Batalla cultural
Quien vaya siguiendo los artículos de Galería de charlatanes, se percatará del muy bajo nivel intelectual de la historiografía prevalente hoy en la universidad, y también fuera de España por lo que respecta –aunque no solo– la guerra civil y el franquismo. Casi toda ella ha admitido, con más o menos fervor, la propaganda del Frente Popular como explicación básica. Esa deficiencia intelectual la comparte la mayor parte de la historiografía de derecha, que, aunque ha demostrado infinidad de falacias y patrañas concretas de los otros, ha sido incapaz de establecer el carácter y razones de la guerra, de distinguir claramente entre república y frente popular –un punto clave, no meramente terminológico ni mucho menos–, de analizar los contenidos ideológicos de los bandos en pugna o de entender lo que fue el propio franquismo, en una posición casi puramente defensiva.
A ese nivel intelectual, a veces increíblemente bajo y embrollado (Preston o Viñas, por ejemplo) se ha unido un nivel moral no superior. Me refiero a la necesidad de un debate abierto, honrado y democrático, que no han aceptado en ningún momento, salvo algún atisbo momentáneo. Por eso durante unos años dediqué un esfuerzo a criticar las imposturas y a los impostores, por lo menos a los más notorios, siendo yo el único que lo ha hecho con algún empeño. Y por eso han pedido enseguida la censura, la han aplicado en la universidad y la Triple M, y han terminado retratándose con la ley llamada de memoria histórica, ahora empeorada con el título cínico de “democrática”. La misma “democracia” del Frente popular.
Los enfoques del pasado tienen, como vemos, consecuencias políticas actuales. La deleznable derecha en general, ha renunciado a la batalla de las ideas, creyendo que “el dinero lo es todo”. “Por falta de formación histórica e ideológica está condenada a alimentarse de los desechos intelectuales de la izquierda”, decía un catedrático. Este blog fue concebido desde un principio para suministrar munición a esa batalla, munición que deberían utilizar sus lectores, superando la tendencia a quedar en meros espectadores.
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Lectura de vacaciones
Como estamos más o menos de vacaciones…
Hay que decir que se trata de una grandísima novela, hábilmente escrita, con personajes con los que uno se encariña hasta el extremo de que experimenta cierta sensación inconfundible de leve nostalgia cuando concluye la lectura, y de algún modo tiene que despedirse de ellos. Creo que esto es lo mejor que se puede decir de una obra de este género, y lo cierto es que desde la niñez, con pocas me ha ocurrido algo semejante… Los personajes de Moa están vivos, uno quiere saber qué les ocurrirá (o qué les ha ocurrido, en los casos en los que se pierde su pista, al menos momentáneamente) incluso en el caso del narrador y protagonista, Alberto Roig, que por razones obvias sabemos que tiene que salir con vida de todas sus aventuras. He dicho aventuras, y no por descuido. Si no pidiéramos nada más a un libro, este desde luego cumpliría con creces (…).
Un acierto fundamental del libro es su planteamiento. Su concepción como unas memorias, que en el capítulo 1 y el excelente epílogo nos remiten a nuestro presente, nos lo hacen leer no como una pretenciosa novela histórica al uso (muchas de las cuales ni siquiera son válidas desde el punto de vista de esta disciplina) sino como una obra resueltamente de ficción, aunque el contexto no lo sea, y se aluda a acontecimientos y personajes reales. Dicho de otro modo, todo aquel que no sea aficionado a las novelas históricas, puede leer esta perfectamente, porque aunque aquí la historia comparezca en su forma más elevada de meditación sobre el sentido de una época, el autor ha antepuesto el interés narrativo a cualquier pedantería, que por lo demás él no necesita, porque para eso está su obra de carácter científico.
Aunque toda la novela se lee con verdadero goce, en mi opinión lo mejor de ella es la segunda parte, dedicada a las vivencias del protagonista en Rusia, alistado en la División Azul. Se trata de un relato clásico de aventuras bélicas, con mucho realismo y con una evocación del paisaje muy bien conseguida, lo que por otra parte es uno de los ingredientes más sabrosos de este tipo de literatura. (No vean lo que he disfrutado, mientras me acariciaba la brisa vespertina de la playa, siguiendo a Alberto, a Paco, a Contreras y a Crates por los bosques nevados de Rusia.) (Carlos López Díaz: Archipiélago Duda: La magnífica novela de Pío Moa (archipielagoduda.blogspot.com)
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Galería de charlatanes (XXXVII). Botaratadas de Viñas
De Ángel Viñas, distinguido historiador lisenkiano, me he ocupado varias veces, pero el hombre no deja de dar sorpresas. En una reciente entrevista lamenta “la falta de rigor que a menudo hay en la historiografía de la Guerra Civil”. Y como muestra de su rigor empieza por establecer: “Son los ingleses los que salvan a Franco”.
Los suyos siempre atribuyeron la salvación de Franco ante todo a los alemanes, pero ahora son los ingleses. Creo que la idea no precisa mayor comentario, aunque debe reconocerse su originalidad. Explica que la guerra “se alargó por culpa de Franco, que no quería una guerra corta, sino larga”, para contradecirse a continuación: “Negrín pensó que podrían resistir hasta enlazar con un conflicto europeo y la República pudiese ofrecer algo a Francia”. Los costes humanos y materiales de meter a España en un conflicto diez veces más sangriento y destructivo no provocan la menor emoción en nuestro gran historiador. Por algo aclara al periodista, de un periódico gallego, sobre el asesinato de Robles, “gallego y amigo de Dos Passos”, uno de tantísimos asesinatos cometidos por el Frente Popular: “Aun en el supuesto de que la KGB se hubiera cargado a Robles, ¿y qué? En la guerra muere gente”. Ciertamente, en la guerra europea moriría mucha más gente que en la española, ¿y qué?
Más rigor de Viñas: su venerada “República” se componía de stalinistas, socialistas aún más extremistas que estos y anarquistas; y, girando como satélites en torno a ellos, de republicanos (golpistas en cuanto perdieron las elecciones), de los no menos golpistas de Companys y de los ultrarracistas del PNV. Esa brillante constelación complace extraordinariamente al señor Viñas, y tiene derecho a ello, desde luego. Siempre que no quiera hacérnosla pasar por democrática. Pero su osadía, como su originalidad, no tiene límites, y eso es precisamente lo que pretende.
Todavía más rigor y originalidad: “La República combatió sola y murió sola”. Eso es un hallazgo: Stalin no movió un dedo, no envió armas ni tropas especiales ni policía política, ni el PCE dependía de él. Tampoco Francia permitió el paso de ninguna ayuda al Frente Popular. Viñas se jacta de haber consultado muchísimos archivos, así que habrá que darle la razón.
No para ahí el torrente de rigurosa originalidad o de original rigor: “Hay que cuestionar la historiografía franquista y conservadora que sostiene que Stalin quería establecer en España una república popular”. ¿Cómo iba a querer tal cosa? El Congreso de la Komintern que decidió la estrategia de frentes populares se oponía por completo a tal designio, según todos sabemos. Y las declaraciones de José Díaz y la Pasionaria al respecto no tienen el menor valor porque, como también sabemos, los dos próceres no dependían de Stalin para nada, eran incluso enemigos de él.
Ainda mais: “Negrín trató de llegar a algún tipo de acuerdo, pero chocó con la resistencia de Franco, que no quería una paz convenida”. Lo intentó, claro, cuando estaba abocado a la derrota total, y con la idea de meter a otras potencias que garantizaran, probablemente, la partición del país; Azaña tiene unas expresiones burlescas sobre esos intentos de Negrín, que quizá se le hayan pasado por alto al maestro del rigor.
“Franco explica la guerra en clave anticomunista para amedrentar a las democracias occidentales”. Muy bien, ¿y cómo consiguió amedrentarlas, si se trataba de una mentira tan flagrante como sostiene Viñas? ¿Es que esas potencias no tenían el menor conocimiento de lo que ocurría en España? ¿No tenían cuerpos diplomáticos, agentes de todas clases, informadores…? ¿O eran simplemente bobos?
A Negrín, nos confía finalmente, “sólo le resta una resistencia funcional que le permita evacuar a los líderes republicanos más significados, pero tampoco resulta”. ¡Cómo que no resulta! Todos los líderes importantes se fugaron, acompañados de inmensas riquezas expoliadas a particulares, a museos, a la Iglesia, al patrimonio artístico e histórico de España. Quienes quedaron, porque los dejaron abandonados Negrín y los suyos, tan preocupados en cambio por evacuar los tesoros, fueron personajes secundarios, sobre todo los sicarios más comprometidos en el terror contra la derecha, y a quienes los franquistas ajustarían cuentas muy estrechas.
En fin, aclara: “Yo he defendido a Negrín desde pequeñito”. Se nota. Viñas es “economista, diplomático, catedrático e historiador”, dice la wiki. El nivel intelectual del país.
NOTA: Lea también “El patriotismo de Ángel Viñas” y “Los mitos de Ángel Viñas”
(En LD, 5-3-2009)



