Pío Baroja y el sexo
Un escritor y diplomático reprochaba a Baroja que no escribiera sobre temas amorosos.
–Sí, eso está bien, pero a mí me interesa poco. A mí lo que no he visto o, por lo menos, entrevisto, no me produce deseo de hablar de ello. Yo no he tropezado más que con matrimonios en gran parte de conveniencia y con amores un poco bajos, de prostitución, y donde ha jugado un papel importante el dinero. Si hubiera visto otra cosa, tendría verdadero interés y satisfacción en contarla (…)
–Pero hay el amor y el amor puro, las Beatrices del Dante, las Julietas de Shakespeare y hasta las heroínas de Ossian. La fe es lo que hace ver lo que parece invisible. (…) Existe el amor, que lo ennoblece todo, porque el hombre tiene un alma grande.
–Yo creo lo contrario. Creo que el hombre no ha sabido dignificar el instinto sexual. En otras actividades se ha aquilatado y se ha alambicado el impulso primario, y se ha hecho de la necesidad grosera algo que tiene belleza. En una cena elegante en un comedor bien alhajado con cuadros, con estatuas, una mesa con un mantel bordado, una cristalería brillante, una vajilla de plata y unos hombres ingeniosos, una señoras amables, en donde se come, se bebe y se habla, se ve el efecto de la civilización. Entre una cena refinada y una comida de gañanes hay una diferencia enorme; pero en esa cuestión del amor no hay diferencia alguna. Es el mono o el cerdo que surge sin velos y sin disfraz. Yo creo que a la mayoría de los hombres sensibles, no sé si a las mujeres desdichadas que tienen que caer en ese fondo del erotismo pagado, esos primeros contactos no dejan más que una impresión de tristeza y repugnancia (…) No basta ni la retórica ni la ironía para paliarlo.
Tolstói sentía la misma repugnancia por el sexo, agravada por no sentirse capaz de resistir a su inclinación (también tiene unas observaciones sobre cenas que transcribiré otro día, muy distintas de las de Baroja). Esa actitud puede compararse con la de Cela. Este compartía con Baroja la idea de la realidad del “mono o del cerdo”, pero sin la menor repugnancia. Eso era “lo bueno”. Tanto que ve en Jesús, Buda u otros creadores de religión el fallo de no haber sido “cachondos” como él mismo. Sin duda coincidiría con Baroja en que las beatrices y julietas eran pura cursilería, pero sin lamentarlo en absoluto.
Baroja cuenta que, algún tiempo después encontró al mencionado escritor y diplomático “al lado de un tipo chulo de muy malas trazas, acompañados los dos por un municipal”. Otro guardia le informó: el interlocutor de Baroja “se había entendido con el chulo, y el chulo le sacó la cartera; él le denunció a la policía, pero el chulo, a su vez, le ha denunciado, y ahora van al juicio”. Baroja se regodea: Pensé un poco en broma en el amor y en el amor puro de que hablaba el poeta, y supuse a quién llamaba él las Beatrices, las Julietas y las heroínas de Ossian.
*****************************
Revolución cultural
“En su novela de estudiantes de tiempos franquistas, un personaje, me parece que Mariantonia, se refiere a la Revolución cultural china, a aquellas masas de jóvenes que gritaban consignas amenazadoras y enarbolaban el libro rojo de Mao para atacar a “los revisionistas”. Los he visto en documentales y he leído algo sobre eso: aquella revolución quería arrasar el riquísimo acervo cultural chino y sustituirlo por las cuatro chorradas de un marxismo simple, histérico, como cuando la enloquecida mujer de Mao trató de imponer e impuso sus dos burdas ideíllas culturales en la Opera de Pekín y en todo el país. ¿A qué viene esto? Pues a que actualmente pasa algo muy parecido en Estados Unidos y la Unión Europea. No solo las sinvergüenzas de “me too” o los locos de “blm”, es la condena general de la historia y la cultura de esos países por parte de unos idiotas iluminados que al parecer se creen asistidos por el espíritu de la moral absoluta. Parece que imitáramos a los maoístas con nuevas “revoluciones culturales” (…). Cuatro perros verdes me ha sugerido este comentario, espero que le interese” José M. Pérez Gómez
**************************
La verdad sobre el franquismo,
El 90% de los que se ha escrito en los últimos 40 años sobre el franquismo tiene muy poco que ver con la realidad histórica. ¿A qué se debe, entonces, ese empeño tenaz en desvirtuar la realidad? Tiene una evidente función política de tipo neofrentepopular. Pero hay que entender su origen. Como he intentado explicar en Por qué el Frente Popular perdió la guerra, el único de aquel magma de partidos que elaboró una política y estrategia inteligentes (bien que inspiradas por Moscú), fue el comunista. De no ser por ello, los nacionales habrían ganado en medio año. Al terminar la guerra europea, parecía segura la caída del régimen, y los comunistas, muy adecuadamente, diseñaron la estrategia del maquis: serían ellos quienes dispusieran de fuerza militar propia cuando el franquismo se hundiera, y por tanto podrían decidir el rumbo del país. Inverosímilmente, el maquis fracasó, lo que obligó a cambiar la estrategia de la confrontación por la de la infiltración en los propios sindicatos y universidad del régimen. En los sindicatos, con paciencia, obtuvieron algunos éxitos, pero casi nunca lograron pasar del nivel sindical al político, que era su gran objetivo. Sería en la universidad, muy pacientemente, donde cosecharían el éxito, traducido en estos cuarenta años de falsificación impositiva.
El franquismo estaba mal preparado ideológicamente para afrontar el marxismo, del que sus dirigentes sabían muy poco. Teoría a la vez muy coherente y movilizadora, una vez se aceptan ciertas premisas, como la lucha de clases, que los soviéticos, desde Lenin, desarrollaron con gran eficacia intelectual y política. Frente a ello, las elaboraciones de las distintas familias del régimen parecían toscas y pesadas disquisiciones escolásticas al servicio de una “reacción” de banqueros, terratenientes, obispos y generales. “Reacción” apestada internacionalmente y condenada por la historia a pesar de sus éxitos momentáneos. Obsérvese que este discurso, en sus líneas generales, ha sido aceptado por la propia derecha, liberal y no liberal, que, en cualquier caso, no ha sabido teorizar aquel régimen más allá de como una salida pasajera a una situación histórica de gravedad excepcional, y sin distinguir siquiera entre república y frente popular, confusión políticamente nefasta. Para colmo, el Vaticano II dio impulso renovado tanto los comunistas como a los separatistas. Desde entonces el país ha venido retrocediendo política e intelectualmente, inmerso en la falsedad permanente.
Por ello, para sanear una democracia que ya no es tal, es imprescindible recuperar, no el franquismo sino la verdad sobre él. Creo haber avanzado algo en, por ejemplo La guerra civil y los problemas de la democracia, o en Los mitos del franquismo. Pero ciertamente queda mucho por hacer.
**************************
Galería de charlatanes (XXX) Golfería de Gibson
Con típica golfería dice Ian Gibson sobre la memoria histórica: La ley va bien encaminada pese a la crispación que produce el Partido Popular, por ejemplo diciendo que somos unos revanchistas. Yo viajo mucho por España y no veo sed de venganza, sino sed de justicia de restitución y derechos, es una cuestión de decencia humana.
En parte es cierto. A pesar de todo el veneno y el rencor involucrado en las campañas de los carroñeros, la gente en España, la gran mayoría, no tiene sed de venganza. Pero habría que preguntarse qué derechos, qué restitución y qué decencia. Toda la campaña se basa en la presunción de que los muertos izquierdistas y separatistas luchaban “por la libertad”, “por la democracia” y “por la república”, cuando fueron ellos, indiscutiblemente, quienes arruinaron la legalidad republicana y lo que ella tenía de democrática, y combatieron bajo la protección y la dirección de Stalin, el conocido adalid de las libertades. Hoy no cabe la menor duda al respecto para cualquier persona medianamente documentada. ¿Y qué decir de las masacres entre los propios izquierdistas, qué decir de esos “perdedores” de los que nunca quieren acordarse?
Lo que hay que restituir, los derechos que hay que defender, la decencia que hay que imponer, son los de la verdad histórica, tan maltratada por los gibsons, los prestons, los juliás, los viñas y tutti quanti. Es una cuestión de salud social, nada menos.
La izquierda tiene una clara conciencia de la importancia del pasado como condicionante del presente, y lo explota de forma masiva, falseándolo sin escrúpulos. En cambio la derecha quiere “mirar al futuro”, como insiste el patético, y ojalá fuera solamente patético, PP de Rajoy. ¡Qué verá, el hombre, en el futuro, quizá una gigantesca poltrona!
Se queja Gibson de que mis libros “hacen mucho daño”. Cierto, les hacen mucho daño a ellos. Pero no a la verdad. A menos que puedan demostrar que mis tesis son falsas. A ver si de una vez se ponen a la tarea, en lugar de destilar su habitual veneno inquisitorial o chequista.
(En LD, 7-8-2007)
![La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo nº 9) de [Pío Moa]](https://m.media-amazon.com/images/I/51rIB8OqHBL.jpg)






