aislar la historia de España de la del contorno. Esto ya lo señalé en Nueva historia de España y en Años de hierro. Este nuevo libro es en parte un resumen de esa obra y en parte algo diferente, como ocurrió con Los mitos de la Guerra civil con respecto a la trilogía sonre la república y la guerra.Creo que sus aportaciones lo justifican plenamente, aunque eso lo dirán finalmente los lectores.

****Por tanto, será un libro polémico.

La mayoría de mis libros lo son, porque se apartan de las corrientes y los tópicos dominantes hasta hace poco. Pero el problema no es ese, sino el de si estos estudios son acertados o no. Me remito a Stanley Payne:”Cada una de las tesis de Moa aparece defendida seriamente en términos de las pruebas disponibles y se basa en la investigación directa o, más habitualmente, en una cuidadosa relectura de las fuentes y la historiografía disponibles. El asunto principal no es que Moa sea correcto en todos los temas que aborda. Eso no puede predicarse de ningún historiador y, por lo que a mí respecta, discrepo de varias de sus tesis. Lo fundamental es más bien que su obra es crítica, innovadora e introduce un chorro de aire fresco en una zona vital de la historiografía contemporánea española, anquilosada desde hace mucho tiempo en angostas monografías formulistas, vetustos estereotipos y una corrección política determinante desde hace mucho tiempo”       Por supuesto, nadie está en posesión de la verdad absoluta, y sería necesario un debate de cierta altura, pero esto no parece al alcance de la mayoría de los historiadores españoles, como observa también Payne: “Quienes discrepen de Moa necesitan enfrentarse a su obra seriamente y demostrar su desacuerdo en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales en vez de dedicarse a eliminar su obra por medio de censura de silencio o de diatribas denunciatorias más propias de la Italia fascista o la Unión Soviética que de la España democrática. No hay una sola de las numerosas denuncias de la obra de Moa que realice un esfuerzo intelectualmente serio por refutar cualquiera de sus interpretaciones”. Esto es la pura verdad, y constituye un feo y lamentable retrato del nivel intelectual reinante hoy en España. ****¿Qué mitos o tópicos de la historia considera usted que deben ser revisados?

Muchos, ciertamente. Desde el origen de España, que no está en Atapuerca o en los íberos y celtas, sino en la II Guerra Púnica, hasta el carácter de la democracia actual o la herencia del franquismo. Son muy debatibles las cuestiones de la la España visigótica y la Reconquista;  de la supuesta españolidad de Al Ándalus;  si hubo Reconquista y tres culturas o no;  si hubo un verdadero “siglo de oro”;  la decadencia del siglo XVII y sus causas; la Ilustración española, tan traída y llevada;  el carácter de la Guerra de Independencia y sus consecuencias, la profunda depresión del siglo XIX; los efectos del “desastre” del 98, los mesianismos obreristas, los separatismos y la ruina de la Restauración; la naturaleza de la II República y la Guerra Civil –sobre las que se han creado multitud de mitos–, Etc. Estas y algunas otras cuestiones son abordadas, como digo, de modo analítico y estableciendo balances en lugar de perderse en los innumerables detalles, a menudo contradictorios, que jalonan la historia. El libro examina tesis que van desde el marxismo al regeneracionismo, de Ortega a Américo Castro y Sánchez Albornoz o Julián Marías. Muchos libros de historia se escriben sin confrontación ni debate con otros, como si estos no existieran. He procurado evitar ese mal método y al mismo tiempo tratar los temas con la mayor claridad posible.

****Qué opina usted de la historiografía anglosajona sobre España?

Creo que, exceptuando casos como los de Stanley Payne o Elliott, está muy sobrevalorada. Como recordaba Ramón Salas Larrazábal, la contribución real de los historiadores españoles es, en conjunto, muy superior a la de los anglosajones, aunque debo repetir que las deficiencias de análisis y un cierto provincianismo lastran considerablemente la producción intelectual hispana. Parte de ese provincianismo se revela en esa actitud beata y acrítica sobre los autores anglosajones.También es una lástima que no haya en España especialistas en cultura o historia de Inglaterra o Usa con un punto de vista independiente.

****Hace años anunció usted que iba a dejar de escribir sobre historia y dedicarse a la novela.

Sí, ha sido una promesa incumplida, como a veces pasa. La hice porque creo que la cuestión de la república y la guerra civil, en que me centré durante bastantes años, está intelectualmente resuelta en sus aspectos fundamentales. Otra cosa es que popularmente y en la universidad persistan numerosos mitos y distorsiones, pero en el plano intelectual, insisto, la cosa está resuelta. No obstante, he seguido con otros asuntos, como la posguerra, la Transición, la historia de España en su conjunto, y acabo de comenzar una Introducción a la historia de Europa, que me parece muy necesaria en un país que combina un entusiasta y beato “europeísmo” con una cruda  ignorancia sobre la realidad histórica del continente en que estamos. Pero, sí, dejaré ya la historia de España, creo que esta vez en serio. Tengo también en mente una novela centrada en los años finales de los 60 y principios de los 70, que, de modo tangencial, continuará a Sonaron gritos y golpes a la puerta.

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