Lo que explica usted sobre la historia reciente de España, cómo se ha formado un nuevo régimen de frente popular, es decir, antidemocrático, exige explicar a su vez cómo es posible, sin que aparentemente nadie se haya dado cuenta.
–La cosa es sencilla, básicamente: todos han tratado de olvidar u ocultar la historia y de falsificar el significado histórico del franquismo. Ya apenas logrado el éxito del referéndum del 76, victoria póstuma de Franco, Suárez, el del aeropuerto, debió de creerse un gran estadista y procedió a repartirse el poder y el dinero con separatistas y los demás derrotados en la guerra civil. De todos modos, el régimen de la transición no tenía leyes despóticas y totalitarias como las del régimen zapaterista. En realidad Suárez era un chisgarabís sumamente inculto, que jamás había sido demócrata y que entendía esta de ese modo, como repartos entre amigotes. Para él, la historia, que empezaba por ignorar, no era nada: todo se reducía a cambalaches y “diálogos” en los que no entraba ninguna cuestión de principio. En tres años destruyó su propio partido y llevó al país al borde del desastre. Siempre se olvida que el 23-f se debió a su gestión.
¿Cómo pudo hacerlo él solo?
–No fue él solo, claro está. Y eso habla también de la debilidad intelectual y política de la clase dirigente salida del franquismo. Y esa debilidad revela a su vez el fracaso de aquel régimen en fundamentar una doctrina política de fondo. Esto quizá era imposible, porque había cuatro doctrinas, y la principal de ellas se volvió abiertamente contra el régimen.
Luego, el régimen de Franco no tenía posibilidad de subsistir.
–Así es. Solo Franco lo mantuvo gobernando con extraordinaria habilidad a sus cuatro partidos. Al final, nadie creía en las instituciones con las que se había gobernado el país con tanto acierto. En fin, al llegar la transición, los únicos que tenían ideas, aunque perversas, eran los que se identificaban con el Frente Popular al que empezaban por falsificar llamándolo bando republicano. Su nivel intelectual era también muy bajo, un marxismo muy tosco predominante, pero tenían la sensación de tener razón a base de caricaturizar a unos franquistas en ruina intelectual. Además contaban con un fundamental respaldo político exterior: el de los países europeos que lo debían todo a Usa y a la URSS, al contrario que España. El propio franquismo no desarrolló doctrinalmente su magnífica experiencia de reconstrucción y desafío a casi todos –cosa que siguen sin perdonar a Franco–, y luego de crecimiento espectacular fuera de la CEE. En el propio franquismo fue adoptándose una actitud servil, de la que es buen ejemplo Luis Suárez, como expuse en otro artículo.
¿No es tarde para volver sobre eso?
–Antes de nada: los políticos, de un lado o de otro, salen de la universidad. Y la universidad española es un desastre desde hace mucho tiempo. Su miseria queda reflejada en su aceptación de la ley de memoria histórica. Y por eso creo que la cuestión de la enseñanza (lo que llaman “educación” al estilo anglo) es absolutamente fundamental, y un partido de alternativa tendría que ponerla muy en primer plano. No se trata solo de medidas técnicas o más dinero, sino de un enfoque distinto. Ningún partido, ni siquiera VOX, se plantea nada semejante.
¿Era mejor en el franquismo?
–El franquismo hizo bastante por mejorar la universidad, pero sin mucho resultado, entre otras cosas por su falta de doctrina política algo unitaria, más allá de algunas ideas elementales, básicamente el patriotismo y el catolicismo. En su visión, la guerra se había librado “por Dios y por la patria” (desde luego que no por la monarquía ni por el Vaticano II), cosa muy real, pero insuficiente para fundamentar una ideología. Lo que yo estoy haciendo es tratar de extraer de la práctica franquista algo que nos sirva para la actualidad. Una actualidad en la que a los viejos problemas se suman otros nuevos, en una verdadera crisis de civilización.
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Ha salido ya la segunda edición de Por qué el Frente Popular perdió la guerra civil. Causas y consecuencias históricas. Lo considero un libro definitivo en el sentido de que acaba de una vez por todas con el mito de un frente popular democrático y de la interpretación de la guerra como pugna entre democracia y fascismo o reacción. El Frente Popular se compuso, como ahora, de una alianza entre totalitarios y separatistas, y la guerra se libró precisamente contra el totalitarismo sovietizante y la desintegración de España. Lo vengo explicando en algunas presentaciones que animo a mis lectores a difundir, porque la lucha en el terreno de las ideas debe arreciar al máximo como una forma de evitar que se repita lo peor del pasado. 

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Comienzo de novela



