El mayor misterio.
Releídas sus dos novelas, en espera de la tercera, pues usted prometió una trilogía. En primera lectura me desconcertaron, pues siempre me pregunto: ¿adónde va el autor? ¿Va solo a entretener, a jugar con algunas emociones vulgares como la mayoría? Una segunda lectura me aclaró más. Veo la clave de la primera en la muerte del padre. Mejor, en la reacción del protagonista, de Alberto: ¿por qué siente su participación en esa muerte de un modo tan violento, tan repentino? Racionalmente, no tiene motivo: lo considera un criminal enloquecido, y además enemigo político. Mi conclusión: siente su muerte, que él ocasiona ¡como un suicidio! ¡Su padre no es solo como él mismo, en realidad es él mismo de alguna manera extraña! Él suicida su juventud. La relega al olvido, que es lo mismo, la mata. ¿Sabía usted que Pushkin odiaba su juventud, se avergonzaba de ella? En Sonaron gritos es otra cosa, pero me lo ha recordado. ¿Ha vivido Alberto felizmente desde entonces, sobre ese olvido? Dice que sí, no lo detalla, con Carmen. Pero, anciano, llega un momento, un sueño, una vieja foto, y le resurge con fuerza impensada el recuerdo, reprimido tantos años. Y al recobrar su juventud se siente liberado de un fantasma. Y se percata de un sinsentido en su vida posterior. ¿Cómo? Al pensar en sus hijos: son el producto de su felicidad con Carmen, y no le satisfacen. Quizá el olvido fue un error, piensa. Con razón titula usted esa parte del libro como “El mayor misterio”. El de la vida misma.
Lógicamente, pensé que Cuatro perros verdes versaría sobre las aventuras y desventuras de los hijos. ¿No lo exigía el guion? Pero solo aparece un hijo con entidad, Diego, la chica brevemente y el otro chico en mera alusión. De Diego sabemos por la primera novela cómo terminará: mediocremente en su edad madura. Y eso hace más impactante su andanza juvenil que se presentaba tan promisoria: ¡cuántas experiencias, cuántas carreras vitales semejantes! El problema de los otros, los cuatro perros verdes, es el de su actitud hacia la vida, la misteriosa vida: cada uno con su actitud, sus esperanzas, que no sabemos en qué pararán: ¿está de alguna forma predestinada la vida en esas actitudes y esperanzas de jóvenes? ¿Qué podría decir cada uno de nosotros, los que ya somos maduros, comparando su juventud con lo que fue luego? ¿O con “lo que pudo haber sido y no fue”, como dice el bolero? El relato no lo aclara, no es su tema, si exceptuamos el caso de Diego, por el epílogo de Sonaron…
En fin, podría seguir largo tiempo, porque las dos narraciones dan mucho de sí. Le escribo porque creo que son dos grandísimas novelas, he visto que otros lo han apreciado también. Y es lástima que sufran el ninguneo de lo que usted llama con toda razón la Triple M. Vivimos tiempos en que reinan la mentira y la chabacanería. Pero no hay mal que cien años dure. O eso dicen. Gabrel Robles Dupré.
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Madrid, sucursal de Gibraltar.
Hará unos treinta años discutí en el Ateneo con un grupo de socios tratando de hacerles ver la creciente colonización cultural que sufre España por el inglés. Me asombró el entusiasmo que mostraban por la “utilidad” de ese idioma, que “nos enriquecía” porque “un país que se aísla se empobrece”, y otras simplezas por el estilo. Les dije que una cosa es asimilar aspectos culturales de otras lenguas o países y otra ser asimilados por ellos, que era lo que ocurría mientras el inglés iba desplazando al español del lenguaje de la ciencia, la economía, el arte, etc., y corrompiendo el lenguaje corriente. No había manera: no salían de sus tópicos. Como mucho admitían que no debían usarse términos en inglés que ya existieran en español, lo que era como aplicar aspirinas a un cáncer. El desprecio por la cultura española ha llegado a hacerse inconsciente, algo muy difícil de superar. Y lo más cómico de todo es que ninguno de ellos (unos diez entre 35 y 55 años, todos con carrera universitaria) sabía casi nada de inglés. Ni uno solo.
Desde entonces, la cosa ha ido a mucho peor. Basta pasear por Madrid para percatarse de hasta qué punto la cultura y el idioma propios van siendo desplazados de la vía pública en anuncios, nombres de comercios o bares, incluso de urbanizaciones, etc. La música que hacen sonar en muchos establecimientos es siempre useña o inglesa. Si uno se fija en los niños, ya se les aplica el lavado de cerebro, el desprecio a lo español, desde las edades más tiernas
, con palabras en los babis y las carteras, frases generalmente tontas en la ropa cuando crecen algo, etc. Y lo que pasa en Madrid ocurre en cualquier otra ciudad.
Unos políticos delincuentes (lo son, e incluso se presentan como patriotas, tipo Hope Aguirry) imponen la enseñanza bilingüe porque “lógicamente”, el inglés es, dicen “la lengua de la ciencia y de todo lo demás”, condenando el español a su progresiva relegación como lengua doméstica y de infraculturas. Recientemente el Pujoliño gallego, que promociona el gallego como lengua propia y admite el español como lengua ajena, ha dicho que el problema educativo en España consiste en la insuficiencia de la enseñanza del inglés. Y no ha provocado la menor crítica ni réplica. Como dicen muchos separatistas que no disimulan como Pujoliño, entre el español y el inglés como lenguas extranjeras, mejor el inglés. Incluso en VOX piensan así algunos.
Y la cuestión es: ¿HASTA CUÁNDO CONSENTIREMOS ESTE AUTÉNTICO CRIMEN?
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Crisis de la democracia (I) Medios de Manipulación de Masas
El libro de Luis del Pino La dictadura infinita, plantea la crisis de la democracia desde el punto de vista de tendencias totalitarias en gran parte externas (léase principalmente China) y en aumento, y de las posibilidades de control casi absoluto de la población que hoy permiten las nuevas tecnologías. Pero la amenaza externa es solo una parte del problema. El hecho es que la democracia, como también señala el autor, está siendo socavada en los mismos países que se proclaman democráticos, empezando por Usa.
Debemos entender que toda sociedad humana es forzosamente oligárquica. Y no solo en sentido político: en cualquier actividad , desde la atlética o deportiva hasta la científica o artística, y desde luego la política, siempre son unos pocos, muy pocos, los que destacan por encima de los demás y con ello rinden un beneficio al conjunto. Estos son las élites, y componen una forma de poder en todas las actividades. La igualdad es la muerte, y solo se da en la muerte o la esclavización de la mayoría. Existe sin embargo una dinámica por la que las élites tienden a convertirse en mafias, al utilizar los mecanismos del poder para perpetuarse en él al margen de cualquier otro interés. Por eso la democracia pone coto, hasta cierto punto, a esa tendencia tan repetida en la historia, al exponer a las élites a las elecciones y a la libertad de expresión.
Hasta cierto punto, claro. En democracia, la llamada opinión pública tiene mucha fuerza, y se manifiesta en mayorías electorales. Es una opinión difusa que se crea y se cambia con los medios de expresión y difusión. De ahí que las mafias tengan el mayor empeño e interés en controlar esos medios. Uno de los aspectos clave de la crisis actual de la democracia reside precisamente en enmafiamiento de los medios, trasformados en la Triple M a través de intereses y dinero. Estos medios destruyen el espíritu de la libertad y dejan sin voz ni expresión a una gran parte, que puede ser mayoritaria, de la población. Es muy difícil vencer esa tendencia, aunque Trump lo logró una vez y quizá vuelva a lograrlo. También en España y en la UE surgen denuncias y voces que dificultan su despotismo a la Triple M y a los partidos que vienen repartiéndose amigablemente el poder en una “democracia de amigachos”, que podría decir Azaña.
Pero la lucha no está resuelta ni mucho menos. Por ahora, las mafias consiguen sostenerse: “Cómo se llama un país donde casi el 100% de la prensa subvencionada apoya al gobierno? ¿Cómo se llama un país en que todos los contribuyentes son forzados a financiar los medios comprometidos al servicio de las “élites”, del poder y de un inmenso partido hegemónico que criminaliza a sus opositores? ¿Cómo se llama un país donde la mitad de los ciudadanos no tiene ya confianza en ningún medio de masas?“ (Gabrielle Cluzel, Boulevard Voltaire). Se puede llamar Francia, España, Usa…
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