La neutralidad ha sido la política exterior española más productiva para España y más beneficiosa para la propia Europa, como se ha demostrado en las dos guerras mundiales. Y esto por profundas razones históricas, políticas, económicas y hasta culturales. Fue abandonada en la etapa en que el expansionismo soviético suponía un peligro muy serio para Europa occidental, pero, una vez desaparecido ese peligro, la neutralidad debe plantearse seriamente en el debate político.
La neutralidad implica la salida de la OTAN y el final de las bases militares useñas en nuestro territorio. Con respecto a la OTAN, hay que resaltar tres puntos: a) Esta no cubre las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, prueba de que en su estrategia, dichas ciudades deben entregarse a Marruecos antes o después. b)La apertura de la verja de Gibraltar y la renuncia de facto a la recuperación de dicho territorio español estuvo estrechamente ligada a la entrada en la OTAN. No debe olvidarse que el país invasor es la segunda potencia de la OTAN en relación muy especial con la primera. c) Una vez desaparecida la amenaza soviética, nuestra pertenencia a esa alianza nos ha llevado a intervenir militarmente en operaciones bajo mando ajeno, en idioma ajeno y por intereses no solo ajenos sino en algunos casos contrarios a los nuestros, como en el caso de Libia o en la antigua Yugoslavia.
Por lo que respecta a las bases militares, una vez desaparecida la Unión Soviética dejan de cumplir una función defensiva para nosotros o para Europa. Son ahora la expresión de una tutela y supremacía política y militar establecida por Usa sobre la mitad de Europa al término de la II Guerra Mundial. Aquella tutela fue necesaria entonces para mantener la paz frente al poder soviético, pero esa justificación ya no existe. Por ello se inflan otros peligros como el del terrorismo, una Rusia supuestamente amenazadora, etc. Hoy, las bases en España cumplen solo una función de asegurar los intereses políticos y militares de Usa sobre nuestro propio país, junto con un mesianismo político e ideológico al que no tenemos por qué someternos.
La inflación de peligros secundarios ha llevado a la OTAN a realizar costosísimas operaciones políticas y militares que han terminado casi todas en fracaso, así en Afganistán, en Irak, en Siria o en Libia, con cientos de miles de víctimas y oleadas migratorias y aumento del terrorismo. España ha sido llevada a intervenir en tales aventuras como dije ajenas e incluso contrarias a nuestro interés.
Se plantea, por tanto, la cuestión de si la neutralidad, además de conveniente, incluso necesaria, es posible. En la actualidad existe un gran obstáculo para esa política, y ese obstáculo es la casta política actual, la misma que ha financiado los separatismos, entregado ilegal y anticonstitucionalmente “grandes toneladas de soberanía” a la burocracia de Bruselas, como decía ufanamente un ministro nefasto, que ha convertido a Gibraltar en un gigantesco emporio corruptor sobre toda la política española, que ha claudicado sistemáticamente ante Marruecos, rescatado a la ETA y premiado sus crímenes… Una casta cuya trayectoria y fundamento ideológico necesita un estudio a fondo, porque es algo que no existe en otros países.
Por supuesto, en el problema entran también los intereses de Usa, Inglaterra o Francia, pero eso solo en segundo término. Pues es evidente que la cuestión de la neutralidad no puede ni siquiera abordarse sin tener en cuenta para empezar a los partidos y políticos que vienen minando y socavando a la nación y la democracia desde hace muchos años. Esa casta política tiene el mayor interés en mantener y promover una situación de satelización política y colonización cultural de España, sin duda porque algo pilla en el trato. Parte de su interés consiste precisamente en cegar a la opinión pública sobre estas realidades y evitar el debate necesario.
Obsérvese que ni en las recientes elecciones ni en otras anteriores se planteó siquiera la política internacional de España. Esto es muy grave porque revela que para los políticos actuales, con raras excepciones, España no debe tener política internacional propia, que no es siquiera un país independiente, sino un satélite de intereses ajenos, colonizado también culturalmente por un idioma ajeno. Pero precisamente porque esos políticos intentan evitar el debate sobre estas cuestiones, es más preciso plantearlo. Porque de ello va a depender la subsistencia de España y de su libertad, que hoy vemos cada día más amenazada desde dentro y desde fuera.
************
Este sábado de 6 a 8 de la tarde, firmaré libros en la caseta de Encuentro, 226
*******
*Es realmente alucinante que unos partidos tan indecentes y corruptos como PP, PSOE y C´s se permitan mirar por encima del hombro a VOX, que defiende la nación y las libertades.
*Van saliendo las actas de los chanchullos mafiosos entre la banda de ZP y la de Josu Ternera. Chanchullos cuyas consecuencias fueron mantenidas por el PP de Rajoy, no se olvide.
*El rescate de la ETA con premio político a sus crímenes es precisamente uno de los mayores crímenes de la casta política desde la transición. La degradación de la democracia es tal que prácticamente todos los políticos y periodistas han sido compinches.
*VOX no debería defenderse ni ponerse en plan dramático. Simplemente lanzar este mensaje: si C´s se niega al diálogo y a la negociación, será responsable de que vuelva Carmena. Aunque en el fondo lo que busque sea pactar con el PSOE.
************
Este manifiesto se dirige a millones de españoles, por lo que invitamos a nuestros lectores y oyentes a difundirlo por todos los medios. Se trata de crear una plataforma que ponga en primer plano un problema que es de primer plano, pues afecta íntimamente a la política exterior e interior de España. Un problema ocultado o desvirtuado sistemáticamente por todos los partidos, con la excepción parcial de VOX. Se trata de si ha de continuar el actual proceso de satelización política y cultural a intereses ajenos, acompañado del desguace del propio país, o de reaccionar contra esas políticas nefastas de una vez y con máxima energía
España soporta la única colonia en Europa, una invasión en el mismo centro neurálgico de su eje defensivo Baleares-Gibraltar-Canarias. El hecho exige una reflexión en profundidad porque los gobiernos españoles, sean del PP o del PSOE, se declaran amigos y aliados de la potencia invasora, caso único en el mundo, lo que automáticamente convierte a España en un país satélite y sin intereses internacionales propios.
Esta posición, que hoy no toleran países del llamado Tercer Mundo, se manifiesta igualmente en intervenciones militares sucesivas bajo mando ajeno, en idioma ajeno y por intereses ajenos. Recordemos las acciones en Yugoslavia o Kosovo contra un país en proceso de disgregación por fuerzas internas y externas, cuando la propia España sufre hoy, precisamente, fuertes tensiones disgregadoras. O las costosas intervenciones sin salida en Afganistán, un país absolutamente lejano a nuestros intereses. O en Libia que dejó al país sumido en una guerra civil y un caos que continúa, con cientos de miles de víctimas y de huidos que han agravado las crisis inmigratorias en Europa y en la misma España. Etc. O la presencia de aviones y tanques españoles amenazando y provocando por cuenta ajena a Rusia, un país con el que no tenemos ningún conflicto como sí lo tenemos, en cambio con el que invade nuestro territorio y que es la segunda potencia de la OTAN, en estrecha vinculación con la primera.
Debe recordarse que en los años 60, España obtuvo en la ONU una gran victoria política sobre Inglaterra, al reconocerse la obligatoriedad de devolver Gibraltar a España. Dada la arrogante negativa de los invasores a cumplir la resolución, el gobierno español cerró la frontera con la colonia, aislándola y convirtiéndola en una ruina económica, con coste político y moral añadido y creciente para los ocupantes. Esta política, que habría dado fruto con el tiempo, fue radicalmente invertida por la casta política actual, que anuló aquella victoria, abrió la verja, multiplicó las facilidades a los invasores y convirtió la colonia en un gigantesco emporio de empresas opacas y contrabando masivo, con cuyas ganancias ejerce una auténtica colonización sobre el entorno –al que ha hundido económicamente– y una corrupción sistemática sobre políticos, periodistas, abogados y jueces no solo en su entorno andaluz sino en toda España. Gibraltar ha albergado reuniones de grupos separatistas españoles y no hay duda sobre la intención de Londres y la colonia de jugar con los problemas internos de España para mantener a toda costa su ilegal, humillante y parasitaria presencia en el peñón y su entorno.
El caso de unas clases políticas que no solo admiten la invasión de su territorio sino que multiplican los gestos de sumisión y zalamerías hacia el ocupante, es quizá único en el mundo. Y no se entiende sin otros rasgos, también únicos, de esos partidos y gobiernos. Pues ninguna otra nación tolera gobiernos que en lugar de hacer frente a los separatismos disgregadores, los ha alimentado, financiado y promovido durante décadas hasta volverlos extremadamente peligrosos vaciando de estado a dos regiones y creando una situación de golpe de estado permanente desde una de ellas, cuyas autoridades se declaran en abierta rebeldía contra el resto del país. Esos gobiernos, sean de derecha o de izquierda, han incumplido mil veces los puntos más elementales de la Constitución que garantiza la unidad nacional, y de la democracia, amparando toda clase de ilegalidades, acosos y propagandas contra quienes les resisten. Gobiernos que, declarándose demócratas, han propiciado leyes totalitarias de estilo comunista como la de memoria histórica u ofensivas contra la igualdad de derechos de las personas como las leyes de género. Gobiernos que vienen entregando ilegalmente la soberanía española a una burocracia no representativa con sede en Bruselas.
No estamos, pues, ante un asunto menor, pues se conecta estrechamente con todos los demás problemas de fondo creados por la actual casta política y que no cesan de agravarse. El problema de Gibraltar no tiene solución militar, pero tampoco la necesita. Es indudable que España tiene todas las bazas, sean económicas, políticas, morales o internacionales. Esas bazas las han utilizado los gobiernos de PP y PSOE contra los intereses españoles y a favor de los ocupantes; procurando al mismo tiempo que la intolerable y escandalosa situación quede en la ignorancia para la mayoría de la gente o sea considerado por ella como un asunto de poca enjundia. Gibraltar ilustra la abyección y miseria moral, intelectual y política de una casta política de la que el país debe deshacerse necesariamente y cuanto antes. Y denunciar la cuestión en sus verdaderos alcances y proyecciones, combatir el oscurantismo deliberado hacia la misma, su ocultación a los españoles, es el primer paso al respecto.




