Paseo a la aurora
Santi tiene cierta obsesión por la salida y ocaso del sol, que definen la jornada de los protagonistas, que aquí representan a todos los humanos. Santi se da cuenta de que casi nadie presta atención al sol, salvo por su calor, pese a que de él depende radicalmente la vida, y de que su paso diario por el firmamento marca con su sello invisible la peripecia de los hombres. Orto y ocaso, sucesos tan lejanos, tan grandiosos y ajenos a la voluntad humana, bajo los cuales, en el curso de cada jornada, las masas inmensas de los hombres se afanarán en sus negocios y esfuerzos, y les ocurrirán mil hechos, afortunados, tristes, siniestros…, hasta que dejen de afanarse definitivamente, sin que el astro que preside su inquietud se dé por enterado. Más o menos así piensa Santi, en los términos algo vulgares del vocabulario juvenil.
El comienzo de Sonaron gritos… y el de Cuatro perros verdes, tienen un mismo tema: el despertar a la vida adulta. Solo que en el caso de la primera, y como expresa su título, se produce un día con extrema violencia, que está a punto de acabar con él psíquica y físicamente, y que le obligan a un esfuerzo agónico por recuperarse. En cambio, para los “perros verdes” del Brasiliana, la jornada se presenta tranquila, con una charla amistosa, entre bromas y veras, unas lucubraciones sobre lo que será el futuro, lo que esperan y cómo calibran la vida, su sentido o sinsentido. Son preocupaciones que entonces (1967) interesaban más que ahora, cuando todos los mensajes publicitarios y políticos se empeñan en ofrecer felicidad. Hay en los cuatro una sensación de libertad y de que, en definitiva, pueden hacerse más o menos dueños de su porvenir, aunque un par de menciones, a la muerte de Che Guevara y al suicidio de Violeta Parra, funcionan como advertencias.
******************************
¿Pudo haber ganado el Frente Popular?
En tres momentos estuvo muy próximo a la victoria. El primero al principio, cuando quedaron en su poder las principales ciudades, casi toda la industria, prácticamente todos los recursos financieros, el grueso de la aviación y la marina y de las fuerzas de orden público, y la mitad del ejército de tierra. Ya sabemos cómo desperdició la ocasión, precisamente por creer garantizado ineluctablemente el triunfo.
El segundo fue al llegar ante Madrid el pequeño ejército de África, cuando el FP disponía ya de un ejército regular además de las milicias y de armamento soviético abundante y mejor que el alemán e italiano. Las tropas de Franco pudieron haber sido rodeadas y aniquiladas, y eso fue intentado tres veces, fracasando las tres. Aunque tampoco los nacionales pudieron tomar Madrid.
El tercero, quizá el más peligroso, fue durante la batalla del Ebro, cuando la crisis de Munich pareció a punto de desembocar en contienda general, que haría intervenir a Francia e Inglaterra contra los nacionales. Franco conjuró la amenaza declarándose neutral en caso de guerra entre Francia-Inglaterra y Alemania. Y la crisis se superó, y la guerra europea quedó aplazada por un año.
**********************
Inglaterra y España hoy
Veo un momento en un bar el entierro de la reina inglesa. En estos momentos deben de estar viéndolo cientos de millones de personas en todo el mundo. Dos observaciones: en primer lugar, no cabe duda de que, a pesar de sus retrocesos, Inglaterra sigue siendo muy influyente en el mundo, ante todo porque se respeta a sí misma, mientras que España es hoy un país despreciable que empieza por no respetarse él mismo. En segundo lugar, la presencia de los marineros en primer término tras el féretro, en señal de la importancia concedida al historial de su armada. Ahora bien, el historial naval español es sin duda muy superior al inglés, pero en España llevaba dos siglos prácticamente olvidado, solo últimamente se vienen recordando algunos de sus hechos más relevantes, y todavía nadie parece haberse dado cuenta de su trascendencia en la historia humana, quedan casi como éxitos deportivos.
La abyección que han traído a España unos políticos que se presentan como demócratas y son simplemente parásitos de la democracia, se manifiesta en su reverencia a un país que, con todos sus méritos, ofende y humilla permanentemente a España ocupando un punto estratégico clave de su territorio. Esa basura política se proclama amiga y aliada tanto de Inglaterra como de otro país que aspira a imitar a los ingleses en Ceuta y Melilla.
El entierro de Isabel II demuestra lo mucho que sigue siendo Inglaterra. Aquí hemos tenido que soportar la profanación de la tumba del mayor estadista español en siglos por una pandilla de delincuentes. Con el silencio cómplice de la Iglesia, la monarquía y tantos que se dicen demócratas porque para ello les basta gastar un poco de saliva.
*************************
De traiciones
Macbeth está lleno de expresiones geniales. Hay un diálogo terrible entre la esposa de Macduff y uno de sus hijos. La madre sabe que ella y sus hijos serán asesinados pronto, y acusa a su esposo de traidor por haberlos abandonado. El hijo pregunta qué es un traidor: “Uno que jura y miente y que debe ser ahorcado” ¿Por quién?” “Por los hombres de bien”. “Entonces los juradores y mentirosos son idiotas, pues hay suficientes juradores y mentirosos para capturar a los hombres de bien y ahorcarlos”.
El hijo es muy ingenioso, pero la madre sabe más: “Golfillo, tu padre ha muerto (lo da por muerto a efectos prácticos) ¿qué haréis ahora? ¿Cómo os mantendréis? (…) ¿Qué haréis para encontrar un padre?” “Y vos, qué haréis para encontrar un marido?” “Bah, puedo comprarme veinte en cualquier mercado” “Entonces, ¿los compraréis para volver a venderlos?” “Hablas con toda tu inteligencia, por cierto notable para tu edad”. E insiste: “¿Cómo harás para tener un padre?” “Si hubiera muerto, le lloraríais. Si no lo hicierais, sería señal segura de que pronto tendría un nuevo padre”. Ningún ingenio ni inteligencia puede evitar el pronto final, y la madre termina: “¡Pobre habladorcillo! ¡Cuánto charlas!”
Aparte su valor literario, quizá la conversación sobre la traición tenga un sentido críptico. A Shakespeare le han creído algunos católico oculto. El anglicanismo se impuso en Inglaterra mediante una oligarquía creada por Enrique VIII repartiendo las propiedades de la Iglesia o de otros nobles, y apoderándose de tierras comunales. Evidentemente, los traidores eran ellos, y sin embargo resultaron lo más poderosos y acusaron de traición a quienes seguían católicos. “Los juradores y mentirosos capturaban a los hombres de bien y los ahorcaban”. O les cortaban la cabeza.
Por cierto que si en algún lugar hay un precedente de las tiranías policíacas del siglo XX es en aquella Inglaterra, como he mencionado en Hegemonía española y era europea. No pretendo que Shakespeare fuera católico ni que tuviera esa intención, es solo una especulación sobre algo posible.
*******************
Frase: Quién dijo…
“Nuestro odio a la vil España es gigantesco, loco, grande y sublime. Hasta odiamos el nombre, el grito y la memoria, sus tradiciones y su sucia historia”.
