Andalucismo a la nocilla / Tertulia / Autoodio / Historia repetida / Charlatanes (XXV-1): Justo Serna “parasita”

 Andalucismo a la nocilla

El jefe del PP en Andalucía, Moreno Nocilla,  ha declarado su decisión de “anteponer siempre  Andalucía a todo los demás”. Una declaración prácticamente separatista. Quiere, dice,  un andalucismo “moderno y constitucional”. ¿Qué quiere decir con ello? Que su modelo es  Blas Infante, al que canta ditirambos: “Nos sentimos muy orgullosos de lo que supone la obra de Blas Infante”. 

   La obra de Blas Infante, un auténtico orate, consistió precisamente en atacar a España, identificar a Andalucía como musulmana y promover la disgregación del país junto con los racistas vascos y catalanes. No se crea que Moreno Nocilla lo ignora, o que suelta mera palabrería sin intención:  expone lo que piensa el PP, como ocurre con su política pujolista en Galicia, o seguidista de los separatismos en Vascongadas, Cataluña, Baleares o Valencia.  Infante fue declarado “Padre de la patria andaluza” por una caterva de corruptos de PSOE, UCD y andalucistas, un homenaje que encierra todo un programa y que insulta  los andaluces. Y desde entonces no han cesado de homenajear al individuo. En todas las autonomías es el PP un agente de disgregación nacional y también de disolución de la soberanía española, satelizándola a otras potencias. Y es el agente más eficaz y peligroso, porque engaña a muchos incautos que viven de ilusiones sobre ese partido, negándose a ver sus hechos. 

VOX no debe abstenerse simplemente en estos grotescos homenajes al orate, que ya describen a los homenajeantes. Debe  aprovecharlos para marcar enormes distancias  e informar a los andaluces de lo que están “arreglando” en su nombre para su futuro “moderno y constitucional”. Si no lo hace, terminará como un PP bis, aparentemente más radical pero  con menos votos y fagocitado por este. Son millones los  españoles que han depositado su confianza en VOX.

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(De tertulia) 

“La mayoría de los lectores de novelas son mujeres, y prefieren las novelas de amor…” “En general los hombres de derecha no leen novela, o solo como relax, están siempre demasiado ocupados en asuntos de dinero…” “Lo bueno de Cuatro perros verdes es que cualquiera puede identificarse con uno u otro de los protagonistas. Son personajes universales cada uno de ellos…” “¿Tienen algo de autobiográfico tuyo?…” Lo que me está impresionando mucho son las memorias de Pío Baroja…”  “Bah, Baroja pone verde a todo el mundo…” Si eso es lo que sacas de él, resulta bien pobre…”

Cuatro perros verdes

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Crónica: el autoodio

** Han asesinado a una persona en un aquelarre LGTBI. Pero el problema para los LGTBI no es el asesinato en sí, sino que hayan llamado maricón a la víctima.  Si no se lo hubieran llamado, el crimen habría pasado como uno de tantos. Y así es: los crímenes que no afectan a los maricones, o a mujeres, ni los cuentan, a pesar de ser en número muy escaso… Pero están siempre alerta para chillar y amenazar.

**El problema  no es que el matonismo histérico LGTBI, feministas, etc.,  se imponga en las calles y en los medios y pretendan dictar a los demás hasta sus sentimientos. El problema está en la incapacidad de tanta gente para rebatir su retórica alucinada y la pasividad acobardada con que se cede a su tiranía victimista.

** Pocas cosas hay más cargadas de odio que las ideologías feministas y LGTBI. ¿A quiénes odian? A los hombres en general, parece ser, pero sospecho que a sí mismos, en primer lugar. Y esa perturbación  conduce al delito, bien anunciado en sus lemas amenazantes.

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Repetición de la historia

a) Nos enseña Feijoo que la Guerra Civil fue un golpe de Estado con independencia de que el Gobierno de la época, en mi opinión, estaba en una situación de desgobierno. Con independencia de que nuestro país tuviese unas tensiones enormes territoriales e ideológicas, y con independencia de los actos vandálicos y de los asesinatos que se produjeron antes. Pero dicho esto, la Guerra Civil es un golpe de Estado“. Este pensador ¡dirige una región española!  Una guerra no es un golpe de estado, aunque pueda derivar de uno. En concreto, la guerra provino de dos golpes de estado, el de octubre del 34, planteado como guerra civil y que fracasó, y el de las elecciones fraudulentas de febrero de 1936, que triunfó e impuso un régimen de terror. Este nuevo régimen provocó  el contragolpe del 18 de julio, que al fracasar originó la guerra o continuación de la del 34. Esa guerra salvó a España de la sovietización y la disgregación, algo que este pensador califica de “inadecuado“.  Disgregación y totalitarismo a las que los Feijoo del PP están contribuyendo nuevamente, por “falta de formación histórica e intelectual”. 

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

b) La mitificación de la república por los autores de la ley de  memoria histórica colisiona con los hechos conocidos, y no menos con las opiniones de los principales republicanos de la época.  Azaña califica a los suyos de  “botarates”, “gente de poca chaveta”,  “zafios y politiqueros”, los acusa de torpes,  mezquinos, de practicar una  “política tabernaria e incompetente, de amigachos, de codicia y botín sin ninguna idea alta”: “No se ha visto más notable encarnación de la necedad”. Lerroux, el dirigente histórico republicano más votado, caracteriza así a las izquierdas: “No traían saber, ni experiencia, ni fe, ni prestigio. Nada más que esa audacia tan semejante a la impudicia, que suele paralizar a los candorosos y de buena fe cuando la ven avanzar desenfadadamente“. Alcalá-Zamora habla de “un manicomio no ya suelto, sino judicial, porque entre su ceguera y la carencia de escrúpulos sobre los medios para mandar, están en la zona mixta de la locura y la delincuencia”. Y así tantos otros. El gran problema es que en lugar de aprender de la historia, la estamos repitiendo. Por obra, en gran parte, de la galería de charlatanes que quieren pasar por historiadores “académicos”:

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936

Galería de charlatanes (XXV-1): Justo Serna  “parasita”

Don Justo Serna (“Francisco Franco y Pío Moa”) ha criticado mi libro sobre Franco, afortunadamente después de haberlo leído –dice–, no como otros. “Hombre, pensé, menos mal, a ver si alguno de estos señores autodeclarados progresistas lee lo que condena y acepta de una vez un debate serio y honesto”. Pero… la decepción, una vez más. El señor  Serna me acusa de ¡parasitar! a Preston. Nunca he oído que demostrar concretamente el falseamiento de la verdad por un autor, en este caso por Preston, sea parasitarlo.  Debe de ser una nueva acepción de la palabra. Quizá para no “parasitarme” a mí, el señor Serna elude precisar, y me dedica una declamación nebulosa y algo pedante. El lector sólo sacará en claro que mi libro no le ha gustado, sin que quede muy claro por qué. El señor Serna, me parece, no sabe hacer crítica historiográfica, fallo muy extendido y lamentable, pues dificulta la discusión o la lleva hacia la pura irracionalidad. Así, me hace acusaciones por el estilo de la anterior, generales y gratuitas, a veces cómicas, como la de haber escrito un ensayo en vez de una biografía, o la de faltar a “las reglas del ensayo”.

Él se presenta así: Un historiador académico, uno de tantos, uno de esos tan denostados por el escritor. De hecho, no una, sino varias y distintas veces habla de la actitud cerril, mendaz, de la historiografía española, refiriéndose a investigadores muy distintos, refiriéndose así, en plural, a colegas que querrían silenciar a Moa, refiriéndose, en fin, con una generalización inaceptable. Yerra el señor Serna. Yo nunca denosté a los historiadores académicos, sino a aquellos que, usurpando la representación del gremio, me han atacado de modo inadmisible, pidiendo la censura para mis libros o tratando de silenciarlos de otros modos. Esos “académicos” son una minoría, aunque muy chillona y poderosa en la universidad y en los medios de masas. Y cuando yo los he acusado de mendaces me he molestado en demostrarlo, mientras que ellos me lanzan sus denuestos sin aducir prueba alguna.

Por sintetizar:

a) La historiografía prevaleciente en estos años ha pretendido que la democracia fue defendida, en la guerra, por una coalición de stalinistas, marxistas revolucionarios, anarquistas, racistas, y golpistas catalanes y republicanos, todos ellos bajo el protectorado de Stalin, otro gran demócrata. Sólo esa pretensión revela hasta qué punto se trata de una historiografía grotesca.

b) Esos mismos historiadores nos han presentado a Franco como un personajillo insignificante, cruel y básicamente estúpido, pese a que a lo largo de casi cuarenta años venció a todos sus enemigos, militares y políticos, que no fueron pocos ni insignificantes. Al parecer, todo le salía bien, sin mérito alguno suyo. Sólo esa imagen, hoy tan generalizada, delata una historiografía de chiste, inadmisible en un país algo serio.

Y como no quiero seguir el ejemplo divagatorio del señor Serna, le aclararé las tesis del libro, que no parece haber entendido bien. Muy en resumen, son éstas:

1.- Franco no venció a la democracia, sino a la revolución. El proceso revolucionario había liquidado la democracia en España desde febrero del 36. La guerra no destruyó la democracia, sino que la destrucción de la democracia por la izquierda causó la guerra.

2.- Franco evitó la entrada de España en la guerra mundial, salvando al país de una devastación mucho mayor que la guerra civil. A sus enemigos, en cambio, les importaban poco los cientos de miles de muertos consiguientes, con tal de triunfar ellos. Sin embargo, cualquier intervención de España, en uno u otro bando, habría llevado a Inglaterra al borde del colapso.

3.- Aunque el franquismo fue una dictadura, no todas las dictaduras son iguales. Las comunistas, tan admiradas por la oposición a Franco, han dejado países en la ruina y con grandes dificultades para el asentamiento de las libertades. La franquista dejó un país próspero, reconciliado y políticamente moderado, gracias a lo cual la transición fue un proceso bastante fácil y exitoso.

4.- El franquismo nunca tuvo alternativa real. No hubo, o no hubo apenas, oposición democrática, y la que existió era mucho más antidemocrática que aquel régimen, por mucho que usara de modo espurio la consigna de las libertades. Por eso duró tanto la dictadura, muy suavizada ya en los años sesenta.

5.- La democracia actual procede del franquismo por reforma y sin ruptura. Los antifranquistas buscaban la ruptura para hacer tabla rasa de cuarenta años de historia y enlazar con la convulsa II República. Fracasaron, pero ahora se sienten otra vez fuertes, y vuelven a lo mismo, echando abajo la Constitución mediante hechos consumados, y llevando al país a una nueva crisis.

Pruebe el señor Serna a rebatir, de modo concreto y preciso, una sola de esas tesis. Conste que no lo juzgo imposible, porque no me siento poseedor de la verdad absoluta, pero en todo caso pruebe a hacerlo. Así adelantaríamos algo.

(10-XI-2005)

Addenda actual: no sé si los autodenominados académicos tipo Justo Serna son mayoría o minoría. Como fuere, los historiadores universitarios más serios suelen carecer de valor  para  contrariar  de modo preciso la charlatanería indecente de los Serna y compañía. Por eso el panorama historiográfico español es tan ridículo, y la universidad una fábrica de tonterías venenosas. Según ellos “eso es democracia”.

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“Bilingüismo” colonizador / Iglesia de Don Oppas / ¿Aliados fiables? / Charlatanes (XXIV) Tusell

 La serie Galería de charlatanes creo que podrá mostrar al lector poco informado  hasta qué punto se ha mentido a los españoles, y entender la intencionalidad política de tales patrañas: su manifestación indisimulable es el actual golpe de estado permanente, desde el gobierno y desde los separatismos. El nuevo frente popular entendió desde el primer momento la utilidad política de falsificar el pasado, algo que nunca percibió una derecha intelectualmente inane.

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Bilingüismo” colonizador

El inglés es una lengua extranjera en España, por lo tanto debe enseñarse como tal en la educación pública. Pero se la quiere imponer como equivalente al español, lo que agrede a  la cultura, la tradición y la propia Constitución actual. Esta política  completa en profundidad  a la seguida tenazmente desde la transición: doble tensión brutal hacia  la pérdida de soberanía y  fomento de los separatismos.

La idea subyacente es que el inglés es el idioma de la cultura –a todos los niveles, desde la ciencia a la moda, el deporte o el cine–, y además el idioma de “Europa”, por lo que al español solo le quedaría ser relegado progresivamente a lengua familiar y de subculturas.  Lo cual es justamente lo que ocurre: la cultura española es cada vez menos productiva, menos original, más estéril, apta para música ratonera, para una literatura y cine grotescos, para la grosería en general  tipo “artistas de la ceja”.  Va convirtiéndose en un apéndice más o menos pintoresco de la cultura anglosajona. En gran parte lo es ya. A propósito, la “Galería de charlatanes” se compone principalmente de imitadores baratos de la historiografía inglesa o useña. 

No se trata, por tanto, de la queja frecuente de que con ese “bilingüismo” los alumnos no aprenden inglés ni la asignatura dada en esa lengua.  Eso es secundario ante un atentado sistemático contra el idioma y cultura españoles por parte de los mismos políticos que fomentan los separatismos y la pérdida de independencia. Debe insistirse en ello y  así hay que entenderlo para reaccionar debidamente.

La Iglesia de Don Oppas.

Don Oppas fue un obispo que ayudó a los musulmanes en la invasión de España y trató de disuadir la resistencia de Pelayo. Personaje legendario, por la escasez de las fuentes, es sin embargo un símbolo histórico del mayor significado. Hoy España se enfrenta nuevamente a un peligro de disolución, bien manifiesto en políticas como la entrega de soberanía a entidades extranjeras acompañada de impulso a los separatismos, en la promoción del aborto masivo y de la inmigración masiva, en la colonización cultural y la satelización política y militar a  potencias externas, en la pretensión de amistad y alianza con países que invaden nuestro territorio…

Desde finales de los años 60, la Iglesia española puede calificarse como Iglesia de Don Oppas. No porque toda ella sea así, desde luego, pero sí porque el núcleo dirigente de ella lo es. No ha cesado de coadyuvar a los procesos mencionados. Su extrema bellaquería quedó inolvidablemente de relieve ante la profanación de la tumba de quien salvó a la Iglesia del exterminio.

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El invierno de 1942 traía a España nuevos amagos de descomposición en el régimen, amenazas anglosajonas y  masónicas a las Canarias e incluso a las Baleares, y actividad comunista. 191 – 1942, panorama invernal en España | Galería de charlatanes – YouTube

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Historia e ideología

Las ideologías tienden a abolir la historia, que consideran una especie de pesadilla comparada con los prodigios que alcanzaría el ser humano siguiendo sus recetas, basadas presuntamente en la razón y la ciencia. Al pretender acabar con los crímenes y vicios del pasado acaban también con sus logros, heroísmos  y virtudes. Todas pretenden un “hombre nuevo” que haría innecesaria la moral, ya que  se comportaría casi automáticamente  “bien”, de acuerdo con la razón y la ciencia… según las entienden los ideólogos. Ya no sería un ser humano,  sino una especie de humanoide prefabricado, inevitablemente por alguna oligarquía autoconsiderada dueña de la humanidad.

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Crónica. ¿Aliados fiables?

**Otra manifestación del espíritu del franquismo fue la División Azul: una de las mejores unidades militares de la SGM y probablemente la más humanitaria al mismo tiempo

**El tonto malintencionado Dani Rovira no se entera de que en Cataluña se acosa al idioma español (otra cosa es que consigan erradicarlo).

**La oficina del español, de Ayuso ha tenido de momento una virtud: ha destapado el odio al español por parte de  infinidad de mangantes progres. Digo mangantes porque su filosofía es  atacar a España y vivir al mismo tiempo de ella.

**El español, aunque de origen castellano, es el idioma común de España. Las otras lenguas  son solo regionales, sin transcendencia exterior y con un trasfondo cultural mínimo por comparación. Como gallego, me gustaría que se escribiesen obras importantes en la lengua regional, pero miro a los separatistas y veo que de ellos solo sale basura.

**Las literatura gallega, catalana  o vasca en las lenguas regionales son mucho menores en calidad y cantidad que las literaturas gallega, catalana o vasca en lengua española.

**El rey se ganó a la mayoría de los españoles con su discurso de 2017. Los ha perdido con la firma de unos indultos que convierten aquel discurso en una farsa.  Aunque la política no debe centrar su ataque en él, es preciso tomar nota, denunciar al gobierno del Doctor y su cómplice el PP, y dejar al rey de lado, pues puede salir por cualquier registro.

**Si el rey se hubiera negado a firmar los indultos, la pesadilla del Doctor y su banda se habría terminado en poco tiempo. Ahora seguirá cometiendo todas las fechorías a su alcance. El Doctor es osado, el rey y casi toda la oposición son timoratos.

**Aunque hay muchos useños amigos de España, la línea general histórica y política de Usa ha sido y es inevitablemente contraria.  No son un aliado fiable para nosotros ni lo pretenden. Ahora encontramos a jefecillos militares españoles tan contentos de servir a los intereses anglosajones.

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Tamaño de Resultado de imágenes de los mitos de la guerra civil.: 119 x 160. Fuente: www.popularlibros.com

Galería de charlatanes (XXIV):  Vileza de Tusell y tesoro artístico español

La exposición Arte protegido, del Museo del Prado, sobre el salvamento de obras de arte durante la guerra no llega a patraña sistemática, como la montada por los chicos de Alfonso Guerra en torno al exilio, pero dista de informar con claridad de los avatares del patrimonio artístico español durante la guerra civil.  El visitante  se hará una idea muy muy confusa del asunto, salvo de algunos aspectos  meramente técnicos.

Pero es Javier Tusell -el historiador profesional y «científico», amigo de la censura y de una concepción adoctrinante (es decir, totalitaria) de la historiografía-, quien, en el prólogo al catálogo, da la nota política de la exposición. Que es lo fundamental, pues el salvamento de las obras de arte no fue ante todo una operación técnica, llevada pasablemente por la Junta del Tesoro Artístico «republicana», sino política.

Tusell, después de libros como el mío sobre los mitos de la guerra, no puede hablar con la desenvoltura de antaño sobre las maravillas del espíritu republicano, pero no obstante se las arregla para colar embustes del tamaño del propio museo del Prado. Intenta transmitir la tesis de que «fue el espíritu regeneracionista de la República el que salvó el patrimonio», mientras, por el contrario, «a los sublevados» les interesó, ante todo, ganar la guerra, y por tanto la protección del patrimonio tuvo para ellos importancia muy reducida. Naturalmente, ganar la guerra les interesó tanto a los sublevados como a las izquierdas, pero el lector desprevenido es inducido a creer que fueron los franquistas los principales destructores del patrimonio, por acción (bombardeos) o por omisión (desidia).

La verdad es totalmente opuesta, y puede resumirse así:

a) Durante la guerra fue incendiada o destruida por otros medios una cantidad ingente de obras de arte, bibliotecas modernas y  antiguas y valiosísimas, acumuladas durante siglos, edificios de gran valor artístico, archivos, etc. Otros bienes artísticos e históricos fueron saqueados, en especial los que, por su contenido en metales o piedras preciosas, podían ser fácilmente vendidos.

b) La práctica totalidad de esas destrucciones y expolios se dio bajo el Frente Popular, y fue espoleada por la propaganda no sólo de anarquistas (como indica Tusell), sino de comunistas, socialistas y azañistas. Por ejemplo, el periódico de Azaña, Política, alentaba al vandalismo y bendecía a sus autores, como expongo en Los mitos de la guerra civil. Pueden citarse las incitaciones en verso hechas por Alberti, a quien suelen presentar muchos libros de “historia” como uno de los salvadores del patrimonio artístico. 

c) Los bombardeos nacionales sólo causaron pérdidas insignificantes, y aun ellas de modo involuntario, por fallos de puntería normales en tales casos. Y de ningún modo los “republicanos” trasladaron las obras  para librarlas de ataques aéreos, pues empezaron a destruirlas  o trasladarlas antes de cualquier bombardeo (a decir verdad, empezaron a destruirlas apenas comenzada la república, en mayo de 1931). Además, durante toda la guerra el museo del Prado sirvió como en almacén de tránsito de innumerables obras traídas de otros lugares, prueba del poco temor de las autoridades izquierdistas a los bombardeos. La alusión a éstos fue sólo un pretexto para despistar a la opinión internacional y, de paso, culpar a los franquistas.

d) Hubo un peligro real de bombardeos, pero se debió precisamente a los traslados, sobre todo cuando, lamenta Azaña, los depósitos fueron colocados al lado de polvorines o parques de artillería, como ocurrió en Figueras y Peralada. Si se salvaron entonces fue simplemente porque el servicio de inteligencia franquista sabía que allí estaban.

e) Siendo así las cosas, como indudablemente así fueron, por mucho que intente ocultarlo Tusell, es lógico que el bando nacional se interesase poco por la destrucción del patrimonio, pues en la zona dominada por él esas destrucciones no existieron, o cesaron tan pronto dejaron de estar bajo el poder de las izquierdas.

Por tanto el salvamento, o lo poco que hubo de tal,  se realizó contra las depredaciones y destrucciones realizadas por las mismas izquierdas. De una manera turbia y desvirtuada, como siempre, Tusell lo admite, al tiempo que le traiciona el subconsciente: «Tan rápida y devastadora como fue la destrucción lo fue la reacción», es decir, la reacción salvadora de los regeneracionistas “republicanos”. Pues en efecto, la reacción fue igual de devastadora. La exposición atiende solamente a los tesoros devueltos a España, gracias a los nacionales,  que lo fueron ante todo porque el modo desastroso como terminó para los rojos la guerra en Cataluña hizo imposible ocultarlos. Otras muchas colecciones de monedas de oro del museo de Arqueología, documentos antiguos, alhajas de familias humildes depositadas en los montes de piedad, pinturas, esculturas, objetos artísticos religiosos, libros antiguos de gran valor, etc., pasaron bajo control de dirigentes rojos una vez perdida la guerra, para perderse en ventas fraudulentas en el extranjero. Tusell no puede ignorar (pero “olvida”) el ilustrador episodio del yate Vita, por cuyos cuantiosos bienes pelearon Negrín y Prieto en Méjico; pero otros tesoros desaparecieron para siempre sin posibilidad de recuperación.

Con toda razón escribió Madariaga: «El tan cacareado salvamento de los cuadros del Prado, lejos de ser tal salvamento, fue uno de los mayores crímenes que contra la cultura española se hayan cometido jamás». Las personas que se ocuparon de salvar los cuadros eran un grupo profesional poco o nada politizado, desinteresado y ansioso de evitar la ruina del patrimonio español,  y eso debe ser destacado. Pero, repito, toda la historia se falsea si no se explica  que esas personas, aunque de buena fe, fueron utilizadas en una política que, de acuerdo con Madariaga, sólo cabe calificar de criminal. Mientras Tusell da a entender con vileza que los criminales eran quienes realmente salvaron la mayor parte del tesoro histórico-artístico del país

(En LD,  blog, 20-4-2008: Una manipulación de Tusell)

 

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Espíritu del franquismo /Hacia un estado fallido/Charlatanes: Beevor (XXIII -2): Error como principio

En esta entrada sobre Beevor expongo algunos de sus prejuicios sobre “el país fanático de la Inquisición y los autos de fe” y resumo una larga serie de errores grotescos del autor, tan admirado en su momento por su trivial historia de la guerra de España.

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Recuperar el espíritu del franquismo

El franquismo derrotó a sovietizantes y disgregadores partiendo de una inferioridad material casi desesperada.  Consiguió abstenerse en la guerra mundial, lo que hizo que el país saliera de ella sin el enorme peso de la deuda  moral y política del resto de Europa occidental con los ejércitos useño y soviético. Gracias al franquismo, el país se reconstruyó con sus propias fuerzas, sin deber nada a las finanzas useñas. Se permitió luego desafiar la hostilidad y amenaza  del resto de Europa, conjuntadas la parte tutelada por Usa y la dominada por la URSS. Y derrotó un aislamiento criminal impuesto por unos y otros.  Construyó una sociedad estable, reconciliada y próspera, con gran libertad personal aunque la política estuviera restringida –nunca anulada–, y  con la mejor salud social de Europa. No es exagerado afirmar que rescató al país de dos siglos de decadencia y guerracivilismo y creó un ambiente social de autoconfianza ante cualquier reto.

Observemos ahora las dinámicas seguidas después del referéndum del 76:  constantes prédicas para convencer a los españoles de que deben despreciar su propia historia y cultura, empezando por lo construido en el franquismo; un doble impulso a los separatismos y a la entrega de la soberanía a entidades exteriores; un ejército embebido en operaciones de interés ajeno, bajo mando ajeno y en lengua ajena; promoción de la discordia y  supuestos agravios entre regiones; mitificación de una república y un Frente Popular que llevaron al país a la guerra civil;  mitificación de personajes golpistas como Azaña, u otros que intentaban sovietizar a España, o desarticularla en estaditos impotentes,  manipulables para  potencias extranjeras; imposición de leyes que atentan contra las libertades más elementales… 

   Por muchas razones que hemos expuesto, y por la decisión democrática de diciembre de 1976, que reconocía la legitimidad histórica de aquel régimen, el franquismo no puede volver. Sin embargo, lo que sí puede y debe volver es el espíritu que permitió aquellos inmensos logros al país. Hoy España, como el resto del mundo, se enfrenta  a problemas en parte inéditos, y del espíritu con que se afronten dependerá todo. Al efecto un paso esencial es recuperar la historia contra su falsificación por un nuevo frente popular de totalitarios y separatistas.  Por mi parte lo vengo haciendo desde hace muchos años, pero es preciso que la labor se sistematice y encuentre colaboraciones mucho más amplias.

Los Mitos Del Franquismo (Historia)europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449

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Crónica. Hacia un estado fallido

**Los golfos jefes del ejército de tierra felicitan en inglés a los “comrades” useños. Quieren demostrar lo “fiables”, es decir, serviles, que son a otro ejército, que es cualquier cosa menos fiable para nosotros.

**Si fuera mujer, me sentiría gravemente insultada por las tiorras y tiorrillas del gobierno que pretenden representar a la mujer.

**Ustedes, tías del gobierno y feministas en general, son mujeres y no pueden evitarlo por mucho que se quieran sentirse otra cosa. También son particularmente necias. Esto quizá puedan remediarlo, pero no será fácil.

**¡¡Atención!!: el gobierno prepara una ley para movilizar y despojar a todo el país en  el momento en que se considere en crisis. Un paso que quieren decisivo hacia el golpismo bolivariano-separatista

**El fenómeno Ayuso ha distorsionado la política. El PP debería haberse hundido en Madrid y VOX haber salido como el partido más votado. Ahora se abre la posibilidad de que Ayuso rompa con su putrefacto partido o que sea absorbida por él.

**Mi programa con Luis del Pino lo bauticé “involución permanente”. Porque desde Zapatero, la democracia en España no ha cesado de retroceder. Hoy es una democracia fallida en un estado que está ya cerca también de  ser fallido. El elemento principal en esta deriva ha sido el PP, como auxiliar de ella y anulador de cualquier resistencia.

**Muchos analistas y formadores de opinión lloriquean por la deriva del país. Pero no se les ve dispuestos a mover un dedo para  frenarla.

**¿Hace falta defender en Madrid el español?, preguntan algunos.  Sí, contra la colonización por el inglés. De otro modo la oficina de Toni Cantó se convierte en un chiste. Es de esperar que no siga la política de Esperanza Aguirre,  miembro de la Orden del Imperio Británico, el de Gibraltar.

**Dice el nene Egea que solo el PP puede vencer a Sánchez. Como Rajoy a Zapatero: para seguir la misma política. El PP ha sido el gran auxiliar del PSOE y los separatistas.

**Leo: “Los delincuentes no pueden estar en la política”. Casi no hay más que delincuentes en la política.

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**En el Frente Popular solo  hubo un partido realmente inteligente, aunque la inteligencia le viniera de Moscú: el Partido Comunista. Todo lo demás, como decía Marañón, era solo “estupidez y canallería”.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

 Galería de charlatanes (XXIII- 2) Beevor, el error como principio.

El enfoque de la historia según los “intereses de clase” conduce inevitablemente a tomar partido, no por la verdad sino por esos imaginarios intereses. Pues ¿quién no se pondría del lado de los trabajadores oprimidos frente a los explotadores y reaccionarios? Esa falacia, ya lo vimos, lleva a despreciar la libertad y a achacar a los obreros interés en el totalitarismo, convirtiendo la historiografía en propaganda.

En ese sentido, el señor Beevor no defrauda: pese a su promesa de evitar juicios morales, no para de hacerlos contra los reaccionarios y la Iglesia, a quienes caricaturiza con los colores más negros, mientras justifica las peores tropelías de unas izquierdas en su mayoría totalitarias, pero “populares” a su poco crítico juicio. España misma es descrita como país fanáticamente religioso, patria de la Inquisición y de los autos de fe. No está mal. Por ese camino cabría definir a Inglaterra como patria de la Gran Hambruna irlandesa y otras grandes hambrunas, de la  piratería y el tráfico negrero, que tanto pesaron en la formación y prosperidad del país. 

El autor inglés parece ignorar que, con toda su represión, la Inquisición causó unas 2.000 muertes en tres siglos, cifra que la policía política de cualquier dictadura progresista de los siglos XX y XXI alcanza fácilmente en meses o semanas. O que libró a España de la caza de brujas, que en el resto de Europa occidental llevó a la hoguera a más de cien mil personas. Un “detalle” en que habría podido reparar  Beevor, pero que se le ha escapado.

Un aspecto de esta historiografía es su escaso respeto por los datos, tan a menudo engorrosos para la tesis preestablecida. Ya señalé en el artículo anterior la ligereza del libro con las cifras, y podríamos seguir muy largamente. Empieza por atribuir al ejército español en Marruecos 40.000 soldados (eran poco más de la mitad) y al protectorado mismo 50.000 kilómetros cuadrados (eran 27.000), o habla de un  45% de analfabetismo al llegar la República (26%, según fuentes más fiables), o repite los tópicos izquierdistas sobre la enseñanza, sin molestarse en señalar la evolución de los presupuestos al respecto durante la República, etcétera. Ofrece datos sorprendentes, como que la mitad de los soldados carecía de uniforme y muchos no sabían lo que era un fusil. El ejército estaba mal, debido a la reforma de Azaña, que había podado la excesiva floración de mandos pero en lo demás había sido desastrosa; aun así, el desbarajuste no llegaba a tanto, ni remotamente. Por decir algo, el número de fusiles cuadruplicaba el de soldados. En la página 75 estima en 100.000 los soldados españoles, y cuarenta páginas más adelante los eleva a 140.000. O habla de una “Rebelión de los generales”, cuando la mayor parte de ellos quedaron en el lado izquierdista.

Su distribución de las fuerzas entre los dos bandos, en julio de 1936, es muy poco profesional comparada con la de los hermanos Salas Larrazábal. Menciona muy grosso modo la abrumadora superioridad naval y aérea de las izquierdas, que estuvo cerca de asegurarles la victoria, y olvida la industria de guerra, también casi toda en manos del Frente Popular, así como grandes extensiones cerealistas de La Mancha y Aragón. Cita, pero no valora adecuadamente, los recursos financieros, en principio decisivos y también poseídos por las izquierdas. Podría haber citado también el significativo dato de que los milicianos cobraban 10 pesetas diarias, veinte veces más que un soldado enemigo y más del doble que los profesionales de la Legión, pese a lo cual la moral de los nacionales siempre fue superior.

Aún choca más su afirmación de que la enorme ventaja militar, estratégica y económica de las izquierdas quedó sobradamente compensada por la abundante ayuda externa que los sublevados recibieron enseguida: primero, los efectivos de las tribus del Rif; acto seguido, todo el apoyo militar naval y aéreo, logístico y técnico, que le prestaron Hitler y Mussolini; luego el respaldo de las grandes empresas norteamericanas y británicas (…) en tanto que el Portugal de Salazar ofrecía protección para el flanco izquierdo de su ejército y el Vaticano la bendición apostólica.  Sólo un militar muy obcecado por ”intereses de clase” describiría así la situación. Desde el principio los dos bandos buscaron ayuda externa, y el de Franco se mostró más hábil (y mucho menos corrupto), pese a no poder ofrecer oro a cambio, sino tan sólo la esperanza un tanto remota de vencer. Y era en verdad remota, porque su enemigo, además de dicha superioridad, tenía las simpatías de las izquierdas europeas y del Gobierno francés, y aumentó pronto sus cuantiosas reservas financieras con el sistemático desvalijamiento de bienes particulares, del tesoro artístico español y hasta de las alhajas de los pobres depositadas en los montes de piedad (estos detalles no interesan a Beevor; lástima).

En cuanto al puente aéreo sobre el estrecho de Gibraltar, el señor Beevor asegura que no debe exagerarse su importancia. Increíble. Pues fue nada menos que el factor que cambió la fatídica situación de los sublevados, permitiéndoles asentar y extender sus inseguros núcleos en Andalucía, unir las dos zonas de la rebelión y llevar municiones a las desesperadas tropas de Mola. Además, atribuye el puente aéreo, siguiendo el tópico, a los aviones italianos y alemanes. Pero la idea fue de Franco o de su círculo inmediato, y cuando los aviones italianos y alemanes entraron  plenamente en juego había cumplido sus principales objetivos estratégicos con aviones fundamentalmente españoles. El de Beevor sólo puede ser un nuevo análisis “de clase”.

De los bombardeos sobre Madrid sabemos, por cifras de la izquierda, que causaron 312 muertos a lo largo de tres semanas y en una ciudad de un millón de habitantes, pero el lector desprecavido de este libro pensaría en muchos miles, sobre todo niños. Y la batalla de Madrid, de haberla ganado Franco, habría terminado la guerra en cinco meses, pero al quedar en tablas se prolongó dos años y medio más. La causa fue la masiva intervención del demócrata Stalin, que provocó la llegada de tropas italianas y de la Legión Cóndor, así como la formación de ejércitos regulares de hasta un millón de hombres. No aparece aquí el historiador muy amante de la paz.

Cuando llega a Guernica admite que las investigaciones más recientes sostienen que los muertos no pasaron de 300, en lugar de los 1.650 de la propaganda. Algo es algo, aunque ello no le impide afirmar, sin prueba alguna, que el objetivo del ataque fue verificar los efectos del terror aéreo, en que tan expertos han sido los ingleses. Las investigaciones más recientes y detalladas, de Jesús Salas, prueban que los muertos fueron, como máximo, 126. Por supuesto, ni menciona las consecuencias militares del bombardeo, es decir, la traición del PNV a sus aliados, que llevaría a la catástrofe de las izquierdas en Santander. Como no da la menor información relevante sobre el “Pacto de Santoña”, que culminó la traición del PNV: simplemente repite la vieja y desacreditada propaganda peneuvista. Y así sucesivamente, capítulo tras capítulo. Por el señor Beevor no pasa el tiempo, y todo lo que no coincide con sus prejuicios simplemente lo ignora.

Pero donde nuestro clasista autor se ceba es al tratar el terror o el “Gulag” de Franco. Dice muy serio: En los diez últimos años se ha llevado a cabo en España un admirable trabajo de investigación histórica para tratar de establecer el número, la identidad y la condición de las víctimas de la guerra civil (…) En total se tiene constancia de más de 80.000 víctimas, cifra que él eleva a 200.000 pensando en las que presumiblemente –según él– faltan. Obviamente, Beevor no ha leído la crítica rigurosa de Martín Rubio a esos trabajos “admirables”, en su mayoría panfletos partidistas donde entran personas caídas en combate, víctimas del terror entre las propias izquierdas u otras supuestas a partir de rumores. Nuestro autor considera una fuente fiable –y no puede extrañar– a personajes como Espinosa, un comunistoide fanático que ha exigido públicamente la censura inquisitorial contra mis libros. Así ya se puede historiar.

Y a tan admirables panfletos hace Beevor su pequeña contribución. Considera el terror de izquierdas como popular y espontáneo, justificándolo ya de partida y omitiendo el papel determinante de una obsesiva propaganda de odio mantenida año tras año, así como la bien demostrada organización del asesinato masivo desde el Gobierno y los partidos de izquierda. En cambio, atribuye los crímenes a una furia exacerbada que parecía rebosar de un pozo centenario de humillaciones y atropellos, de la desesperación de gentes maceradas en el silencio temeroso y en el odio íntimo que, de pronto, ven desaparecer los viejos tabúes… Con esta literatura desvergonzada nuestro buen historiador continúa, precisamente, aquella propaganda de tan bestiales consecuencias. No extrañará que justifique la mayor matanza de la guerra, la de Paracuellos, como una limpieza de retaguardia, destinada a impedir que los presos ‘fascistas’ fuesen liberados por las tropas de Franco. ¡Quién mandaría a los de Franco pensar en liberar a los presos “fascistas”! Presos con su parte de culpa, claro, por aquel “pozo centenario de humillaciones y atropellos” y demás horrores.

Para conocer la honradez profesional del autor nada mejor que su respuesta a una pregunta en La razón sobre el revisionismo: Es bueno que se mantenga un debate sobre la guerra civil y cómo se formó aquel conflicto. Pero me parece que estos revisionistas hacen un flaco favor porque usan las fuentes de la vieja propaganda franquista (…) No se puede condescender con ciertas polémicas y con fuentes que no tienen crédito Es decir: el debate está bien, siempre que no se dé. Y de paso no puede privarse de una última falsedad hablando de “la vieja propaganda franquista”.  Por lo que respecta a mí, principal bestia negra para estos señores, apenas uso las fuentes franquistas, y sí, muy fundamentalmente, las de la izquierda. Son el señor Beevor y esos admirables investigadores quienes emplean como fuente la vieja propaganda del Frente Popular, cuyo mustio crédito intentan reverdecer. Sospecho que en vano.

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El invierno de 1942 traía a España nuevos amagos de descomposición en el régimen, amenazas anglosajonas y  masónicas a las Canarias e incluso a las Baleares, y actividad comunista. 191 – 1942, panorama invernal en España | Galería de charlatanes – YouTube

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Ante una situación crítica /Cómo prosperó el separatismo / Charlatanes, XXIII: Beevor (1)

La historiografía inglesa sobre la historia de España ha hecho algunos aportes de interés (el olvidado Richard Robinson y su Orígenes de la España de Franco, por ejemplo),  dentro de unos enfoques mayoritariamente disparatados, intencionales o no. El problema ha sido el servilismo y  la ausencia de espíritu crítico en la mayoría de los historiadores españoles, de izquierda y de derecha. En Galería de charlatanes estoy dando algunas muestras. Hoy y mañana, con Beevor.

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Ante una situación crítica 

1. Las mafias del Doctor y  separatistas tienen un proyecto: destruir la herencia del franquismo, destruir la Constitución y la monarquía, acabar con la democracia y la unidad nacional. Se trata de un golpismo permanente que  se va concretando más y más, y exige medidas mucho más allá de la mera denuncia. Esa chusma debe ir a la cárcel.

2. El proyecto viene de muy atrás,  desde la transición, traicionando enseguida el referéndum del 76. Se manifestó en concesiones a los separatismos y a la ETA; en una mitología “europeísta” cuyo contenido real era la denigración, abierta o encubierta, de España y su historia;  en una mitificación grotesca de la república y el Frente Popular; en un antifranquismo ferozmente falsario, visto como el modo indirecto más eficaz de ir consiguiendo los demás objetivos, hasta llegar a imponer leyes liberticidas.  Con Zapatero, el plan se hizo mucho más visible, y sus medidas más audaces, y prosiguió con Rajoy . Ahora,  el Doctor y los separatistas  le están dando los últimos toques. 

3. Incluido en el proyecto está la neutralización del poder judicial, del ejército, la policía y de cualquier institución posiblemente opositora, poniendo a su cabeza a sujetos afectos al gobierno del Doctor. Asimismo, negocian nuevas concesiones a los separatistas en materia judicial y de hacienda que les permitan ganar mayoría para destruir la unidad nacional en Cataluña con algún referéndum o cualquier otra medida golpista.   Todo ello bañado  en una perversión sistemática del lenguaje que presenta como democracia, libertad, concordia o patriotismo  unas medidas que atentan directamente contra esos valores. 

4. En estas derivas han participado los partidos PP y PSOE, que presentándose como partidos nacionales y constitucionales, han corrompido la democracia y socavado con la máxima eficacia la nación y la ley. En unos casos lo han hecho de modo deliberado, en otros por pura inercia nacida de la “falta de formación histórica e ideológica”. La sistemática falsificación de la historia ha desempeñado aquí un papel esencial en la creación de un ambiente propicio a la disgregación. 

5. Otro elemento que debe señalarse es la participación de los sectores dominantes de la Iglesia en este proceso, impulsando los separatismos  e incluso el terrorismo, entre otras hazañas. Su degradación moral y vileza política quedó bien de relieve en su complicidad pasiva en la profanación de la tumba de Franco, el hombre que directamente  salvó a la iglesia del exterminio. 

6. Por supuesto, hay también otros intereses implicados: empresariales, mediáticos  e internacionales. Se está creando una situación de curiosas semejanzas con la invasión napoleónica: unas falsas élites u oligarquías españolas abiertamente contrarias a la propia nación, por motivos entre ideológicos y de interés personal (entre otras cosas, no ponían obstáculo a la pretensión napoleónica de extender Francia hasta el Ebro)

7. El efecto político más importante del discurso del rey en 2017 fue la irrupción de VOX. Este partido debe entender que es hoy la única alternativa antes de un derrumbe del estado, de  imprevisibles consecuencias. Debe entender que el PP ha sido y sigue siendo el mayor obstáculo a cualquier medida contra el proyecto criminal hoy en marcha, y obrar en consecuencia. Sus presiones sobre el PP para que prepare una moción de censura están completamente fuera de lugar, crean una imagen de claudicación. Que el PP se adhiera, si quiere. La moción debe ser la primera de medidas más de fondo. La deriva actual debe frenarse sin otras consideraciones.

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936

190 – La epopeya del lago Ilmen | Momentos históricos – YouTube

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Cómo prosperó inicialmente el separatismo catalán

Un Una historia chocante y otros libros y artículos he expuesto cómo, contra ciertas tonterías de Ortega y otros, los separatismos vasco y catalán son históricamente muy recientes. Como explica Cambó — su verdadero impulsor práctico junto con Prat de la Riba–, a finales del siglo XIX el “nacionalismo” era cosa de cuatro intelectuales de aldea mirados por la gente como chiflados simpáticos. Y durante la guerra del 98, como explica también Cambó,  los separatistas se sentían como en país ajeno, dado el patriotismo español que cundía en Cataluña.

La situación empezó a cambiar con la derrota frente a Usa, debido a una sensación de descrédito del estado e incapacidad nacional. Pero ese malestar solo habría tenido efectos pasajeros si los “nacionalistas” no lo hubieran explotado para multiplicar sus propagandas con auténtica bellaquería: la rebeldía en Cuba debía mucho  al excesivo proteccionismo de Madrid a los productos catalanes, cuando los cubanos tenían al lado productos useños más baratos y de mejor calidad. Una acción muy importante del separatismo fue la difusión en masa del folleto Nacionalisme  como “libro de cabecera de todos los catalanes”: una selección de ideas de los disparatados libros de Prat de la Riba “para la educación catalana de nuestras generaciones”.

Una de las inmensas lagunas de la intelectualidad española, antes y ahora, ha sido su incapacidad para, no ya analizar, sino simplemente examinar esas ideologías, o el marxismo, que se convirtió en otra plaga. A unos les bastaba la beatería religiosa o seudorreligiosa, y a otros el “europeísmo”

Evidencias desatendidas: e) España es el único país del mundo cuyos gobiernos, sean del PP o del PSOE, han alentado, impulsado y financiado los separatismos. Sin el apoyo de dichos gobiernos, los separatismos no habrían llegado ni de lejos a lo que han llegado. f) A ese  apoyo a los separatismos se ha unido, por parte de esos gobiernos,  la marginación y desaliento a cualquier resistencia a ellos en Cataluña, Vascongadas o Galicia.  g) Los separatistas nunca han mentido, nunca ocultaron su designio de desmembrar España. Los gobiernos PP y PSOE han mentido sistemáticamente a los españoles disimulando la gravedad de tales designios y colaborando con ellos.  

Es ilustrativo que los separatismos vasco y catalán actuaran objetivamente en la guerra a favor de Franco. Muy involuntariamente, desde luego, pero  fueron un factor importante en la derrota del Frente Popular: 

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Crónica. Olona patina

**Macarena Olona patina al llamar inútil al gobierno y pretender que el rey nunca defrauda. La inútil, en todo caso,  sería la oposición, que no ha logrado impedir ninguna fechoría del Doctor. Y el  monarca no ha demostrado gran cosa, más bien al contrario, desde su discurso de 2017. Ha demostrado, entre otras cosas, servilismo hacia los “inútiles” del gobierno en la profanación de los restos de quien trajo la monarquía y en los indultos golpistas. No se puede, y es peligroso, negar la evidencia. Otra  cosa es  desviar hacia el rey los ataques, pues harían el juego al Doctor,  que  es quien debe ser blanco de denuncias, protestas y desobediencia civil.

**Un lector extranjero me pregunta cómo es posible que los gobiernos de España actúen tan sistemáticamente contra los intereses, la unidad y la independencia de su propio país. Lo explicó muy bien Julián Marías del PSOE: tiene una idea negativa de la historia de España. Y el PP también. En lugar de tenerla de ellos mismos. Todos quieren a “Europa”, sea lo que sea lo que entienden por tal cosa.

**¿Quiere saber quién fue Franco y por qué llegó la guerra civil? Preste atención a sus enemigos: los personajes y partidos más corruptos, terroristas o proterroristas, sembradores de odios,  disgregadores de España y destructores de la Constitución. Sí, igual que los de entonces.

**Algunos amigos me preguntan por qué no vuelvo a twitter y facebook. Contesto: “¿Me echan de menos? ¿Y por qué no difundís vosotros mismos los contenidos del blog? Más España y más democracia está diseñado para la batalla cultural que tantos rehúyen” 

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Galería de charlatanes (XXIII)  Antony Beevor (1) historiador con “mucha clase”.

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Dos autores ingleses, Raymond Carr y Paul Preston, han condicionado en gran medida la historiografía española, de derecha y de izquierda. Y, por esa inanidad actual de la historiografía española, han sido aceptados acríticamente como grandes maestros, pese a sus enormes disparates de enfoque. Otro que ha suscitado una beata admiración es Antony Beevor, sobre cuya obra La guerra civil española, escribí  dos artículos en su momento (22-9-2005). Como se verá, Beevor no desmerece de Preston y Carr. 

 Del señor Beevor conocía su relato de la batalla de Stalingrado, que, a falta de análisis estratégicos e ideológicos de cierto calado, me pareció un reportaje notable, si bien no podría juzgarlo a fondo, al no ser yo especialista en el tema. En cuanto a su libro actual, explica: La verdad fue la primera víctima de la guerra civil española, un conflicto que (…) ha generado una controversia más intensa y más polémica que cualquier otro conflicto moderno, segunda guerra mundial incluida. El historiador que, desde luego, no puede ser totalmente desapasionado, no debe ir más allá de comprender los sentimientos de los dos bandos, demostrar hipótesis previas y ampliar fronteras de lo que ya sabemos sobre la guerra civil. Los juicios morales deben quedar a la conciencia del lector.

 Declaración notable porque no la cumple en lo más mínimo. Los dos bandos son descritos según tópicos muy envejecidos y aceptados con total credulidad; tampoco queda claro qué hipótesis previas demuestra, y su dependencia de fuentes secundarias, salvo en algunos temas, le impide ampliar ninguna frontera. Los errores de detalle también abundan. La verdad sigue siendo víctima, si bien más del historiador que de la guerra misma.

Los errores de detalle se cuelan inevitablemente en cualquier libro, pero son secundarios, salvo cuando menudean o falsean mucho los sucesos. Harto más decisivos son los errores de enfoque, pues un enfoque distorsionado desvirtúa todo el relato y multiplica los errores de detalle. El distorsionado enfoque de Beevor, como el de Preston y tantos otros, consiste en ese marxismo diluido y ecléctico extendido en muchos medios académicos, y que no mejora al marxismo original. Ignoro si Beevor se dice marxista, supongo que no, pero esa ideología ha tenido tal influjo que ha contaminado hasta la historiografía conservadora.

Así, al explicar la España de principios de siglo, nuestro autor sostiene: Tanto el partido liberal como el conservador representaban, con matices, los intereses de la nobleza, la Iglesia, los terratenientes, la propiedad campesina media y la burguesía administrativa, industrial y financiera, mientras que los minifundistas, pequeños propietarios agrícolas, arrendatarios y las clases medias de las ciudades podían poner sus esperanzas de mejora social en pequeños partidos republicanos y en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) (…) Los jornaleros del campo de Extremadura, Andalucía, La Mancha, y los proletarios industriales de las ciudades, sobre todo de Cataluña, se encuadraban mayoritariamente en la (…) CNT, el sindicato anarquista. Típico “análisis de clase” marxista que tanto hemos conocido y aplicado algunos. Que  Beevor lo reproduzca a estas alturas sin el menor atisbo crítico sólo indica cómo la historiografía puede anquilosarse y degenerar en series de historietas.

Y, ya metidos en harina, el señor Beevor debiera aclararnos también los intereses de las clases medias y obreras, encarnados, afirma él alegremente, en el PSOE y la CNT. ¿Consistirían esos intereses en la abolición de las libertades burguesas y la instauración de dictaduras totalitarias ejercidas por castas omnipotentes en nombre del proletariado (PSOE), o de la emancipación general humana (CNT)? Pues eso perseguían unos y otros. También podría el autor británico meditar sobre enigmas como éste: ¿cómo llegó a haber cuatro partidos “representantes” de los intereses obreros, y que terminaron asesinándose entre ellos? Tras el derrumbe del marxismo y otras ideologías mesiánicas, parece exigible someter a algún examen los dogmas “de clase”, pero el señor Beevor parece estar a sus anchas en ellos, como si nada hubiera pasado. Sobre tan arenosas concepciones construye su historia. No es buen comienzo.

Pero incluso en su terreno el autor revela un conocimiento precario de la realidad española cuando adjudica al PSOE los intereses de “los pequeños propietarios agrícolas” y “las clases medias urbanas”, y atribuye a la CNT la del proletariado urbano y agrario. El PSOE, partido marxista siempre muy radicalizado –excepto durante la dictadura de Primo de Rivera–,  se extendió entre los proletarios de Vascongadas, Asturias y Madrid, sobre todo. Mismo error en la atribución de 700.000 afiliados a la CNT en 1919, cifra propagandística como las de tiempos de la República (de un millón y un millón y medio, tanto para la UGT como para la CNT), manejadas por historiadores poco atentos. Si el señor Beevor se hubiera molestado en contrastarlas con la representación oficial de los congresos generales y otros datos, habría debido reducirlas a la mitad, y aún entonces mirarlas con desconfianza.  Ahora bien, la afiliación real o imaginaria de la CNT o la UGT tampoco significa, insisto, la representación de los “intereses obreros” (la dictadura totalitaria, en tal caso). Como tampoco los liberales y conservadores representaban a la oligarquía que supone el historiador: las libertades son un interés general, y no “de clase”. Obviamente la cuestión de las libertades y la democracia, absolutamente crucial, a mi juicio, para entender el siglo XX español, carece de relevancia o la tiene secundaria en el análisis del señor Beevor. De referirse a su país quizá habría sido más cuidadoso, pero también abunda en la intelectualidad inglesa esa actitud arrogante frente a historias foráneas.

Otro error de enfoque subordinado al anterior aparece en las estadísticas seleccionadas sobre pobreza, analfabetismo, etc., aceptadas también sin crítica y olvidando algo elemental: tales cifras carecen de significado si no se las compara con la situación anterior y con la de otros países europeos de la época, ricos y pobres. Esas comparaciones indican que España se hallaba en posición desventajosa con respecto a los países más ricos de Europa, pero no tan mala en el más amplio círculo de los menos ricos. También le habrían indicado que, bajo la liberal Restauración, España no estaba estancada. Tras las guerras napoleónicas el país había sufrido un retraso creciente con respecto a la dinámica Europa industrial, pero la Restauración permitía, por primera vez desde principios del siglo XIX, un progreso sostenido. 

Al exponer las estadísticas como lo hace, el autor sugiere que los “intereses” oligárquicos eran culpables de ellas, mientras que los partidos obreros o progresistas habrían logrado un crecimiento superior y la erradicación de diversas lacras sociales. Pero si se hubiera molestado en examinar las doctrinas de aquellos partidos “obreros” y demás, habría comprendido que sólo podían traer la convulsión social y tiranías de un tipo u otro. Como ocurrió exactamente. La Restauración no era una democracia plena, pero sus libertades, por su propia existencia, empujaban hacia ella. Y había en el mundo, incluida Europa, muy pocas democracias reconocibles como tales con la perspectiva actual. Por poner un caso, España adoptó el sufragio universal (masculino) bastante  antes que Inglaterra.

La democracia no llegó a completarse, arguye el señor Beevor siguiendo un tópico archisobado, porque la oligarquía no habría emprendido reformas a fondo, por temor a perder sus privilegios. ¿Seguro? Algo de ello hubo, claro, pero ¿acaso las propias libertades políticas traídas, según Beevor, por los privilegiados no constituían un ataque permanente a sus privilegios? ¿Y por qué no examina el despistado historiador la conducta de los partidos del progreso? Pues esos partidos no hacían de sus objetivos totalitarios una referencia vaga, sino que pugnaban por ellos hostigando sin tregua al régimen de libertades, mediante insurrecciones, terrorismo y separatismos.  Como tantos intelectuales menospreciadores de las libertades “burguesas”, el historiador inglés pasa por alto este factor decisivo, que convulsionó al sistema liberal hasta hundirlo. Se trataba de una oposición mesiánica, violenta y contraria a la libertad, de ningún modo partidos razonables y progresistas frustrados por el cerrilismo o por una inexistente tiranía de los liberales. Si al analizar las raíces de la guerra el historiador cae en tales distorsiones y omisiones, es fácil saber de antemano el resto de su relato.  En un próximo artículo examinaré algunas consecuencias del “análisis de clase” beevoriano, por lo demás tan común. 

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(Somatemps)Una novela ambientada en 1967, un año que no es por azar, pues en él muere el Che Guevara, se suicida Violeta Parra, está en su apogeo la guerra de Vietnam… y hay un ambiente especial en España.

Es el año en que entré en la escuela oficial de Periodismo, y recuerdo bien un ambiente estudiantil que fue cambiando pronto y hoy ya es muy distinto. Aparte del contenido de la novela misma, me ha parecido interesante recordarlo, porque se ha olvidado. Había mucha ilusión, también mucho engaño y una agitación minoritaria, aunque intensa, del que se titulaba Sindicato Democrático de Estudiantes, en realidad comunista. Recordar eso hoy tiene el mayor interés, porque muchas cosas se repiten o nacen de entonces. Sin embargo no es una novela política, aunque la política entre con fuerza en el ambiente, como es lógico, sobre todo por parte de un personaje, líder estudiantil comunista, que no es de los cuatro, pero sí hijo del protagonista de la novela anterior “Sonaron gritos y golpes a la puerta”, el cual había estado en la Quinta columna y en la División Azul. Se muestra ahí una quiebra generacional característica.

Cuatro perros verdes

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Modernidad: guerra fría, después histeria / XXII: García de Cortázar y Pero Grullo /Valoraciones

Me escriben lectores de la Galería de charlatanes, perplejos de que esos supuestos intelectuales prestigiosos puedan haber escrito embustes tan groseros. Contesto: “no viven en la mentira, sino de la mentira. Y por eso necesitan leyes soviéticas: para proteger su medio de vida”. 

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Crónica. Guerra fría y luego histeria

**Dice Cantó que “la lengua es un gran motor económico”. Cierto, pero es mucho más que eso, pues el inglés parece ser más “motor” todavía y está desplazando al español en la propia España. Y puestos a eso, también la prostitución es un motor económico. A ver si elaboramos un discurso menos pedestre.

**Evidencias iluminadoras e inadvertidas: c) Los gobiernos PP y PSOE impulsan el aborto masivo y la masiva entrada de inmigrantes. Se entiende, ¿verdad? Pero nunca se dice. d) Los gobiernos PP-PSOE han sido los máximos impulsores de los separatismos. Lo siguen siendo. ¿Por qué casi nadie insiste en ello?

**Un profesor sancionado por decir la evidencia de que solo existen dos sexos. Es la tiranía de los perturbados mentales. El profesor ha anunciado una querella contra las perturbadas que le han sancionado. Esto es lo primero que hay que hacer.

**Es normal que se respete como personas a los homosexuales, como a cualquiera, mientras no delincan. Lo que no es normal es que se los convierta en vacas sagradas y piedra de toque de la moral y la libertad. Pocas cosas hay menos libres que la homosexualidad. “¿Quién, si pudiera optar, la elegiría?”, confesaba uno de ellos.

**¿Cómo es posible que personajillos tan fundamental y agresivamente necios como los del gobierno y los separatistas hayan llegado a dominar al país entero? La gran pregunta.

**A mi juicio, la II Guerra Mundial marcó el fin de la modernidad. ¿Qué vino luego? Primero, la guerra fría, después las ideologías histéricas.

**Parece que se intenta castigar  la actividad “diplomática” separatista,  porque “han gastado demasiado dinero”. El dinero de todos los españoles que les han regalado los gobiernos  corruptos PP y PSOE.

**El sociata, miembro del partido más corrupto de la historia de España y alcalde de no sé dónde, dice que Toni Cantó “va a cobrar 75.000 euros por rascarse los huevos a dos manos”. Es lo que hacen todos los corruptos de los chiringuitos socialistas y  separatistas, aparte de alborotar y matonear. No pueden imaginar que alguien no siga su ejemplo.

**Dice el Doctor en estafas que el referéndum “es absurdo”, “es imposible”. Prueba evidente que lo está preparando con sus socios golpistas.

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Trevijano

“Usted  ha llamado botarate al señor García Trevijano, Me parece intolerable, él fue “uno de los intelectuales más importantes del siglo XX en teoría política y estética…” S.T.D)

 Se lo explico. Ese gran teórico montó la Junta Democrática con “demócratas” como Carrillo, algunos prochinos, socialistas diversos (no del PSOE), carlistas-trotskistas  y diversos donnadies de la política como él mismo. Con esto ya entendemos su “democracia”. Para colmo, fantaseaba que el régimen se derrumbaría prácticamente con un soplo, y acusó a Carrillo de traición por no seguirle la corriente, cuando Carrillo conocía muy bien la realidad, porque había luchado de verdad y no con pequeñas intrigas contra el franquismo. Por eso y por su creencia en teorías políticas mágicas, le llamo botarate. Políticos parecidos abundaron en la república y, por cierto, Azaña los tenía calados. Solo acertaba en que lo de ahora en España no es democracia.. 

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Galería de charlatanes. García de Cortázar, la sensiblería de Pero Grullo

García de Cortázar se convirtió por un tiempo en historiador de cabecera del PP. Uno de sus rasgos fue un antifranquismo tan fiero como impostado, cabe suponer que para congraciarse con la historiografía progre, tan falsaria como matonesca, y que ha concluido en leyes soviéticas contra las libertades democráticas. Es o ha sido jesuita, orden rescatada en España por Franco, cosa que al parecer no le perdona.

El historiador García de Cortázar cae de lleno en el enfoque falsamente sentimental de la guerra.  En su presentación (‘Historia de dos odios’) de la serie sobre la Guerra Civil que va publicando El Mundo, el señor García de Cortázar achaca al franquismo el “mito” de la inevitabilidad de la guerra, lo cual ya empuja a los biempensantes de izquierda a rechazarlo. No recuerdo que los franquistas consideraran la contienda inevitable en ese estilo algo metafísico;  y a Gil-Robles, autor del libro No fue posible la paz, pocos lo llamarían franquista. El planteamiento empuja a “verdades” así: para evitar la guerra, hubiera bastado con que un buen número de españoles no hubiese decidido resolver sus decepciones a cañonazos o revoluciones; hubiese bastado con que un buen número de españoles no hubiera considerado indigno convivir en la misma República y compartir el mismo país. Nadie podrá objetar al aserto, empezando por Pero Grullo. Pero en el mundo real no hubo entonces ese “buen número de españoles”, y quizá el historiador debiera preguntarse precisamente por qué.

    Y cuando, siguiendo esa vía,Cortázar concreta esas “verdades”, cae ya en la falsedad: Hubiera bastado que los conspiradores militares se hubiesen mantenido fieles al juramento de lealtad a la República. Pero si entendemos por república un sistema legal y democrático y no una invocación palabrera, el juramento carecía de valor desde las elecciones fraudulentas de febrero del 36, pues entonces aquella república dejó de existir. El régimen, muy gravemente dañado por el asalto izquierdista de octubre del 34, se derrumbó con rapidez desde dichas elecciones. Y fueron sus políticos de izquierda quienes traicionaron su juramento o promesa de guardar y hacer guardar la ley, rebelándose primero contra un Gobierno legítimo y creando o auspiciando después un violento proceso revolucionario. ¿Se puede escribir la historia olvidando o difuminando hechos tan cruciales?

     No choca menos leer: El socialista Largo Caballero y también Indalecio Prieto pensaron en 1934 que la destrucción de la democracia era irreparable si el fascista Gil Robles llegaba al poder. En absoluto. No tenían el menor interés en la democracia, y sí en una dictadura al estilo soviético. Además, los dos conocían muy bien lo que Besteiro dijo en voz alta: que no existía ningún peligro fascista. Los documentos, que he exhumado, lo prueban irrefutablemente. ¿Puede un historiador prescindir de ellos de esa forma?

    La sentimentalidad continúa: En octubre, la huelga general lanzada por los socialistas recorre Madrid y el País Vasco, asalta Barcelona (…) y en Asturias (…) estalla en insurrección popular. Los rebeldes se alzaban desde la miseria y desde el ingenuo convencimiento de una sociedad sin clases, soñando con sepultar aquella otra sociedad que ignoraba sus padecimientos. Esto es un rosario de falsedades. Los socialistas no lanzaron sólo una huelga, sino una insurrección armada, que fracasó (con muertos en 26 provincias) y triunfó por dos semanas en Asturias. Nada, tampoco, de “insurrección popular”, sino planificada por el PSOE como guerra civil. Y los mineros tenían un trabajo duro, pero eran también los obreros mejor pagados de España. Lejos de “ignorar sus padecimientos”, la sociedad mantenía con subvenciones unas minas muy poco rentables que les daban empleo. Verdadera miseria había en Extremadura o Andalucía, y allí casi nadie siguió los llamamientos a la guerra civil.

   Sigue Cortázar: Las represalias se extienden a toda España (…) Las derechas gritan que la República estaba traicionando a España, mientras la izquierda más radical identifica la insurrección de Asturias con la sublevación de Espartaco, la Comuna de París…. La realidad, hoy bien documentada, es que hubo muy pocas represalias y una amplia represión judicial, que fue la menos dura de las represiones a movimientos parecidos en el resto de Europa. Y las derechas –el grueso de ellas–, lejos de gritar lo que dice Cortázar, defendieron el orden constitucional y lo mantuvieron frente al asalto revolucionario y después. En cambio, la izquierda se glorió de su ataque a la democracia burguesa y lanzó una campaña mendaz sobre atrocidades represivas, que Cortázar acepta sin la menor crítica.

    Más retórica sensiblera: El sueño de Azaña –construir y regir una nación en la que la idea de comunidad civil superase la de la lucha de clases en el corazón de todos los españoles– no consiguió salir del gueto de una minoría ilustrada. Cabe dudar de que la mayoría de los españoles albergara la “lucha de clases” en su corazón: eran ciertos partidos quienes pugnaban por insuflar en ellos el odio “de clase”, en nombre de tal o cual mesianismo. La admiración de García de Cortázar por Azaña le impide ver lo que Azaña mismo explicó: que él estaba empeñado en un “programa de demoliciones”, especialmente contra la Iglesia, a costa de libertades como las de conciencia, asociación y expresión, y que pensaba hacer de “los gruesos batallones populares”, es decir, de los sindicatos extremistas, el instrumento de su plan. Así lo expuso en vísperas de la República, y sus actuaciones respondieron a ese designio hasta el final, si bien resultó él quien sirvió de instrumento a la revolución.

     El mismo estilo encontramos en frases como la pretensión de que Unamuno causó tristeza y horror en el mundo al apoyar a los militares alzados. En realidad causó enorme furia en los partidarios del Frente Popular (que no monopolizaban “el mundo”), y alegría en los contrarios. ¿O no existen los últimos para Cortázar?

    Por resumir y terminar: Los moderados fueron rebasados por la bullanga revolucionaria de la izquierda más exaltada y la nostalgia clerical, militarista y anacrónica de la derecha más conservadora“. El proceso revolucionario resultó muchísimo más que bullanga, y la gran mayoría de la derecha, representada en la CEDA, permaneció afecta a la legalidad hasta casi los últimos momentos del régimen, hasta constatar la inutilidad de sus presiones para que el Gobierno aplicase la ley. En cuanto a los “moderados” (Azaña y los suyos, según Cortázar), colaboraron con el proceso revolucionario ya desde 1933, cuando incurrieron en golpismo al perder las elecciones, y sobre todo cuando volvieron al poder en el 36. La abundante documentación de la izquierda,  aportada en mi libro El derrumbe de la república y la guerra civil, deja el asunto bastante claro, y en todo caso a los documentos no puede oponerse una literatura sensiblera. El peligro y la conculcación de la ley vinieron sobre todo de la izquierda y los separatistas, muy secundariamente de la derecha. Equipararlos supone distorsionar de modo fundamental la visión de la época.

    Obviamente, el señor Cortázar conoce perfectamente los hechos, pero prefiere soslayarlos y refugiarse en generalidades. Y como él, bastantes otros historiadores de derechas. Sospecho que lo hacen por congraciarse con la izquierda, acaso en aras de una reconciliación que nunca llegará por la senda de la falsedad. Al final todo queda en expresión de sentimientos fáciles o en jeremiadas triviales, quejumbrosas y pretendidamente lúcidas sobre el sino de los españoles, cuando no sobre la historia y el género humano en general. En España componen todo un género literario, bastante necio y pesado con su “cainismo” y similares.

   Valga un ejemplo  en Meditaciones en el desierto, un curioso libro de Gaziel saludado con alborozo por la intelectualidad progre porque se refiere al franquismo: La historia es una auténtica y espantosa tragedia. El azaroso resultado, siempre imprevisible, no de una lucha noble y claramente desproporcionada entre el bien y el mal, sino de una vil e inmunda mezcla por encima de la cual se despliegan, como espejitos para cazar alondras, las banderas más deslumbrantes y los lemas más puros, mientras por debajo corren desatados, como víboras y escorpiones, el crimen y la traición (…) Historia es pura zoología“.  Perfecto. Sólo cabe una observación: quien así escribe, ¿se considera la excepción o una parte de ese truculento panorama? ¿Se cree por encima de la historia, como juez de ella, o entra en el catálogo de víboras y escorpiones? Creerse por encima suena a vanidad ridícula, y formar parte de tal “zoo” vuelve muy dudoso el juicio expresado.

 (En LD, 20-10-2005, “Los enfoques sentimentales de la guerra”)

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Difícil valoración

* Me resulta muy difícil valorar su novela “Cuatro perros verdes”, seguramente les pase a muchos más lectores. No solo es muy diferente de la novela anterior, sino de toda la literatura actual, por lo menos la española. Simplemente me ha desconcertado y no entiendo cómo ha podido usted embutir tal cantidad de historias y problemas en tan corto espacio. No sé si es muy buena o muy mala. Camilo D. 

*Finalmente he tenido tiempo para leer “Cuatro perros verdes”,  que realmente me gustó
mucho, creo por su seriedad de tipo “dostoevskyano”, por estar muy bien
escrita y también por su localización en sitios conocidos.  Es aún mas
conversacional que algunas novelas, pero manejas ese lenguaje muy bien. 
Vaya, un artista.  Leerla no fue ningún deber, sino un verdadero placer
que disfruté.   Stanley Payne

Cuatro perros verdes

 

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