Blog I: La era argentina http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/argentina-20131029#comments
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Divagaciones sobre la propiedad
Decíamos que, en líneas generales, la primera ley de la economía puede formularse así: los ingresos no debe ser inferiores a los gastos. Y que, en definitiva, la economía puede definirse como el estudio del comercio, en un sentido amplio. El comercio implica la mercancía, sea física o no, y todos los bienes escasos son susceptibles de convertirse en mercancía. Podríamos decir que la economía es el estudio de la escasez, pero esta no implica el comercio, aunque lo permite e impulsa: la escasez ha terminado a menudo en hambre y muerte, por incapacidad de comerciar.
A su vez, el comercio implica tres elementos integrantes (al menos): propiedad, desigualdad y dinero. Y tres elementos actuantes: coste, necesidad o deseo, y expectativa de ganancia.
Empecemos con los primeros. No existe comercio sin propiedad de alguna persona o grupo que le permita disponer de las mercancías. No existe comercio sin desigualdad, algo evidente. En cuanto al dinero, existe el comercio de trueque, pero solo en estadios muy primitivos. El dinero no parece haber sido inventado por nadie, sino que ha surgido de modo espontáneo en muchos lugares conforme se hacían más frecuentes los intercambios y mayor la interdependencia entre personas y grupos.
La propiedad, como el poder, tiene una faceta algo oscura. De ahí las disquisiciones sobre su carácter y origen, hasta la idea anarquista de que, en el fondo, se trata de un robo. Y sin duda muchas propiedades proceden de actos calificables de robo o piratería, o se han logrado con engaño o explotación de la necesidad ajena; como muchos poderes nacen de la imposición violenta. La historia está llena de tales episodios, y la mayoría de los pueblos se han impuesto en su zona actual desplazando o imponiéndose sobre otros en tiempos próximos o lejanos, es decir, conquistando por las armas su propiedad territorial. Es difícil decidir si esos, con su violencia, son los orígenes necesarios de la propiedad y del poder, pero aun si lo fueren, ambos resultan piezas esenciales de la sociedad humana que la ley termina por regular, para evitar la disgregación social, sin conseguirlo nunca por completo. Cabe especular con que incluso en los tiempos más primitivos hubo una forma de propiedad individual (las armas de caza, por ejemplo, o el atuendo de cada uno) y otra colectiva (el territorio dominado por cada grupo). Tanto una como otra forma de propiedad han sido desde siempre objeto de querellas, choques y a menudo crímenes, componentes de la historia humana hasta nuestros días. Es inimaginable un comunismo primitivo en que toda la propiedad fuera realmente común, como pretenden teorías utópicas, o una “edad de oro” en que no existiese “tuyo y mío”, como soñaba Don Quijote. La causa de ello es la necesidad de cada persona y cada grupo de asegurar su supervivencia en un mundo de escasez. Sin alguna forma de propiedad, tanto el individuo como el grupo se ven abocados a la extinción.
Podemos pensar, sin embargo, en grupos autosuficientes, sin comercio exterior –como no sea la guerra–, aunque siempre habrá algún tipo de comercio interior relacionado con la desigualdad interna. Se darán canjes y no todos tendrán las mismas posesiones particulares ni, seguramente, la misma retribución en el producto, en unos casos por diferencia de estatus (jefes, etc.) o por diferencias naturales (no come lo mismo una persona corpulenta que una delgada o, en general, un varón que una mujer).
La propiedad no existe en las sociedades animales, pero es indispensable en las humanas. Y si bien tiene evidentes efectos económicos, no es propiamente una cualidad económica sino moral. La propiedad da a las personas y grupos la capacidad de actuar, ante todo para sobrevivir, un objetivo moral e irracional o prerracional por su propia naturaleza. Es una forma de poder.
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¿Puede cambiar la enseñanza universitaria?
En otras civilizaciones ha habido instituciones parecidas a las universidades, pero en ninguna como la occidental han tenido tal empuje ni resultado tan cruciales para el desarrollo intelectual. Cuando se fundaron las primeras en Europa, a partir del siglo XI, la cultura cristiana empezó a superar a la islámica, al menos hasta ahora, y España en el siglo XIII (Palencia, Salamanca, Murcia, Valladolid) tomó definitivamente la delantera cultural sobre Al Ándalus. Las universidades han tenido épocas de declive, y en el Renacimiento lo más vivo e innovador partió de las escuelas y academias italianas. Posteriormente, la fructífera reorganización alemana del siglo XIX les ha dado básicamente la forma que tienen hoy en la mayoría de los países.
Por lo que respecta a la universidad española actual, el calificativo que mejor le conviene es “mediocre”, que no es lo mismo que mala. El nivel técnico de la universidad española es mediano, en algunos aspectos como la enseñanza empresarial y económica está a buen nivel. En lo que falla es sobre todo en la capacidad para innovar y teorizar. Hay muy buenos economistas, médicos, ingenieros y otros profesionales en España, pero las novedades y teorizaciones vienen casi siempre de fuera. Se revela también, en el plano técnico, en las patentes, pocas comparadas con otros países, y a menudo nombradas en inglés, reflejo de la profunda crisis cultural del país.
Otros defectos de la universidad, el corporativismo, la cerrazón ideológica, los clanes departamentales, etc., han sido señalados muchas veces y es opinión corriente que la cosa no tiene remedio, porque las resistencias son feroces. Recuerda, a otro nivel, la resistencia al cambio en el siglo XVIII, que tanto entorpeció la cultura española.
Quizá, como en el Renacimiento o la Ilustración, sean precisas nuevas instituciones libres de la esclerosis académica, con otros enfoques que renueven el ambiente cultural. Aquí propuso alguien una iniciativa, un tanto parcial y que no iba a la raíz del problema, pero más vale que la inoperancia predominante: http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/una-ensenanza-mejor-urssalemaniaanglosajones-maldad-usena-8630/
