Aunque se intente negar la Reconquista, no existe un problema al respecto. El problema es más bien el de la debilidad intelectual de la universidad: https://www.youtube.com/watch?v=libu57-d7Z8

En Los nacionalismos vasco y catalán en la guerra, el franquismo y la democracia he expuesto uno de los efectos de la falsificación histórica e intelectual concentrada en la identificación de democracia y antifranquismo –falsificación aceptada de hecho por la UCD–: la concesión de legitimidad a la ETA, concesión materializada en la búsqueda de un fin negociado a sus crímenes. Implícitamente dichos crímenes quedaban reconocidos como adecuados o al menos justificados para el período anterior a la Transición; ahora había que convencer a los etarras de que ya había una “democracia genuina” y no un simple cambio de fachada del franquismo. En cierto modo se convertía a los terroristas en héroes y árbitros para decidir la autenticidad de la democracia.
Desde luego, la UCD se resistió en un principio, pero finalmente aplicó una amnistía general. Si esta hubiera sido puesta en práctica desde el principio, el nuevo régimen habría nacido con mayor solvencia moral para reprimir sin contemplaciones a la ETA, si esta continuaba. Pero la amnistía a los terroristas llegó después de campañas de manifestaciones en la calle y presiones de todo tipo, de modo que no quedó como una concesión desde el poder con vistas a promover una concordia general, sino como una imposición desde la calle a un poder débil; mal comienzo. Así la ETA, que en los últimos tiempos del franquismo había quedado casi desarticulada, recobraba fuerza política, moral, y pronto operativa.
Con todo, la combinación de golpes policiales y de reinserción obtuvo algunos éxitos importantes, el principal la disolución del grupo etarra “polimili”: una parte de él entró en el PSOE, pero otros pasaron a los “milis”. De todas maneras las mayores presiones en favor de la negociación venían de la izquierda y del diario El País, configurado –fraudulentamente– como máximo portavoz del espíritu y el talante democrático-antifranquista y progresista, cuya influencia política llegó a ser casi determinante a izquierda y derecha.
La línea de negociación-justificación de la ETA no se aplicó en cambio a otros grupos, como el GRAPO, Terra Lliure FRAP o Comandos anticapitalistas. Creo que la razón se encuentra en la prioridad temporal de la ETA. Los asesinatos de esta comenzaron en 1968, cuando aún se veía lejos el final del régimen. Y apenas comenzó a asesinar, y precisamente por ello, recogió la máxima simpatía y apoyo moral y propagandístico de prácticamente toda la oposición española, tanto la activa (es decir comunista) como la meramente charlatana; y de gran parte del clero vasco, catalán y también del resto de España; y de la Europa occidental liberada por las acciones militares useñas. Suecia, Holanda y Francia destacaron en su apoyo a la ETA, y el de Francia fue decisivo, porque bendijo a los terroristas con un santuario al lado de la frontera, desde el cual planear nuevos atentados y donde refugiarse después de sus desarticulaciones por la policía franquista. También Argelia y probablemente Cuba desempeñaron en todo ello un papel.
Al llegar la transición, la oposición antifranquista llevaba ya siete años de apoyo a la ETA, y no podía cambiar de postura de la noche a la mañana, si bien ya en vísperas de la muerte de Franco miraba con miedo las audacias etarras, temiendo que ellas propiciaran un “golpe involutivo”. Tenía además sentimiento de inferioridad, pues los etarras habían luchado realmente y arriesgándose contra el execrado régimen, mientras que los antifranquistas de salón se habían limitado a toscas intriguillas y a progresar incluso en el aparato del estado, aprovechando un clima general de prosperidad y crecientes libertades. En cambio el GRAPO, el FRAP y otros empezaron a actuar justamente en los últimos tiempos del régimen, no había compromiso moral o político con ellos, y sus acciones generaban el mencionado temor a un golpe involutivo. Pues si algo estaba claro para casi todo el mundo (menos para García Trevijano, parece ser), es que toda la fuerza de la oposición junta apenas lograría conmover ligeramente al régimen. Por tanto había que esperar a la muerte de Franco y a que de las corrientes liberalizadoras del franquismo saliera el remedio, del que pudieran aprovecharse los demás. Y los atentados de última hora podían propiciar un retroceso de esas corrientes.
Hay que entender dos razones importantes de esta simpatía por el terrorismo etarra: el referente moral y político de la oposición antifranquista era el derrotado Frente Popular, alianza básicamente de totalitarios de izquierda y separatistas; y la ETA reunía, justamente ambas características. El PCE (aunque algo inquieto), quería ver en los asesinos a unos “patriotas vascos” que en definitiva contribuían a la lucha común; y la oposición palabrera los consideraba unos jóvenes valientes, algo exaltados pero políticamente ingenuos, que le hacían el trabajo sucio, para dejarle a ella cargos y prebendas cuando cayera el régimen. Unos linces. Los etarras demostraron ser mucho menos ingenuos o ilusos que ellos.
![Los nacionalismos vasco y catalán: En la guerra civil, el franquismo y la democracia de [Moa, Pío]](https://images-eu.ssl-images-amazon.com/images/I/51poSpsG8%2BL.jpg)
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Próximo viernes 25, en el Centro Riojano de Madrid, a las 19,30, la primera sesión del seminario sobre la posición (cambiante) de España en Europa, versará sobre la reconstitución de un país europeo en la Reconquista, el papel de ese país, es decir, España, frente a la amenaza islámica (otomana) y frente al protestantismo, el balance de esas luchas, su decadencia, marcada por el paso de un papel protagonista en Europa a un papel de objeto de intereses ajenos en la Guerra de Sucesión, y las consecuencias de la invasión napoleónica, que determinan el paso de España a una posición muy secundaria y sin influencia real en Europa.




