Neutralidad (XVI) Globalización y nueva historia /Está por ver / Charlatanes (XIII) Tusell y el descrédito académico

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

 Neutralidad  XVI: “globalización” y conflictos: la nueva historia

Tras la implosión de la URSS, el libro de Fukuyama predecía una evolución hacia la democracia liberal en todo el mundo,  sin más tensiones que unas resistencias decrecientes a unos impulsos sociales imparables. En teoría las sociedades liberales, modeladas sobre las anglosajonas, combinaban inmejorablemente las libertades individuales y la prosperidad material, y esto las haría atractivas para toda la humanidad. Las nuevas sociedades irían perdiendo sus rasgos nacionales para homogeneizarse sobre unos valores y reglas básicas universales, como  pretendía la ideología de la Ilustración. Por si fuera poco, la UE y muy especialmente Usa, gozaban de un poder militar tan completo que nadie podría oponerles una resistencia que no fuera testimonial. El terrorismo daría alguna sorpresa,  pero no iría más allá de molestias temporales.  

El fin de la historia significaría el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas, los hombres satisfarán sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas  El fin de la historia será un tiempo muy triste. La lucha por el reconocimiento, la voluntad de arriesgar la vida de uno por un fin puramente abstracto, la lucha ideológica mundial que pone de manifiesto bravura, coraje, imaginación e idealismo serán reemplazados por cálculos económicos, la eterna solución de problemas técnicos, las preocupaciones acerca del medio ambiente y la satisfacción de demandas refinadas de los consumidores. En el período post-histórico no habrá arte ni filosofía, simplemente la perpetua vigilancia del museo de la historia humana. Puedo sentir en mí mismo y ver en otros que me rodean una profunda nostalgia por el tiempo en el cual existía la historia. Tal nostalgia de hecho continuará alimentando la competición y el conflicto incluso en el mundo post-histórico por algún tiempo.

   Para llegar a esa situación haría falta que el ser humano dejara de serlo, y de eso se habla, precisamente. Pero treinta años después hemos visto un panorama muy distinto. Usa y sus aliados han desatado guerras en países resistentes, en especial musulmanes, aplastando fácilmente a sus ejércitos para verse inmersos en conflictos sin salida, costosos y de los que en definitiva han salido derrotados, causando de paso cientos de miles de muertos y millones de desplazados. Su supremacía militar y técnica, absoluta durante unos años, ha ido relativizándose, y han surgido potencias regionales con ejércitos cada vez más poderosos, como Irán, Pakistán o Turquía, mientras que Rusia ha vuelto a desplegar un poder nuclear comparable al useño;  y, sobre todo, China se ha convertido en una nueva superpotencia económica con aspiraciones de influencia mundial y perspectivas militares a tono.  No solo ha seguido habiendo guerras, sino que varias las han perdido los superpoderosos mientras se abren posibilidades de  otras de mayor amplitud y peligro.

En la nueva historia, el mundo no se ha “globalizado” u homogeneizado en el sentido previsto, sino que se han ido conformando grandes áreas hostiles a Usa y la UE en el ámbito musulmán –que a su vez está penetrando a las sociedades europeas–, en China, posiblemente en India. El Pacífico ha desplazado al Atlántico como principal ámbito comercial y político, lo que acrecienta la decadencia europea. El África subsahariana experimenta cierto desarrollo económico, pero su evolución política e ideológica es enigmática. Y  el ámbito hispanoamericano, que prefiere desnaturalizarse en latinoamericano, permanece en un corrupto estancamiento político y cultural, del que surgen ideologías extravagantes y violentas, sin influencia en el resto del mundo.

No menos, incluso más importante, ha sido el proceso de las propias democracias occidentales hacia un totalitarismo de nuevo tipo, manifiesto en leyes que buscan controlar hasta los sentimientos personales, en un nivel de vigilancia y manipulación de la gente jamás visto en la historia, facilitado por medios electrónicos y otros,  que dan al poder una dimensión nueva. Y una descomposición de la moral e ideas tradicionales sin que sean sustituidas por otras capaces de generar más consenso que una mezcla de apatía, consumismo obsesivo y hedonismo pedestre. Tocqueville ya previó la posibilidad de esta evolución, que hoy se presenta como pesadilla a cualquier persona alerta.   

En medio de este panorama, España sufre tensiones internas como nunca desde la república, acompañadas de  satelización política, militar y cultural a otras potencias.  Aquí confluyen los efectos de la decadencia europea, con sus nuevos totalitarismos, la creciente agresividad musulmana y el peso, en apariencia muerto, del ámbito cultural creado en el pasado y hoy  tan potente demográficamente como insignificante en política o cultura.  Todo lo cual nos  obliga a preguntarnos cómo superar una inercia que nos arrastra claramente a la desintegración. 

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Crónica. Está por ver

**Hay un concepto político-histórico de base que comparten PP, PSOE y separatistas, y es el resumido en el dicho de Ortega: “España es el problema y Europa la solución”. Esta idea, que llevó a la república, volvió a imponerse ya en la última fase del franquismo, para volverse decisiva  desde la transición, y está en el fondo de nuestros actuales problemas. Ni Ortega ni sus seguidores ofrecieron nunca un estudio medianamente serio sobre Europa o lo que entendían por tal. Y en cuanto a la historia de España quizá nadie haya escrito más insensateces que Ortega.

** El discurso del rey en 2017 detuvo momentáneamente el golpe de estado, que el PP transformó enseguida en golpismo permanente.  

**Macarena Olona dice que el rey nunca defrauda. No defraudó en 2017, pero sí ante la profanación de la tumba de Franco. Ahora está por ver. 

**El gobierno de mangantes del Doctor declara a España “país feminista”. Desde luego, mucha histeria en la sociedad sí se advierte. Ellos la han creado.

**VOX pide la reprobación de Yolanda Díaz por sus másteres falsos. ¿No tendría que venir antes el Doctor? 

**Dice el Mequetrefe del Máster que el Doctor “tendrá que responder en las urnas” por los indultos. Es la política de siempre del PP: uno ve que están violando a su mujer y sale corriendo a buscar un abogado.

**”Junqueras sale de la cárcel pero no podrá volver a la política hasta 2031″. Este país y su periodismo son el chiste permanente. ¿Cuándo ha dejado el golpista Junqueras de estar en primera línea de la política?

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La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936

Otoño-invierno de 1941: Hitler fracasa en Moscú y los comunistas en España: 189 – Hitler fracasa en Moscú y los comunistas en España | Indultos mafiosos – YouTube

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Galería de charlatanes: (XIII) Tusell y el descrédito académico

Javier Tusell fue un historiador democristiano muy afecto a la línea “progresista” de El País, donde solía pontificar  contra el franquismo y pedir la censura para los discrepantes. Era afecto al separatismo vasco y catalán,  también democristianos, y propenso a justificar al PSOE (por ejemplo presentando como “salvamento” el criminal expolio del  Museo del Prado). Su sectarismo le llevó en 1989 a abandonar muy enfadado el jurado del premio Espejo de España, porque se le había concedido a Ricardo de la Cierva.  

No me refiero, claro está, a descrédito de toda la historiografía universitaria, sino sólo a la referida a la república y la guerra civil, cuya muy mediocre calidad intelectual y deontológica he podido comprobar fehacientemente, y ahora, por enésima vez, en un artículo de Javier Tusell, en El País, sobre el revisionismo histórico.

Tusell arremete especialmente contra César Vidal, José María Marco y un servidor, e incluye, sin venir mucho a cuento, a Tamames. El problema para Tusell es éste: “En España ha aparecido un revisionismo histórico en los últimos tiempos que siempre ha movido a la duda acerca de si merecía la pena dedicarle alguna atención”. ¿Duda? Ninguna. Tusell y otros de su cuerda le vienen concediendo la máxima atención. No la atención que uno esperaría de personas intelectualmente agudas y de espíritu liberal, sino más bien la de grupillos de poder con aspiraciones a monopolizar el cotarro, asustados por la competencia.

En cuanto a mis libros –los otros aludidos hablarán de lo suyos, si lo estiman oportuno–, las réplicas de Tusell y compañía nunca han pasado de exhortaciones a la censura, a sepultarlos en el silencio. El prestigioso historiador Stanley G. Payne, libre de las conocidas servidumbres de la universidad española, lo ha expuesto con precisión: “Quienes discrepen de Moa necesitan enfrentarse a su obra seriamente y, si discrepan, demostrar su desacuerdo en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales que afronta en vez de dedicarse a eliminar su obra por medio de una suerte de censuras de silencio o de diatribas denunciatorias más propias de la Italia fascista o la Unión Soviética que de la España democrática”.

A juicio de Tusell, el nefando revisionista “no parte de preguntas, sino de seguridades o de presunciones. No acude a fuentes primarias, sino a las secundarias que pretende elaborar con originalidad. Lo hace, sin embargo, con extravagancia, acudiendo a interrogantes inapropiados (…) suele magnificar el dato irrelevante para sus propios fines o tomar la parte por el todo. Huye de matices porque lo suyo es el dualismo maniqueo, la simplificación o la parcialidad”. Espléndida descripción inicial, cuyo único defecto es que no la demuestra en ningún momento. Son acusaciones por las buenas, simplemente.

Por descender de la retórica a los hechos, yo he basado lo fundamental de mi investigación en los archivos del PSOE guardados en la Fundación Pablo Iglesias, en especial el archivo de Largo Caballero, en el Archivo de Salamanca y otros, en el diario de sesiones de las Cortes, en las declaraciones de los políticos en la prensa de la época, en los testimonios de los procesos… Es decir, lo he basado en fuentes indiscutiblemente primarias, como sabe muy bien todo aquel que me haya leído, en especial Los orígenes de la guerra civil, que considero la clave del resto de mi obra. Si Tusell lo ha leído miente al decir lo que dice; y si no lo ha leído parlotea, y en ello se retrata, no precisamente como el intelectual serio por el que pretende pasar.

La duda sobre si ha leído aquello que critica se acrecienta cuando describe así mis trabajos: “Moa empieza, por ejemplo, por considerar que la CEDA no era nazi, para llegar a la conclusión de que la Guerra Civil empezó por culpa de la izquierda en octubre de 1934. Pero, además, presume una conspiración desde comienzos de siglo de izquierdistas y nacionalistas y dice descubrir su capacidad destructiva… ¡en una sociedad secreta!”. Evidentemente, Tusell puede aplicarse a sí mismo lo del “dualismo maniqueo, la simplificación y la parcialidad” que achaca a otros; por no decir sin más que miente. Si algo queda perfectamente nítido a partir de las fuentes primarias del PSOE, que Tusell ignoraba y quiere seguir ignorando, es que en 1934 (70 aniversario este año –2004) dicho partido se propuso, textualmente, organizar la guerra civil para implantar una dictadura proletaria. Sobre ello no puede caber la menor duda a nadie que, simplemente, quiera abrir los ojos. Y no sólo se propuso el PSOE la guerra civil, sino que la llevó a cabo, aunque fracasara, dejando la broma de 1.400 muertos en dos semanas. Y fracasó porque los obreros no le siguieron, salvo en la cuenca minera asturiana, y porque la CEDA, que desde luego era un partido moderado, contra lo pretendido años y años por la propaganda contraria, defendió entonces la legalidad republicana y las libertades. Algo muy parecido a lo del PSOE puede decirse de los nacionalistas catalanes de la Esquerra. ¿Llamaría Tusell a esto “datos irrelevantes y magnificados interesadamente”?

Por otra parte yo no hablo de culpas, pues, sean cuales fueren, debemos darlas ya por zanjadas. Lo que he procurado ante todo es hacer inteligibles los procesos, ideologías y falsos razonamientos que llevaron a la guerra, pues comprenderlos puede ayudarnos a evitar derivas parecidas. En cambio las condenas arbitrarias tan abundantes en los últimos tiempos sólo reabren las viejas heridas y odios, labor en que está empeñada ahora tanta gente, con una desvergüenza e irresponsabilidad que no suscita crítica alguna en intelectuales tan supuestamente escrupulosos como Tusell.

Sobre la “conspiración” y la “sociedad secreta”, o bien Tusell, una vez más, no ha leído mis libros, o bien no ha entendido nada de ellos, pese a concordar todo el mundo en que escribo con claridad. Nunca he creído en las teorías conspiratorias de la historia, pero es evidente que las conspiraciones han existido siempre y han tenido un papel. La “sociedad secreta”, la masonería, supongo, tuvo influencia de sobra comprobada en algunos sucesos y momentos históricos (en las primeras Cortes republicanas, por ejemplo, había más masones que representantes de cualquier partido). Pero una cosa es señalar tales hechos indudables –y no disimularlos, como hacen algunos historiadores–, y otra explicar el desarrollo histórico a través de conspiraciones masónicas, cosa que yo no he hecho en ningún momento.

Tusell, por tanto, necesita falsificar mis tesis (como otros muchos) para atacarlas, probando así la inconsistencia y carácter fraudulento de su crítica. Y aún más fraudulento y contradictorio resulta el hombre cuando justifica su retirada ante un debate intelectual con el patético argumento de que los libros revisionistas “en nada facilitan la convivencia”. Si esto fuera así, y precisamente por su peligro para la convivencia, Tusell y compañía deberían esforzarse en polemizar hasta hacer añicos las tesis de esos libros, máxime cuando gozan de tal difusión. ¡Pero hacen justamente lo contrario! Rehúyen el debate amparándose en exigencias académicas que, como acabamos de comprobar, no cumplen ellos  en lo más mínimo. Para colmo, no se les ocurre otra cosa que despreciar a los lectores, a quienes tildan de “público poco propicio a sofisticaciones”. Payne, Seco, Cuenca Toribio y otros más han hecho grandes elogios de mis libros. ¿Serán poco propicios a sofisticaciones? En fin, con tales argumentos entramos en el terreno de la puerilidad, también muy reveladora del “nivel científico” de tales críticos. La convivencia entre los españoles, señor Tusell, debe basarse, entre otras cosas, en la búsqueda y el respeto a la verdad histórica, y no en el  recurso a mitos convenientes para algunos grupos de presión.

¿Por qué extiendo al conjunto de la historiografía universitaria el descrédito que, en rigor, sólo corresponde a gente como Tusell? Por dos razones: porque son estas gentes quienes han marcado la pauta, han pontificado y dominado en ese mundillo durante muchos años; y porque otra gente mucho más valiosa ha mantenido una postura acoquinada, asustadiza y hasta reverencial ante los más gritones y descalificadores. El desprestigio de una institución no lo labran sólo los charlatanes prepotentes, sino también, y no menos, las personas de mérito pero escasas de valor moral para enfrentarse a aquellos resueltamente, con la razón pero sin falsos respetos. Si estos últimos tienen en cuenta lo que está en juego, es de esperar que encuentren los bríos necesarios para no inhibirse y disimular ante la superchería.

(En La ilustración liberal, nº 21-2, 2004)

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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La novela y la historia / La UE no nos conviene / Charlatanes (XII): Audaz ignorancia de Malefakis.

 Novela e historia

Si sus novelas no son históricas, como dice usted, ¿que pretende con una trilogía que, según también dice, aspira a retratar la evolución de España desde la guerra civil?” Esta pregunta me la han hecho algunas veces.

Depende de lo que se entienda por novela histórica. Desde el momento en que la mayoría de las novelas se sitúan en algún tiempo identificable, incluso futuro, todas resultan “históricas” en ese sentido, y una gran parte de la crítica o análisis literario, no solo marxista, tiende a analizarlas desde ese aspecto sociológico-histórico.  Sin embargo, para estudiar una época está la historiografía, con sus elementos ideológicos, sociológicos, económicos, etc. En la que entra también el elemento literario o artístico, aunque sea mediante una simple enumeración de obras de tal o cual período. Lo cual nos permite entender,  por ejemplo,  que la literatura y artes españolas alcanzan sus cumbres en originalidad y fuerza espiritual en los siglos XVI-XVII,  y que luego decaen.

Manteniéndonos en la perspectiva histórica, una descripción o análisis somero de las obras más destacadas de una época nos permite entrever la mentalidad reinante entonces, incluso mejor que una descripción sociológico-histórica. Pero tomemos el ejemplo tópico del Quijote: ¿responde verdaderamente al espíritu o mentalidad de su tiempo? En alguna medida sí. Pero en mayor medida lo representan obras menores, como los libros de caballerías, pastoriles o la picaresca, muy populares entonces, aunque la mayoría de ellos estén olvidados o resulten hoy poco legibles. El Quijote, en cambio, es al mismo tiempo un producto de  época, que nos dice bastante sobre ella, y al mismo tiempo un contraste con ella;  pero sobre todo tiene un valor permanente, por encima de tiempos y espacios,  y hoy podemos valorarlo incluso más que cuando fue escrito, pues las sucesivas interpretaciones, a veces opuestas, nos permiten entenderlo mejor  que sus coetáneos. Sus personajes y actos son de época, sin duda, pero van mucho más allá de ella.

Hoy observamos el mismo fenómeno, más acelerado:  obras literarias de los años 20, o 50 o, casi ahora mismo, en los años 90, o comienzos del siglo actual, que en su momento obtuvieron gran éxito, con el que reflejaban mentalidades y valoraciones extendidas, caen fácilmente en el olvido como parte de mareas y modas literarias o artísticas mayormente triviales que a su vez quedan “desfasadas” en pocos años.  Para un sociólogo o historiador, son fenómenos muy interesantes, pero apenas lo son  desde el punto de vista literario.

Ahora bien, la historia puede decir que tal personaje histórico hizo tales o cuales cosas, pero, aun de los políticos actuales, no puede penetrar gran cosa en su psique,  pese a su evidente relación con sus actos. Si queremos escribir historia en serio,  solo podemos arriesgar algunos apuntes superficiales al respecto, pues la  psicología y prejuicios del propio historiador vuelve poco fiables sus juicios  sobre los personajes. Incluso sus memorias son testimonios poco fehacientes. Por  eso, para cubrir imaginariamente esta laguna, ha cundido tanto la llamada “novela histórica”: un escritor más o menos perspicaz toma a unos personajes históricos y maneja su intimidad psíquica según mejor le suene. Siempre me ha parecido un ejercicio un tanto fraudulento. Pienso en obras de gran éxito como Yo, Claudio: hay infinidad de ellas por el estilo.

Por lo que respecta a mi trilogía, por el momento solo bilogía,  podemos considerarla histórica  por su claro y acentuado  trasfondo epocal, tratado sin concesiones fantásticas. aunque con algunas licencias cronológicas. Pero los personajes y las acciones, tanto en Sonaron gritos como en Cuatro perros verdes, responden a actitudes que se dan siempre, y podemos  encontrar en cualquier época. Lo que varía con las modas literarias son los enfoques y la mayor o menor agudeza psicológica, y ninguna de las dos sigue una moda o tendencia de las que se han sucedido desde la posguerra. Por eso digo que no son lo que suele entenderse por novela histórica.

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Crónica.  La UE no nos conviene

**El Doctor tiene una personalidad típica de estafador psicopático. No ha cesado de mentir, no ha cesado en sus osadías contra la integridad de España y la libertad. Ha intensificado la línea de Zapatero y Rajoy. Y ha llegado el gran momento de pararlo.

**Hay quien sostiene que el rey es un pelele. En 2017 demostró no serlo. Ahora tiene la mayor ocasión de su vida de volver a demostrarlo. Por el bien de España, de la democracia y de él mismo.

**Dice Abascal que “Sánchez se arrodilla ante el separatismo”. Creo que se equivoca: se abraza a él, es su gran cómplice.

**Dice Ayuso que cree en Casado. Si es sincera, pésimo augurio.

**El del Máster dice que los indultos pretenden que España y el PP dejen de existir. Que el PP deje de existir es condición necesaria para que España continúe.

**El Consejo de Europa” (quiere decir de la UE) contra España y a favor del despotismo separatista. La UE no nos conviene. Fuera de ella fuimos más independientes y nos desarrollamos mejor en todos los sentidos. Dentro de ella nos convertimos en satélites y vamos a nuevos totalitarismos.

**Salir de la UE no es salir de Europa. Ningún país más europeo ahora mismo que Suiza.

**En algo tenía razón Ortega: en que España  apenas ha dispuesto de lo que llamaba “minorías selectas”, o simplemente serias políticamente. Esto ha ocurrido desde la invasión francesa, y no desde siempre, como él pretendía. Él mismo era un exponente de esa penuria en lo que se refiere a sus ideas políticas o históricas, demasiado a menudo simples ocurrencias. La excepción que fue el franquismo, no tuvo continuidad por identificarse demasiado con la Iglesia, que le dio la puntilla.

 

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

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Galería de charlatanes (XII) La arrogante ignorancia de Malefakis.

Malefakis fue un autor useño famoso por su apreciable obra Reforma agraria y revolución campesina en España. Fuera de eso,  no dejó de desbarrar en plan progre. También recomendó la “devolución” de los papeles de Salamanca a los separatistas catalanes, entre otras hazañas. Decisión que amparó el llamado tribunal constitucional.

Algunos autores españoles, anglosajones y franceses han hecho su carrera atacando al franquismo y defendiendo la república –a la que no han logrado distinguir del Frente Popular–, y difícilmente darán marcha atrás, por muchos datos y argumentos que se les opongan. Se comprende: va en ello su prestigio, su propia carrera. Así el señor Malefakis, que, muy optimista, da por superado el “revisionismo” que me achaca. En su defensa de la república admite que aquel régimen “en ocasiones se comportó de forma antidemocrática”. El aserto es ridículo. No fue ni pudo ser “la república” la que se comportó de forma antidemocrática, sino algunos de sus componentes, en concreto los partidos de izquierda, en especial el PSOE, que respondieron a la derrota electoral del 33 con golpismo y guerracivilismo (nimiedades, para Malefakis).

Y menciona algo que yo he demostrado, pero lo interpreta mal: “La revolución de octubre de 1934, en especial, fue catastrófica porque dañó gravemente las credenciales democráticas del régimen y sentó un precedente que los conspiradores militares de 1936 utilizaron para justificar su propia insurrección”. Falsedad flagrante: las –poco firmes– credenciales democráticas del régimen fueron atacadas por la izquierda y defendidas por la derecha que, empezando por Franco, mantuvo la legalidad republicana frente a aquel brutal ataque izquierdista. Y no fue utilizada por la derecha para justificar la rebelión del 36: esto fue una idea de Madariaga, no muy afortunada, como he explicado alguna vez. Malefakis da al asunto el toque neostalinista al justificar así la insurrección socialista-nacionalista catalana: “En 1934, parecía que estaban ganando las fuerzas fascistas, que acababan de destruir la democracia alemana y la austriaca por medios pacíficos y legales”. Nueva falsedad, porque él no ignora que Araquistáin y Largo Caballero sabían perfectamente que no había peligro de fascismo en España. Y que así lo decían de cara al exterior, mientras que en el interior excitaban a las masas hablando de una amenaza inexistente. Porque estaban decididos desde muchos meses antes a destruir la república e implantar un régimen al estilo staliniano, y les venía bien el argumento.

Resume Malefakis:

La República censuró la prensa opositora varias veces, pero también construyó la primera democracia auténtica de España. Primero, con la celebración de elecciones honradas, libres de las prácticas caciquistas que las habían corrompido bajo la monarquía. Segundo, ampliando enormemente el electorado, al hacer de España el primer país de mayoría católica que permitió el sufragio femenino. Tercero, la República acercó el Gobierno al pueblo al darles más dimensión a los Gobiernos regionales. Cuarto, todas las leyes importantes fueron aprobadas por el Parlamento, no impuestas por decretos. Quinto, la República debilitó las fuerzas extraparlamentarias -los círculos cortesanos y el Ejército- que en el pasado habían anulado a menudo las iniciativas democráticas. Desde esta perspectiva (…) la República fue un régimen excepcionalmente democrático.

 Para entender lo que fue la república es indispensable recurrir a los diarios de Azaña y a las memorias de sus líderes, que demuelen del modo más completo las falacias de Malefakis. Me permito recomendarle mi estudio Los personajes de la República vistos por ellos mismos. Creo que le ayudará a salir de sus embrollos. Lo más sorprendente es la osadía con que Malefakis exhibe su llamémosla ignorancia: sabe que El País, donde escribe, sigue el ejemplo de la izquierda republicana: censura cualquier réplica. En definitiva, la república fue un régimen viable que llegó sin oposición y fue sistemáticamente destruido por las violencias y demagogias izquierdistas. El Frente Popular, precisamente, le dio la puntilla, pero Malefakis y tutti quanti insisten en presentar sus fechorías, oleada de crímenes, incendios y destrucción de la justicia como “cosas de la democracia”.

En cuanto a la Transición posfranquista, no tuvo nada que ver con la república y provino, aunque le cueste creerlo a Malefakis, de la legitimidad franquista, de ningún modo del rupturismo que quería enlazar con “la república”, como llaman al Frente Popular que la destruyó.

(En LD, 17-6-2011)

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

 

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Es la gran ocasión/ Charlatanes (XI): un Goebbels austríaco y un Zhdánof castizo

“Le felicito y me felicito por su serie “Galería de charlatanes”. Es un método excelente para aprender historia. Aunque deja una idea desoladora del nivel de tanto “académico”, “cátedro” y pontificador de nuestro panorama cultural” (C. M. R.)

Bueno, hacen lo que pueden. De momento, llevan años de memoria histórica y ahora pretenden hacerla más eficaz atacando las libertades en nombre de lo que llaman democracia. No nos desolemos y contraataquemos.

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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La gran ocasión

**Estamos en el momento más crucial de la historia reciente desde el referéndum del 76. La cuestión de los indultos es la gran ocasión: puede significar el fin de la pandilla mafiosa del Doctor y el comienzo del fin del nuevo frente popular y el golpe de estado permanente.  O, en otro caso  puede ser el fin de la monarquía y de lo que queda de democracia e integridad nacional. Es el momento de echar a esas mafias.

**En la historia reciente de España ha sido crucial el discurso del rey ante el golpismo separatista. Aquello cambió el panorama político impulsando, ¡por primera vez!, una resistencia al proceso de disgregación de España- Ahora la resistencia debe transformarse en ofensiva.  La pretendida crisis constitucional debe transformarse en crisis de gobernabilidad. Si no se ve así, se perderá la gran ocasión

**Los jueces, contra el informe de la UE que justifica el golpismo y la opresión separatista en España. La UE no  nos conviene.

**El golfo “moderado” Garamendi llama “moderación” a la colaboración con el golpismo contra la justicia y contra España. Este es el nivel de demasiados empresarios, promotores también, casi todos, de la colonización cultural por el inglés.

**Mucha gente advierte que los separatistas  son insaciables y siempre quieren avanzar más. Se olvida que los gobiernos de PP y PSOE se han adelantado a menudo a sus deseos o les han regalado más de lo que pedían.

**Una tal Yolanda Díaz, ministra de alguna coña marinera, decía tener tres másteres que han resultado falsos. Como el doctorado del Doctor o el máster del mequetrefe, y los títulos de tantos otros mangante metidos a políticos.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Aquilino Duque sobre el libro de Jesús Laínz: La venganza y la revancha (eldebatedehoy.es)

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Galería de charlatanes: Un Goebbels austríaco, Schwaiger,  y un Zhdánof castizo, F. Espinosa

Entre los desaguisados de Santos Juliá se encuentra la coordinación de unos panfletos de propaganda de diversos historiadores a la lisenka, titulados en conjunto Víctimas de la guerra, con la pretensión de hacerlos pasar por la palabra definitiva en torno a las represiones de la guerra civil. Posteriormente, Juliá, más razonable, escribió sobre la masiva manipulación en curso, que empieza su letanía con la pretensión de que la transición se había basado en el olvido de las fechorías franquistas. Como sabe cualquiera que simplemente haya tenido los ojos abiertos, desde la transición se han publicado cientos de libros y artículos sobre el terror de los dos bandos, con absoluto predominio de los dedicados a condenar el del franquismo. Esto es simplemente una evidencia. Pero la historiografía lisenkiana se basa, precisamente, en negar las evidencias, y ha salido Francisco Espinosa en la revista Hispania Nova criticando duramente a Juliá por señalar una verdad que no tiene vuelta de hoja.

Este Espinosa, conviene recordarlo, enfoca sus historias al modo estalinista, lo que él y los suyos llaman óptica “social”, que en realidad es de “lucha de clases”, pura propaganda. Tal enfoque lleva consigo, de modo automático y casi inconsciente, la exigencia inquisitorial, o más propiamente chequista, de la censura contra las interpretaciones divergentes; pues por algo van contra los intereses “del pueblo”, del “progreso” y demás maravillas que ellos dicen defender. No podrá extrañar que el individuo haya pedido la prohibición de mis libros en el antiguo programa de Gabilondo, sin que el periodista, espejo de demócratas, protestase, por supuesto. Con ello quedaron bien retratados ambos. Pero nos hemos acostumbrado durante demasiado tiempo a que personajes de este género vengan dispensando títulos de democracia y a callar ante sus arrogancias y amenazas, y eso no debe continuar, por el bien de la salud intelectual del país. Opino que hay que salirles al paso en todo momento, aclarando sus enredos, pues solo así iremos saliendo del marasmo en que han sumido el panorama cultural español, entre su vocerío y el silencio de los corderos.

Espinosa, pues, mantiene que la Transición se asentó en el “olvido”, y si hubo lo contrario fueron “los fascículos de Ricardo de la Cierva”. Y he aquí cómo fundamenta su exigencia de memoria, contra el por una vez razonable Juliá: “El artículo (de Juliá) concluía: ‘A estas alturas no es la memoria lo que hay que recuperar; es la verdad lo que hay que conocer.’ Le contestó de manera contundente el cineasta austríaco Günther Schwaiger, coordinador del ciclo Imágenes contra el olvido, quien le planteó varias preguntas: ‘¿Qué es lo que pasa a algunos historiadores españoles para que tengan tanto miedo a la memoria de la gente? ¿De cuándo la memoria no sirve para testimoniar la verdad? ¿O acaso en los juicios ya no hacen falta testigos para condenar a alguien? ¿Ya no vale el testimonio de un hijo que ha visto fusilar a su padre para testimoniar el horror del fascismo? ¿Hemos llegado a tal arrogancia académica que las víctimas tengan que pedir permiso a los historiadores para saber si su sufrimiento fue verdad o simplemente un espejismo? ” ‘Y concluía: ‘Está por ver si el señor Juliá hubiese formulado semejante ataque al valor de los testimonios sobre el Holocausto en países como Alemania, Austria, EEUU o Israel.’”

¡Gran autoridad el cineasta austríaco, perfecto ignorante de la historia de España como revela, entre otras cosas, su alusión al Holocausto, al que de hecho insulta con su equiparación! Pero a un estalinista le viene de perlas (se ve que volvemos a la época feliz del pacto germano-soviético) porque la “argumentación” del austríaco respira a pleno pulmón aquel estilo tan del gusto de los nazis. Obviamente, ¿ya no vale el testimonio de un hijo que ha visto fusilar a su padre para testimoniar el horror del comunismo, o del anarquismo, o del separatismo catalán, o de la izquierda republicana, pongamos por caso? Porque casos parejos los hubo en abundancia. ¿Y qué decir de los parientes de izquierdistas fusilados o torturados por otros izquierdistas? ¿Van a ser despreciados? Nadie tiene miedo a esos testimonios (salvo los Zhdánof de turno). Lo que pasa es que no puede construirse una historia veraz sobre ellos exclusivamente. El autorizado (por Espinosa) cineasta austríaco pretende, al estilo goebbelsiano, exacerbar la sentimentalidad del público para dirigirla fácilmente contra lo que llama, por pura ignorancia una vez más, “el fascismo”.

La cuestión clave de la guerra civil no es en absoluto la competencia de atrocidades de un lado y del otro, como pretenden estos recuperadores de la propaganda y del odio. Las atrocidades se debieron al derrumbe de la legalidad republicana, en gran parte democrática. Pues la ley es el instrumento que mantiene la convivencia social. ¿Y quiénes destruyeron esa legalidad? He aquí la verdadera cuestión clave. Creo haber demostrado documentalmente y con pruebas de sobra que fueron las izquierdas y los separatistas quienes primero desbordaron, luego asaltaron y finalmente arruinaron la república. La guerra no destruyó la democracia, sino que la previa destrucción de la democracia por las izquierdas trajo la guerra. Una democracia que hoy están socavando de nuevo los Zhdánof y los Goebbels con sus manipulaciones.

LD. 30-7-2007

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936

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Interpretar/ Por qué una ley soviética / Sensibilidad cultural/ Charlatanes (X): Moradiellos, Viñas, Reig.

 Lo que está perfectamente claro no precisa interpretación

Me escribe un amigo: “No he visto referencia alguna al informe de Mario Conde en ningún medio ni escrito, ni audiovisual, salvo en tu blog. Mi impresión es que muchos prefieren no apoyarse en MC, dada su historia, lo cual en esa materia es absurdo porque es un experto muy brillante (fue el número 1 más joven de la historia en las oposiciones a abogado del estado, creo recordar)”. Respondo: “Dada la enorme corrupción de la Triple M, es normal que hagan remilgos a Mario Conde. Son así de exquisitos. Pero la cuestión es clara: es el rey quien da los indultos a propuesta del gobierno. Aquí no se limita a trasladar las decisiones de este. Por lo tanto, o se hace cómplice de unos indultos golpistas  y entre golpistas, o se opone a ellos. Dado que es él quien decide, no se crea ninguna crisis constitucional, como pretenden los golpistas de la Moncloa, sino una crisis de gobierno, que debe conducir a nuevas elecciones. Tampoco es una cuestión de interpretación legal. Si se interpreta una palabra tan clara como “ejercer”, habría que reinterpretar a su vez la de “expedir”.  Ir a las “interpretaciones” es caer ya en una trampa muy peligrosa. Pues el problema no es la interpretación de una palabra, sino la interpretación de los indultos mismos como un chanchullo entre golpistas y ataque a la Constitución,  la monarquía y sobre todo a España.

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Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

Por qué necesitan una ley de memoria soviética

Lo primero que hay que decir de la ley de memoria  ahora rebautizada “democrática” es que atenta  gravemente contra las libertades de opinión, expresión, investigación y cátedra. Que la llamen de memoria democrática demuestra muy bien lo que entienden por democracia los canallas que intentan imponerla a la sociedad.

   Al respecto debemos preguntarnos por qué necesitan esta ley, más de 80 años después de la guerra y más de 40 después de muerto Franco.  Hay dos razones principales. En primer lugar, sus versiones sobre la guerra y el franquismo son tan manifiestamente falsas y han sido tan refutadas, que necesitan protegerlas con una ley de tipo soviético, que amordace a la verdad.  Y ellos saben que son versiones falsas, pues de otro modo no tendrían problema en someterlas a la investigación y el debate libres, como se hace en democracia… y como tratan de impedir  a toda costa.

 En segundo lugar, y más importante, la necesitan porque el ataque (falsario)  al franquismo  lo necesitan para fundamentar sus políticas actuales, que, casualmente, están derivando hacia la descomposición de España y el totalitarismo, tratando incluso de controlar los sentimientos de la gente. Deben atacar al franquismo como cobertura para su programa político actual, que incluye la liquidación de la monarquía –como símbolo de la unidad nacional, y proveniente del franquismo–, y de paso la destrucción de las libertades, como vemos.

 Imaginemos un joven o no joven, que no tiene idea sobre la guerra, Franco y demás, y que sufre el bombardeo de la propaganda antifranquista. Si tiene dos dedos de frente, ha de preguntarse: ¿quiénes son estos feroces enemigos de Franco 46 años después de su muerte? Y enseguida descubre que son los etarras, los golpistas y separatistas de todo pelaje, los comunistas y el  PSOE, el partido más corrupto de la historia de España, con una larga historia criminal. Y también el PP, aunque este por razones distintas: el problema de la derecha española, como decía un catedrático, es que carece de formación histórica  e ideológica, por  lo que tiene que alimentarse de los desechos intelectuales de la izquierda, lo comprobamos a cada paso. Ante este panorama, una persona medianamente lista ha de hacerse algunas preguntas elementales y buscar información por otra parte.

Y vamos con un ejemplo de embuste monstruoso, el de la fosas. Según dicen, hay más de  2.000 fosas con los restos de 150.000 personas (o más 115.000, o más de  130.000, se han dado varias cifras).  Esto daría un promedio de 60-75 restos por fosa. Pues bien, llevan 21 años metidos en el negocio y según sus datos  han exhumado unas 785 fosas. Según sus estimaciones, en ellas deberían encontrarse un mínimo de 47.000 restos personales, pero afirman haber encontrado solo 9.700 (y tampoco hay obligación de creerlo, pues no hay ningún estudio contrastado). Esto daría un promedio por fosa de 12-13 personas, muy lejos de la supuesta por los otros “datos”.  Pero de esas 9.700 hay que descontar  2.840 del cementerio de San Rafael de Málaga, que suponen, de modo  arbitrario, ser víctimas de la represión, con lo que las víctimas exhumadas serían unas 6.800,  poco más de nueve por fosa. Es evidente que las cifras generales son pura invención. Pero además, en las fosas se encuentran fusilados por uno y otro bando, además de combatientes enterrados apresuradamente después de una batalla (están pidiendo información sobre fosas de la batalla del Ebro), y seguramente otros que no tienen relación con la guerra.

Y, por supuesto, nada se dice de que las supuestas “víctimas del franquismo” pertenecían a partidos que habían destruido la legalidad republicana, partidarios de disgregar España y de imponerle un sistema soviético. Igual que ahora, casualmente.

A esto puede llamársele el negocio del crimen montado por unos políticos canallas. Negocio utilizado para “envenenar las conciencias” mediante “un Himalaya de falsedades”, como lo definió Besteiro, un raro  socialista decente.  Y es necesario  contrarrestarlo, porque sus efectos políticos actuales están bien claros.  En fin, que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo… siempre que se investigue y se debata, que es precisamente lo que quieren impedir estos delincuentes con  sus leyes liberticidas.  Propongo aquí un informe titulado “El negocio  del crimen”, examinando los datos ofrecidos por estos historiadores y políticos  corruptos, que intentan prosperar  con tales industrias.

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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Crónica Sensibilidad cultural

**A la patulea liberticida del Huffington Post y El país,  Ayuso le hace “cero gracia” y le “asusta”.  Buena señal. Sospecho que al PP tampoco le hace la menor gracia.

**Me pregunta un amigo por qué el mundo de la novela, el cine y  la cultura, ha caído en manos de la izquierda y los separatistas. Creo que porque en la derecha apenas hay sensibilidad cultural, o la que hay es muy tópica y adocenada. Cierto es también que la cultura de izquierda y demás vale poco, pero por lo menos se esfuerzan.

**Es muy significativo que la izquierda en España no haya dado un solo pensador relevante, sea marxista, anarquista, “progre”  o de otra corriente. Tampoco el “europeísmo” ha generado pensamiento o estudios que valga la pena mencionar.

**La insensibilidad cultural de la derecha ha permitido que la izquierda se alce con la bandera de la cultura, pese a haber destruido infinidad de bibliotecas y obras de arte, y expoliado el patrimonios histórico-cultural del país.

**También es significativo que la izquierda y separatistas se hayan hecho tranquilamente con la bandera de la democracia. Gracias a una derecha ayuna de formación histórica e ideológica. Muchos esperan que Dios les obsequie con un nuevo Caudillo.

**”Sonaron gritos se desarrolla entre 1936 y 1946, y es forzosamente una novela de guerra; Cuatro perros verdes sería una novela de paz, pues transcurre en una sola jornada de 1967; y la tercera, si llega a publicarse, tendría por escenario la España actual, que el autor identifica con una corrupción no solo ni principalmente económica” Posmodernia 

Cuatro perros verdesSonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

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Galería de charlatanes: Moradiellos, Viñas, Reig Tapia.

Moradiellos es un caso especial entre los lisenkianos, pues aceptó un debate conmigo en la revista digital de Gustavo Bueno El Catoblepas, no sé si por una básica honradez intelectual o por alarma ante el terreno que estaba perdiendo el gremio; para el caso da lo mismo. Después de la polémica ninguno más siguió su ejemplo, prefiriendo la táctica de combinar el ninguneo, la apelación a la censura y las pullas ocasionales. De cualquier modo, el debate con Moradiellos fue muy instructivo respecto a cómo estos intelectuales suelen perderse en cuestiones secundarias. Él planteó su crítica en torno a las cifras de las intervenciones soviética, alemana e italiana, negando mi aseveración de que fueron más o menos equivalentes, y pretendiendo que la mayor aportación germanoitaliana habría decidido la guerra. Como le indiqué, la cuestión de las cifras, aun si interesante, no es fundamental, y su fuente principal, el libro de Howson, resulta muy poco fiable. Como en el caso de las relaciones con Hitler, fue la conducción de la guerra por Franco –incluyendo en esa conducción la obtención y utilización de las aportaciones italogermanas– el factor clave, a menos que Moradiellos demuestre –ni siquiera lo intenta– que los italianos y alemanes operaron en España al margen de la dirección del Caudillo y en masa suficiente para decidir el resultado.

La cuestión principal, le insistí en varias réplicas, no era esa, sino el efecto político de las intervenciones extranjeras. Hay una diferencia radical entre unas y otras: Franco mantuvo en todo tiempo la independencia frente a sus amigos, y el Frente Popular no. Hitler nunca dictó la política ni la dirección militar del bando nacional, mientras que Stalin sí lo hizo con las de sus aliados, sus tutelados en realidad, en medida muy grande aun si no completa. Resumiré brevemente la argumentación y los datos: Stalin no solo indicó personalmente a Largo Caballero la política a seguir, sino que cuando éste empezó a mostrarse rebelde lo hizo defenestrar, como también haría con Prieto por la misma razón. Para dirigir su política se valió de Negrín, seguidor fiel, en lo esencial, de la línea soviética, y aquí importa poco si lo hacía por convicción o por otras razones.

A Moradiellos, la conducta de Negrín le parece excelente, por la única razón de que se opuso hasta el final a Franco, sin importarle que esa oposición supusiese muchas decenas de miles de muertos innecesarios, la pérdida de las reservas financieras de España, el saqueo en unos casos y la destrucción en otros de un invalorable patrimonio histórico-artístico, el expolio de incontables bienes de particulares, ilegalidades como la de formar un verdadero ejército particular, una corrupción masiva, la represión con multitud de torturas y asesinatos de sus propios aliados, el intento de prolongar la guerra hasta enlazarla con la mundial que habría multiplicado las víctimas y destrucciones, etc. El hecho de luchar contra Franco lo cubre y justifica todo, a su juicio.

Pero Negrín no era el único instrumento de Stalin para dominar el Frente Popular. Tenía otro más efectivo, un partido comunista orgulloso de ser su instrumento ciego y que llegó a convertirse en el partido más fuerte de las izquierdas, sobre todo en el ejército y la policía. Estaban, además, los asesores soviéticos que, siendo menos que los militares alemanes e italianos, influían muchísimo más, hasta el punto de impedir operaciones de gran alcance del mando “republicano” como el plan de ofensiva por Extremadura, negándoles la cooperación aérea o blindada. Por no hablar de la policía secreta soviética, que operaba en España independientemente y con sus propias cárceles y dirigía de hecho a la policía política izquierdista española. Nada ni remotamente parecido ocurrió en el bando nacional. A Moradiellos todo esto le parece algo sin mayor importancia, mientras que yo opino lo contrario. Cuestión de enfoque.

Volviendo a Negrín, al margen de sus convicciones personales había un lazo de oro que le supeditaba inevitablemente a Stalin, cosa que no acertó a comprender el rebelde Largo Caballero, pese a haber contribuido a forjarlo. Ese lazo era el tesoro del Banco de España, enviado a Moscú. Enviado, como señala Martín Aceña, a un régimen opaco, financieramente y en todos los aspectos, lo cual significaba la pérdida de control del mismo por parte del Frente Popular. De la buena o mala voluntad de Stalin iba a depender absolutamente la suerte de las izquierdas, pues el jefe soviético iba a dominar los suministros de armas.

Algunos autores, como Ángel Viñas, han justificado el envío del oro a la URSS pretendiendo no ver nada anormal en la operación, causada, afirman, por la “traición” o defección de las democracias con respecto a la “República”. Como si el Frente Popular no se compusiera, precisamente, de los partidos que hundieron el inicial proyecto de democracia liberal con que nació la república. Mis críticas a Viñas indignan a Reig: “Moa acusa a ambos (¿?) de ‘oficiosidad prosoviética’, por lo que, en tanto que ‘funcionarios españoles’, parece dar a entender, serían una especie de traidores a su propia patria. A Viñas le acusa de ‘servilismo pro soviético’, así como de continuar ‘la tradición de ciertos funcionarios del Frente Popular’”. Así es, amigo Reig, así es. Los textos de Viñas rezuman desprecio no solo al franquismo, sino a España en general, quiero decir a la España histórica, y una admiración beata y snob hacia cualquier país ocasionalmente enfrentado al nuestro, sea la URSS o Gran Bretaña. Actitud muy extendida en la izquierda, por otra parte, también en la derecha y en Moradiellos.

Para defender a Viñas, nuestro buen Reig, castizo a su pesar, exhibe los títulos del hombre, “técnico comercial del estado, catedrático de Economía Aplicada, (…) ha desempeñado importantes responsabilidades en la Dirección General de Relaciones Exteriores de la Comisión Europea donde se ocupó de las relaciones con Asia y América Latina amén de relaciones multilaterales, política de seguridad, implementación democrática y derechos humanos”, etc. Lo de la implementación democrática y los derechos humanos queda muy bien en quien encuentra normal la supeditación del Frente Popular a Stalin. Desgraciadamente Reig olvida, como acostumbra, algunos otros datos interesantes del currículo del señor Viñas: fue largos años funcionario de la administración franquista, y en puestos de confianza. Y que  se descubrió antifranquista a tiempo, como tantos.

(LD, 1-1-2007 Los casos de Moradiellos y Viñas)

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Momentos históricos / Charlatanes (IX). Joseph Pérez y la España inexistente.

 

Momentos de transcendencia histórica. 

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Es preciso recordar la evolución política de fondo desde la transición. Tras la muerte de Franco se abrió la posibilidad de una evolución a la democracia, desde o contra el  franquismo.  La segunda opción (“ruptura”) significaba depositar la legitimidad histórica y democrática en el Frente Popular, amalgama de separatistas y totalitarios presentados como “republicanos demócratas”. En una jugada maestra, Torcuato Fernández Miranda abrió paso al reconocimiento democrático de la legitimidad histórica del franquismo, en el referéndum de 1976, demostrando que el antifranquismo rupturista carecía de fuerza popular. Esa legitimidad fue minada  progresivamente por los rupturistas,  una tarea difícil  que exigía paciencia y tenacidad, pero favorecida por una derecha “falta de formación histórica e ideológica, y por ello condenada a alimentarse de los desechos intelectuales de la izquierda”.  Un hito en este largo proceso corrosivo lo cumplió Aznar en 2002 al condenar el alzamiento del 18 de julio, y de paso, implícitamente, el referéndum del 76. A partir de ahí, el proceso se aceleró con Zapatero y con Rajoy. Después, puede decirse que solo quedaban dar los últimos pasos hacia la disgregación de España. 

La labor disgregadora fue acometida especialmente por los separatistas catalanes, auspiciados y financiados por los gobiernos del PP y del PSOE, e ideológicamente por todo el arco antifranquista, desde la ETA al PP. Y llegó al referéndum de 2017, que ya abría camino directamente a la secesión de Cataluña y desintegración de España. Fue entonces cuando Felipe VI frenó la deriva con un discurso histórico, obligando a un renuente y saboteador gobierno de Rajoy a tomar algunas medidas.  Por primera vez en cuarenta años, los opositores a los separatismos, ninguneados hasta entonces,  se vieron arropados por una gran autoridad. Aquel discurso cambió la situación política en España. Uno de sus efectos fue el impulso de VOX, hasta entonces ninguneado y silenciado por los demás partidos, sobre todo por el PP. VOX consiguió también que algunos de los golpistas fueran a la cárcel. No obstante, PP y PSOE siguieron cooperando con los golpistas, inaplicando la Constitución y permitiéndoles actuar como gobierno independiente con sus “embajadas” y aparato de propaganda en el extranjero. 

La llegada del Doctor y su pandilla al poder, ha acelerado nuevamente el proceso, aunque, por primera vez, encuentra una oposición real en VOX. Y en Ayuso, por cierto. La maniobra actual del PSOE tiene dos aspectos: un golpismo en complicidad con los golpistas  catalanes, y provocación de una gravísima crisis constitucional, obligando al rey a hacerse cómplice a su vez,  firmando un acto radicalmente ilegal, anticonstitucional y antiespañol. Ya Juan Carlos firmó la ley de memoria histórica, primer paso a la deslegitimación de la propia monarquía. Y ahora se le daría casi el tiro de gracia. El rey tiene la obligación absoluta de negarse, por mucho que su decisión llevara consigo un conflicto del mayor calado.

Pues bien, esta maniobra puede volverse fácilmente contra sus promotores. Constitucionalmente, el rey tiene obligación de firmar (“expedir”) las decisiones del consejo de ministros, pero  las medidas de gracia son la excepción: el rey no las “expide”, sino que las “ejerce”, y el gobierno meramente las propone. Si el rey rechaza  los indultos, el conflicto y crisis constitucional se transforma en mero conflicto y crisis de gobierno, y la única salida es la dimisión del Doctor y su banda,  y la convocatoria de elecciones… a menos que el gobierno se declare abiertamente en rebeldía.

Andan por ahí  muchos peperos especulando con un aplazamiento del problema hasta que juzgue el Tribunal Constitucional. Al respecto es preciso tener esto en cuenta: 

a) La unidad de España no depende de una interpretación constitucional, ni de la Constitución. Esta no declara la unidad, sino que la reconoce. La unidad está por encima de la Constitución, es lo que permite la existencia de esta, y no a la inversa.

b) Por este reconocimiento, el indulto es anticonstitucional y además técnicamente ilegal porque los indultables no se han retractado de su golpismo y se mantienen en plena y abierta rebeldía. Por lo tanto, los indultos son actos de colaboración con el golpismo por parte de otros golpistas.

c) El rey no puede justificar su negativa a firmar sobre la base de cómo interprete el TC la palabra “ejercer”. El TC ha demostrado repetidas veces su bellaquería y cobardía al servicio de los partidos, haciendo constitucional lo que es abiertamente  anticonstitucional. Puede defender la legalidad o alinearse contra ella, no hay la menor seguridad.

d) La negativa del rey solo tendrá efecto si viene acompañada de una explicación clara y convincente del carácter golpista de los indultos,  dirigida a la población, como en 2017. Es seguro que con ello se ganará el apoyo de la mayoría de los españoles, como cuando el referéndum golpista.  Solo con la presión de esta mayoría es posible que el TC admita como inconstitucional lo que evidentísimamente lo es, y que el gobierno dimita

e) De lo que se trata es, como dije antes, de convertir una crisis constitucional en crisis de gobierno, que seguramente perdería la banda mafiosa del Doctor. Y más si se declarase en rebeldía abierta.

Nos encontramos en una situación histórica que puede empezar a revertir el proceso frentepopulista  de los últimos años. Todo dependerá de que el rey vuelva a ser valiente ante los matones como en 2017. Si no fuera así, habría firmado la sentencia de la monarquía y de muchas cosas más. 

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Galería de charlatanes (IX) Joseph Pérez una historia marxisto-francómana

Joseph Pérez, sospecho que como respuesta indirecta a mi Nueva historia de España, ha publicado un libro de altos propósitos no sé si muy logrados: Entender la historia de España. En sus propias palabras, ¿Puede hablarse, en rigor, de España antes de la invasión árabe de 711? Tengo mis dudas (en realidad no tiene ninguna: lo niega). En 711 la Península Ibérica queda dividida entre dos civilizaciones: moros y cristianos. Estos acaban venciendo en 1492, pero siguen divididos en distintas comunidades políticas que acaban configurando tres coronas (…) Los Austrias inauguran una nueva era que termina con los tratados de Westfalia (1648), era de hegemonía en Europa y en el mundo, era de gloria, si se quiere (no me parece que Pérez lo quiera demasiado), pero ¿para quién y para qué? La que ocupa entonces el primer puesto en Europa no es precisamente España, sino la dinastía reinante. Manuel Azaña lo vio claramente; tal vez, como buen conocedor de la historia de Francia, se haya acordado de lo que (…) aprendían los alumnos franceses en la escuela (…) Francia se enfrentó, no tanto con España, sino con la Casa de Austria. La hegemonía era cosa de la dinastía, pero a los españoles les costó caro: les impidió desarrollar sus intereses propios como nación. La llegada de los Borbones, a principios del siglo XVIII, cambia muchas cosas. Aparentemente, España pierde territorios, pero territorios que no eran hispánicos (Flandes, Italia); en cambio conserva las posesiones peninsulares y el imperio de América, lo que la convierte en la tercera potencia de Europa, después de Inglaterra y Francia; en contra de lo que se escribe a veces, la España del siglo XVIII no es una nación decadente. La decadencia y la marginación son posteriores, son consecuencia de la Guerra de Independencia, de las guerras civiles del siglo XIX y de la emancipación del imperio colonial. Entonces sí es cierto que España pasa a ser una nación de segunda categoría (…) La recuperación viene mucho más tarde, a mediados del siglo XX y se confirma después de la muerte de Franco. Con una economía renovada, una sociedad moderna y un régimen político semejante al de las demás democracias, España se reincorpora a Europa; vuelve a ser una de las grandes potencias, con todos los inconvenientes que ello supone en el mundo de hoy. Estos van a ser los ejes principales de mi reflexión (…) siguiendo a mi manera (…) la pauta de mi maestro Pierre Vilar: importa menos dar a conocer que dar a entender lo que ha pasado”.

Tiene interés explicitar qué quería “dar a entender” Pierre Vilar: trataba de divulgar una visión marxista (es decir, lisenkiana, como he explicado en otras ocasiones) de la historia. Versión que Pérez combina haciendo de Francia la metrópoli que  “incorpora a España a Europa” (algo parecido  decía Azaña, a quien no en vano menciona Pérez). En resumen, España no existía antes de la invasión islámica, siguió sin existir  después. Tampoco existe en realidad con los Austrias, pues la hegemonía europea corresponde a ese ente dinástico y no a España, que, suponiendo que exista, sale perjudicada de tanta hegemonía. Empieza a existir, parece ser, con los Borbones, época que, dice, no es de decadencia (aunque quede satelizada culturalmente y en parte políticamente a Francia y  pierda todo su impulso cultural y político de los siglos XVI y XVII). La decadencia viene, no de la invasión francesa, sino de la resistencia a ella, la Guerra de independencia (y de unas guerras civiles… nacidas casualmente de la invasión) Luego hay una recuperación, interrumpida por el franquismo, y después de él España “se reincorpora a Europa y vuelve a ser una de las grandes potencias”(!!!).

   Es difícil inventar una historia más extravagante  y de fondo más hispanófobo. Pero este charlatán ha recibido la Legión de Honor francesa (muy lógico, como propagandista de la concepción francocéntrica de la historia de España) pero también la “Gran cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio”,  la “Orden de Isabel la Católica”, el premio “Ciudad de Alcalá de las Artes y las Letras”, y sobre todo el “Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales”. Estas distinciones no son nada lógicas, excepto en cuanto exposición de la miseria intelectual predominante en España desde una transición traicionada.

En este blog dediqué algunos artículos a su marxisto-francómano libro Entender la historia de España (es decir, volverla ininteligible). Ya iré exponiendo algunos de ellos.

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