(III-b) Europa y Usa / Discrepancias sobre un mismo personaje.

Blog I: Ansón, Franco y el catalán / ¡Ah, traidores…! http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/anson-franco-y-catalan-ah-traidores-20121001

Los días 10 y 11 de octubre, de 19,30 a 21,00 impartiré un seminario sobre masonería en Universidad Tomás Moro, c. Fortuny 39, Madrid. Información e inscripciones: 914 327 681.

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Declaración de principios (III-b) Europa y Usa

Por lo que respecta a Europa, el grueso de ella fuera de  Rusia, está integrada en la Unión Europea, y es en ella donde con mayor intensidad ha intentado aplicarse el esquema de Fukuyama. Y donde también ha fracasado, sumiendo a la UE en una crisis profunda de efectos por ahora impredecibles, mientras el mundo se vuelve a su vez también más incierto para la receta que igualaba economía y politica. Hay que señalar que esa política se basaba en supuestos falsos, como el de que la unidad económico-política europea garantizaba la paz y la prosperidad del continente desde la II Guerra Mundial y lo haría en lo sucesivo.  La garantía real nunca fue ese proceso de unidad, sino la tutela militar de Usa, el comercio con esta y la progresiva renuncia de las naciones europeas a desempeñar un papel independiente en el mundo, lo que intentan compensar algunos mediante la unión política. Esta, con ambiciones de superpotencia, no corresponde ni a la historia real ni a la diversidad cultural y de intereses dentro del propio continente. La unidad efectiva solo podría articularse con la hegemonía de hecho, si no de derecho, del Eje Berlín-París, las dos naciones más potentes y capaces de decidir.  Hegemonía que no admitirá Inglaterra, aunque países dirigidos por castas serviles como España la acepten de momento con entusiasmo. Pero hay y habrá siempre conflictos de intereses que podrían dar lugar a rupturas, así como presiones exteriores, de Rusia en primer lugar. El Mercado Común fue una buena idea, posible como se ha demostrado y que no iba contra la realidad histórica y cultural del continente. La unión política es ya una mala idea como creo que se está demostrando.

Y es mala especialmente para España, que aparece como el típico aliado-lacayo debido a la colonia de Gibraltar y a la más que dudosa lealtad de París o Londres hacia nuestro país en relación con Marruecos. Por no hablar del perpetuo interés de Inglaterra en mantener una España débil. La secesión de Portugal se debió en gran medida a Inglaterra, que también ha aspirado a erigirse en protectora de Cataluña, pretensión no abandonada del todo. Máxime si Madrid adopta una postura enérgica por el conflicto de Gibraltar. En fin, una posición de lacayo en completo desacuerdo con la historia y el peso político y económico de España, que solo puede mantenerse gracias al servilismo de una casta política bien definida por el coronel Alamán como falta de patriotismo y de sentido del honor. Y huera de pensamiento democrático, por cierto. Esa casta ha llevado al país a una situación insostenible interna y externa, por lo que cabe esperar que no dure demasiado. De momento la muy deficiente democracia española sufre un proceso de auténtica putrefacción cuya salida es muy arriesgado predecir. A mi juicio, España debería imitar a Inglaterra marcando claramente la prioridad de sus intereses sobre los del eje francoalemán o cualesquiera otros: “más España” en lugar de “más Europa”, frase esta última que falsea la realidad: esa Europa contradice la realidad europea. Y un país que no se hace respetar  nunca  será respetado.

Con Usa ocurre algo diferente: a su intervención bélica ha debido la Europa occidental su democracia y su paz;  y luego, en buena medida, al Plan Marshall el despegue de su prosperidad. Una deuda impagable. Luego, durante la Guerra Fría, trató de contener en todo el mundo el empuje comunista, aunque no pudo impedir que este se impusiera en China, Corea del Norte, Cuba, Vietnam y otros lugares: fue una larga campaña con victorias y derrotas que terminó en la caída de su principal enemigo, la URSS. En la nueva situación, Usa ha debido afrontar la radicalización musulmana,  nuevas formas de terrorismo y amenazas redobladas hacia Israel, mientras decae de su posición de absoluta primacía en el mundo de hace solo unos años. Hasta ahora, la mayoría de las intervenciones bélicas de Usa contra el auge islámico (Beirut, Somalia, Afganistán o  Irak)  han fracasado o parecen abocadas al fracaso, muy costoso en términos económicos y probablemente aún más en términos políticos. Su nueva orientación con respecto a los países musulmanes, apoyando ficticias “primaveras árabes”, no parece destinada a mejor éxito que las anteriores intervenciones directas, y de momento ha llevado a la destrucción de varios regímenes prooccidentales en el mundo islámico, desde el del sha de Irán.

La posición de España en relación con Usa fue muy beneficiosa en el pasado. Franco la contrapesó para mantener la independencia del país contra la tendencia a menudo irresponsable y absorbente de la CEE. Y sirvió a la lucha contra el comunismo, sin por ello supeditar la política de Madrid a la de Washington (en casos como Cuba o Vietnam). Posteriormente, los políticos autodenominados democráticos socavaron la autonomía española tanto frente a Usa (por ejemplo en las guerras del Golfo y Afganistán) como en frente a la UE (en la que aspira la casta política a diluir  nuestro país).  Sin duda España puede y debe contrapesar la amenaza absorbente de la UE con una relación más intensa con Usa, aun sin identificarse con sus aventuras bélicas salvo casos muy especiales. Máxime cuando el mundo islámico es tan importante para España, por razones económicas y por ser foco de amenazas potenciales. El modelo establecido por Franco, de alianza y colaboración desde la independencia,  sigue siendo básicamente el más favorable a los intereses hispanos.  La presencia de importantes bases militares useñas en España debe ser el límite de la colaboración militar, y podría usarse como presión para el recobro de  Gibraltar. Máxime cuando la OTAN no garantiza las ciudades españolas en el norte de África. Con estas condiciones, la aproximación a Usa puede beneficiar y servir para mantener la independencia de España, aunque probablemente las relaciones no serían tan fáciles en cuanto a Hispanoamérica.

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El personaje Paco.

Aunque  las reseñas y comentarios sobre Sonaron gritos, publicados en estos blogs, tratan el argumento en general y poco los personajes (se habla más de los femeninos), me ha llamado la atención la disparidad de  juicios suscitada por uno de estos, Paco, el amigo de Alberto, que atrae el segundo a “aventuras de alto riesgo”, en palabras de Aquilino Duque (premio nacional de Literatura en 1975). Para este, Paco es  elgran motor del relato y, como casi todos los que desfilan por sus páginas, presenta profundos claroscuros, unos claroscuros dignos de personajes de novela rusa (…) Al desmovilizarse la División Azul  y volver nuestro antihéroe a España, el otro, el hombre de acción por excelencia, nihilista radical, se quedó a luchar en la Legión Azul, cuando nada sorprendente hubiera sido que desertara y se pasara a los soviéticos. La cruz de hierro, aunque sea de segunda clase, gradúa de héroes a estos jóvenes de familia modesta que viven para contarlo y que como tales sienten escasa simpatía por los burgueses. Por algo dijo Sombart que el héroe es el que lo da todo a la vida y el burgués el que va a ver lo que saca de ella, aunque para ello tenga que aliarse con el demonio si es preciso”. (http://vinamarina.blogspot.com.es/2012/07/una-novela-dantesca.html)

Más escueta, la profesora Isabel Hernández considera a Paco “el mejor carácter masculino, se parece a los héroes de Grecia. Sentí que lo mataras”. “Es para mí el mejor sin desmerecer al protagonista Berto. Es un carácter muy bien creado, con sus reflexiones sobre el amor, el sentimiento trágico de la vida y al mismo tiempo su sentido del humor”. ( http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/amor-sonaron-gritos-borja-riquer-sufre-20120528).

El novelista Luis Segura también presta más atención a los personajes femeninos, pero señala que  aunque ningún personaje es del todo buena persona, “siento simpatía por Alberto y Carmen, y también pena por Paco, un héroe olvidado maldito por el amor (…)  La pareja que hacen Alberto y su  amigo Paco es emotiva y única, pero no indisoluble, como nada en esta vida. Las discusiones filosóficas que mantienen, hablando de lo divino y lo humano, muestran sobradamente la densidad intelectual del autor de Sonaron gritos y se disfrutan enormemente”. (http://lacuevadeloslibros.blogspot.com.es/2012/05/sonaron-gritos-y-golpes-la-puerta-de.html).

Curiosamente las discusiones a que se dedican ocasionalmente los dos protagonistas y otros en las tertulias madrileñas o en el frente, le parecen a Aquilino Duque la parte más floja de la novela, mientras que los otros dos comentaristas citados las encuentran muy sugestivas. Alguien más decía que encontraba la acción “fea” y los diálogos “hermosos”.

Estas discrepancias y otras muestran hasta qué punto se escapa una novela y sus personajes de las manos (o de las intenciones) de su autor. Realmente concebí a Paco y  Alberto como dos personajes de acción y al mismo tiempo amigos de especular sobre lo divino y lo humano, mezcla poco frecuente pero no irreal. Dentro de ello, los dos son muy distintos. Alberto un tanto neurótico, inseguro y atormentado, Paco, seguro de sí mismo,  aventurero con pocos escrúpulos, tanto en el amor como en  las acciones “de alto riesgo”, es asimismo más ambicioso y más brillante en lo intelectual. El primero ama también la aventura, pero sufre mucho con ella, solo disfruta de cierta sensación de plenitud una vez pasada felizmente.  Intenté definirlos en numerosos episodios. Uno de ellos aquel en que Paco mata de forma innecesaria, es decir, asesina, a un soldado enemigo. Lo hace llevado por la tensión del momento, no por brutalidad o sadismo, pero en cualquier caso su acto no le preocupa ni le remuerde. En la misma escena, Alberto, llevado de un impulso inconsciente, salva de la misma suerte a otro soldado. Y ese otro, que resulta ser otra, va a ser la causa de que la estrecha amistad entre los dos, cimentada en tantos riesgos compartidos,  esté muy cerca de terminar catastróficamente, en un pequeño infierno de celos y venganzas dentro del infierno bélico general. Pero quizá esto es lo que yo quería presentar, y otra cosa lo que salió. Por otra parte la ironía de la pasión repentina de Paco, que siempre había rechazado la pasión amorosa con buenos argumentos, “surgió” sin premeditación en el relato.

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La evolución mundial / Historia y novela

Blog I: Educación sexual / Calzadas romanas: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS  (III-a) La evolución mundial

Ninguna política puede ser estrictamente nacional, ya que las corrientes e intereses exteriores siempre influyen en ella. Y no porque estemos en un mundo “global”, pues siempre ha sido así. Muy a menudo la evolución de un país ha sido rota o cambiada radicalmente por sucesos acontecidos muy lejos de él. Por lo que se refiere a España, su formación como comunidad cultural provino de decisiones tomadas muy lejos de sus costas, en Roma y Cartago. Más lejano aún, en la desértica Arabia, ocurrió el chispazo del incendio que casi invirtió por completo el resultado de la II Guerra Púnica, y que durante varios siglos lo invirtió realmente en gran parte de Iberia. El protestantismo surgido en Alemania condicionó fuertemente la política española durante más de un siglo, y la Revolución francesa tuvo el efecto de quebrar, a través de la invasión napoleónica, la evolución interna del país. En el siglo XX, las convulsiones europeas estuvieron muy cerca de causar una catástrofe interna en España. Etc.

En 1989- 1991 terminó la Guerra Fría por implosión de uno de los contendientes, un suceso histórico notabilísimo y completamente inesperado para prácticamente todo el mundo.  Historiadores, analistas y políticos juzgaban el régimen soviético como indefinidamente duradero, y casi de pronto, en un proceso rapidísimo, se vino abajo toda una enorme construcción juzgada casi inamovible. El prodigioso hecho pareció preludiar el triunfo absoluto de la democracia liberal en todo el mundo, a la que no parecía haber alternativa,  y con ella el fin de la Historia,  en expresión de Fukuyama: se generalizaría “un tiempo triste. La lucha por el honor, la disposición a arriesgar la vida por un fin abstracto, la lucha ideológica mundial con sus virtudes de audacia, valor, imaginación e idealismo, será reemplazada por el cálculo económico, la inacabable resolución de problemas técnicos, la preocupación por el medio ambiente  y la satisfacción de las complicadas exigencias consumistas. No habrá arte ni filosofía, solo  la perpetua vigilancia  del museo de la historia humana”. Y, sin decirlo, regímenes de modelo anglosajón, con el inglés como idioma político y cultural.

El análisis de Fukuyama parecía bien fundado en el derrumbe de la URSS. Por cierto que algo así preveía ya mucho antes Fernández de la Mora ante la supuesta caída de las ideologías, de la que el derrumbe de la URSS podría considerarse el último episodio:  el estado se ocuparía de cuestiones técnicas fundamentalmente, y en eso consistiría la política. Sin embargo la profecía no se ha cumplido, como sabemos, y hasta podría establecerse esta ley de las profecías históricas: “Siempre fallan”.  Unas ideologías han sido sustituidas por otras, si bien con un alcance intelectual o filosófico mucho más limitado que el marxismo. La tendencia economicista-tecnocrática se ha desarrollado sobre todo en la Unión Europea, en mucha menor medida en Usa; pero en ambas surgen corrientes políticas e ideológicas muy variopintas, y el mundo se ha vuelto en varios sentidos más complicado. Otro analista, Huntington, respondiendo en cierto modo a Fukuyama, predicó un choque de civilizaciones, las cuales distinguió en gran medida por su componente religioso, y ese conflicto sustituiría al ideológico y al nacional. Algo de ello  parece ocurrir entre la civilización islámica y la occidental cada vez menos cristiana, mientras que China y la India van conformándose como dos colosos con sus propios intereses y necesidades que darán lugar a “rozamientos” de alcance muy difícil de predecir. No obstante, en el interior de cada una de esas civilizaciones proliferan los conflictos, también ideológicos y nacionales.

La complejidad y variedad de los movimientos que conforman el mundo actual, y el seguro surgimiento de otros hoy inexistentes o poco importantes aún, vuelve imposible la predicción y un cálculo seguro.  Con todo, no queda más remedio que especular, en el buen sentido de la palabra, con las corrientes más evidentes, cosa que puede hacerse sin demasiado error, en principio,  en el corto e incluso el medio plazo. Dentro de este conjunto de evoluciones, a España le afectan fundamentalmente las  de Europa, América (de modo distinto Usa e Hispanoamérica) y el Islam. Sin olvidar que los acuerdos y desacuerdos entre Rusia, China y Occidente pueden repercutir a su vez sobre nosotros. Ahora mismo, como ocurrió en la Guerra Fría, la pugna se libra sordamente por países interpuestos como Siria, y según transcurran las cosas, la situación en Oriente Medio-Próximo, con Irán e Israel,  puede ponerse al rojo vivo, lo que afectaría inevitablemente a nuestro país, tal como le afectó la Guerra del Yom Kipur, que desencadenó la crisis del petróleo en 1973, y probablemente en mayor medida.

Es preciso decir que en todos los conflictos entran factores económicos, tecnológicos, militares (aunque sea como presión o amenaza), ideológicos y otros, todos los cuales se integran en proporciones y modos diversos, en las políticas de las potencias. Por ello el análisis es siempre complicado y la predicción incierta. La inclinación a considerar la política un mero reflejo de conveniencias o necesidades económicas, tan extendida en la izquierda y la derecha, solo vuelve el análisis más primario e incierto.

Así pues, por lo que respecta a España, intentaré trazar algunas líneas elementales en relación con Europa, Usa, Hispanoamérica y el Islam, particularmente el magrebí.

(Anteriores entregas de la declaración: https://www.piomoa.es/?p=506 y https://www.piomoa.es/?p=515)

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 Novela e historia:

   Me choca que usted,  que en el campo de la historia ha escrito libros de alta calidad, se haya pasado ahora al campo de la novela. Seguramente no está usted tan capacitado para la novela como para la historia, porque es raro que alguien tenga las dos virtudes a la vez. Pero, además, me parece un gran descenso de nivel. La novela, en fin de cuentas,  no deja de ser un fingimiento, en el fondo no es más que  una mentira agradable o entretenida, que explota las emociones. Al revés, la historia busca la verdad y por eso tiene mucho más valor, muchísimo más valor. Pero además si se mezcla la historia y la ficción en la llamada novela “histórica”,  el estropicio es peor en los dos campos… Octavio.

Resp. No me parece que puedan compararse la historia y la novela. Como usted indica, la historia busca la verdad. La busca  a partir de los datos y una argumentación atenida a ellos, cosa que no hace la novela. Pero es una equivocación igualar ficción y mentira. El Quijote es una ficción, pero expresa sobre la condición humana una verdad de tal profundidad que la mera historia no podría probablemente alcanzar. La ficción literaria se refiere a las motivaciones íntimas de las personas, algo que el ficcionador puede “adivinar” por introspección y por lo que conoce de otros a lo largo de la vida.  Un libro de historia que se dedicara a presuponer tales o cuales motivaciones personales en los políticos, por ejemplo, se vuelve por ello mismo arbitrario y generalmente  ridículo. Preston, por ejemplo, es muy dado a atribuir a  los personajes que trata, especialmente a Franco, las motivaciones personales que a él le da la gana de imponerle.  Esto solo funciona en la propaganda.

Lo que usted señala de la novela histórica es un peligro cierto, pero no un defecto consustancial. Ya he dicho que hay dos tipos de novela de ese género: aquel en la que el autor se apodera de personajes históricos reales y los maneja como mejor le parece, generalmente según sus prejuicios o manías ideológicas; y aquel otro en que los personajes son ficticios, por lo que es lícito “manejarlos”. En el  primero  (cultivado por R. Graves y muchos otros, y que se ha puesto de moda), me parece que su crítica es razonable: constituye básicamente un un fraude. Sin embargo en el teatro tiene otra virtualidad, pues sabemos de antemano que los personajes reales son tratados como personificaciones de tales o cuales conflictos  psicológicos (de carácter, etc.), así muchas obras de Shakespeare.

Al segundo tipo lo llamamos novela histórica  solo porque la acción de los protagonistas transcurre en un marco histórico real que  condiciona gran parte de su peripecia. Ahí    los personajes reales solo aparecen como parte del “paisaje” de la época.  Por ejemplo, en Sonaron gritos salen Franco y otros que sin embargo no tienen ningún papel en la trama novelística. También aparece Companys, que sí desempeña un importante papel, pero solo de forma pasiva, como objeto  de la acción, finalmente fallida, de los protagonistas y  de algunas lucubraciones de estos. Lo mismo  el entierro de Durruti como ocasión para diversas reflexiones. Algunos otros, como González Vicén, están solo muy ligeramente novelados a partir de hechos en los que participaron (González Vicén en la organización de la sangrienta emboscada al maquis en Asturias, aunque yo lo sitúo en Galicia, para no crear una impresión excesiva de reportaje en lugar de novela y porque los ambientes rurales y suburbiales gallegos me son más conocidos que los asturianos).

Siendo incomparables la novela y la historiografía, cada una puede alcanzar un nivel u otro, desde lo chabacano y deleznable hasta la máxima calidad accesible al ser humano. La mayor parte de los libros de historia, como de las novelas, tiene un nivel mediocre, inevitablemente. Los personajes de ficción pueden tener más o menos verdad al modo del Quijote, eso depende del talento del autor. Usted supone que quien es historiador no puede ser buen novelista o a la inversa, pero eso no está demostrado, aunque es verdad que los de un oficio no suelen ejercer del otro. De hecho, cuando  propuse  la novela a Ymelda Navajo le advertí que la mayoría de la gente tiene el prejuicio –a veces fundado–  de que quien destaca en un campo no puede destacar en otro, por lo que se difundiría mucho menos que mis libros anteriores.

Por lo que a mí respecta, no puedo juzgar sobre mis propios méritos literarios, como es obvio. La novela ha sido recibida con  silencio sepulcral en todos los medios importantes, sean de izquierda o de derecha. Esto podría interpretarse como indicio de que su calidad es mediocre o mala… si no fuera porque con el mismo silencio han obsequiado mis trabajos historiográficos desde Los mitos de la guerra civil,  por lo que el silencio responde a otros criterios que la calidad de la obra. Creo que soy la persona más vetada  en dichos medios, que prefieren dedicar sus grandes espacios a otro tipo de personajes. Solo he podido comentar Sonaron gritos y golpes a la puerta en Es Radio y en Intereconomía, dos medios de difusión limitada. No obstante, las reseñas en algunos blogs han sido muy propicias, incluso excelentes, por ejemplo estas tres:

http://lacuevadeloslibros.blogspot.com.es/2012/05/sonaron-gritos-y-golpes-la-puerta-de.html

http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/sonaron-gritos-y-golpes-a-la-puerta-11470/

http://vinamarina.blogspot.com.es/2012/07/una-novela-dantesca.html

Otros muchos lectores me han enviado comentarios, casi todos elogiosos o mucho más que elogiosos (varios los he publicado en estos blogs). No sé si ello significa mucho o poco, porque en literatura suele ser difícil ver la calidad real de una obra, que se va decantando con el tiempo; al revés que un libro de historia, cuya calidad puede apreciarse y quedar establecida desde el primer momento, porque depende menos de la subjetividad y la moda.

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Doble problemática del separatismo / Excluir nuestro idioma de la ciencia.

Blog I: ¿Qué se jugaba España en los años 40? / Rec. Cómo me hice marxista: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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El problema del separatismo tiene dos soluciones. La primera es administrativa: suspender las autonomías que vulneran la ley, como vienen haciendo desde el principio la catalana y la vasca, hasta ponerse abiertamente, la primera, fuera de la legalidad. Rajoy, un Zapatero bis, incluso con menor enjundia, dice que aplicará la Constitución. Por el contrario, la está pisoteando junto con Mas. Si la aplicara, ya habría suspendido la autonomía.  La suspensión no exigiría tanques ni soldados ni nada por el estilo: bastarían unos pocos guardias civiles. La resistencia pasiva que pudiera encontrar luego podría causar graves perjuicios a Cataluña, con lo que los catalanes verían quiénes los causan.

Pero hay un problema más de fondo y que no puede resolverse con la misma facilidad: el ambiente creado por los separatistas y terroristas a lo largo de tres décadas.  No solo la UCD les entregó todos los medios de poder, empezando por la enseñanza, para que sembrasen adecuadamente el odio y desprecio a España desde la escuela, sino que  los sucesivos gobiernos han respondido a la permanente agresividad separatista con pasividad culpable, que de hecho ha sido colaboración. Los separatistas han tomado buena nota de la abyección de la casta política española y han obrado en consecuencia. Ese ambiente creado solo podría ser disuelto mediante campañas de explicación histórica y política con todos los medios de la ley. Mientras tanto, será un cáncer para la democracia y para España.

Uno de los más bellacos y funestos personajes de estos años habla ahora de federalismo. Vano remedio. El problema ha sido y sigue siendo doble: por un lado hay en en varias regiones unos partidos desleales a España y a la democracia, parásitos de unas libertades que nada les deben, y ningún arreglo satisfará sus ansias. Y por otro lado los partidos supuestamente nacionales no son menos desleales. Y todos ellos profundamente corruptos intelectual, económica y moralmente. Ya no hay solución dentro de este sistema en putrefacción, que debió ser democrático y nació con graves taras, las cuales, en lugar de corregirse, se han agravado hasta llevarnos a una crisis extrema.  

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Excluir el español de la ciencia (en octubre de 2007)

Un caso del que puedo dar fe: en nuestras universidades, y con pretensiones científicas, se ha enseñado y se enseña que el Frente Popular, compuesto por los partidos que destrozaron la legalidad republicana, representaba a la república. Y que representaba a la democracia aquel conglomerado de estalinistas, marxistas radicales, anarquistas, racistas y golpistas. Sobre este absoluto disparate se ha querido construir, y últimamente oficializar, la historia de España desde los años 30, enseñada en la mayoría de las universidades sin apenas contradicción. Una ciencia a la lisenka. La resistencia a poner en cuestión, simplemente a poner en cuestión, un dislate tan evidente y fenomenal ha sido y sigue siendo fanática, con decisión de ignorar cualquier tesis que lo discuta y hasta de dar “un escarmiento” a los disidentes. Y así estamos.

No creo que sea un caso aislado. En general, el nivel técnico en España es bastante aceptable, pero no así el científico, que, con muy contadas excepciones, oscila entre la mediocridad y la práctica nulidad. Se trata de un fallo en la misma concepción de la enseñanza, fallo sin duda remediable aunque no fácilmente, pues su posible remedio choca con la desesperada resistencia de una universidad deforme, repleta de intereses creados y con mentalidad a tono. Muy propio de esa mentalidad son las soluciones simplonas. Por ejemplo, renunciar al idioma español y “hacer la ciencia” en inglés. No hay duda de que la ciencia que hagan en inglés será de tan baja calidad como la que hacen en español, probablemente peor todavía, pues es de suponer que estos señores se expresarán en su idioma materno con mayor soltura que en uno extranjero.

Así, uno de esos insignificantes científicos patrios, Javier López Facal, ha escrito un artículo en El País defendiendo que en España se obligue a emplear el inglés en las universidades y en los centros de investigación, empezando por el CSIC. Nadie le impide emplearlo a él, si le da por ahí, pero el hombre tiene mucha más ambición y, muy propio, apela de inmediato a la imposición burocrática: Al fin y al cabo, ya la Ley 30/1980 de medidas para la reforma de la función pública y el más reciente Estatuto básico del empleado público de 29 de marzo de 2007 reconocen que los profesores universitarios y los científicos podrán dotarse de normas específicas debido a sus peculiaridades laborales. Pues bien, señor legislador, una de esas peculiaridades es, precisamente, que deben realizar su trabajo en inglés, por lo que habría que desactivar ya todas las triquiñuelas administrativas que hacen del español la única lengua reconocida por la Administración.

Obsérvese: “Deben realizar su trabajo en inglés”. El Estado español, la administración española, sostenida con el dinero de todos los ciudadanos para fomentar o facilitar la cultura española, debe tomar medidas a fin de liquidar nuestro idioma como idioma científico y suplantarlo por un idioma extranjero. Paso clave para eliminar el español como idioma de cultura superior, tanto por la importancia creciente de la ciencia como porque la argucia usada al respecto –la comodidad de usar una sola lengua– vale para cualquier otra cosa, sea la literatura, la economía, el pensamiento o el arte. En fin, una estafa gigantesca a la ciudadanía, pero en nombre de la ciencia, no se equivoquen.

Obviamente este argumento no hace mella en nuestros facales, pues lo consideran expresión de un patriotismo español que ellos tienen muy superado y del que se burlan con arrogante frivolidad: para realizar su designio, dice el articulista, “hay que proceder con mucha cautela, porque las lenguas comparten con algunas otras invenciones humanas, como Dios, la Patria o la Revolución, la capacidad de generar unas intensidades emocionales que pueden llegar a conducir a la gente, en especial a los varones, a dejarse matar o, preferentemente, a dar muerte a sus prójimos”. Buenas tonterías y lugares comunes para un científico. El señor Facal, va de suyo, también supone que la religión cristiana obstruye la ciencia. ¿Deberán nuestros facales su mediocridad a la Iglesia? ¿Se convertirían en grandes científicos si la Iglesia desapareciera? Vaya usted a saber.

Que se burle del patriotismo español no quiere decir que el señor Facal no sea patriota: lo es, algo así como un oficioso e innecesario patriota de Usa, con los correspondientes anhelos de imposición. La hegemonía del inglés en la ciencia y en otras cosas no ha caído del cielo, se la han ganado a pulso Usa e Inglaterra dedicándole grandes empeños e inversiones, productos de un espíritu definido y una voluntad tenaz. Ese envidiable espíritu, audacia y visión a largo plazo son por completo ajenas a nuestros facales, cuyo espíritu romo y aldeano toman por cosmopolitismo y lo exhiben con satisfecha prepotencia. Pues su visión apenas va más allá de su pedestre interés particular, de su plato de lentejas, sentido, eso sí, con la mayor intensidad emocional. Los anglosajones saben defender muy bien sus intereses sin precisar la oficiosidad de nuestros mediocres, pero tampoco van a desdeñar su ayuda. Los facales son más peligrosos que los separatistas, a quienes complementan muy bien en su aversión a cuanto suene a español (se estremecen, como diría el Corruto).

Dejemos de lado la otra argucia de que a los científicos les interesa que los lean, y si no escriben en inglés no les leerán. Como sabemos desde hace muchos siglos, los idiomas no son tan estancos entre sí que impidan la traducción, y un trabajo en español puede ser vertido al inglés y viceversa con esfuerzo escaso, sobre todo en la época de Internet. Por otra parte, nuestro idioma no es insignificante: lo hablan cerca de 400 millones de personas, según se dice, y cabe suponer que entre tanta gente pueda tomar forma un mundillo científico relevante si se aplica una política adecuada y orientada a largo plazo. Quiero decir que, entre otras cosas, la enseñanza y el trabajo científico debieran plantearse en relación con todo ese enorme ámbito, y no restringirse a España.

En el terreno científico la presencia del mundo hispánico es muy poco significativa, lo cual nos plantea un reto de gran envergadura: o procedemos a liquidar nuestra propia cultura a plazos cortos, como pretenden los facales, o imitamos a los useños, que, según expresión propia, suelen reaccionar a las patadas en el trasero que reciben de la realidad con esfuerzos redoblados por ponerse a la altura. El ámbito cultural hispánico procede de la iniciativa y el esfuerzo de nuestros antepasados; quizá no estemos a la altura de ellos, como los griegos actuales no lo están de la Grecia clásica, pero en todo caso constituye nuestra herencia y responsabilidad histórica. Renunciar a nuestro idioma y a nuestra cultura por algunos platos de lentejas no nos va a salvar de nada, al contrario. Claro que, volviendo al principio, si se hubiera escrito en inglés toda esa historia de chiste que enseñan en nuestras facultades, por ejemplo, tampoco se habría perdido gran cosa.

 

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Torrente, héroe socialista / Lo malo de Tusell

****La fiscalía superior de ¿justicia? investigará al coronel Alamán por defender este la Constitución y la unidad de España.  Garzón no es un caso excepcional, por cierto: magistrados al servicio del delito. La podredumbre. ¿No habrá reacción contra ella? ¿Responderán algún día de sus fechorías?

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Blog I: Conveniencia de conocer la historia / Rec. Primer viaje a dedo: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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Torrente, el héroe socialista (En LD, octubre 2004)

He estado viendo cosa de media hora de Torrente 2. La película tiene algunos detalles graciosos pero en conjunto su humor es tan chocarrero y falto de inteligencia que se entiende su éxito en la España del botellón y la telebasura. Sin embargo no carece de algunos valores evidentes, como exposición descarnada de unas actitudes cada vez más extendidas.

¿Qué actitudes? El protagonista aparece como “el héroe español”, asimilado al “facha”, caricaturizado de forma grotesca, y sin embargo con un fondo de verdad que percibimos cada día: se trata de un personaje hedonista (muy pedestremente  hedonista), macarra (muy macarra) y chorizo (muy chorizo), cualidades tan en alza en la sociedad española. Falla, en cambio, su adscripción a los “fachas”, cuando las vemos reflejadas, de forma teórica y práctica, precisamente en las conductas socialistas. Quitando la fraseología y simbología con que su director se empeña en identificar políticamente al personaje, nada cuesta imaginarse al propio director, a los titiriteros en general o al Gobierno en el papel de Torrente. Ellos son Torrente, y han ofrecido una caracterización de sí mismos espléndida en su estilo, incluyendo su sal ultragorda. Torrente es, en realidad, el héroe socialista.

Entre los socialistas hay de todo, como en cualquier grupo humano, pero los Torrente, los Prieto o Negrín, los González, Guerra o Zapatero, siempre se han impuesto en el partido sobre los Besteiro y sus discípulos. Me venía esto a la cabeza según repasaba algunos trozos de Años de hierro, mi nuevo libro sobre los años 40 en España, y comparaba la actuación de los socialistas y los comunistas en aquella dura etapa. Los comunistas, a pesar de sus aspiraciones, imponen respeto por su espíritu de lucha en las condiciones más adversas, cuando el fusilamiento constituía un final muy probable de su carrera clandestina.

De los socialistas no cabe decir lo mismo: pasivos en el interior, se dedicaban en el exilio a pelearse por los tesoros sacados de España, expoliados muy literalmente a todos los españoles, hasta a las familias pobres que empeñaban sus escasas pertenencias de valor en los montes de piedad (esto es puro Torrente). Conviene leer los documentados libros de Olaya para conocer los niveles casi inverosímiles de la corrupción socialista durante la guerra, hasta con la compra de armas-chatarra a altísimos precios y comisiones, pagados con su sangre por los soldados del frente, muchos de ellos también socialistas.

Debe reconocerse a nuestros torrentes dos hazañas considerables: consiguieron pasar por honrados (“Cien años de honradez”) gracias al olvido de la historia por la población española; y a continuación han logrado torrentizar a buena (mala) parte de esa misma población. A su modo torrentesco, pueden sentirse satisfechos. Y sin embargo nadie ha dirigido una película que, con alguna finura, cante proezas tales, buen indicio del páramo artístico en que ha decaído el país.

 

Lo malo de Javier Tusell (abril 2008)

Todos tenemos nuestro lado mejor y nuestro lado peor, y Stanley Payne ha conocido, sin duda, el mejor de Tusell, de quien fue amigo y a quien dedica su último libro Franco y Hitler. En el aspecto personal nada puedo decir, pues solo traté a Tusell en una ocasión, con motivo de un congreso de la UNED sobre la oposición a Franco en el que, como de costumbre, se pasaba por alto el punto clave historiográficamente: el carácter antidemocrático de dicha oposición. Y se intentaba dar relieve excesivo a hechos poco más que anecdóticos de la oposición no comunista, tan limitada e inefectiva hasta el surgimiento de la ETA, mejor dicho, hasta sus primeros asesinatos (los cuales, digamos de pasada, tanto apoyo nacional e internacional valieron a los terroristas: desde el Gobierno francés hasta un sector nada desdeñable de la prensa legal dentro de España, pasando por casi toda la oposición a Franco, comunista y no comunista, y por una parte creciente del clero vasco –y no vasco–; creo que nunca unos asesinatos, sórdidos por demás, han reportado rentas políticas tan altas, lo que retrata bien a determinadas fuerzas políticas y eclesiales).

Mis discrepancias con Tusell, que él convirtió en choque, debieron de producirse con la publicación de Los orígenes de la guerra civil, aunque no recuerdo que él dijera algo públicamente. El libro suscitó auténtica furia, sorda pero muy perceptible, en un ambiente intelectual y universitario que parecía ganado de modo irrevocable por el “progresismo”, así llamado convencionalmente. Para él, la república fue la gran maravilla democrática frustrada por los reaccionarios, asesinos de la libertad y próximos al nazismo en ideas y crímenes. El maniqueísmo había llegado a extremos grotescos, reviviendo la propaganda de la Comintern: el Frente Popular, auténtico destructor de la república, al menos de la república demoliberal del principio, aparecía como continuador de ella, de sus esencias democráticas y populares; las izquierdas habían cometido errores aquí y allá, debidos casi siempre a su carácter conciliador, por no tener en cuenta el salvajismo de nuestros reaccionarios y fascistas; o bien había cometido excesos, bien comprensibles, ante los brutales abusos de la derecha.

Obsérvese que en la historiografía franquista, por lo común mucho más veraz, la decisiva cuestión de la democracia apenas aparece, debido a que, tras la experiencia republicana, casi toda la derecha creyó que en España no podía funcionar la democracia liberal. Su crítica a las versiones de izquierda se basaba en las convulsiones –muy reales– causadas por los republicanos y las izquierdas en general. Entre otras cosas estas versiones consideraban la “revolución de Asturias” como un precedente de la guerra civil, no como su comienzo real, aceptaban la continuidad básica entre la república y el Frente Popular y no tenían problema en transformar el viejo término “rojos” en “republicanos” para el bando contrario. Pero el torrente de datos de los historiadores pro franquistas fracasaba ante las historias de izquierda: el Frente Popular era la república, la legalidad y la democracia, y por tanto la sublevación franquista o fascista cargaba con toda la responsabilidad de los desmanes y crímenes, incluso de los cometidos por las izquierdas como reacción frente a los verdaderos culpables.

Mi libro dejaba en claro, precisamente, que no solo la mayoría de las derechas se había comportado con grande y a veces excesiva moderación, sino que las izquierdas habían rechazado el veredicto de las urnas en noviembre de 1933, habían intentado golpes de estado y sus principales partidos habían emprendido el camino de la guerra civil, explícita en el caso del PSOE, implícita en el de los nacionalistas catalanes. Y que su fracaso en 1934 sólo le había llevado a unir fuerzas en un Frente Popular sin cambiar sus actitudes, desatando a continuación un proceso revolucionario.

Por lo tanto mi estudio quería demostrar, y creo haberlo conseguido, que quienes destruyeron la república concebida como democracia no fueron las derechas, sino las izquierdas, cuyas posteriores reivindicaciones de la república y la democracia entran en los turbios y confusos ámbitos de la superchería demagógica. Ello derribaba la columna central de la historiografía izquierdista-separatista y nos obligaba a mirar la guerra y sus consecuencias con una óptica muy distinta.

Desde luego, los historiadores “progres” percibieron el peligro y optaron al principio por el ninguneo. Podían permitírselo, al dominar abrumadoramente en la universidad y en los medios de masas, también bajo Aznar, por supuesto; pero Los orígenes tuvo una difusión inesperada para un tema antes relegado al terreno de los muy especialistas. Por eso al ninguneo le sucedió el ataque directo, dejando en evidencia una lamentable deshonestidad intelectual. Sabiendo el terreno previamente ganado a las versiones franquistas, insistieron en identificarme con ellas y, en un esfuerzo por limitar la difusión del libro, mintieron sin el menor escrúpulo asegurando que mis fuentes se limitaban a Arrarás o a Ricardo de la Cierva, y cosas similares. Resultado: un debate imposible.

Pues bien, Tusell, tras el fracaso del ninguneo, tuvo que salir también a la palestra, y lo hizo, muy significativamente, con ocasión de Los mitos de la guerra civil. Mejor dicho, con ocasión de la entrevista que me hizo Dávila en TVE-2 con tal motivo. Como se recordará, la entrevista dio lugar a que las mafias sindicales de UGT y CCOO organizaran un acoso repugnante, “frentepopulista”, es decir, antidemocrático, contra Dávila, e incluso presionasen en las Cortes para impedir la libertad de expresión. Pues bien, Tusell no solo no reaccionó contra el intolerable acoso, sino que colaboró con él, mediante un artículo en El País cuya pretensión básica consistía en que los medios de masas debían reservarse para él y los de su cuerda, y cerrarse a personas como yo, porque, afirmaba sin el más ligero asomo de demostración, mis puntos de vista no se sostenían. Y tanto que se sostenían. Como que El País me negó el derecho de réplica y el muy poco honrado y muy poco demócrata intelectual, en lugar de protestar por ello, no dudó en beneficiarse escandalosamente, insistiendo en sus peticiones de censura. La democracia consistiría en que ellos mandasen y hablasen, y los demás se abstuviesen, por las buenas o por las malas.

Debido a este choque hay un elemento personal en mi escaso aprecio intelectual por Tusell, pero lo considero secundario. Este historiador representa una tendencia pro totalitaria más fuerte de lo que parece en la derecha, visible en este dato: su enemistad absoluta, “erradicadora”, como decía una discípula suya, hacia Ricardo de la Cierva; y su admiración y homenajes hacia Tuñón de Lara, el gran reintroductor en España de la propaganda estalinista disfrazada de historiografía. En esa afinidad electiva ha llegado a presentar el expolio de las obras del Museo del Prado como “salvamento” de las mismas, siguiendo la propaganda marxista más evidentemente falsa para cualquier historiador algo serio. Esas actitudes lo explican todo.

Y tengo la impresión de que la influencia de Tusell sobre Payne debilita un
poco su por lo demás excelente estudio Franco y Hitler. En Años de hierro hacía alguna observación al caso, pero de estos y otros asuntos trataré en próximos artículos.

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La persistente colaboración gubernamental con el terrorismo

Blog I: Combate contra la historia / De comunista a teóloga http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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Por la boca muere el pez

****Annie Bottle compara a Carrillo con Fraga, apoyando una calle de Madrid para el primero. La sindéresis. Sin más comentarios.

****Si en este “estado de derecho”  los etarras son premiados, también los proetarras. Esta señora  con la presidencia de la CNMV, un puesto suculento Y  merecido, sin duda: http://www.youtube.com/watch?v=xzNzc8U8Gh4

****Torres-Dulce: “No toleraré humillaciones a las víctimas”. Buen chiste. ¿O es que va a procesar a Rajoy?

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Carta abierta a un farsante (de plena actualidad hoy: Columna publicada el 02-06-2005)

Ha dicho usted, señor Zapatero, que “lo heroico no es la guerra, sino la paz, y la inmensa mayoría ansía la paz”. Obviamente, entre esa inmensa mayoría no están los terroristas, no está Al Qaeda ni está la ETA. ¿Lo está usted? Creo que tampoco, pese a su palabrería. También Hitler solía invocar la paz, y no digo usted y él equivalgan, sino que las invocaciones demagógicas cuestan muy poco y pueden encubrir propósitos demenciales. Usted no está por la paz porque nadie que colabore con el terrorismo, que le haga el juego o claudique ante él puede estarlo. Ni Arzallus, ni Setién, ni Ibarreche, ni Uriarte ni Carod ni usted cuentan entre los partidarios de la paz. Le voy a recordar algunos hechos, de significación infinitamente superior a las palabras.

1.- Usted premió a los autores de la matanza de Madrid dejando a los iraquíes, en lo que de usted dependía, a merced de los asesinos y los tiranos, mereciendo los plácemes de un organizador de la matanza, El Egipcio. No contento con lo hecho, usted incitó a otros países a seguir su siniestro ejemplo. Usted ha adquirido, señor Zapatero, una parte de responsabilidad en los asesinatos indiscriminados del terrorismo islámico, al proporcionar a éste la mayor victoria política en su estrategia de “cuarta generación”. ¿Qué palabras pueden ocultar tal evidencia?

2.- Usted ha echado por tierra toda la obra del gobierno de Aznar, de los ministros Mayor Oreja, Rajoy o Acebes, que habían respondido al terrorismo con la única política aceptable: aplicar la ley a los asesinos sin admitir sus pretextos demagógicos. Única actitud aceptable para una democracia, pues la llamada negociación o diálogo supone reconocer el asesinato como una forma de hacer política. Los anteriores gobiernos habían logrado poner a la ETA contra las cuerdas, por primera vez desde la Transición.

3.- Ahora, en cambio, la ETA ha recuperado el terreno perdido. Ha vuelto a ser legalizada y empapela las Vascongadas con mensajes de arrogancia triunfalista; se le ha entregado el censo de los ciudadanos en las Vascongadas, convirtiéndose el gobierno en colaborador informativo de los asesinos y contra los ciudadanos; se le promete participación en la reforma del estatuto, que, tras la amplísima autonomía actual, sólo puede consistir en pasos abiertos a la secesión; en honor de los pistoleros se ha liquidado el Pacto Antiterrorista. La ETA, en plena euforia, se permite de nuevo amenazar a los ciudadanos con campañas de bombas que de momento “sólo” causan heridos, como advertencia al gobierno contra cualquier paso atrás en el camino de las concesiones ya realizadas por usted a cambio de nada. ¿A cambio de nada, he dicho? ¡A costa del estado de derecho, de la ley y de la libertad en las Vascongadas y en toda España! El mensaje que usted transmite a los ciudadanos es que el terrorismo paga ¡y tanto que paga!; y que la ley y la democracia son impotentes frente a tal colusión de un gobierno con los criminales.

4.- Los extraordinarios beneficios otorgados por usted a los terroristas redundan, lógicamente, en el intento de dividir y desacreditar a sus víctimas más directas. Los ataques solapados y ruines de su gobierno a esas víctimas forman ya un largo rosario. La reciente negativa al homenaje a Miguel Ángel Blanco en Ermua, o los intentos de impedir y luego estorbar la manifestación convocada para este sábado, constituyen otros tantos actos de homenaje de usted y su gobierno a los asesinos.

No voy a seguir, señor Zapatero, porque se me hace mala sangre. Su verborrea, su demagogia vacua, de vieja españolada, me produce repulsión. Usted ha colaborado con el terrorismo islámico, y colabora con el terrorismo interno y con el separatismo, usted se alía con tiranos y demagogos tercermundistas, todos ellos tan pacíficos como usted mismo, que para llegar al poder organizó campañas de agitación y violencia callejera, expandiendo por toda España el clima social hasta entonces restringido a las Vascongadas, donde las largas complicidades con los pistoleros han arruinado prácticamente la democracia. ¿Qué palabrería puede borrar estos hechos, ocurridos ante los ojos de quien no quiera cerrarlos?

El fondo de toda esta peligrosa locura es fácil de detectar. Para usted ni la unidad de España ni la democracia son valores importantes o siquiera respetables. Por esas mezclas de azar y conspiración, tenemos al cargo de los destinos de España a un personaje como usted. Me pregunto, no sin angustia: ¿dónde está el Besteiro que, con la experiencia del pasado, se lance con decisión a interrumpir esta nueva deriva siniestra en el PSOE?

 

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