*VOX puede ganar las elecciones, y debe ser consciente de que para ello tiene que obrar con audacia y desbancar al PP, no colaborar con él como en Andalucía. En su oposición a la tiranía antiespañola del nuevo frente popular es único y debe quedar como único. La moción de censura es esencial, y se ganará políticamente y ante el pueblo español, aunque no se alcancen los votos charlamentarios. Como se ganó la anterior.
**La tiránica y golpista ley de memoria antidemocrática debe ser incumplida promoviendo con fuerza la información sobre nuestro pasado. Los mitos del franquismo, completado con Galería de charlatanes, son hoy el mejor modo de desafiar a los golpistas. Leer y regalar ambos en estas Navidades es un modo de desafiar la tiranía.
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De Balzac a Dostoyefski
Se partía del “Hombre”, fuera en su faceta social como “la Humanidad”, armada del instrumentos de la Razón todopoderosas e impositiva; o en su faceta individual, el “Yo” libérrimo incluso frente a la sociedad. Enfocado de un modo u otro, el Hombre, al revés que Dios, parecía una evidencia. Pero en definitiva, ¿qué era ese ser divinizado?
Uno de los modos más antiguos de intentar penetrar en el destino humano es la literatura, cuya descendencia de los mitos religiosos no exige mucha argumentación. Y el siglo XIX fue el gran siglo de la novela. Numerosos países europeos produjeron algún autor excepcional, así Manzoni suele ser considerado el mayor literato italiano desde Dante; Eça de Queirós desde Camoens; o Galdós desde Cervantes. Francia, Inglaterra y Rusia fueron especialmente prolíficas en narradores de talento.
Con cierta arbitrariedad podríamos considerar los más significativos a Balzac, Dickens, Dostoyefski y Tolstói. Los cuatro se preocuparon especialmente de describir caracteres bajo cuyos avatares aflorasen las profundidades de la condición humana. Balzac aspiraba a trazar una “historia natural de la sociedad” a través de su colección de obras La comedia humana, así llamada porcontraste con La divina comedia. Resultaba, desde luego, poco divina, y la palabra comedia remite en Balzac más bien a la farsa. Por sus novelas pulula una multitud de personajes de todo género y clase, de fuerte relieve bajo una observación aparentemente fría, como diseccionados en sus conductas, sin insistir en calificaciones morales, que aun así se desprenden, difuminadas, del propio relato. En su mundo el dinero es la medida de todas las cosas y corrompe el amor, las virtudes, las ilusiones o las pasiones, que fracasan o concluyen en la trivialidad gris de la existencia “burguesa”, donde triunfan a menudo los más deshonestos y vulgares. En El coronel Chabert, por ejemplo, esa visión alcanza una profundidad entre cínica y trágica: “la vida humana es así”, y no deja mucha esperanza de cambio. Podría describirse con una frase de Sartre: “El hombre es un pasión inútil”. Parece que Balzac se aproximó al catolicismo al final, pero su enfoque es el de un positivista sin ilusiones, un “burgués” materialista, ilustrado y escéptico, y aun así fascinado por el paisaje humano.
La aproximación de Dickens difiere enormemente. Se ha hecho notar a menudo su denuncia social de la miseria y el abuso que sufrían las capas más desprotegidas de la sociedad bajo el triunfalismo y el moralismo victorianos, pero su enfoque no es amargo ni cínico ni frio: es el de un reformista social que cree en la capacidad de mejora del ser humano y de la sociedad, en el triunfo final de la virtud sobre el vicio. La injusticia existe, pero es remediable, como en Oliver Twist. Las circunstancias que hacen desdichados a los personajes provienen sobre todo de la pobreza, pero la persistencia en la virtud termina por hacerles recibir su merecido premio, así como los malos obtienen el castigo. Continúa una larga y optimista línea en la literatura inglesa, en la que tiene un papel el humor, a menudo sarcástico pero sin demasiado veneno. Hay en Dickens un optimismo de fondo, y su compasión por los desdichados brota de su espíritu religioso (anglicano). Comparte los valores e ideales de la sociedad en que vive, y si retrata sus males es con la convicción de que no son permanentes y que el progreso social e individual es posible. Balzac, también conservador en sus ideas, no parece creer mucho en el progreso moral del individuo.
Dostoyefski y Tolstói son las máximas figuras del sobresaliente florecimiento cultural ruso, y para muchos los mayores novelistas de la historia. Los dos profundizan como pocos en la condición humana, difiriendo mucho entre sí. Dostoyefski percibe con fuerte ansiedad las consecuencias de las corrientes darwinianas y nihilistas que niegan a Dios y, con él, la moral. Su obra Demonios tiene algo de profética sobre lo que había de ocurrir en Rusia en el siglo XX. Pero es Raskólnikof en Crimen y Castigo el presonaje que asume su función divina declarándose dueño del destino de la vieja usurera, de su vida sórdida y parasitaria, una vida “inútil” (el utilitarismo era también una doctrina muy en boga). El asesinato, el hacerse dueño y destructor de una vida ajena, puesta en el mundo por una fuerza incomprensible, por tanto irracional, es la manifestación más profunda de la divinización del Hombre, al menos del Hombre superior que ha comprendido la realidad de la vida y sus leyes. El ejemplo fascinante de Napoleón, que no ha vacilado en sacrificar a multitud de personas a su gloria y es, no obstante, venerado por tantos, manifiesta esa realidad: el hombre superior, el genio divinizado, está justificado para romper las pequeñas reglas de la moral que torturan a los espíritus pequeños. Sin embargo Raskólnikof no logra escapar a la culpa, que le atenaza y le lleva a comprender que debe pagar por el crimen, y encontrará redención en el amor por Sonia. El relato es psicológicamente profundo y convincente, pero ¿ qué decir de tantos llamados criminales que no parecen sentir la menor culpa por sus actos?
En Tolstói debe distinguirse su última etapa, mística, anarcocristiana, aspirante a la disolución del yo, en la que renegó de sus novelas, y su época literariamente creativa. Una diferencia típica con Dostoyefski consiste en el carácter épico de varias de sus obras, particularmente en la más famosa, Guerra y paz, carácter ausente en el anterior, cuyo estilo es más bien dramático. Guerra y paz ha sido comparada, algo forzadamente, con La Ilíada. Esta es un relato de héroes, mientras que la obra de Tolstói, que él no consideró novela, trata de responder más bien a su concepto de la historiografía: “Para estudiar las leyes de la historia debemos cambiar del todo el objeto del estudio; olvidar a los reyes, ministros y generales, y estudiar los elementos homogéneos e infinitamente pequeños que guían a la masa”. Nada de héroes, pues. De hecho, Guerra y paz es solo parcialmente una novela, pues integra ensayos sobre el poder, la guerra o la historia. En ella, los personajes, aun ficticios la mayoría, van trazando al mismo tiempo una grandiosa panorámica de la vida rusa, algo que no preocupaba a Dostoyefski. En este sentido tiene algo de epopeya. No existen personajes de relieve especial que caractericen la trama (Pierre Bezújof es el mas citado), sino un gran número de ellos, tratados con auténtica genialidad en sus rasgos personales, en el entrelazamiento de sus pasiones, deseos y aspiraciones en tiempos de paz, arrastrados y confundidos luego por el torbellino bélico. Un panorama grandioso; pero en el epílogo vemos a varios de los supervivientes principales sumidos en una vida vulgar: la brillante Natasha ha perdido su chispa y su ingenio, se ha vuelto gris y tacaña, y Pierre se ha convertido en algo así como un marido pusilánime. Los celos afloran aquí y allá, y tampoco las vidas de Nicolái, la princesa María o Sonia sugieren algo más que una existencia anodina, harto alejada de la épica anterior: tanta excitación y convulsión para tan poca cosa, podría ser la conclusión. Tolstói da por supuesta la existencia de unas leyes del movimiento histórico, pero su obra expresa más bien lo contrario, a menos que esa sea la ley: muchos trabajos y pobre desenlace.
Hay alguna similitud entre Balzac y el Tolstói de Guerra y paz. En ambos la vida viene a constituir una agitación sin objetivo claro, no deja de acercarse a una pasión inutil, si bien en Tolstói la poesía y el amor tienen un papel más relevante. También hay similitud entre Dickesns y Dostoyefski, los dos con un fondo religioso más intenso, pero que en el primero nos parece convencional y en el segundo adquiere un calado muy superior. La actitud de Dostoyefski se resume en su famosa frase “Si Dios no existe, todo está permitido”. Y ese “todo” es precisamente el crimen, el más salvaje de los crímenes…, que en realidad dejaría de serlo, pues no habría criterio para definirlo como tal, salvo por las leyes impuestas por unos pocos hombres a los demás. Y por otra parte, la creencia en Dios no ha evitado la comisión de enormes atrocidades en la historia. El autor gira en gran medida sobre ese tema: el crimen existe, es algo real, no una simple convención supersticiosa de los débiles o los interesados , y por tanto debe ser expiado: la fe y el amor cristianos ofrecerían el camino de redención. Una fe empapada de angustia, por la deficiente capacidad humana para comprender los designios divinos en medio del dolor y el mal tan presentes en el mundo.
En estos cuatro autores encontramos una cruda disparidad entre una sociedad que parecía avanzar rápidamente hacia la solución de todos los problemas técnicos y vitales, como sugería el coro de Antígona, final de la historia y sus desgracias a cargo del hombre divinizado entrevisto por Comte y muchos otros…, y la escasa consistencia del hombre de carne y hueso, sujeto a mil inquietudes, azares y miserias. Pero, cabría decir, la literatura, como el arte en general, no pasa de ser ficción sin otra competencia real o utilitaria que la de divertir imaginativamente al público. Por tanto, sin la transcendencia significativa que algunos pretenden otorgarle.
En Europa, una introducción a su historia
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Tras la derrota del rupturismo en el referéndum de de diciembre de 1976, comenzaron a invertirse ciertos papeles. Carrillo aceptaba la herencia del franquismo, y Suárez pasaba a hacerse un poco antifranquista: 253 – Carrillo se somete y Suárez se hace antifranquista | Franco es la clave | La jauría – YouTube
