Un país en la inopia
Uno atiende al pesado cacareo de los medios y los políticos sobre mil cuestiones nimias, sus maniobrillas y “diálogos” o chanchullos de maquiavelos de aldea para conseguir un poco más de poder o engañar a la gente engañable, al parloteo sobre tales o cuales medios olvidando los fines. Parece que la política y la democracia se reducen a eso. No se habla claramente de lo que está en juego: la unidad de España, las normas democráticas, la soberanía nacional. Estas cosas parecen importar un bledo a la inmensa mayoría de ellos, que están en la inopia de lo principal y se entretienen en mil banalidades, sea por ineptitud o deliberadamente para ocultar la situación.
Pero en España hay varias regiones en las que la secesión efectiva solo sería un último y pequeño paso, pues tanto los gobiernos del PSOE como del PP se han preocupado de ir debilitando todos los elementos de unidad, desde la lengua a la presencia del estado en ellas. Mientras, los separatismos han cultivado impunemente el odio y desprecio a España desde los medios de masas y desde la enseñanza, que los gobiernos de ambos partidos les han entregado como quien vende una propiedad particular. Por ello hemos llegado a un estado semifallido, en golpe de estado permanente.
En combinación con la creciente pérdida de cohesión y unidad nacional, los gobiernos, de PP o de PSOE, han entregado prácticamente la soberanía española a la OTAN y a la UE. Así refieren constantemente las leyes españolas a lo que dicte la burocracia de Bruselas — dos de cuyos puntos clave son la ideología LGTBI y multiculturalista–, se declaran amigos y aliados de la potencia que invade el país en el punto estratégico de Gibraltar, mientras provocan militarmente a Rusia, con la que no tenemos ningún conflicto. Dichos gobiernos han fomentado asiduamente la colonización cultural por el inglés, y embarcan al ejército en operaciones de interés ajeno, bajo mando ajeno y en idioma ajeno.
Los gobiernos, tanto del PP como del PSOE, han impuesto o aplicado leyes totalitarias como la de memoria histórica, que tratan de imponer una versión del pasado evidentemente falsaria, contra los derechos de expresión e investigación; o antijurídicas como las de género, que so pretexto de una histérica protección a “la Mujer”, arruinan las relaciones normales entre ambos sexos, al reducirlas a relaciones de poder y opresión, crean el miedo y la aversión entre hombres (“violadores y asesinos natos”) y las mujeres (que por ley pueden arruinar la vida a un varón con acusaciones inventadas). Y atacan los fundamentos de la familia y la reproducción. Estas leyes socavan las libertades y derechos que constituyen un fundamento esencial de la democracia. Pero apenas hay reacción entre los formadores de opinión pública y los políticos que se dicen demócratas y que parecen entender por democracia la liquidación de la libertad bajo el ruido de un insoportable cacareo.
Todo esto ha venido ocurriendo de manera progresiva y creciente desde la llegada de Zapatero al poder, tras los atentados del 11-m, en una deriva que siguió el PP en el gobierno. Lo que ahora ocurre con un falso doctor, estafador en el poder con apoyo de separatistas y comunistas abiertos, no es más que la consecuencia de anteriores políticas delictivas. Sin embargo Zapatero solo explotó una situación creada previamente, con un PP extraordinariamente dadivoso con la OTAN y los separatistas, que había condenado el 18 de julio, es decir, a quienes habían salvado a España de totalitarios y separatistas y habían hecho posible una democracia distinta de la caótica y convulsa de la II República. Sin recuperar la historia no será posible salir de la charca apestosa en que ha caído la política española, con riesgo muy grave para la supervivencia de las libertades y de la base histórica y cultural de ellas, la nación española.
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Crónica: Delgado, Bárcenas y Villarejo
**”La Delgado asalta la junta de fiscales aupando solo a sus afines”. Es lo lógico: una delincuente y mafiosa debe rodearse de otros como ella. La “justicia” en esta “democracia plena”.
**Los interrogatorios de Olona a Bárcenas, Villarejo y “Lenin” revelan hasta qué punto los partidos son simples mafias. La putrefacción del sistema alumbrado en la transición es tan profunda que resulta difícil pensar en su reforma. Y sin embargo hay que intentarla.
**Si uno repasa brevemente las “hazañas” del PP y del PSOE, y las actuales de C´s, percibe hasta qué punto hablar de “constitucionalismo” es solo un chiste de mal gusto, con el que se intenta embaucar a los ilusos.
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Lenin (2): Ciencia y libertad
Desde el punto de vista psicológico, a Lenin le distinguía una sed de poder absoluto combinada con un odio sin resquicios a cualquier oposición. Esto puede ocurrir a muchas personas, pero en su caso venía apoyado en la convicción de poseer la ciencia de la sociedad y la historia, gracias al marxismo. La ciencia debería proporcionar a sus conocedores un grado prácticamente absoluto de certeza y seguridad en su acción, superando todas las ilusiones, caprichos y mitos bajo los que habría transcurrido la vida humana durante milenios.
Este absolutismo contaba con una tradición rusa desde Iván el Terrible, y también, más atenuada, en las monarquías occidentales desde Luis XIV: si el poder viene de Dios, y Dios ordena acatarlo, el del monarca no debe tener límites humanos. Sin embargo hay una diferencia sustancial con el totalitarismo. Dios, en definitiva, está muy lejos del hombre y nunca acaba de mostrar claramente sus designios. Además, las iglesias se atribuían un poder espiritual distinto en principio del político. Ahora bien, la ciencia no admite tales cosas, sus leyes son ineluctables, y la acción en su nombre rechaza toda oposición. La ciencia ha dado al ser humano grandes poderes, mas, paradójicamente, lo condena a la esclavitud: ¿cómo contrariar sus leyes necesarias? La libertad solo podría entenderse como capricho o locura, o, en la elaboración marxista, como el interés de los explotadores, el fin de cuyo dominio había marcado la historia, según demostraba la ciencia.
La vida corriente está llena de azares, cambios y riesgos, y el ser humano busca seguridades para desenvolverse en ella sin enloquecer. La confianza en la providencia le aporta una orientación, aunque inasible, y al menos un consuelo. La ciencia le aportaría algo mucho mejor: la seguridad por encima de los aparentes azares, basada en el concepto de necesidad o de ley. El totalitarismo inventado por Lenin, como dice Courtois, deroga la libertad desde su mismo concepto, que persiste al menos como tal en el mismo absolutismo de origen o justificación religiosa.
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“Racional”, pero animal
Pero veo por ahí, en internet, lecciones sobre cómo escribir una novela, y el esquema o plan resulta primordial.
Eso sirve para unos, pero no para otros.
Según veo por tu blog, nadie se ha animado a comentar sobre la reseña de tu amigo Bellón, o sobre lo que venimos hablando aquí. Parece que la literatura no les interesa mucho.
Es evidente que a muy pocos de mis lectores les interesa la literatura, solo charlando entre amigos se saca algo más. También hay que reconocer que en literatura no es fácil ir mucho más allá del “me gusta” o “no me gusta”. Pero “alguien tiene que decirlo”, como titulaba un programa de radio Ramón Pi. Y sí hubo un comentario bastante miserable a lo de Bellón. Lo borré, porque no aportaba nada al debate.
Otra cuestión llamativa para mí en Cuatro perros verdes: lo de animal… racional o lo que sea: dice un protagonista, no recuerdo ahora quién, que lo racional se avergüenza de lo animal, y al mismo tiempo se siente atraído por lo animal, como una fuente de placer. Que en el fondo el hombre no soporta su lado animal, así que lo embellece o lo humaniza, por ejemplo, el sexo con el amor…
Lo que yo pienso, no lo que dice el protagonista, y siguiendo en parte a Paul Diel, va en una doble dirección: el hombre vive bajo el peso de la culpa, ligada a su condición de animal moral, o más bien primate moral, lo de moral me parece una distinción más profunda que lo de racional. Y para huir de la condición moral, el hombre trata subconscientemente de volver a la imposible inocencia del instinto. De ahí el “malestar en la cultura”, que decía Freud, equivocando el diagnóstico. Y a un nivel más trivial, como el de la novela: no se puede embellecer o humanizar algo como la defecación, que produce vergüenza, pero da cierto placer, como señalaba creo que Cela. El acto sexual también produce vergüenza por su animalidad, pero sí se puede humanizar o sublimar como en el amor de Moncho y Mariana. Con todo, la animalidad sexual produce al mismo tiempo una fuerte atracción, como se ve en la pornografía, hoy tan extendida. A Javi no le da mucho reparo.
Ese sería un buen tema a desarrollar, me ha llamado la atención porque no lo tratas apenas en la novela, solo como unas referencias ocasionales.




