El amor y el horror del destino
La Ilíada y La Odisea alcanzan en ocasiones cimas poéticas inigualadas y tal vez inigualables. Así la despedida de Héctor y Andrómaca: Bien me dice mi inteligencia y presiente mi corazón que llegará el día en que perezca la sagrada Ilión, y Príamo y el pueblo lancero de Príamo. Pero no siento tanto pesar por la pérdida de la ciudad, ni de los troyanos, ni siquiera de la vida de Hécuba (su madre) ni la del rey Príamo o la de mis valerosos hermanos que caerán en el polvo por los golpes de los enemigos, como por ti, cuando algún aqueo de coraza de bronce te lleve llorosa y te arrebate la luz de la libertad, cuando tengas que servir en Argos a otra mujer y traer agua de la fuente Merea o Hiperea oprimida por el cautiverio y la necesidad, y alguno que te vea deshacerte en llanto diga: “Esa es la mujer de Héctor, el más valiente de los troyanos domadores de caballos, cuando luchaba delante de Troya ” Así dirán, y tendrás una pena inmensa por haber perdido a quien podría haberte librado de la servidumbre. ¡Ojalá mi cadáver lo cubran montones de tierra antes de oír tus gritos o ver cómo te arrastran!.
Es difícil o imposible exponer con tal intensidad a un tiempo el amor y el horror del destino mezclados ineluctablemente. Ante el presentimiento de la desgracia, Héctor prefiere la muerte, lo cual es en cierto modo normal. También sería normal que su ánimo se hundiese, renunciando a cualquier acción, por inútil; o bien, por ejemplo, que intentase escapar con su esposa para eludir un final tan catastrófico. Sin embargo elige seguir luchando, aunque sea en vano: el supuesto es que de otro modo su vida habría perdido valor. Quizá tenga relación con la visión pesimista reflejada también en la mitología nórtica. La caída de Troya es el fin de un mundo, una premonición, a escala local, del destino del mundo en su totalidad. En tal perspectiva, el único sentido o valor de la vida humana, sería la lucha hasta el final, por inútil que pudiera entenderse.
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Libro histórico (II) “europeísmo” y democracia española
Los mitos de la guerra civil no salió en 2002 sino en enero de 2003. Para el caso es lo mismo, porque da tiempo a una reedición. Como fuere, la fechoría de Aznar en 2002 ratificó la absoluta victoria política y cultural del oficioso frente popular. Digamos que en aquella farsa que empezó en historicida y derivó a liberticida, pesó mucho la beatería “europeísta” común a todas las fuerzas políticas. España siempre ha sido parte de Europa, claro pero entonces descubrieron todos que no había sido así, y que era preciso “entrar”. Y la entrada había que pagarla: España era el único país eurooccidental libre de la asfixiante deuda política y moral con Usa y la URSS, un verdadero escándalo, por lo que el precio de la entrada suponía inventar una democracia “antifranquista”, para homologarse. Ese europeísmo beato e ignaro, alentado desde Bruselas, fue un factor no despreciable en la involución comenzada poco después del referéndum de diciembre de 1976, en el que el pueblo español tuvo la osadía de justificar históricamente al régimen anterior.
En todo caso, ya digo, la victoria cultural de izquierdas y separatistas era completa, salvo por algunos historiadores reducidos a un gueto, cuya subsistencia venía a justificar a los vencedores como permisivos demócratas. Ningún peligro. Algo empezaron a olerse aquellos triunfadores en 1999, cuando publiqué Los orígenes de la guerra civil, y no porque desmontara las bases mismas de su falsario discurso, sino porque tuvo una difusión inesperada, aunque todavía modesta. A intelectuales y políticos del frente popular “fáctico” les importaban un bledo las versiones contrarias, que no se dignaban debatir, por supuesto; lo que les preocupaba es que llegaran a cientos de miles de personas y condicionaran la política. Por ello Los mitos de la guerra civil, del que se hicieron más de cuarenta ediciones en menos de un año, hizo que saltaran todas sus alarmas; y que, por lo demás, se retrataran como intelectualmente vacuos y políticamente antidemócratas.
Conviene recordarlo. El libro ya empezó “como un tiro”, pero cuando el periodista Carlos Dávila me entrevistó en TVE-2, la venta se multiplicó, y los paniaguados de la farsa historiográfica, periodística y política se subieron por las paredes, exigiendo la censura contra un libro que, por supuesto, no podían refutar. Los sindicalistas de TVE se presentaron en el Congreso para protestar de la entrevista, a Dávila le hicieron la vida imposible; en la SER la banda de Gabilondo (el de los calzoncillos suicidas cuando el 11-m) se puso literalmente a aullar: ¿cómo podía permitirse que los grandes medios difundieran las tesis que ponían en evidencia lo mucho que se venía mintiendo sobre el pasado desde hacía más de treinta años? Muy significativamente, el primero en exigir la censura en El País no fue un izquierdista de recua, sino un historiador democristiano, Javier Tusell, seguido por todos los demás. El País haciendo honor a su conocido carácter democrático, me negó el derecho de réplica.
¿Por qué no podían aceptar un debate intelectual libre en los medios de masas? Creo que no hace falta explicarlo. Su máximo interés consiste en dominar esos medios, y era y es ante todo interés político, no intelectual: si resultaba que la guerra no fue como ellos pretendían, todo un montaje político apoyado en sus versiones quedaba en el aire. Y, por supuesto, en los países de la actual UE, la censura se aplicó inmediatamente. Han pasado veinte años hasta que el libro ha podido publicarse en uno de ellos, Francia.

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Actualidad ¿Monarquía suicida?
**Pocas cosas hay más repulsivas que la farsa montada por el aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Montada por los principales auxiliares de la ETA, los socialistas, sin quienes la ETA no sería hoy un partido político de gran influencia en España, prácticamente gobernante.
**Algún amigo me ha reprochado el empleo de palabras groseras como “maricones” o “tortilleras”, que desdicen de un pensamiento algo refinado. Hay mucha hipocresía al respecto: son palabras de uso popular y que se emplean por los propios homosexistas, y en todo caso sería pagarles en la misma moneda que ellos utilizan contra la sexualidad normal. Siempre he creído que la sexualidad es algo personal, íntimo, con lo que no debe hacerse política. Pero precisamente la homosexualidad y sus similares lgtbi no solo se han convertido en política, sino en política dominante que trata incluso de dictar la moral pública, y lo hace con todo descaro. ¿Por qué habríamos de aceptarlo? Conozco homosexuales a quienes repugna todo eso.
**Comino: ”Si el franquismo fue ilegal, el rey es ilegal, y acabará cayendo tarde o temprano”. Muy justo. La monarquía no ha venido por sus propios méritos, que eran nulos después de su traición a quien la había salvado in extremis, seguida de su autogolpe del 31. Vino por méritos de Franco, que rompió la sucesión dinástica al ver cómo el heredero, Don Juan, volvía a las andadas. Por desgracia Juan Carlos le salió socialista. La monarquía es una de las herencias del franquismo, y los mismos monárquicos la socavan al fingir ignorar su origen.
**Veo un comentario de una tontaina profesora de la “Complutense University of Madrid”. Una de tantas y tantos.
**Las sanciones a Rusia, lejos de debilitar a Putin, están reforzando su apoyo interno. Tanto es así, que algunos ya hablan de involucrarse más directamente, incluso en términos de guerra nuclear. Putin ha dicho: “Están hablando de derrotar a Rusia en el campo de batalla. ¿Qué se puede decir a eso? Pues bien, que lo intenten”.
**El gran problema con Ucrania es que Rusia va ganando la guerra. ¿Será capaz la OTAN de aceptarlo, después de su rosario de sangrientos fracasos en otros países? Si lo acepta, será muy difícil evitar su propia disolución. Y si no lo acepta, las posibilidades de escalada, incluso nuclear, saltan a la vista.
**Nunca se resalta lo esencial: España no tiene conflicto con Rusia, y sí con Inglaterra y Usa (sus innecesarias bases hacen blanco a España de eventuales misiles). La supuesta tiranía de Putin es un asunto que solo pueden resolver los rusos. La nada supuesta tiranía inmediata de Mohamed VI, protegida por Usa e Inglaterra, sí nos afecta, porque amenaza directamente nuestro territorio. Si olvidamos lo esencial caeremos en todas las trampas de la demagogia. Como viene ocurriendo.

