Imposibilidad del humanismo

Rajoy en la oposición ya era como el Rajoy presidente: https://www.youtube.com/watch?v=oJTXq7pwxfU&t=2s

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“Humanismo” es una expresión que puede entenderse de diversos modos. Pero básicamente podría definirse así: movimiento que aparta progresivamente la atención de la divinidad para concentrarla en el hombre u Hombre. Se basa en el supuesto de la dignidad humana, autónoma  de cualquier otro poder y basada en la potencia de su razón. Esto es sumamente improbable, como vengo a señalar en Europa, una introducción a su historia, porque  a) Suena por lo menos muy extraño que el hombre se dé su dignidad a sí mismo: sería el colmo de la arbitrariedad, como quien decide creerse un genio. b) La arbitrariedad aumenta teniendo en cuenta la diversidad de valores e intereses entre los hombres reales, que lleva inevitablemente a valoraciones diversas. c) Los conceptos referidos a la entidad y dignidad humanas  son siempre, forzosamente, convencionales: son los que unas pocas personas deciden  sobre los demás, lo impongan  por la fuerza o por el discurso. d) En cualquier caso, nadie sabe realmente cómo es el hombre, salvo por manifestaciones en gran medida superficiales y juzgadas de formas disímiles por unos u otros, y en todos los pasos parciales: la naturaleza del ser humano, que supone unir a todos con una base común por debajo de sus mil deferencias,  solo es inteligible muy parcialmente.  e) Tampoco la razón es capaz de llegar a conclusiones unívocas y universalmente válidas sobre lo que sea el Hombre y en qué consistiría su dignidad. Por el contrario, la razón lleva a conclusiones generales divergentes y a menudo opuestas.

Siempre terminamos derivando a la evidencia /necesidad de un ente superior al Hombre, que es el único que puede decidir sobre su naturaleza y dignidad. El gran problema es que los criterios de ese ente escapan a la razón y a cualquier potencialidad  humana.  Lo que le decía Dios al descontento Job.

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Si uno toma literalmente los evangelios o las cartas de San Pablo, percibe enseguida una gran cantidad de contradicciones y sinsentidos. Luego piensa en la inmensa cultura creada durante siglos sobre la fe en ellos y se asombra de cómo ha sido posible. Sobre la fe en ellos mucho más que sobre su práctica,  que la realidad haría inviable. Pero aun así, uno se pregunta cómo, en cualquier caso ha sido posible.

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Poder, estado, imperio

1. El poder es connatural a las sociedades  humanas, y deriva de le necesidad de asegurar un orden entre los diversos y opuestos intereses (e ideas, sentimientos, aspiraciones, etc.) que bullen en ellas. Esa diversidad proviene de la intensa individuación del ser humano. Eliminar el poder solo sería posible a condición de abolir esa diversidad, lo que supondría eliminar algo propiamente humano.

2. El poder puede adoptar muchas formas y depender mucho casi siempre del carácter de quien lo ostente.

3.El poder se apoya siempre en último extremo en la violencia, directa o indirecta, pero no puede subsistir mucho si depende exclusivamente de ella.

4. El estado es el desarrollo del poder en las sociedades civilizadas. Es uno de los rasgos principales de la civilización, junto con las ciudades, la escritura, un comercio algo desarrollado, etc. La civilización trae consigo numerosos avances, pero también una opresión mayor que en las sociedades anteriores para grandes masas de población(esclavitud, servidumbre, represiones, etc.) Los estados son aparatos especializados de poder, y la política es el modo como se ejerce ese poder.

4. El poder es siempre ejercido por unos pocos (oligarquía). Normalmente, a la cabeza de esa oligarquía se encuentra una persona (monarca). Y debe contar con el consentimiento, explícito o tácito de una parte significativa de la población, que no tiene por qué ser mayoritaria (democracia).  Así pues, un poder algo estable es al mismo tiempo oligárquico, monárquico y democrático, no existiendo en estado puro ninguno de ellos. Es más el término democracia, en su acepción etimológica, es un contrasentido.

5. El estado puede imponer el orden de manera más o menos opresiva o productiva para unas u otras capas de la población, y entre la oligarquía no hay tampoco unanimidad, de ahí las constante reyertas entre sus miembros.

6. Los estados surgen en sociedades considerablemente amplias, homogéneas culturalmente  y por lo común también étnicamente. Podemos llamarles entonces naciones.

7. El estado fortalece a la sociedad dada –aunque no siempre– sobre las formas de poder preestatales, y la pugna entre ellas suele ampliar los estados, sin perder su base nacional, sobre otras sociedades culturalmente distintas u otras naciones. A este nuevo tipo de estado lo llamamos imperio.

8. Un imperio absorbe a pueblos, culturas y naciones distintas a las que priva de su estado previo. La absorción se produce normalmente por vía militar, pero consolidarla obliga a incorporar elementos ajenos a los primigenios nacionales, sin que estos desaparezcan. En dos palabras: una nación absorbe a otras y al mismo tiempo toma préstamos y dirigentes de ellas, sin dejar su hegemonía. Este doble proceso inevitable encierra en sí mismo la causa de su decadencia.

9. Existen imperios no nacionales o no estatales,  pero suelen ser efímeros o evolucionar a un grado de civilización, después de destruir algunas de estas. (hunos, mongoles…)

10. Esta evolución puede verse bastante bien en Europa. El derrumbe de Roma dio pronto lugar a dos Europas: la de las naciones en  el arco occidental de Escandinavia a Hispania, y la de los imperios en el centro-este. Conforme se asentaron las naciones, varias de ellas dieron lugar a imperios, particularmente España, Portugal y más tarde Holanda, Inglaterra y Francia.

11. Obviamente,  los imperios tienen en común lo antedicho, pero no significa que sean todos iguales. Aunque es difícil hacer una clasificación amplia y adecuada.

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La importancia de Franco y el pensamiento antifranquista

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   No existe un pensamiento franquista porque en aquella época el pensamiento fue muy diverso, incluso entre los más afectos al régimen. En cambio hablar de pensamiento antifranquista no deja de ser un oxímoron: nada más opuesto a cualquier pensamiento racional que las fritangas de distorsiones, exageraciones, “olvidos”  y simples embustes con los que se quiere conjurar el recuerdo de toda una época histórica, convirtiéndola en un chiste de mal gusto. Una época a la que debe la actual todo lo que tiene de positivo y esperanzador, cada vez menos, es cierto, y precisamente por ese antifranquismo grotesco. Recientemente el periódico El Español, que quedaría más apropiado si completara el título con el adjetivo “antiespañol” exponía un artículo de Ricardo García Cárcel quejándose de la mitificación de Franco y contribuyendo a ella. Ejemplo:

Las glosas del mito Franco han girado en torno a cuatro ejes: que Franco ganó la Guerra Civil con habilidades estratégicas dignas de Napoleón; que salvó a España de la destrucción al resistirse a entrar en la órbita de Hitler; que pilotó la salida de España del hundimiento económico y que fue el que urdió el proceso de la transición a la democracia. Vida privada y vida pública impecables conjugadas. Tenacidad, serenidad, sobriedad, desconfianza gallega y laboriosidad serían sus principales cualidades. Los defectos o más bien excesos se le atribuirían a su mujer. La nómina de elogios ha sido abrumadora y entre sus virtudes añadidas se han destacado su condición de gran cazador y pescador, experto en poderes sobrenaturales y hasta dominador extraordinario de las constantes fisiológicas. Hoy el relato épico y heroico de Franco está agotado pese a los intentos de Pío Moa. Los historiadores, ya desde la derecha (Payne), ya desde la izquierda (Preston), están todos de acuerdo en asumir la extrema mediocridad del personaje, su falta de ideas, su ambición de poder, su capacidad de supervivencia, su cercanía a dictadores latinoamericanos más que al propio fascismo europeo, su inserción en una historia larga de reaccionarismo ideológico español y de guerracivilismo.

   ¡Todo un pensador, este García Cárcel! Por partes: oyéndoles, se diría que Franco no ganó la guerra. Una guerra muy difícil. El problema, ridículo para cualquier entendido en temas militares, parece ser que algunos dicen que venció con estrategias “dignas de Napoleón” cosa que hace reír a estrategas como nuestros antifranquistas.  Bueno, Napoleón perdió varias batallas cruciales y finalmente la guerra; Franco no perdió una sola batalla decisiva y ganó finalmente la guerra con máxima elegancia, sin hacer uso de la enorme superioridad militar que había logrado partiendo de una situación prácticamente desesperada. ¡Menudo mediocre!

   Luego, España no entró en la guerra mundial mientras Franco ostentaba la máxima autoridad, pero al pensamiento antifranquista le parece que no hay ninguna relación entre una cosa y la otra. Aquí, la puerilidad de los retorcimientos argumentales alcanza verdaderas cimas. Sin Franco, por un lado o por el otro, habría sido imposible evitar para España una guerra mucho más devastadora que la civil. Este fue un logro de Franco no menor que haber vencido a un Frente Popular compuesto de totalitarios, separatistas y golpistas varios. Pero en el fondo los pensadores antifranquistas desearían que España hubiera sido arrasada para poder ser “liberados” por los bombardeos y tanques useños y volver al caos de la república;  o de una monarquía como la que la engendró aquel caos. A estos descerebrados les da igual el torrente de sangre, no solo de españoles, sino de los demás países, incluso los finalmente vencedores, si España hubiera entrado en la guerra.

   Nadie dice que Franco hubiera pilotado la transición a la democracia, como afirma nuestro pensador. Sí, en cambio, dos cosas: que sin la transformación social y económica del franquismo, la democracia habría sido inviable; y que, efectivamente, se hizo de la ley a la ley, es decir, a partir del franquismo, de su legitimidad; y no a partir del criminal Frente Popular, como propugnaban y propugnan los descerebrados pensadores antifranquistas. Esto es una evidencia, que intenta borrarse con retórica hueca, como intenta borrarse la evidencia de que es el antifranquismo y su falseamiento de la historia lo que ha podrido la democracia hasta hacerla irreconocible.

   Dejemos aparte las tonterías que García Cárcel achaca a otros para rebatirlas o burlarse de ellas o esa equiparación entre Preston y Payne. Es un duelo de tonterías, muy propio de esta clase de pensamiento. Pero hay otros méritos que él no menciona: no solo Franco  el Mediocre venció al Frente Popular y su tutor Stalin y evitó el baño de sangre que habría supuesto la entrada en la guerra mundial; venció también al maquis, una difícil guerra de guerrillas comunista que en Grecia obligó a Inglaterra a tirar la toalla. Venció después al criminal aislamiento, con la consiguiente hambruna masiva,  que quisieron imponer a España  los países comunistas, demócratas y dictaduras variopintas, todos juntos y en unión, y les obligó a aceptar el franquismo, un régimen históricamente necesario y que no habría podido resistir a tales presiones y hostilidad  sin un enorme apoyo popular. Pues la gente recordaba muy bien lo que habían sido la república y el Frente Popular, no como ahora, cuando sus panegiristas los pintan con la misma masa de embustes con que denigran a quien los venció. Y al morir Franco, España era uno de los países más ricos y con mayor esperanza de vida del mundo, había salido de la miseria y degradación de la república y el Frente Popular, y olvidado los odios que ahora vuelven a resurgir por obra de los geniales antifranquistas.

  En fin, traten ustedes de pensar en otro general o político del siglo XX, demócrata o no demócrata, español o extranjero, con un historial de logros comparable al de Franco. Hagan este pequeño ejercicio intelectual, que propongo en el libro Los mitos del franquismo.  

   Pero, concluye nuestro pensador: Franco era un mediocre lamentable, sin ideas y no sé cuántas deficiencias más. Pero vamos a ver hombre, mírense usted y todos los que “piensan” como usted al espejo y verán un perfecto reflejo de ese Franco que ustedes se empeñan en imaginar.

  Mientras no salgamos de esta miseria intelectual y moral, la sociedad continuará descomponiéndose.

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Todos los ilusos creían que Rajoy iba a enmendar el curso impuesto  a la política por Zapatero. Pero desde la oposición debía estar claro para todo el mundo que iba a  seguir precisamente a Zapatero.  Debía, pero  sus votantes quisieron engañarse. Y el nivel del análisis político en España sobrepasa poco el cotilleo, en general.  https://www.youtube.com/watch?v=oJTXq7pwxfU

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Cultura de burdel

Todos los ilusos creían que Rajoy iba a enmendar el curso impuesto  a la política por Zapatero. Pero desde la oposición debía estar claro para todo el mundo que iba a  seguir precisamente a Zapatero.  Debía, pero  sus votantes quisieron engañarse. Y el nivel del análisis político en España sobrepasa poco el cotilleo, en general.  https://www.youtube.com/watch?v=oJTXq7pwxfU

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  La prostitución consiste en la mercantilización de la sexualidad. Muy mayoritariamente es femenina, la masculina, mucho menor, suele ser homosexual. Probablemente existe desde que apareció el mercado, y ha permanecido siempre a pesar de haber sido a menudo prohibida y siempre o casi siempre valorada de modo muy negativo, como un vicio o una degradación moral y personal (dejo aparte la prostitución sagrada en algunas culturas, como una especie de mal que abona un bien). Creo que la razón consiste en la mayor urgencia del deseo sexual en el hombre que en la mujer, así como a diversos oficios masculinos, notablemente la marinería, que alejaban a los varones del contacto con mujeres durante un tiempo.

   En ese sentido, la prostitución es también una necesidad, que tradicionalmente se centraba en barrios o locales especiales, dejando el resto a las relaciones amorosas estimadas más normales y positivas, ligadas generalmente al matrimonio y la reproducción de la especie,  y en las que la mercantilización se miraba como algo vergonzoso o repugnante. No obstante, incluso su comercialización más cruda necesita ser acompañada de una parodia de amor, basta ver los nombres que se ponen las casas de lenocinio (“Tú y yo”, y similares).

    Como las demás actividades humanas, la prostitución ha generado su propia cultura, en la que el acto sexual  es simplemente un modo de pasar un buen rato, sin más compromiso que pagar el “servicio”. Una cultura en la que siempre han entrado el alcohol, las drogas, los juegos de azar y a menudo la delincuencia, también canciones y literatura o imaginería pornográfica.

   Lo nuevo en este sentido es que esa cultura, antes limitada a ambientes minoritarios, se ha extendido a toda la sociedad de forma dominante. Usted entra en cualquier bar y la televisión expone constantemente vídeos sugerentes, semipornográficos,  a menudo homosexuales, como solía ocurrir en los bares de putas. La publicidad utiliza de modo casi ritual la comercialización descarada del sexo, de modo generalmente insinuante, con especial explotación de la belleza femenina (con ocasión de las Navidades,  ese tipo de publicidad se incrementa).  En el cine, las páginas de internet, etc., la pornografía más o menos explícita se ha hecho simplemente “normal”.  La educación desde la adolescencia va en el mismo sentido (basta ver las revistas para chicas adolescentes), y ya se está extendiendo a la infancia la ideologización del sexo como una mera actividad placentera obtenible de cualquier forma y sin más cuidados que los sanitarios.

   Serían precisos estudios y una descripción más a fondo de esta cultura que hoy encontramos literalmente en todas partes, llenando el espacio público. Leí hace tiempo que la prostitución se ha convertido en el negocio que en sus diversas formas mueve más dinero en el mundo. No me extrañaría.

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Al atardecer, en aquel país cercano,

los muertos salían de las casas.

Se contaban sus vidas unos a otros,

y ninguno escuchaba a los demás.

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Anhelamos vivir sin sufrimiento

y sin hacer sufrir a nadie.

¿Por qué es vano ese deseo?

¿Y por qué es malo?

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Florido prado bajo el sol: belleza, paz y calma.

Entre sus verdes hierbas,

la incansable lucha a vida o muerte.

Ah, la vida se alimenta de la vida. Se alimenta de la muerte.

 

 

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Más España y más democracia

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Un programa de partido alternativo  debería girar sobre estas dos consignas: Más España y Más democracia, cada una con varios puntos claros.

 Más España:

1.Máxima importancia a una política educativa que fomente una amplia base cultural general y desarrollo de la ciencia.

2. Detener la colonización cultural por el inglés, volviéndolo a programar como lengua extranjera y no como lengua superior.

3. Neutralidad en política exterior, con salida de la OTAN y diplomacia activa a favor de la paz.

4.- Reivindicación activa de Gibraltar, con cierre de la verja en caso de negativa inglesa a devolverlo

5.- Presión dentro de la UE para volver a la colaboración económica, incluso con alianza militar pero sin ejército común y sin menoscabo de la soberanía nacional.

6.- Prohibición de partidos que busquen la disgregación de España.

 

Más democracia

1.- Ley electoral que garantice un hombre un voto, con igualdad de todos.

2.- Supresión del control político de la justicia, más recursos y agilización de los procesos,  y supresión del Tribunal Constitucional

3.-  Amplia autonomía administrativa y municipal, y supresión de la autonomía política, que permitiría suprimir innumerables parlamentos, cargos políticos parasitarios, etc. 

4.- Supresión de las subvenciones públicas, fuente de mil corrupciones, y  tope del 20% a los impuestos sobre personas físicas y jurídicas.

5.- Derogación de las tres  leyes totalitarias implantadas por el PSOE: memoria histórica, LGTBI, soberanía parlamento regional con estatutos anticonsticucionales;  e ilegalización de las terminales políticas de la ETA.   

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